sábado, 25 de mayo de 2019

La máquina del humo sin fuego o más fake news

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Debemos ir acostumbrándonos a las nuevas forma de "representación negativa", incluyendo en este concepto amplio un recorrido que va de la noticia falsa al retoque fotográfico, la cita tergiversada, las redacciones confusas y otros elementos destinado a dañar la imagen del otro a través de redes sociales y medios de comunicación.
En el pasado ya vimos, por ejemplo, retoques para aumentar la "negritud" de Obama (alteración gráfica) o la extensión de rumores sobre su origen (alteración histórica) no norteamericano, que el propio Trump se dedicó a lanzar en sus mítines para desprestigiarle. Trump también, por ejemplo, se hizo eco de rumores sobre el padre del senador Ted Cruz, uno de sus rivales en la carrera por la nominación republicana. Los rumores en cuestión lo relacionaban con la preparación del asesinato de John F. Kennedy. Todo falsedades, pero se desarrolla el poderoso arte de la insinuación, de la elipsis intencionada, etc. para hacer equilibrios legales. Se dice lo que se dice que otros han dicho, nada personal.
En este tiempo llevamos acumulada una extensa casuística de difamaciones de personas, de rivales en cualquier proceso electoral. Las representaciones negativas pueden afectar a personas (Obama, Ted Cruz...) o a grupos, como ocurre con "los hispanos", los "musulmanes", etc. como una categoría global. Recordemos también aquí la expresión de Trump sobre "los bad hombres", para referirse a todo lo que llegue de más abajo de Río Grande. No es solo Trump o los USA. La ultraderecha de Salvini, el Frente de Le Pen, o Vox aquí, etc. se han dedicado a crear representaciones negativas de grupos de refugiados o de inmigrantes, manipulando las cifras o los hechos.
Toda esta amplia gama de ataques, mentiras y distorsiones de la realidad son posibles gracias a un ecosistema informativo de enorme complejidad y difícil de controlar por su propia dinámica y velocidad, que lo convierten en prácticamente instantáneo.


También están las cuestiones legales y las que afectan a la libertad de información y de crítica. Todos esos conceptos provienen de un universo vertical de la información, con unos agentes selectos y claramente definidos, de un mundo de baja velocidad. En comparación con la situación actual, el alcance era mucho menor y había mecanismos más claro para detener este tipo de manifestaciones. Hoy es mucho más difícil. No es solo la velocidad a que se difunde la información, sino la capacidad de camuflar el origen y la creación de medios horizontales frente a la situación anterior. Los que son difamados pueden encontrarse con una constelación de puntos de los que parece provenir su información, pero puede que ninguno de ello sea el origen, sino simples reproducciones, muchas veces creadas para ocultarlo.
La prensa norteamericana nos traes otro nuevo ejemplo de modalidad de "representación negativa", el de la portavoz de los demócratas en el senado, Nancy Pelosi. En un momento en el que Donald Trump está presionado, las campañas contra aquellos que encabezan la presión de forma institucional se enfrentan a formas de destrucción de su imagen.
En The Washington Post podemos leer:

When an edited video of House Speaker Nancy Pelosi (D-Calif.) began spreading across the Web this week, researchers quickly identified it as a distortion, with sound and playback speed that had been manipulated to make her speech appear stilted and slurred.
But in the hours after the social-media giants were alerted, Facebook, Twitter and YouTube offered widely conflicting responses that potentially allowed the viral misinformation to continue its spread. 
YouTube offered a definitive response Thursday afternoon, saying the company had removed the videos because they violated “clear policies that outline what content is not acceptable to post.”
Twitter declined to comment. But sharing the video would likely not conflict with the company’s policies, which permit “inaccurate statements about an elected official” as long as they don’t include efforts of election manipulation or voter suppression. Several tweets sharing the video, often alongside insults that Pelosi was “drunk as [a] skunk,” remained online Friday.*



La cuestión que se plantea es complicada. Se sabe que es un vídeo manipulado, ¿es parte del juego? ¿Es un nuevo estándar político para los nuevos tiempos? El hecho de haber puesto en múltiples manos, sin límites, una herramienta tan poderosa como es la comunicación, conlleva una serie de responsabilidades que hoy en día ni se plantean en la inmensa mayoría de los casos. Difícilmente los que idealizaban un futuro abierto de comunicaciones todavía en los años 70 y 80 podían imaginar en lo que se ha convertido. Este estado era impensable dentro del planteamiento de aquellos que buscaban un mejor reparto del conocimiento, una mayor solidaridad, etc. Las redes representaban una nueva "ilustración".
La circulación del clip alterado de Nancy Pelosi es un episodio más al que los nuevos medios sociales no saben cómo enfrentarse. La promesa hecha de eliminar los materiales improcedentes choca con las trabas técnicas y los complejos límites de la libertad de expresión.
¿Cómo parar lo que está ya circulando o puede haber hecho ya el daño? ¿Cómo frenar a los grupos que lo producen, muchas veces con gobiernos que les ampara detrás?
Dave Lee, de la BBC, se plantea la cuestión de los límites en términos de futuro:

Facebook has said it won’t remove a doctored video that makes Democratic leader Nancy Pelosi appear incoherent. One upload of the clip has been viewed more than 2.5m times - and remains visible.
"There’s a tension here,” Facebook said, between allowing free speech, and preventing the spread of fake news.
“We work hard to find the right balance between encouraging free expression and promoting a safe and authentic community, and we believe that reducing the distribution of inauthentic content strikes that balance.
"But just because something is allowed to be on Facebook doesn’t mean it should get distribution. In other words, we allow people to post it as a form of expression, but we’re not going to show it at the top of News Feed.”
Like so many of Facebook’s “evolving” policies, I predict Facebook will eventually change this stance and delete this clip, and others like it. YouTube, incidentally, has already taken that step.
But, it doesn’t matter. It’s too late. A pattern we have seen time and time again is now in full motion - and shows little has been learned, or at least improved, when it comes to the manipulation of online platforms.**



La predicción de Dave Lee es demasiado optimista. No se trata de que se retire o no un vídeo; se trata de dirigir la opinión pública. Son destellos efímeros de información. No hay pretensión de que sean duraderos. Son disparos. Tienen un objetivo y una trayectoria. En uno más en la ráfaga. Cuando se retira uno, aparecen nuevos. Quedan como recuerdo, como alusión, como guiño. Ya solo habrá que mencionar a Pelosi y beber a su salud para que todo el mundo entienda. La risa del auditorio como respuesta. Así lo hizo una y otra vez Trump en sus mítines de la campaña electoral. Las dejaba caer. Hoy está en la Casa Blanca y se dedica al comentario con sus tuits y con sus declaraciones en esos mítines de fin de semana con los que disfrutan sus seguidores.
Dave Lee explica en la BBC:

Misrepresented occurrences such as this are used to energise lies that have bubbled around in the far reaches of the internet for a while, waiting for their moment.
It relies on the powerful human instinct of believing there cannot be smoke without fire. If so many people are talking about it, there must be something to the rumours. Social media is a smoke machine, no fire necessary.
Even with the videos' spread retrospectively limited by Facebook and YouTube, amplification can come from influential figures - who do so with a careful calculation that offers plausible deniability.
“What is wrong with Nancy Pelosi?” remarked Rudy Giuliani, the president’s personal lawyer, when sharing a (now deleted) tweet containing a doctored video.**

Creo que en estos párrafos de Lee está reflejada una gran parte del problema. El ciberespacio, en efecto, se ha convertido en una maquinaria de lanzar humo sin necesidad de fuego, por seguir su metáfora. No hay humo sin fuego, dice la sabiduría popular. Dales el humo y ellos pondrán el fuego.


El comentario de Giuliani, el que fuera alcalde de Nueva York y ahora abogado de Trump es claro. No se trata de demostrar nada; se trata de difamar, de insinuar, de arruinar la reputación de las personas. Se trata de situar en las mentes colectivas imágenes poderosas que queden marcadas y de entretejerlas con otras futuras o pasadas para que queden como un sedimento mental.
No vamos hacia la luz sino hacia aguas turbias, permanentemente removidas por las preparadas manos de los que han hecho de las "representaciones negativas" sus objetivos. No es algo nuevo, por supuesto, pero nunca se tuvo armas tan poderosas para hacerlo.


* "Facebook acknowledges Pelosi video is faked but declines to delete it" The Washington Post 24/05/2019 https://www.washingtonpost.com/technology/2019/05/24/facebook-acknowledges-pelosi-video-is-faked-declines-delete-it/?utm_term=.39dc558eadec
** "Nancy Pelosi clip shows misinformation still has a home on Facebook" BBC 25/05/2019 https://www.bbc.com/news/technology-48405661

viernes, 24 de mayo de 2019

No llores por mí, Theresa

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Se puede llorar por muchas cosas, buenas y malas, coherentes y absurdas. Las lágrimas de Theresa May no son fáciles de catalogar. El presentador de la BBC, a la puerta de la residencia, pide explicaciones a su invitado sobre las lágrimas en una persona, dice, que no es habitualmente clasificada como "emotional". Lo que les ha sorprendido no es la dimisión —que algunos periodistas con poco tacto le preguntaban cuándo iba a ser, dándola por hecha—; les han sorprendido las lágrimas.
No es para menos. Basta con realizar un rápido recorrido por lo que ha aguantado Theresa May en el parlamente desde hace meses sin perder la compostura, para comprender la sorpresa por las lágrimas y que la "emoción" esté presente en el foco de los comentaristas. No se lo esperaban.


