miércoles, 27 de mayo de 2020

Un presidente nada fiable

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Hasta el momento, las plataformas para contar las mentiras, insinuaciones, medias verdades, etc. del presidente Trump se habían limitado al chequeo de comprobación, pero no se había cuestionado su distribución. Pero el coronavirus ha impuesto una política más defensiva de etiquetado de los bulos que pueden inducir a errores graves y peligrosos.
Se puede considerar como histórico el día en que a los tuits del presidente de los Estados Unidos se le ha tenido que añadir un etiquetado de advertencia, una especie de señal infamante. Ha tenido que ocurrir grandes desastres en el mundo para que a Trump se le marque como información que "habría que comprobar" por su, vamos a decir, choque frontal con los hechos.
El problema de la expansión de bulos, de falsedades intencionadas, se ha acrecentado con la cuestión de la pandemia, pero en realidad ha estado presente en todo el mandato de Trump, persona en la que se une lo patológico, la desvergüenza y, sobre todo, el aprovechamiento de las mentiras, que nunca son ingenuas, sino un arma que utiliza para descalificar o hundir a todo aquel que se le opone o simplemente resiste. Lo que antes se solía llamar "lengua viperina" se queda corto en el caso de Trump y queda amplificado en su gravedad al estar en la presidencia de los Estados Unidos. 


Recuerdo muchas veces las dudas morales que se planteaba un periodista de The New York Times, creo recordar, con la toma de posesión del cargo presidencial, cuando temía traspasar las líneas de respeto que se merecía un presidente. Ha sido el propio Trump quien ha roto cualquier esquema de dignidad presidencial desde que pisó la Casa Blanca.
Ha sido Twitter que ha tenido que dejarlo claro con una etiqueta. La CNN escribe:

For the first time, Twitter called tweets from Donald Trump "potentially misleading" — a decision that prompted the president to accuse the social media platform of election meddling.
On Tuesday, Twitter highlighted two of Trump's tweets that falsely claimed mail-in ballots would lead to widespread voter fraud, appending a message the company has introduced to combat misinformation and disputed or unverified claims.
"Get the facts about mail-in ballots," read the message beneath each tweet. It linked to a curated fact-check page the platform had created filled with further links and summaries of news articles debunking the assertion.*



Sobre el fondo de esto, otra mentira sostenida. Trump nunca ha logrado aceptar que consiguiese menos votos que Hillary Clinton. Trump no ganó las elecciones, que perdió por una diferencia de más de dos millones de votos. Trump perdió el llamado "voto popular" y ganó por los votos de los electos, el llamado "colegio electoral", beneficiándose así del mayor número de representantes que tienen estados menos poblados. Y el ego de Trump nunca pudo admitirlo, por lo que se dedicó a inventarse conspiraciones y fraudes de votos allí donde no había ganado. No hay una sola prueba de ello, pese a lo que diga. También se obsesionó, por el mismo motivo, con la idea de que Obama había tenido más personas en su toma de posesión. Los celos de Obama siguen ahí, como se ha podido apreciar hace unos días con nuevos ataques e insinuaciones sobre el ex presidente.


Lo que ha hecho Twitter tiene valor, en los dos sentidos de la palabra, como acto valiente y como significado. Trump lo considera como una jugarreta electoral contra él, pero solo Trump está contra la dignidad de la presidencia. Es el envilecedor mayor del país, el que pisotea cada día sus signos con cada acción y su historia.
Las reacciones de Trump ante lo realizado en su medio personal favorito, la herramienta de sus ataques e insinuaciones, no se han hecho esperar:

Shortly after the labels were applied, Trump took to Twitter to claim the company "is interfering in the 2020 Presidential Election" and "stifling FREE SPEECH." He added that he "will not allow it to happen!"
Twitter declined to comment on Trump's claims.
Twitter said Tuesday that Trump's tweets about mail-in voting did not violate the company's rules because they don't explicitly discourage people from voting. But, the company said, the label offers context surrounding Trump's claims.
"These Tweets (here and here) contain potentially misleading information about voting processes and have been labeled to provide additional context around mail-in ballots," Twitter spokesperson Katie Rosborough told CNN Business in an email. "This decision is in line with the approach we shared earlier this month."
Rosborough confirmed that this marks the first instances in which Twitter has labeled any Trump tweet as potentially misleading.
Twitter's actions quickly led to criticism from some of its users, however, who said the measures did not go far enough. Some faulted Twitter for not explicitly saying in the label that Trump's tweets contained false information; other users said the company should have used a larger font size.*

La acción de Twitter tendrá repercusiones, como ocurre siempre que Trump se siente atacado. Trump es siempre mal enemigo porque siempre juega sucio y sus rencores son infinitos e inolvidables. Haber sido etiquetado por su medio favorito para atacar le plantea, además, un problema estratégico, que podría llevarle a tirar piedras a su propio tejado. Por ejemplo, pedir a sus seguidores que abandonen Twitter se volvería contra él.


