sábado, 10 de julio de 2021

150 metros de indiferencia

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Las imágenes del asesinato a golpes, recorriendo más de 150 metros, en La Coruña son terroríficas por varios motivos. El primero es la brutalidad, sí, pero esos círculos que nos focalizan en la pelea nos ocultan lo que podemos ver también con la objetividad de las cámaras: la indiferencia de muchos ante lo que estaba ocurriendo.

En la web de Antena3 podemos leer:

 

Eran las 3:00 horas de la madrugada del pasado sábado 3 de julio, en las imágenes se aprecia como Samuel está ya en el exterior de un local de ocio situado en primera línea de playa en A Coruña. En ese momento el primer agresor se acerca a los jóvenes y comienza la paliza. Con la información que ha transcendido sabemos que en este momento es cuando el presunto agresor le dice a Samuel: "Para de grabarnos si no quieres que te mate, maricón", a lo que Samuel respondió: "Maricón de qué". 

La investigación tiene como vía principal que los agresores pensaron que la víctima los estaba grabando cuando en realidad estaba realizando una videollamada. A continuación de este primer episodio de golpes las imágenes muestran como un joven senegalés sale en ayuda de Samuel. Se llama Ibra Shakur y las amigas de Samu aseguran que "fue la única persona que ayudó" al joven coruñés.*

 


El debate, tras la semana del "orgullo gay", se ha centrado en la cuestión de si se trata de un crimen homófobo, que parece importar más a algunos que el propio crimen en sí, lo que no deja de ser desconcertante en una sociedad que ha sido incapaz de reaccionar ante lo que ocurría, en esos 150 metros de persecución y violencia, pero luego se cuida mucho de seleccionar los motivos por los que se manifiesta y moviliza. Cada uno que lo interprete como quiera, que piense ante lo que vea en esas imágenes en donde las peleas no parecen alterar a nadie y menos movilizarlos para evitarlo. La pregunta sobre si el crimen fue homófobo o no oculta la gran pregunta previa, ¿se pudo haber evitado?, la que nadie quiere hacerse. Es la pregunta sobre si algunos de los ahora horrorizados fue capaz de tratar, al menos, de evitar un crimen que no se produjo en un callejón oscuro, en un rincón apartado, sin a lo largo de una vía pública, durante un recorrido de esos 150 metros en los que fue golpeado hasta dejarle en un estado que hizo imposible su vida.

Los que se escandalizan por el asesinato colectivo deberían hacerlo también por los 150 metros de indiferencia que reflejan. Hoy escuchamos a muchos testigos que nos dan pelos y señales de lo ocurrido, de cómo escucharon los gritos, la voz de esa mujer diciendo "¡Dadle más fuerte!", según nos cuentan los medios. Pero no tenemos noticias de que alguien dijera "¡parad!" con la excepción de ese inmigrante senegalés, llamado Ibra Shakur.



Hace ya algunos años que tenemos ejemplos de personas inmigrantes interviniendo para realizar algo que los que miran no hacen. A veces sacan antes el móvil para grabarlo que se lanzan a intentar intervenir.

Están siendo frecuentes los casos en los que el primero en lanzarse al agua a salvar a una niña es un inmigrante, en que, como en este caso, el único en intentar ayudar al que es atacado es alguien de lejos, menos inserto en esta cultura de la indiferencia y del selfie en la que nos estamos encastillando y que tiene unas consecuencias graves para una sociedad enferma, sin duda, como es la nuestra.

En mayo de 2018, el diario El País hablaba del "Spiderman sin papeles", de Mamadou Gassama, un joven inmigrante sin papeles que escaló la fachada de un edificio en Francia, jugándose la vida, para rescatar a un niño de cuatro años que se encontraba en peligro colgando en un balcón. Escaló cuatro pisos de la fachada hasta llegar a él.

The New York Times titulaba sobre este hecho "Escaló un edificio para salvar a un niño; ahora recibirá el estatus legal en Francia" y nos explicaban:

 

El hombre, Mamoudou Gassama, de 22 años, es un inmigrante de Mali, una antigua colonia francesa al noroeste de África, quien dijo que había viajado a través de Burkina Faso, Níger y Libia antes de hacer el peligroso cruce por el Mediterráneo hacia Italia, para luego llegar a Francia en septiembre, sin documentos.

El 28 de mayo, después de su rescate heroico, Gassama se reunió con el presidente de Francia, Emmanuel Macron. Ahora, el joven obtendrá los documentos necesarios para vivir de manera legal en Francia.

“Le dije que en reconocimiento a su heroico acto tendría sus papeles en orden tan pronto como sea posible”, expresó Macron mediante una publicación en Facebook, después de haberse reunido con Gassama en el Palacio del Elíseo, en París.**

 


Quizá el haberse jugado la vida tantas veces hasta llegar a Francia le sirvió a Mamadou más humano, pensar menos en él y más en el niño que estaba en peligro. Francia, como vemos, reconoció su valor y fue recibido por su presidente.

Pero los comportamientos no son iguales en todos los sitios, es decir, no se valoran las mismas cosas, incluida la vida de los demás. Está claro que es difícil sacarnos de nosotros mismos, que no hay mucha solidaridad.

