miércoles, 29 de enero de 2020

Johnson, Trump y la batalla del 5G

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Mientras los abogados defensores de Donald Trump en el proceso de impeachment le declaraban el "líder del mundo libre", en Reino Unido se le ignoraba en sus presiones sobre la participación de Huawei en el 5G británico. Más allá de la ironía, se trata de constatar que a unas pocas horas de que los británicos abandonen la Unión Europea, Johnson empieza a darse cuenta de que su deseada independencia del continente puede convertirse en una excesiva dependencia de los Estados Unidos. A diferencia de Dios, Trump aprieta y ahoga.
El gobierno de Boris Johnson ha decidido tomar una decisión salomónica tuneada. Permitirá seguir a Huawei en el entramado del 5G, pero —dice— lo hará de una forma controlada y parcial. La noticia la explican así en Euronews:

Las presiones del equipo de Donald Trump han sido constantes sobre las autoridades británicas para que excluyeran a la empresa por los riesgos que su participación en el proyecto podría plantear para la seguridad nacional. Sin embargo, los servicios de seguridad británicos han considerado que el riesgo es controlable. Así, Huawei tendrá "una presencia minoritaria limitada en la periferia de la red, no podrá proporcionar equipamiento a las consideradas "partes delicadas", conocidas como el 'núcleo', ni participar en áreas geográficas "sensibles".



Habrá que ver cómo se cocina eso. Los críticos del veto de los Estados Unidos a Huawei explicaban que la empresa ya estaba plenamente en el 4G, por lo que los "peligros" deberían estar aclarados. Pero nunca es suficiente cuando los demás te han adelantado en la carrera tecnológica.
La cuestión no es otra que la pérdida de liderazgo de los Estados Unidos en los avances y el aumento de la competitividad de China en calidad y precios, lo que le ha permitido ir haciéndose con oportunidades en el mercado global.

Por otro lado, el mundo se ha dado cuenta que los Estados Unidos pretende deshacer las reglas surgidas tras la II Guerra Mundial, con el comienzo de la Guerra Fría. No es casual que se defina a Trump como el "líder del mundo libre" pues la idea de "mundo libre" es una idea claramente de la Guerra Fría. Como oposición, China se convierte en el otro lado como "país comunista", ocupando el otro lado en sustitución de la extinta Unión Soviética. Esto ha sembrado bastante desconcierto en los que seguían viendo a Rusia como una amenaza para el "mundo libre". Y lo sigue siendo, pero no en el modo que le preocupa a Trump, en el de la Economía mundial. Rusia no es competencia tecnológica de nadie, sino que posee materias primas. China, por el contrario, ha escalado posiciones en los tecnológico y, pese a ser "comunista" es el gran mercado deseado hasta por la Disney. La preocupación ideológica de los Estados Unidos con China es, además, de una enorme hipocresía porque no ha importado más que retóricamente su situación interna hasta que la competencia económica ha sido real. Es entonces cuando ha empezado a importar todo y la maquinaria de propaganda se ha puesto en marcha, como muestra claramente el caso de Huawei, una compañía que se extiende por todo el mundo y de la que nadie tenía queja.


Tampoco hay queja ahora, solo las "sospechas" de lo que pudiera hacerse en el futuro, algo evidentemente indemostrable por sospecha y por futuro. Estados Unidos no ha ofrecido más. Los informes técnicos de los expertos en seguridad de Reino Unido o de Alemania han revisado todo con lupa y nadie ha encontrado nada. Solo están las sospechas de Trump que se usan como arma para evitar que China establezca contratos en su exterior en materia que pise el terreno a los Estados Unidos.
Esto lo sabe todo el mundo, pero enfrentarse a los modos agresivos del "líder del mundo libre" no está al alcance de todos por los riesgos que supone. No sería la primera vez que se enfada mucho cuando se entera que no son las compañías norteamericanas las beneficiadas en contratos fuera de Estados Unidos.



Por otro lado, las acciones, palabras y maneras de Trump no son precisamente los más favorecedores para la confianza. Lo mostrado (y demostrado) en Ucrania indica que no tiene sentido de la separación de lo propio y lo público. Trump ha erosionado la imagen de los Estados Unidos en todo el mundo. Las formas se mantienen para evitar más conflictos, pero todo el mundo tiene claro sus límites como socio de confianza y, mucho más, el carácter auto atribuido de "líder". A Trump no se le sigue; él te arrastra si es necesario. Mientras esté en la Casa Blanca, el riesgo es alto.
Es interesante comprobar las reacciones de la prensa ante la decisión del gobierno de Johnson. Mientras la británica y parte de la europea trata de resaltar que es una participación "limitada" de Huawei en el 5G, como hace la BBC, la norteamericana habla de "desafíos" a Trump o a  la política de USA. Las percepciones son muy distintas y en clave interna. Johnson ha salido fortalecido de las elecciones mientras que se ve a Trump débil.


