miércoles, 4 de julio de 2012

Traders, traidores, traductores o el hombre que amaba a su banco

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El diccionario y las prisas les han jugado una mala pasada a la redacción de La Vanguardia que ha puesto como titular de la comparecencia de Diamond: «Bob Diamonds, ex consejero delegado de Barclays: “Todo es culpa de un pequeño grupo de traidores”»*. Los lectores se han puesto inmediatamente en guardia y pocos minutos después comentaban: “Lo estoy viendo y en mi humilde opinión, el Sr. Diamond no ha dicho 'traidores'. Ha dicho 'traders'. Lo ha repetido varias veces. Gracias”.*
Y tiene razón el amable lector. No ha dicho "traidores", sino “traders”, es decir, “operadores” o si se quiere “especuladores”, puesto que se dedican a hacer operaciones de compra y venta. Pero ¡era tan bonito lo de los traidores!, que da pena que un problema de oído y traducción chafe un alegato sobre el amor a los bancos o una conspiración a lo LeCarré. ¡cuando ya estaba el lío montado, falla la traducción. Nos dice La Vanguardia:

Diamond ha empezado su comparecencia con un sentido "yo amo a Barclays", para [a]cto seguido explicar que "un pequeño grupo de traidores" fueron los responsables de una "conducta reprochable". Asimismo, también ha admitido que "claramente hubo errores".*


Me dijo el otro día una amiga estupefacta que el presidente del Banco Sabadell se ha quejado en los Estados Unidos de que los grandes perjudicados por toda esta crisis son los bancos que han perdido dinero y han ganado mala imagen. ¡Otro que ama a su banco por encima de todas las cosas! Por encima de sus clientes, de sus hipotecados, desahuciados, por encima de lo que sea…, ¡el banco!
Todos estos señores —los tres directivos de Barclays— se están tomado esto como una especie de desengaño amoroso y están utilizando la comisión como visita al asesor de parejas.

"Lo siento, estoy decepcionado y también enfadado", ha asegurado. "No hay ningún tipo de excusa para ese comportamiento. Está mal. No me gusta. No representa al Barclays que conozco y que amo", ha agregado.*

¿Por qué no introducir entonces a esos traders como traidores, que solo se aman a sí mismos, que actúan por su cuenta, frente a los que aman a su banco o aman a sus clientes. ¿El banco no incluye a sus clientes? ¿Qué es amar a un banco: el dinero que contiene, los clientes que lo traen, el sueldo que les pagan...? Sí, ¿qué es exactamente amar un banco?

Traders y no traidores
Lo interesante —lo que le interesa a la comisión— es precisamente ese “Barclays que conozco”, más que los sentimientos de Diamond. Lo que tratarán de dilucidar, tirando del hilo, es hasta dónde llegaba su conocimiento real del banco y de los traders, más que hasta dónde llegaba su amor. Los rumores comienzan a apuntar hacia el Banco de Inglaterra, el banco central, y saltarán de banco en banco, el de Escocia, etc., para llegar hasta donde haga falta.


Lo malo está en el gremio, los otros que aman a sus bancos. Saben dos cosas: la primera que el lío ya está montado y que es necesario lavar la cara de la banca cortando todas las amorosas cabezas de los traders traidores y de los ejecutivos y directores cegados por el amor a sus bancos, algo que ya han empezado; en segundo lugar, son competidores. Los bancos que salgan bien parados son los primeros interesados porque obtendrán una imagen positiva de que no engañan a sus clientes. Esta vez le toca a los bancos lo de la confianza.

El Economista elaboró una lista en 2010 con los “traders” más famosos de la historia, votados por sus lectores. Encabeza la lista George Soros, como no podía ser de otra manera, después de ser el hombre que ganó 1.000 millones de dólares en un día, con la crisis de las divisas que hubo en Reino Unido en 1992. ¡No está mal! Le sigue Jesse “Boy Plunge” (el chico de las apuestas) Livermore, que se hizo rico durante el pánico de 1907 y en el crack del 29; uno de los pocos que se hizo rico entonces. Mientras otros saltaban por la ventana, él salía tranquilamente por la puerta. ¡Bien hecho! Les siguen nueves hombres que también amaban lo que hacían, aunque estos sí que lo sabían claramente. Ellos eran los especuladores, los ingenieros financieros que sacaron y sacan tajada de las crisis y vaivenes del sistema. Ya saben, cada crisis es una oportunidad. Y si no hay crisis, pues se crea; y si dura poco, pues se alarga. El “Top diez” de la Listas de Uma en El Economista, de todas formas, está encabezado por “Las 10 formas más inmorales de ganar dinero”, pero eso lo dejaremos para otro día, y no mancharemos este momento romántico.
Por eso que La Vanguardia haya oído mal y llamado “traidores” a los “traders” tiene tanto de metedura de pata traductora, como de lapsus freudiano y de justicia poética. Se habrán equivocado, pero en el fondo no dejan de tener razón: son traidores a aquellos a los que se deben realmente, a sus clientes, a los que estafaron. Y lo hicieron porque haciendo ganar más dinero a su banco, lo ganaban ellos. 
¡Ay, el amor...!