El diario El Independiente nos cuenta un caso en España donde un joven inmigrante llegado desde Senegal ha salvado a dos personas, en diferentes momentos, lanzándose al agua con riesgo igual para su vida. El titular "Mouhammad, el héroe senegalés 'sin papeles' que salva vidas en la ría de Bilbao" nos lleva a su caso y nos explican allí:

Abandonar Dakar, su mar, su pesca, su familia, sólo fue el primer paso. El más duro para el corazón. El que pondría a prueba su fortaleza física vendría después. Los dos metros exactos de altura de Mouhammad no pasarían desapercibidos en su ruta. Primero, Mauritania, donde pasó un año. Después, ocho meses en Marruecos. Fue allí donde las mafias le ofrecieron una plaza en una patera. También donde le robaron parte de sus ahorros. Donde el primer intento falló y donde dejaría atrás África para tocar la costa de Tarifa a bordo de una patera el 16 de noviembre de 2016.

Acababa de comenzar la nueva vida de Mouhammad Fadal Diouf. Aún no lo sabía pero su destreza en el mar aún sería puesta a prueba… dos veces. Ocurriría sólo cuatro años y medio más tarde, lejos de Tarifa, en Bilbao. La última, este lunes. La anterior, el 24 de septiembre de 2020, lo recuerda bien.

Ocurrió casi del mismo modo, mientras se encontraba con sus amigos en el muelle de Marzana de Bilbao, junto a la Ría. El lunes por la tarde, entre conversaciones y risas con un amigo, vio cómo un hombre se apoyaba en el puente que cruza ambos márgenes, en pleno corazón del Casco Viejo de la capital vizcaína. De pronto, aquel hombre, de 72 años, se mareó, perdió la consciencia y cayó al agua, desvanecido. Mouhammad reaccionó rápido. Se despojó de la mochila que portaba y saltó sin dudarlo al ver el cuerpo de aquel hombre boca abajo, ahogándose. “Lo vi de espaldas, con su cara bajo el agua, no podía respirar. Salté, le puse la mano en el cuello para levantarlo y la otra en la espalda para intentar empujarlo hacia uno de los márgenes».***



De nuevo, vidas duras y generosidad del que tiene poco más que su propia vida arriesgándola por los demás. Su fama, nos dicen, enorgullece a su familia y amigos en su tierra. Aquí es ya uno más, un sin papeles, noticia mediática hasta que lleguen noticias que la sustituyan.

Ha habido más casos en los que los inmigrantes son los que dan un paso al frente y muestran valor arriesgándose por personas sin mirar el color o cualquier otra circunstancia que estamos valorando cada día en el momento de salir a protestar. En Francia les recibe el presidente; aquí... ¿Hay miedo a proponerlos como ejemplares? ¿Prefieren nuestros políticos seguir adulándonos con ser los "mejores" y encubren nuestra realidad, nuestro deterioro? Hay mucha gente buena, sí; pero muchos se contentan con parecerlo.



Pero quiero traer un caso que nos ha soliviantado a todos, un caso a la inversa. Me refiero al caso de la cooperante de Cruz Roja que tuvo la "osadía" de abrazar y servir de desahogo del inmigrante que salía de las aguas en Ceuta. Los ataques, insultos y hasta amenazas, machistas y racistas, que recibió movilizó la solidaridad de muchos, pero no oculta la frialdad, la maldad existente en parte de nuestra sociedad, que se ha vuelto de una dureza realmente lamentable y, a la vez, de una parcialidad escandalosa. Cada vez, por decirlo así, nos movilizamos sobre resortes muy específicos.



La misma sociedad que quiere ver un crimen homófobo es incapaz de socorrer a una persona que durante 150 metros, en plena vía pública, delante de todos, es perseguido, golpeado hasta causarle la muerte. Del "¡no te metas!" pasamos a gritar en la calle agarrándonos a las causas que nos parecen más o menos pertinentes. Pero estamos perdiendo, en el detalle, la causa general la de la humanidad con los demás, la de no mirar color, religión, orientación o cualquier otra circunstancia para socorrer a alguien.

Es lo que hizo Mamoudou Gassama, con unos 22 años muy diferentes a los que han vivido los otros que le rodeaban y que nos cuentan ahora lo que vieron como testigos, contentos de colaborar con la Justicia para que ese crimen tan horrible, que sucedió ante sus ojos, sea castigado como debe.

Sé que algunos amigos de Samuel le han dado las gracias por ser el único que se lanzó a tratar de evitar que aquellos energúmenos, dos de ellos menores, otros hasta 25, los detenidos por el momento, mataran a una persona que ahora preocupa a tantos.

Creo que el caso no debería tapar la poca sensibilidad moral que demuestra, la indiferencia que refleja y, ¿por qué no? mucha cobardía. Mamoudou Gassama mostro mucha más solidaridad que todos aquellos que vieron la paliza juntos, pero tenían cosas más importantes que hacer. Quizá porque valoraba la vida más que otros, arriesgó la suya por alguien a quien no conocía. Solo sabía que necesitaba ayuda.

Con posterioridad a la II Guerra Mundial muchos artistas y filósofos, de Camus y Moravia a Hannah Arendt, empezaron a preguntarse por el fenómeno de la "indiferencia", que pasó a considerarse una enfermedad moral. Creo que estamos empezando a necesitar releer a los clásicos o a denunciar la apatía frente al mal, que consentimos. hay que volver a escribir libros, hacer películas que nos hablen de nosotros mismos, que no nos adulen, que nos pongan el espejo a lo largo del camino, que es la vida. Demasiados gestos y poca acción, mucho grito y pocos actos que eviten tener que lamentarse después.



Solo sé que si un día caigo a un río, se incendia mi casa o me ataca alguna "manada" simplemente porque sí, prefiero tener cerca a alguien que sepa lo que vale la vida, a ese inmigrante que tantos desprecian. 

