jueves, 10 de junio de 2021

Internet, la democracia y la ingenuidad

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



En Las mañanas de Radio Nacional, que podemos encontrar en A la carta en RTVE.es, tenemos la grabación del diálogo mantenido entre el periodista Íñigo Alfonso y su invitado, Evgeny Morozov, con un titular provocador: "Fue un error pensar que Internet fomentaría la democracia". Lo que expresa, dentro de la rotundidad periodística, es una reflexión que cada vez asoma más ante los propios acontecimientos y el desarrollo mismo de las redes.

Diariamente encontramos problemas que se originan en las redes, el nuevo espacio público de convivencia, que debido a su propia esencia es muchas veces un territorio hostil e incontrolable, un espacio complejo donde las viejas utopías que los alumbraron en los años 80 y 90, antes de darse el gran salto social, el provocado por su conversión en mercado, algo que ocurre con la llegada desde 1991 de los navegadores hipertextuales, es decir, la creación de lo que hoy llamamos la "web" y que entonces se iniciaba frente a otros sistemas de navegación hoy apenas existentes o invisibles como protocolos bajo la web. Por decirlo así, el "http" (hipertext transfer protocol), se comió a todos los otros protocolos anteriores en las comunicaciones adaptándolos a sus necesidades.

Es con la llegada de los "navegadores" cuando socialmente todo se transforma. Podemos recordar el "Manifiesto por la Independencia del Ciberespacio" (1996),  de John Perry Barlow, un bello lamento melancólico por la independencia perdida con la llegada de los nuevos colonos comerciales. Lo que había sido una república igualitaria, donde cada uno creaba una identidad libre y el comercio estaba prohibido, regulado por reglas de etiqueta para asegurarse un comportamiento civilizado y respetuoso, se hundió ante su transformación interesada en un espacio comercial donde se trataba de vender. Y con las ventas llegaron los problemas. Las primeras luchas fueron para convertir las redes en meros supermercados donde las empresas eran las poseedoras de los "espacios" y los usuarios meros compradores. Esa fue una lucha que se resolvió con la socialización del espacio de la red.



El resultado de eso es lo que tenemos hoy, una cibersociedad global, transnacional, con dudas sobre su estatus jurídico (Facebook acaba de sancionar a Trump con dos años de suspensión), donde conviven la información y la desinformación, donde cualquiera puede tener una o varias identidades y hacer muchas cosas con ellas, donde puedes exponer tus derechos o ser atacado, acosado desde múltiples puntos del planeta.

Es en este contexto en el que el titular del diálogo adquiere sentido. No explican a modo de resumen de lo que se encuentra en el podcast:

  

Evgeny Morozov, experto en redes y el impacto social y político de la tecnología, autor de 'El desengaño de Internet' y 'La locura del solucionismo tecnológico', ha dicho en Las mañanas de RNE que es un error pensar inicialmente que Internet fomentará la democracia. "En EEUU, Europa, donde los estados no tienen tanta capacidad sobre Internet como Rusia o China, observamos tendencias similares. Es un error inicial, pensar que las plataformas digitales tienen un papel democrático de modo automático. No es automático, tenemos que construir las infraestructuras democráticas. No podemos esperar que Facebook, Google o Amazon vayan a promover la democracia", ha dicho.

También ha comentado la situación política de su país, Bielorrusia. Asegura que no ha cambiado en los últimos 20 años. "Lukashenko es un líder autoritario. Es la razón por la que mantiene el poder. En verano volverán las protestas y veremos las consecuencias, es posible que su poder se debilite un poco", ha dicho.

Y advierte de una forma de control de la opinión pública poco evidente. "En las últimas dos décadas no han aplicado una censura como en China por ejemplo. Tenemos libertad en la red, pero el régimen ha encontrado otros modos. Lo mismo en Rusia, donde el gobierno ha desarrollado un montón de métodos para controlar y dar forma a la opinión pública, no solo con la censura, sino también con una participación muy activa en el debate online. Es una táctica nueva que tenemos que observar y estudiar", concluye.*

 


Son muchas las variables y parece que aquí se refieren a las gubernamentales. Los gobiernos autoritarios lo son también en las redes. ¿Cabía esperar otra cosa? Es más, se bloquean las redes porque los que se comunican son ciudadanos  que son, en última instancia, quienes son vigilados y controlados, finalmente castigados o reprimidos. Pero eso es muy fácil. Los gobiernos autoritarios lo son también en la red.

Lo realmente complejo es comprobar cómo las personas autoritarias son muchas más de las que pensamos y aprovechan las propias redes para imponerse, atacar, vilipendiar, difamar, etc. Que la base de los gobiernos es la autoridad y el poder de control, está ya teorizado desde antes de que existiera Internet o cualquier tipo de escenario virtual. El autoritarismo del poder es un tema clásico que ya está en Platón y su explicación de la república.



Pero lo que no habíamos llegado a descubrir de forma tan clara es que en una estructura no jerárquica o menos jerárquica los humanos nos dedicamos a atacarnos con fiereza. Los que teorizaban sobre la maldad del poder y la bondad natural del ser humano se equivocan ante el uso violento en las redes a través de esos mecanismos que van del jaqueo al acoso.

Deberíamos mirar más allá de los gobiernos, los acusados sistemáticos, los malos de la película, para empezar a hacer repaso de la maldad en unidades que van del individuo al estado pasando por los grupos de todos los tamaños. Del malvado solitario al estado malvado, lo que se pone de manifiesto es la voluntad de poder, por citar a Nietzsche o a cualquier otro escéptico sobre la posibilidad de un paraíso en la Tierra.

El problema de la "maldad" o la "bondad" se ha desplazado al de la "libertad" cuando no hay ninguna garantía de que las personas libres no utilicen esa libertad para atacar a los demás. La cuestión es compleja como todo en lo que se entremezcla lo individual con las reglas de la tribu. No tengo dudas de la existencia de personas buenas, pero conozco muchas muy malas que se amparan en su "libertad" para acosar o intentar destruir a otras.

