martes, 23 de febrero de 2021

La calle

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



Si la pandemia nos está mostrando muchas de nuestras limitaciones y fisuras, la semana que llevamos de manifestaciones violentas y destrozos nos acaban de dibujar el perfil social y político.

La debilidad de los políticos, la escala equivocada de sus intereses —el mantenimiento o consecución del poder por encima de la ciudadanía— se ha acrecentado precisamente por la pérdida de poder debido a la fragmentación, que disminuye la capacidad de actuación de los partidos mayoritarios y aumenta exponencialmente la de los partidos minoritarios, más radicales y crecidos con su aumento de poder.

Este poder, además, crece por la debilidad que perciben en aquellos contra los que realmente actúan: sus socios y víctimas de proximidad. Pensar que la decisión sobre el mapa del poder en Cataluña está en manos de grupos como la CUP o que el poder central está en manos de grupos del mismo radicalismo es realmente espeluznante, pero no ha suscitado reacciones en la dirección que debería. Los partidos que tenderían hacia la moderación se ven "obligados" a mostrarse radicales o a callar vergonzosamente ante el temor a dejar de ser apoyados por sus socios o futuros socios de gobierno.



El mensaje es claro y el ejemplo de lo que ocurre en Cataluña debería despejar cualquier duda sobre a dónde nos lleva el cálculo electoralista y el deseo de mantenerse. La política se ha reducido a horizontes de les legislaturas que se inician con la esperanza que duren más allá de unos meses, lo que se considera un éxito en estas circunstancias. Para tratar de evitar lo se ha desarrollado un temor en unos y una agresividad creciente en otros, un órdago constante, sacando cada día más provecho de la debilidad del partenaire de gobierno. Con socios así es difícil mantener la empresa.

El radical lo tiene fácil. Consigue que aumentando su radicalidad aumente su imagen de fuerza, debilitando más la imagen del que cede. Una vez que se ha empezado, ya no hay límite. Los "silencios" clamorosos de los políticos catalanes y nacionales, sus tardanzas en denunciar lo obvio, incluso dejando de respaldar a las propias instituciones bajo su responsabilidad, son una muestra vergonzosa de lo que está ocurriendo.

Han conseguido, además crear falsos debates en los medios de comunicación, especialmente las televisiones, donde se asiste a razonamientos por parte de algunas personas que provocan sonrojos, creando explicaciones perversas que tienden a dar la razón a los que usan la violencia como forma de intimidación política y social.



El desgaste de los políticos es un riesgo que administran con más o menos acierto. Pero el desgaste social solo se manifiesta en la impotencia y la rabia. Los vecinos, comerciantes, transeúntes... que día tras día ven con impotencia que el objetivo real de todo esto es sembrar la violencia que pagan cada noche en sus casas, establecimientos destrozados, robos descarados en noches continuas dedicadas a esta diversión institucionalizada ya, convertida en diversión productiva de grupos que parecen imparables que ya sienten ese poder de la impunidad ya sea por la edad o por la cobardía política.

La hipocresía vergonzante que escuchamos estos días no tiene límite. La explicación de toda esta inacción se ha aceptado: los políticos están negociando y la CUP tiene la llave, nos explican orgullosos los comentaristas que están en el ajo. Mientras ellos negocian lo que sean, la presión en la calle siguen creciendo y, por ende, en las propias negociaciones. ¿Forma parte de las negociaciones la violencia? Implícitamente están sobre la mesa o, al menos, eso es lo que creen ellos mismos.



Hace tiempo que esta debilidad de los políticos fragmentados, esta dependencia de socios radicales, está haciendo crecer ese sentimiento de impotencia y aumentar los casos. El más evidente se encuentra en otro fenómeno presente de forma habitual, el de las "okupaciones" de viviendas, un fenómeno al que el uso de la "k" convierte en forma de rebeldía en vez de delincuencia. La "k" te alinea con la revolución como fenómeno antisistema y ya se ve de otra manera, le salen defensores y se apela a principios que los afectados no acaban de entender. Los políticos le saben sacar provecho electoral y se aseguran así votos y fuerza callejera.

La calle está desplazando al parlamento o cualquier otro foro institucional, que son la base de actuación democrática. Estamos llevando la lucha parlamentaria —creciente y bajo mínimos de respeto— a la calle y eso es muy peligroso en muchos sentidos, pero espacialmente para la convivencia. Lleva a demás a una potenciación de grupos de signo contrario igualmente radicales, que se convierten en "remedio" ante la violencia y que dicen sentirse desprotegidos.



En estos días hemos visto grupos de vecinos patrullando para denunciar fiestas en los llamados "pisos turísticos". Hemos visto cómo se mofaban de ellos grabándolos con un móvil, haciéndose selfies y, de alguna manera, registrándolos, lo que es una forma clara de intimidación, "me he quedado con tu cara", "sé dónde vives".

Hemos visto a vecinos rodeando un edificio en donde hay un piso con "okupas" a los que responsabilizan de actos delictivos, incluso de agresión sexual. El hecho de estar ahí implica que les han fallado la mayor parte de los mecanismos de denuncia y que quienes tenían que respaldar sus derechos no lo hacen por los motivos que sean.

Vemos a la gente ir a la ruina por los destrozos y robos que impunemente se producen en sus establecimientos; vemos coches quemados, material destrozado... Y muy pocas palabras. Solo la lucha disfrazada por discursos absurdos; una provocación que ya no es "resistencia", como proclaman, sino "asalto", como el ocurrido a la comisaría de hace un par de noches.

No es un buen panorama.



¿No hemos aprendido nada del asalto al Capitolio el día 6 de enero? ¿No hemos aprendido nada de lo que ha consistido en la radicalización y el traslado de la violencia a las calles como forma de presión política? La especificidad norteamericana ha hecho que asombrosamente esos llamamientos infames a la violencia llegaran desde el poder. En nuestro caso, está más repartido, pero igualmente les han llegado mensaje de apoyo o justificación desde lo grupos que tienen responsabilidades de gobierno, que usan además la vergonzosa estrategia de intentar convencernos de que "su lectura justificativa" es la correcta y que son los demás los equivocados al no ver a los agresores, ladrones, etc. como "víctimas del sistema", que es la falta de libertad lo que lo justifica.

No necesitamos (lo que no lo excluye) que haya agitación importada. Nos basta con una cada vez más débil clase política, comida por las circunstancias y por los efectos destructivos de sus propias decisiones estratégicas y falta de perspectiva de la vida social más allá de la descalificación y la división.