* "El exconsejero delegado de Barclays admite "errores" y "conductas reprochables" " La Vanguardia 4/07/2012 http://www.lavanguardia.com/economia/20120704/54320361320/bob-diamond-barclays-parlamento.html
** Los 'traders' más célebres del mundo". El Economista 13/09/2010 http://listas.eleconomista.es/economia/366-los-traders-ms-clebres-del-mundo



Los derechos humanos no caben en un twitt

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Comí ayer con mi amiga Maica y, como buena periodista, me preguntó directamente:  “¿Por qué no vuelves a Twitter?”. Dejé de utilizar la cuenta de Twitter hace meses. Y dije aquí por qué. Ya estaba sobre la mesa la decisión de censurar conforme a las directrices de cada país los contenidos de las comunicaciones de forma automática, es decir, a través de filtros. Se planteaba, en toda su crudeza y cinismo, la cuestión de los intereses comerciales sobre las libertades y drechos.
La naturaleza especial del sistema Twitter, que oscila entre el medio privado —como puedan ser la carta o el teléfono— y el medio masivo, hacen que los gobiernos dictatoriales del mundo teman sus efectos en los férreos controles que mantienen sobre sus poblaciones. Y no solo es Twitter, sino todas las variantes de redes sociales.


"Rosa de Tokio" interrogada tras su detención
La información compartida genera una sincronización de las voluntades que se contrapone al estado de incertidumbre que produce el silencio y a la desmoralización que produce la propaganda. Mediante el silencio, las dictaduras condenan a la soledad, al aislamiento a aquellos cuya fuerza surgiría de la unión; mediante el control de la propaganda, siembran la duda sobre la consistencia de sus ideas. Son viejas armas; es la guerra de la información, la que va de la antigua épica a la Rosa de Tokio y hoy trata de anegar los nuevos medios.
La famosa horizontalidad de los nuevos medios hace que se rompa el aislamiento mediante la constitución de las redes sociales que comparten su información reforzándose, y acaban con el quebranto que suponen la propaganda, información única y maniquea, monolítica, que pretende crear la realidad desde la manipulación de los textos ofrecidos, desde una fotografía a un artículo de periódico, de una visita oficial a la inauguración de cualquier edificio o servicio.
Contra el efecto de las redes sociales, las dictaduras han aprendido que es el cinturón de silencio el más efectivo. El ejemplo más claro está en China, en donde el estado se ha hecho con unos servicios de comunicaciones oficiales, que no tiene más que desconectar en caso de peligro y registrar quiénes son sus usuarios, a los que tiene identificados en todo momento. El sistema de pérdida de puntos por manifestar ciertos tipos de contenidos, arbitrariamente interpretados por las autoridades, lleva a la baja de las redes y a penas de más allá de esta sanción en función del “delito” contra la seguridad o el prestigio de China.
Se aplica así la censura de los medios a los micromedios, de las comunicaciones públicas a las privadas. El efecto es como intervenir las conversaciones telefónicas o las cartas personales, pero amplificado por los miles de destinatarios que un twitt puede tener.


Lo que fue saludado como un gran avance para las libertades de expresión y que aceleró  —no produjo— los cambios en muchos países, se ha convertido y se convertirá en una herramienta al servicio de las dictaduras, como se temía, al aceptar las empresas las condiciones impuestas por los gobiernos para permitirles ofrecer el servicio en sus espacios nacionales. Es un caso insólito de cómo unas empresas nacidas en países libres, sucumben a las imposiciones de las dictaduras para poder seguir controlando a sus poblaciones, contra la política de los derechos humanos. La libertad de empresa propia puede traer dictaduras a otros. 
Habrá que empezar a considerar analogías como las de la explotación infantil o la producción forzada, etc., para empezar a sancionar las actividades de las empresas en terceros países. Igual que se hizo con las empresas que fabricaba ropa deportiva explotando a los niños, habrá que plantearse algo así, más allá del único delito que parece existir sobre la faz de la tierra: la competencia desleal. ¿No sería también competencia desleal aceptar las condiciones de las dictaduras para obtener beneficios? Habrá que darle vueltas si es el camino.


Los usuarios de todo el mundo están aprendiendo que estas empresas “jóvenes” no son portadoras más que de un espíritu, el del lucro, como las más viejas y rancias; comprobamos que son ahora ellas las que estrechan las manos de los dictadores, fundiéndose con ellos en fraternales abrazos, los del beneficio mutuo, el político y el económico.
La web de Aljazeera recogió en enero las declaraciones de Peter Corbett, CEO de la empresa iStrategyLab, sobre este asunto:

Corbett has no doubt that the push for the now controversial censorship scheme is for commercial reasons.
"We like to think of Twitter as this great democratic medium for journalists but it’s a profit-driven company first," Corbett said, pointing to the fears the company itself may have had about being kicked out of countries with tremendous growth.
Countries like India, Russia, and Indonesia, are seeing growing numbers of active mobile device users, Howard said.*

El argumento de la “empresa” no tiene sentido cuando se trata de vulnerar derechos fundamentales, como es el de expresión. ¿Aceptaría, The New York Times, por ejemplo, lanzar una edición china o saudí que fuera revisada y censurada cada día? Podrían evidentemente hacerlo, pero habrían hundido el prestigio acumulado y sufrirían el rechazo de sus lectores de todo el mundo, que valoran lo contrario. También los medios de comunicación son empresas que buscan el beneficio; el problema es el camino. Pensemos en el caso de los diarios de Murdoch, que se ha estado debatiendo estos días, y las escuchas “ilegales”. Nos parecen deleznables como vulneración por parte de los medios, en connivencia con la Policía, de los derechos de los ciudadanos.


