miércoles, 10 de marzo de 2021

Favoritos problemáticos o qué hacer con el pasado

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



Como suele pasar en la vida personal, es mejor afrontar el pasado con sus errores que intentar borrarlo. Esto ocurre con el fenómeno de lo que podríamos llamar, parafraseando a Sigmund Freud "el malestar en la cultura pasada", es decir, el constante descontento con nuestro pasado, sometido a constantes presiones revisionistas y a la tentación de la hoguera.

La CNN publica un artículo titulado "Notorious Hollywood classics seen in a brand new way" a cargo del periodista Jeff Yang, coautor de la (auto)biografía "I am Jackie Chan". Como habrán intuido, Yang plantea un tema ya frecuente y candente en diversos sectores de la cultura y de la historia, el problema de lo que llama "problematic faves", es decir, películas que gustaban, "clásicos", y que ahora, caído el velo de la inocencia y sumergidos en dosis masivas de equivalentes a los "Cultural Studies" nos han vuelto especialmente críticos respecto a su pertinencia.

Yang alaba la política de la TCM al intentar reconsiderar los filmes clásicos bajo nuevas perspectivas, las actuales, que establecen ese carácter "problemático" de las relaciones con ellos. En su artículo va poniendo una serie de filmes clásicos sobre la mesa, viendo lo que nos incomoda hoy de ellos.

Escribe Yang en el artículo:


All of these films were made between the dawn of the "talkie" era and the 1960s, when America began a long-deferred reckoning with the ugly realities on which our nation was built -- a history that includes slavery and institutionalized White supremacy, Native genocide, xenophobic exploitation and exclusion, the demonization of disability, the persecution of LGBTQ individuals and persistent gender inequity.

I can't commend TCM highly enough for choosing to create this series -- as I've written before, framing the beloved, but offensive artifacts of our past with educational context is the right thing to do. Hiding or erasing our racist history doesn't just create gaps in our cultural timeline, it eliminates teachable moments and allows us to pretend we've always been better than we are.

TCM conceived of the series as one part of a wider WarnerMedia strategy of placing classics into context (WarnerMedia also owns CNN). We first saw this when HBO Max briefly pulled "Gone With the Wind" from its streaming platform this summer, before restoring it with an introductory message from film scholar and TCM Host Jacqueline Stewart and a paired panel conversation moderated by historian Donald Bogle. Packaged together in this way, WarnerMedia was able to ensure that the film could be simultaneously appreciated for its artistic merits and interrogated for its grossly stereotypical imagery and romanticization of slavery.*

 

 

Si se tratara de novelas, es decir, de objetos individuales, la decisión es fácil. Nadie los lee o compra; nadie los saca de los estantes de las bibliotecas. Pero la cuestión varía cuando gran parte del valor de estas empresas es precisamente el archivo de películas que mantienen desde la época del cine mudo. No poder exponer las películas bajo riesgo de campañas mediáticas contra ellas, erosionar su imagen acusados de ser propagadores de prejuicios etc. no es una buena perspectiva. No es casual que el tercer párrafo nos advierta que WarnerMedia es dueña de la CNN, en un ejercicio de transparencia. La cuestión afecta, pues, no solo a la historia sino a la comercialización futura del legado cinematográfico, algo que forma parte del propio poder empresarial.

Pero más allá de esto, el artículo es una nueva reedición de una constante batalla con el pasado. Toda generación mantiene un pulso cultural y vital con sus predecesores. Ya se acabaron los tiempos en que el mundo miraba hacia atrás pensando en perfectas (y pasadas) "edades de oro". En Occidente, hasta prácticamente los finales del XVIII se sigue mirando al pasado como fuente de verdad e inspiración. Las ideas románticas serán las que se alejen del criterio de "imitación" del pasado proponiendo nuevas formas. El futuro pasa a ser oportunidad de mejora y se plantea un nuevo concepto que llama al futuro, lo representa la palabra "progreso". Desde ese momento, avanzar es liberarse de las cadenas del pasado, que se empieza a considerar una carga.

En culturas como las orientales, hay que dar culto a los antepasados y escuchar su sabiduría. Lo que ha durado mucho tiempo es lo más valioso precisamente por su resistencia y su permanencia, forma de medir su valor. Cuanto más antiguo es algo, más valioso resulta. Se consultan los "anales", la memoria del pasado para resolver los problemas del presente.

Todo esto, en todas las culturas, nos muestra algo más allá de la admiración por el pasado. Nos muestra un sentido del tiempo muy diferente. Nosotros vivimos en una aceleración temporal que se traduce en distancias culturales, interpretativas, valorativas de los acontecimientos. Hace unos días reponían en TV "Alien, el octavo pasajero", el filme de Ridley Scott, anunciándolo dentro de "clásicos del cine". Muchos jóvenes (y no tanto) rechazan ver filmes en blanco y negro en una especie de prejuicio perceptivo. Sencillamente no le ven, se sienten incómodos por algo que les incomoda por distante y, por ello, incomprensible. Esta experiencia la he vivido frecuentemente en mis tareas de dirigir un cinefórum durante diez años. Es como si fuera otro planeta. Recuerdo un compañero que llegaba derrotado de clase al haber dicho a sus alumnos "no os gustan los clásicos" y haber recibido la respuesta "¡sí, nos gusta Grease!", que por otro lado es una recolección de todo tipo de estereotipos anteriores.



Si esto ocurre con los modos y modas, ¡qué podemos esperar en el terreno de los valores! No es casual que Yang señale una barrera de los años 70. En la década anterior se han producido varias grandes revoluciones: la de los jóvenes (del hipismo de USA al 68 francés), la revolución sexual, el antimilitarismo, los movimientos antirracistas y de derechos civiles.

Si repensamos el cine anterior, es lógico que esa barrera se eleve cada día más alta. Vivimos bajo el efecto de aceleración de lo que Alvin Toffler llamó el "shock del futuro". Hoy la idea de generación se ha atomizado, marcando diferencias grandes entre personas con cinco o diez años más. Se mantienen fuertes vínculos con los más próximos mientras que nos distanciamos más de aquellos que mantienen diferencias que pasan a ser abismales en la forma de ver la vida. Lo que antes se producía con márgenes amplios diferenciales, ahora se ha reducido a mínimos creando burbujas generacionales aisladas.