Desgraciadamente, las reacciones a esto no son buenas, como tampoco lo son los efectos. Crece la indignación y de ello se beneficia la radicalidad, que avanza hacia soluciones que generan más violencia en una espiral predecible y deseada  por los que hasta hace poco no eran nadie y que ahora escalan hasta las posiciones más elevadas decidiendo, con enorme peso, sobre todos.

La asimetría entre representación y poder (pocos votos, mucho poder) es nefasta para una democracia porque altera los deseos de las mayorías, favorece posiciones que no se desean por muchos otros y acaba generando reacciones negativas. Trabajar en los despachos del poder y en las calles lo han hecho fascistas y revolucionarios. Es su marca, colarse en el poder y destruir los cimientos del sistema.



La calle, una vez más, no puede seguir siendo el escenario violento en que se está convirtiendo por los que no dan valor a leyes ni respetan a los demás. La única que cuenta es la "libertad de expresión", todos los demás principios pueden ser pisoteados con alegría, casi con gozo ante la sensación de impunidad y hasta respaldo, convertidos en una especie de "justicieros".

 Los ánimos están muy crispados y corremos el riesgo que se produzcan situaciones irreversibles en que estalle la ira contenida ante esta situación. Los responsables serán los que han sido incapaces, por cálculo electoralista, de poner coto a la violencia y a la ilegalidad productiva de algunos.

Si se demuestra cada día que las instituciones democráticas no funcionan para hacer respetar las leyes, corremos serios peligros que se nos anticipan. El descenso de la credibilidad y el aumento de la arbitrariedad solo generan desconfianza y recelo. Los que se exigen ser protegidos se sienten indefensos. Esto tiene sus costes sociales importantes. Si no se entiende, es que la situación política es peor de lo que pensamos.

Un efecto añadido: las dictaduras disfrutan mostrando estas imágenes como demostración que la debilidad de la democracia.


lunes, 22 de febrero de 2021

Cuando las tradiciones son prisiones

Joaquín Mª Aguirre (UCM)



Una información del diario El País, firmada por Juan Carlos Sanz desde Jerusalén, con el título "No viajarás sola desde Gaza sin permiso de tu guardián masculino", vuelve a poner en el punto de mira la situación de las mujeres en los países islámicos, en este caso se trata de la Franja de Gaza en Palestina.

La Franja está controlada por Hamás, un partido islamista, lo que supone una forma de vida específica para sus habitantes, una vida llena de limitaciones sobre lo que se puede y no se puede hacer. A las imposiciones y controles de Israel en la Franja, se han de superponer las condiciones que los varones imponen a las mujeres bajo su mano, una forma de dominación más antigua.

El diario El País nos cuenta lo sucedido:

 

“Las mujeres vírgenes (solteras) o que estuvieron casadas (divorciadas y viudas) de cualquier edad no podrán viajar sin permiso de su guardián masculino (padre, abuelo o hermano)”. Hasan al Jojo, presidente del Consejo Supremo de la Sharía (ley islámica) en la franja de Gaza, publicó hace una semana este edicto tras declararse preocupado por el creciente número de “muchachas que se marchan sin el consentimiento de sus padres”. En su dictamen se sobreentendía que las casadas solo van donde les deja su marido.*

 


Ninguna una mujer libre; siempre ha de haber alguien responsable que vigile sus vidas y les marque el rumbo. El sendero de lo permitido es estrecho en estos casos. Reivindicar la libertad de decidir es enfrentarse al aparato social y religioso, cuestionar lo que está dicho de una vez por todas, que la mujer depende del hombre, que debe ser vigilada porque, de no hacerlo, el mundo ordenado se dirigirá al caos y a la destrucción.

Vigilar a la mujer es un mandato y un deber, Quien lo incumple, desobedece las leyes de Dios.

La última frase del párrafo nos recuerda que la mujer casada ya es sumisa, que tiene su propio guardián. El recordatorio se extiende a todas las demás, a las que creen que están libres de control por no tener marido, un estado lamentable que se arregla con los matrimonios infantiles o, más tarde, simplemente forzados. Las familias saben elegir mejor que las mujeres. Tienen en cuenta los beneficios y los lazos que se crearán entre familias, rechazando cualquier romanticismo pernicioso.

En el texto se recoge el carácter "tradicional" de la sociedad de la Franja: 

“La sociedad de Gaza es tradicional, pero no tanto como la gente cree”, precisa Bárbara Demurtas, delegada en Palestina de la ONG española Mundubat, que este domingo ha podido viajar por primera vez al enclave costero desde el inicio de la pandemia, cuya declaración cerró el territorio a la mayoría de los observadores internacionales y a toda la prensa extranjera. “Después de las protestas, el presidente del Consejo anunció que iba a revisar el edicto, pero las organizaciones de mujeres de Gaza no tienen constancia de que se haya derogado e insisten en que no es jurídicamente aplicable”, refiere Demurtas.

“Tanto las mujeres como los hombres quieren viajar para buscar trabajo, y eso no siempre está bien visto, especialmente si hablamos de las mujeres”, destaca la representante de la fundación vasca Mundubat. Muy pocas gazatíes—algunos centenares de cristianas y un puñado de laicas— no se cubren con el pañuelo o velo islámico.*

 

La idea de "tradición" es compleja y complicada porque es un arma de doble filo. Hay muchas veces en que estas se invocan como parte de la "identidad", creando un conflicto. Cuando lo que nos "identifica" va contra la libertad o la salud de otros, sencillamente es una "mala costumbre". Llamar "tradición" a lo que impide a otros vivir es casi un sarcasmo. "Tradiciones" son también, en este sentido, las lapidaciones, flagelaciones o las decapitaciones. Un crimen terrorista no es menos crimen ni menos terrorista porque te corten el cuello en vez de darte un tiro. Llamar "tradición" a la condena de las mujeres a la dependencia, al control de los hombres es tener un pobre sentido de la tradición.



En la  actualidad, como reacción quizá a los fenómenos globalizadores y al contacto intercultural más intenso, se está produciendo un neo tradicionalismo que muchas veces solo es un encubrimiento del integrismo. En modo alguno, el refuerzo de este tipo de situaciones referidas a la mujer pueden ser reivindicadas como una forma de identidad femenina sino más bien del refuerzo de la dominación masculina, un refuerzo del sistema patriarcal que ha sido ejercido durante miles de años y contra el que cuesta mucho avanzar.

