jueves, 12 de julio de 2012

El pronto

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Pues sí, hay gente a la que le da el pronto.  Cuando a uno le da el pronto, se pierde el sentido de la realidad y el afectado se dispara hasta alcanzar la velocidad de escape, que es la que debe alcanzar un cohete para poder huir de la gravedad terráquea y perderse en el espacio infinito. Es como la cólera de Aquiles, pero sin Homero que lo cante ni musa que lo chive. Pero esta vez sí se han chivado del pronto.
Un pronto le puede dar a cualquiera, pero le suele dar a los mismos. A Hitler, por ejemplo, le dio un pronto e invadió Polonia. Esta vez le ha ocurrido al secretario personal —también llamado "asesor", "hombre de confianza"— del alcalde de San Sebastián. El hombre se encontró con unos chicos que celebraban la victoria de la selección española en la Eurocopa y, claro, le dio el pronto. "Voy a sacar la pistola y os voy a dar dos tiros", les dijo el señor Joseba Ibazeta, después de vitorear a ETA. Y lo peor no es que lo dijera, sino que tiene cara de hacerlo. 


No creo que esa cara sea de nacimiento, porque no sería culpa suya; más bien es de sentimiento, de haberse pasado la vida cabreado, entre otras muchas cosas, por cada gol, por cada canasta de tres, por cada bajada de bandera (no del taxi, sino en las carreras de Fernando Alonso)... Tomándoselo así, este señor debe estar pasando una temporada fatal. Y es que hay gente que viene al mundo a sufrir por los demás, aunque sea en un sentido especial en este caso.
Ya es malo que el señor Ibazeta tenga prontos amenazantes con los agravantes de acompañamiento de gesto, tono, y lanzamiento de objetos, pero es todavía peor que un señor con tal facilidad para coger la velocidad de escape sea asesor de nadie en política. El señor alcalde ha salido a leer un papel diciendo que eso "era intolerable". Pero tengo la sospecha de que no era eso lo que ponía exactamente en el papelito que tenía entre sus manos porque ha hecho una lectura reiterativa y desordenada, quizá por falta de concentración, porque el pronto del señor Ibazeta le había dado un disgusto profundo, por los motivos que él considere oportunos, que pueden no ser los mismos que pensamos usted y yo. Al alcalde se le veía muy afectado por tener que aceptarle la dimisión y no poder despedirle con palabras de agradecimiento. ¿A quién me pondrán ahora?, parecía pensar.



Los goles y triunfos de la selección española se han disfrutado en casi todos los lugares del globo terráqueo. Me ha emocionado ver con cuánto cariño celebraban los estudiantes de español de la Universidad de El Cairo los triunfos futbolísticos, que hacían suyos de corazón. Sobre todo las chicas, que ponen en sus facebooks fotos de los jugadores, con Piqué, Casillas y el niño Fernando Torres como principales protagonistas. ¡Viva España! ¡Enhorabuena!, escribían con sincera alegría en sus muros virtuales.

Pero resulta que cuando esa alegría se manifiesta en las zonas en las que reina y asesora el señor Ibazeta, puede resultar peligroso para los que consideran que están en su sano derecho por celebrar algo que les apetece expresar. A Ibazeta, entonces, le da el pronto y sale con lo de "los dos tiros" y todo eso, y se pone en plan "Amanecer dorado", el partido de los intelectuales griegos, y es que las ideas de los hombres de acción se parecen en todos lados: "aquí mando yo y todos los que no sean como yo, fuera".
Ahora que tanto se critica la existencia de "asesores" en todos los niveles de la administración  pública, en instituciones y alrededor de los cargos, sería bueno plantearse —si alguien se atreve, claro— el papel de todos estos señores de verbo y mano rápida, de estos camaradas viscerales y "étnicos". A ver si recortamos en escoltas y crecemos en "asesores".
La descripción que el diario El País hace del personaje es un retrato interesante y clarificador de su papel e historial en las instituciones:

Ibazeta es un reconocido miembro del sector más duro de la izquierda abertzale, siempre relacionado con el sindicato LAB, al que está afiliado, y a Batasuna. En el pasado mes de septiembre respaldó a un grupo de jóvenes que habían tomado un inmueble en la Parte Vieja de la capital guipuzcoana para convertirla en un gaztetxe (local social). La Policía Municipal que acudió al lugar de los hechos a instancias de los propietarios del edificio constató cómo Ibazeta les ordenó que no intervinieran. Como primera reacción, los grupos de la oposición municipal acordaron la creación de una comisión de investigación que mantiene sus trabajos.
En su relación con la actividad municipal, Ibazeta ha protagonizado varios incidentes en el Ayuntamiento de San Sebastián. En una ocasión, llegó a zarandear al entonces alcalde Odón Elorza durante un debate. A su vez, no ha dudado en portar camisetas relacionadas con la organización juvenil Segi y de mantener una posición siempre hostil con el resto de las fuerzas políticas. Con su dimisión, el alcalde donostiarra pierde a su consejero de referencia. En más de una ocasión, Ibazeta ha hecho cambiar a Izagirre de opinión durante debates de hondo calado político.*

Como se ve por su trayectoria, este señor vive de "asesorar", y te asesora la cara en cuanto que te descuides un poco y le lleves la contraria. Si ya es grave amenazar con pegar tiros y lanzar objetos contra los que celebraban la victoria de la "selección", lo es mucho más su capacidad de ordenar a la policía municipal lo que tiene que hacer, decirles "que no intervinieran" en el caso de los "okupas", que él debe considerar que va incluidos en sus tareas de "asesoramiento". Asesora, que algo queda.