Nuestra cultura es fragmentaria y selectiva, cada persona se crea unos espacios diferenciados de otros. Tenemos un mundo con múltiples y diversas opciones. El pasado es ya solo una de ellas. Muchos viven en un presente renovable que les hace vivir sin acumular, sin sentido de pertenencia al grupo o haciéndolo con grupos que construyen sus propias identidades. Ya no hay medios de masas porque no hay masas. Estamos en el mundo de los micromedios, de los pasados breves y de la cultura a la carta. No compartimos horarios, canales o programas. En esta sociedad moderna hemos conseguido ser islas formando archipiélagos con puentes ocasionales, uniéndonos en un punto en común y difiriendo en el resto. Es la sociedad red en la que, llevando la contraria al poeta Donne, sí "somos islas".



Esta percepción problemática de la Historia surge precisamente cuando se rompen las conexiones. Hemos pasado del "clasicismo" que admira el pasado a una condena que lo considera bárbaro e infernal.

Si el clasicismo era peligroso porque nos hacía mirar constantemente hacia atrás, esta nueva mirada antipasado, revisionista, es igualmente peligrosa porque nos deja sin memoria o, peor, con engañosas memorias de las que borramos los recuerdos que no nos gustan. Crea, por ello, un conflicto intergeneracional constante ya que la radicalidad de los enfoques y críticas hace que las personas se encierren o sean arrinconadas por el hecho de pertenecer a algo que no se considera "presente".

La respuesta debe estar en la educación. No me refiero a las introducciones didácticas antes de cada película en la TCM o cosas similares, sino a una auténtica formación como seres críticos con nuestra propia cultura, pero también capaces de distinguir lo valioso de lo peligroso.

Es muy fácil juzgar el pasado desde el presente. Pero la Historia no es solo un discurso reformable, como veíamos en el trabajo de Winston Smith en el 1984 de Orwell. Es un proceso valorativo, por un lado, pero también de reajustes interpretativos, que no es lo mismo que la quema sistemática por no ajustarse a nuestra visión actual del mundo.

Somos herederos, para bien o para mal, nos guste o no. En muchas ocasiones nos chirrían los oídos cuando escuchamos, vemos o leemos ciertas obras que vienen del pasado o que, simplemente, están ahí. Los estereotipos de éxito hoy nos ofenden y podríamos quemar casi la totalidad de la cultura heredada por ser distinta y considerarla peor.



A lo mejor no necesitamos quemar tanto y sí aprender más a cómo tratar con un mundo en constante cambio en que la tendencia es la del "usar y tirar" porque todo lo que permanece acaba siendo odioso. La vocación de la hoguera como remedio es siempre muy peligrosa por los cambios del viento y puede que en ocasiones tenga efectos contraproducentes.

No hay solución fácil ni cómoda. Pero este revisionismo constante corre el riesgo de convertirnos en supervivientes en una especie de desierto en el que no haya más movimientos que los de las dunas.

Educar, enseñar a leer el pasado, a interpretar el mundo anterior, es comprender que estamos sujetos a cambios constantes y que muchas cosas del pasado no nos gustan. Los ejemplos que pone Jeff Yang sobre filmes "problemáticos" son claros. Es probable que en ningún campo artístico sean tan claros los estereotipos raciales, de género, xenófobos, etc. El cine era un arte popular dirigido a audiencias amplias, por lo que la mayor parte de las veces satisfacía lo que la gente esperaba e idealizaba esos sentimientos. El cine es un arte que se construye con los códigos sociales, representa a través de lo que conocemos. Los textos de todo tipo, como señalaba Lotman, son la memoria colectiva de una sociedad, son cultura porque se construyen con los códigos del momento y sufren diferentes procesos de "traducción" para adaptarse a las nuevas circunstancias. Pero esto es bastante problemático en aquello que afecta al arte y a otros campos donde las obras son lo que son y solo se puede cambiar su forma de entenderlas.



En estos años asistimos al fenómeno de las películas, pero también otros muchos que llevan a la quema del pasado en forma de estatuas, pinturas, libros, etc. Es un extraño signo, un indicador de "final de los tiempos", de somos los últimos, los que tenemos la capacidad de moldear el mundo de una forma definitiva. Creo que todas las épocas lo han pretendido, ser la última palabra, pero la propia historia muestra nuestro error y los que atacan hoy serán atacados mañana, cuando nos vean como retrógrados por otros o por los mismos motivos.

Convivir con el pasado no es aplaudirlo, pero vivir sin pasado es ser mucho más ignorantes y manipulables de otras formas más sutiles. El pasado y su conocimiento nos pueden inmunizar frente a nuevos males de los que podemos olvidarnos en nuestro furor contra el pasado, como está ocurriendo con los nacionalismos populistas.

Entre la sacralización acrítica y la quema hipercrítica hay muchos puntos inteligentes intermedios. Todos ellos pasan por la educación, de una forma u otra. Más educados significa ser conscientes de los errores pasados para no cometerlos. La quema nunca ha servido de mucho.

 


* Jeff Wang "Notorious Hollywood classics seen in a brand new way" CNN 9/03/2021 https://edition.cnn.com/2021/03/09/opinions/turner-classic-movies-reframed-classics-jacqueline-stewart-yang/index.html

martes, 9 de marzo de 2021

Historia (vulgar) de Z

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



No hay que dejar caer ciertos casos en el olvido, sobre todo porque muchos cuentan con él, como en los casos de los asesinatos de Giulio Regeni o de Shaimaa al-Sabbagh ambos en Egipto. En otras ocasiones, la tendencia mediática a fascinarnos con lo inmediato hace que muchos hechos puedan quedar al margen del foco diario. Es lo malo de pensar en términos de "noticia" o de "actualidad".