El caso Twitter es distinto, sí, en muchas formas, ya que las acciones de censura se realizan contra los usuarios que se verán perjudicados y probablemente denunciados (será el siguiente paso) ante las autoridades. Una vez que se determina que es un “delito” hablar de algo, lo “lógico” es que se dé cuenta de quién es el delincuente, ya que podrías ser acusado de complicidad si no lo haces y multarte o cancelarte la licencia y expulsarte del país. 
Twitter no es un "medio" de comunicación, sino un espacio y una herramienta de comunicación. Sin embargo, esta diferencia importante no quita para que se apliquen los criterios de los gobiernos autoritarios, denunciados y condenados por múltiples organismos, como propios para ejecutarlos sobre los usuarios. Ese espacio de la red social pasa a ser controlado como cualquier otro espacio, de forma represiva. No se puede uno manifestar en las calles y no se puede manifestar en Twitter. Un twitt seguido por mil personas se hace equivaler a una manifestación de mil personas protestando. Extraña equivalencia, al hilo de la lógica dictatorial..
Twitter (y Facebook o cualquier otra empresa) tienen que comprender que siguiendo las instrucciones de las dictaduras se convierten en parte de ellas, en su brazo ejecutor, una fuerza represiva más. Les pedirán que hagan lo mismo que ahora hacen con sus propios micromedios: censurarlos.



El argumento de las dictaduras es siempre la seguridad del Estado, como ocurre en China. El argumento de las empresas, por otro lado, es su beneficio. De la misma manera que no admitimos que una empresa alimentaria manipule los alimentos contra la salud de sus clientes, no es admisible que una empresa, del tipo que sea, centre sus beneficios en la vulneración directa de los derechos humanos, sea donde sea. Que se haga no quiere decir que se excuse y, mucho menos, que se defienda y anime. Que los países occidentales puedan vulnerar derechos no es excusa para no denunciar a quien los incumple, allí o aquí. La diferencia es, precisamente, no silenciar su vulneración mediante el silencio de las herramientas de denuncia.
No basta la ley; la ley ha de ser justa. Los parámetros serán muy diferentes, pero sabemos diferenciar una dictadura, aunque sea por contraste por el grado de libertad, mayor o menor, que nosotros mismos podamos disfrutar. No puede alegarse, cínicamente, el relativismo de la justicia. Cortar una mano no es justicia; lapidar no es justicia; azotar no es justicia; la silla eléctrica no es justicia; encarcelar disidentes en una dictadura no es justicia. Todas las dictaduras tienen sus leyes; eso no las convierte en justas. Siguen siendo leyes dictatoriales, impuestas e injustas, cuyo objetivo principal es perpetuarse. Y no puede alegarse el argumento de la legalidad, de forma especial, cuando esa injusticia nos hace ganar dinero, como sería el caso de Twitter.

[…] en tiempos de apreturas económicas, líderes extranjeros no quieren arruinar un jugoso contrato con el gigante asiático por unas incómodas charlas que ha demostrado ser estériles, ya que Beijing no permite imposiciones. Es frecuente que, en vísperas de reuniones económicas con funcionarios o empresarios chinos, dirigentes extranjeros hagan promesas solemnes de que aleccionaran a China en materia de derechos humanos. En realidad esas declaraciones son para consumo interno de sus países.
La economía es el mantra de la política en Occidente y todo el mundo baila alrededor del becerro de oro. Los derechos humanos no son ya un valor importante, o decaen rápidamente. Así ocurrió antes de la Segunda Guerra Mundial”, advierte Mark Shan, de la organización China Aid, con base en Estados Unidos, durante una entrevista vía correo electrónico.**

La misma falta de ética que nos lleva a las crisis por las manipulaciones desvergonzadas de índices hipotecarios, por citar un caso presente, o de cualquier otro elemento, lo que queda al descubierto es la falta absoluta de ética, la carencia de principios más allá del beneficio. Es lo que hay que tratar de exigir, principios y compromiso.


La otra opción es comprar acciones de estas compañías. Eso es lo que hicieron los saudíes. Si los chinos crearon sus propias versiones de todas las herramientas de comunicación, los saudíes trataron de controlar las compañías invirtiendo en ellas: “Suddenly questions of Saudi Prince Walid bin Talal's $300m December investment in the six-year old company started to re-emerge, along with mention of Twitter founder Jack Dorsey's trip to Shanghai earlier this month”*, nos recuerdan en Aljazeera. Son los dos caminos: el príncipe saudí que invierte en la compañía y el ejecutivo que visita Shanghai para cerrar acuerdos. Los que salen perdiendo son siempre los mismos.


La pantalla de entrada a Twitter me dice: “Descubre ahora lo que está pasando, con las personas y grupos que te interesan” y me muestra un país lejano en el que se juega al críquet con los minaretes de un templo de fondo. Es toda una ironía porque será Twitter quien evite que pueda informe de los grupos y personas  que “me interesan”: disidentes, desaparecidos, opositores de diferentes regímenes, marginados, discriminados, explotados, detenidos…, todos los parias un poco más invisibles y mudos ahora gracias a la política comercial elegida.
Los derechos humanos, parece claro, no caben en un twitt. Ocupan más de esos 140 caracteres limitados. Y es que simplificar tanto tiene un coste.