El hecho de que, como se señala en el texto, muy pocas mujeres de la Franja de Gaza no se cubran no es más que un signo precisamente de la imposición de restricciones. La tradición evoluciona, pero no cuando es impuesta, que es lo que ocurre en estos casos. Técnicamente, el mandato implica convertir la Franja en una cárcel de mujeres, un espacio del que solo se puede salir con una autorización expresa.



El artículo hace referencia a la clausura de esta fórmula de autorización del guardián en Arabia Saudí en 2019. Planteada como una forma de limitación de salida, no se suele comentar tanto que también lo es de entrada. Ninguna mujer podía entrar a suelo saudí sin estar acompañada por un varón. Y recordemos que es donde se encuentran los lugares de peregrinación, por lo que el trasiego es constante.

Conforme el mundo se fue haciendo más global e intercomunicado, los sectores islámicos más conservadores fueron creando dos fuerzas: por un lado, el intento de levantar un cerco de aislamiento informativo aumentando la censura allí donde podían controlarla; por otro lado, calificar como ataques a la identidad lo que eran posibilidades de desarrollo de las mujeres.

El control inicial es la casa, por lo que la prohibición de salir del país no es más que una ampliación de ese espacio inicial doméstico. Pero el cambio de los tiempos hace más difícil evitar que la mujer pueda salir del controlado ámbito del hogar, convertido ya en cárcel. Los impedimentos a que la mujer tenga carnet de conducir o que condujera (son dos cosas diferentes) son una muestra equivalente más de lo que representa el "confinamiento" femenino. Todos son variantes del mismo principio.

El artículo se cierra con la reacción a lo expresado por el Presidente del Consejo Supremo de la Sharía. Los grupos de derechos humanos han armado un gran revuelo. No es para menos. Pero la señal está ya dada. Los "tradicionalistas" tienen el camino marcado y saben lo que tienen que hacer.

 


* Juan Carlos Sanz "No viajarás sola desde Gaza sin permiso de tu guardián masculino" El País 22/02/2021 https://elpais.com/internacional/2021-02-21/no-viajaras-sola-desde-gaza-sin-permiso-de-tu-guardian-masculino.html

domingo, 21 de febrero de 2021

Periodismo y su incierto futuro

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



El periodista de La Vanguardia —un periódico que está de aniversario y con unos buenos estándares— y profesor de Periodismo, Salvador Enguix Oliver, publicó el pasado día 8 algo muy necesario en estos tiempos de crisis generales, pero también de crisis parciales y sectoriales.

Tenemos lo que afecta a todos y lo que, además, afecta a unos sectores más que a otros; tenemos crisis temporales y fines de ciclo, es decir, sectores que estaban condenados antes y que la pandemia ha acabado de enterrar. Tenemos también crisis que la pandemia ha ayudado a superar intensificando canales y abriendo puertas, marcando direcciones. Hay de todo, lo que nos da cuenta de la enorme complejidad de nuestra sociedad instantánea, interconectada y global.

Es sorprendente —lo comentábamos hace unos días con otra cuestión— la persistencia en seguir analizando las cuestiones de forma estática y no dinámica, por un lado, y de forma aislada y no sistémica. La realidad, posteriormente, nos va colocando en su sitio.

Hay un cuarto elemento que se debe tener en cuenta: el carácter mediático de nuestra sociedad. Esa interconexión de la que hablaba no solo se establece por las conexiones físicas (carreteras, líneas aéreas, de ferrocarril, las concentraciones urbanas, la proliferación de asociaciones, grupos, etc.) sino que se produce mediante los intercambios de información que los medios facilitan y promueven.



La Sociedad de la Información es la de la conversión digital, la desmaterialización que convierte a un código binario todo aquello que puede absorber precisamente para poder difundirlo a través de los canales digitales haciendo posible la extensión y la instantaneidad de la situaciones.

Esta sociedad de convergencia digital es la que permite que pueda estar leyendo este texto en estos momentos, que abra una videoconferencia con sus familias o que acceda a una clase online. Hace unos días descubrí cómo eran los nuevos sellos para enviar un sobre por correo; tuve que descubrir dónde había un "estanco", localizar un buzón...

La prensa es el primer medio moderno. Surge a mediados del siglo XVIII y tiene su periodo dorado a lo largo del XIX y parte del XX. Sufre una primera crisis con la aparición de la Radio y una mayor con la aparición de la TV. Ambas, Radio y Televisión, se nutrieron de los periodistas, una profesión que, a su vez, era una mediación entre unos sectores sociales y una nueva agrupación a la que daba forma: el público, la audiencia, las personas que se agrupan a su alrededor y pasan a tener algo en común, los  que reciben finalmente la información (que sigue circulando por medios personales, como la charla, las reuniones de casino, cafetería o encuentros casuales en la calle...). Todo ello da lugar a la "opinión pública", algo que hoy llamaríamos una especie de "foro" de intercambio que debate y se expresa a través de medios diversos, de la carta al director al artículo publicado.

La Prensa se fue diversificando y buscando públicos en unos tiempos en los que la alfabetización no estaba extendida, algo que se fue desarrollando según el grado de progreso y de compromiso con la educación pública, que sacó la Prensa de las elites.

Prensa y periódicos no son lo mismo. La Prensa realiza una función informativa que mantiene un determinado estado de atención, opinión y debate en la sociedad con sustanciales diferencias entre los grupos de intereses diversos. El periódico es el soporte material con el que se distribuye la información, sujeto a condicionamientos de extensión,  precio, velocidad de distribución, almacenamiento, etc. Confundir medios y funciones no suele ser bueno en los análisis. La función informativa del Periodismo se puede ejercer a través de diferentes medios y soportes.



El soporte, previamente, era determinante. Hoy ya no lo es tanto precisamente por la otra convergencia, la mediática, que se suma a la digitalización. Hoy vivimos en la época de los medios convergentes, multimedia. Un "periódico" (significa que sale con periodicidad, es decir, con una frecuencia determinada, al igual que el término "diario": periodicidad diaria), puede hacernos llegar su información a través de medios y formatos distintos. La página web de un "diario" informa a través de podcast, vídeos, gráficos dinámicos e interactivos. Podemos ver y escuchar a su nuevos "columnistas" (la columna es una metáfora de la escritura en la página) a través de vídeos, podemos interactuar con ellos a través de los comentarios. El "periódico" ya no es "periódico", puesto que no hay "cierre", está generando durante las 24 horas noticias y el periodista puede actualizar su artículo, como vemos con frecuencia, algo que anteriormente no era posible. Lo escrito quedaba; hoy lo digital es cambiante y muchas veces desaparece. En otras ocasiones, puede reaparecer gracias a los automatismos que hacen que si un texto es muy consultado sea "llevado" a lugares de mayor visibilidad aumentando su vida independientemente de los otros artículos. Ya unidad —lo dijimos hace muchos años— ya no es el "periódico", que ante unía todo los artículos por el soporte; la unidad es el texto, al que se enlaza directamente para desesperación de los responsables, que llegaron a boicotear los "enlaces directos", los deep links, para que todo el mundo tuviera que pasar por su página principal, algo esencial a efectos publicitarios, pues el viejo modelo jerarquizaba las páginas para la tarifación publicitaria. Tuvieron que dejarlo pasado un tiempo.