Los prontos de este intelectual, asesor y fino estratega, son parte de su forma de ser y, en su caso, de pensar. Lo del "consejero de referencia", que dice El País, es uno de los mejores chistes políticos de la última década. Me alegra que haya dejado "su puesto", por más lucidez que pierda el consistorio que, aunque esté una temporada sin rumbo por la pérdida irreparable de Ibazeta, se recuperará finalmente. Lo superarán.
Creo que lo más recomendable es que fiche como asesor de los guiñoles de Canal + Francia, que se alegraran de contar con sus finas ideas sobre el deporte español. Habremos perdido un asesor local, pero habremos ganado un humorista universal.

* "Dimite el asesor del alcalde de San Sebastián por amenazar de muerte" El País 11/07/2012 http://ccaa.elpais.com/ccaa/2012/07/11/paisvasco/1342000774_871194.html



A los nacionalistas vascos y catalanes no les hizo  mucha"gracia"


miércoles, 11 de julio de 2012

Tiempos extraordinarios o el dedo en la nariz

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Continúa el rosario de interrogatorios de la cúpula del Barclays Bank. El escándalo va adquiriendo sus dimensiones como la rueda va cogiendo volumen con cada entrada de aire a golpe de émbolo informativo. La cuestión es cuánto aire admitirá la rueda antes de la explosión definitiva. Esta vez le ha tocado a Marcus Agius desfilar ante la comisión parlamentaria que investiga sus prácticas.
Recuerda The New York Times las aportaciones anteriores de Robert E. Diamond Jr, el hombre que amaba a su banco, ante la misma comisión hace unos días y, a la luz de lo expuesto poa Agius, ya están pensando en volverlo a traer. Pero el periódico va más allá y trae a colación algunas declaraciones antes de que las cosas comenzaran a salir a la luz:

During his tenure as Barclays chief executive, Robert E. Diamond Jr. spoke passionately about creating a strong culture of integrity and trust, a common philosophy that would breed success at the big British Bank. In a speech last year, he emphasized that the “evidence of culture is how people behave when no one is watching.”*

Marcus Agius y Robert Diamond Jr, directivos responsables de Barclays Bank


Esta frase final del señor Diamond adquiere unos tintes realmente singulares ante lo sucedido con el banco. Me recuerda la afirmación de que las personas verdaderamente educadas son las que no introducen su dedo en la nariz cuando nadie las mira. La idea de que "la evidencia de la cultura es cómo se comporta la gente cuando nadie les observa", va en esa misma dirección explicativa y tiene algo de retórica e infantil, de un consejo dado por tu madre cuando vas de visita protocolaria.

Evidentemente, lejos de las miradas de la gente, los altos ejecutivos del banco y de las demás entidades que han realizado las mismas prácticas, no solo se han metido un dedo en la nariz, sino que le han faltado dedos, manos y hasta narices; han producido todo tipo de sonidos capaces de ser producidos por un cuerpo humano, y se han limpiado con la manga de la camisa oca y narices. En fin, han roto en privado las estrictas reglas que ellos llamaban orgullosamente "cultura", esa "fuerte cultura de la integridad y la confianza", como dijo Diamond, palabras dignas y hermosas, cuyo destino más elevado es acabar en una valla publicitaria sobre una luminosa colina o en una placa de mármol inaugurada con lágrimas emocionadas en los ojos de todos los miembros de la entidad.

Si esa era la pretensión individual de Diamond o la colectiva del banco, desde luego han fracasado. Las declaraciones amorosas del ejecutivo hacia su empresa han quedado en una retórica vacía y degradada por sus propias acciones. El sistema financiero fue creando su propia opacidad, un universo incomprensible para muchos de ellos y para el resto de los mortales, a los que solo les quedaban las palabras del señor Diamond prometiendo que todos aquellos momentos en que los banqueros no estaban a la vista, no se metían el dedo en la nariz. La cuestión clave es que el sistema financiero ha pasado mucho tiempo lejos de las miradas y eso ha generado una audacia insólita. Las palabras de Diamond no son sinceras, son tranquilizadoras para una clientela obligada a fiarse de lo que sus bancos les dicen, ofrecen o cobran.
Las sentencias en España contra los abusos en las ofertas de productos financieros de alto riesgo al ofrecérselos a personas incapaces de entenderlos nos muestran más ejemplos de esa falsa "cultura" bancaria que ha incurrido en el peor de los pecados en los que podía caer: la pérdida de la confianza. Hacía bien Diamond en insistir en ello, ya que es la clave del sistema. Lo malo es que insistía para intentar mantener el clima de confianza necesario para poder seguir incumpliéndolo.