Los partidarios de las grandes palabras dirán que son los problemas de la libertad, claro. Yo no lo veo tan claro. Es también un viejo problema clásico el preguntarse porque los que pueden elegir eligen el mal en lugar del bien. Realmente las mismas preguntas vuelven una y otra vez porque no hemos solucionado nada. ¿Somos más libres que en otros momentos? Sí en la mayor parte del mundo, aunque hay procesos involutivos en muchos lugares. ¿La libertad es lo mismo que el bien? Pues claramente no. ¿Es la democracia lo mismo que la libertad? Pues tampoco, sobre todo cuando lo que se elige es cómo restringir las libertades de otros. Lo ocurrido en el periodo de Trump y los sentimientos provocados, casi ninguno bueno, nos ha dejado motivos para reflexionar.



¿Fue un "error"? No. Lo que ocurrió fue un exceso de ingenuidad como generalmente suele acompañar a cualquier pretensión de que el progreso tecnológico produce un progreso en la primitiva mente humana. Las esperanzas puestas en los libros, en la educación, en cualquier forma aparentemente positiva se disuelven finalmente con la escritura de Mein Kampf o la educación racista en el odio, etc. No son los dispositivos, los inventos los que van a reformar nuestra mente. hay muchas formas de extender el bien y funcionan, pero el mal está ahí, los conflictos benefician a muchos y no se iba a desperdiciar la ocasión de extenderlos en este nuevo espacio de convivencia (y lucha) que es el ciberespacio.

Quizá todo lo humano es imperfecto, incluyendo libertad y democracia, y no tengamos claro que es el "bien" y menos el "bien común". Para eso hace falta gente que piense y eso se hace cada vez menos. Quizá somos seres imperfectos con demasiadas pretensiones.

Lo que está claro es que los valores del respeto y de la convivencia están retrocediendo en el mundo a manos no solo de los gobiernos sino de aquellos que entienden que "su" libertad se puede utilizar para atacar la de los demás.

El éxito de las propias redes ha hecho que los grupos se organicen para convertirla en un espacio de lucha, de conflictos, de imposición y amenaza. Por supuesto, todo va por barrios. A unos les parece un remanso de paz y diversión, mientras que para otros es un calvario diario en el que se ven atacados por sus opiniones, su sexo, su nacionalidad o el color de su piel.



Es aquí donde comprobamos que la red no es ni buena ni mala, que somos los humos los incorregiblemente deseosos de pelea. Es más fácil que te sigan para quemar un castillo que para construir una biblioteca; es más fácil quemar los libros que escribirlos; y si los escribes es más fácil llenarlos de insultos que de ideas aceptables por todos. Lo han llamado la "cultura del conflicto", que va de la política y los medios hasta llegar a los ciudadanos que se contagian de ganas de discutir y de descargar sus iras sobre personas, instituciones o cualquier circunstancia.

Hay que apostar por las personas buenas, pero estas son consideradas "tontas" por muchos, que las desprestigian y se ríen de ellas. Pese a ello, usted resista. Transmita lo que pueda de bondad y desahogue su ira sacudiendo alfombras en vez de maldiciendo frente a un teclado.

Los sembradores de discordia prefieren una internet movidita, por decirlo finamente. Esto pueden ser por muchos motivos, políticos, religiosos, sociales, laborales... casi cualquier cosa o simplemente mal café. Demasiados siglos de pensamiento racional han evitado que pensemos que hay malas personas sueltas y que si a estas se les da el poder de llamar la atención, lo usan; que si se les da la facilidad del anonimato, lo usan; y que si se les da un botón con el que silenciar a todo un país, tienen el dedo listo para el apagón. Ya sea por agresividad o por aburrimiento, muchos prefieren vivir así.

Nuevos inventos; viejas, malas costumbres.



* "Fue un error pensar que Internet fomentaría la democracia" RTVE.es/A la carta/Radio Nacional  https://www.rtve.es/alacarta/audios/las-mananas-de-rne-con-inigo-alfonso/evgeny-morozov-fue-error-pensar-internet-fomentaria-democracia/5935112/"

miércoles, 9 de junio de 2021

Lo roja o el debate (caliente) de la vacunación

Joaquín Mª Aguirre (UCM)



No sé cómo lo llevan otros países, pero lo nuestro con el COVID-19 es de análisis profundo. No sé si las polémicas, desde que han llegado las vacunas, son solo nuestras o si hay algún tipo de paralelismo con lo que se suele denominar "países de nuestro entorno". Creo que lo nuestro, una vez más, no tiene parangón.

El sistema de salud funciona razonablemente bien gracias al esfuerzo de los profesionales, a los que nunca se lo agradeceremos bastante, sobre todo cuando se leen la situación en que la administración les deja. La llegada de las vacunas ha multiplicado sus esfuerzos porque ya no solo tienen que gestionar lo que es la atención primaria y los casos de COVID-19, de la planta a la UCI, sino que llevan adelante todos los procesos de vacunación.

La gota que colma el vaso (por el momento) es la polémica surgida por los dos positivos en la selección nacional del Fútbol. La mezcla de pandemia y fútbol es explosiva. Hasta el momento, las polémicas más sonadas han sido las de los políticos (y familia) que se vacunaron cuando no les tocaba, la interesada polémica sobre el alto mando militar que se vacunó y las vacunaciones de las infantas cuando fueron a ver a su padre el rey emérito. Las tres tenían un componente morboso ya fuera por político, antimilitarista o republicano según los casos. Cada una de ellas ha servido para mover los medios en momentos de rutina, de parálisis informativo. Pasamos de las imágenes constantes de los hurgados de narices de la primera fase a los pinchazos de hombros de la actual, de las terracitas vacías a los botellones de escándalo, de la adopción de mascotas al abandono de animales. Todo se convertía en rutina y creo que hay un hombro que podría identificar en la calle por las veces que lo he visto pinchar.