El caso del asesinato del profesor Samuel Paty no debe ser olvidado. Un profesor que es que es degollado por un extremista de 18 que es guiado hasta él por una serie de conexiones que nos permiten comprender mejor las conexiones y mentalidades que rodean este trágico caso en el que una clase sobre la Libertad de Expresión se convierte en un ejercicio de lo contrario. El crimen final es el resultado de una serie de fuerzas que se van conectando hasta llegar al momento del asesinato. Hay un comienzo y un final. Es como un problema en el que se van dibujando los puntos que permiten establecer el recorrido del odio.



La BBC, donde primero vi la noticia, hablaba escuetamente sobre las mentiras de una de las chicas de la clase, de 13 años*. Ella era la que habría encendido la mecha que acabó con la muerte de su profesor a manos de asesino.  El texto habla de una "espiral" trágica que llevó al asesinato. Una espiral, sí, podemos llamarlo de esta manera y tratar de no pensar demasiado en el encadenamiento del absurdo que rige muchas veces nuestras vidas; son los entrecruzamientos de líneas imprevistas, de trivialidades, de azares.

La mentira inicial es relevante. Hay que conocer la trivialidad, la vulgaridad de los motivos de la muerte en casos en casos como este, en el que todo se disfraza con el nombre de Dios, al que se dice servir como brazo ejecutor. Hay que dejar al descubierto la perversa vulgaridad del motivo para comprender hasta qué punto las grandes palabras acaban tomando forma en pequeñas cabezas.

En Le Monde —con información de Le Parisien— encontramos un relato detallado en el que la chica reconoce haber mentido en la versión que le contó a su padre. Con esa versión, el padre comenzó a realizar llamamientos por las redes sociales contra el profesor. Esos llamamientos acabarían en manos de un predicador islamista que encontró allí su causa y la forma de expandir su ira y odio. El siguiente eslabón será el final de la cadena, el asesino checheno, de 18 años, que sería finalmente quien levantaría el cuchillo para degollar a Samuel Paty.



Los dos párrafos finales de Le Monde son desoladores al mostrarnos esa trivialidad de las cadenas de acontecimientos, la cutrez del destino que lleva a la muerte como culminación de despropósitos.  Nos explica el diario francés:

 

« Ce mensonge aux conséquences tragiques s’inscrit dans un contexte familial : complexée par la réussite scolaire de sa sœur jumelle, Z. n’aurait pas osé avouer à son père les motifs réels de son exclusion peu avant le drame, liés en fait à son mauvais comportement », écrit Le Parisien. Poussée dans ses retranchements par les policiers qui lui demandent si elle n’a pas « inventé cette histoire de caricature pour se sentir exister » aux yeux de son père, lui rappelant qu’elle est souvent « comparée » à sa jumelle, « bien plus assidue », l’adolescente est passée aux aveux : « J’ai menti sur un truc. » Z. explique qu’elle n’a jamais vu les caricatures projetées par Samuel Paty, ni le 5 ni le 6 octobre.

« C’est en fait une fille de sa classe qui lui en a parlé le mercredi 7, au lendemain du cours sur la liberté d’expression, auquel elle n’a pas assisté en raison de son exclusion, motivée par son absentéisme chronique », relate Le Parisien.**

 


La rivalidad entre dos gemelas, Z displicente y la otra trabajadora, estudiosa. la una expulsada por su mal comportamiento que trata de disfrazar sus faltas con una acción heroica a los ojos de su padre, un padre de fácil encrespamiento, de facilidad para convertirse en líder de las denuncias, en el hombre religioso que reclama venganza buscando un protagonismo ante su comunidad.

¡Cuántas veces ha buscado Z una ocasión de superar a los ojos de su exigente y perfecto padre a su gemela, dechado de virtudes! La chica había dicho a su padre que fue expulsada dos días de clase por la cuestión de las caricaturas para cubrir su expulsión anterior.

La frase en Le Monde nos revela es drama de la necesidad de la aprobación paterna: "« inventé cette histoire de caricature pour se sentir exister » aux yeux de son père". Z, nos dicen, no existía a los ojos de su padre, que solo daba existencia con su mirada a la gemela de su preferencia. La mirada del padre, la existencia o la invisibilidad, el ser y el no ser. Comprendemos ese vivir marcado por la sensación de inexistencia.



Las mentiras de Z no tienen disculpa, pero tienen una cierta explicación en esa mirada buscada, en esa necesidad de salir del vacío, de tapar sus fallos con excusas. Y la clase sobre la Libertad de Expresión con la caricaturas del profeta le brindaban la ocasión perfecta para justificar su ausencia, darle un sentido "noble" a los ojos de su padre.

Este podía haber aceptado simplemente la historia de su hija. Pero no se quedó ahí. Necesitaba la ocasión de mostrarse indignadamente virtuoso ante la comunidad. Era su forma de aumentar prestigio. También él busca una mirada y lo hace con persistencia, los tres mensajes grabados que cuelga en la redes solicitando acciones contra Samuel Paty.



La búsqueda de protagonismo de hija y padre encuentra pronto otros ansiosos por liderar la comunidad, el predicador islamista que atrae nuevas miradas mostrando exaltado su indignación, exigiendo medidas, pidiendo que el blasfemo se castigado como se merece. Sus mensajes se difunden hasta que finalmente será un joven de 18 años, deseoso de entrar pronto en el paraíso y que se cumplan ya todas las promesas que se le hacen al que realiza la yihad, ese esfuerzo voluntarioso para llegar a Dios, decide hacerlo cortando el cuello de Samuel Paty. Sus deseos serán cumplidos y caerá abatido a tiros por la Policía. No sabemos si sus deseos se cumplieron.

Ahora el protagonismo buscado se invierte. Los que buscaban atraer las miradas han encontrado un tipo de atención distinto al que buscaban. Z tendrá que vivir toda su vida con el remordimiento de la mentira y con haber hecho mejor indirectamente a su gemela. El padre tendrá un mayor protagonismo cuando sea condenado por incitación al asesinato, convirtiéndose en héroe de todos aquellos que envidiarán su firmeza denunciando al profesor muerto por las mentiras de su hija. El predicador también verá aumentado su prestigio y los años de cárcel que le puedan caer serán vistos como piezas importantes en su camino al paraíso. Todos consiguieron la atención que buscaban de un padre, de una comunidad, de un asesino.