En este contexto de incumplimiento, las nuevas declaraciones de Marcus Agius, son un capítulo más en esta historia folletinesca, por entregas, en la que nos vamos enterando de la distancia que va entre la sonrisa de la valla publicitaria y la realidad de la que se aleja. Señala The New York Times:

When asked why senior managers did not question decisions to report artificially low rates, Mr. Agius said that the bank handled many difficult situations after the collapse of Lehman Brothers in 2008.
“I think it reflects the extraordinary times,” he said.*

No queda claro si los "tiempos extraordinarios" referidos por Agius son una justificación de la falta de ética y del enriquecimiento de entidades y ejecutivos acosta de sus clientes o se refiere e la excepcionalidad de la crisis. Cualquiera de las dos respuestas dejan en evidencia la falta de escrúpulos de la cúpula. Uno empieza justificando el robo por la necesidad; después descubre que es más cómodo que trabajar honestamente; y finalmente se comprende que es un camino más rápido hacia el éxito. Todo consiste en evitar meterte el dedo en la nariz en público y una elegante corbata.
Lo extraordinario de los tiempos no justifican las prácticas de este banco ni de ningún otro. La comisión le ha recordado a Marcus Agius que las manipulaciones ya habían sido cuestionadas por el regulador:

In April, Adair Turner, chairman of the Financial Services Authority, wrote a letter to Mr. Agius, addressing what the regulator perceived as overly aggressive practices at the bank. He pointed to Barclays’ efforts to avoid paying around $774 million in corporate taxes and some of the bank’s accounting methods.
“Barclays often seems to be seeking to gain advantage through the use of complex structures, or through regulatory approaches which are at the aggressive end of interpretation of the relevant rules and regulations,” Mr. Turner wrote.*

Los banqueros —no solo ellos— han conseguido darle un nuevo sentido a la "agresividad", antesala del fraude. El problema es que cuando se detecta la "agresividad" suele significar que ya se han comido la mitad de la presa. La falta de eficacia de los bancos reguladores e instituciones para detectar y frenar las prácticas de las entidades que han causado estos desastres debería ponernos sobre aviso.
Los titulares de la prensa de ayer —desde la clave de las luchas políticas nacionales—presentaban las ayudas a la banca española como una especie de debacle intervencionista, de invasión napoleónica, sobre un orgullo patrio mal entendido. El diario El País escribe hoy:

El rescate de la banca española otorgará más poderes para el Banco de España y menos para el Ministerio de Economía, dará información a raudales al BCE y el resto de organismos europeos sobre las entidades españolas y, sobre todo, supondrá una colosal cesión de poderes de las entidades que reciban ayuda. A cambio, los contribuyentes europeos pondrán de su bolsillo hasta un máximo de 100.000 millones.**



Una vez puesto en marcha, no me parece mal. Se juega con nuestros "sentimientos" y se canaliza la frustración hacia aquellos lugares en los que sea más beneficiosa para unos y otros. Creo que los controles a la banca, asegurarse que el dinero que se da sea para lo que es, debe verse como una garantía para todos, ya que todos nos veremos afectados en un sentido o en otro. Vigilar a los bancos directamente es reconocer que es en ellos en donde está el problema y no en los demás. Y sus problemas derivan precisamente de la conjunción de dos factores: la "agresividad" bancaria —por utilizar el eufemismo de los británicos—, que ha llevado al límite y traspasado ampliamente la legalidad de sus prácticas, ya sea por beneficio de la entidad o lucro personal, directo o indirecto, por un lado, y por otro la incapacidad "política" de las instituciones para vigilarlos, en especial los bancos reguladores, en cuya independencia nunca se insistirá bastante.



La ineficacia de nuestro Banco de España en cumplir sus funciones es similar a la del británico, con los agravantes del gran peso de nuestra clase política en el sector bancario a través de las Cajas y otras entidades financieras que han acogido como "embajadores" a los políticos en sus consejos de administración. Esa presencia se paga en pérdida de autonomía y, por tanto, de eficacia ante los problemas.
Creo que el control sobre estas entidades no debe verse como una "pérdida de soberanía" (no quiere decir que no lo sea, pero hace tiempo que la "soberanía" es otra cosa), sino como una forma de actuación de las instituciones de las que también formamos parte (que no se nos olvide) y cuya función es asegurarse que el dinero de todos europeos (entre los que nos encontramos) sirve para arreglar los males del presente y evitar que se repitan en el futuro. Si vienen y hacen lo que nuestros políticos han sido incapaces de hacer, poner en orden, no seré yo el que se queje. Los bancos son necesarios y tienen un papel esencial en el sistema económico. Si funcionan, muy bien; si no, nos hunden a todos.



Hay un problema general con esa "cultura" bancaria que se lleva arrastrando mucho tiempo y que obedece a causas que están sobradamente analizadas por los expertos: la transformación de la ética de los negocios en un discurso vacío para uso exclusivo de las vallas publicitarias; el cambio de las relaciones con los clientes anteponiendo el beneficio de la entidad; el estímulo personal en la especulación y la reducción del riesgo de acabar en la cárcel, etc. Todo está ahí y hay que ponerle el cascabel.
Las crisis que comenzaron con las quiebras norteamericanas son, como señalaba Marcus Agius ante la comisión parlamentaria, "extrordinary times", pero lo son por sus propias acciones, que han contribuido a convertirlos en negativos para todos. Acostumbrados a un enriquecimiento rápido y multimillonario, al protagonismo social, muchos no estaban dispuestos a dejarlo. 
No se puede estar tanto tiempo con el dedo en la nariz. Te acaban pillando.