* "Making sense of Twitter's censorship". Aljazeera 20/01/2012 http://www.aljazeera.com/news/americas/2012/01/201212835211882918.html
** Adrián Foncillas "China: los límites de la disidencia" Proceso 31/05/2012 http://www.proceso.com.mx/?p=309280




martes, 3 de julio de 2012

Escándalos y misterios de la City o el estrés del banquero

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Leo en el diario El País las declaraciones de Marcus Agius, presidente del Barclays Bank, tras el escándalo mayúsculo de la manipulación de los tipos de interés interbancario:

"Realmente siento mucho haber defraudado a nuestros clientes, empleados y accionistas. Barclays está lleno de gente trabajadora, talentosa, cuya integridad no es cuestionada", señala Agius, cuya renuncia ya había sido anticipada este domingo por medios británicos. "Este ha sido un periodo de estrés sin precedentes y, en particular, de turbulencias en la industria bancaria y en la economía mundial en general", agrega el presidente, que califica el escándalo de "golpe devastador" para la reputación del banco.*

Nunca la palabra “defraudado” fue tan ambigua. Nadie duda de que en Barclays exista gente trabajadora, talentosa e íntegra, tres virtudes que deberían ser exhibidas y practicadas no solo por los “bancarios”, sino por los que los dirigen. Pero el descubrimiento de la manipulación de Líbor no deja en muy buen lugar al Barclays ni al sistema bancario —ya están empezando a ser investigadas otras entidades— que comienza a ser visto como un atraco descarado con el arma de la confianza en tu propio banco. Una vez más, la confianza se ha roto; ya hay una nueva grieta.

Norman Montagu recuperándose del estrés
Resulta curioso contrastar la apelación al estrés del señor Marcus Agius —el verdadero estrés es el de los hipotecados— con la que recogen los historiadores de Montagu Norman en un comunicado de prensa que dio el 15 de agosto de 1931:

“El gobernador del Banco de Inglaterra se encuentra indispuesto como consecuencia de la excepcional tensión a la que ha estado sometido estos últimos meses. Siguiendo las indicaciones del médico, ha abandonado todas sus ocupaciones y se ha marchado al extranjero para descansar y desconectar”.  (17) **

La “excepcional tensión”, como es obvio, es la crisis del sistema financiero que metió al mundo en la Gran Depresión. El dato nos lo trae Liaquat Ahamed en su obra, premiada con el Premio Pulitzer en 2010, Los señores de las finanzas, que lleva el aclarador subtítulo en portada de “Los cuatro hombres que arruinaron el mundo”. Ahamed investiga el papel que jugaron los cuatro directores de los grandes bancos centrales mundiales —Estados Unidos, Inglaterra, Francia y Alemania— en la crisis del 29. 

Marcus Agius
Hemos pasado del estrés del banquero Montagu Norman al estrés del sistema, pasando por los "test de estrés bancario". Demasiado estrés. Los millones de personas que sufrieron la gran depresión no pudieron embarcarse para que la brisa marina les ayudara a quitarse de encima el estrés. Tampoco tienen hoy las cuantiosas cantidades que nuestros banqueros se han fijado para rebajar su propio estrés. Agius comienza hablando del estrés para pasar a las turbulencias para acabar hablando de la economía mundial. No entra en su contribución —suya y de su banco, junto con otros— al conjunto.
Cada vez se investiga más el papel de la Banca en los sucesos históricos; cada vez más los banqueros están bajo la lupa de los historiadores para tratar de desentrañar cuál es su participación real en los misterios de la Economía y del mundo. Por sus manos pasa todo el capital. Hemos dejado de mirar la luna y nos centramos más en la observación del dedo apuntador de las personas que manejan los capitales. Los mercados, además de leyes, tienen mercaderes.
Si se lleva adelante, como se está planteando, una comisión parlamentaria parecida a la que ha actuado en el caso de la Prensa en el Reino Unido, y sus Señorías se lo toman en serio, ríanse de las comparecencias anteriores de Blair, Cameron, Brooks o Murdoch. Aquí no vamos a tener ahijados ni caballitos de paseo jubilados de Scotland Yard. Si pensamos que los conflictos que han llevado al rechazo de decisiones conjuntas europeas por parte de Cameron eran, como se ha señalado con insistencia, la defensa de los intereses de la City, tendremos que ver qué sale de esas apasionantes sesiones. La City tiene un elemento añadido: acoge a las empresas fugadas de los Estados Unidos cuando allí se estrechan los controles y restricciones. El sistema financiero británico solo es británico en parte; es el centro mundial de las finanzas. Y del estrés, claro.


No sé si los argumentos que nos darán entonces los políticos serán similares a los invocados estos días respecto a la prensa en la comisión de las escuchas ilegales: “no se puede gobernar contra los medios, son demasiado poderosos”. Si el argumento que nos darán es “no se puede gobernar contra los banqueros”, el siguiente recorte que se debería hacer, esta vez gustosamente, sería el cierre de los parlamentos y órganos de gobierno, convertidos en gastos inútiles. Vayamos a votar con la cartilla de ahorros.
Según esta versión negativa, ¿son los políticos unos títeres creados por banqueros y prensa, suponiendo que estableciéramos alguna distinción en quienes financian y prestan dinero a las empresas de medios y los medios mismos? La pregunta no es retórica y se puede contestar en función del grado de compromiso que el político manifieste con aquellos que le eligieron. Lo malo es si quienes te eligen realmente son los banqueros con el apoyo de los medios controlados por ellos. La idea es escandalosa pero no peregrina, pues es precisamente de esto de lo que se ha estado tratando en la comisión del parlamento británico, de las hipotecas mediáticas y en qué términos se producían los cobros de los intereses.