No deja de ser interesante que en estos tiempos de pandemia no nos falte tiempo para arriesgar nuestras vidas y las de los demás en un botellón, pero luego seamos incapaces de arriesgarnos a ayudar a los demás, a acercarnos a ellos. 

No es casual que sean los inmigrantes los que nos dejan en evidencia. Esos 150 metros de indiferencia nos lo muestra.

* Miriam Vázquez Vázquez "El vídeo de las cámaras de seguridad del asesinato de Samuel que muestra cómo una turba lo lincha hasta matarlo" Antena3 9/07/2021  https://www.antena3.com/noticias/sociedad/video-camaras-seguridad-asesinato-samuel-que-muestra-como-turba-lincha-matarlo_2021070960e82bcca84b480001187048.html

** Aurélien Breeden y Alan Cowell "Escaló un edificio para salvar a un niño; ahora recibirá el estatus legal en Francia" The New York Times 29/05/2018 https://www.nytimes.com/es/2018/05/29/espanol/spiderman-paris-rescate-heroe.html

*** Mikel Segovia "Mouhammad, el héroe senegalés 'sin papeles' que salva vidas en la ría de Bilbao" El Independiente 22/06/2021 https://www.elindependiente.com/espana/2021/06/22/mouhammad-el-heroe-senegales-sin-papeles-que-salva-vidas-en-la-ria-de-bilbao/





viernes, 9 de julio de 2021

El imbatible chuletón

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



Dice el Secretario General de la Mesa del Turismo, señor Carlos Abella, que "las noticias no ayudan", un lamento de impotencia desde un sector que cae ante la retirada de las medidas decretadas por el gobierno, con lo que quería transmitir confianza, positividad y alegría cañera para los españoles y los de sus alrededores, es decir, a los tentados por el turismo.

No sé si se trata de un error casual de un lapsus porque en la entradilla de RTVE.es se dice: "Carlos Abella, Secretario general de la Mesa del Turismo, ha sido entrevistado por Carlos Franganillo en el TD2. Al ser preguntado sobre la recomendación del gobierno de no viajar a España: "Las noticias estas no ayudan, pero es cierto que ya no estamos en abril o mayo de 2020"". Los duendes malignos se han comido por sublimación del inconsciente lo de "francés", ya que ha sido el gobierno de Francia el que ha hecho esa recomendación.



"Las noticias no ayudan" debería reescribirse como "los hechos no acompañan", ya que confundir unas y otras no es buena señal. Las noticias son las que difunden los hechos, que son los que deben cambiar para que lo hagan las noticias. Pero en estos tiempos, claramente, importan menos los hechos y más cómo se cuentan o se silencian. Afortunadamente (por ahora) no estamos como ciertos países en los que hablar en los medios sobre la pandemia u otro factor (el terrorismo, por ejemplo), se considera "traición a la patria", perjudicarla transmitiendo malas noticias. Insiste el señor Abella en que junto a esas malas noticias están la buenas. No se pueden negar los contagios, pero la parte "positiva", nos dice, es que los turistas no vienen a hacer botellón, sino a hoteles con protocolos de seguridad. Es una forma de verlo, claro. Lo malo es que las buenas noticias que nos enumera pueden volatilizarse en apenas unas horas al surgir otras, entre ellas la de los botellones, una sensación mundial.



Pero más allá del sector turístico, hay muchos problemas "españoles" son de consumo interno, nunca mejor dicho.

Empieza a ser una ironía hablar de "socios de gobierno". Las guerras internas se aproximan ya a las que mantienen con la oposición. No es nuevo y se podrá seguir en esta línea en la que cada uno actúa para ganar su parcelita de apoyo con vistas a unas futuras elecciones en las que volverán a competir los unos contra los otros tratando de evitar esta condena que es compartir celda política. Cuando llegue ese momento, cada uno exhibirá sus logros y dirá haberlos conseguido sacar adelante pese a la resistencia de sus ahora socios. Será lo que se entiende como un "mal divorcio", con peleas por la custodia de los votantes y un conflictivo reparto de los bienes gananciales.

Lo más sorprendente es la copia estilística de Díaz Ayuso en todos los órdenes y espacios, vista la rentabilidad que le ha sacado a las grandes palabras que se convierten en una, "libertad", en las elecciones autonómicas. Ya no se trata solo de que Pedro Sánchez juegue a ser "liberal" y presionar a las Autonomías para que se desgasten con las medidas restrictivas. El propio líder del PP se ha sumado a la misma estrategia Díaz Ayuso. La misma reacción de Sánchez al declararse carnívoro del en su punto, es fácil imaginársela en boca de la presidenta madrileña. Pablo Casado, por su lado, la imita también y ataca el "intervencionismo de izquierdas" con el mensaje de que dejen a cada uno actuar según su propia decisión.



Lamentablemente la decisión española va más allá de si "carne o verdura", de si una "fake" hamburguesa de berenjena o unos "nuggets" de zanahoria son eficaces contra el calentamiento global. Las elecciones personales o, si se prefiere, la falta de responsabilidad de algunos (unos cuantos), están echando por tierra las expectativas de recuperación de los diferentes sectores que pasan de la esperanza a la decepción en apenas 10 días. Como si fueran fichas de dominó, uno tras otro van arrastrándose en la caída. 

Lo más llamativo en el "caso del chuletón" —el nuevo populismo comunicativo de Sánchez le obliga a ponerle "cara" a la carne— es  que quien sí le ha puesto cara  ha sido Garzón, la suya. Hasta ahora, los ministros presentaban la campaña, pero ahora la campaña es él. No se trata de que "no se coma carne", sino de que "veamos a Garzón diciendo que no comamos mucha carne", velando directamente por nuestra salud. No es "siga el consejo", sino "siga al líder que da el consejo". ¡Qué aburrimiento que hayan leído todos el mismo libro!