* "Parliament Questions Culture at Barclays"  The New York Times 10/07/2012 http://dealbook.nytimes.com/2012/07/10/parliament-questions-culture-at-barclays/?hp

** "Bruselas impondrá duros planes de reestructuración al dar las ayudas" El País 10/07/2012 http://economia.elpais.com/economia/2012/07/10/actualidad/1341951643_373383.html


Marcus Agius paseando con el alcalde de Londres


martes, 10 de julio de 2012

El relojero y el galápago

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Hace unos días, los medios informativos daban cuenta de la muerte de un galápago en las islas de igual nombre que Charles Darwin visitó como naturalista del HMS Beagle y acompañante de su capitán, Robert Fitzroy. El galápago tenía el apropiado nombre de “Solitario George” y era el último representante de la especie Chelonoidis abringdoni. Apareció por sorpresa, en 1972, en la isla Pinta. Y ya estaba solo. George era un ejemplar único, en muchos sentidos. Nos cuentan que

A lo largo de casi cuatro décadas se intentó que se reprodujera. Inicialmente convivió con dos tortugas hembras de la especie del volcán Wolf, con quienes consiguió aparearse después de 15 años de convivencia, pero los huevos resultaron infértiles.*

Pasó George de estar solo a demasiado acompañado. No sabemos cuánto duran los cortejos de las tortugas, pero quince años para aparearse es mucho tiempo, lo que confirma la lentitud de las tortugas. La separación de la especies juega estas malas pasadas y lo que los genes han separado, no lo junta el hombre. La infertilidad de los huevos, no dio lugar ni a tortugas estériles, como las mulas, sino que dejó a los huevos como simples huevos, sin pasar de ahí. Y es que el huevo —el rey de la creación en todos sus formatos— se queda en nada si se queda en huevo.


Dicen que “solitario George” rondaba los cien años, que no sé si es mucho o poco para una tortuga. Pero como lo leo en las páginas de Europa Press de Ecuador, casi la mitad de los comentarios que veo son chistes sobre Rafael Correa, uno de los presidentes que más estimula el sentido del humor en el mundo, aunque a él no le haga gracia. Propone un comentarista espontáneo de la noticia que, si embalsaman al “Solitario George”, embalsamen encima al “Solitario Correa”, que es de por sí una imagen que tiene su gracia solo con pensarla. Los humanos somos así, lo asociamos todo. La imagen de un Correa estático cabalgando a lomos de una tortuga embalsamada, les parecerá a algunos una metáfora divertida de su presidente.

A mí, en cambio —ya que no suelo pensar habitualmente en Correa, aunque entiendo que otros lo hagan—, la asociación de ideas me llega al leer la noticia en La Vanguardia de ayer sobre la extinción de un oficio, el de relojero. Nos cuenta el periódico que Joan Pedrals es relojero de campanarios, de tercera generación, y que aunque tiene un nieto pequeño que le encantan los relojes, no se fía de los estragos que los humanos hacemos en los oficios y ha decidido escribir en su blog lo que sabe, por si resulta ser el último de su especie:

"Quedamos muy pocos relojeros que conozcamos estas mecánicas y yo, a mis sesenta años, soy uno de los más jóvenes", explica Pedrals, preocupado por el futuro de este arte. El relojero de Moià es el tercero de una generación en el oficio que empezó su abuelo por parte de madre, el manresano Joan Conesa. "Fue uno de los grandes maestros de la relojería", explica orgulloso Pedrals. Aunque advierte: "Si mi abuelo se enterara de que estoy escribiendo todo esto no le gustaría nada". De momento su intención no es publicarlo, pero va lanzando algunos ítems a través de su blog.**


Joan Pedrals, el “solitario Pedrals” para nosotros, recorre España y el mundo, de campanario en campanario. No solo ajusta y repara relojes de campanarios catalanes, sino que está satisfecho con los retoques en los repiques del reloj de la catedral de Santiago, repique a la catalana, que le coló al Papa en una visita a Galicia, según cuenta en La Vanguardia. Dice que ahora tiene pendiente en Venezuela, “si Chávez le deja”, un reloj de campanario que va necesitando reparación. No entraré esta vez en asociaciones.

Reloj de la catedral de León
La gran diferencia entre el Solitario George y el relojero Pedrals es la que distancia a la naturaleza de la cultura: podemos escribir nuestros recuerdos y dejarlos pendientes de lectura para las generaciones venideras. La extinción cultural es el olvido, como sabían los antiguos, que luchaban para mantener vivos los recuerdos con la memoria individual y colectiva, compartiendo lo que ni quería que se perdiera.
Por muchos recuerdos que George tuviera, no pasarían a sus huevos, ya que el lamarckismo se desestimó en la evolución hace tiempo, desde que comprendimos el funcionamiento de la genética. Los relojeros no tienen hijos relojeros a menos que se empeñen y les guste a ellos. Si cada vez que leemos un libro, pasara a nuestros descendientes, no sé qué haría la SGAE, a quién demandaría.
Sin embargo, la cultura sí es lamarckiana en un sentido; sí pasan las cosas de nuestro entorno social a nosotros sin copulación —que si no habría gente muy culta—, aunque se pierden con igual facilidad si no se conservan. Por eso la escritura rompió las reglas de la información biológica y el conocimiento queda latente a la espera de que algún descendiente, por los motivos que sean, recupere y active lo que sus antepasados decidieron llevar al papel, al blog o al vídeoblog.