Las intensas y mezcladas relaciones políticas, económicas y mediáticas son muy peligrosas para el sistema democrático porque distorsionan los compromisos electorales en función de los compromisos previos que adquieran los políticos. Es precisamente de lo que Cameron y Blair se han tenido que defender en la comisión: de que nadie se creyera que el apoyo de Murdoch fuera gratuito, que fuera un vendedor de influencia altruista. No se trataba de criticar una amistad, sino de establecer sus consecuencias.
La insinuación de David Cameron de sacar al Reino Unido del euro y Europa parecen obedecer más a las razones de la City que a las de los ciudadanos británicos, por más que se apele a su euroescepticismo o a su nacionalismo monetario. ¿Temen en la City por las medidas de control bancario y financiero que puedan ser aprobadas para el conjunto de Europa como ya ocurrió con la propuesta de la “Tasa Tobin” para las transacciones financieras, a la que se opone, entre otros “países financieros”, el Reino Unido?

El artículo de David Cameron sobre la posibilidad de la salida de Europa
Tiene razón Marcus Agius al decir que el golpe ha sido devastador para el banco, pero se queda corto en el alcance del golpe sobre el ya desprestigiado sector bancario. Los bancos son una parte esencial del sistema económico, tienen una función muy importante, en eso está todo el mundo de acuerdo. Una vez llegados a ese punto, lo que la gente está reclamando son las jerarquías, el quién decide sobre quién, en un mundo más complejo en el que los políticos se dicen en manos de banqueros y prensa, la prensa de dice en manos de los bancos y políticos, y los bancos se dicen en manos de los mercados. 
Según estas teorías exculpadoras, nadie sería responsable de nada. El mundo marcharía solo, como un gigantesco dado rodando indiferente por la galaxia.

* "Dimite el presidente del Barclays por la manipulación del tipo interbancario" El País 2/07/2012 http://economia.elpais.com/economia/2012/07/02/agencias/1341211903_877766.html
** Liaquat Ahamed (2010): Los señores de las finanzas. Deusto, Madrid.


lunes, 2 de julio de 2012

Una alegría

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
“Creo que este es el equipo del siglo”, dice Jürgen Klinsmann, el seleccionador alemán de los Estados Unidos, en The New York Times, apenas unos minutos después de terminar el partido. Klinsmann sabe lo que dice, como jugador fue campeón del mundo y de Europa con Alemania, y ha sido entrenador del Bayern. Considera que son superiores en sus logros y juego al histórico Brasil de Pelé. Lo mismo opina la BBC: “España reinventó el fútbol y se reinventa así misma para conquistar un lugar en el olimpo del fútbol como uno de los mejores equipos, sino el mejor, de la historia.” Lo leo mientras resuenan los cláxones de los coches que van hacia Madrid a celebrar en sus calles la victoria de España sobre Italia en la final de la Eurocopa. Una alegría, que hacía mucha falta, tal como están las cosas. Es la necesidad de celebración tras vivir en un permanente sobresalto. Al menos, mañana no abrirán los periódicos con bolsas y primas de riesgo, sino con unos cuantos españoles levantando por tercera vez consecutiva una copa importante.
Cada vez que España gana algo, individual o colectivamente, pienso en de dónde sale ese furor, esas ganas por ganar y cumplir, esa sencillez absoluta y caballerosidad de sus jugadores, su saber estar. No se les ha visto un mal gesto en toda la Eurocopa y eso es un mérito tan importante como ganar. Son tan importantes los cuatro goles como haberles hecho el pasillo de homenaje a los italianos consolándoles en su camino.


El mérito es de ellos, desde luego, y también de un entrenador que se ha ganado el respeto y la simpatía de todo el mundo, algo casi imposible en el mundo del fútbol. Ni las polémicas histéricas sobre los falsos 9 y cosas por el estilo le descolocan. Recuerdo, cuando España ganó el campeonato del mundo, que un amigo argentino me mandó un correo: “¿Qué le pasa a ese entrenador de ustedes, es que no tiene sangre en las venas?” Claro que tiene sangre, pero es sangre educada, algo que no es fácil tener ni entender en el mundo del deporte. Probablemente sea el entrenador que dedica más tiempo a resaltar las virtudes del contrario que las de su propio equipo.

Se pondera mucho a una generación de jugadores de fútbol, tenistas, baloncestistas, gimnastas, corredores de fórmula 1, balonmanistas, motoristas, ciclistas y una larga lista de deportes en los que los españoles hemos sobresalido en los últimos años. Y con razón. Se ha producido una conjunción entre talento e inversiones que no ha sido posible realizar en otros campos muy necesarios para que las alegrías fueran también de otra naturaleza.
Los frutos deportivos son la consecuencia de la inversión económica hecha en el deporte español. Todo comenzó con los programas de patrocinio de las grandes empresas para dar un gran salto en los resultandos —pobres hasta el momento— con motivo de las olimpiadas de Barcelona 92. Había que rendir en aquellas Olimpiadas. Los programas de becas y las políticas fiscales de apoyo a la inversión en deporte y deportistas dieron buenos resultados y con los resultados llegó más patrocinio, que encontraba en los éxitos de los deportistas una buena promoción y publicidad. Con la conversión de los deportes en grandes acontecimientos mediáticos, la inversión era muy rentable.