Hoy volvemos a la polémica sobre los enlaces a las páginas y sobre quién se beneficia de ello. Cada cierto tiempo, con cada crisis, los responsables de cada sector intentan demostrar que su crisis es debida al parasitismo de algunos. Los que elaboran contenidos quieren cobrar a los que viven de promocionar contenidos, a los agregadores, lugares de concentración que los usuarios prefieren por comodidad. Unos responden que les deberían pagar por redirigir a los usuarios a los lugares de información; otros sostienen que les deberían pagar a ellos por elaborar informaciones que dan vida a los que se limitan a crear nuevas puertas de entrada a las noticias.

Demasiada complejidad y una tendencia histórica: unos agentes tienden al monopolio (sistemas operativos, buscadores, suites, correos...) mientras que otros se atomizan por la fragmentación constante, ya sea por la aparición de nuevos agentes en competencia o por la debilidad de muchos, incapaces de mantener los esfuerzos para lograr el producto final, la información.

La información es cara de producir. Me refiero a la verdadera información. Hoy estamos llenos de pseudo información: hemos creado personajes que la producen para nosotros (los Quicos, las Belenes...), la tomamos de las "redes sociales", reproduciendo vídeos caseros y fotos subidas por los usuarios, que han acabado gestionando su propio negocio promocional, los influencers, robando protagonismo e ingresos a los medios que antes ejercían ese papel.  Tenemos que los agentes sociales e institucionales gestionan su propia información produciéndola muchas veces para los medios, que la reproducen a veces in retocarlas...



Con todo ello, la información en los medios, frente al coste de la verdadera información, se ha vuelto artificial, trivial y repetitiva. Podemos observar en ciertos canales importantes de TV cómo son líneas aéreas y cadenas de hoteles las que patrocinan información sobre viajes y turismo, algo que hace dudar de la imparcialidad y nos impide distinguir lo promocional de lo informativo. Los anuncios se nos cuelan en los informativos y los países con dictaduras invierten en el accionariado de los medios asegurándose que serán borrados de la actualidad informativa de la zona. En las últimas semanas se han producido campañas de denuncia sobre el lavado de imagen de algunas dictaduras petrolíferas a las que sonreímos demasiado.

Tenemos el sorprendente caso de la cadena televisiva que denuncia el aumento de racismo contra los asiáticos en Estados Unidos en la misma página que publica diversas informaciones que fomentan esa xenofobia por motivos vinculados con las competencias entre economías.

La información está en crisis, como lo están los propios medios por muchos y variados motivos.

El artículo en La Vanguardia no precisa los motivos de la crisis, pero sí apunta a las soluciones. Entiendo que el artículo, que no recurre a fuente alguna, por lo que entiendo que es un diagnóstico y un deseo de marcar el futuro señala:

 

La calidad será condición fundamental para generar complicidad con los lectores, cada vez más en un ecosistema saturado de información. Por calidad entendemos las bases fundamentales que han apuntalado el periodismo clásico: contraste de fuentes, rigor y búsqueda de la verdad, e independencia, en contenidos propios y originales.

Esa es ya la gran apuesta de las grandes cabeceras del mundo, que además ampliarán los servicios más allá de la actualidad informativa: debates, tutoriales, recomendaciones, consejos, gestión de servicios, venta de entradas e incluso formación.

El lector buscará cada vez más rigor y veracidad en los contenidos

La segmentación de audiencias apunta a un objetivo clave: ofrecer a los lectores aquello que piden, que exigen y merecen. Los algoritmos lo permiten, y las plataformas digitales también. El lector debe alcanzar la máxima satisfacción sobre aquello que le interesa, y la obligación de los medios es dársela.

Esto implica generar canales, secciones especiales, adaptarse a los dispositivos electrónicos e incluso empaquetar los contenidos de acuerdo con los intereses individuales. Serán los medios quienes busquen a los lectores.

 


En cuanto al primer párrafo, nada que objetar a la definición de la "calidad". Sin embargo, los problemas empiezan, como habrán supuesto los hipotéticos lectores de este texto, desde el segundo. Todo lo que define servicios entra en colisión con el concepto de "calidad" anterior pues ya está ocurriendo. La suma de intereses va en detrimento de la propia independencia del periódico y lo aleja de sus objetivos. Habrá elementos que no afecten pero también estamos viendo cómo otros están afectando grandemente a los medios. Pensemos en las campañas orquestadas contra periodistas, causas, etc. por parte de grupos organizados y hasta gobiernos, como sabemos bien. Hoy vivimos una verdadera guerra de informaciones a través de los medios. Pensar en los medios de calidad como entes neutrales, impasibles ante las presiones exteriores, es ingenuo. La "venta de entradas", por ejemplo, ¿implicará "críticas positivas" en la sección de Cine-Cultura? Algunos recordarán el despido del periodista que valoró negativamente una novela publicada por el grupo editorial que estaba tras el medio. ¿Es "calidad o meterse en la boca del lobo? Desde que las cadenas televisivas compran los derechos de los deportes, los informativos se han convertido en formas promocionales, creadoras de ambiente propicio para atraer más espectadores y poder aumentar los ingresos por publicidad audiencia. ¿Independencia? Creo que precisamente la tendencia ha ido y va en sentido contrario. Eso sí, el medio puede pregonarlo a los cuatro vientos.

La fragmentación de las audiencias y la información a la carta, una propuesta muy generalizada, crea precisamente una dependencia, no independencia. Hace que muchos temas importantes desaparezcan del mapa, mientras que otros triviales son convertidos en constantes si atraen lectores. La función de los medios digitales no es la información como objetivo, sino la información como elemento que agrupa y sobre la que se ejercerá una presión de diverso tipo, mayormente publicitaria o de influencia de algún tipo, de la económica a la política.