Le han contestado que España es uno de los países con la expectativa de vida más elevada, que vivimos más que muchos países que, según las teorías, deberían vivir más. Las teorías fallan. Sea por lo que sea.

Conforme los desastres avanzan en forma de aumento de contagiados y descenso de turistas (los belgas acaban de "evacuar" a un grupo de turistas porque ya tenían gran cantidad de contagiados), la presión por pasarse la responsabilidad aumentará, con lo que las disputas subirán de tono. Nadie se quiere enfrentar al sector electoral de los más jóvenes, porque ven allí su semillero de votos, y como nos dicen las cifras, es allí donde está el problema. No olvidemos que Podemos propuso el descenso de la edad de voto a los 16 años. Tomar medidas contundentes para evitar los contagios se sale del plan.



Confiar, como nos dicen, en el plan de vacunación es de una gran ingenuidad, si como nos avisan, sigue el aumento de variantes que surgen en otros lugares, en pocas semanas están aquí y en un par de meses son mayoritarias. Cuantas más se produzcan y más alejadas menos eficaces serán las vacunas. Pfizer ya habla de una tercera dosis para compensar su descenso de eficacia ante las nuevas variantes.

Pero aquí preferimos las polémicas estériles en el peor momento. La contundencia de la contestación de Sánchez al protagonismo de Garzón, las quejas de ministros implicados (como el de Agricultura), presidentes autonómicos (Cantabria) y políticos de a pie deja ver que las fisuras son amplias fallas en el gobierno que no se entera de lo que hacen por su cuenta algunos. A Garzón le han salido algunos simpatizantes, a los que trataba de localizar para futuras campañas. Aquí cada uno busca votos donde puede y le dejan. 

Así que ya tenemos otra polémica absurda servida en mal momento y a la espera de la siguiente. No nos aburrimos. O, quizá, un poco, sí.



jueves, 8 de julio de 2021

¡Viva el verano!

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)




El gobierno español tiene dos problemas, la realidad y sus declaraciones. Su capacidad para dispararse tiros en sus propios pies es infinita, como acaba de demostrar el ministro Garzón que tratando de evitar quedarse en la oscuridad veraniega ha salido con unas pintorescas y ecológicas declaraciones en contra del consumo de carne, para irritación  del gremio. El ministro se ha empeñado en que reflexionemos ante un filete cuando el problema es que mucha gente lo tiene racionado. Parece que existe cierta competición en ver quién asume el rol de ministro pintoresco y Garzón se postula.

En un universo complicado, los miembros de nuestro gobierno se han especializado en aquella vieja técnica de crear un problema para tapar otro. Quizá la estrategia la hemos entendido mal y se trata de colar todo sobre el fondo de la pandemia, pero creo que es más bien inoperancia y un cierto afán de protagonismo por si, como llevan tiempo rumoreando, hay una crisis de "ministros" (más que crisis de gobierno, que eso no se debe mencionar) y alguno se va a casa quedándose sin decir algo interesante.



La ministra Darias, por su parte, sigue empeñada en ser el "hada madrina de la juventud", compañera de tranquilidades del presidente, quien por su parte se ve cada día más traicionado por esos gestos que desvelan presión interior, arrinconamiento de los hechos, cierto desbordamiento. La oposición, con mucha mala intención, se pregunta "dónde está" cada vez que hay un problema y se responde como el alcalde de Madrid, "¡en Lituania!", cosa que es cierta tanto en sentido geográfico como si se le quiere dar lectura simbólica, ya que lo que se quiere decir es que no está donde debe ni a lo que debe.

Y es ahí donde entra el segundo enemigo, que es la realidad misma, la de los datos y cifras, que comienza a formar un consenso general sobre la metedura de pata de lo de la mascarilla. Le está bien empleado. Pedro Sánchez ha querido y sigue queriendo que las Autonomías asuman el desgaste de las medidas restrictivas, que son siempre impopulares. Por lo que decidió "volver de  Lituania" (es metafórico) y hacer una reentré gloriosa anunciando el comienzo del paraíso y el fin de la mascarilla. La pobreza de esta estrategia y medida oportunistas se ha demostrado más rápido de lo que se pensaba.



Los que esperaban que la nueva ola llegara a final de verano, con la gente ya morenita, con los hosteleros contentos, el ocio nocturno poniéndole velas y los turistas extranjeros secándose una lagrimita mientras se subían al avión de vuelta a sus países, se han visto frustrados por el cacao instantáneo que se nos ha formado, con el chupinazo juvenil de los contagios.

En RTVE.es se han hecho la pregunta prohibida, la que no tendría que haberse hecho, es decir, la periodísticamente relevante "¿Tiene el resto de Europa un problema con la incidencia en jóvenes?". Esta pregunta es la que se temían los que justifican lo que está ocurriendo de diversas formas, desde los que dicen que "¡claro, pobres, lo que han sufrido con tanto sacrificio!" hasta los que lo consideran solo "un problema de vacunación". La respuesta que nos dan en el medio estatal es la siguiente:

 

España ha entrado en una nueva fase de la pandemia: la preocupación se centra ahora en la incidencia del coronavirus en la población joven, que no está vacunada. Mirando al resto de los países europeos vemos que el problema que afronta nuestro país no se reproduce entre sus vecinos. En Francia, Italia o Alemania no se aprecian cifras de contagios alarmantes en dicho grupo ni grandes diferencias con el resto de la población. La vacunación abierta a todas las edades y las restricciones más duras permiten una situación controlada. Solo Portugal muestra una imagen parecida.*



Por si alguien tiene dudas, le han puesto negritas a lo esencial. Esto es en España, esto es un caso español. Puede que suba la incidencia, pero no se percibe que sea un problema de edad o, si se prefiere, generacional, como aquí.

