martes, 5 de noviembre de 2019

Desinformación y democracia, un desafío

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La sociedad actual parece haber tomado haber tomado un rumbo orwelliano de inversión en el que la mayor cantidad de información crea más desinformación. Las luchas que vemos hoy sobre el papel están pasando ya a las mentes de los ciudadanos y será difícil sobrevivir sin consecuencias en un mundo en el que los hechos son solo ecos de mentiras diseñadas en laboratorios de comunicación. Así, podemos ver titulares como los del diario El País de ayer mismo: "Una nueva guerra de desinformación amenaza la campaña presidencial de Estados Unidos".*
La nueva religión es la de la manipulación informativa eficaz, la mentira de laboratorio bien diseñada como cualquier acción de invasión o de asalto a las mentes de los receptores. A su servicio tienen los centros de investigación del comportamiento, la recopilación masiva de datos (Big Data), los micro objetivos comunicativos y la posibilidad de los perfiles, entre otras tecnologías.
El nuevo campo de batalla está creado sobre un espacio informativo muy diferente al de los medios clásicos, donde la ética profesional y los límites legales eran capaces de definir los estándares y sancionar la ruptura de sus límites. Ya no se necesita a los viejos medios como antes. Hoy las ruedas de prensa son una molestia parea quienes, como Donald Trump, mueven al país a golpe de tuit, mienten, manipulan, insinúan.


El famoso concepto del "cuarto poder" ha quedado destruido precisamente por el desequilibrio que supone hoy la información. Los tres poderes tradicionales han quedado sometidos al escrutinio constante de lo que algunos llaman una "democracia de opinión", en la que el foco se ha desplazado de donde estaba.
El 2 de julio de 2018, el catedrático de Filosofía Política de la Universidad del País Vasco, Daniel Innerarity, escribía un artículo titulado "Una política que se entienda", en el que señalaba:

Nuestras instituciones políticas han sido pensadas para hacer frente a la escasez de información y hemos atendido muy poco a la posibilidad de que lo que estuviera dificultando el juicio político fuera, por el contrario, el exceso de información. Lo que hoy tenemos es más bien una proliferación de datos e informaciones, spam político, publicidad omnipresente, solicitaciones de atención, opiniones múltiples y contradictorias, comunicación en todas las direcciones. El ciudadano corriente vive hoy la política como un exceso de ruido que no le orienta, pero sirve para irritarle; tenemos una especie de calentamiento global de la ciudadanía que dificulta hacerse una opinión de lo que pasa e imprimir a la sociedad la dirección deseable.**


Son diversos los avisos en este sentido. Lo son en intención y claridad de objetivos. El foco parece dirigirse hacia la creación de un estado de permanente efervescencia política en el que el fraccionamiento de las campañas electorales se ha transformado en un estado continuo, sometido a constantes estímulos en el que cada instante forma parte de una lucha por el control. La forma de actuar sobre ese continuo es la información, los mensajes cuya función es mantener la irritación del sistema receptivo, la opinión pública, que es la manejada a través de los medios a su alcance.
La lucha por la conquista y control de ese estado de opinión hace que sean imposibles los diálogos políticos horizontales, pues el objetivo es solo uno, la consecución del poder, es decir, del control de los recursos del sistema formal, que es lo que la opinión pública pone en tus manos cuando llega el momento electoral.
El ejemplo político más destacado lo tenemos en los Estados Unidos en donde la presidencia de Donald Trump lo ha cambiado todo. Lo que ocurra con el proceso de "impeachment" tiene una trascendencia planetaria pues mostrará, como ya lo ha hecho, el camino a muchos. El resultado es esencial pues se tratad de decidir entre las reglas del sistema viejo y las osadías destructivas del sistema nuevo, en el que todo vale y contra el que no habrá defensas, pues el problema del sistema es que lleva a la muerte de la propia democracia tal como la conocemos: ¿qué ocurre con un sistema en el que se elige a un mentiroso y manipulador? ¿En qué estado queda un pueblo que elige en estas condiciones?
Escucho los reproches: ¿es que es la democracia tradicional perfecta, con sus propio demagogos? La respuesta es claramente "no", pero existe una enorme diferencia entre ser engañados por políticos corruptos y corromper nosotros mismos la democracia eligiendo un mentiroso. Nadie está libre del engaño, pero es distinto ser tonto a ser elegido a sabiendas de la maldad.


Por eso, en Estados Unidos se está produciendo una batalla trascendente, la que comenzó el día en que Donald Trump declaró a los medios como los "enemigos del pueblo". Ese día comenzó oficialmente la lucha por el papel de la opinión y el cambio del valor sustancial de la instituciones. Trump y sus tuits diarios y sus mítines semanales no son anécdota, sino un cambio profundo del modelo. Y ese modelo no solo será norteamericano, sino un (mal) ejemplo para muchos países que ya están produciendo sus versiones locales y, lo que es peor, están siendo visitados por los mismos que desarrollaron estas estrategias, recibidos como gurús de la comunicación política.
En esta nueva forma de comunicarse, la novedad es la potencia de actuación sobre el cuerpo social hasta convertirlo en medio reactivo, sensible a esas variaciones que se le aplican. Han pasado a enorme velocidad los tiempos en los que se decía del primer mandato de Barack Obama que había sido el candidato que mejor había usado los nuevos medios, simplemente porque los había usado. El salto en estos años ha sido grande, como podemos aprender cada día.
Unos optarán por protegerse mientras que otros han conectado con esta forma "excitante" de vivir la política. El diario ABC titula "Profesores para combatir la desinformación en la era de las «fake news»" y nos da cuenta de las iniciativas de los que pretenden prevenir las situaciones futuras en las que la desinformación sea nuestro entorno constante:

Los alumnos de la escuela de secundaria de Algonquin Regional High School, situada a una hora de la ciudad de Boston en el estado de Massachusetts (Estados Unidos), se han acostumbrado a cuestionarse la veracidad de la información. Desde este curso, todos los estudiantes de 14 años tienen que matricularse de forma obligatoria en una asignatura que les enseña –a través de una plataforma llamada Checkology- a contrastar los mensajes que les llegan desde todos los frentes, con especial atención a las redes de internet. Los alumnos más mayores, en un instituto que cubre de los 14 a los 18 años, participaron hace años en el proyecto piloto.***



Muchos medios han tratado de extender los estándares de la información mediante "certificaciones" de que se adhieren a determinados principios para no difundir falsedades. En esto es mejor prevenir y acostumbrar a las audiencias a separar la información de lo que ese ruido constante que busca crear una situación de dependencia de determinados sectores.
La pasividad que se deja arrastrar por lo que le llega no es casual, pues están perfectamente diseñados los mensajes para obtener el descrédito de unos y la ganancia de otros. Los medios norteamericanos se han hartado de denunciar, como hace The Washington Post, las falsedades de la presidencia contabilizándolas y dejándolas en evidencia. La erosión que esto produce es mucho menor de la obvia. La democracia de opinión no es virtuosa, no busca ser ejemplar; solo desea ser "eficaz", un concepto que se define desde la consecución del fin último, la conservación del poder. No se trata de decir la verdad, sino de saber qué quiere el otro escuchar. Una vez descubierto en los laboratorios, el segundo paso es darle forma comunicativa y lanzarlo.


La iniciativa sobre la defensa ante la información manipuladora es necesaria, siempre lo ha sido. Pero siempre se ha mantenido en una segunda línea, a la sombra. Hoy es un negocio floreciente, con sus asesores pagados o con gobiernos detrás influyendo sobre los destinos de terceros países.
El titular de la CNN nos podría sorprender "Republican presidential candidate Joe Walsh says Fox News and conservative radio are lying to Americans"****, pero a estas alturas es difícil (aunque no imposible) que pueda sorprendernos algo. En la entrevista realizada a Walsh, este señala: «"This is an absolute shame and I think you've got to call it out for what it is," Walsh told CNN's Brian Stelter on "Reliable Sources" Sunday. "The Americans who listen to Fox News and conservative talk radio are being lied to and manipulated every day when it comes to impeachment."»****


Pero la cuestión va más allá del papel de Fox News y otros medios de apoyo a Trump. Hay una arquitectura de apoyo, pero es sobre todo un modelo. Este se fundamente en los principios de agitación mencionados anteriormente y en su necesidad de traducirse en una serie de acciones que concuerden. Los ataques a la inmigración, la exaltación nacionalista, la conversión del mundo en enemigo, la polarización interior, etc. afectan a la efectividad de los mensajes y deben ser traducidos a hechos para satisfacer el modelo.
La decisión del patrón de Facebook de no entrar en la polémica de la falsedad que pudieran contener los anuncios políticos pagados es una enorme decepción, pero también nos habla de la aceptación del modelo que llega. Aceptar las mentiras como parte del sistema no solo tiene implicaciones políticas claras sino morales., ya que implica una subversión de los fines y del papel de las instituciones. Es fácil quejarse del sistema y someterlo a crítica. Pero no habrá esa posibilidad cuando el nuevo sistema reemplace al antiguo. Las nuevas posibilidades son nuevas tentaciones y se acaban usando.
En España nos avisan de los peligros del "aburrimiento político". Una democracia joven se pierde en el hartazgo de un espectáculo continuo, despertando todos los elementos que nos nos llevan a ningún sitio pero que permiten ganar titulares. No hay diálogo político constructivo, solo un agujero en el que se compite por ver quién se entierra antes.
Si no somos conscientes de los peligros que este modelo político y mediático produce en las democracias, corremos el riesgo de pronto ser incapaces de salir de él.  Educar en un modelo en el que decir la verdad o buscarla es mucho menos productivo y rentable que usar las mentiras y la desinformación no será fácil, pero cuanto antes empecemos mejor. Si es lo que realmente queremos.




* "Una nueva guerra de desinformación amenaza la campaña presidencial de Estados Unidos" El País 4/11/2019 https://elpais.com/internacional/2019/11/03/actualidad/1572812258_302179.html
** Daniel Innerarity  "Una política que se entienda"
El País 2/07/2018 https://elpais.com/elpais/2018/05/31/opinion/1527782271_932604.html
*** "Profesores para combatir la desinformación en la era de las «fake news»" ABC 4/11/2019 https://www.abc.es/sociedad/abci-profesores-para-combatir-desinformacion-fake-news-201911040212_noticia.html
**** "Republican presidential candidate Joe Walsh says Fox News and conservative radio are lying to Americans" CNN 3/11/2019 https://edition.cnn.com/2019/11/03/media/joe-walsh-fox-news-reliable-sources/index.html





lunes, 4 de noviembre de 2019

Otras claves para no entender nada

Joaquín Mª Aguirre (UCM) 
Creo que hemos tratado varias veces del profesor Allan J. Lichtman. De hecho, creo que cada vez que hay elecciones a la vista, el profesor Lichtman aparece en algún medio español (desconozco si lo hace en otros países) para hacer sus profecía sobre los resultados.
Mientras que otros se fían de los sondeos y escudriñan datos y estadísticas, el profesor Lichtman prefiere otros métodos más basados en la Historia, que es su campo de trabajo. Su método —vamos a llamarlo así— es mucho más barato que las costosas encuestas que los medios y partidos sacan a la luz cada pocos días. El modelo llamado "las claves de la Casa Blanca" fue creado junto a un sismólogo ruso, Vladimir Keilis-Borok, y se basa en una serie de puntos que establecen las posibilidades que tiene quien está ocupando la Casa Blanca de seguir en ella. El modelo no tiene demasiadas vueltas, según el resultado de las "claves" que deben ser tenidas en cuenta, el inquilino sale o se queda. Ha acertado ocho de las nueve últimas elecciones y la que falló fue la de Al Gore, que acabó como el rosario de la aurora, en los tribunales, disputando voto a voto, distrito a distrito.
Allan Lichtman se enfada cuando quienes le preguntan lo hacen desde perspectivas más convencionales:

No me está escuchando. Los temas, la ideología, el centrismo del candidato.... ¡Es irrelevante, no se puede predecir! Disculpe, es que llevo 30 años diciendo estas cosas y no me escuchan. ¿Quién pensaba que Trump era elegible? ¿Quién pensaba que Ronald Reagan, tan conservador, era elegible en 1980? Pues ganó, y por goleada. La creencia popular era que había un 99% de posibilidades de que Clinton ganara...
¿Cuál fue la llave para que Trump ganara en el 2016?
Trump no ganó, los demócratas perdieron. No se trata de lo que hizo que fuera elegido sino de qué hizo que los votantes rechazaran al partido que estaba en la Casa Blanca. La clave fue la lucha interna del partido, que sólo se aplica al partido en el poder. La idea de que los demócratas deben estar unidos, no enfrentarse entre, sí son tonterías. ¿Qué más divisivo que los debates republicanos del 2016? ¿O que el duelo Obama-Clinton en el 2008?*


Eso es cierto y si esto es así, todo dependería de cómo se encuentran de ánimo los republicanos. Por eso Lichtman era partidario del "impeachment", de hecho, escribió un libro, The case of Impeachment, en 2017, algo que se debe recordar ahora que este se encuentra en puertas.
El modelo de Lichtman no es matemático ni se basa en los datos numéricos, sino en la interpretación de ciertos valores relevantes —trece— que son los que permiten a los votantes decidir, por encima de otras consideraciones, si la estancia del candidato en la Casa Blanca le ha sido beneficiosa o no.
A la vista de los criterios, surge una pregunta: ¿está intentando Trump cumplirlos, buscando completar satisfactoriamente una parte suficiente de las 13 claves? Podría ser.


En septiembre de 2011, The New York Times publicó un artículo con la contestación que Lichtman le dio a Nate Silver, un estadístico prodigioso que rivalizaba desde una perspectiva teórica y una metodología distinta sobre las predicciones para ocupar la presidencia. De Silver también nos hemos ocupado aquí en anteriores elecciones norteamericanas. Su capacidad de predicción estadística no solo mostraba quién ganaba, sino que era capaz de establecer el resultado de los diferentes estados, algo realmente asombroso.
En desacuerdo con el análisis que Nate Silver había hecho de su método, Allan Lichtman explicó en un escrito de contestación en qué consistía:

Mr. Silver has either failed to read or simply ignored the detailed discussion of the keys in my book “The Keys to the White House” (5th edition forthcoming from Rowman & Littlefield early next year) or in technical articles that I published in peer reviewed journals (for example, International Journal Of Forecasting (April-June 2008) and International Journal Of Information Systems & Social Change (January-March 2010).
Mr. Silver’s neglect of the published work on the keys system has resulted in fundamental misconceptions about the development and application of the keys that fatally flaw his critique. Mr. Silver presumes that I took 38 elections from 1860 to 2008 with known outcomes, found 13 key factors out of innumerable combinations of factors and used the impermissible methods of “overfitting and data dredging” to force the calls on these keys to conform to the results of these elections. In fact, the book and articles make clear that I followed a very different and scientifically sound procedure designed precisely to avoid the fallacies of “overfitting and data dredging.”
I developed the keys in 1981 in collaboration with Volodia Keilis-Borok, a world renowned authority on prediction methods. The keys are based on a retrospective analysis of elections from 1860 (the beginning of the modern Republican vs. Democratic era) to 1980 and using a theoretical model, not random data-mining. The theory behind the keys is that presidential elections are determined primarily by the performance of the party holding the White House. This is a very positive message: it suggests that the American electorate makes reasoned, pragmatic decisions in presidential elections and is not manipulated by the pollsters, the admen, and the consultants. It suggests that it is governing not campaigning that counts in presidential elections.
After developing the 13-key model, I then followed proper procedure by testing it repeatedly through advance prediction of seven future elections – 1984 to 2008 — with unknown outcomes. The keys system correctly predicted in advance the popular-vote outcome of each of the seven elections that occurred since its inception in 1981. The probability of attaining this record of seven consecutive correct predictions by chance alone is well under one in 100, a standard measure of statistical significance in social science.**


En la entrevista concedida a La Vanguardia, vuelve a señalar  al trío interesado en las campañas: «Es lo que yo llamo el ‘complejo político-industrial’: el triángulo que forman las empresas de sondeos, los consultores políticos y los medios.»

Si damos un salto desde los Estados Unidos a nuestra particular cazuela electoral, donde se cuecen los resultados, veremos que ese "complejo político-industrial" tiene una influencia sustancial. No vamos a aplicar las "13  claves" de Lichtman, porque aquí ya no tiene ni ha tenido sentido hablar de "bipartidismo" más que cuando les ha interesado a algunos. Pero no podemos negar la existencia de ese entramado resultante de la conjunción de los analistas, las empresas de sondeos y los medios. Esto, además de política, es un gigantesco negocio en el que cada día se dice lo mismo pero con distinta sonrisa o llanto, según toque.
El profesor Allan J. Lichtman tiene un buen porcentaje de aciertos. No habla mucho y explica lo que cree necesario. Repite en cada pregunta que se le hace que no entendemos nada. Es posible. Puede que estemos tan acostumbrados ya a este folclore político que ya no seamos capaces de ver lo que tenemos delante con claridad. Quizá hasta se trate de eso, de mantener un espectáculo con la mano izquierda mientras se hacen los trucos con la derecha.
Funcionen o no en España las "trece claves" de Lichtman, lo cierto es que lo que sí funciona es este entramado de la política misma, sus comentaristas, los medios y los expertos en sondeos, etc. El temor al aburrimiento que nuestra política provoca puede suplirse con este circo constante de encuestas que suben y bajan, pactos posibles e imposibles, odios eternos por el momento. 