Pero el positivo de Busquets primero y de Llorente después permiten una polémica multidimensional con ese fenómeno de masas aburridas, desplazadas de los espacios, que es el fútbol. Me quedo con los dos titulares de ABC sobre el asunto, un verdadero pistoletazo de salida para lo que se avecina, "Diego Llorente, otro positivo que angustia a España" y este segundo auténticamente provocador  "El debate de la vacunación llega al Congreso: «Son once hombres que dan toquecitos a la pelota»".



En el primero, esa "España" del titular adquiere una explosión semántica inusitada fundiendo a la selección y a la patria frente a la enfermedad, sí, pero sobre todo frente al resultado negativo para lo importante, el juego. A la idea de la "angustia" primera, la normal, se le suma la abrumadoramente emocional, la de "qué va a pasar con España", una pregunta vigente desde la generación del 98, pero que finalmente hemos resuelto en términos deportivos. España ya no es España, es "la roja", que tampoco es lo que era. Sí, ¿qué pasará con España?

El segundo titular muestra la distancia entre la clase política y el pueblo. ¿Puede haber mayor desprecio, mayor insulto que tratar así al fútbol? Según esa definición, por ejemplo, los diputados son unos cientos de personas que aprietan un botón o se faltan unos a otros. Incluso eso de "hombres que dan toquecitos a la pelota" tiene algo de obsceno y equívoco, de mal intencionado e incluso machista. ¿Por qué esa exclusión, por qué no "hombres y mujeres que dan toquecitos a la pelota"?, afinarán algunos defensores de lo inclusivo. ¡Cuánta insensibilidad!

Con todo, los dos positivos de la selección española (masculina) de fútbol, abren una nueva línea (un "hilo", como se dice ahora) discursiva, la de los agravios comparativos. En La Vanguardia, metiendo cizaña, titulan "Los inmunizados olímpicos" y nos muestran la imagen sonriente tras la mascarilla de una seleccionada del equipo olímpico de Baloncesto, Silvia Domínguez, mientras le dan el pinchazo en un hombro. Ella levanta su pulgar mostrando su satisfacción.



Nos explican que llevan vacunando desde mediados de mayo a los olímpicos y a la delegación que acudirá (presuntamente) a Tokio. Lo matizo porque los juegos olímpicos están en el aire desde que dijeron que "sí o sí" se iban a celebrar el año pasado, algo que como sabemos no ocurrió. Finalmente, el espectáculo debe continuar.

Lo importante desde los medios es el humo, ni siquiera el fuego. Y esto da una humareda de la buena. La mezcla de pandemia y fútbol tiene todos los ingredientes para enganchar de nuevo a las noticias, un filón que salta.

Ahora que se había permitido entrar al público a los estadios, como ocurrió hace unos días con la selección, resulta que empiezan los positivos entre los jugadores. Menos mal que se empató a cero, con lo que se eliminaron los peligrosos abrazos de las celebraciones. Ahora vienen las investigaciones o meras especulaciones: que si dónde lo pilló Busquets que si dónde lo pilló Llorente; que si esto pasa por dar días libres, que si hay que tenerles encerrados.



Los contagios, a diferencia de las lesiones, implican aislamiento de todos, es decir, la selección al pleno. Por eso han tenido que llamar a los Sub-21. Con un esguince o una rotura, te sacan el suplente; pero con esto de la pandemia es un poco Fuenteovejuna. Con uno que la pifie, que regrese un poco más tarde, que sea más efusivo en los abrazos y que se quite la mascarilla antes de tiempo... lo pagan todos.

Los debates sobre si es justo vacunar a veinteañeros millonarios no esenciales para la comunidad frente a, por ejemplo, repartidores que se juegan el contagio de puerta en puerta por un sueldo tirando a miserable, se resolverán de la forma más injusta: ¿quién se atreve a decir que el fútbol no es esencial? ¡Qué salga a la calle y lo diga! El problema es que sus señorías no quieren cargar toda su vida con el sambenito de que consideran el fútbol como algo que les permite saltarse sus propias normas. Cuando hay cientos de grupos que se juegan la vida diariamente y que no consiguen ser vacunados porque no se les considera "esenciales", decir que hay que vacunar a los futbolistas es algo con lo que habrán de cargar. Puede que el público les aplauda, pero la campaña en contra está asegurada.



Lo que choca es cómo a los olímpicos los han organizado tan bien y cómo los del fútbol se lo han montado tan mal. La explicación parece estar en la organización olímpica que se ha encargado de suministrar las propias vacunas a los que participen. Así nadie, en el caso español, siente que le han robado su vacuna unos privilegiados "que dan toquecitos a la pelota".

Todo esto, desde el punto de vista de los medios, es la felicidad informativa. Ya escuchamos a gente indignada, a favor y en contra, haciendo memoria de privilegios y privilegiados. Por si todo esto fuera poco, los Sub21 enviados a sustituir a los millonarios enclaustrados preventivamente, han goleado a Lituania. ¡Qué más se puede pedir!



Lo sorprendente sigue siendo cómo se han podido contagiar aquellos que deberían estando formando burbuja, lo que nos abre nuevas líneas de discusión. Lo que no se puede discutir no sirve para nada en un mundo de llamados estridentes de atención.

La otra noche, en uno de esos programas donde se le dan vueltas al fútbol, los tertulianos futboleros contactaron con un médico de guardia mediática (eran ya las tantas) para interesarse por los plazos que había que establecer para saber cuántos más podrían aparecer, cuál es el tiempo de incubación porque les habían hecho una PCR antes del partido, etc. El buen médico asistía con cierto asombro a esas horas de la noche a cómo los comentaristas de patadas, patadones y toquecitos de pelota trataban de dilucidar lo ocurrido con Busquets. El médico esperaba la llegada del desacuerdo o de la incertidumbre, según el momento, para contestar a la pregunta concreta, que solía responder con un sensato "es posible". Así, a los "¡pero cómo es posible!" le seguían sus escuetos comentarios afirmativos.

