sábado, 3 de septiembre de 2011

Las viejas dictaduras nunca mueren

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Las sanciones europeas que acaban de aprobarse contra la Siria de Bashar al Assad incluyen dejar de comprarle petróleo. El 95% de sus exportaciones venía a Europa. Siria ya ha contestado: no hay problema, se lo vendemos a Rusia y China.
El papel que las “viejas dictaduras del proletariado” están desarrollando en la política internacional tendrá su factura histórica cuando pasen los años, quizá los meses. El ejemplo de la reacción de la nueva Libia a los que se mostraron partidarios de la ya casi “vieja Libia” de Gadafi, el casi-pasado, no hace escarmentar a las viejas guardias de las viejas dictaduras.
Rusia, caricatura de democracia, y China, caricatura de dictadura del proletariado, están jugando unos papeles nefastos en la liberación de los pueblos que buscan salir de la opresión política y de la pobreza. Estos gigantes siguen añorando una guerra fría que hacía que corrieran a refugiarse bajo sus alas los polluelos que no querían sufrir la "benevolencia" del imperialismo americano. Hoy Rusia y, sobre todo, China aspiran otra vez a ser potencias imperiales en un sentido nuevo o no tan nuevo.


China está comprando energía o influencia sobre ella para asegurarse que no se va a limitar su crecimiento mediante políticas que frenen su expansionismo. Ha aumentado de forma espectacular sus exportaciones con América Latina y otras regiones por las que se expande buscando huecos. Rusia y China están avanzando mediante la compra o la creación de empresas en países cuyos gobiernos buscan recibir inversiones de posibles aliados estratégicos. China compra bancos en Europa y energía en donde le dejan. El voto negativo de Ecuador junto a China y Rusia en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU para evitar condenar la represión de Siria muestra, como ya señalamos en su día, los nuevos alineamientos y favores. China y Rusia se cobran los favores económicos con favores políticos.

Cuando Siria se libre del tirano que la martiriza y lleva más de dos mil muertos más los desaparecidos incontables —¡que sea pronto!—, se acordará de Rusia y de China y de un señor que se llama Correa y vive y toca la guitarra en Ecuador. Después dirán que todo habrá sido una maniobra internacional para quedarse con el petróleo, que es la única y permanente respuesta con las que el falso progresismo encubre la cobardía de no condenar las dictaduras que le caen simpáticas o las que condenan los que no les caen simpáticos.
Si algo debemos aprender todos es que se han justificado muchas dictaduras con demasiadas excusas desde la comodidad de los salones y cafés mientras no se escuchaba la opinión de los que las padecían en sus carnes. La causa de las libertades o es solidaria con el dolor ajeno o no es más que demagogia. Las dictaduras son dictaduras; los muertos, muertos; y los desaparecidos, desaparecidos. Se repite mucho, pero se practica poco.
China y Rusia siguen siendo dictaduras y actúan como tales. En lo nacional y en lo internacional donde se les deja. Comprar el petróleo a Siria en una situación de embargo es prolongar el dolor de los sirios, su sufrimiento y cargar en la conciencia a cada uno de los muertos, torturados y desaparecidos bajo este régimen criminal que bombardea sus ciudades por tierra, mar y aire literalmente.

Cuando solicitamos su dinero para que inviertan, saneen o rescaten nuestras arcas, nos hacemos cómplices del origen de sus riquezas. China tiene hoy, según su propio presidente, un problema grave con la corrupción, una corrupción que hace que un país que se dice socialista tenga el mayor número de multimillonarios nuevos cada año según la lista Forbes. El presidente ruso prefiere no hablar del tema.
La forma de moverse por la política internacional apuntalando las dictaduras y los derramamientos de sangre es un error. No han aprendido del coste que esto ha tenido para Occidente. Los intereses económicos generan malsanas relaciones cuando se muestran ciegas ante el sufrimiento de los pueblos. La nueva política internacional debe ser exigente con el respeto de los derechos humanos y no ser condescendiente con los que los vulneran.
Los ciudadanos debemos ser conscientes de nuestro papel y de nuestra responsabilidad y exigir que nuestros gobiernos apoyen causas de las que no debamos avergonzarnos después. Lo señalamos ya con la vergüenza de descubrir que España había vendido, pocos días antes de que entrara en vigor la prohibición internacional, “bombas de racimo” al régimen de Gadafi, armas que ha empleado contra su pueblo. Es una gran ventaja que podamos hacer llegar nuestra protesta a los gobernantes si nos hacen incurrir en este tipo de vergüenzas nacionales. Ventajas de la democracia que no siempre aprovechamos. A los chinos o rusos no les preguntan qué opinan de apoyar al régimen sirio. Tampoco les preguntan muchas otras cosas.