* "Allan Lichtman: “La impopularidad de Trump es irrelevante”" La Vanguardia 3/11/2019 https://www.lavanguardia.com/internacional/20191103/471342565613/allan-lichtman-donald-trump-victoria-electoral-libro-claves.html 
** Nat Silver - Allan J. Lichtman "‘Keys to the White House’ Historian Responds" The New York Times 12/09/2012  https://fivethirtyeight.blogs.nytimes.com/2011/09/12/keys-to-the-white-house-historian-responds/





domingo, 3 de noviembre de 2019

Tranquilo, nadie te vigila o respetamos tu privacidad

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
No sé hasta qué punto somos conscientes del mundo que hemos creado a nuestro alrededor, lo que supone vivir en un mundo híper conectado de redes y datos, de registros de actividades y huellas digitales. No es ya que seamos "vigilados" por unas tecnologías orwellianas, por "grandes hermanos"; eso quedó superado por nuestra capacidad para ordenar los espacios caóticos de los datos perfilándolos hasta hacerlos coincidir con nosotros mismos o también por el registro de actividades. Nuestros televisores almacenan y transmiten nuestros movimientos selectivos, los programas que nos gustan, creando nuestros perfiles. El tapado de los ojos de las cámaras que conectamos a ellos viene ya de fábrica y no tenemos constancia de que la comodidad de poder darle órdenes de viva voz no implique demasiada información al exterior, es decir, que lo que el micrófono recoja sea algo más que las órdenes de subir el volumen o cambiar de canal.
Los teléfonos pueden estar abiertos transmitiendo información desde nuestros teléfonos y lo hacen de nuestros movimientos a través de la geolocalización, algo que será aprovechado por el Instituto Nacional de Estadística, como tratábamos hace unos días aquí, para saber nuestros "movimientos". Por ello pagará una buena cantidad a nuestras compañías telefónicas. La reacción de los usuarios en los medios ha sido bastante negativa, pero eso es por parte de quienes lo manifiestan, que tampoco son muchos en comparación con el total.


Hay otro elemento que se ha introducido en nuestras casas, los asistentes, de cuyo nivel de intromisión en nuestras vidas no tenemos un conocimiento claro. Ya ha habido casos en los que han quedado grabadas conversaciones de las personas en la sala. No solo las instrucciones y, como suele ocurrir, es lo más pintoresco lo que sale, como declaraciones de los que escuchan para verificar la eficiencia del sistema sobre adulterios y otros casos en las casas "vacías". La idea de que no hay nadie en casa queda convertida en una peligrosa ilusión, ya que lo que ocurre está siendo "escuchado" desde unos sistemas abiertos conectados al conjunto de nuestro espacio. ¿Qué otra cosa es la "Internet de las cosas" más que un sensor absoluto de nuestra vida?
En marzo de este año, The Guardian publicó un artículo titulado "Smart talking: are our devices threatening our privacy?"*. Era un extracto de la obra de James Vlahos, "Talk to Me: Apple, Google, Amazon and the Race for Voice-Controlled AI", anticipando la publicación del libro. En el texto se hace un repaso de lo que supone la introducción en los hogares (o llevar encima) dispositivos inteligentes que transforman nuestra vida y entorno en datos. En el artículo se explica:

There are a number of ways in which home devices could be used that challenge our ideas of privacy. One is eavesdropping to improve quality. Hello Barbie’s digital ears perk up when you press her glittering belt buckle. Saying the phrase “OK, Google” wakes up that company’s devices. Amazon’s Alexa likes to hear her name. But once listening is initiated, what happens next?
Sources at Apple, which prides itself on safeguarding privacy, say that Siri tries to satisfy as many requests as possible directly on the user’s iPhone or HomePod. If an utterance needs to be shipped off to the cloud for additional analysis, it is tagged with a coded identifier rather than a user’s actual name. Utterances are saved for six months so the speech recognition system can learn to better understand the person’s voice. After that, another copy is saved, now stripped of its identifier, for help with improving Siri for up to two years.
Most other companies do not emphasise local processing and instead always stream audio to the cloud, where more powerful computational resources await. Computers then attempt to divine the user’s intent and fulfil it. After that happens the companies could then erase the request and the system’s response, but they typically don’t. The reason is data. In conversational AI, the more data you have, the better.*



Cada vez que pasamos a una página web, esta nos ofrece una declaración de amor en la que expresa que se queda con nuestros datos para que "tengamos una mejor experiencia" o "lo preocupada que está por nuestra privacidad". No son más que excusas para quedarse con nuestros datos de navegación y lo que es peor, quedarse en el interior de nuestro ordenador con intenciones —siempre por nuestro bien— poco claras y desde luego desconocidas para el que sirve de alojamiento. Esto lo están haciendo hasta los diarios que realizan campañas en contra de la invasión de la privacidad en un ejercicio de esquizofrenia o de hipocresía verdaderamente insólito. Pero es indicativo de esta situación de control en la que parece que, por una causa u otra, todos tienen derecho a introducirse en nuestras vidas y almacenar datos de diferente tipo. Somos la nueva materia prima en esta sociedad de la información. Somos el bosque, el mar, la mina... de donde sale la riqueza que otros hacen con ello, analizando, vendiendo y revendiendo a todo el que quiera comprar los datos para hacer con ellos su propio negocio. Por definición, la información es inagotable, solo puede quedar "obsoleta", es decir, ser cada vez menos representativa del universo que la produce. Mientras lo sea, su valor es enorme para aquellos que saben cómo explotar nuestros datos. Siempre nos dirán que son anónimos en un océano de datos, pero lo cierto es que entre la "persona" y el "océano" el paso es sencillo y la tentación grande.