En los próximos días se esperan encendidos debates, reproches, manos a la cabeza, etc. sobre esta peliaguda que afecta a España y a "España", a las dos, la de los millones de seguidores y los representantes. Si hasta hace unos días el debate era que España (el equipo) no tenía líder reconocido (¿existe un líder que no sea reconocible?), el problema ahora es otro. Seguiremos atentos este giro del guión pandémico. ¿Qué les queda ahora a los negacionistas patrióticos? ¿Caerán en la tentación de vacunar o resistirán?


martes, 8 de junio de 2021

Demasiados riegos: la guerra fría de la tecnología

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


En La Vanguardia, Beatriz Navarro, su corresponsal en Washington, titula "Biden intenta alistar a Europa a su estrategia para hacer frente a China" confirmando el lazo rojo que une a Biden con Trump. El lazo rojo es una forma dentro de la cultura china de simbolizar las uniones eternas. En su plano exterior, expresidente y presidente están unidos por eso que se llama de forma un tanto oscura "los intereses norteamericanos". Si Estados Unidos "está de vuelta", como le gusta repetir al actual presidente, la Unión Europea ·está de vuelta y media", que es la forma hispánica de expresar que ya no podemos confiar en las sonrisas norteamericanas, que aunque Trump se haya ido, lo que se ha quedado es más importante.

Ante el titular del diario, cabe hacerse muchas preguntas, la principal de ellas porqué hay que hacer de repente un frente, cuáles son las acciones que buscan aislar a China y convertirla en la bestia universal, el mal del que hay que prevenirse bajo amenaza de nuevo apocalipsis.

Navarro nos avisa que Europa está escaldada en sus relaciones con los Estados Unidos y que se ha perdido la inocencia en las relaciones. Los norteamericanos dejaron ver con Trump la peor cara. Esta era la de la humillación del poderoso que se harta de dialogar e impone sus intereses de forma despectiva y brutal, como hizo Trump. Esto no es una cuestión achacable solo al mal humor de un personaje maleducado; lo cierto es que ese comportamiento agresivo hacia sus aliados le trajo más de ochenta millones de votos en las siguientes elecciones. Personalizar el "reinado" de Trump es un error. Se puede hacer con las formas, pero lo que hizo fue mostrar el comportamiento que muchos querían que saliera, el de la humillación, el doblegar al mundo con las amenazas del poder de armas y sanciones. Se trataba de "devolver el orgullo USA". El éxito de Trump estaba basado precisamente en la recogida de un sentimiento con peso popular y, sobre todo, el peso del mundo de los negocios, la industria, el armamento, las comunicaciones, etc. que no entendían por qué si Estados Unidos tenía el "poder" no lo utilizaba.

Escribe Beatriz Navarro:

 

Unos meses después, la victoria de Donald Trump enseñaba a los europeos los límites de la promesa de Obama. Lo que vinieron después fueron cuatro años de desencuentros, ataques y reproches, mensajes de aliento a los detractores de la Unión Europea y bofetadas a sus antiguos aliados, una situación que ayudó al club comunitario a asumir que debía tomar el futuro en sus propias manos y no fiarlo todo a su alianza con Estados Unidos. Trump ya no está, pero Biden deberá luchar contra la sospecha de que puede volver a ocurrir, de que el “América primero” puede volver, y Europa, dejar de ser el aliado indispensable de EE.UU. que glosaba Obama.*

 


Europa sería muy ingenua si creyera en las palabras de Biden o de cualquier otro sabiendo ahora lo que hay detrás de ella. Es el propio Biden el que ha dicho claramente que Estados Unidos debe hacer todo para evitar ser desplazado del "control mundial". La cuestión está en qué significa "control", a qué se refieren y qué supone esto para los demás en el mundo. El "imperio norteamericano" se va pareciendo cada día más al antiguo "imperio británico", en su fondo y en su forma. De hecho, los "Five Eyes", la organización de inteligencia y vigilancia mundial, está integrada por miembros del imperio británico, Canadá, Reino Unido, Australia, Nueva Zelanda y Estados Unidos. Es el mundo anglosajón vigilando al resto. Como veríamos hace unos días, el hecho de que Nueva Zelanda no se haya sumado a los ataques a China ha supuesto los ataques contra el país y que hablen de "New Xi Land" y los artículos contra la primera ministra. Es un detalle, pero significativo, al igual que lo ha sido en estos días el "escándalo danés", en donde el espionaje norteamericano ha utilizado al país nórdico para el espionaje en Alemania, incluida la canciller Angela Merkel.

Lo que queda en evidencia es que a lo que Biden pretende que nos subamos de nuevo es al carro norteamericano, no a una alianza común. Es simplemente una estrategia para tratar de frenar su propia caída a través de frenar a aquellos que suponen una amenaza a su papel controlador. Me he resistido a llamarlo "liderazgo" porque creo que hace mucho tiempo que Estados Unidos perdió esa condición. La perdió él mismo, nadie se la quitó. La perdió, por ejemplo, el día en que nadie encontró las "armas de destrucción masiva" en Irak, con las que se justificó una guerra. La perdió, por ejemplo, cuando abraza dictadores que le gustan, por más que diga representar el hogar de la democracia.  La pierde por sus propios actos, lo que hace mucho más difícil la credibilidad de los fines. Estados Unidos es admirable por muchas cosas, pero ha dejado de ser fiable y tampoco son ya fiables los motivos que se ponen encima de la mesa.



En el artículo de Beatriz Navarro se recoge la gestión de la pandemia como uno de los puntos de inflexión de la imagen norteamericana. Efectivamente, el mundo asistió asombrado a cómo la primera potencia, el país que envía hombres a la luna y hace descubrimiento asombrosos en el campo científico, se manifestaba de forma necia, entre biblias unos y negacionismos otros, provocando cientos de miles de muertos, cómo se ideologizaba el coronavirus con tal de atacar a China creando (como veíamos ayer) una xenofobia que se extendía a sus propios ciudadanos de origen asiático o se expandía por el mundo a través de grupos ultraderechistas empeñados en destruir al "maldito virus chino".