La duda está en si Trump seguirá, por un lado, pero también si la ocupa alguien distinto va a permitir que China se siga desarrollando o si, por el contrario, la guerra comercial va a continuar. En diciembre pasado, The New York Times mostraba sus recelos sobre que la llegada de un acuerdo con China supusiera la paz. Con su titular "Peter Navarro, Trump’s Trade Warrior, Has Not Made His Peace With China" incidía en este aspecto. Por más que Trump pueda firmar un acuerdo está por detrás los que la inspiraron y a los que nos les importa tanto Trump como una política determinada contra China, como es el caso del economista Peter Navarro (el hombre que se citaba a sí mismo como fuente fiable), cuya cruzada es conocida.  Ahora seguirá por su cuenta, como punta del grupo de intereses que hay detrás.
La decisión de Johnson de desoír los avisos de la Casa Blanca con la participación de Huawei puede tener continuidad en la Unión Europea, que desafíe en su conjunto a los Estados Unidos. No será fácil porque hay una serie de países (los más cercanos al peligro ruso) que tratan de mantenerse bajo el paraguas defensivo de los Estados Unidos y por ello no quieren desafíos. Pero las decisiones de los países más grandes quedarán abiertas a la posibilidad de tener a Huawei como parte del proyecto.
La batalla mundial del 5G continúa.




* "Johnson permite a Huawei desarrollar la red 5G en el Reino Unido" Euronews 28/01/2020 https://es.euronews.com/2020/01/28/johnson-permite-a-huawei-desarrollar-la-red-5g-en-el-reino-unido


martes, 28 de enero de 2020

Coronavirus y metáforas de guerra

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Conforme va evolucionando la situación causada por el coronavirus (2019-nCoV), también lo hace la manera de informar. Es importante que en este tipo de casos —lo comentábamos el otro día aquí— se informe de manera correcta y no se agudice la situación mediante prácticas incorrectas, retórica confusa y mezcla de elementos. Desgraciadamente, muchos medios se han acostumbrado al sensacionalismo competitivo, es decir, la forma de atraer la atención de los lectores en la feroz lucha por conseguir lectores o espectadores, lo que lleva muchas veces a elaborar titulares (principalmente) llamativos y a jugar en los textos con informaciones confusas o insinuaciones. Conforme la situación se hace más grave, se observa una tendencia en algunos medios para ofrecer una información más ajustada dentro de la rápida evolución, lo que hace que los datos varíen. Con todo, es cuestionable que se hable de casos sin confirmar para que después haya que decir que no han dado "positivo".
Con todo, la información mediática se queda corta con el tejido informativo que forman las redes sociales. El Twitter de la Organización Mundial de la Salud es un ejemplo de cómo mucha gente no es consciente —o sí— de los efectos que puede tener opiniones sin ningún fundamento sobre la opinión pública.


A la epidemia provocada por los coronavirus (2019-nCoV) hay que añadir las epidemias informativas. No en vano usamos el término "viral" para calificar la distribución intensa de determinados textos, vídeos o fotografías.
La primera regla de esta forma de epidemia informativa es hacer dudar de la información oficial existente. Se juntan aquí los efectos del coronavirus con las teorías conspirativas, una muy mala e irresponsable manera de actuar. Indudablemente, tiene efectos sociales ya que distorsiona tanto lo que ocurre como aquellos otros factores que se decida incluir dentro del paquete conspirativo. Algunos de los tuit colgados en los consejos de la Organización Mundial de la Salud son realmente temerarios respecto a sus efectos. Como los virus reales se extienden a través de los reenvíos y situándose en lugares de paso, en centros de atención buscando la mayor atención posible.