Los estamos viendo todos los días en todos los medios. La radicalización social, en gran parte, es la traducción de la segmentación buscada con otros fines, pero que lleva a la creación de medios y fuentes específicas para mantener al grupo cohesionado. Los medios de hoy ya no solo compiten con otras cabeceras o con otros "medios" (pese a la convergencia).



El futuro no está en medios amplios, desgraciadamente, sino en burbujas en las que cada uno será alimentado —informativamente hablado— con aquello que refuerce sus creencias. El futuro, si nada lo impide, será sectario. Es lo que nos ha mostrado la América de Trump, el encierro y la negación de la verdad. Todo el esfuerzo de los mejores medios, los más poderosos del mundo, con los mejores profesionales, los mejores equipos de fact check, no han conseguido convencer a 75 millones de personas que le votaron. No han conseguido tampoco a millones de sus votantes que el presidente Biden no robó las elecciones presidenciales.

¿Independencia? ¿Calidad?... Creo que vamos en la dirección contraria. Muchos medios se han tenido que radicalizar para mantener sus ingresos, alimentando los odios, las mentiras y cualquier otro tipo de mecanismo que actúe como refuerzo y que se traduzca en un "fidelización" de sus seguidores, a los que debe mantener a todo trance y radicalizar para asegurarse que las fuerzas psíquicas y sociales funcionan en ese sentido. Por poner un ejemplo, toda ciudad con dos equipos de fútbol acabará generando dos periódicos y mostrará las bondades del propio y las debilidades del ajeno. Tradúzcanlo a lo político.



Los informes de las instituciones internacionales nos hablan de retrocesos en la libertad de expresión y la situación precaria de los propios profesionales. Aquí hemos comentando el hundimiento de la prensa independiente, la sumisión al poder y el fanatismo propagandístico de algún país árabe.

Creo que cualquier análisis del futuro de cualquier dimensión informativa pasa por muchos factores sociales. Uno de ellos, básico, es la educación. El futuro lector no es solo cuestión de los medios sino del tipo de entorno sociocultural que se genere. La Prensa —con papel o sin papel— será los que sus lectores exijan y si esas exigencias son triviales, consumistas, radicales, etc. dependerá de los factores que les modelan. La propia prensa es un elemento modalizante, pero cada vez menos influyente ante fuerzas de diverso orden, como hemos comentado.

Como hemos dicho, el mundo es pequeño, instantáneo y global. La información forma parte de esa suma en cada unos de los tres factores: todo está más cerca, más rápidamente. Los medios tradicionales y los electrónicos se han visto sacudidos por la llegada de la digitalización y de la explosión de medios y micromedios. Pero todo ello no significa mucho si a la gente ha dejado de importarle la "objetividad", "alguna forma de verdad" y se siente involucrada con un destino común más allá del grupo reducido que nos rodea. Y eso está ya pasando, provocado en gran medida por los propios medios que se han desviado de su función empujados por intereses o por la propia supervivencia.

Hacen falta más artículos dedicados a esto, reflexiones necesarias, como la del profesor Enguix Oliver, para tratar de ir describiendo el suelo que pisamos, que se desplaza con nosotros. Hay que introducir perspectivas y no ignorar el debate necesario. El riesgo es grande. Tenemos demasiados ejemplos delante como para ignorarlos.

La gran opción es la "ilustrada": ¿el periodismo debe aporta información para el debate público, para los grandes problemas, modelando y mejorando la opinión pública o, por el contrario, debe seguir los gustos y deseos, cada vez más a la baja, de unos públicos sometidos a los impactos y tirones constantes de fuerzas que tratan de modelarlo de otro modo? Creo que es ahí donde radica el debate, aunque probablemente no la solución.

 


* Salvador Enguix Oliver "Calidad y segmentación, las claves para la prensa del futuro" La Vanguardia 8/02/2021 https://www.lavanguardia.com/vida/20210208/6203680/140-aniversario-prensa-futuro-calidad-segmentacion.html

sábado, 20 de febrero de 2021

Uber y las condiciones laborales

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



Nos encontramos en un momento económico complicado, no solo por la crisis de la pandemia, sino porque nos ha mostrado las limitaciones del modelo que se ha ido desarrollando en las últimas décadas.

Lo que algunos llamaron "nueva economía" no era en el fondo más que una vuelta a una forma salvaje basada en desmontar el llamado "estado del bienestar" partiendo de los principio neoliberales de la era Reagan/Thatcher. Los principios eran muy simples: máximos poderes para alcanzar beneficios, mínimas responsabilidades laborales. Las guerras de M. Thatcher con los sindicatos británicos dieron paso a una concepción en la que los derechos de los trabajadores se veían cada vez más como cargas limitadoras del beneficio, considerando cualquier acuerdo social como un freno a la economía.

Mucho de esta visión es actual, con un elemento que la agrava: la creciente reducción del trabajo humano, sustituido por procesos de automatización. Esto representa, además, que los empleos están cada vez sometidos a situaciones mayores de precariedad y de pago a la baja. Este es un efecto directo del aumento de enormes bolsas de paro, que hace que los salarios se acepten en este proceso de precarización y descenso de los sueldos.

Los efectos sociales son devastadores, tanto en lo económico como en la moral social. Esto acrecienta un proceso de odio y frustración que explica en gran medida la violencia y el resentimiento que se percibe hacia el "sistema", especialmente creando un enfrentamiento intergeneracional en donde unos perciben a los otros como obstáculos. Otro efecto pernicioso es el crecimiento de la desigualdad social como consecuencia de no poner límites a los beneficios ni a las pérdidas. Conforme el sistema se debilita, las empresas tienen más poder ante los políticos y el chantaje sobre la posibilidad de cerrar negocios y despidos masivos que agraven la situación ha convertido a las agrupaciones empresariales en más poderosas y a los sindicatos en esporádicos denunciantes de la situación del sistema porque son los que tienen empleo y no quieren tirar demasiado de la cuerda forzando las situaciones.



La economía actual se ha ido compensando con las "nuevas formulas" que se centrar todas en lo mismo, la atomización del trabajo, la externalización, la precariedad, los contratos temporales de mínimos y la exigencia de menos compromisos sociales. El beneficio es el objetivo. La retórica lo sigue presentando como el "creador de empleo", pero es la calidad de ese empleo lo que hay que poner sobre la mesa. La desaparición de los vínculos laborales, de las responsabilidades sociales, es una seña de marca moderna.