Pero no ha sido solo la gestión de la pandemia. El racismo galopante que estalló al amparo de las insinuaciones desde la Casa Blanca mostró el desprecio hacia los inmigrantes y hacia sus países de origen, llamándolos "pozos de mierda", por parte del presidente. La esposa del ex presidente Trump se permitió justificar la separación de las familias y la retención de los niños —una maniobra intimidatoria para evitar que entraran en USA— diciendo que en cualquier encierro norteamericano estarían mejor que en sus países de origen. Todavía hoy se siguen buscando a las familias de los niños secuestrados oficialmente. Estados Unidos perdió muchas cosas cuando Trump fue al muro en construcción en la frontera y escuchaba los gritos de sus fieles "¡Constrúyelo!", acompañado de las afirmaciones de matones señalando que les iba a hacer pagarlos.



Eso —y más— lo hizo sin disimulo Trump, ante el delirio de sus seguidores y el aplauso más o menos discreto de instituciones y una parte del mundo empresarial, la que le pedía aranceles, proteccionismo y sanciones, a los que no se plegaban a la fuerza.  Hasta España, ha pagado aranceles a sus productos. Los agricultores franceses pagaron con una subida del 25% sobre los bienes exportados el que se tomara una decisión tecnológica que no gustó a Washington. Se podrían citar muchos ejemplos en todos los órdenes para comprender algo más que Europa no se fie de Estados Unidos. No es ya cuestión de "confiar" sino del propio desarrollo y de las actitudes. 



Pero el golpe de gracia a su propio descrédito se lo dio el 6 de enero de 2021 con el asalto al Capitolio, una demostración de las carencias democráticas acumuladas por la sociedad norteamericana, capaz de seguir en sus peligrosas fantasías a un expresidente y a un partido, el Republicano, que sigue sosteniendo que les fueron "robadas" las elecciones. Esto fue un poderoso mensaje al mundo. El descrédito se ha conseguido por sus propias actitudes. Por más que Joe Biden repita que "Estados Unidos ha vuelto", el mundo sabe que no es fiable, que el poder es lo que importa y que ese poder se traduce en imponer los dictados conforme a sus intereses.

La política anti China es anterior a la pandemia, que ha sido utilizada y lo sigue siendo contra el país, para sancionarlo y evitar las relaciones con terceros. Comenzó en el terreno más doloroso para Estados Unidos, el de las comunicaciones. Parece que hace siglos que el entonces vicepresidente norteamericano Al Gore hablara de la creación de las llamadas "súper autopistas de la Información", que debería servir para la expansión de los Estados Unidos a través de algo inmaterial, más allá del dominio industrial.



La "sociedad de la Información" es de patente norteamericana y es algo más: supone el control del mundo a través del control de lo que circula por ellas. El ejemplo danés lo muestra con claridad. La guerra comenzó a ser más intensa cuando Huawei se reafirmó como primer vendedor de teléfonos y anunció que tenía una mejor oferta para el futuro, el 5G, la "internet de las cosas". El poder que da la información, el control de las redes, no se quiere compartir. Mientras la competencia ha sido en otros factores, la lucha ha sido por otros medios. Pero ahora es mucho lo que está en juego, lo que asegura el control del mundo: la información.

Escribe Navarro:

 

China también estará presente en los contactos de Biden con la UE. Su objetivo, explicó Sullivan, “alinear nuestros enfoques sobre comercio y tecnología, de forma que sean las democracias y nadie más, ni China ni ninguna otra autocracia, escribe las reglas del juego en el siglo XXI”, una forma de poner sobre la mesa, de forma diplomática, el asunto de Huawei, el gigante tecnológico chino al que Washington trata de cerrar las puertas más allá de sus fronteras alegando riesgos de espionaje.

 

No es precisamente "diplomática", sino simplemente sin citar los objetivos concretos, solo los generales. De nuevo nos encontramos con una forma peculiar de medir el mundo: Cuando Estados Unidos "espía" es por seguridad, aunque espíe a Angela Merkel. Cuando los otros son un "riesgo", se trata de una "amenaza". No ha habido una sola prueba de nada, pero pese a ello, Huawei quedaba excluida de cualquier negocio relacionado con el 5G. Cualquier país que decidiera hacerlo se veía presionado y amenazado por las sanciones norteamericanas. Da igual que los servicios de seguridad nacional revisaran todo y afirmaran que no veían problemas, como ocurrió en Alemania o Reino Unido, limitando la intervención de la tecnología de Huawei en las redes a sectores no críticos. Estados Unidos no solo no quiere perder el negocio; tampoco quiere perder el poder del control de las redes.



El gran problema de este punto de fricción es que es algo más que automóviles, televisores, etc. Se refiere a la "información", lo que implica aspectos estratégicos, militares, espionaje, vigilancia, detección, etc. desde los cuales es fácil dar el salto al "incidente", es decir, a un determinado choque real, como ya se está produciendo en las fronteras de China con la intensificación de las tensiones en lugares como India (ya ha habido muertos). Que se invite a India, en estas circunstancias, a establecer alianzas defensivas con USA es una jugada demasiado arriesgada. Lo mismo puede decirse de la invitación a Japón a formar parte de la Five Eyes o de los envíos de materiales sanitarios a Taiwán, lo que es visto por China como una provocación. Estados Unidos está jugando con países que pueden tener un conflicto directo si a alguien se le va la mano, como el caso de India. Ahora mismo China está rodeada de este tipo de conflictos que han sido amplificados, elevados a primer término o directamente creados para realizar esa presión. Y los países, cuando se sienten tan presionados con  amenazas, no siempre toman buenas decisiones. Demasiados riesgos.