La Legión de Honor reposó durante unos instantes sobre el féretro de Samuel Paty, profesor de Geografía e Historia, que decidió enseñar tolerancia.

 

 

* "Samuel Paty: French schoolgirl admits lying about murdered teacher" BBC 9/03/2021 Samuel Paty: French schoolgirl admits lying about murdered teacher

** "Attentat de Conflans : la collégienne à l’origine du drame reconnaît avoir « menti »" Le Monde 8/03/2021 https://www.lemonde.fr/societe/article/2021/03/08/attentat-de-conflans-la-collegienne-a-l-origine-du-drame-a-reconnu-avoir-menti_6072330_3224.html

lunes, 8 de marzo de 2021

La lógica del dinero

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



La periodista Alexis Benveniste los explica con toda claridad en la primera línea de su artículo en la CNN: "Fox News follows the money and the Republican Party follows Fox News"*. La frase representa una de las mayores perversiones de las democracias, cuando un gran poder mediático puede mantener en una burbuja las mentes de las personas haciéndolas vivir dentro de una burbuja en donde pierden el sentido de la realidad.

Lo ocurrido en estos últimos años en los Estados Unidos, cuya guinda ha sido la llegada de Trump a la Casa Blanca y su reinado surrealista, debería ponernos a reflexionar sobre las profundas a que se ve sometido un sistema político cuando confluyen en él el poder mediático y la consecución del poder por cualquier vía. La interacción cuadripartita entre Fox News, Trump, el partido republicano y su "público-votante" debería ser tomada seriamente en consideración para comprender qué ocurre cuando una democracia pervierte sus propias libertades perdiendo el horizonte de sus reales objetivos.

En varias ocasiones hemos insistido en que lo ocurrido el 6 de enero, el asalto al Capitolio, no convertía a los Estados Unidos en "país tercermundista" sino, por el contrario, en una democracia avanzada en descomposición. La cuestión clave entonces pasa a ser si esta situación es el resultado al que se ven abocadas las democracias o si se trata solo de una línea americana de descomposición fruto de sus propias condiciones y dinámica.



El artículo de Alexis Benveniste da una explicación sencilla en dos tiempos, "Fox News sigue el dinero" y "los republicanos siguen a la Fox News". Los dos momentos forman en realidad un mecanismo de retroalimentación: cuantos más sigan a la Fox News, más dinero hará esta. La expresión podría explicarse desde la lógica balzaquiana: el dinero y el amor mueven el mundo; la fusión de ambos es el "amor al dinero", convirtiendo a Rupert Murdoch en una especie de "avaro Grandet".

Los medios tienen un papel esencial en el sistema democrático, pero cuando actúan como si estuvieran en una dictadura, su efectos es perverso. Un medio poderoso que no actúa desde la verdad y los hechos, desde la crítica honesta, se convierte en una fuente tóxica de información, en un medio de envenenamiento de la sociedad. Fox News se convierte en una forma poderosa de modelado distorsionador de la realidad, induciendo a sus espectadores a percibir la realidad de una manera interesada.



La democracia, lo vemos cada día, está llena de frágiles equilibrios. Nuestro momento histórico actual es el de una sociedad mediática. Ya han pasado los tiempos en que los políticos iban de localidad en localidad dando mítines para contar lo que querían. Los que todavía lo hacen son meros apéndices de unas maquinarias mediáticas que siguen estrategias bien diseñadas para conseguir la captación de las voluntades mediante el secuestro de las representaciones de la realidad. Primero se "crea" un problema y luego se vende la solución. De nuevo, Donald Trump es el ejemplo perfecto de este sistema. Trump no ha hecho más que crear una visión problemática del mundo en donde cada problema se identifica con un causante. Pueden ser sus "bad hombres" iniciales para los que hay que construir un muro y expulsarlos como a bestias inmundas (recordemos sus "pozos de mierda" para referirse a los países de origen) o China y sus virus o sus teléfonos espías; puede ser la parasitaria Unión Europea, que hace "recaer" sobre los generosos norteamericanos el coste de las bases militares norteamericanas en el extranjero, etc. Son necesarios problemas y más problemas para sembrar miedo y angustia, los dos sentimientos necesarios para correr bajo las alas protectoras del líder fuerte.



La interacción entre Fox News y Trump ha sido prácticamente la del cantante y su orquesta. Fox News vio en él el complemento perfecto, el solista atractivo, capaz de encandilar a las audiencias que ellos mismos le creaban mediante el canal. Trump indicaba las líneas con sus tuits y mítines y la Fox News recogía los mensajes amplificándolos y traduciéndolos en dinero, en ganancias por las audiencias conseguidas. Lo que para Trump era poder, para la Fox era dinero. Cuando la Fox News tuvo dudas, Trump les enseñó las garras y les mostró lo que supondría una traición.

Ahora se dan cuenta que están atados a Trump, que somete a todos al mismo chantaje: todo lo conseguido —votos para los republicanos, audiencia para la Fox News y otros medios— se lo deben a él. El, Donald Trump, puede hacerles perder sus votos y audiencias solo con llamarles "traidores". Están en sus manos.

Alex Benveniste escribe en la CNN en el artículo señalado:

 

"We very much focus on on the center right. We think that's where America is," Lachlan Murdoch, Rupert Murdoch's son and the CEO of Fox News said during a recent call with investors. "75 million people voted for Trump for president," he added.

"He's just freely admitting what Fox is," CNN's Chief Media Correspondent Brian Stelter said on "Relibale Sources" Sunday. "It is for the Republican Party. It's for Republican voters."

Fox News has amped up its highly charged rhetoric in the post-Trump era, focusing on bashing Democrats, including President Joe Biden, both on-air and online. The network shook up its lineup in January to include more opinion and less news. And Fox News' website recently went through "an ideological purge of fact-based journalism by staffers," Diana Falzone, a contributing reporter at The Daily Beast, told Stelter.