"Tearful Theresa May resigns" escribe la BBC y añade en el sumario "She broke down in tears as she said serving as prime minister was "the honour of my life"". Lágrimas amargas, de emoción, lágrimas de rabia, de frustración de una mujer a la que han llamado "obcecada", de manera educada, y de otras muchas formas mucho menos educadas. Theresa May ha sido la Rafa Nadal de la política británica, lo ha devuelto todo hasta el último suspiro, ha superado pelotas de set y partido, una tras otra, hasta que ella misma se tuvo que convencer (o alguien le ha echado algo en el té de las 5). "Tres veces lo he intentado", ha dicho en su discurso ante la residencia "Tristemente, no lo he logrado".
He usado la metáfora del tenis para darle un tono épico a su derrota, pero otros se acercan más la descarnada realidad. Rafa de Miguel escribe el perfil de May en los siguientes términos:

Tres años después, ante el pelotón de fusilamiento de sus propios compañeros conservadores, Theresa May había de recordar el momento en que abrazó con ingenuidad redentora la promesa del Brexit. Cegada por la lealtad a un partido al que dedicó su vida, no entendió que su elección por descarte, cuando ninguno de sus rivales tuvo las agallas de hacerse con las riendas de una formación en proceso de descomposición por la eterna cuestión de Europa, era el primer paso hacia un fracaso inevitable. Y un empeño imposible.*


Y ante el pelotón, May pidió que no le vendaran los ojos, no sabemos muy bien si como un desafío a sus compañeros o porque la ceguera había consumido su posibilidades de ver la realidad que ha tenido delante durante un tiempo en el que el concepto de "oposición" parlamentaria dejó de tener sentido por el borrado de las líneas de separación entre unos y otros.
En alguna ocasión hemos mencionada cómo los presentadores de estudio preguntaban entre risas a los periodistas a las puertas del parlamento de la residencia de Downing Street y estos les respondían con comentarios jocosos. Era la constatación que ya no se podía hablar en serio sobre el Brexit o, si se prefiere, que el Brexit ya no era reducible a la lógica de la política porque se había llegado a un nivel de caos imposible de explicar. No había palabras; el chascarrillo sobre las idas y venidas parlamentarias era la única salida para preguntas y respuestas. Poco se podía explicar lo que no se podía entender. Y es que el Reino Unido es como la persona que pierde la memoria al salir de casa y no sabe bien dónde va, solo que está fuera e iba a algún sitio.


May ha hecho una síntesis de su trabajo, de sus logros sociales y políticos;  ha sido la segunda mujer en ocupar el cargo de Primera Ministra y, ha dicho, espera no ser la última. Ha defendido su gestión al margen del Brexit, sus éxitos. Pero no será recordada por ellos sino por el fracaso del Brexit, un agujero negro que a todos atrapa.
La mención final del amor a su país es lo que ha hecho quebrar su voz y brotar las lágrimas. Anuncio de dimisión, apunte histórico de su condición de mujer en el cargo. Todo lo demás, su continuo bregar, las puñaladas recibidas, las idas y venidas al parlamento, a Bruselas, a donde hiciera falta..., todo eso queda para historiadores, para algunas serie televisiva, para la especulación, para la biografía en un par de años.
Su aguante frente a todos en el parlamento quedará como un ejemplo, al menos, de fe en sí misma y de no querer perder frente ante quienes la atacaban. Muchas veces por la espalda, su propio partido. El Brexit deshacía las formas y las maneras. Quizá tenía más comprensión en Europa que dentro; quizá fuera lástima.
La gran pregunta es ¿qué nueva línea de conflicto se abre ahora? La más previsible es la lucha por el control del partido conservador, lo que no va a ser fácil. Se haga quien se haga con el poder, el conflicto no se va a solucionar en absoluto. Es más, se puede ahondar.


Las estimaciones de lo que votaron ayer en el Reino Unido apuestan por la victoria del partido del Brexit, el del sonriente Farage, que habría unificado el voto por la salida dura en el 37% de los votos. Los partidarios de un segundo referéndum y quedarse son los liberales, que obtendrían un 19%, nos dice. Lo más llamativo es el hundimiento del partido Conservador, que quedaría en quinta posición. Los conservadores hoy son un partido zombi. En gran medida, los británicos les hacen responsables del ridículo universal al que han llevado al país. May es quien daba la cara, pero han sido las conspiraciones en la sombra quienes han acabado produciendo el caos político y una brutal división social. Los amigos del caos pueden estar satisfechos.
Las lágrimas patrióticas de May son las primeras, pero mucho me temo que no van a ser las últimas. Reino Unido se adentra en algo más que la incertidumbre, como gusta de decirse ahora. Creo que pocas veces ha habido tanta certidumbre sobre el fracaso. La lucha contra la Unión Europea de una serie de sectores políticos, que han destruido lo construido para afianzar su poder interno, se va a ver recompensado con la soledad británica en mucho tiempo y con un orgulloso declive.
Un Johnson al frente del gobierno va a ser motivo de muchas más lágrimas. La pena es que han hipotecado el futuro de los jóvenes británicos que tuvieron y tienen muy clara su vocación europea frente a las resistencias de los rancios opositores a Europa, un grupo en el que unos mintieron descaradamente engañado a los electores, otros trataron de mirar hacia otro lado esperando sacar tajada después.


Theresa May, al menos, ha dado la cara. Quizá de ahí vengan las lágrimas, de la impotencia, de la rabia, de saber que todo se ha cocinado a sus espaldas. No sabemos muy bien qué quería, pero lo hizo de frente. 
Todos nos fijamos hoy en las lágrimas, algo que las cámaras recogieron. Pero sería mejor fijarnos en su sentido, que es lo importante. La verdadera pregunta es ¿quién ha fracasado? May dice que lo intentó tres veces, pero el fracaso viene de antes, del propio referéndum británico en donde los partidarios de seguir en la Unión se dejaron sorprender por la agresividad de las propuestas y la pasividad de los aparentes partidarios. Luego lo hemos entendido mejor. El quinto puesto al que han caído los conservadores no le augura mucho futuro y sí la creación de otro populismo como el del UKIP en sintonía —esta vez sí— con los enemigos de Europa.
Los electores de países de la Unión Europea en el Reino Unido se encontraron ayer con la desagradable sorpresa de no haber podido votar en sus elecciones. Habían sido eliminados de los censos, según denuncian hoy ellos y los medios se hacen eco. Una jugada sucia. Una de tantas. Algunos compañeros han hablado de su dignidad y de sus esfuerzos. Hacen bien. 