Los próximos años va a ser de enorme tensión porque el tamaño económico de China ya es enorme, como lo es su potencial de producción. Está entrando, como hemos visto estos días, en la carrera espacial y está mucho más avanzada en diversos campos punteros de la tecnología. Está claro que China no se va a doblegar ante las presiones que Estados Unidos busca. Esas presiones solo buscan frenar el desarrollo de China. Las apelaciones a la "democracia" son retórica desde el momento en que se apoyan otras dictaduras. Lo que están consiguiendo es el efecto contrario, como ocurrió con Rusia en Oriente Medio. Cada vez que Estados Unidos se impone por la fuerza para lograr sus objetivos, son muchos los países que se ven impulsados al otro extremo, de esta forma se está dividiendo el mundo de forma suicida. Sobre todo se está desplazando el clima de competencia económica hacia la polarización política, que lleva finalmente al desarrollo armamentístico y a políticas de defensa más intimidatorias. Esto es utilizado por el otro bando para confirmar que necesita más armamento. Esto ya lo hemos vivido pero no de esta manera. La guerra fría surgió entre aliados después de una guerra; la nueva guerra fría es por no perder un liderazgo que se ha perdido ya y se traslada desde lo económico a la zona oscura de las posibles agresiones, como se vende a Japón, India y Taiwán, para que se unan al peligroso frente común que se quiere hacer contra China. En vez de la cooperación, se busca un peligroso frentismo que se confirma cada día. Estados Unidos se está acercando a las mismas puertas de China. Habrá que recordarles que China es algo más grande que Cuba para practicarle las mismas políticas de cerco.



* "Biden intenta alistar a Europa a su estrategia para hacer frente a China" La Vanguardia 08/06/2021 https://www.lavanguardia.com/internacional/20210608/7512406/biden-europa-estrategia-china-agenda-trump-relacion-transatlantica.html

lunes, 7 de junio de 2021

A vueltas con el racismo y la xenofobia anti asiática

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



La CNN le dedica en estos momentos su lugar de preferencia en la web al "sentimiento antiasiático". Lo hace con una página interactiva de cuidado diseño a la que se accede desde el titular "Rejected by customers, harassed by colleagues", en la que nos reciben unas palabras clarificadoras, "It's not in the streets / and it's not just in America" a la que sigue una conclusión: "Asians around the world are coming forward saying racial discrimination in the workplace is a problem, too". Conforme avanzamos, la representación del planeta va girando para mostrarnos distintos lugares del mundo en los que se ha destapado el sentimiento "antiasiático".

Hace unos días comentábamos aquí mismo que una de las consecuencias de los ataques a China de Trump. primero, y posteriormente de Biden, cuya política exterior no ha cambiado en este sentido, tenía como consecuencia el crecimiento del odio contra los ciudadanos chinos en particular y contra los asiáticos en general ya que el "odio racista" no suele ser demasiado fino a la hora de establecer diferencias ni sutilezas. La propia CNN ha aumentado el número de noticias sobre China de forma espectacular en este tiempo y casi siempre son malas, noticias negativas de cualquier especie. Por eso sorprende, hasta cierto punto, este ejercicio de denuncia que ahora practica. El hecho constante de poner el foco negativo sobre China tiene esta consecuencia.



El hecho de que republicanos y demócratas estén de acuerdo en que el mayor rival económico de los Estados Unidos sea China implica que los medios alineados políticamente con unos y otros se mantengan en la misma línea de acoso constante y se seguirán produciendo ataques a las personas más cercanas que ninguna culpa o responsabilidad tienen en todo aquello que aparece en los medios.

Mientras no seamos capaces de distinguir entre "gobiernos", "personas" y "culturas", haciendo a todos responsables de lo que hacen desde arriba o de lo que se hizo hace cientos o miles de años, estos problemas de odio se seguirán produciendo. Por eso es esencial que los medios sean conscientes de los daños que pueden causar con sus actitudes y enfoques. El gran problema al que nos enfrentamos precisamente es que hoy los medios se basan en las audiencias para el tratamiento de la información. Se trata de seguir la ola de la opinión y deslizarse sobre ella. La adición de comentarios es otro factor que contribuye a la expresión y concentración del odio en los propios medios.



Que la CNN haga periódicamente un lavado de imagen a través de informaciones de denuncia del racismo anti asiático es solo una parte de la cuestión. La traducción de estos ejercicios informativos que llegan desde el campo de la política en un círculo vicioso difícil de parar entre políticos, medios y opinión pública, es la violencia contra las personas que reciben injustamente las iras. Un artículo racista, un titular xenófobo, una interpretación segada... se traducen en un ataque en mitad de la calle, en el incendio de un comercio o en cualquier otra manifestación de la cual los medios dan cuenta como si fueran hechos que se producen debido a la radicalidad de la gente.

En España es posible identificar con total claridad los medios que publican ataques anti China por cuestiones ideológicas. He leído en algún medio —lo hemos señalado aquí— artículos dignos de los peores momentos de la "guerra fría". Han sido artículos cuya incitación al odio no se enmascaraba. Ha sido odio ideológico (anti comunismo) que se traducía en odio racista. Poca información y mucha bilis en titulares y en el texto.



La política irresponsable de ciertos medios se acaba traduciendo en esos ataques que la CNN dice que se producen "no solo en América". No sé si esto les sirve de consuelo.

La postura europea en su conjunto es mucho más moderada que la norteamericana al respecto, lo que no quita que en el plano mediático tenga sus episodios agresivos en la prensa más ideologizada, un fenómeno conectado con la propia crisis mediática. La forma de asegurarse lectores es radicalizarse y la cuestión de China tiene todos los ingredientes que necesitan: ideología, racismo y una envidia nada sana al innegable ascenso asiático, que se convierte en la fuente de todos los males. Si en Asia se crece, eso implica que aquí se decrece; si allí se produce, aquí se crea paro. Es una propuesta sencilla que la gente entiende con su lógica de andar por casa y les permite dar salida a las frustraciones que nuestro propio sistema produce por incapacidad de enfrentarse a los problemas.