Hoy podemos ver a todos estos deportistas —no solo a los futbolistas, sino a tenistas, corredores, baloncestistas…— saludándonos desde las pantallas de los televisores, las marquesinas de los autobuses, las vallas de las carreteras o los escaparates de los comercios. Son la mejor inversión publicitaria porque responden bien en su trabajo y han conseguido ser admirados por sus éxitos y también por su forma de ser muchos de ellos. Pienso en Casillas, Nadal, Gasol, o tantos otros que han mantenido siempre un comportamiento ejemplar.
Son el reverso positivo de un destrozo generacional, la parte emergente de los que se mueven en el desierto del desempleo o el subempleo juvenil. Las elites siempre están bien pagadas; es lógico. No hay ningún país del nivel de España que haya cosechado tantos éxitos en estos años. Por eso, los comentarios de los guiñoles franceses sobre el dopaje tenían tanto de injusto, de hacer pagar a justos por pecadores, con una generación que ha llegado lejos, cumpliendo con creces, en el único camino que se le ha dejado abierto: el deporte.


La gran pena es que, sometidos a privaciones y falta de oportunidades, lo único que le queda al resto, a la mayoría de la generación, es la celebración entusiasta de sus éxitos. Por eso las euforias con las que se viven los triunfos tienen mucha alegría y un toque de melancolía pensando en tantas cosas que podrían celebrarse, pero que no llegaremos a ellas.
Tenemos muchos jóvenes valiosos deseando poder demostrar sus cualidades y aportar algo a la sociedad española. Jóvenes investigadores, científicos, artistas… ocultos para un empresariado que los explota desde hace treinta años sin valorarlos o sin crear las condiciones para que puedan dar lo mejor de ellos mismos. Se ha invertido mucho en becas, pero no hay una respuesta en el mundo laboral, que ve en el becario no al mejor estudiante sino la mano de obra barata. Los más valiosos se tienen que ir allí donde se reconoce su formación ante la alternativa pobre que se les ofrece en una sociedad que ha renunciado a sus ambiciones, aunque se les llene la boca de decir lo contrario.


Las sociedades piensan siempre en términos de la siguiente generación para poder desarrollarse. El presente es el momento en que se recoge lo sembrado mucho tiempo antes. No hay improvisaciones. Lo que se está recogiendo estos años es lo que se plantó cuatro años o cinco años antes de la olimpiada de Barcelona, a finales de los ochenta. Esta generación ha podido aprovechar aquel esfuerzo de entonces y estallar con toda su gloria deportiva. Ha habido continuidad y esfuerzos a largo plazo. Los clubes e instituciones aprendieron que tenían que apostar por los niños, que hoy son realidades.
Si se hubiera hecho lo mismo en otros sectores, apostar por la juventud creando nuevos escenarios en la industria, en el arte, etc., la situación española hoy no sería la misma. Sin embargo no se escogió ese camino del esfuerzo continuado, de apostar por lo valioso, del estímulo constante. El resultado está a la vista.
Debajo de mi ventana un grupo de chicos y chicas cantan alegres el “yo soy español, español, español”.
Enhorabuena a una generación irrepetible que dio lo mejor cuando se les dejó darlo.




domingo, 1 de julio de 2012

Entre dos discursos: de Barack Obama a Mohamed Morsi

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La sala de la Universidad en donde ha tenido lugar el discurso del presidente Morsi es un espacio inmenso. Lo recuerdo de mi primera visita a la Universidad de El Cairo. “Aquí es donde dio Obama su discurso”, me dijeron. Fue el cuatro de junio de 2009 y entre ambos discursos ha habido todo un mundo. La secuencia de la histórica visita a El Cairo del presidente Obama (junio 2009), la revolución (enero 2011), la presidencia de Mohamed Morsi (junio 2012) comprenden un marco temporal que puede ser analizado con detalle, pero solo imperfectamente comprendido. La historia es una ola en la que estamos subidos, que  nos arrastra y en la que nuestra mayor preocupación es mantener el equilibrio. Lo que contemos después en la playa a la que nos haya llevado solo son nuestras explicaciones de por qué hemos llegado allí.
Merece la pena recuperar las palabras de Barack Obama ante su auditorio en la Universidad en 2009:

"I've come here to Cairo to seek a new beginning, one based on mutual interest and mutual respect and based on the truth that America and Islam are not exclusive and need not be in competittion," Obama told a crowd of hundreds at the Cairo University.
"Instead, they overlap, and share common principles, principles of justice and progress, tolerance and the dignity of all human beings."

Barack Obama en la Universidad de El Cairo (2009)
Tres años después del discurso, Mohamed Morsi se enfrenta a este reto, al desafío de la construcción de un nuevo Estado para el que tiene como materia prima los anhelos de un pueblo frustrado por los fracasos políticos y económicos de los modelos anteriores. El sistema consiguió defraudar a la sociedad por abajo, manteniéndose impasible ante el deterioro y la progresiva miseria que pisoteaba la dignidad por la ausencia de justicia social, y por arriba, pisoteando los anhelos de las clases formadas, de todos aquellos que deseaban un Egipto moderno que recuperara su papel de liderazgo en el mundo árabe, que ofreciera la posibilidad de prosperar sin sentirse culpable o degradado por el sistema de corrupción instituido y controlado férreamente por una clase convertida en propietaria de los destinos de Egipto en lo económico, lo político y lo social.