* "Theresa May y el Brexit: la primera ministra que se aisló del mundo" El país 24/05/2019 https://elpais.com/internacional/2019/05/23/actualidad/1558608890_684941.html

jueves, 23 de mayo de 2019

A un paso de Soylent

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Algunos pasamos por la vida tratando de no molestar; otros tratan de hacerlo con su muerte. Según nos informa el diario El País hasta morir es ya una molestia medio ambiental. En las viejas películas y novelas policiacas, los asesinos tenían algún cadáver enterrado en el jardín y era una escena típica la Policía excavando en el jardín a la búsqueda de las víctimas del psicópata de turno.
Con el jocoso título "Compost humano para criar malvas", el diario nos muestra una fotografía de una señora que nos ofrece, con sus manos en forma de corazón, un puñado de no se sabe muy bien qué. La entradilla del artículo nos da un poco más d información para contextualizarlo todo: "Washington se convierte en el primer Estado que da vía libre a convertir los cadáveres en abono. La ley entrará en vigor en 2020".
Si hace unos días veíamos aquí cómo la ciudad de San Francisco era la primera en prohibir en su área el uso de programas de reconocimiento facial, ahora asistimos a otra forma "sensible" de tratar la perturbación humana del medio ambiente, forma en la que nos consideramos abiertamente. Hemos pasado de la especie dominante a la especie perturbadora no en un sentido existencial sino medio ambiental. Somos la piedra en el zapato de la creación.
El diario nos explica esta nueva conciencia económica ambiental, un equilibrio entre el ahorro exterior y el enriquecimiento interior, es decir, empresarial:

¿Existe un método más natural y respetuoso con el medioambiente que convertir los cadáveres humanos en compost, en tierra fértil y cerrar así el ciclo de la vida? El Estado de Washington, el primero en aprobar una ley que regula esa práctica, no tiene ninguna duda. Su gobernador, Jay Inslee, firmó el martes pasado la nueva norma que entrará en vigor el 1 de mayo de 2020. Las empresas autorizadas podrán acometer esta “reducción orgánica natural” que transforma un cuerpo, mezclándolo con otros productos como astillas de madera y paja, en unas dos carretillas de tierra fértil en unas semanas.
La idea de esta forma de descomponer los cadáveres como alternativa a la cremación y a los enterramientos convencionales surgió de Katrina Spade, que desarrolló el método durante su época de estudiante inspirándose en las técnicas usadas por los agricultores con sus cabañas ganaderas. En la página web de la empresa Recompose, de que Spade es fundadora y gerente, se explica cómo se introducirán los sin embalsamar en unos recipientes hexagonales reutilizables que, según una recreación, se asemeja a un gran panal. “Cuando el proceso haya terminado, las familias podrán llevarse a casa parte de la tierra producida y los jardines recordarán que la vida está interconectada”, explican. Todo ello con el máximo respeto, porque son conscientes de que para muchas personas “la muerte es un acontecimiento espiritual trascendental”.*


Debo reconocer que la jerga es atractiva. No hay negocio sin jerga, sin encontrar las metáforas adecuadas para presentar algo de toda la vida como algo nuevo y atractivo: "los sin embalsamar" es un hallazgo, como los "Walking Deads" y ya da pie a pensar en series en las que alguien logra la recuperación mediante alguna máquina diabólica. "Reducción orgánica natural" es otro hallazgo semántico. Antes lo hacía la Mafia con las bañeras de ácido, pero además del crimen estaba el crimen medioambiental, mucho más peligroso. ¿Qué hacías después con el "reducido"? El problema es similar al del qué hacemos con el aceite de nuestras freidoras cuando tenemos un "punto limpio" lejos o no tenemos ninguno.
Pronto las leyes discriminarán entre crímenes contaminantes y no contaminantes. No contaminar puede suponer una reducción de condena, mientras que haber perjudicado al medio ambiente (además de a la víctima) supondrá un agravante, por lo que se aumentará la pena. ¿Qué es eso de arrojar cadáveres a ríos y mares?
Me deja un poco perplejo la idea de que llevándose a un "sin embalsamar" y usándolo como compost para el jardín o un macetero se saque la conclusión de que "recordarán que la vida está interconectada". No sé si hace falta que nos recuerden estas cosas a golpe de compost en el jardín.