El que tiene un chiringuito en la playa acabará estableciendo la cadena de culpas hasta llegar a la conclusión que sus males comenzaron en China. ¿Por qué no? Es lo que hizo Donald Trump con gran eficacia y que le proporcionó votos y simpatías. Los enemigos de fuera siempre son rentables y, especialmente, sirven para desviar la mirada de los verdaderos responsables de las situaciones, la mayoría de las veces demasiado próximos a nosotros.

Se nos olvida, por ejemplo, la importancia que ha tenido para el sector comercial español la presencia del turismo chino, sobre todo un turismo de "compras" y cultural, muy diferente al de playa y ocio nocturno. Eso ha llevado a que grandes almacenes dedicaran especial atención al turismo llegado de China, que pusieran traductores y carteles en chino en sus plantas e incluso los mensajes de la megafonía. Su gasto en compras es muy superior al de este turismo que celebramos tanto ahora.



No he visto un solo reportaje en los medios españoles sobre lo que supone el turismo chino en España, sobre sus características. En una tesis que se defendió hace tres años estudiamos en uno de sus capítulos precisamente este fenómeno y lo que suponía económicamente. Pero, me imagino, al no afectar al "ocio nocturno" (no es turismo de esa clase) nadie se ha molestado en investigarlo.

Hoy en día es muy difícil hacer buena información y muy fácil producir desinformación; producir información radicalizada sirve para asegurarse fieles e iracundos lectores. Cualquier cantamañanas radical logra más seguidores que cualquier persona sensata que no busque dar la nota con algo llamativo. Lo hemos visto en los Estados Unidos y lo vemos aquí. Es la economía informativa de la atención y la tensión, algo necesario para mantener enganchados a los lectores o espectadores.



El profundo desconocimiento de China en todos los niveles hace que sea fácil manejar una caricatura que acaban pagando los ciudadanos asiáticos repartidos por todo el mundo, como inmigrantes, como turistas o como residentes.

Los artículos de la CNN dejan al descubierto una parte de la situación que contribuyen a crear con el resto del material publicado. Por eso resulta tan poco creíble, sin dudar de la buena intención de los firmantes. Mostrar que los ataques no solo ocurren en "América", como se señala, tiene cierto tufillo exculpatorio porque en modo alguno se analiza porqué es allí donde se está produciendo el epicentro xenófobo y racista antiasiático. Las sutilezas periodísticas o políticas no logran frenar esa gran etiqueta, "asiáticos" en la que se engloban ahora todos los males que padecemos en todas las partes del globo.




Lo repetimos de nuevo: no se deben confundir gobiernos, culturas y personas. Entremezclar todo solo lleva a la confusión y a crear víctimas que nada tienen que ver con lo que ocurre. ¡Hemos visto tantos casos injustos de ataques a personas inocentes! Da igual que tengan pasaporte norteamericano, chino, coreano, japonés o de cualquier otro lugar. No podemos pagar en personas que son inocentes nuestras fantasías y fobias. Los lamentos por los ataques a los "asian americans" deberían ser los mismos que por los asiáticos, de cualquier país, de visita en terceros países. Todo lo demás es una enorme hipocresía.

Me sorprende de nuevo que los artículos contra la xenofobia y el racismo anti asiáticos se incluyan en la sección "Business" en la CNN, algo más que un lapsus. No sé cuál es la forma de clasificar el "racismo", pero parece claro no quiere ser etiquetado bajo la etiqueta "política". Es extraño, sí.



domingo, 6 de junio de 2021

La otra lógica o el rojo británico

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



Hace tiempo que lo venimos diciendo: no hay turismo sin turistas. La constatación de esta obviedad viene de esos (cuasi) turistas británicos que, según les dice su líder y gurú, Boris Johnson, no deben venir a España bajo pena de cuarentena. Nosotros proponemos y Boris dispone.

El gremio de la hostelería, el ocio y la playa dice no entenderlo, pero es muy sencillo: el gobierno británico (como todos) no quiere que sus ciudadanos se vayan a gastar fuera lo que no se han gastado dentro por las restricciones. Tiene su lógica, visto desde su lado claro. Nosotros queremos lo mismo, pero no es suficiente. Queremos que los españoles salgan lo menos posible (con la excepción de aquellos que viven de mandar a los españoles al extranjero) y se lo gasten aquí, en terracitas y chiringuitos, que vayan de fiesta en fiesta reactivando la economía a golpe de chupito, moreno epidémico y ocio nocturno, mucho ocio nocturno.

Pero los británicos parece que no van a venir. Han colocado a España en la lista de los lugares que no deben visitarse, zona yu-yu, que decían en las viejas películas de Tarzán. Con los líos del Brexit añadidos a los de la pandemia, el gobierno de Johnson ha decidido que la mejor forma de ahorrar en que las libras se queden donde están y circulen por las redes británicas del ocio y el gasto. Es comprensible y nos muestra una vez más lo que significa depender de otros para sobrevivir. Literalmente, estás en sus manos. Parte del problema es que ellos tampoco están para tirar cohetes.

En la BBC se nos habla sobre las estimaciones del sector turístico visto desde su propia perspectiva:

 

2. UK tourism 'worth just half of pre-pandemic level'

Tourism is set for a slow recovery from the pandemic, with spending by holidaymakers this year expected to be just half the level of 2019. Forecasts by the VisitBritain agency suggest domestic tourism will be worth £51.4bn in 2021, down from £91.6bn two years ago, while spending by foreign tourists is expected to fall from £28.4bn to £6.2bn.*

 


Con estas expectativas, no parece que estén muy dispuestos a que la gente gaste fuera. En vista de lo cual, se juega con los colores de los "semáforos" que indican dónde se puede ir sin riesgos. La idea de "riesgo", desde luego, aparece repartida entre la salud y la economía.