Visto desde el exterior, muchos pensarán que quizá haya muchas otras cosas que merecieran haber sido etiquetadas o bloqueadas como bulos infames contra personas, algo que Trump ha hecho a menudo, como han sido la serias afirmaciones de acusar de asesinato a Joe Scarborough, un conocido presentador televisivo crítico de su gestión. La CNN se ha hecho eco de cómo Twitter, en este caso, lo ha ignorado:

Six times this month, in a vile attempt to punish a political rival, President Trump has tweeted about a decades-old conspiracy theory about MSNBC's Joe Scarborough.
Twitter (TWTR) has come under increasing pressure to remove the tweets, but the company is not bending, despite being called out by some of the people personally hurt by the posts.
Facebook, where many of Trump's tweets about the repugnant theory were cross-posted, also said Tuesday it would not take any action.
Trump's smears about Scarborough center on the 2001 death of Lori Klausutis, who worked in his Florida office when he served in Congress. Scarborough's opponents and a bevy of internet trolls have tried to blame him for her death, even though he was in Washington at the time.**



El ejemplo es uno más de la cloaca en que Trump ha convertido la política norteamericana. Cuando se analice su mandato y se pongan juntas todas las maldades presidenciales y se vea a qué dejó reducida la política en la "tierra de los libres", se comprenderá la magnitud de la herida infligida a los Estados Unidos por este siniestro y desvergonzado personaje que redujo la vida pública a una perversa "soap". Los límites alcanzados por Trump no han sido alcanzados en este campo por ningún otro presidente de los Estados Unidos y habría que rebuscar mucho para encontrarle rival fuera del espacio.
El temor de muchos —con razón— es que cuando Trump pierda las elecciones aplique los mismos criterios de que ha sido debido a un fraude a una conspiración contra su figura, la del mejor presidente de la historia, según su propia valoración "objetiva". La idea no es descabellada y el propio Trump, pregonando sus grandezas presidenciales contribuye a ello. De ahí la importancia del etiquetado de los tuit como poco fiables y pedir que se verifiquen los hechos. Si Trump sigue diciendo que el voto por correo es fraudulento y es lo que le hizo aparecer (falsamente, claro) como perdedor del voto popular, se está fabricando algo más que una excusa por si pierde. Es difícil imaginar lo que pueda ocurrir, pero estamos hablando del presidente que ha lanzado, al grito de "¡liberad los estados!", a manifestantes —muchos de ellos armados— contra las instituciones legítimas. Muchos temen que pueda ocurrir algo así si pierde las elecciones. Lo que pueda ocurrir es de temer y los tuits conducen a ello.


Por supuesto, los seguidores de Trump ven en ello la conspiración contra un jefe al que se ve cada vez como una figura mesiánica destinada a restaurar la grandeza americana, robada a golpe de espionaje por China o a golpe de sablazo por Europa.
Todas las teorías conspiratorias contra Trump las juntará en un solo punto, las elecciones. Todo confluye en una gigantesca conspiración —a la que ahora se une Twitter— contra él para evitar que se produzca lo que el destino tiene reservado, ser reelegido. Trump parte de ese principio, el de que nadie puede ganarle limpiamente, algo que de lo que presumía el tramposo Barry Lindon, la genial creación de William M. Thackeray.
Necesitaríamos un Philip Roth para que escribiera una obra similar a La pandilla, con la que dejó magistralmente retratado a "Tricky Nixon" y su corte de políticos sinvergüenzas. Hoy harían falta muchas plumas para dar cuenta de tanta bellaquería institucionalizada.
La clasificación de la información procedente del presidente de los Estados Unidos como "poco fiable" y necesitada de comprobación porque los hechos dicen los contrario o no hay evidencia alguna es un hecho sin precedentes más allá de los rifirrafes habituales. Pero con Twitter se ha llegado al punto clave ya que es el medio favorito para esparcir falsedades. 



* Brian Fung "Twitter labeled Trump tweets with a fact check for the first time" CNN 27/05/2020 https://edition.cnn.com/2020/05/26/tech/twitter-trump-fact-check/index.html
** "He asked Twitter to remove Trump's false tweets about his dead wife. Twitter refused" CNN 27/05/2020 https://edition.cnn.com/2020/05/26/media/trump-joe-scarborough-conspiracy-theory/index.html





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