En las películas sobre Mongolia (por ejemplo, El último lobo o en Mongol), vemos que los mongoles —dado que es un pueblo nómada—, se deja el cadáver en la superficie allí donde cae sirviendo de alimento a los animales que merodean. Es el justo trato que equilibra el mundo: te has alimentado de nosotros, ahora nos alimentamos de ti.
En algunas películas sobre el Tíbet (por ejemplo, Himalaya, Éric Valli 1999) asistimos al troceado que los monjes hacen del cadáver que quedará para alimento de los buitres. Lo llaman el "entierro celestial" y es un acto de piedad hacia los otros seres vivos. El cuerpo es solo un envoltorio que debe ser aprovechado al máximo por el resto de los seres vivos. Los buitres son atraídos para que la ceremonia no se prolongue. Después se procesa el resto para que la desaparición sea total.
Desde este punto de vista de la "interconexión de la vida", no estamos descubriendo nada. Solo asistimos a la transformación industrial de lo que en otros pueblos es un viejo principio. Muchas culturas se deshacen de los cuerpos, de los "no embalsamados". No hay embalsamamiento en el mundo tibetano o mongol porque se trata de evitar la conservación y además de evitar el envenenamiento de las especies que se "interconecten" con nosotros tras la muerte.


Otro pueblos han practicado la cremación antes de que nosotros, occidentales, hayamos descubierto que ahora terreno que se puede dedicar a la construcción, por ejemplo, en vez de a cementerios, una pérdida de espacio y dinero.
En un mundo tan disperso como el actual, con miembros de una misma familia en diversos continentes, no es fácil tener panteones o tumbas familiares. No hay ya donde llevar flores u otras costumbres.
Porque la muerte es una mala costumbre que se trata de compensar con creencias y rituales que le dan cierta transcendencia y la conectan con este mundo (como lo visto de Mongolia o Tíbet) o con el otro en función de nuestra cultura. Lo que nos parece horrendo sobre cómo tratan los demás a sus difuntos, les parece a ellos desde su perspectiva.
Cuando en España se empezó a practicar la cremación, las voces en contra fueron muchas. ¿Y dónde llevo las flores?, se preguntaban algunos. ¿Qué hago con las cenizas?, preguntaban otros. Las escenas de enredos con la urna de las cenizas familiares  es casi un subgénero cinematográfico. El último ejemplo lo tenemos en la película recién estrenada "De la India a París en un armario de IKEA" (Ken Scott 2019). El protagonista, hindú, debe cargar y recuperar las cenizas de su madre. Una película divertida y recomendable, por cierto.


Solo cuando han cambiado las reglas culturales son posibles estos cambios en el tratamiento de los muertos. Nuestra cultura es la del cálculo y de la relación coste / beneficios. Somos ya contables existenciales y nuestra sabiduría se mueve en los tres o cuatro decimales del sabio frente al redondeo del inculto. Solo en estos términos culturales es posible leer sin acritud los siguientes párrafos del diario:

Convertir a los seres humanos en tierra fértil minimiza la basura, evita la polución del agua subterránea con los fluidos del embalsamamiento y los lixiviados, previene las emisiones de dióxido de carbono, el principal gas de efecto invernadero, y de partículas, además de ocupar menos espacio. Dado que cada año mueren en Estados Unidos 2,7 millones de personas, y la mayoría acaba enterrada con un ataúd o quemada, el sistema, que todavía está dando sus primeros pasos, permitiría evitar más de medio millón de toneladas métricas de CO2 en 10 años, según los cálculos de Spande, que equivale a la energía requerida por 54.000 hogares en un año.
El patrocinador de la medida, el senador demócrata Jamie Pedersen, señaló a la agencia Efe que el método “tiene sentido” sobre todo en las zonas urbanas más pobladas. Y en un estado como el suyo en el que la cremación es la forma preferida de despedirse de los fallecidos, el nuevo método reducirá 1,4 toneladas métricas de carbono por persona. Además del compost humano, se ha legalizado la hidrólisis alcalina que disuelve los tejidos corporales con una mezcla de hidróxido de potasio y agua, a altas temperaturas. Unas dos horas después, solo quedan huesos.*

Por seguir con las referencias cinematográficas, toda esta jerga reductiva al prisma de los negocios me recuerda la vieja (siempre actual) película de Richard Fleischer, "Soylent Green. Cuando el destino nos alcance" (1973), con Charlton Heston y Edward G. Robinson en uno de sus últimos papeles, un thriller futurista en el que una humanidad superpoblada es alimentada a base de las galletitas Soylent, elaboradas con los cadáveres reciclados, el secreto que Arguiñano nunca se atrevió a revelarnos.


Sí. Estamos cada día más cerca de esto (si no lo estamos ya sin saberlo, como en la película). A diferencia de lo que ocurría en ella, ya estamos preparados para aceptarlo. Los argumentos medioambientales, la reducción de las emisiones, etc. abren el camino a un amplio margen de iniciativas, como la mostrada por el diario.
Katrina Spade es hija de su tiempo. Solo se plantea problemas propios de su generación. Ve "normal" todo ello porque es su entorno cultural. La decisión de su mirada nos confirma que el futuro es suyo y que los demás somos la materia prima de su negocio. Riega por nosotros.