El discurso del presidente Obama tenía una importancia grande porque se dirigía a un “régimen amigo”, cuya financiación del ejército egipcio ha servido indudablemente para frenar los deseos de represión cruenta de la revolución que a más de uno le habrán asaltado en muchos momentos. Obama ofrecía la posibilidad de un nuevo modelo de relaciones, algo que no interesaba evidentemente al régimen de Mubarak, que vivía muy cómodo con su papel de guardián. Pero todo cambió con la revolución de Túnez. La administración Obama y con ella la práctica totalidad de los gobiernos occidentales, saludaron las revoluciones de los países árabes. El viejo modelo de relaciones ya no servía y esa era la evidencia de la sinceridad del discurso de Obama en El Cairo. Con Bush, mucho hubieran dado por bueno el argumento de que tras las revoluciones se encontraba el terrorismo. Con la excepción inicial de los graves errores del gobierno de Sarkozy en Túnez y de la Italia de Berlusconi en Libia, se ha estado del lado de los pueblos, junto a todos aquellos que se rebelaban para defender su libertad y dignidad. Esta vez no se trataba de apoyar dictadores, sino de apoyar pueblos. Y así debe seguir.
Se rompía la inercia de la etapa Bush del recelo generalizado hacia los países árabes. Se iniciaba otra forma de relaciones para intentar salir de una situación que empezaba a resultar muy incómoda: las alianzas con gobiernos represores en nombre de una presunta vigilancia del terrorismo integrista. Los dictadores que han ido cayendo habían utilizado esta estrategia para poder aprovecharse en clave interna de lo que era una política occidental de seguridad. La represión se realizaba en nombre de una seguridad internacional que permitía seguir adelante recibiendo dinero en algunos casos u obteniendo patentes para realizar grandes negocios a los grupos afectos a los dictadores, como el caso de Libia.


El panorama hoy es muy diferente. Egipto ha recorrido, en esa ola de la historia, un camino inverosímil, con avances y retrocesos, con desplazamientos laterales y maniobras que desafiaban a la lógica y a la física.
Históricamente, las revoluciones suelen ser el resultado de maniobras conspiratorias de grupos organizados que van llevando su sentir a una parte de la población hasta que estalla. Nada más alejado de la realidad egipcia. La diferencia entre conspiración e indignación es importante y esencial para entender el carácter de la revuelta y su incidencia política posterior, cuya mayor dificultad ha sido el proceso de identificación del espíritu revolucionario con la fuerzas que debían canalizarla. Por decirlo de una forma sencilla: en Egipto la indignación y la conspiración iban por caminos separados. Los grupos políticos opositores estaban en un dique seco, controlados por el régimen y aislados de la población por su propia inercia ineficaz. De esto se beneficiaba, lógicamente, el régimen de Mubarak y salía perjudicado el pueblo. El segundo beneficiario era la pseudo oposición, la Hermandad Musulmana, que vivía y crecía de dos fuentes: no considerarse una opción política y cubrir la falta de sensibilidad de la administración hacia los problemas sociales. La Hermandad no era un “partido”, algo que despreciaban en su doctrina, sino el equivalente a una Seguridad Social que la mayoría necesitaba en un momento u otro por ausencia de una oficial.

Que hoy el presidente Morsi enarbole la bandera de la revolución puede entenderse en un sentido retórico o de forma sincera. La Hermandad Musulmana no ha estado jamás en el poder, carece absolutamente de experiencia política, incluso como partido, pues el partido de la Libertad y la Justicia se creó para no contaminar la marca de origen. La Hermandad carece de experiencia internacional, pues se limitaba a tener contactos de apoyo con aquellos países que deseaban tener controlados mediante la financiación a cualquier grupo egipcio para poner una piedra en el zapato de Mubarak y su régimen.
La transición egipcia no ha terminado ni se ve muy cercana la otra orilla. Morsi debe realizar un programa de integración nacional para acercar los deseos de la revolución, que no son solo un grupo de jóvenes, sino la reivindicación de modernización, libertad y justicia social frente a lo que representó el abandono absoluto del régimen.

Esa transición deberá contar, como han descubierto al final, con el apoyo de todos los "hijos de Egipto" porque las amenazas siguen presentes, enquistadas en un régimen que no se ha disuelto y cuyos intereses se encuentran repartidos por todos recovecos del estado, del mundo empresarial, etc. Son los restos importantes del apoyo de un régimen que hacía pasar por la corrupción para conseguir los fines. Están ahí y seguirán durante mucho tiempo, bajo cada piedra que se levante, como gusanos e insectos que corren bajo la nueva luz.
La Hermandad Musulmana tendrá que adecuarse también al nuevo modelo que reclaman los egipcios y no vivir de las carencias del estado sino transformar el estado para hacerlo eficaz en beneficio de todos. Para ello tendrá que irse alejando de sus funciones asistenciales y apoyar las públicas para que funcionen. Deberá crecer el partido y no ser solo una maquinaria electoral. Tendrán que ver cómo se traducen sus principios en acciones en un sistema real y no ideal, un sistema en el que convivirán con otros egipcios que piensen de forma diferente pero que serán tan buenos egipcios como ellos mientras todos quieran lo mejor para su país y su pueblo.
El discurso de Morsi ha sido conciliador. Ha dicho que el Ejército y la Policía son importantes, pero que deben recuperar su función de proteger a los egipcios y las fronteras del país. Ha dicho que Dios es importante, pero que el poder viene del pueblo. En el diario Al-Masry Al-Youm se contaba hace unos días:

Mohamed Qasim, one of the administrators of the We Are All Khaled Saeed Facebook page, famous for its mobilizing power before and during the revolution, says that there’s something interesting in the political lucidity displayed by people nowadays. “When I was praying at the mosque [in Matareya] a few days ago, the sheikh started promoting Morsy. People rose angrily and asked him to stop mixing religion with politics. I was pleasantly surprised. These are important details.”*


La anécdota no es única y revela esa lucidez política del pueblo egipcio, que sí es religioso, pero sabe diferenciar entre serlo e imponerlo. Esa gente es la que ha votado a Morsi no porque se lo digan en las mezquitas ni en las caravanas médicas, sino porque sabían que debían desprenderse de un régimen que usaba la religión de forma negativa también para hacer política. La prohibición de partidos religiosos, que mantenía el régimen de Mubarak, era una forma de introducir la religión, retorcida pero eficaz y que sirvió para fortalecer a la Hermandad y a Nour, los salafistas, que canalizaron el tradicional sentimiento religioso egipcio.
En la medida en que la democracia se asiente sobre una constitución plural, que es el gran reto al definir las reglas del juego, se tenderá a relativizar ese impulso de imponer a los demás la visión propia, de considerar como verdades esenciales e indiscutibles nuestros principios sobre los de los demás. Si Egipto logra una constitución que no busque consagrar principios para imponerlos, sino crear principios plurales con los que convivir, habrá dado un gran salto adelante y habrá conseguido aislar los temores y miedos que han sido aprovechados en detrimento del pueblo egipcio, enarbolados para su control permanente y su condena a la infancia política y civil.

Mohamed Morsi necesita mostrar a todos que sus palabras de apoyo a la revolución son reales y hacerlo con hechos en beneficio de su pueblo y eso quiere decir pan y educación, modernización del estado y limpieza institucional. Tiene que salir al mundo y aprovechar la mano tendida que supuso el viaje de Barack Obama en su momento y mostrar que la amistad es posible y beneficiosa para todos. Y debe mostrar a su pueblo que eso es bueno, olvidar el autismo político y sus temores. Ha hecho bien en señalar los deseos de paz y respeto de los tratados junto a su apoyo a los pueblos palestino y sirio. También en señalar sus deseos de independencia y de no influir en los demás, mensajes en clave para todo el espectro del mundo árabe.
La necesidad de restaurar la autoridad en Egipto señalada, por Morsi, se basa en el principio previo de que sea la propia autoridad la que se regenere y muestre que está del lado del pueblo, atendiendo sus necesidades. Los egipcios, que inventaron el estado, no son ácratas. Su indignación y desesperación proviene precisamente de las perversiones constantes de la autoridad, puesta al servicio de unos pocos en detrimento de muchos. En la medida en que la autoridad sea justa y trabaje para todos, la soberanía popular dejará de manifestarse en las plazas de todo Egipto y podrá salir, orgullosa, a manifestar su civismo en conmemoración de sus mártires, que habrán dado su vida por algo con sentido.


Ha hecho bien Mohamed Morsi en dedicar una parte amplia de la introducción de su discurso al escenario en que se encontraba, a la Universidad de El Cairo, a dar las gracias a los estudiantes, que han visto interrumpidas sus actividades y exámenes; también en reconocerse como un hijo de esa universidad, y padre de alumnos, algo importante en clave de la propia sociedad egipcia, ya que es el centro de la “ciencia” frente a la “otra ciencia”, como irónicamente la llamaba Taha Husein, en Los días. El progreso de Egipto, de su pueblo, debe salir del compromiso de los que tienen el conocimiento y la voluntad de ponerlo al servicio de su pueblo para sacarlo adelante. Pocos pueblos tienen esa voluntad tan marcada como los egipcios, y es lo que manifestaron los “jóvenes” ilusionados tras el estallido de su revolución, que era la de todos y que se reflejo en el lema “orgulloso de ser egipcio”, es lo que unió en un solo grito a los universitarios con los más desfavorecidos, que veían en ellos la única posibilidad frente a la indiferencia habida hasta el momento. Egipto debe aprovechar esa fuerza surgida de sus universidades, abandonar el derrotismo desesperanzado. Esa creatividad y generosidad debe ser canalizada. Si el nuevo presidente es capaz de hacerlo, habrá ganado mucho para el país, que surgirá de nuevo hasta ocupar el puesto internacional que le corresponde por historia y por valor.
Dios es grande y el poder viene del pueblo. Antes que a la Universidad del El Cairo, Morsi se dirigió a la plaza de Tahrir, a mostrar su compromiso con la revolución y sus ideales generales de transformación y enterramiento definitivo de un régimen corrupto e ineficaz. Fue un gesto, un gesto importante para mostrar a todos los apoyos con los que cuenta en el difícil camino que tiene por delante. No se trataba solo de mostrar que él apoya la revolución, sino de que la revolución le apoya a él para seguir adelante. De los “hijos de Egipto” provienen los imperativos de las necesidades y los anhelos de sus sueños; a sus dirigentes les exigirán el cumplimiento de un futuro que no se base en la providencia sino en la eficacia. Como ya escribimos, debería llegar un momento en que se dé gracias a Dios por la eficacia de los gobernantes que elegimos, más que porque nos permitan sobrevivir.

*  "Taking stock: What comes after the elections for activists?" Al-Masry Al-Youm 28/96/2012 http://www.egyptindependent.com/news/taking-stock-what-comes-after-elections-activists