La CNBC norteamericana recupera unas advertencias de Bill Gates con el siguiente titular "Bill Gates in 2018: The world needs to prepare for pandemics just like war".* La inclusión del término "war" en el titular no es precisamente tranquilizadora y va en sentido contrario a las palabras del propio Gates:

Speaking at an event hosted by Massachusetts Medical Society and the New England Journal of Medicine (NEJM) on April 27, 2018, Gates said he believed “the world needs to prepare for pandemics in the same serious way it prepares for war.”
“This preparation includes staging simulations, war games and preparedness exercises so that we can better understand how diseases will spread and how to deal with responses such as quarantine and communications to minimize panic,” Gates said.*


"Guerra" aquí, como se ve en los párrafos, se refieren a la "seriedad" con la que Estados Unidos y los demás países se plantean la importancia de la Defensa. Significan precisamente trabajar sobre las posibilidades antes de que estas ocurran, es decir, prevención y financiación. Es llamativa la última e importante recomendación: el correcto uso de la comunicación para "minimizar el pánico". Es precisamente el problema al que nos referimos. Los efectos sociales de una incorrecta información pueden ser muy negativos y producir situaciones no deseables.
Creo que la intención de Gates era buena, una llamada a la inversión de los gobiernos en prevención, en preparación para que en las situaciones peligrosas se pongan en marcha rápidamente los protocolos adecuados, de la misma forma que se ensaya cómo actuar en caso de incendio o terremoto en las escuelas o empresas. Sin embargo, la metáfora de la guerra usada es peligrosa cuando se vuelve el centro del artículo y salta al titular. Gates incurrió en el error de tratar de "sensibilizar" usando el caso extremo, el de la "guerra", especialmente si se trata de una pandemia, es decir, cuando la epidemia traspasa las fronteras. Pero muchos lo están tomando literalmente.
Leemos en el artículo que recuerda sus palabras de 2018:

Gates also compared future deadly global pandemics to a new type of “military weapon.”
Gates recalled that at the 2017 Munich Security Conference he “asked world leaders to imagine that somewhere in the world a new weapon exists or could emerge that is capable of killing millions of people, bringing economies to a standstill, and casting nations into chaos.
“If it were a military weapon, the response would be to do everything possible to develop countermeasures,” he said at the NEJM event, adding that a “sense of urgency is lacking” when it comes to biologic threats.
This should concern everyone said Gates, “because history has taught us there will be another deadly global pandemic.
“We can’t predict when, but given the continual emergence of new pathogens, the increasing risk of a bioterror attack, and the ever-increasing connectedness of our world, there is a significant probability that a large and lethal modern-day pandemic will occur in our lifetime,” Gates said.
To be better prepared, Gates said world leaders need to invest in approaches such as antiviral drugs and antibody therapies that can be stockpiled or rapidly manufactured to the spread of these future diseases.*

Toda las metáforas de la "guerra", del "arma mortal", etc. se convierten en un arma de doble filo que sirve a algunos en sus propias guerras. Desde que Donald Trump llegó al poder, declaró a China la causa de todos los males. Estaban detrás, como se ha señalado repetidamente, su estrategia de renegociación de los acuerdos económicos, la lucha arancelaria feroz y, especialmente, la cuestión de las redes 5G, por las que Estados Unidos perdía un gran negocio mundial en beneficio de China, potencia en este terreno.



Es en este contexto en donde se está interpretando por algunos la crisis del coronavirus (2019-nCoV), al que se ha calificado de "misterioso", "extraño", en fin, "chino"...
En la publicación Vice, firmado por Anna Merlan, aparecía ayer el artículo titulado "The Coronavirus Is an Exciting Opportunity for Conspiracy Theorists", acompañado de la entradilla «The spread of the epidemic has provided a bonanza for conspiracy theorists with something to promote, like hoax theories, bullshit treatments, and xenophobia.»** Es una síntesis bastante aproximada de lo que ocurre en paralelo a la información sobre la propia evolución del coronavirus. Es lo que nos preguntábamos en el blog hace unos días cuando cuestionábamos la expresión "virus chino" y recordábamos la existencia de la "spanish flu", la "gripe española" de 1918.


Muchos medios han ido rectificando la denominación a una más local como el "coronavirus de Wuhan" o la más técnica de Coronavirus (2019-nCoV). Como se señala en Vice, la detección de los movimientos conspiracionistas, los usos xenófobos, etc. hace esencial plantearse no ayudar a crear más problemas de los que ya tenemos.
Una situación de este tipo requiere algo más que conspiraciones o xenofobia. Requiere sobre todo colaboración internacional y que la "guerra" lo sea contra el coronavirus y no contra un país o unas personas que son víctimas de una epidemia que causa muertes, dolor y una gran cantidad de medidas que son los primeros en padecer. No es lo que parece por algunos medios y por la actitud de algunas personas, claramente xenófoba y que hay que tener en cuenta también como prevención.