* "Compost humano para criar malvas" El País 22/05/2019 https://elpais.com/sociedad/2019/05/22/actualidad/1558531110_866057.html





miércoles, 22 de mayo de 2019

La guerra del 5G y sus analistas

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Los efectos del cese de los acuerdos de Google con Huawei, dejándole fuera de actualizaciones y sin sistema operativo Android es una batalla en una guerra más amplia, la de la tecnología 5G, es decir, el liderazgo futuro de las comunicaciones mundiales en el plano económico y el del control de las comunicaciones, en el plano político estratégico. Son dos dimensiones que no pueden ser confundidas en el análisis aunque se den unidas en la realidad.
La prensa norteamericana se encuentra dividida entre el temor a perder el liderazgo y recuperarlo de cualquier manera y el temor a que el coste sea el lío en que está metiendo Donald Trump a los Estados Unidos, cuyas consecuencias económicas (y políticas) pueden ser complejas.
En The New York Times, el tres veces ganador del Pulitzer, Thomas L. Friedman, plantea una idea asombrosa: Estados Unidos no se merece a Donald Trump, pero China sí:

A U.S. businessman friend of mine who works in China remarked to me recently that Donald Trump is not the American president America deserves, but he sure is the American president China deserves.
Trump’s instinct that America needs to rebalance its trade relationship with Beijing — before China gets too big to compromise — is correct. And it took a human wrecking ball like Trump to get China’s attention. But now that we have it, both countries need to recognize just how pivotal this moment is.*



La idea —las ideas extraordinarias siempre llegan de un amigo— no tiene desperdicio porque, de la misma manera que es difícil separar en este caso lo económico de lo político, es muy difícil separar un Trump de otro. Lo que haga, lo padeceremos todos. Tampoco el mundo se merece a Trump. Es un producto USA genuino.

El artículo de Friedman argumenta que China se ha beneficiado de su estatus anterior de economía protegida por estar en desarrollo, lo que le ha permitido una posición protectora internamente y agresiva hacia el exterior, económicamente hablando. La ley del embudo, como se suele llamar a estas situaciones. Es en el final del segundo párrafo donde ya se reconoce que lo que está mal puede estar peor, que es lo que realmente debe preocupar a los políticos. A nadie puede gustarle una situación determinada, pero si las acciones nos llevan a un estado peor, es mejor tocar lo menos posible.
El desequilibrio económico es un hecho reconocido hasta por la propia China, pero el camino son las negociaciones y no lo que hace Trump. Cuando se ha llegado a una situación determinada es porque te beneficiaba de alguna manera, ya que esto no ha ocurrido en un día. Tampoco se puede pretender arreglarlo en un día. Pero la mentalidad de Trump, su idea de que él es el "gran arreglador" de todos los errores de los que le han precedido no ayuda nada.
En The Washington Post, otro renombrado analista, David Ignatius, titula "Trump loves walls. But he should be careful about a digital barrier with China". Es difícil apoyar a Trump, especialmente porque es una persona imprevisible. Lo que tienen en común los analistas es esa recomendación sobre que pueda ser peor el remedio que la enfermedad.
Mientras que el artículo de Friedman está orientado hacia el pasado, el análisis de por qué China ha llegado hasta donde ha llegado convirtiéndose en un desafío/amenaza en el presente, el de Ignatius se centra en el futuro de las decisiones que se tomen ahora, es decir, en las consecuencias de lo que se haga.
Escribe David Ignatius:

It’s a measure of Trump’s erratic dealmaking style that the first question for many observers was whether the president was serious about banning Huawei, or whether he was simply applying more pressure to get his stalled trade deal. Trump backed off last year from a similar squeeze against ZTE, another big Chinese telecom company, after a personal plea from President Xi Jinping.
Trump-watchers doubt he’s bluffing this time. He recently told close advisers, “We have to win the 5G fight, period,” according to former House speaker Newt Gingrich, who attended the session. “I don’t think we have any choice,” Gingrich told me, because the alternative to checking Huawei is Chinese dominance of digital infrastructure.
“Huawei is the poster child of China Inc.,” argued Christopher Johnson, a former top CIA analyst who’s now with the Center for Strategic and International Studies. “If this campaign is successful, we’ve demonstrated that Xi’s whole narrative that China has created an alternative to the West is false.”
The danger, Johnson cautioned in an interview, is that if Trump forces European allies to choose between the United States and China, “You may not like their response.”
Working with allies, never Trump’s strong suit, will be crucial here. Right now, there’s no good alternative to Huawei’s 5G technology. Somehow, the United States needs to encourage catch-up work by South Korea’s Samsung, Finland’s Nokia and Sweden’s Ericsson. Bizarrely, the administration didn’t pre-brief allies on its Huawei plan.**



