sábado, 13 de abril de 2019

El peor poder

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Lo que está haciendo Donald Trump desde la presidencia de los estados Unidos es una nueva dimensión del significado de "presidencia" en un país democrático. Igualmente, supone una reasignación  de valor al sentido de la función del poder y sus límites. No se ha visto algo así en un gobernante de un país democrático. Trump, por decirlo de alguna manera, se está comportando más como un Benjamín Netanyahu tratando a los palestinos que caen en su territorio. Trump ha creado una nueva categoría de norteamericanos, los que deben padecer por oponerse a sus ideas, planes o acciones. Es el castigo desde el poder, es una forma de asumir de forma absolutista y cruel su ejercicio.
Trump puede establecer una "emergencia nacional" para financiar sus planes del muro o como quiera hacer ahora trasladar los inmigrantes hasta aquellas ciudades santuario que considera como centro de resistencia de los demócratas. El descaro de Trump, su soberbia congénita, su narcisismo, le impide hacerlo de forma encubierta. Todos tienen que comprender que es él quien "manda" y tienen que sufrir el castigo de no ser obedientes. Eso afecta a los propios norteamericanos y ahora a los países centroamericanos de los que sale la emigración hacia el norte. Les va a reducir las ayudas existentes, que maneja como un premio o un castigo desde la misma mentalidad.


La última acción de la soberbia del poder ha sembrado el desconcierto ante la degeneración que supone a la función del poder en un sistema democrático. La CNN titula, dando entrada al artículo firmado por Bill Carter. En el artículo se recoge esta estupefacción producida:

The story broke in the Washington Post after 8 p.m. Thursday: The Trump administration, in its latest spasm of anti-immigrant animus, had twice in recent months considered a plan to transport detainees to sanctuary cities and essentially dump them there as a form of retaliation against Democratic political adversaries, like House Speaker Nancy Pelosi. By Friday afternoon, President Donald Trump confirmed that he was considering this revenge plan.
The reaction across a broad swath of the most influential news outlets in America was something close to stupefaction.
Jeffrey Toobin, chief legal analyst for CNN, appearing on Anderson Cooper's show "360," called the proposed policy "really grotesque" after describing the plan as akin to "using human beings to spread a form of pestilence around the country."
Maggie Haberman, the Pulitzer-winning New York Times correspondent (and Donald Trump savant), tweeted that she had read the Post story twice, leading to a simple reaction: "It is insane."
On Brian Williams's "11th Hour" show on MSNBC, one guest, David Jolly, the one-time Republican congressman, who has renounced fealty to that party in the age of Trump, repeatedly used the word "sociopathy" to describe the policy, and said those who had come up with it were displaying "unmitigated depravity."*



No creo que existan precedentes de este tipo de acciones en un país democrático, lo que muestra la forma arbitraria y beligerante de concebir el poder de Donald Trump. Es frecuente entre los dictadores premiar o penalizar los lugares que no actúan como quieren o les interesa.
Las reacciones son acordes con el despropósito del plan. Lo peor del caso es, una vez más, la erosión de la democracia que Trump está provocando en todos los órdenes, tanto en el interior del país, como en el exterior por el apoyo a países dictatoriales, provocando la explosión de lo que la amenaza de de sanciones anteriormente frenaba. Así se entendió en Oriente Medio la visita en la que dio carta blanca para los excesos. El caso más claro es el del respaldo a Arabia Saudí tras el secuestro, tortura y asesinato del periodista Jamal Khashoggi. Pese a los informes de la propia CIA, Trump siguió apoyando a los responsables.
La pretensión de enviar a los inmigrantes que entren en los Estados Unidos hasta las ciudades santuario es una forma de acción política realmente perversa, continuación de lo hecho hasta el momento: muros, separaciones de familias, largas detenciones, etc.