Somos conscientes de lo que puede estar ocurriendo cuando salta a la prensa algún caso que involucra a los asistentes. The Washington Post trae hoy mismo a los titulares el siguiente caso "Police think Amazon’s Alexa may have information on a fatal stabbing case".** Este tipo de casos tienen el doble interés del caso en sí, la resolución de crímenes, junto con la demostración de los problemas legales que se plantean.

On the night of July 12, Adam Reechard Crespo and his girlfriend, Silvia Galva, got into a fight in the bedroom of his condominium, the South Florida Sun Sentinel reported. The argument ended with the blade of a spear protruding from Galva’s chest, and Crespo has been charged with murder.
A friend of Galva’s reportedly told authorities she overheard the pair arguing in the bedroom, but police wanted to hear from another source: Alexa.
Police in Hallandale Beach, Fla., have obtained a warrant for recordings from Amazon Echo devices they say were in the house at the time of Galva’s death, the Sentinel reported.
The devices allow users to instruct a virtual assistant, referred to as Alexa, to perform commands such as playing music or reading the news. Law enforcement officials have turned to the devices’ data and recordings to solve crimes.
Hallandale Beach Police Department spokesman Sgt. Pedro Abut confirmed to the Sentinel that “we did receive recordings, and we are in the process of analyzing the information that was sent to us.”**


No sé si estos casos habrían dado para una película del maestro Alfred Hitchcock, pero sí para muchas en las que se nos muestra un futuro que ya no merece ese nombre, pues está aquí.  No hay mucho interés en que lo percibamos, pero estamos sobre él como en una cinta transportadora pensando que solo caminamos.
Si el Alexa de turno puede haber recogido datos reveladores del crimen, puede haberlos recogido de cualquier otra cosa, registrando y enviando los datos hacia un mundo gris del que apenas sabemos nada. Solo sabemos de los dispositivos inteligentes aquello que nos interesa saber, pero no manifestamos tanto interés por todos aquellos aspectos que podrían ser intromisiones en nuestra vida y privacidad. Este último concepto que disuelto en la comodidad de la vida y en la aceptación sin preguntar de aquello que nos cuentan. ¿Por qué hacerlo?
El artículo de The Washington Post se cierra con una opinión legal y una descripción del mundo que estamos creando:

The use of such devices for investigations will only increase as the technology becomes more pervasive in everyday life, said Andrew Ferguson, a law professor at the University of the District of Columbia.
Ferguson warned that judges, who assess whether police have probable cause to obtain such warrants, will increasingly need to decide whether there’s a valid reason to obtain a person’s personal data, which can be “incredibly revealing of who we are.” Because Alexa is only supposed to activate and record when given a specific voice command, it was unclear whether obtaining a blanket warrant to examine a device’s transmissions could amount to a “fishing expedition,” Ferguson said.
“We live in a world where we have these little digital spies listening to us in our homes, in our cars, in our phones,” Ferguson said. “It is going to become pretty commonplace that law enforcement is going to request as much digital evidence as they can about us using the legal means available.”
“We have really created a privacy-invasive world because of consumer convenience,” he said.**

No deja de ser una frustración que las compañías manejen nuestros datos sin que podamos resistirnos o que sepamos el fin real que se le da (siempre existe esa frase, "ofrecerle una mejor experiencia", que lo justifica todo), mientras que se pueden encastillar legalmente para negar esa información a un juez.


La idea supone una cierta perversión. Nos fiamos más de una compañía, que no comunicaría nada "raro" que hiciéramos en nuestro hogar (un crimen, por ejemplo) y que se resistiría hasta el final a que un juez, como es el caso, intentara investigar. La ficción es que los datos "no existen" para unas cosas, pero sí para "otras". La idea de que todo lo que hacemos acabara en manos de un juez convertiría a las compañías en  inservibles. Nadie querría tener en casa a un "chivato" o delator. En cambio, en muchas ocasiones, lo que se necesita es un "testigo"; en ese caso, la compañía se cierra en banda resguardando lo que ha usado en cierta manera, nuestra "privacidad".
El concepto de privacidad se convierte en algo muy distinto, en algo que se viola y se defiende simultáneamente, válido solo si se usa para el beneficio de la compañía (rentabilidad) o usuario (comodidad). Lo malo es que esos dos concepto están sujetos a los intereses cambiantes, según el caso.


Nuestra comodidad tiene un precio. Pese a la información de que disponemos hoy sobre lo que se hace con nuestros datos, no hay una regulación clara de la cuestión. Y creo que no la hay porque hay una aspiración no confesada por parte del mundo de la política de poder acceder a esa información que les da mejores perspectivas. Hay indicios de ello en los últimos tiempos. Si las empresas se benefician para determinar nuestro comportamiento, ¿por qué no hacerlo ellos? Si esta percepción es correcta, estaremos cada vez más desprotegidos pues las leyes se harán cada vez más flexibles. Nos darán datos "anónimos", pero la capacidad de computación permitirá cruzar datos y hacer perfiles cada vez más claros. En esa línea es en la que avanza la industria y las empresas del ramo, en la identificación final, en el cero margen de error en el mensaje respecto al destinatario. Pero se han dado pasos más allá del "servicio" adecuado. Los datos se recogen y ya se verá su utilidad.


La ambición de los partidos —todo por el poder— hará el resto. Y si no, mirarán para otro lado mientras alguien les hace el trabajo. Siempre habrá alguien que acepte y nadie querrá perder esa ventaja. 
Es probable que cuando ha accedido a este blog, se le haya pedido aceptar cosas que no sabe para qué son. Yo tampoco y ellos probablemente tampoco. El principio del Big Data es "guarda que ya saldrá algo". Más preocupante son los fallos de seguridad, la liberación de datos, etc. que hace que las garantías que nos dan sean papel mojado en la realidad. Las noticias sobre esto son abundantes y cuanto más valioso sea el paquete, más tentaciones habrá de violar la seguridad. Esto sin contar el jaqueo de datos específicos de personas de interés. 
Un mundo de Barbies cotillas, ositos simpáticos, asistentes fieles, etc. dispuestos a vigilarnos por nuestra comodidad nos esperan en casa, oficinas o calles. Nos hemos rodeados de ellos y no será fácil silenciarlos en su misión.