Allí donde Friedman contempla la Historia pasad, David Ignatius advierte sobre las consecuencias en el futuro. El "tenemos que ganar la lucha del 5G, y punto" de Trump plantea las incertidumbres de los resultados. Como en otras ocasiones, Trump sobreestima los efectos de las acciones que realiza y, sobre todo, del problema sumatorio. La guerra del 5G no se puede desmarcar de otras cuestiones que Trump va acumulando sobre el mapa mundial incrementado tensión y hartazgo. El vaso se sigue llenando hasta rebosar.
La perversa hiperactividad de Trump, ese continuo revolverlo todo, no es seguida por la mayoría de los países, incluidos (o especialmente) los aliados, que se ven arrastrados a situaciones de incertidumbre, cuando no de peligro inminente. Como muestra la tensión creciente por la ruptura en el caso de Irán, los socios europeos no están dispuestos a complicarse una vida ya complicada por satisfacer el ego belicista y fanfarrón de Donald Trump al frente de la Caballería.
Es lo que señala Ignatius cuando habla de las fisuras europeas. Para Europa es el momento más adecuado para sacudirse este papel humillantemente subordinado que Trump pretende asignarle. Las decisiones de Trump se padecen en Europa como efectos secundarios. Son decisiones tomadas sin consultar, porque eso iría contra la propia imagen interior de Trump, empeñado en demostrar que los USA reinan.
Las respuestas de Huawei y China se reparte en los terrenos legales (ante los tribunales norteamericanos y ante los internacionales), político económicas (respuestas a las medidas) y tecnológicas (desarrollo del propio sistema operativo como alternativa al Android).


Trump —como veíamos ayer— ha mostrado el aspecto más crudo de la guerra sucia contra una empresa. Difícilmente se puede justificar el daño hecho a una empresa desde el plano político. Todo se mezcla, no hay líneas divisorias y todos los aspectos tienen la palabra "guerra" (comercial, política, económica). Las medidas políticas tomadas definen el escenario y los daños económicos. Eso hará que los demás tengan que tomar sus propias medidas porque no se puede sostener este tipo de presión sobre todos los sectores por parte de un país que tiene en jaque a todos con las imprevisibles decisiones o con el análisis de si son en serio o bravuconadas, como el propio Ignatius plantea.
Primero se pensó que Trump se moderaría al llegar a la Casa Blanca. Se trató así de restar presión a la amenaza que suponía. Ahora se trata de saber si habla en serio o va de farol, cuando ya muchos dan por supuesto que sí es en serio.
Queda claro que la cuestión es el 5G, lo que implica dos cosas: 1) el reconocimiento de que China ha superado a USA en el terreno tecnológico —su terreno—, algo sabido desde hace tiempo; y 2) que no está dispuesto a aceptarlo, presionando a sus socios (o al mundo entero) para que no entren acuerdos con China. Veremos qué dicen los socios (o el mundo entero), amenazados todos con sanciones, cortes de información, etc. si le llevan la contraria al "jefe".
La guerra de los 5G puede tener unos efectos que acaben no gustando a Trump. Si sale de la presidencia en 2020, habrá dejado como herencia un mundo revuelto y un difícil compromiso a quien ocupe entonces la Casa Blanca. Si sigue, el panorama es tan oscuro que difícilmente se plantea por parte de los analistas. Y es que hay un futuro en el que hasta los analistas temen pisar.



* Thomas L. Friedman "China Deserves Donald Trump" 21/05/2019 https://www.nytimes.com/2019/05/21/opinion/china-trump-trade.html
** David Ignatius "Trump loves walls. But he should be careful about a digital barrier with China" The Washington Post 21/05/2019 https://www.washingtonpost.com/opinions/global-opinions/trump-loves-walls-but-he-should-be-careful-about-a-digital-barrier-with-china/2019/05/21/7280a146-7c13-11e9-a5b3-34f3edf1351e_story.html?

martes, 21 de mayo de 2019

Google, brazo armado de Trump

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La decisión tomada por Google hacia Huawei a instancias de la administración Trump ha servido para dejar en evidencia una realidad descarnada: el control norteamericano de la sociedad de la información a través de las empresas tecnológicas. Tendemos a pensar en términos de aplicaciones o programas, pero es el sistema operativo el que decide quién entra en el dispositivo.
La universalidad de la sociedad de la información es falsa. Solo es la extensión del control norteamericano sobre las comunicaciones del planeta. Y esto requiere una revisión completa del futuro más allá del caso Huawei. Al igual que Europa se ha tenido que replantear su propia defensa desarrollando un ejército en la Unión ante los chantajes a que Donald Trump le plantea, habrá que hacer otro tipo de desarrollos de las comunicaciones ante la amenaza vista con la empresa china de telefonía. El paralelismo de los casos de la OTAN y Huawei se hace evidente: Estados Unidos no está dispuesto a perder la hegemonía. Entonces, el llamado líder del mundo libre, el paladín de la competencia comercial, etc. se convierte en el monopolista que se impone por la fuerza.

The Washington Post 20/05/2019 

Recordemos que todo esto viene de la entrada en el mercado de la oferta china para las redes 5G, algo en lo que se la había ganado terreno en la competición por hacerse con el mercado europeo. El veto de Trump a los países que lo hagan demuestra la forma de entender el mercado por parte del autor del "arte de la negociación". Hace tiempo que hablamos de "matonismo" y se confirma una y otra vez. La técnica de Trump es siempre la amenaza; Trump no ha convencido nunca a nadie. No lo necesita: negocia solo cuando no tengas otro remedio; si puedes usar la fuerza e imponerte, hazlo. Ese es todo su arte.
Lo sorprendente es cómo Google se ha sumado al boicot a una compañía que, por ejemplo, es líder de ventas en España entre otros muchos países. Cuando Google ha tomado su decisión, no lo hace solo contra China o Huawei, lo ha hecho contra todos y cada uno de los usuarios de teléfonos Huawei existentes en el mundo. Google ha asumido la forma de las amenazas de Trump, por lo que se hace responsable de lo mismo.