Tengo muchos alumnos chinos. Algunos manifiestan su preocupación por lo que ocurre en su país, su miedo lógico por las familias. Otros lo llevan por dentro, de forma callada pero preocupada. Me llegan mensajes de algunos que ya terminaron sus estudios aquí y de otros que fueron para allá y que no sé cuándo podrán volver. Tienen todo mi afecto, como siempre, y mi solidaridad y ayuda cuando la necesiten.



* "Bill Gates in 2018: The world needs to prepare for pandemics just like war" CNBC 27/01/2020 https://www.cnbc.com/2020/01/27/bill-gates-in-2018-world-needs-to-prepare-for-pandemics-just-like-war.html
** "The Coronavirus Is an Exciting Opportunity for Conspiracy Theorists" Vice 27/01/2020 https://www.vice.com/en_us/article/pkeayk/the-coronavirus-is-an-exciting-opportunity-for-conspiracy-theorists




lunes, 27 de enero de 2020

Cuando el jefe es el Boss

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Por la boca muere el pez, solemos decir. El pez, esta vez, es un pez gordo, Donald Trump al que la aparición de grabaciones está complicando la vida. Creo que no hay ya muchas dudas sobre la idea de que el peor enemigo de Donald Trump es Donald Trump. Su incontinencia en todos los órdenes es el reflejo de su narcisismo. Trump necesita burlarse, regodearse, vanagloriarse, descreditar, insultar... y no lo puede controlar. Tampoco quiere porque para Trump el poder consiste en eso, en no tener que ocultar que es una mala persona. Ya dijo que si eras rico, "¿por qué tenías que aguantar a la misma mujer?" y de la misma forma podría decir "¿si eres el presidente por qué tienes que ser educado?". Como solo se representa a sí mismo, no lo entiende.
La CNN nos trae un capítulo más del retorno del despropósito. Lo hace con el titular "Parnas tape is a real problem for Trump" y lo firma Dean Obeidallah. La trama ucraniana se le complica a Trump, pero se le complican la larga lista de damnificados que van quedando en el camino del presidente desde la que algunos claman venganza.
Con Trump ha aumentado lo que podríamos llamar el "coleccionismo acústico", que me imagino que ha sido una forma de cubrirse las espaldas ante posibles consecuencias de lo que hacía o ante el asombro por lo que escuchaban.
La grabación a la que alude Dean Obeidallah es ya conocida en su contenido, sobre la destitución de la embajadora en Ucrania, pero le interesan también otros aspectos:

The stunning part is not just the content of his message, but the language Trump used to express his desire to fire Yovanovitch: "Get her out tomorrow. I don't care," adding, "Take her out. OK? Do it." He sounds more like a mob boss ordering a person to be whacked than a president seeking the removal of a political appointee. The short clip went viral for the most of the day Saturday on Twitter with the hashtag #TrumpTapes.
Then in the drip, drip style of the Clinton email scandal, the rest of the audio recording of this dinner -- which totals nearly 90 minutes -- was released on Saturday night. In the full tapes, Trump can be heard mocking Democratic Rep. Maxine Waters as being "low IQ" to big laughs, bragging that he could've beaten President Barack Obama in 2012 and more, which prompted additional news coverage.
But it gets worse for Trump. Parnas' lawyer Joseph Bondy told CNN's Anderson Cooper on Saturday night that Parnas has more recordings of Trump. When asked if he plans to release them in the future, Bondy responded, "Perhaps."*



Las palabras son dichas, recordemos, en una selecta reunión de donantes. Al autor del artículo, le sorprende el lenguaje mafioso de Trump. Entiendo que la sorpresa es de orden retórico, pues es un Trump en su salsa. No es la primera vez que se escuchan este tipo de grabaciones en la que vemos un Trump descarnado e insultante. Recordemos aquellas "escandalosas" grabaciones en las que igualmente se mostraba descarnado y grosero sobre los efectos de su dinero sobre las mujeres y por dónde había que "agarrar". Nunca ha habido un Trump "presentable", su incapacidad para entender las relaciones y la incontinencia lo imposibilitan. En Trump la zafiedad es la forma de mostrar su poder.


Y eso es lo que está haciendo ante esos "selectos donantes", mostrarse insolentemente poderoso. En efecto, la forma de hablar de la embajadora Marie Yovanovitch es de película de gángsters, de mafiosos que ponen zapatos de cemento y te lanzan a la bahía. Eso es poder.
No tiene nada de particular que vean esas formas en la manera de actuar de Trump. Las revistas y periódicos más prestigiosos se preguntan desde hace tiempo sobre sus conexiones con la mafia. The New York Times, Politico, Newsweek... ha dedicado reportajes a sus relaciones y publicado fotos con amigos de otras épocas, de esos que después dice desconocer. Las ansias de poder hacen frecuentar lugares y personas poco recomendables.