El obstáculo de la transmisión cultural es el mismo que impidió la reproducción del “Solitario George”: la infertilidad debida a la separación entre especies. Como texto genético, George resultaba ilegible para sus compañeras. Por mucho que desde fuera se vieran como tortugas y pudieran aparearse, por dentro tenían ya los genes tan distintos que no eran "compatibles".
En la cultura también se produce este fenómeno y lo llamamos “indiferencia”. La memoria escrita que nos llega deja de ser fértil y no produce nada nuevo por la indiferencia de los descendientes. Cuando dos generaciones se vuelven tan distantes que son incapaces de entenderse a través de su legado, se produce esa extinción cultural por falta de interés y que causan el olvido y la ignorancia. Para evitarlo se desarrolló la educación, que trata de mantenernos unidos y fértiles unos con otros. La fertilidad de las ideas viene de su reciclado, de su actualización para hacerlas nuestras en el presente. Claude Levi-Strauss, entendió que el reciclado era un mecanismo cultural de primer orden y lo hizo parte importante de su pensamiento antropológico.

Homenaje a Claude Levi-Strauss "reciclando" sus fotografías originales

Pero me temo que nuestra civilización sea cada vez menos recicladora y, en cambio, más autista y endogámica. Lo que se recicla está cada vez más próximo a nosotros, como demuestra el estreno este fin de semana de The Amazing Spiderman. Nuestros “clásicos” son ya de antes de ayer, mientras se abren inmensas brechas entre la cultura de generaciones anteriores y nuestra vida presente. Es la deriva de los continentes culturales. Decimos adiós a nuestros antepasados, rumbo al olvido.
“¡Cómo pasa el tiempo; parece que fue ayer!”, que diría el “Solitario George”, dispuesto estoicamente a un nuevo e inútil intento de apareamiento con su harén incompatible. ¡Qué duro es, además de no poder hablar, no tener nada que decirse!

* "Muere 'Solitario George', la famosa tortuga gigante de las Islas Galápagos" Ep / latam 25/06/2012 http://www.europapress.es/latam/ecuador/noticia-ecuador-muere-solitario-george-famosa-tortuga-gigante-islas-galapagos-20120625154706.html

** "Escriben los secretos de la relojería por si se pierde el oficio" La Vanguardia 9/07/2012 http://www.lavanguardia.com/local/20120709/54317473029/escriben-secretos-relojeria-pierde-oficio.html

Claude Levi-Strauss

Homenajes a George

lunes, 9 de julio de 2012

Las marchas hacia el futuro

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
En la extraordinaria obra del economista Karl Polanyi (1886-1964), La gran transformación. Los orígenes políticos y económicos de nuestro tiempo, se recoge como cita un párrafo perteneciente a la obra de la inglesa Harriet Martineau,  History of England During the Thirty Years’ Peace (1816-1846), publicada en el año 1849, y que le sirve para describir la extrema situación a la que se había llegado como consecuencia del desastre generado por la política de los subsidios que venía de antiguo, uno de los grandes debates económicos, políticos y morales de la época. Martineau, escritora progresista, reformista social, defensora de la igualdad de los sexos y abolicionista tras una visita a Estados Unidos, había escrito:

El subsidio a los pobres se había convertido en un botín público… Para obtener su parte, el bruto insultaba a los administradores, el promiscuo exhibía a sus bastardos que debía alimentar, el flojo se cruzaba de brazos para que lo descubrieran; los jóvenes ignorantes se casaban confiando en él; los cazadores furtivos, los ladrones y las prostitutas lo usurpaban por intimidación; los jueces rurales hacían repartos para ganar popularidad, y los guardianes lo hacían por conveniencia… En lugar de contratar al número adecuado de trabajadores para que labraran su tierra –pagados por él mismo-  el agricultor se veía obligado a contratar el doble, con salarios pagados parcialmente por los subsidios. Y estos hombres, empleados por él obligatoriamente, escapaban a su control –trabajaban o no según su elección-, permitían que se redujera la calidad de su tierra, y le impedían emplear a los mejores hombres que habrían luchado duro para lograr su independencia. Estos hombres mejores se hundían en medio de los peores; el aldeano pagador de subsidios, tras una lucha vana, acudía él mismo a pedir auxilio… (152) *

Harriet Martineau (1802-1876)
Harriet Martineau describía su negra visión de cómo había degenerado un mundo colapsado económicamente, en el que los subsidios servían a los intereses de muchos, frente a su deseo de una sociedad centrada en la dignidad del trabajo, en la que nadie tuviera que depender de la caridad pública, sino de sí mismo.
Los debates hoy sobre los subsidios son otros muy diferentes. No son los efectos de una Ley de Pobres, como ocurrió en el Reino Unido, y los debates principales no son sobre si es mejor trabajar y recibir un sueldo o, por el contrario, vivir permanentemente de subsidios. La situación descrita por Martineau, y recogida por Polanyi en su análisis,  da muestras de la necesidad del trabajo, no solo para la economía, sino para la propia dignidad de las personas individual y colectivamente.
El debate en estos tiempos es sobre “el fin del trabajo”, concepto apocalíptico, pero vinculado de alguna forma con los debates que se plantearon ya en la época de Harriet Martineau, cerrando un ciclo. Polanyi sostiene que fue la creación de un “mercado de trabajo” lo que cerró la creación definitiva del “sistema de mercado”, que necesitaba que todo quedara liberado de restricciones y límites, desregularizado diríamos hoy, para funcionar dentro del proyecto histórico del liberalismo económico, la “sociedad de mercado”. Pero cualquiera que fuera el futuro que le aguardara”, escribe Polanyi, “la clase trabajadora y la economía de mercado aparecieron juntas en la Historia” (153-154).*