Network hosts bash Biden daily, calling him frail and senile, and Sean Hannity has said the president is "weak" and "cognitively struggling." And Fox News' ratings are far below where they were during the network's pre-election highs.

 


Apenas han pasado unos meses de la "inexistente derrota" de Trump y se vuelve a una posición combativa puesto el acento en conseguir erosionar a Biden y los demócratas a cualquier precio para restarles poder cameral en las próximas elecciones parciales en 2022. Estas serán una prueba de si esta estrategia sirve o si no funciona como esperaban. Si los candidatos de Trump no consiguen sus objetivos, el plan de la Fox News habría fallado. La lucha se traslada al interior del Partido Republicano, pero será una lucha desigual pues la Fox News ha apostado por esos "75 millones" de votantes y audiencia, que consideran propiedad de Trump. Cualquier republicano que intente apartarse de lo que Trump representa, tendrá enfrente a la Fox News.

Teniendo en cuenta el tipo de recursos que maneja, se presenta una campaña en la que Trump, como un César aburrido, irá bajando el pulgar señalando el destino de todos aquellos candidatos que no le rindan pleitesía.

La sumisión a Trump implica aceptar su escritura de la Historia, aceptar que le robaron las elecciones y que los demócratas son "traidores" a la patria, etc. Gran parte de la estrategia de Joe Biden es mostrar el desastre trumpista que ha convertido Estados Unidos en el país que peor ha gestionado la pandemia. Los republicanos ya están boicoteando la recuperación tratando de apuntarse la apertura de los estados que controlan levantando restricciones. Hoy mismo, la CNN nos daba imágenes de actos de quema pública de mascarillas en algunos estados, reivindicando la "libertad". Es probable que veamos la repetición de este tipo de actos, tal como los vimos en plena pandemia favorecidos por el negacionismo trumpista.

La maquinaria de la Fox News está de nuevo en marcha, aumenta el ritmo. El dinero está en el trumpismo fiel a la cadena y seguirán unidos a él por encima de la realidad, fabricándola para conseguirle votos que, a su vez, les aumente las audiencias. Es la lógica peligrosa del dinero entremezclado con la realidad y el poder, erosionando la primera y volviendo peligroso el segundo.



El poder en sistemas mediáticos tan poderosos adquiere un nuevo sentido y un nuevo origen. Si los medios abandonan su papel real y se convierten en correas de transmisión del poder, pueden verse enganchados. Ahora, creen en Fox News, el dinero está asegurado jugando la baza del apoyo al trumpismo, pero ya han visto los riesgos que supone. La maquinaria de la Fox News se creó para eso, pero Trump ha mostrado que les puede destruir con medios que la Fox News no controla, una segunda fila de medios que les pisan los talones deseosos de alcanzarles y conseguir su poder. El propio Trump ha alcanzado un poder enorme con sus tuits. Es muy significativo que la guerra a Trump se haya planteado censurando sus mensajes en las redes sociales, bloqueando sus cuentas y advirtiendo de sus falsedades. Esto, como comentamos hace tiempo, abre unas posibilidades complejas en las que el poder tiende a concentrarse en manos ajenas a las propias sociedades, a los votantes. Ahora muchos necesitan de garantías de verdad en una sociedad dividida entre opciones sobre la realidad de lo que tienen delante. Los medios fiables eran parte del sistema; ahora la función empieza a ser otra, los refuerzos de las opciones en liza. Es el refuerzo del deseo más que la realidad, lo que muchos crean a través de los medios. Es una falsa realidad que se fabrica con un tuit presidencial o con un comentarista televisivo.

Fox News se creó para seguir la lógica del dinero. Ahora sigue esa senda sin importarle demasiado las consecuencias. 

 


* Alexis Benveniste "How the Murdochs are shaping the GOP for the next 4 years of Joe Biden" CNN 7/03/2021 https://edition.cnn.com/2021/03/07/media/murdochs-gop-biden-reliable/index.html

domingo, 7 de marzo de 2021

Necesitamos otro futuro

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



En el programa semanal de Euronews, Estado de la Unión, el periodista Stephan Grobe le dedica una parte a Benoît Lallemand, secretario general de Finance Watch, señalando que este cree que una parte de los fondos destinados a recuperación se desperdiciarán porqué la "mayor parte del gasto para recuperarnos de la pandemia se centra en mantener o reactivar la economía de ayer"*.

Esta observación es decisiva y tendrá una enorme trascendencia no solo para la "recuperación", un término demasiado conservador, sino para otras fórmulas más progresivas que sitúen a la economía europea en una senda de fortaleza ante un futuro del que lo que estamos pasando ahora sea una muestra y anticipo.



La decisión de en qué y cómo invertir todos esos fondos de ayuda debe ser meditada porque es precisamente el futuro lo que nos estamos jugando con toda esta serie de decisiones.

La pandemia ha dejado al descubierto las miserias del sistema, sus desequilibrios y debilidades, el tope de las posibilidades de algunos sectores que están claramente sobredimensionados y que acusando su tamaño son muy difíciles de controlar.



Aquí hemos repetido una y otra vez un diagnóstico que seguimos ignorando: la economía española es la que más sufre todos estos vaivenes que suponen las sucesivas crisis que se están produciendo cada vez. Es la que más sufre, la más dependiente de soluciones exteriores y la que más tarde en recuperarse.

Hace tiempo que los políticos carecen de programa de futuro y se contentan con ofrecer parches interesados a un presente del que son hijos y en el que aspiran seguir creciendo. La estructura autonómica, lo estamos viendo cada día, impide planes generales de reconversiones y los poderes locales son deudores de aquellos que les han permitido y apoyado para llegar al poder.



Nuestras crisis económicas han sido debidas a la sumisión a ese modelo que nos impide crecer, que nos hace crecer con enorme debilidad y que hace que lo mejor que produce el sistema formativo tenga que emigrar a otros países, eso vale tanto para el personal sanitario —repartido y valorado por toda Europa— a nuestros ingenieros e investigadores que acaban aceptados en otros países en donde la investigación significa algo más que miseria y supervivencia.