* James Vlahos "Smart talking: are our devices threatening our privacy?" 26/03/2019 https://www.theguardian.com/technology/2019/mar/26/smart-talking-are-our-devices-threatening-our-privacy
** Kayla Epstein "Police think Amazon’s Alexa may have information on a fatal stabbing case" The Washington Post 3/11/2019 https://www.washingtonpost.com/technology/2019/11/02/police-think-amazons-alexa-may-have-information-fatal-stabbing-case/









sábado, 2 de noviembre de 2019

Trump y la guerra de los medios

Joaquín Mª Aguirre (UCM) 
La noticia que sacude estos días la redes del mundo es la lucha entre Twitter, que ha decidido prohibir las campañas políticas entre sus anuncios, y las tibiezas de Mark Zuckerberg escondiéndose tras la libertad de expresión.
El conflicto, como todo lo que ocurre con los norteamericanos, sucede cuando les afecta a ellos, es decir, a lo que está ocurriendo de cara a las próximas elecciones. Los norteamericanos se han vuelto implosivos, es decir, solo les importa ya lo que les atañe. Lo demás es de otra galaxia muy lejana..., pese a que la estén afectando cada día y de forma intensa de Gran Bretaña a Siria, pasando por Ucrania.
La preocupación por una reelección de Trump es real porque el problema es real. Un segundo mandato, sobreviviendo al "impeachment" en marcha sería un drama mundial pues Trump, como señalamos hace mucho, se carga con toda esa energía negativa a su alrededor. Crece como esos monstruos que las películas nos muestran en las que los ataques les fortalecen. Y, algo peor: sus seguidores empiezan a considerarlo invencible, aumentando la fe en él.


La BBC describe el conflicto entre las dos grandes empresas tecnológicas tras las declaraciones del líder de Twitter:

Mr Dorsey's intervention in a fusillade of tweets could hardly have been timed better to embarrass his much mightier rival. It came just hours before Facebook's Mark Zuckerberg spoke to analysts on a conference call about another stunning set of financial results.
"We believe political message reach should be earned, not bought," declared Mr Dorsey, going on to explain what he saw as the dangers presented by online political advertising: "Machine learning-based optimisation of messaging and micro-targeting, unchecked misleading information, and deep fakes."
But then in a clear swipe at Facebook he unleashed this: "It's not credible for us to say, 'We're working hard to stop people from gaming our systems to spread misleading info, but if someone pays us to target and force people to see their political ad… well... they can say whatever they want!'"
Facebook has, of course, excluded political ads from its efforts to at least label misinformation, a policy which has seen it come under sustained fire from Democrat politicians alleging that this opens the door to a campaign of lies from their opponents.*



El problema va mucho más allá de la campaña norteamericana, como es evidente para el resto del mundo. La cuestión afecta a la totalidad de las comunicaciones y al fondo del asunto, el poder. Los norteamericanos, por decirlo así, están discutiendo por el poder entre ellos, pero no respecto al exterior, donde sí ven justificadas o no les importa mover sus hilos en su beneficio. "Ellos" son siempre la buena causa que justifica sus propias acciones, que serán siempre incuestionables. Pero eso ha cambiado mucho precisamente por el descaro con el que se hace cuando afecta a terceros.

El conflicto entre Twitter y Facebook no es un conflicto entre el bien y el mal, es un duelo de otro orden, mucho más pragmático, y que se plantea ante una campaña electoral.
El problema se presenta como una disputa entre "libertad de expresión" y "censura". En realidad eso es simplificar mucho las cosas. La cuestión previa es la responsabilidad de la difusión de mentiras amparándose en la libertad de expresión, que no tiene sentido que sirva para amparar el engaño. Cuando se engaña a otros no se está ejerciendo ninguna libertad sino engañando a otros.
La paradoja de este asunto es que quien se niega a que los "anuncios políticos" circulen por su red es Twitter, el medio preferido por Donald Trump para extender sus ataques y mentiras, sus exageraciones y descalificaciones a todos los que le molestan. Creo que es aquí donde está la clave de este enfrentamiento posicional entre las dos principales redes sociales que cubren el planeta.
Desde que Trump llegó a la Casa Blanca (si no antes), Twitter se ha convertido en su arma favorita dentro de lo que es la práctica populista de establecer un vínculo firme entre el líder y las bases políticas. El uso perverso de sus tuits no reduce el planteamiento: aprovechar al máximo las facilidades de las redes para sus fines. Y el fin no es otro que la creación de ese vínculo que asegura un principio informativo: el que da primero da dos veces. Con sus tuits envenenados, Trump se asegura la carga emocional e ideológica de sus seguidores, una base que sabe debe mantener firme y fiel. De hecho, lo que más ha sorprendido y sigue sorprendiendo a los demócratas (y al mundo entero) es la capacidad de resistencia de Trump al desgaste entre las bases republicanas, a las que parece haber tomado la medida. Creo que más bien, les ha dado forma a su imagen y semejanza mediante la interacción continua.


En julio de este año, Trump tuvo un revés en su uso de Twitter cuando un tribunal le prohibió bloquear a los que le criticaban en su misma cuenta. La BBC Mundo lo recogía:


El presidente ha estado violando la Constitución al bloquear a críticos en su cuenta @realDonaldTrump, según concluyó un tribunal federal de apelaciones de Nueva York esta semana en base a la Primera Enmienda de la carta magna estadounidense, que protege el derecho a la libertad de religión y de expresión.
"La Primera Enmienda no permite a un funcionario público, que utiliza una cuenta en redes sociales para todo tipo de fines oficiales, excluir a personas de un diálogo online que de otra manera sería abierto porque estas personas expresen visiones con la que no está de acuerdo el funcionario", señala en su decisión la corte.
Se trata de uno de los fallos judiciales más importantes hasta la fecha en el país en medio del debate sobre qué significa la Primera Enmienda en los tiempos de las redes sociales como altavoz político, señala el diario The New York Times.**



La cuestión era importante, pero le afecta de forma relativa. Las críticas quedan, pero el problema central no se resuelve. Trump sigue usando las cuentas de la misma forma. 