Los que hablan de que "tenían muchas ganas", "han hecho sacrificios", etc. vuelven a chocar con la realidad que ha sido la constante presencia de los botellones y fiestas privadas de todo tipo, normalmente los fines de semana, desde que se levantó el "estado de alarma". Es decir, aquí solo se ha privado de la celebración el que ha querido, el que no ha tenido más remedio o el que ha sido responsable por su situación familiar, laboral, etc.

La prueba más escandalosa de ello ha sido el llamado "turismo de exceso" que ha venido a Madrid (imagino que a otros lugares) a hacer aquí —como ellos mismos manifestaban— "lo que no podían hacer en su país".



Mi hipótesis para este desastre —y lo plantee aquí entonces— es que Sánchez estaba jugando a ser Isabel Díaz Ayuso, con su desfachatez libertaria, a la vista de los resultados electorales obtenidos en la Comunidad Madrileña. El hecho de que mucha gente votara, desde anteriores opciones de izquierda, a la neoliberal presidenta, se explicaba porque preferían que no les controlaran la vida, que les dejaran tener abiertos los negocios, que no hubiera intervenciones o límites, que se plantaran en Madrid en un salto los que quisieran "divertirse"... Con esa perspectiva, gobierno y presidente al frente, decidieron hacer el populismo "a la madrileña", desde la retirada de la mascarilla y declarar la "liberté, egalité, fraternité" sin pasar por la Bastilla. 



Las mismas palabras de la ministra Darias pidiendo que no se "estigmatizara" a los jóvenes, son puro populismo y ridículas cuando los medios —los número cantan— hablan de una "ola joven", cuando ya se producen incidentes, como los de ayer en Pamplona, con los que saben (o creen) que sus síntomas serán leves y les importa un bledo lo demás.

Lo cierto es que en ningún país, como nos decía RTVE.es, se dan las cifras de este. Finalmente todo se remite a la economía y a la demagogia, conseguir recuperar el voto haciendo populismo sanitario o, lo que es lo mismo, tirar por la borda en poco más de diez días los sacrificios anteriores. Los niveles, por encima de los 1.200 casos por 100.000 que se dan como cifras parciales en las franjas de edad inferiores, son un verdadero escándalo político y, sobre todo, social, ya que lo que muestra es una pérdida colosal de ciudadanía, concepto que habría que empezar a reforzar en la escuelas y revisar en los libros de texto.



Y en esto somos responsables todos. La política española nos muestra que cada uno tiene sus metas y que se es incapaz de encontrar, más allá de los discursos retóricos, un sentido de comunidad, un espíritu de ciudadanía. Los efectos de esta política a cara de perro, mezclada con los aspectos generacionales, han creado una sociedad cada vez más indiferente al conjunto, más egoísta e insolidaria. ¿Cómo va a haber solidaridad intergeneracional cuando se nos dice cada día que las próximas generaciones vivirán peor que sus padres, en un mundo de precariedad, su seguridad de pensiones, con empleos mal pagados en caída, con un descenso del nivel cultural apabullante, centrado en el espectáculo, la trivialidad, en puro entretenimiento a la baja?

En Antena 3 nos muestran los titulares europeos respecto a lo que está pasando en España y su repercusión sobre el turismo, el sector en que se centraban todas las expectativas.

Inmersos en la época estival los hosteleros cogían aire a principios de junio. La incidencia bajaba y las previsiones de reservas volvían a subir, especialmente después de que Reino Unido diera el visto bueno de sus ciudadanos a Baleares. Sin embargo, el nuevo pico de contagios vuelve a poner en entredicho la seguridad de los viajes a nuestro país por parte de la prensa internacional.

Es el caso del Financial Times, el tabloide apunta en un titular que: "La variante delta sitúa a España a la cabeza de la incidencia en Europa". El periódico ilustra este titular con una fotografía de la no fiesta del 6 de julio San Fermín en Pamplona (Navarra). En la imagen puede verse a gente en la calle abrazándose, la mayoría con mascarilla.** 



Los titulares de otros medios europeos importantes son del mismo tenor. La pertinaz obcecación de ministros y presidente en desearnos un feliz verano y hacer poco o nada para que lo tengamos va a ser especialmente intensa. No sé si esto le llevará a enclaustrarse o, por el contrario, a seguir viajando por el mundo.

No se puede tener todo ni contentar a todos. Pero la falta de medidas y remitir a las Comunidades acabará pasándole factura de nuevo, porque el no hacer es siempre el que es más fácil de atacar. Si hay algo peor que una decisión errónea es la falta de decisión. En la guerra entre gobierno y Comunidades, el gobierno ha elegido el peor camino para ellos y, lo que es peor, para todos, porque el virus no entiende de banderías, ni de vacaciones, ni de pasaportes; solo de facilidades.

 


* "¿Tiene el resto de Europa un problema con la incidencia en jóvenes?" RTVE.es 7/07/2021 https://www.rtve.es/noticias/20210707/coronavirus-incidencias-vacunas-jovenes-europa/2122101.shtml

miércoles, 7 de julio de 2021

Eficacia decreciente

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



En el informativo matinal de Antena3 se hablaba ya esta mañana de la nueva ola de contagios como de la "ola joven". Los datos es lo que avalan, dejando en un pozo el gozo de la ministra Carolina Darias y su petición de "no estigmatizar a los jóvenes". Cada día que pasa y nos adentramos en este intenso verano los deseos del gobierno quedan más expuestos a achicharrarse ante la exposición solar excesiva.