Vuelve su obsesión con el bajo "IQ" que es su forma de "supremacismo" personal. Maxine Waters tiene los tres requisitos para ser considerada de "Low IQ" y mofarse con sus contertulios: es mujer, negra y demócrata. Es el blanco perfecto para Trump. La representante por California o se ha dejado amilanar por los múltiples insultos que le dirige en cuanto tiene ocasión.


La tercera cuestión le debe seguir provocando pesadillas: la obsesión con Barack Obama. Venga a cuento o no, Trump siempre saca a colación que él podría haber ganado a Obama. Lo repite como una especie de mantra, tratando de convencerse a sí mismo y sobre todo a los demás. Es uno de los rasgos más destacados de esta personalidad obsesiva y narcisista, que necesita repetirse que es único, el mejor, que no ha habido otro igual en la Historia, el mejor presidente. Las muestras de lo contrario son conspiraciones y mentiras. Entre las cosas que decidieron las invectivas contra Marie Yovanovitch es que le dijeron que no había puesto su retrato en la embajada de Ucrania. Solo pensarlo le quitaría el sueño.
Dean Obeidallah habla del goteo de informaciones que irán saliendo. El abogado de Lev Parnas, el antiguo colaborador desconocido, ha dicho que "quizás" salgan más. Esperemos que sea así.



* Dean Obeidallah "Parnas tape is a real problem for Trump" CNN 26/01/2020 https://edition.cnn.com/2020/01/26/opinions/parnas-tape-problem-for-trump-obeidallah/index.html






domingo, 26 de enero de 2020

Naufragios o estos no serán los felices 20

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Salí ayer a comprar el pan y regresé con la obra de Amin Maalouf, El naufragio de las civilizaciones, publicada entre nosotros a mediados de octubre pasado. Una mirada hacia lo alto del estante me permitió descubrirlo, solitario, en una esquina. Pagué el pan y el libro; sin querer esperar más, me puse a leerlo aprovechando lo que quedaba de tarde.
Hace tiempo que sintonicé con Maalouf, con sus visiones y explicaciones del mundo, especialmente de lo que define aquí como el "Levante", la parte oriental del Mediterráneo, hoy en conflicto permanente. Maalouf se pregunta en su introducción por el desastre ocurrido para que un espacio en el que muchos convivían, orgullosos de ello, se convierta en un espacio de muerte y odio. Su mirada va más lejos, al resto del mundo, donde no ve mejores perspectivas. División, conflicto, hacer saltar los logros de décadas con un solo gesto... Convivencia parece un concepto viejo, del que se ha renegado de forma expresa. "¿Cómo hemos llegado a esto?" (16), se pregunta ya desde el prólogo mismo de la obra.
Expresa su preocupación (y dolor) Maalouf en la presentación del texto:

Larga es la lista de todo cuanto ayer, sin ir más lejos, conseguía hacer soñar a los hombres, elevarles la mente, movilizarles las energías, y hoy se ha quedado sin atractivo. Esa «desmonetización» de los ideales, que se sigue extendiendo sin pausa y afecta a todos los sistemas y doctrinas, no me parece abusivo asimilarla a un naufragio espiritual generalizado. (18)

Es una paradoja que existiendo mejores condiciones para el diálogo en la comunicación, un mayor conocimiento, mejores bases para el entendimiento, sea en la confrontación constante donde se esté desarrollando un juego autodestructivo. Si el siglo XX tuvo dos grandes confrontaciones mundiales, el siglo XXI se ha atomizado en sus conflictos sin resolución y con constantes efectos en cadena.
Se han perdido los sueños comunes, como señala Maalouf. Lo peor es que han sido sustituidos por mezquinos sueños parciales enfrentados, pesadillas en las que el otro es objeto de agresión, pesadillas de miedo en la que los otros son los que nos agreden, como señalábamos ayer al hablar de la videovigilancia en Londres. No son figuraciones, son una probabilidad más o menos remota que es suficiente para jugar con ella para crear el miedo que paraliza y estresa, que nos consume y agota.
En el prólogo, Maalouf hace referencia a la Casa Blanca y la energía negativa que sale de allí. Pero hay también un párrafo sobre el asombro que le causa un Brexit que está todavía en el aire cuando escribe la obra. Dice tener la esperanza —hoy inexistente, a pocos días de que se cumpla la salida— de que no ocurra. "¡Qué naufragio!", exclama.
Leemos en La Vanguardia de hoy un magnífico artículo de Rafael Ramos, su corresponsal en Londres. En él se señala:

El Brexit ha resquebrajado la Unión, empujando a Escocia hacia la independencia y a Irlanda hacia la reunificación (aunque ninguno de esos procesos está maduro como para caer del árbol, y Londres se va a resistir con todo su poderío), y ha partido a Inglaterra por la mitad –jóvenes frente a viejos, intelectuales frente a obreros, la ciudad frente al campo…– empujándola hacia la derecha en línea con los populismos ultraconservadores y fascistoides de moda en el continente y en los Estados Unidos. El cincuenta por ciento está exultante, agigan­tado, borracho con la victoria. El otro cincuenta por ciento está deprimido, triste, hundido en la agonía miserable de la derrota.*



El "naufragio" no es una figuración de Maalouf, el mal sueño de un pesimista. Es una realidad que nos envuelve, que vamos percibiendo como enfrentada, de unos contra otros. Los enfrentamientos son en el nivel micro y también en el macro, de tu vecino a otra cultura, es una forma de estar en el mundo. Nos percibimos como enfrentados. Eso hace desmoronarse muchas cosas, naufragar.
No me parece exagerada la descripción de Ramos desde Londres. Su artículo se titula "El Brexit dispara la xenofobia y saca a relucir lo peor del alma inglesa" y ofrece elocuentes ejemplos del ambiente que se respira en las islas británicas. No es el único lugar donde se está sacando lo peor que tenemos. Es el alimento del odio, sus proteínas básicas: racismo, intransigencia, odio, xenofobia. Estamos sacando lo peor en casi todas partes.
Es la paradoja de la falta de convivencia cuando ya nada nos parece lejano; todo está próximo y es peligroso. Todo es coronavirus que en pocas horas es detectado en nuestras puertas. ¿Por qué vienen los otros a infectarnos, a quitarnos los puestos de trabajo? ¿Por qué saltan muros y vallas para invadirnos? Los medios contribuyen con su sensacionalismo a cargar de gasolina muchas situaciones. Nadie se para en nada; hay prisa en ganar antes de que todos perdamos.


La política ha descubierto la necesidad de canalizar este odio, esta insatisfacción constante hacia otros. Los británicos contra Europa, los norteamericanos contra México y China y ahora, que ya se han firmado acuerdos, contra la Unión Europa, como ha señalado Trump. El extremismo de todo el mundo crece porque se canaliza el odio hacia el extranjero, el diferente... Las instituciones son sustituidas por la violencia en las calles. Nada parece funcionar; no hay palabra posible que libere el deseo de gritar.
Todo va tan deprisa que no acabamos de comprender hacia dónde vamos. ¿Naufragio? Sí, quizá sea el término más adecuado a esta situación en la que hemos dejado de creer en lo que hemos construido juntos, en las buenas ideas que unen. Cada vez es más palpable el malestar en la discordia. Los que se resisten a ser arrastrados por este enfrentamiento constante son desbordados por los gritos que piden... no se sabe muy bien qué. ¿Otra cosa? ¿Qué? Es necesario encontrarlo antes que sea tarde.
La descripción anímica del Reino Unido dada por Ramos valdría para muchos otros lugares en los que la división se vive de forma dramática. Estos no serán, a todas luces, los "felices 20" del siglo XXI. Habrá que rebuscar en los escombros de nuestras ilusiones para sacar energía positiva, la necesaria para remar contracorriente.
Son muchas voces las que advierte de este fondo sobre el que se recortan las figuras. Cada día se percibe con más claridad que no es un buen camino, que hacen falta correcciones, que se han llegado a ciertos límites que no se deben traspasar. 