Descubrimos con enfado que los británicos, que tanto se enfadaron porque el Brexit les complicaba su retiro en la Costa del Sol, Canarias o Baleares después de una oscura y húmeda vida en sus islas, son ahora más reacios a hacerlo o al menos su gobierno no se lo pone fácil. ¡Nuestro gozo en un pozo británico!

Los británicos que se quejan son, por supuesto, aquellos que se dedican a sacarlos del país, es decir, agencias, tour operadores, compañías aéreas, que han puesto el grito en el cielo. Son un sector importante y se quejan con fuerza, especialmente la compañías aéreas pues con las naves paradas no tienen más que pérdidas millonarias cada día.



Por supuesto, aquí todos son lugares seguros, pero unos más seguros que otros. De nada sirve decir que tenemos en la comunidad valenciana, como se repite, los niveles más bajos de contagio de Europa a los que ya son poco o nada europeos. El deseo de nuestros dirigentes autonómicos de liberarse de la etiqueta roja española no parece que vaya a servir de mucho. Los británicos meten a países enteros porque saben lo fácil y tentador que es pasar de un sitio a otros con autonomías haciéndose la competencia entre ellas. Aquí, todos o ninguno. La euforia que se veía hace unos días se ha quedado en agua de borrajas tras el "rojo" británico.

No nos servirá de consuelo, pero los hay que lo tienen peor, como ocurre en Egipto, al que ya han puesto en la lista "roja". Egipto tiene también una enorme dependencia del turismo y una situación sanitaria mucho más complicada que la española, pese a los números que ofrece el gobierno egipcio, al que siempre le cuadra todo. El problema es que se han detectado en otros países una nueva variante llevada por viajeros egipcios lo que ha movido al gobierno británico a echar el cierre.

Leemos en Egyptian Streets:

 

The UK Government’s Department for Transport announced on Thursday that Egypt is one of seven countries which have been added to its travel ‘Red List’.

The changes come into effect at 4am on Tuesday 8th June. Only British and Irish nationals or those with residency can now enter the UK from Egypt, and they must undergo a mandatory 10-day hotel quarantine in a government facility, where two COVID-19 PCR tests are provided.

According to the UK government, Egypt and several other countries in the region including Afghanistan, Bahrain and Sudan have been added to the red list because “COVID-19 prevalence is assessed to be high and there is evidence to suggest community transmission of variants of concern.”

It has also been announced that some direct flights from red listed areas which were previously subjected to a travel ban will be permitted as part of a ‘limited trial’ from 8th June, providing that they arrive at dedicated airport terminals.

With the UK government charging £1750 (approximately EGP 39,000) for the required 11 nights in the quarantine hotel, many have rushed to return to the UK from Egypt in time to avoid the new restrictions. Direct flights from Cairo to London over the coming weekend have sold out, with many paying highly inflated prices for tickets.

The news follows reports that a new variant of COVID-19 has been detected in Egyptian travellers who had recently arrived in Thailand. Over 100 cases of this variant have been discovered in the UK and it has been classed as a ‘variant under monitoring’ by the European Centre for Disease Control.**

 


Con ese dineral por estar diez días encerrado al volver a casa, es lógico que el gasto se reduzca, contabilizándose como ingresos nacionales. Las cuarentenas hoteleras pasan a ser una forma de recuperar el gasto y sobre todo de hacerlo en casa. China también lo hacía a los que regresaban. En modernos hoteles, con camareros robots llevando la comida a las habitaciones (al menos en los que se enseñaban) el que ciudadano chino que regresaba a casa tenía que sumar unos cuantos días al viaje y descontar unas importantes cantidades de dinero. Una nueva forma de mantener los hoteles locales en funcionamiento.

El eje divisor Norte-Sur funciona para el turismo. Los de arriba ahorran dinero para pasar sus vacaciones en las zonas de abajo. Nos queda el clima, pero no mucho tiempo. Si, como se predice, el calor irá subiendo hacia el norte, lo del turismo va a cambiar radicalmente en las próximas décadas. Es algo parecido a lo que ocurre con los combustibles petrolíferos. Ahora los países con petróleo son ricos (más bien sus gobernantes), pero cada vez se utiliza más sistemas menos contaminantes, por lo que deberán hacer otra cosa porque los ingresos por petróleo se irán reduciendo. Algunos países lo saben y tratar de diversificar su economía.



Nosotros estamos empezando a ver las orejas al lobo turístico. Ya se van escuchando algunas voces sobre la necesidad de una reindustrialización digital y ecológica, sobre una nueva forma de desarrollo que nos haga tan dependientes y sensibles. Si nuestras múltiples capas de dirigentes fueran capaces de ponerse de acuerdo en algo y dejar de discutir cosas absurdas más allá de la propia política, verían la necesidad de ponerse manos a la obra. No basta el futuro. Hay que irse liberando de las zancadillas del pasado, es decir, de los sectores incapaces de evolucionar debido a múltiples factores y, sobre todo errores de desarrollo.

Los países que son capaces de tener su destino en sus manos en un mundo de tan enorme complejidad son pocos y tienen mucho mérito. Solo es posible avanzar con un grado de unión que, hoy por hoy, no tenemos. Estar sentados esperando que llegue el futuro en forma de turista o cualquier aspecto no es demasiado bueno. A partir de cierto nivel, lo que es positivo se torna problemático porque pasamos de controlarlo a ser controlados por el propio proceso, un salto tras el que descubres que estás en una trampa dependiente, que ya no eres tú quién controla, sino otros los que te controlan a ti.



 * "Covid-19: 'Stay local' advice over variant and tourism takes a hit" BBC 25/05/2021 https://www.bbc.com/news/uk-57237553

** "Travel Chaos as Egypt Added to UK’s Red List" Egyptian Streets 4/06/2021 https://egyptianstreets.com/2021/06/04/travel-chaos-as-egypt-added-to-uks-red-list/