Queda claro que aquella alegría del presidente al darnos personalmente la buena noticia de la retirada de la mascarilla, como era previsible, quedó en una maniobra de propaganda, que aquella fecha en la todo volvería a ser "normal" —sin más fundamento que el deseo— ha quedado en una molestia visible cada vez que se le habla de medidas en las ruedas de prensa. Según él —volvemos a la vieja cantinela—, las Comunidades Autónomas tienen "mecanismos suficientes" como para no tener que mover un dedo el gobierno central. Corrijo: mover los dedos solo para acciones liberatorias que luego los gobiernos autonómicos tienen que asumir con el consiguiente desgaste, porque aquí, sí, la mayoría piensa en "desgaste", en que se está desbordando el asunto y que esas famosas cifras en las que el rebaño no necesitaría ni pastor ni perro, que se cuidaría solo, no se producen.



Y en el horizonte se plantea ya el problema grave de las variantes. Los medios dan hoy la noticia que Reino Unido ha bajado la eficacia de la vacuna de Pfizer al 78%, mientras que Israel lo hace al 64%, un diez por ciento de diferencia decisivo ya que acerca a los vacunados por dicha vacuna a una exposición que se puede aproximar a la lotería del 50%. A los viejos problemas de AstraZeneca se suman ahora estos de las variantes, lo que nos acerca al problema de las gripes anuales, en los que las vacunas de un año se tienen que sustituir cada temporada por las mutaciones de los virus. Mientras siga habiendo países en los que las vacunas apenas llegan, seguirán apareciendo nuevas variaciones más resistentes a los problemas que les planteamos, lo que nos traslada el problema a nosotros. ¿Nos imaginamos esto cada año?

No pensamos que también los virus tienen sus propias "inmunidades de rebaño", es decir, el momento en que se vuelven resistentes a nuestros ataques con las vacunas. Los mecanismos de la naturaleza son iguales para todos y los coronavirus hacen lo que pueden, como nosotros.

Con hablar de "ola joven", el problema generacional ya está ahí, inapelable. Si se confirma que la vacuna de Pfizer ha bajado a esos niveles, tenemos un grave problema porque podemos tener de nuevo una oleada entre todos aquellos a los que se ha hecho creer que las vacunas son la pócima de la aldea gala.

En Antena3 leemos:

 

Hasta ahora se pensaba que la vacuna de Pfizer ofrecía una protección del 93% frente a la variante delta del coronavirus. Aunque las últimas pruebas realizas en Reino Unido bajan la efectividad hasta el 79%.

Los datos recogidos en Israel baja aún más esa eficacia, situándola en el 64%. Las autoridades de Israel han confirmado este martes más de 500 casos de coronavirus por primera vez desde marzo, en medio de un repunte que achacan a la variante delta, y que ha llevado a las autoridades a sopesar nuevas restricciones.

Los expertos temen ahora que los datos afecten a la desescalada en toda Europa.

La variante delta, detectada por primera vez en la India, está detrás del aumento de contagios de covid-19 en Portugal y los sanitarios alertan de que podrían registrar 4.000 nuevas infecciones diarias en solo dos semanas.*

 


Y en ese "toda Europa" evidentemente se incluye la España turística y fiestera, la que cree que "español vacunado, español liberado", tal como se nos ha explicado reiteradamente. Aquí hemos comentado en varias ocasiones ese vacunarse para "arrasar", para poder hacer todo lo que te daba miedo con plena tranquilidad. Nadie ve problemas en ese 2-3% de margen que se nos daba hasta ahora sobre las vacunas; todos ven el 97, pero nadie quiere ver el 3%. Pero con lo que se nos dice de Pfizer, la cuestión varía mucho. Un 64% de eficacia que uno de cada tres expuestos a la variante Delta pueden infectarse, asintomáticos o con ingreso en UCI, según los casos.

Nos dicen que ahora están colapsadas las atenciones primarias porque los que llegan infectados masivamente no son casos graves. En la atención primaria se está centrando todo mientras, por mera estadística, acabarán llegando de nuevo a las UCI los más graves.



De las muchas cosas imperdonables que esta pandemia nos está dejando, la peor es la falta de sensibilidad e inteligencia hacia un personal sanitario que se deja la piel, la salud y la paciencia, también la moral, pero que es maltratado de forma sistemática infradotándolo de medios para combatir. Se le pide heroísmo, pero se le ofrecen pocos medios para realizar su trabajo en condiciones humanas soportables después de todo este tiempo sin poder bajar la guardia.

La noticia de la pérdida de eficacia de Pfizer es grave precisamente porque devuelve el problema de nuevo a la calle, al comportamiento, a lo que no se debe dejar nunca, pero todos se empeñan en incumplir: la responsabilidad personal y grupal. Es la trivialidad de nuestras miras —vacunarse para irse de fiesta— lo que acaba dando fuerza al virus. Es la desigualdad mundial la que hace que mientras unos se vacunan, en otros países sin vacunar sigan apareciendo variantes cada vez más eficaces desde el punto de vista de los virus y más peligrosas para nosotros. ¿De qué sirve ponernos vacunas que dejan de ser eficaces porque siguen surgiendo variantes nuevas para las que no estamos protegidos?