Las empresas que se nos han presentado como "modélicas", surgidas al hilo de la digitalización y la globalización, son constantemente denunciadas por sus abusos frente a los trabajadores. De Amazon a Uber, son acusadas por las situaciones que crean. Obtienen grandes beneficios y, sin embargo, crean situaciones que son denunciadas constantemente por el desprecio a "sus" trabajadores. Y es aquí donde está el quid de la cuestión, en la relación entre la empresa y los trabajadores, que es donde es posible construir ese espíritu común que hace que nos veamos en el mismo barco y no el modelo actual en el que un yate de lujo va delante mientras que los marineros van detrás nadando, algo más cercano a la situación actual de muchas empresas de este tipo.



La Vanguardia nos trae el caso de la sentencia contra Uber en Reino Unido que tiene importantes consecuencias para este modelo de relaciones laborales o, si se prefiere, de falta de relaciones laborales. 

 

El Tribunal Supremo de Inglaterra y Gales, tras una larga batalla legal, ha dictaminado que los conductores de Uber son “trabajadores” y no “autónomos”, y por tanto deben disfrutar de una serie de ventajas laborales como el salario mínimo y vacaciones pagadas. La sentencia constituye un golpe para la empresa de San Francisco y puede tener importantes repercusiones para todo un sector servicios cada vez más revolucionado por los avances tecnológicos.

Así como Uber pretende tener las mínimas obligaciones posibles con sus conductores, los jueces han determinado que la compañía controla la mayor parte de su trabajo, les proporciona clientes e impone las tarifas que han de cobrar, “una posición de subordinación y dependencia en la que tienen poco o nulo margen de mejorar su situación económica a través de la explotación de sus capacidades profesionales”. La sentencia destruye el argumento de la empresa de que simplemente “colabora con socios independientes autónomos”.*

 


Es el paradigma de este modelo de economía. La tecnología permite "gestionar" el trabajo de los demás, los conductores, que son vistos como meras piezas infinitamente sustituibles debido a la falta de empleo de otro orden.

El artículo se cierra diciéndonos que el sector servicios, en Reino Unido, supone ya el 80% de la economía. Eso implica que hay una parte importante de ingenio dedicada a pensar cómo tener una menor dependencia de los trabajadores, que están cada vez más angustiados por la falta de empleo en otros sectores. La abundancia de personas desempleadas, como hemos señalado antes, supone una menor exigencia para poder ser ¿contratado? por este tipo de empresas.

Recordarán los lectores españoles los conflictos que se establecieron con la llegada de Uber a España con el sector del Taxi, muy regulado en la concesión de las licencias, tarifas, etc. Las jóvenes generaciones, con pocos fondos disponibles, recurrían a ellos como alternativa barata al viaje, al desplazamiento entre ciudades, a las recogidas nocturnas... Sabían que el Uber estaría allí, pero no querían saber las consecuencias generales. El que tuviera un coche y aceptara las condiciones impuestas, accedía a la información de recogida. Algunos subcontrataban los coches para que estos estuvieran las 24 horas del día en marcha, algo que también ocurría con el taxi, aunque por motivos diferentes.



Los Uber, los repartidores de comida en diferentes plataformas, etc. todo este modelo es una condena a la explotación en un mundo que cada vez se preocupa menos por los demás y solo del beneficio propio. Becarios, contratos temporales, en prácticas, etc. son fórmulas que se han ido extendiendo como una salvación, cuando en realidad son una condena por nuestra falta de determinación económica. A nadie le importan los demás o han conseguido una forma esquizofrénica de procesar la realidad. Los estados renuncian a crear o a exigir empleo de calidad, algo que queda en pura retórica, y los sectores económicos son cada vez más anónimos y se limitan a recoger sus beneficios.

Aquí tratamos hace años el caso del empresario suizo que se negó a llevarse de su pueblo la fábrica de navajas, a deslocalizarla, dejándolos sin empleo. Desatendió los consejos de fabricar allí donde fuera más barato y mostró su compromiso con el pueblo donde había vivido su familia varias generaciones, que había crecido alrededor de la fábrica y se decidió a cambiar lo que estaba en su mano. Fue elegido "empresario del año". Su concepto de empresa era un compromiso con sus trabajadores y la comunidad. Un buen ejemplo, pero muy escaso, donde es más frecuente hacer lo contrario, cerrar la fábrica y llevársela a otro lado, explotando a personas a las que ni conoce.



Saltan a nuestros medios casos de conocidas empresas de diverso tipo que resultan acusadas de explotación, de trabajo infantil incluso. No asustamos cuando vemos que ese objeto que tenemos entre las manos, de ropa a cualquier aparato, ha surgido en entornos de pobreza y explotación, muchas veces en condiciones auténticamente infames. Nos llegan noticias de incendios, de hundimientos de edificios, etc. que nos deberían hacer cuestionar el modelo, pero no lo hacemos es mejor disfrutar de lo que fabrican.

La Vanguardia nos dice ante la sentencia británica:

 

La reacción inicial de Uber, que no para de tener problemas legales en el Reino Unido, es que el dictamen afecta tan sólo a los dieciséis conductores que presentaron la demanda en el 2016 y, según sus abogados, tienen derecho a una compensación en torno a los 15.000 euros cada uno. Pero es una posición difícil de mantener, ya que el propio Tribunal Supremo ha advertido que “cualquier intento de suscribir contratos artificiales diseñados para eludir las obligaciones laborales de la compañía será considerado ilegal y completamente nulo”.*

 

Muestra de forma clara la poca voluntad de cambiar la situación. El aumento del desempleo empuja hacia este tipo de actividades en donde se les consideras como meras piezas de las que se puede prescindir.



En otra parte de la prensa de hoy, se nos dice que la situación de la crisis por la pandemia está empujando a mujeres que trabajaban en la hostelería hacia la práctica de la prostitución o cómo vuelven personas que lo habían abandonado. En otros lugares de la situación de otros sectores, igualmente explotados; la cuestión del abuso en el teletrabajo ha estado igualmente sobre la mesa.

Son estragos sociales de un sistema débil, con poca atención al futuro, fiado a este tipo de soluciones de "búscate la vida" frente a "pensemos juntos en un futuro mejor", que sería más deseable y beneficioso para todo el conjunto. El empobrecimiento del conjunto es solo un factor. Están, como hemos señalado, los efectos destructivos sobre la forma de ver la sociedad, es decir, vernos unos a otros.