Dentro de la lucha por la opinión pública, lo que ocurría con los medios clásicos ha cambiado de forma clara. Ya no estamos en los tiempos de la Televisión o de la Prensa, medios profesionalizados que usan voces carismáticas. Trump es la voz de los "suyos", es la voz en la que se fundamentan para interpretar el mundo y darle sentido.
La explicación de que Trump comenzara su andadura política estigmatizando a los medios, "ellos son el enemigo", adquiere ahora su sentido profundo cuando se comprueba su efectividad.
El problema de Zuckerberg y Facebook es otro. Su decisión sobre los anuncios políticos representa una idea difícil de defender, aunque no es sencilla de llevar a la realidad. La eliminación en Twitter no es la misma que en Facebook porque su funcionamiento es distinto. Trump eligió la que le beneficiaba y marcaba el estilo y la dependencia. Las páginas funcionan de otra manera diferente.
La "verdad" llega en forma de tuit y lleva una firma, la del presidente, que les dijo (¡increíblemente!) que "él" es como "ellos" y que existe una conspiración de los "otros" para echarle a "él". El "yo soy otro" de la modernidad se sustituye por el "yo soy tú"; de la diferencia a la identidad. No se trata ya de la "verdad", sino de la "identidad", del sentido de comunidad, de pertenencia. Las comunidades viven de sus mitos propios, no de las verdades.


Twitter le ha servido como un medio idóneo para sus fines propagandísticos y de refuerzo. Los tuits del presidente son reproducidos en los medios, ya sean de forma crítica o loándolos. En su brevedad esconden la ausencia de razones o explicaciones. Son contundentes y permiten ser reproducidos de forma rápida. Las críticas son amplias y requieren detallar lo que es la réplica, algo que al presidente no le importa. Ya ha logrado su efecto. Él cambia el sentido con un nuevo tuit cuando todos siguen inmersos en los anteriores, tratando de derribarlos.
La polémica es trivial y trata de lavar la cara de Twitter, el medio presidencial preferido por el que se han estado lanzando mentiras constantemente. El gran beneficiado es, por supuesto, Trump y el más perjudicado el Zuckerberg y Facebook, que quedan como los malos de la película, es decir, los que dejan que los anuncios mentirosos circulen. Lo importante no es el "anuncio" en sí, sino la "mentira" y está no necesita de anuncios formales para promocionarse por la red. Esta allí, vivita y coleando.


Los anuncios se pueden prohibir; las mentiras hay que demostrar que lo son, justificar. Una cosa es una decisión empresarial y otra llamar mentirosos a los demás, aunque sepamos que lo son. Zuckerberg se ha metido él solo en la ratonera. Jack Dorsey ha sabido hacer ver que le preocupan los anuncios políticos sin tener que decidir si son falsos o no. Ahora Facebook está en el punto de mira.
Poco podía imaginar Al Gore cuando habló de las "superautopistas de la Información" que lo que pensaba iba a ser una vía de penetración norteamericana en el mundo acabaría siendo una entrada de Rusia en sus espacios y una herramienta de lucha en el interior del sistema estadounidense colocando a un manipulador y mentiroso en la Casa Blanca.



* Rory Cellan-Jones "Tech Tent: Twitter bans political adverts" BBC 1/11/2019 https://www.bbc.com/news/technology-50262452
** "Trump y Twitter: por qué al presidente de Estados Unidos ya no le permiten bloquear a sus críticos en la red social" BBC Mundo 11/07/2019  https://www.bbc.com/mundo/noticias-48957283



viernes, 1 de noviembre de 2019

La fábula de las águilas viajeras y los investigadores

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Cuando comenzamos el curso y llegan los primeros estudiantes que van a comenzar sus doctorados, la primer palabra que les enseñas es "límites". Deben delimitar perfectamente lo que van a hacer. Los límites son los de su objeto de investigación, aquello que quieren estudiar. Pero hay otros límites de los que les hablas: de los temporales (el tiempo de que disponen para realizar su trabajo, que no es ilimitado) o los recursos, que tampoco lo son. Su investigación será finalmente aquello que pueden investigar en un tiempo determinado con unos recursos. Investigar, como tantas otras cosas, es hacer lo que se puede con lo que se tiene. Sueños tenemos todos, pero no nos piden sueños cuando hay que rendir cuenta de los resultados. ¡Felices los poetas, que pueden soñar sin límite! Ni siquiera todos las artes tienen la misma suerte.


Esto me ha venido a la mente tras leer la información del diario El País titulada " Unas águilas localizadas por SMS arruinan a los investigadores por el ‘roaming’", firmada por María R. Sahuquillo, corresponsal en Moscú. La historia que nos cuenta es muy interesante, tiene mucho de fábula y desde ahora la incluiré en mi repertorio de historias sobre los que no hay que hacer cuando se dedica uno a la investigación o a casi cualquier otra cosa. ¡Si los científicos no piensan en los detalles! La historia es la siguiente:

Cuando un grupo de científicos siberianos inició un programa especial de rastreo de águilas en peligro de extinción, no pensaban que el seguimiento a través de GPS iba a llevar su proyecto casi a la bancarrota. Pero el roaming les jugó una mala pasada y unas cuantas de esas aves --que llevan transmisores de su localización por SMS— gastaron en su ruta hacia las zonas cálidas del sur el equivalente a más de 3.300 euros en mensajes. Sobre todo Min, un águila esteparia hembra que estuvo semanas en Irán.
Las 13 águilas esteparias, que forman parte del proyecto del Centro para la Recuperación de la Vida Silvestre, pasaron el verano en Kazajistán. Pero la mayor parte del tiempo en zonas sin cobertura. Cuando se fue el calor, volaron hacia el sur, a India, Pakistán, otras zonas de Asia, África u Oriente próximo. “Durante su ruta, abandonaron la zona rusa o kazaja, donde los SMS son baratos, y cuatro de ellas entraron a fondo en la zona cara”, explica la investigadora Elena Shnayder, una de las responsables del programa. Así que, al paso de las águilas por Afganistán, Turkmenistán o Irán, los SMS acumulados durante el tiempo sin red con la información de las ubicaciones atrasadas empezaron a enviarse con un coste mucho mayor de lo esperado.
Una auténtica avalancha de mensajes que dejó atónitos a los investigadores. La deuda ha puesto en peligro el proyecto para la conservación de estas aves, declaradas en peligro de extinción en 2015. Así que la red inició una campaña de crowfunding para recaudar fondos y cubrir la factura. Con el lema Recarga el móvil del águila, han logrado reunir más de 1.000 euros.*



¡Fascinante historia de las relaciones entre la Naturaleza, la Cultura y los sistemas de tarifación, culturales pero ciertamente salvajes!
Una de las primeras cosas que se aprenden en este caso es precisamente que cuando estudias algo es porque no lo conoces. Y si no lo conoces, tienes que tener cuidado porque se puede pagar caro si no se va con cuidado. Si los investigadores querían conocer los caminos de las águilas esteparias (aquí el lenguaje nos hace confiarnos en que no se van a mover muchos de allí). Además de ser "esteparias", según se comprueba a golpe de factura, las águilas tienen algunos deseos viajeros que les pueden llevar muy lejos y sin saber muy bien dónde acabaría. Unas se fueron a Irán y otras acabaron en Afganistán, la India, Arabia Saudí, etc. Pero eso son "nombres" para nosotros, no para las águilas, libres de esas cosas que nos preocupan a nosotros. Lo suyo es sobrevivir, esquivar tendidos eléctricos y encontrar comida. Su mundo es el que sobrevuelan.


Nuestro mundo, en cambio, han aprendido los investigadores ruso siberianos, ya no es solo el que nos muestran los mapas, sino que está dividido en zonas de tarifas de telefonía y si le colocas un emisor de mensajes, antes que tu estudio llegue a las conclusiones te llegará un documento que es la factura de las llamadas y sms. Poner límites a las águilas es como ponerle puertas al campo, pero tu presupuesto si lo tiene y debes tener en cuenta estas cosas.
Los sistemas diseñados pueden ser buenos, pero siempre hay algo:

Para registrar su ubicación y realizar un seguimiento de sus rutas migratorias, colocaron a 13 de ellas un transmisor equipado con una tarjeta SIM que envía sus coordenadas a través de SMS. Con esa información y fotos satelitales, los investigadores detectan si han llegado a zonas seguras. Los SMS son por ahora, la manera más fiable de rastrearlas, aseguran los científicos del programa. Ese año, en vez de un paquete de mensajes a precio fijo independientemente del país de envío, se encontraron con una desagradable e inesperada sorpresa: cuatro de las águilas -Min, Sin, Aman y Jakas- pasaron directamente de la zona sin cobertura a las regiones más caras, sorteando las antenas que habrían abaratado la factura.*

La "desagradable sorpresa", como se dice en el texto, forma parte precisamente del mecanismo del descubrimiento. Si supiéramos dónde van las águilas no haría falta ponerles el artilugio de envíos de SMS. Tampoco podemos pensar que todas las águilas van al mismo sitio porque ya lo sabríamos, igual que las especies que van en bandadas. Las preguntas surgen precisamente de los vacíos con los que nos encontramos, como "¿qué diablos hizo la despilfarradora Min tanto tiempo en Irán?". Pero también otra: "¿cuánto nos va a costar saberlo?". Es una pregunta humilde, pero necesaria si no quieres que todo se vaya al traste.


La historia tiene ese punto de fábula que nos lleva a la imagen del sabio que por mirar las estrellas acaba en un agujero. Mucho de lo que tenemos delante se nos vuelve tan transparente que incluso el sentido común deja de verlo, como ha ocurrido con esta gente que de estar tanto tiempo en la naturaleza se ha olvidado que existen distintas tarifas y el roaming entre las zonas, que arruina a cualquiera. Aquello que cualquier turista primerizo sabe —dónde puede y no puede usar su teléfono, las diferentes tarifas en cada país, etc.—, los expertos en la naturaleza no lo acaban de ver en su ceguera: ya no queda espacio natural, solo con o sin "cobertura". Las aguilas no son "siberianas", solo son águilas y se mueven por donde quieren. Existen las águilas antes de que a alguien se le ocurriera llamar Siberia a Siberia. Ellas se mueven y ese espacio es el suyo, sin banderas, himnos o roaming. Nosotros, en cambio, vivimos en un mundo artificial, el de la cultura, lleno de lenguas, fronteras o tarifas; es el de los investigadores y no el de su objeto.
Nadie está libre de estas cosas, pero alguna vez debe pasar para darse cuenta que podemos estudiar el mundo sin acabar de estar en él. La historia de los investigadores y las águilas tiene un fondo didáctico muy útil para mostrar que por muy listos que nos creamos, nunca pensamos en todo. No está mal que alguien que no esté tan metido en el problema lo vea para darnos una visión que pueda ayudarnos a no cometer errores.


* María R. Sahuquillo "Unas águilas localizadas por SMS arruinan a los investigadores por el ‘roaming’" El País 31/10/2019 https://elpais.com/elpais/2019/10/28/ciencia/1572275992_790372.html