Ladrillo, turismo y hostelería han creado nuestro panorama desde hace ya varias décadas torciendo el destino de España como país industrial. Nuestra industrialización se va reduciendo y dependen de inversores extranjeros a los que hay que bonificar para que vengan antes de que se vayan a otros países más baratos a producir.

El sur de Europa lucha entre ser destino de descanso del Norte industrial y tratar de salir y crear nuestra propia independencia en el conjunto, la que permita producir algo más que aquello que se nos permite directa o indirectamente. Cuando el norte se paraliza, como ocurre ahora, el sur se queda a merced del desastre, cortadas sus fuentes de supervivencia.



La situación vergonzosa de Madrid, invadida por gamberros franceses que saben que se pueden saltar las restricciones porque tenemos que besar por donde dejan sus vómitos nos da una imagen patética de lo que es un destino que a nuestra pobre y poco imaginativa clase política le resulta fácil manejar. No dan para mucho más en sus disputas y carecen del sentido de futuro para sacar a un país débil y estancado, empeñado en distraerse peleándose unos con otros sin ninguna utilidad más que para aquellos que lo fomentan.

Lo que avisan desde Finance Watch es especialmente indicado para España, el temor a que vayamos a invertir en un fantasma persistente, en un agujero por el que no hay preparación para lo que nos va a llegar pronto, un futuro oscuro y quejumbroso.

La pandemia es algo más que una crisis sanitaria. Podemos ver al desnudo nuestros límites, las enormes deficiencias de un país que quiere llenar los bares, uno por cada 175 habitantes; amontonar 75 millones de turistas y decorar los pueblos para atraer visitantes a que vayan a hacerse selfies ante las curiosidades que les mostramos.




Ocio y espectáculo, inversiones multimillonarias en deportes para llenar estadios a cualquier precio mientras se pierden los valores educacionales. Todo es espectáculo y debe llenar calles, salas, bares, festejos. Nuestras carencias en la organización de la enseñanza han quedado claras, tal como ha ocurrido en muchos otros sectores, cada vez más reducidos a la mínima expresión.

Un 25% de economía sumergida, mucha de ella de subsistencia, retratada en un constante contratar y despedir, en disfrazar de becarios para no tener que comprometerse realmente con el empleo. Tenemos gente que llega a los 40 sin haber tenido un empleo digno, solo una sucesión de contrataciones y despidos según sea temporada alta o baja. Tenemos una de las tasas de abandono escolar mayores, algo que comenzó con la fiebre del ladrillo ante la inutilidad del estudio, al que no se le ve un futuro, solo un abuso en el futuro.

Como dice muy gráficamente Benoît Lallemand, el secretario general de Finance Watch, "lo que importa es dónde queremos estar dentro treinta años y no en el próximo trimestre". Nuestro problema es que hemos dejado de pensar en un futuro mejor para todos y nos hemos construido a un "pasado-presente" elástico, un "más de lo mismo desoyendo" lo que puede ocurrir en una mezcla de egoísmo y ceguera generacionales.

Hace años que se viene hablando de la explotación de una generación, a la que no le queda más remedio que emigrar o plagarse a este modelo poco gratificante. Lo hemos dado por bueno y aceptamos sin luchar demasiado que nuestros hijos vivirán peor que sus padres.

¿Es posible aceptarlo sin más?




* "ONG advierte que los fondos de recuperación se "desperdiciarán"" Euronews 5/03/2021 https://es.euronews.com/2021/03/05/ong-advierte-que-los-fondos-de-recuperacion-se-desperdiciaran


sábado, 6 de marzo de 2021

Objetivo: boicot a China

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



La desaparición de Donald Trump de la Casa Blanca (no de la vida política norteamericana) no ha supuesto un descenso del sentimiento contra China, que se ha convertido en una verdadera obsesión mediática en continuo crecimiento. La lógica de esto, mucho me temo, es evitar que Biden pueda establecer cualquier tipo de puente para reducir las tensiones con China y seguir así una política que es cada vez más arisca. Se entiende que Biden debe recomponer la presencia norteamericana en el exterior, pero no se entiende que China forme parte de ese "exterior" susceptible de arreglo. Cada vez más, las líneas de ataques están más perfiladas y sus objetivos son más definidos, concluyendo con un futuro boicot o cerco a China.

La crisis en la que está inmerso Estados Unidos es de varios niveles, pero el más importante en estos momentos es la de "credibilidad". Son incontables los análisis que ven poco probable que Biden pueda restaurar las relaciones anteriores a Trump por un elemento evidente: Trump es la punta del iceberg. Y Europa, sobre todo, ha comprendido los límites de las relaciones ante el peligro de que aparezca un segundo Trump o un Trump por segunda vez, perspectiva todavía peor.


Una parte de los poderes fácticos norteamericanos veían con buenos ojos el trumpismo porque era una forma de recuperar el terreno perdido frente a China, convertida en la segunda potencia mundial. La gota que ha colmado el vaso es el manejo de la pandemia. Lejos de las paranoias absurdas sobre la fabricación del virus "chino" (no hay un experto creíble que lo sostenga) y la redirección de la inoperancia que ha superado el medio millón de muertos ha dejado de funcionar. La mantienen los grupos ultras que siguen pensando que Trump ganó y que los chinos crearon el virus para... no se sabe muy bien qué. Pero el hecho es que China gestionó la pandemia mejor que Estados Unidos. Le podemos echar la culpa a las tradiciones chinas, al comunismo o al arroz glutinoso, pero lo cierto es que así ha sido, Y esto escuece porque la teoría es que China se debía haber hundido como la Unión Soviética, rendirse en la carrera, pero lo cierto es que no es eso lo que ha ocurrido y la Historia no tiene marcha atrás, hay lo que hay.

A todos los países ricos les interesó deslocalizar sus empresas y producir en China, donde se tragaban la polución y hacían la mayor parte del trabajo duro. China aprovechó lo conseguido para avanzar como país y desarrollar tecnologías punteras en campos de investigación, entre ellos la Inteligencia Artificial, el desarrollo de las redes 5G, la telefonía, etc.