Esto significa que la idea de un mundo global se ha perdido y que es necesario desarrollar una tecnología no dependiente y empezar a apoyarla ante las decisiones de la empresas tecnológicas con las que construimos nuestro día a día confiando en que velan por nosotros. No es cierto. Google lo acaba de demostrar. Como usuarios tecnológicos y de las comunicaciones, se nos acaba de demostrar que somos USA-dependientes. Y esto implica que padecemos y padeceremos las veleidades de sus presidentes sin tener el placer de participar en sus elecciones.
El sentido de "guerra comercial" adquiere desde hoy su pleno sentido. Hasta el momento la cuestión de los aranceles era sería pero poseía alternativas. Lo hecho por la administración Trump-Google es una auténtica bomba atómica lanzada contra Huawei y, especialmente, contra sus usuarios. Ya no son sanciones o aranceles: se trata de hundir una marca borrándola del mercado.
Trump ha hecho demostraciones de este tipo. Le gusta sentirse poderoso hundiendo monedas o economías, como hizo en el caso de Turquía cuando Erdogan —lucha de egos— se le enfrentó. Eso, además, le hace ascender puntos ante su electorado, pletórico ante estas muestras de humillación de los que creen que pueden hacerles sombra.
Trump perfila su enemigo ante la opinión pública, lanza la artillería verbal contra China desde la campaña electoral, la hace responsable de los males de la economía norteamericana, para finalmente lanzar contra ella sus ataques. Las amenazas a los que no compartan sus puntos de vista son constantes.
Mr Brexit sigue queriendo una Europa divida que no pueda hacerle frente. No es de extrañar que la extrema derecha europea reciba los asesoramientos y financiación de los Estados Unidos.


Una de las leyes no escritas de la sociedad de la Información es que quien controla los sistemas operativos controla las comunicaciones. Google controla Android, un sistema que surgió precisamente para evitar el monopolio del sistema operativo de Windows y el control absoluto de Microsoft. Google creció y se hizo con Android. Ahora la historia se vuelve a repetir, con el agravante de que la empresa controla una serie de servicios esenciales, como es el correo a través de Gmail u otros servicios como el Maps del que, a su vez, dependen muchos otros servicios. Controla YouTube, Blogger, etc.
Cuando visitamos hoy la entrada "Android" de la Wikipedia, tras su historial como sistema y empresa, encontramos la siguiente parte:

Herramienta del gobierno de EEUU
El 19 de mayo de 2019 Google anunció oficialmente que deja de prestar servicio a los usuarios de móviles Huawei en lo que se refiere a actualizaciones del mismo y, en el futuro a permitir a los mismos la utilización de sus aplicaciones (Gmail, google maps, etc). La razón es el conflicto comercial entre EE.UU y China que llevó al gobierno estadounidense a incluir a la empresa fabricante en la lista negra de colaboradores con el gobierno chino, si bien no se han presentado pruebas de ningún tipo.
Este hecho, que supone un duro golpe económico-empresarial a Huawei, ha suscitado serias dudas sobre la fiabilidad del sistema Android, ya que este tipo de acciones pueden extenderse a acciones de otro tipo, con una motivación tanto política como comercial. Dada la dependencia del sistema, acciones semejantes se pueden emprender por parte de Google contra cualquier tipo de aparatos que lo utilizan o generar órdenes molestas (vía teléfono, altavoces inteligentes, automóviles conectados, etc) o el espionaje a través de los equipos conectados (cámaras, micrófonos, etc).*

Creo que el diagnóstico es claro y coincidente. Se inicia una guerra y una forma de batallar. La guerra no es contra China o Huawei, no lo es solo contra ella. Es contra todos, contra la libertad de elegir un teléfono o cualquier otro dispositivo porque el presidente de los Estados Unidos lo ha decidido.
Se sabe desde hace años que hay diversas agencias norteamericanas que tienen acceso a la información de Google y sus aplicaciones. El argumento es que es "por una buena causa", pero no está tan claro. Sabemos de usos de vigilancia y de usos económicos. Por eso las acusaciones sin fundamentar son un ejemplo de cinismo político.


Mucho me temo que es el momento de empezar a plantearse, igual que Europa lo ha hecho con su sistema de defensa, la necesidad de establecer nuestros propios recurso, aquellos que nos garantice libertad y autonomía. Habrá que empezar a reducir la dependencia de los servicios de Google, aunque eso no es fácil. Habrá que empezar a sustituir lo más fácilmente sustituible y empezar a plantearse como futuro plataformas más seguras para muchas de nuestras actividades que hoy por hoy se demuestra que no son universales sino "suelo norteamericano", un suelo que está empezando a ser caro pisar. La política de Trump sigue haciendo perder amigos.
Como usuario tomaré las medidas que estén en mi mano y considere necesarias sustituyendo aquello que me haga más dependiente, en la medida en que afecta a mi libertad de decisión. También instaré a que se tomen medidas para hacernos menos vulnerables, menos dependientes. 
La medida no afecta solo a una compañía; me afecta como usuario y como tal me siento agredido.