El futuro es en un mundo apretado y desigual... si así lo queremos. Podemos elegir entre prender mechas o hacer que las aguas vayan fluyendo mejor de lo que lo hacen, más tranquilas, menos turbulentas. El egoísmo, desgraciadamente, se ha pasado al lado de las nuevas virtudes.

 


* Rafael Ramos "Los conductores británicos de Uber son “trabajadores” y no “autónomos”" La Vanguardia 20/02/2021 https://www.lavanguardia.com/economia/20210220/6256664/conductores-britanicos-uber-son-trabajadores-autonomos.html

viernes, 19 de febrero de 2021

Nosotros y nuestros socios o la trata digital

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



En La Vanguardia, Francesc Brasero hace suya una preocupación general que se ha intensificado con la situación provocada por la pandemia: el control de los usuarios de las redes mediante esa fórmula omnipresente del "nosotros y nuestros socios". La aceptación forzada para poder acceder a la información ha explotado con la situación de la pandemia en donde muchos sitios web han visto reducidos sus ingresos a la vez que les llegaba una oferta tentadora: la compra de los datos de sus usuarios.

Creo que fue en el año 1997 cuando me cupo el honor de moderar lo que se llamó entonces "El Gran Debate de las audiencias", que se organizó por parte de una empresa desaparecida ya, Teknoland, dedicada al incipiente negocio de Internet. Acababan de aparecer los primeros diarios españoles en la red y estos no acaban de entender bien la jerga de las nuevas compañías tecnológicas del campo de la información, especialmente en algo que chocaba con su modelo de negocio tradicional, la venta de un objeto material —el periódico— con unas determinadas y específicas reglas publicitarias, el segundo tipo de ingreso junto a la propia venta del ejemplar. Un diario valía lo que era su precio en el quiosco más lo que se ingresara por la venta de su espacio publicitario. Los responsables de los diarios tenían que hablar con personas que les prometían millones de accesos, "hits", etc. una jerga que no acaban de entender.



Rescato, a efectos arqueológicos, la información que salió entonces de aquel encuentro pionero para discutir sobre algo que hoy nos afecta a todos. Lo encuentro en la hemeroteca digital de una revista de la época, ComputerWorld, firmado por Imma Rico:

 

Un tema tan polémico como la medición de audiencias en internet ha reunido a investigadores y profesionales de los medios de comunicación en dos foros de análisis y debate celebrados los días 13 y 14 de noviembre en Madrid. El objeto de ambas iniciativas era encontrar fórmulas efectivas de control y medición de internautas así como analizar la importancia de este tipo de información de cara a la obtención de inversiones publicitarias en medios digitales.

La primera de ellas, organizada por la AIMC (Asociación para la Investigación de Medios de Comunicación. www.arroba.es/aimc) contó con la presencia de Frank Harrison, director Internacional de Sistemas de Zenith Media Worldwide y Jaques Brown, director Internacional de Mediametrie.

En la segunda, "El Gran Debate: La medición de Audiencias en Internet", promovida por Teknoland (www.teknoland.es), participaron Manuel Sala, director Técnico de OJD (Oficina de Justificación de la Difusión. www.ojd.es) y responsables de algunos medios digitales: El País (www.elpais.es), ABC (www.abc.es), El Mundo (www.el-mundo.es) y Grupo Recoletos (www.recoletos.es). 

Sistemas de control 

Desde la aparición de Internet y demostrada su influencia en los internautas, instituciones y medios han tratado de encontrar sistemas coherentes y fiables de medición capaces de proporcionar datos cualitativos y cuantitativos sobre ciberaudiencias.

En este sentido, destaca el análisis de ficheros log (log file), que se basa en el estudio de ficheros log del servidor mediante filtros que registran las visitas. Este sistema es el utilizado por la OJD y, según explicaba su director Técnico de Medios Electrónicos, Manuel Sala, "con él se puede acceder a información detallada sobre páginas visitadas, accesos a secciones y situación geográfica gracias al conocimiento de direcciones IP y sus correspondientes dominios".

Manipular estos ficheros log es sencillo, por lo que OJD dispone de un sistema paralelo de control que compara los análisis de los ficheros entregados por los medios con los obtenidos independientemente por la institución investigadora. 

Dificultades en la medición de audiencias 

A pesar de la existencia de numerosos métodos, la medición de ciberaudiencias sigue presentando dificultades, ya que, como explicaba José Luis Alegre, del Departamento de Nuevas Tecnologías de El País, "no es posible determinar cuántos son usuarios individuales o grupos, ni cuánta gente hay detrás de los proveedores y de los proxis, por lo que manejamos cifras orientativas".

Además, sólo se consiguen datos cuantitativos y no cualitativos, que son los más demandados por agencias. Para ello, el director técnico de OJD propuso que sean los medios quienes consigan información a través de concursos, juegos, etc. cuyo servicio requiere datos personales verificables. 

Inma Rico (irico@idg.es)*

 


En el debate que me tocó moderar ya se planteó un tema conflictivo, el de las "cookies", concepto entonces en mantillas y que hoy tenemos que aceptar, si deseamos poder acceder a la información. La información lleva fecha del 1 de diciembre de 1997, salida del número mensual.

Si nos fijamos, el tema que estaba entonces sobre la mesa es el análisis de los ficheros log, que son los que recogen los movimientos de los usuarios "en" los servidores que alojan las páginas. Lo que se analiza es el comportamiento desde la información que queda en el servidor, es su propia información. Pero ya se planteaba entonces ir más allá. En el debate salieron ya las "cookies". Se veía un "futuro prometedor". ¡Y vaya si lo ha sido!

Con esa información, la cuestión estaba orientada a las relaciones entre el medio y la publicidad, usando la información del comportamiento de las audiencias para "negociar" las tarifas publicitarias. De eso se trataba.

Pero eso es el pasado o, al menos, una parte de lo que está ocurriendo hoy, donde hay un planteamiento totalmente diferente, al surgir unos elementos que negocian con los datos brutos, por un lado, y con capacidad de personalización por otro.

Tanto el aumento de la potencia de cómputo, por un lado, como la creación de algoritmos capaces de personalizar la información navegando en el big data, permiten crear perfiles automatizados de los usuarios, a los que se "estudia" y se dirige una comunicación "a medida".