Antes de que llegara la pandemia, los Estados Unidos de Trump habían desarrollado unas feroces campañas contra China, esta vez centrada en la campaña contra el 5G y la compañía que lo desarrollaba, Huawei. Estados Unidos no quiere renunciar al control que tiene sobre las comunicaciones a través de las tecnológicas, que por cierto, le estallaron a Trump en pleno rostro. Se trataba de hundir a cada empresa china que tratara de seguir adelante con sus propias líneas de desarrollo. Los chinos pueden fabricar lo que queremos, pero no pueden fabricar lo que quieren ellos, es decir, no pueden tener una política comercial tal como la practican las empresas norteamericanas y del resto de Occidente.

Al ser competitiva en precios y calidad, muchos países han enlazado con China que, como otros, abren sus propios intereses. Las acusaciones son ya un clásico: los chinos lo copian todo y cualquier herramienta china está puesta al servicio del gobierno comunista de Pekín. La primera es una continuación del viejo principio —que ya se le aplicó a Japón— de una especie de congénita falta de imaginación, reservada a los occidentales. Se olvida que el desarrollo occidental se debe sobre todo a los descubrimientos chinos: la pólvora, la brújula, la tinta y la imprenta, a los que se podría añadir la seda. Estos inventos chinos fueron sacados con malas artes y puestos al servicio del colonialismo, ya que permitió los viajes primero y las conquista después, además del desarrollo comunicativo por la imprenta. Pero todo esto es agua pasada, por más que sea reinterpretada interesadamente cuando se dice que China "roba" porque son incapaces de inventar. Por otro lado, la fuga de cerebros desde Asia es constante, lo que permite a Estados Unidos (y otros países) creer en su potencial inventivo, confundido con el económico. No olvidemos cuál fue el destino, por ejemplo, de los "sabios" alemanes reciclados del nazismo a las fuerzas norteamericanas. Hoy Estados Unidos capta a los valores exteriores atrayendo con el poder económico el capital intelectual. Ningún reproche pues cada uno desarrolla su vida como puede, pero la idea de que todos copian lo que se hace en Estados Unidos es solo un mito autogestionado. Por eso las evidencias de superación de cualquier país son tal mal recibidas y necesitan de alguna "explicación" que la justifique, como ocurre con la cuestión del COVID-19. Hoy Estados Unidos hace un uso selectivo de la inmigración aceptando personas de aquellas áreas que le interesan, como ocurre con los matemáticos de la India o sus informáticos, por citar solo un ejemplo.



La segunda obsesión interesada contra China es la de que cualquier dispositivo que se tenga, de un teléfono a un ordenador pasando por un televisor, tienen línea directa con el gobierno chino, que se entera de lo que haces o dices. De los únicos que tenemos esta seguridad es precisamente de las grandes compañías tecnológicas norteamericanas que son precisamente las que nos "espían" y comercian con nuestros datos, como bien han denunciado las comisiones de la Unión Europea. Y además, como estamos viendo estos días, su fiscalidad es un atentado a la competencia y a la responsabilidad corporativas, es decir, sencillamente ganan y no cotizan desde paraísos fiscales o desde países que insolidariamente de dejan seducir, donde sitúan sus sedes. Todo esto es conocido y diario.



La noticia en primera línea de la CC vuelve a traer otro titular espectacular en donde "advierte" que la flota China ya es mayor que la norteamericana, algo sobre lo que, al parecer, deben pedirle opinión. El éxito de la estrategia de Trump consistió en intentar repetir con Rusia una falsa guerra fría. El tema es muy orwelliano, dividir el mundo en zonas de influencia que actúan como clientes permanentes. Trump lo dejó muy claro: el que quiera seguridad, que la pague. Creo conflictos por todo el mundo —de Oriente Medio al Mar de China, pasando por el Sahara—, ya fueran nuevos o intensificación de los viejos, de tal manera que todo el mundo reclamara la "protección" norteamericana y, especialmente, comprar ingentes cantidades de armas.

El crecimiento de la armada china forma parte de ese juego de provocar conflictos (la presencia constante de buques norteamericanos en la zona), hacer que el otro se arme y proclamar posteriormente la inseguridad. No es un método nuevo, y siempre es peligroso porque lleva a escaladas. Con Putin le ha funcionado y pudimos ver cómo chantajeo a Ucrania para mandarle protección en su conflicto ruso. Pero, como todos sabemos, estaba encantado con Putin y la política rusa porque necesitaba un "malo" controlado en sus películas. Pero con China es ya otra cosa. Porque es una potencia consolidada que, nos guste más o menos, está ahí y nadie obviamente le ha regalado nada. Pero cuestiona la primacía de Estados Unidos en campos que le hacen perder credibilidad (el fracaso de la respuesta a la pandemia ha sido por la pura obcecación de Trump, como se está viendo tras su salida) y sobre todo corre el riesgo de perder "clientes" aliados.

En este sentido, toda aportación china al conjunto es tratada directamente como "propaganda", cosa que no se puede aplicar a los mismos hechos cuando con realizados desde Washington. Si los chinos envían vacunas o mascarillas, es considerado sorprendentemente un "acto hostil", una bajeza mediática, un lavado de imagen.



Los medios norteamericanos han fijado una serie de posiciones sobre esta estrategia, que es la que se está desplegando a través también de un aliado principal, Reino Unido con Johnson como apoyo. La política de Reino Unido, obviamente parte de la cuestión de Hong-Kong, de gran complejidad, pero también alentada desde los antiguos colonizadores, que nunca han dejado de controlar la política de la isla. La jugada más evidente la tenemos en la oferta de traslado a Reino Unido de todos aquellos que quieran abandonar Hong-Kong, una jugada insólita en las relaciones internacionales y cuya finalidad no es otra que cubrir el vacío continental que provoca el Brexit, además de los ataques a China. Capital y capital humano permitirá a Reino Unido salvar su crisis interna y seguir jugando a su aventura colonial a distancia.