La Ley de Pobres no pertenecía a ese modelo, puesto que hacía que millones de personas recibieran dinero sin hacer nada, por un lado, y que no tuvieran movilidad al estar vinculados los subsidios a las parroquias, unidad social y humana. Las nuevas fábricas de los comienzos de la era industrial necesitaban mano de obra barata y móvil, algo que no se podía alcanzar si los pobres no lo eran tanto, si tenían lo suficiente para mal vivir; y estaban ligados a la tierra en las zonas rurales, en donde recibían los subsidios. Cada parroquia repartía en función de sus disponibilidades y la gente, nos cuenta Polanyi, se desplazaba a aquellas  en las que podía recibir mejores subsidios. Esto se trató de evitar ligándolos por ley a la propia parroquia, con el efecto indirecto antes señalado de impedir sus desplazamientos allí donde el capital los necesitaba, en las fábricas. El subsidio era una forma de vida, un estado que marcaba el desarrollo y los principios de aquella sociedad. El trabajo fabril sería lo que significaría el nuevo tiempo.

Karl Polanyi
El debate sobre el “fin del trabajo” plantea hoy cuestiones decisivas. La primera de ellas es ese “reparto futuro” del que quede y sobre su naturaleza, tanto en el reparto como en su distribución. De nuevo, los dos pilares sobre los que gira el planteamiento, como en el XIX, son la máquina y la movilidad. La deshumanización del trabajo convirtiendo a los hombres en servidores de las máquinas, como satirizó Chaplin en Tiempos Modernos, se ha superado por pura normalización del hecho, ya que se da por descontado, hoy como ayer, que la esencia de la máquina es ahorrar trabajo humano abaratando los costes productivos. Nuestra sociedad automatizada ha dejado a las primeras máquinas como testigos primitivos en comparación lo que tenemos hoy en nuestra Sociedad de la información. La revolución industrial, lo primero que revolucionó fue precisamente el “trabajo” y modificó al trabajador.
No deja de ser sintomático que las denominadas “sociedades emergentes” lo sean porque entran en un proceso de industrialización que no habían tenido, mientras que las más avanzadas salen de la “industrialización” hacia fórmulas imprecisas, hacia la Sociedad de la Información, en donde trabajador, trabajo y máquina adquieren nuevos sentidos, muchos por redefinir o descubrir. Son las "sociedades medias", como las "clases medias", las que más están sufriendo los reajustes entre las súper industrializadas y las que comienzan a industrializarse, receptoras del beneficio del crecimiento.



La desindustrialización es un efecto del nuevo reparto global del trabajo, en donde la cuestión ya no se plantea entre la parroquia rural y la ciudad fabril, sino entre países en los que es más barato producir y en los que es más  beneficioso vender. El capital se desplaza y va dejando huecos allí de donde se desarraiga. Esos huecos son parados. El problema pasa a ser social y de gran envergadura, dada la amplitud de estos procesos hoy en día.

La llegada de la marcha de los mineros a Madrid, después de la larga caminata reivindicando su trabajo y su fuente de vida, nos lleva de nuevo a los debates sobre los subsidios, el trabajo, la movilidad y la desindustrialización. Si hay algún sector decimonónico es el del carbón, alimento de las máquinas de vapor que significaron el desarrollo industrial en la Inglaterra de entonces y en otros lugares del mundo de los que se abastecieron. El carbón sirvió entonces para moverlo todo, de los trenes a las máquinas de la industria. Los rostros tiznados de negro son los propios del siglo XIX, los que lo identifican. Es el hollín que teñía el mundo de negro.
La misión de los pensadores -políticos, filósofos, economistas, historiadores…- es buscar alternativas para garantizar un futuro para todos. No se puede intentar tapar los agujeros del barco cuando exceden cierto número o tamaño. Tampoco se puede permitir que se hunda dejando los botes salvavidas para los pasajeros de primera clase, mientras escuchamos indiferentes los gritos del resto, arrastrados al fondo por el sistema.



La desigualdad social creciente, constatada en todas las sociedades, es un problema porque lo hace en un mundo que va hacia nuevos problemas o hacia nuevas versiones de los viejos, como vemos en el texto citado por Polanyi, que adquiere siniestras resonancias como un futuro posible, basado en las grandes bolsas de subsidios como alternativa al caos producido por el crecimiento desigual.

O nos planteamos todos alternativas a un desarrollo que, liberado de restricciones, nos devolverá a un mundo que pocos deberían desear, o los problemas crecerán y a las marchas de mineros seguirán las de todos los desesperados a los que no se les han dado más alternativas que vivir de subsidios o emigrar, en función de sus conocimientos, a países que crean o a países que producen barato, con centros de I+D o con fábricas decimonónicas.
Ambas “soluciones” solo se pueden plantear allí donde la política reniega de su finalidad principal: conseguir lo mejor para el máximo número de ciudadanos. Hemos hecho el mundo “pequeño” y, por tanto, los problemas “grandes”, ya que tienen incidencia en todos los lugares del globo. Los subsidios son malos cuando se convierten en una forma de tapar los problemas y no de solucionarlos. La emigración es una pérdida social irreparable, un fracaso colectivo, que ya que -es nuestro caso- no afecta a los menos cualificados, sino a los mejor preparados en sociedades que son incapaces de crear un empleo que crezca en paralelo a la propia mejora de sus habitantes. Se produce así esa selección negativa que solo quiere personas con baja cualificación porque no puede ofrecer nada mejor. La huida de nuestros investigadores, la ocultación de los estudios superiores como forma de acceder a subempleos no son anécdotas; son síntomas de enfermedades sociales que llevan el camino de convertirse en crónicas.