La presidencia de Trump será recordada por estos detalles. Lo peor es que sigue ahondando la grieta en la sociedad americana, sacando lo peor, que son los que les jalean.
Como hemos señalado en diversas ocasiones, es previsible que el efecto Trump dure décadas. Puede que la sociedad norteamericana reaccione, pero el odio que se está generando contra la inmigración, la vuelta del racismo más abyecto, la falta de moralidad disfrazada de la peor hipocresía, la penetración de las reaccionarias iglesias en la política, etc. tendrá consecuencias durante décadas. Lo peor, con todo está fuera: es el ascenso a la sombra de Trump de la más rancia política populista, que ven en él un modelo de éxito. Lo estamos viendo en Europa y lo estamos viendo en América. Es la subversión de la democracia en favor de un autoritarismo cínico y cruel que se aprovecha de las nuevas condiciones para sacar a la luz lo que estaba enterrado.
Lo vemos en Europa y lo vemos en España. El discurso anti inmigratorio va calando como forma de racismo, que es su base. Cada vez más aparecen grupos (no por arte de magia, sino bien financiados dentro y fuera) que  alientan el discursos racistas de la demagogia. Van contra lo que se puede llamar progresismo político, que representa una cultura abierta frente a los nacionalismos sentimentales y excluyentes, la responsabilidad global frente al aislacionismo egoísta de los que no quieren compartir su riqueza, la igualdad de género contra las formas sexistas del tradicionalismo patriarcal, el respeto universal de los derechos humanos frente a la indiferencia interesada ante las dictaduras y regímenes autoritarios, el laicismo y la convivencia frente al integrismo religioso.
Nunca debemos creer que Trump haya llegado a su tope. No lo tiene. Para él las leyes no representan ninguna forma de justicia que deba respetar, sino las correas que le impiden realizar su voluntad.


Difícilmente se podría llegar a pensar que Estados Unidos pudiera ser llevado a este extremo de negación de sus propios principios constitutivos. La imagen propia se ha destruido ante sus propios ojos y ante los del mundo, en un sentido u otro. Una vez más, la idea de "líder mundial" carece de sentido, especialmente en los aspectos morales y de libertades cuando se están pisoteando y haciendo alarde de ello.
Por otro lado, una gran parte del pueblo norteamericano está dando ejemplo de resistencia ante una presidencia que les repugna en muchos aspectos. Periodistas, jueces, políticos, educadores, actores, grupos de mujeres, etc. han mostrado que se puede resistir ante lo que consideran una debacle moral. El partido republicano se ha hundido en sus propios fangos, lo peor de su ideología con el peor de sus líderes, elegido dentro de unas primarias en las que humilló a sus candidatos. Hoy es un partido irreconocible.
Mucha terapia van a necesitar todos. Bill Carter, después de comentar la locura de considerar la inmigración como una forma de "infección" que se soltará en las ciudades santuario, da un consejo:

Forget Watergate. That was a giant squid of a story, lots of tentacles coming off a central monster. It was a threat, but a recognizable one, a comprehensible one.
What's happening now feels more dystopian, a scattered, non-linear narrative impossible to get a consistent fix on, or to approach with traditional, rational reporting and analysis. It's more like covering an invasion, story after story after story, like the Walking Dead or the White Walkers; brainless but deadly.
And they keep coming.*

Esa presencia de Trump es la verdadera "infección", la que está enfermando a la sociedad norteamericana. Trump es la infección, la enfermedad moral que pervierte los principios ante la mirada estupefacta de la parte despierta de la sociedad. La metáfora de The Walking Dead es esa pesadilla que están viviendo muchos, sintiéndose en un mundo irreconocible e irrespirable. Los Caballeros Blancos a los que se alude vuelven a cabalgar con la antorcha, a encender cruces en la noche, queriendo colgar nuevos y extraños frutos en los árboles del Sur. Solo que el nuevo sur abarca la totalidad de los Estados Unidos.
Lo que ya algunos califican como el mayor abuso de poder cometido, es un ejemplo más de cómo funciona el sistema en la actualidad. Están los hechos, las posibilidades que se barajan; pero están también los principios, las ideas tras ellos. Eso es lo que muchos no han acabado de comprender por su monstruosidad, como señalaba Bill Carter. No hace mucho, Donald Trump captó la atención reclamando el derecho a perdonarse a sí mismo en el caso de que fuera condenado por alguna circunstancia. No creo que con la Historia tenga tanta suerte.
Es el peor ejercicio de poder en las peores manos. Eso es lo que será recordado.



* Bill Carter "The vicious White House sanctuary city revenge plan is too awful to gloss over" CNN 12/04/2019 https://edition.cnn.com/2019/04/12/opinions/trump-sanctuary-cities-immigration-revenge-plan-carter/index.html






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