Vuelve a quejarse el "ocio nocturno" porque los cierran o piden toques de queda para dejar a sus clientes fuera. Los Estados Unidos tienen sus propios estados "negacionistas", lugares controlados por los republicanos, en los que la vacunación no acaba de llegar a las cifras adecuadas por meros prejuicios ideológicos de diferente origen. Lo nuestro no llega a eso; se queda en el "ocio", en plena calle o en local, el mayor generador —como estamos comprobando— de contagios, el más rápido. Estamos condenados, parece, a esta forma de acordeón de apretar para evitar contagios y tener cifras reducidas, para después explotar con ganas, como ha ocurrido en estos últimos días.

Si pensamos en la categoría de la explosión, en cómo han saltado por los aires en pocas horas meses de esforzado trabajo de unos, sacrificios de otros y perjuicios a la mayoría, nos daremos cuenta que hay que cambiar muchas cosas, que el problema no está en el coronavirus sino en nuestro modelo, hasta el momento muy rentable para unos y no tanto (de bajos sueldos, precariedad, temporalidad, etc.) para otros.

Se sigue transmitiendo en todos los ámbitos que después del verano se volverá a la "normalidad" como si esto se solucionara simplemente acelerando las vacunaciones. Esto, como nos advierten, no es así y la ausencia de medidas en quienes lo creen no hace sino expandir los contagios. Nos lo dicen pero no queremos creerlo.



Esto es solo el principio de un problema que es probable que se extienda en el tiempo en sucesivas variantes, que nos obligue a vivir de otra manera. Entiendo que hay gente que tiene que vender "optimismo", pero no se puede vender "ingenuidad". Todo lo que retrasemos el mentalizarnos, el adaptarnos transformando el entorno para hacerlo más eficaz y estableciendo nuevas formas de interacción, será peor para todos. Seguimos perdiendo ocasiones de preparar el escenario.

Recordemos: iba a ser unos meses. Ahora vamos avanzando por el segundo año. Los únicos países que han logrado controlarlo realmente han sido a costa de enormes sacrificios, que además tampoco les reconocemos. Ahora, con la extensión mundial, todos nos enfrentamos a las nuevas variantes, debidas en gran medida a la disparidad de recursos en un mundo global.

Somos nosotros los transmisores del coronavirus, el campo en el que crecen y mutan para saltar al siguiente huésped. Se estima ahora que la proporción del contagio es de 1 a 3, es decir, que cada contagiado lo transmite a otras tres personas, que resultan infectadas y sigue la cuenta.

Si no lo entendemos es porque no queremos; si no nos lo explican es porque no quieren explicarlo, porque nadie quiere tomar más medidas impopulares por más necesarias que puedan ser. Las vacunas no lo son todo, hace falta el compromiso de las personas, su responsabilidad. De no ser así, esto será interminable y cada vez más desesperante y ruinoso. Los mensajes que se envían son demasiado blandos, poco realistas ante lo que tenemos delante. Si la variante que se extiende es, como se espera, la dominante a final de verano en una proporción abrumadora, muchos vacunados empezarán a tener problemas si creen que ya pueden moverse sin protección o restricciones. Es el mensaje que se enviaba.

Cuando veamos que por las nuevas variantes, las vacunas que tenemos dejan de ser eficaces en un porcentaje alto, veremos cómo lo asimilamos y si actuamos en consecuencia.

 


* "La eficacia de la vacuna de Pfizer frente a la variante delta no es tan alta como se pensaba, según un estudio" Antena3 06/07%2021 https://www.antena3.com/noticias/salud/eficacia-vacuna-pfizer-frente-variante-delta-tan-alta-como-pensaba-segun-estudio_2021070660e4beb424e6fa0001491c0c.html


martes, 6 de julio de 2021

Violencia

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



Homófobo o no, la muerte del joven en La Coruña no puede ocultar lo que es: una demostración de violencia brutal, una muerte que tiene sus propias características formales: alguien es derribado y un grupo lo patea hasta la muerte. Este tipo de asesinato cruel y cobarde, en donde un grupo destruye a una persona indefensa se repite con cierta frecuencia y no puede ser ignorado en su especificidad ni en los entornos en los que se producen. El debate sobre si es cuestión de homofóbico o no no puede esconder su propia realidad y frecuencia.

Las imágenes que se nos daban del crimen coincidían con otras tan parecidas que una televisión las confundió al emitirlas. Eran las del asesinato de La Coruña que se ofrecían como "una nueva agresión". Fue corregido poco después emitiendo ambas. La similitud la ofrece el modus operandi, el pateo en el suelo, los golpes sin cesar hasta que queda solo un cuerpo en el suelo, muerto como en el primer caso o sin sentido como en el segundo.

Esta violencia comparte su carácter explosivo, ser grupal y desentenderse de quién está en el suelo. En ocasiones, el incidente se produce entre dos, crece a varios y finalmente se convierte en un estallido en donde es probable que una parte de los participantes no sepa ni a quién o porqué se está pateando en el suelo.

En los últimos años se ha usado con frecuencia un término que define este tipo de violencia grupal al referirse a "manadas". Se comenzó a usar para las violaciones en grupo, pero entiendo que es solo una parte de estas actividades. Desgraciadamente, no veo la ristra de psicólogos, sociólogos, etc. que suelen aparecen ante otro tipo de comportamientos.



El crimen de La Coruña ha compartido pantalla, junto con el ataque mencionado, con un juicio a otra "manada" esta vez por una violación en grupo. Los juzgados por los hechos son también de edades similares y confiesan estar "arrepentidos", echándole la culpa al alcohol y las drogas que habían ingerido. Este tipo de hechos, hay que explicar, son atenuantes para las penas, porque se supone que no estaban bajo un estricto control de sí mismos, lo que no deja de ser un cierto insulto a la inteligencia y una señal inequívoca de lo que necesita reformarse porque cualquiera de estos sucesos se producen en unos ambientes en los que "la economía española se pone en marcha" gracias a estas formas de consumo, por decirlo así.