La política tiene que volver a despertar ilusiones de futuro y no convertirse en el arte del desdoblamiento entre discursos y hechos, entre soluciones y problemas. Pero nada más fácil que vender futuro. Los ciudadanos van aprendiendo a leer la letra pequeña de los discursos y a exigir que se piense en ellos desde otras perspectivas más humanizadas y no solo como piezas de un sistema productivo.
Polanyi termina su capítulo con las siguientes palabras:

El mecanismo del mercado se estaba afirmando y reclamando su terminación; el trabajo humano debía convertirse en una mercancía. El paternalismo reaccionario había tratado en vano de resistirse a esta necesidad. Saliendo de los horrores de Speenhamland, los hombres corrían ciegamente en busca del abrigo de una economía de mercado utópica (155).

Los subsidios produjeron sus “horrores” instaurando una pobreza que degradaba a las personas; la mercantilización del trabajo, convertido en pura mercancía, lo somete a los vaivenes y especulaciones a las que hemos asistido desde entonces, otras formas de degradación y explotación que se abren de nuevo ante nosotros.
Hoy no corremos ciegamente hacia ninguna utopía; más bien estamos paralizados por la caducidad del pensamiento que aplicamos a los problemas que el propio sistema produce. Necesitamos que nuestras marchas sean hacia el futuro.

* Karl Polanyi (1957, 2011 2ªed, 2ª reimp): La gran transformación. Los orígenes políticos y económicos de nuestro tiempo. Fondo de Cultura Económica, México. [1944-1957 en inglés]




domingo, 8 de julio de 2012

Las tramas negras

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
En los años setenta, dentro de la moda de los thrillers políticos, se realizaron algunas películas de éxitos —algunas basadas en novelas— que sacaron a la luz popular las especulaciones sobre qué había ocurrido con algunos dirigentes nazis y si había algún tipo de estructura subterránea de encubrimiento o algún poder actuando en la sombra. Quizás las más conocidas fueran Odessa,  Los niños del Brasil y Marathon man. La primera se basaba en un bestseller de Frederick Forsyth —el autor de la famosa Chacal—; la segunda estaba escrita por Ira Levin —el autor de la también famosa novela La semilla del diablo, sobre la que realizó un gran film Roman Polanski, con Mia Farrow—; y la tercera por el escritor y guionista William Goldman. Las tres fueron películas de éxito dentro de lo que se podía llamar política-ficción. Componen una trilogía de la preocupación por la pervivencia de las tramas negras, por el resurgimiento del nazismo y sus acompañantes, el racismo y la xenofobía.

Odessa desarrollaba la idea de una organización secreta nazi que habría servido de tapadera para camuflar a los nazis en la Alemania de la posguerra. Los niños del Brasil especulaba con un doctor Mengele que habría clonado el ADN de Adolf Hitler y trataría de repetir un nuevo Führer mediante implantación de óvulos fertilizados en madres por todo el mundo. Marathon Man era una historia de espionaje con un Mengele, otra vez en candelero —interpretado por Lawrence Olivier—, enfrentado a un Dustin Hoffman corredor de fondo. Todas daban por supuesto que el nazismo no había desaparecido, sino solamente sumergido a la espera de tiempos mejores.
El caso de los asesinatos racistas  neonazis parece sacado de un thriller de la misma hornada que las películas y novelas citadas. Desgraciadamente no es así. Estamos ante un oscuro caso de encubrimiento de una trama de asesinos xenófobos y racistas activa durante diez años. Por ahora se está llevando las cabezas del servicio secreto alemán, que no solo no consiguió llegar hasta ellos, sino que queda en entredicho por la destrucción de documentos. El País nos dice:

La estupefacción general tras conocerse que los servicios secretos internos alemanes (BFV) habían destruido expedientes relacionados con la banda terrorista neonazi NSU queda expresada en una frase del presidente de la Comisión parlamentaria que investiga el caso, el socialdemócrata Sebastian Edathy: “esto no contribuye a desterrar las teorías conspiratorias”.
En noviembre, justo después de que saliera a la luz que los neonazis habían asesinado metódicamente a ocho turcos, un griego y a una agente de policía entre 2000 y 2007, un funcionario del BFV metió en la trituradora de papel diversos expedientes sobre los informantes que el servicio secreto mantiene entre los neonazis del este de Alemania. El responsable del escándalo del confeti declaró este jueves ante la Comisión parlamentaria, pero no aclaró nada. Ni siquiera le obligaron a revelar su nombre verdadero. Que el lunes dimitiera el jefe del BFV, Heinz Fromm, añade más confusión a esta trama de terrorismo nazi en posible trato con miembros del servicio secreto.*


La existencia de posibles “teorías conspiratorias” pone nerviosos a los dirigentes políticos alemanes que deberían atajar cuanto antes cualquier especulación. Lo malo es que cada vez que se tira un poco de la manta, lo que sale no aclara y levanta peores sospechas. Pone en cuestión la falta de decisión en la resolución de los crímenes que afectan a extranjeros, una especie de racismo indirecto, maniobra que consiste en responsabilizar a mafias cada vez que un extranjero muere en circunstancias violentas. De esta forma se siembra el desinterés ciudadano por esos crímenes, que solo se preocupan en los casos de "turistas", por lo que puedan perjudicar la "marca" nacional de cada país.
Lo que esta banda, bien relacionada con otros círculos nazis, realizaba era sistemático; podría haber sido detectado a no ser que existiera interés en que no lo fuera:

En 2000, el trío inició una serie de asesinatos racistas y atentados con bomba que continuó, impune, hasta 2007. Para financiarse atracaban bancos. El patrón de los asesinatos era el siguiente: elegían a un pequeño empresario de origen turco en alguna ciudad alemana y le disparaban en la cara con una rara pistola checa. Grabaron algunos crímenes y confeccionaron vídeos reivindicativos y vejatorios que no llegaron a distribuir. La canciller, Angela Merkel, dice que las imágenes son “lo más pérfido, lo más infame, lo más inhumano” que ha visto en su vida.*

Las dudas sobre la eficacia de los sistemas de vigilancia a los neonazis son más que fundadas. Las extrañas relaciones entre policías, servicios secretos, confidentes, infiltrados y toda esta fauna se convierte en algo confuso. Y no solo en Alemania; parece ser una constante de los servicios secretos. Los resultados suelen ser frustrantes porque no se sabe quién vigila a quién.


¿Cómo puede entenderse, si no, el caso que nos cuentan de estos neonazis?:

Uno de los episodios más insólitos de la trama fue la detención policial en el escenario del último asesinato racista del NSU, en 2006. Los neonazis mataron a Halit Yozgat, un joven alemán de 21 años y ascendencia turca, en su cibercafé de Kassel (Hesse, Oeste de Alemania). Había varias personas en la sala de ordenadores. Una de ellas no se presentó como testigo. La policía logró aislar las pruebas de ADN de su teclado y detuvo a un hombre llamado Andreas T. En su pueblo lo recuerdan como el pequeño Adolf, porque de muchacho no disimulaba sus ideas ultraderechistas. A los investigadores se les atragantó enseguida la alegría de haber dado con una pista clave porque Andreas T. era agente del servicio secreto en Hesse. Se encargaba de mantener el contacto con informantes y de pagar sus emolumentos con fondos reservados. Hoy está suspendido del servicio, pero no ha sido imputado.*

¿Puede que sean los servicios secretos los que están infiltrados y no al contrario? Habría que escribir otro thriller para meterse en los oscuros entresijos del resurgimiento del nazismo en las tranquilas calles de Europa, en su impunidad. Hay que tratar de entender cómo funcionan estos grupos antes de que sigan captando adeptos y connivencias.
Han sido ahora las noticias de los crímenes alemanes, pero todavía permanecen en nuestra memoria las más de setenta personas muertas por la locura racista y xenófoba de Anders Breivik, el asesino despiadado de Utoya.
El surgimiento de los neonazis griegos al hilo de las últimas elecciones nos trae cada día un alarmante recuento de fechorías. Todos los periódicos de hoy contienen noticias sobre sus actos violentos, sobre las presiones para echar a los inmigrantes de tierras griegas. Estos “infrafísicos” griegos, negadores del intelecto y apóstoles del músculo, que es lo único que cultivan, han comenzado sus campañas intimidatorias. Esperemos que la policía griega no se sienta “recortada” y actúe mejor que la alemana, con más eficacia al menos.


La crisis europea no solo es una cuestión económica; es esencialmente una cuestión moral y afecta a los valores y principios de tolerancia, solidaridad y convivencia. Los políticos de cualquier color deberían evitar sembrar este tipo de actitudes xenófobas con sus discursos, acciones y medidas. La prohibición de entrar en el Reino Unido a los inmigrantes griegos, que David Cameron ha planteado estos días, no es más que una forma de crear el caldo de cultivo de la intransigencia, además de la insolidaridad, algo opuesto a los principios europeos. No ha sido el único, porque ya lo hicieron los daneses al recuperar las fronteras aduaneras con el sur europeo como forma defensiva.
Nada hay peor que la tibieza moral y los mensajes confusos sobre la naturaleza de las crisis. Responsabilizar a pueblos enteros de la crisis es una trampa que el lenguaje posibilita, y que el sentido común debería evitar utilizar para que las mentes planas de algunos no montaran sus propias novelas y películas. Estos tarados jóvenes que hoy asesinan en Alemania o Noruega no son más que los nietos ignorantes de una sociedad que ha olvidado dónde acaban estas peligrosas aventuras. La idea de Europa es la alternativa a siglos de guerras. No confundamos el consumismo con el pacifismo. La idea de una "paz europea" solo saldrá de la creación de una nueva "identidad" basada en la solidaridad, no de la xenofobia. La Europa por la que merece la pena luchar es por la que busca integrar solidariamente y no levantar distinciones, humillaciones y desprecios. Moralmente solo hay Europa de una velocidad; solo hay una velocidad moral.
Puede que salgamos de la crisis económica, pero es difícil que salgamos de una crisis moral en la que el egoísmo y el racismo campan por sus fueros. O Europa es una unidad de valores éticos o se quedará nada más que un grupo de intereses circunstanciales al vaivén de la historia.

* "El espionaje alemán destruyó pruebas de la trama neonazi"  El País 7/07/2012 http://internacional.elpais.com/internacional/2012/07/07/actualidad/1341680816_324313.html