Lo que está hoy sobre la mesa es muy diferente a lo que había entonces. Si antes eran los medios los que ponían los resultados sobre la mesa para negociar tarifas, ahora es a los usuarios a los que se pone sobre la mesa, a sus "perfiles", es decir a una descripción precisa de sus movimientos o huellas digitales, que permiten reconstruir su vida y milagros con todo lujo de detalles mediante en entrecruzado de informaciones múltiples, que surgen al identificar su dirección IP y, desde ahí, todos sus movimientos. Y nuestros movimientos somos nosotros mismos. Lo que somos es lo que hacemos desde una perspectiva conductual. Da igual lo que pensemos porque eso se manifiesta en la acción. En la medida en que tenemos una vida ya plenamente digital, tanto privada como social, todo lo que hacemos deja "huella", un rastro de datos que va del pago con la tarjeta en nuestro supermercado a la reserva de las entradas del cine, la navegación diaria por Internet y las páginas que podamos leer.

La explosión desde hace unos meses de las páginas de acceso que deben ser aceptadas no es más que la muestra de cómo trabaja hoy el big data y del valor de nuestro datos, una mercancía informacional que tiene enorme valor porque es inagotable y se puede extraer de ella futuros comportamientos, predicciones sociales e individuales si así se quiere. Permite personalizar los mensajes que recibimos o establecer deducciones algorítmicas sobre nuestro futuro comportamiento.



No es casual que esto haya saltado de forma escandalosa con el affaire de "Cambridge Analytica", el uso fraudulento de datos tomados a través de Google a usuarios de Facebook que acabaron en la Rusia de Putin.

Nuestro comportamiento tiene una especial importancia para el mundo político y, especialmente, para esa parte oscura de los partidos que les suministra información sobre el estado social más allá de las estadísticas, que permite equiparar las acciones comerciales a las políticas en cuanto a sus métodos y objetivos: anticiparse y desarrollar técnicas de seducción política, una retórica eficaz en las campañas y un estilo que venza resistencias.

Leemos en el artículo del diario:

 

La red social, que basa la gratuidad de su producto en la obtención de datos para la publicidad segmentados, ve peligrar una parte de su negocio. Si no puede obtener datos de alguien, deja de ser rentable. Todo ello deja más clara la sentencia de lo que aprendimos ya hace tiempo: cuando algo es gratis, el producto es el usuario.

Como en otros ámbitos, el de la privacidad puede abrir nuevas brechas entre los seres humanos si no lo está haciendo ya. El lugar en el que viva una persona va a ser cada vez más decisivo, pero la situación socioeconómica también. No todos los usuarios tendrán el conocimiento y el acceso a herramientas para controlar los datos que ceden. La necesidad de recurrir a servicios gratuitos para quien no pueda pagarlos abre la posibilidad de que la persona, a través de sus datos, sea su propia mercancía. El futuro no tiene por qué ser oscuro, pero la batalla por la luz no será sencilla.**

 


Sabemos desde hace mucho tiempo que muchas páginas web solo existen como forma de captación de datos. El contenido es el cebo, la atracción para acoger a un tipo de usuarios que pueden ser rastreados en sus movimientos y, por ello, definidos de forma concreta haciendo posible llegar a él, vencer sus resistencias y establecer muchas otras formas de observación y seguimiento.

Que la gran explosión se produzca en una situación de crisis sanitaria y económica como la actual no es una casualidad. Las compañías de datos llaman a las puertas de grandes y pequeños ofreciéndoles la compra de los datos de sus usuarios. Son puertas para entrar en nuestros ordenadores, es decir, en nuestras vidas, puesto que una parte muy importante se realiza ya a través de ordenadores, tabletas y teléfonos. Esta vida digital se ha intensificado por la pandemia, haciendo que pasemos mucho tiempo de navegación. Se ha disparado el teletrabajo, la telemedicina, la educación online, las reservas y pedidos, etc. De todo ello queda registro. Igualmente, las empresas en crisis ven en la venta de datos una ayuda para su supervivencia o beneficio.

Limpio mi ordenador cada tres o cuatro días. Cada vez que uso mi limpiador, este me avisa que va a borrar del orden de 3.000 "trackers". Son rastreadores que se alojan en nuestros ordenadores y teléfonos monitorizando nuestras actividades. Hay fórmulas realmente hipócritas, como la que nos dice que "es mejor mandarte anuncios que te interesan que otros que no te interesan lo más mínimo". Todas ellas comienzan con esa fórmula de "nosotros y nuestros socios", lo que le da un cierto toque entre misterioso y mafioso.



La política europea de privacidad obliga a advertir, pero no solo navegamos por Europa. Las páginas norteamericanas tienen otros, incluso algunas nos impiden la navegación por no "ajustarnos" a lo que hacen.

En los años 90 comenzaron a salir voces e instituciones que denunciaban y emprendían acciones legales para defender la red y a sus usuarios. Todavía era un mundo romántico, igualitario, universalista y basado en la gratuidad que se defendía del acoso creciente del mercado y de la voracidad de las empresas. Hoy no queda nada, apenas algún testimonio ocasional.

El incremento de la monitorización empieza a ser muy preocupante porque desconocemos los usos que, gracias a la potencia de cálculo, al uso del big data y al empleo de algoritmos e inteligencia artificial, puede darse a nuestros datos. Las normas de protección son molestas y están diseñadas para que sea un número reducido de usuarios el que solicite que se borren sus huellas. Se cuenta con la inercia, la comodidad y las costumbres, que tienden a hacer como si no existieran.

Sí, en efecto, la mercancía somos nosotros. La cuestión es a quién nos venden y qué hacen con nosotros. Todo se disuelve en fórmulas comunes que tratan de hacernos creer que esto es "normal", un trámite más en la navegación, algo en lo que no debemos entretenernos. Dicen preocuparse por nuestra privacidad. ¡Enternecedor!

La paradoja es que los mismos medios que denuncian esto lo practican, que leer un artículo sobre los peligros de ser monitorizado está sometido también a un peligroso rastreo. Usted, lector de este artículo, como yo mismo, hemos tenido que aceptar... o quedarnos fuera.

Lo único que nos queda es el molesto borrado de nuestros queridos visitantes, huéspedes de nuestras memorias, preocupados por nuestra privacidad. ¡Qué se le va a hacer!

 

 

* Imma Rico "Medición de ciberaudiencias a debate" Computer World 1/12/1997 https://www.computerworld.es/economia-digital/medicion-de-ciberaudiencias-a-debate

** Francesc Bracero "La privacidad marcará una guerra tecnológica" La Vanguardia 12/02/2021 https://www.lavanguardia.com/vida/20210212/6203674/privacidad-marcara-guerra-tecnologica.html