Desde Estados Unidos son dos los focos en los que se concentran.  Hong-Kong es evidentemente uno de ellos. El otro es la cuestión de los uigures y los derechos humanos. No deja de ser una curiosidad que se hayan centrado en esta cuestión teniendo en cuenta las políticas seguidas por Trump. En China hay 56 etnias, pero para Estados Unidos solo existen dos problemáticas: Tíbet y los musulmanes de la región Uigur. Se soslayan muchos problemas creados desde estados musulmanes limítrofes y la propagación del islamismo.

El otro foco de tensiones que parecen buscadas son las relaciones con la India, que pasan también por una relación complicada. Visto en su conjunto, parece que reinan demasiados conflictos en las fronteras chinas como para pensar que se trata de causalidad. Es sabido que un conflicto llama a otro porque supone aprovechamiento mediático, captando la atención, pero también porque divide los recursos. Los conflictos se le acumulan a China del Mar de Japón a la India.



La noticia de que China tiene una flota superior a la de Estados Unidos es llamativa e interesada. Es una llamado doble, a más inversión militar y a atacar la propia idea de defensa de China. Según esta teoría, China realiza una defensa agresiva, idea que parte de los conflictos creados con Japón y la cuestión enquistada de Taiwán.

La demonización de China solo consigue que China se sienta acosada y refuerce sus defensas porque lo que se percibe en su interior es precisamente un rechazo y un acoso. No dudo que haya un "orgullo chino" que tiene que ver con su poder, pero tampoco tengo dudas que es la presión exterior la que hace que se refuercen las defensas ante el sentido de amenazas. Si China se siente acosada en sus fronteras y en su interior, rodeada de desconfianza, si siente que hay apoyo exterior para los conflictos internos, China intensificará su política de defensa, lo que será visto desde el exterior como un crecimiento de la amenaza hacia el mundo.

Todo esto coincide precisamente con el desarrollo de China que se ha hecho siguiendo el modelo globalizador y de comercio propuesto por Occidente. Los problemas comerciales o de expansión se pueden resolver de muchas maneras, evidentemente. Pero es seguro que será difícil solucionar cualquiera porque, a mi modo de ver, no existe esa intención, sino, por el contrario, cercar a China, lo que podría ser entonces sí más peligroso.



Hay varías ofensiva en el horizonte. Mucho me temo que ya se han iniciado los movimientos para el boicot internacional a la celebración de los Juegos Olímpicos de Invierno en China. Ya hay muchos artículos en la prensa norteamericana sobre esta cuestión, que se está sembrando. El riego, obviamente, es la corriente de noticias sobre China que buscan crear una corriente negativa hacia sus productos, personas y todo aquello que se pueda crear y amplificar.

Desde el punto de vista de la creación de corrientes y de la propaganda resulta interesante ver la formación de este periodo, señalando el peligro que se corre al crear estas situaciones. Si se quiere una mayor liberalización política de China, no es la mejor vía presionar, ya que lo único que se hace es elevar el nivel de las defensas. Lo único que se ha conseguido, por el contrario, es una mayor solidaridad interna ante los ataques exteriores que muchos no entienden y consideran una provocación.

Otro de los objetivos de la línea mediática es repetir cada día que el presidente Xi Jinping es cada día "más poderoso", intentado convertirlo en una especie de Gengis Khan al frente de una hordas bárbaras que han copiado la tecnología ajena y salen conquistar el mundo.



Por supuesto hay muchísimos problemas en China, la mayor parte de ellos la padecen los propios chinos. Pero lo que está muy claro es que las políticas desarrolladas desde Estados Unidos y Gran Bretaña, también por parte del amigo australiano, no solo no ayudan a una mejor convivencia planetaria y a solucionarlos sino que, por el contrario, son contraproducentes.

La CNN tenía el mismo día en sus páginas dos artículos, el primero de ellos era claramente en contra de China; el segundo era denunciando la situación del creciente racismo contra las personas de origen asiático. ¿Esperaban otra cosa si responsabilizan a China de todos los males, como se ha hecho con Trump?



¿No tiene más sentido sentarse a discutir y negociar? Pero parece que hay sectores económicos, industriales y militares que quieren seguir creciendo con políticas del miedo y el boicot, lo cual afectará a las políticas de alianzas en Europa, pero también en África y Latinoamérica.

Trump quería un mundo repartido con su admirado Putin, donde cada uno supiera sus zonas con claridad, crecer con el miedo. Parece que este plan no parece tan descabellado a los nuevos políticos en la Casa Blanca.



La política exterior china tiene que aprender mucho y no pensar que el poder económico lo es todo. La formulación de una Eurasia como zona geopolítica y económica es compleja y requiere medir cada paso, no aprovecharse de las crisis más de lo debido y que nadie se sienta desposeído o que está cayendo en manos de otros.

China falla en su comunicación. Tiene una obvia falta de práctica e innumerables errores; los vemos desde perspectivas de terceros que no siempre son sinceras. No es bueno que una generación crezca pensando que el resto de mundo es el enemigo al que hay que ganar, comprar y vender.



La época de Trump ha sido negativa, pero no se ha terminado. La crisis de la pandemia es demasiado importante y pocos van a aceptar que China, según nos decían ayer mismo, crezca al 6% cuando los demás entrar en recesión. Pero esto no es cuestión de China sino nuestra, de organizarnos de mejor forma.

Las relaciones internacionales en un mundo como el nuestro no pueden seguir estableciéndose con modelos de poder del XIX y de la posguerra mundial. No son válidos para solucionar conflictos, solo para intensificarlos. Hay que encontrar vías que posibiliten reformas y crecimiento sostenible y no llevar al límite bélico cualquier situación. La política internacional debe ser internacional y no una mera fachada de los intereses particulares. Desgraciadamente es esto último lo que tenemos. Ver a lo otros favorablemente si son "mercados" a los que vender y enemigos si pretenden vender en nuestro suelo no es una política adecuada. No importó a nadie la política de China cuando fabricaban para nosotros; ahora compiten y pasan a ser amenazas y todo se mira con lupa. Hay muchas cosas que corregir en la política china, especialmente para beneficio de los propios chinos. Pero esta hipocresía que vemos no es le mejor camino para solucionar nada, ni dentro ni fuera.