Amin Maalouf (2019) El naufragio de las civilizaciones. Alianza Editorial, Madrid.
* Rafael Ramos "El Brexit dispara la xenofobia y saca a relucir lo peor del alma inglesa" La Vanguardia 26/01/2020 https://www.lavanguardia.com/internacional/20200126/473132508412/brexit-reino-unido-fecha-viernes-boris-johnson.html

sábado, 25 de enero de 2020

Londres y el problema de la videovigilancia

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
De nuevo el debate sobre la videovigilancia combinada con el reconocimiento facial. Esta vez lo trae el diario El País desde Londres, donde la Policía tiene listo el sistema.
En un fragmento de la novela de Fiodor Dostoievski, Los hermanos Karamazov, se encuentra una de las piezas claves del mundo contemporáneo; es la denominada Leyenda del Gran Inquisidor, un diálogo simbólico entre Cristo y el Gran Inquisidor (español, para más señas) en el que se debate sobre la elección entre la Libertad y la Seguridad. El Gran Inquisidor, por supuesto, recrimina a Cristo haber antepuesto la libertad humana. Asegura —convencido y triunfante— que los seres humanos prefieren la seguridad, renunciando a la libertad.
El debate es un punto esencial en las sociedades modernas. Vivimos en sociedades controladas y no meramente juntos. Conforme hemos ido avanzando en la Historia a la tecnología —de la burocracia a la videovigilancia— en todas sus variantes se le ha ido sumando a la idea del control social. Y eso afecta a la Rusia zarista de Dostoievski, a la Sevilla imaginada del Gran Inquisidor a los Estados Unidos de Trump o al Reino Unido actual. Vivir hoy es vivir bajo control, en nombre de causas mejores o peores, más o menos convincentes y en nombre, la mayoría de las veces, de nuestro bien. El problema es que también otros deciden cuál debe ser "nuestro bien" y que la idea de algo individual pasa a ser más reducida en beneficio de los grandes números o incluso de la rentabilidad de la seguridad frente al riesgo de la inseguridad.


En el siglo pasado, Lord Acton se preguntaba de qué hablábamos cuando usábamos la palabra "libertad": «La libertad, ¿significa democracia como en Francia, o federalismo como en América, o bien esa independencia nacional que subyuga a los espíritus italianos, o ese gobierno del más apto que constituye el ideal alemán?» (Ensayos sobre la Libertad y el Poder)  La pregunta de Lord Acton está bien propuesta porque no es sencillo decidir cuáles son los parámetros preferentes sobre los que se construye el concepto y se aplica después a las instituciones, estados y relaciones entre las personas. En cada sociedad, en función de su propia tradición, la definición y la valoración de la libertad puede ser muy diferente y los límites de unas pueden ser difícilmente aceptables en otras. En tiempos globales como los nuestros no es fácil un estándar común y surgen conflictos entre los derechos de los individuos y las "malas costumbres" culturales. Cada día vemos la paradoja de cómo personas que huyen de sus país buscando más libertad, la pierden al llegar o por el camino.
El problema de la videovigilancia  y el reconocimiento facial, dos tecnologías combinadas, se plantea cuando la libertad es individual mientras que la seguridad es institucional y colectiva. Yo soy responsable de mi libertad, pero otros son responsables de mi seguridad o de lo que yo pueda hacer a terceros. Es ahí cuando empiezan los conflictos, cuando los límites se reducen y los excesos aumentan. Siempre existirá el conflicto, por lo que la cuestión está en los límites.
No señalan en el diario El País el cuándo y el cómo del actual conflicto:

La Policía Metropolitana de Londres (Scotland Yard) ha anunciado este viernes que comenzará a usar en el plazo de un mes el polémico sistema de cámaras de reconocimiento facial en vivo (LFR, en sus siglas en inglés) para identificar a delincuentes en las calles de la ciudad. El comisario Nick Ephgrave, responsable de supervisar el sistema, ha anunciado que las cámaras se situarán en zonas concretas donde la investigación previa ha señalado que pueden localizarse los delincuentes más peligrosos. No se grabará aleatoriamente, ha explicado, sino que se introducirá en el sistema una serie de imágenes de los sospechosos más buscados, procedentes de una base de datos, para iniciar un proceso de identificación. Se señalizará claramente la localización de las cámaras, y habrá una distribución previa de información a los vecinos. Son circuitos cerrados de televisión, ha explicado la policía, que no estarán conectados a otros ya existentes en carreteras o zonas públicas.
La decisión se produce en medio de un gran debate global sobre el uso de este sistema de vigilancia, ampliamente utilizado en China, que ya ha sido probado en el Reino Unido por la policía de Gales del Sur. En Estados Unidos, de acuerdo con un grupo de investigadores de la Universidad de Georgetown, ciudades como Nueva York, Chicago, Detroit y Washington tienen al menos programas piloto para implementarlo. Otras, como San Francisco, han decidido prohibir esta tecnología.*