Hace muchos años que vivimos una situación cuyos puntos de salida son este tipo de manifestaciones. Son actos grupales en contextos muy similares, con resultados violentos, que se repiten en los fines de semana, que es el espacio del desahogo y la falta de control. Es un espacio socializado de esta manera y bajo este tipo de situaciones. Es una forma de vida absorbente y de la que nadie escapa; en donde se ven estos estallidos violentos como parte de las reglas del juego.

Algunas (en estos días se produjo una) acaban con heridas de arma blanca, lo que indica que se llevan navajas y cuchillos; en otra se nos hablaba de una "porra extensible". Esto nos indica cierto concepto de peligro, de necesidad de "defensa", de conflictos que se pueden plantear en cualquier momento a través de un incidente nimio, como parece ser ha ocurrido en La Coruña, donde se confundió una video llamada por la sospecha de que les estaban haciendo una grabación de vídeo con el teléfono.



La brutalidad de la violencia se ha instalado como una forma de relación. Ya no son dos personas que se pelean mientras otros tratan de evitarlo, que es lo que ocurría. Da la impresión de que se espera el momento del incidente para poder estallar de esa forma grupal e irrefrenable.

Cuando escuchamos las quejas de los vecinos de los barrios invadidos por estas situaciones nocturnas, casi todos hablan de peleas. No es una novedad, desde luego. Lo que sí me parece "novedoso", por llamarlo así es la hipocresía de aceptar este tipo de situaciones y solo levantar la voz como protesta por considerarlo un crimen homófobo. Si no lo hubiera sido, ¿le habría importado a alguien? La propia petición del padre de Samuel tratando de evitar que se convierta en una asunto manipulado políticamente es muy claro. Su petición ha ido a los padres de esos jóvenes, que los tienen. La petición no es trivial pues estamos dando por bueno que nuestros hijos salgan y regresen sin querer enterarnos demasiado de lo que ocurre entre uno y otro momento.


Lo que está ocurriendo es lo que revela. Necesitamos más y mejor explicaciones que las que los políticos hacen; necesitamos más profundidad para saber por qué esa aceptación de la violencia, por qué se ha creado ese mundo burbuja en el que imperan otras reglas, otros principios y otras formas de interacción. 

Los resultados los vemos en forma de datos que no queremos reunir, pinceladas que componen un retrato que no queremos acabar de ver.



En el año 2003, la revista del Instituto de la Juventud dedicó un monográfico al fenómeno de la violencia juvenil. Estas eran las conclusiones del artículo que cerraba el número:

A partir del análisis fenomenológico presentado sobre algunas de las dimensiones de la violencia juvenil grupal en nuestro contexto, podemos extraer una serie de observaciones generales de importante valor heurístico. En primer lugar, dicha conducta no representa, a la luz de un abordaje empírico que cumpla los mínimos requisitos de sistematicidad y validez, un fenómeno generado por elementos de irracionalidad o desviaciones individuales, sino como un comportamiento estructurado en un sistema de normas, actitudes y recursos conductuales que determinan los contextos y los motivos que la justifican, las repercusiones positivas que acarrea y las formas para reducir al mínimo los perjuicios que ocasiona.

En segundo lugar, tal sistema se integra, se elabora y se hace inteligible dentro de una subcultura, que permite dar sentido a las propias acciones bajo una determinada visión del mundo.

En tercer lugar, la adhesión a este sistema por parte del joven que en ella se implica delinea un proceso de socialización concreto que conlleva una funcionalidad tanto para el joven que la asume como para el grupo en el que se integra. Por último, dicha conducta se encuadra y cobra sentido en un contexto social determinado, y representa un elemento genuinamente derivado y sustentado por una sociedad a la que los que intentamos describir, comprender y prevenir la violencia juvenil, pertenecemos. De ahí que nuestro cometido tenga una doble vertiente: asumir como sociedad la responsabilidad que nos compete como promotores indirectos de espacios en los cuales la violencia tiene sentido y asumir también la responsabilidad de abrir nuevos espacios en los cuales deje de tenerlo. (158)*

 


Que el lenguaje académico no nos engañe o despiste en su asepsia. La frase final resume algo que nos debería seguir inquietando después de casi 18 años con una pregunta: ¿qué hacemos? Sin embargo, esta pregunta sigue cayendo en el vacío y preferimos discutir para capitalizar muertes antes que tratar de evitarlas creando unas nuevas condiciones más sanas. Sin querer ver las causas, difícilmente se encontrarán soluciones. Sea por causa homófoba o no, lo que se ha perdido es una vida huma de una manera brutal, absurda, que refleja una forma de relacionarse que sigue ciertas pautas y parte de supuestos reprobables en cualquier sentido. 

No demos por hecho tantas cosas. El origen está en una violencia que se ha instalado en nosotros y que adquiere diferentes formas de intransigencia y muchas veces de irracionalidad explosiva. Hay que combatirlas todas y aspirar a lo mejor. Vayamos al origen sin miedo y con decisión. 

 

* Antonio Martín González, Bárbara Scandroglio, Jorge López Martínez, José Manuel Martínez García, Mª Jesús Martín López, Mª Carmen San José Sebastián (2003) "La conducta violenta en grupos juveniles: características descriptivas", en Aspectos psicosociales de la violencia juvenil, Revista de Estudios de Juventud nº 62 septiembre-2003, pp. 151-158.