Las explicaciones siempre tratan de cantar las bondades del sistema y de cómo solo deben preocupar a los delincuentes, pero el concepto de "delincuente" y "seguridad", "peligros", "riesgo", etc. suelen ser cambiantes, circunstanciales, interpretables.
El factor que más se suele usar para promover estos sistemas (u otros de mayor poder de control) siempre es el miedo. Ya Dostoievski decía por boca del Gran Inquisidor que los seres humanos preferiremos la "seguridad" a la libertad. Una "libertad insegura" acaba haciendo que se vaya cediendo terreno y al final uno está "tan seguro" que no puede salir de su casa, se vive en un "toque de queda" permanente.
Otro factor. La industria de la seguridad es un enorme negocio. Se alimenta del miedo y se desarrolla como una necesidad. Es mejor, nos dicen, que invertir en soluciones de otro tipo. La mentalidad que esto desarrolla no es buena porque solo se mira un tipo de soluciones y se evita mirar los problemas desde perspectivas más amplias.
Nuestras sociedades hoy no solucionan problemas, buscan hacerlos rentables, como ocurre con la salud o con el aumento de tiempo de vida. La seguridad vive de la inseguridad y tiene sus formas de presión para hacer que el mundo se perciba como más inseguro y se rebajen los límites para que haya entrada de esta tecnología de reconocimiento, que se combinará con otras.

La policía asegura que tiene intención de desplegar las cámaras de un modo abierto, y que iniciará antes un periodo de consultas con las comunidades donde vayan a ser instaladas. Ephgrave se ha mostrado convencido de que cuentan con el apoyo de una mayoría de ciudadanos. "Como una fuerza policial moderna, tenemos el deber de usar las nuevas tecnologías para mantener la seguridad de los habitantes de Londres. A través de consultas independientes hemos llegado a la conclusión de que contamos con el apoyo de la opinión pública", ha defendido. La Policía Metropolitana asegura que, durante los tres años en los que se han estado realizando pruebas preliminares, el sistema ha registrado aciertos en un 70% de las ocasiones. Solo en uno de cada mil casos, aseguran, se trató de una identificación falsa. Sin embargo, un estudio independiente analizó el uso de esta tecnología en Londres y encontró que daba falsos positivos en el 81% de los casos.*

Queda mucho por afinar la tecnología, parece. En un episodio de la serie Chicago P.D. se mostraba una situación parecida. En uno de los episodios más "oscuros" que recuerdo, se trataba de demostrar la eficiencia de un sistema de reconocimiento como el de Londres que se nos comenta. Tras asegurar la identificación de la identidad con una cifras de acierto importante, se había obviado que el número de falsos positivos entre personas afroamericanas era mucho mayor que entre personas caucásicas. Este era el caso, en el que las cámaras y ordenadores identificaban erróneamente a una persona que no era la que se buscaba. No solo fallaba el sistema, sino que se había construido claramente sobre un prejuicio racial, como se señalaba en el episodio. Es un caso de ficción, pero una seria advertencia sobre algo que sabemos que sí sucede y donde se discuten los márgenes de error.


El aumento de la seguridad tiene efectos, crea más miedo. Los sociedades (y las personas) con miedo son muy peligrosas. Desarrollan unas formas de estrés que hace que acaben teniendo reacciones peligrosas para la misma sociedad, una de ellas es la reacción contra las libertades y la diversidad. Cuando te obsesionas con la seguridad, la pérdida de libertades está en marcha. Tú solo te encierras en la jaula... y pagando por ello.
La cuestión no es solo la eficacia del sistema sino su "amortización" posterior con otros usos que finalmente se acaban desarrollando, al igual que ocurre con muchos otros de nuestros datos. Una vez instalados los sistemas, se sucederán autoridades con percepciones distintas de lo que son la libertades y los límites recortables en función de la seguridad.
El problema es que no se dan alternativas. Una vez producido un caso, se argumentará que ha sido por no estar los sistemas de vigilancia activos. Saldrán voces diciendo que hay que activarlos y así seguiremos hasta que encontremos algo que nos controle más. Hoy lo hacen (o aspiran a ellos) todos, desde el periódico que lees que dice "estar interesado en tu privacidad" hasta tu banco o tu supermercado.
Es un debate de difícil solución pero al que se deben dar alternativas para rebajar las tensiones y el miedo. No podemos confiar solo en la vigilancia y menos en los datos de su eficacia, que no serán un síntoma de perfección, sino de control total. El día que estemos totalmente "seguros" habremos perdido mucho por el camino.



* "La policía de Londres se dispone a usar las polémicas cámaras de reconocimiento facial" El País 24/01/2020 https://elpais.com/tecnologia/2020/01/24/actualidad/1579883409_559518.html