Coloreando el odio

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
En Estados Unidos se acaba de publicar un libro conmemorativo del 11-S, «We shall never forget 9/11: The Kid’s Book of Freedom», del que sea hecho eco ampliamente la prensa. Nadie duda del derecho al dolor, a la indignación y al recuerdo de las víctimas de uno de los grandes actos criminales de la historia moderna, el atentado del 11 se septiembre en Nueva York. Muchos no pondrán siquiera en duda la acción que llevó a la muerte al terrorista Osama Bin Laden, responsable último de aquel y otros crímenes, con dos millares de muertos inocentes de cualquier culpa.
Pero lo que repugna de esa publicación conmemorativa es la instrumentalización que asoma tras el hecho de ofrecer a los niños la posibilidad de colorear la situación de la muerte de Osama Bin Laden. En un post anterior criticamos la negativa de las autoridades palestinas a que se enseñara en las escuelas montadas por la ONU el holocausto del pueblo judío en manos de la Alemania nazi. Nos parecía entonces que la enseñanza nunca debe ocultar la verdad y que este hecho no es más que una forma de manipulación de las personas más indefensas intelectualmente, los niños. Una cosa es la enseñanza, que supone respeto, y otra el adoctrinamiento, que crea servidumbre.
Con la misma contundencia se debe condenar una visión de la educación que confunde el recuerdo positivo de los muertos con la recreación simbólica, pues no es más que eso pedirles que recreen el dibujo coloreándolo, de la muerte del asesino. Hay cosas que no se pueden simplificar porque no lo son.  Deberíamos, a la vista de lo que hay, tener más cuidado con las semillas que lanzamos. El recuerdo de los crímenes de Noruega están demasiado próximos. Demasiado dolor creado por el odio.

El anuncio oficial de la muerte de Osama Bin Laden
No hay nada que cuestionar: Bin Laden era un asesino. Pero no se trata de eso, sino del ejercicio manipulador, de la perversión del dolor que conlleva. Aprendí que no había que celebrar la muerte de nadie, ni de mi peor enemigo, ni celebrar las desgracias de otros. Llorar a los muertos y pedir justicia es loable. Recrease en el castigo y hacer que se instaure esa práctica en la mente de los menos protegidos, los niños, es un hecho repudiable. No tiene nada que ver con la memoria.
La responsabilidad de esto es siempre de quien lo hace. Hay muchas personas en Estados Unidos que señalaron en la muerte de Bin Laden que sus sentimientos les pedían llorar a sus muertos, pero no salir a festejar la muerte de su asesino. Estas dos actitudes diferentes retratan a quienes las mantienen. Hay una diferencia entre poder descansar cuando desaparece tu enemigo y la recreación permanente de su ejecución.

Hay un cuento sufí en el que dos hombres van por un camino  y, ante la vista de una prisión cercana, uno de ellos le comenta al otro que estuvo allí preso hace años y que desde aquel día no ha dejado de odiar a sus carceleros. «Pues entonces nunca has sido libre» —le comenta el otro— «siempre has estado entre sus muros». El que mantiene vivo el odio es preso del odio, como el recluso que nunca abandonó mentalmente su celda porque no pudo olvidarse de sus carceleros. Las verdaderas cadenas son nuestros odios, que son los que nos dirigen y condicionan. El que odia nunca es libre.
Afortunadamente son muchas más las personas que prefieren no dejarse llevan por esas cadenas que envilecen y poder seguir el camino de la vida libres del fardo de los odios. La mochila de la ilusión es más ligera que la del pesimismo; la de la alegría, más gratificante que la del odio.
Lloremos a los muertos y a los mártires, pero no convirtamos esas lágrimas en riego del futuro porque contienen la sal que todo lo seca, la del odio. Enseñar el odio o el escarnio solo es sembrar espinas para el mañana. Nos les enseñamos a superar el pasado, sino a repetirlo.
El odio no se puede colorear. Es siempre en blanco y negro.




Manchas de carmín

" "EStados Unidos
Joaquín Mª Aguirre (UCM)
No hace muchos días, en uno de estos post, centrábamos el problema de la crisis financiera en la cuestión fiduciaria, es decir, en la perversa actuación de aquellos en los que depositas tu confianza personal o institucional para que te asesoren o gestionen tus intereses. En vez de velar por los tuyos, te inducen a aceptar acciones que les favorecen y a ti te perjudican. Asesoran y gestionan mal a sabiendas del resultado.
La prensa destaca hoy que la Agenda Federal de la Vivienda (FHFA) han presentado una demanda por valor de 70.000 millones de euros* contra los bancos que engañaron en su asesoramiento a los clientes con sus hipotecas. El complejo entramado de productos financieros y la elevación artificial de los precios para poder aumentar el volumen de las hipotecas y así obtener más beneficios, ha demostrado ser un límite del sistema, una frontera que una vez traspasada hace caer un sistema que se basa en la confianza.

No deja de ser irritante que la permanente demanda de “confianza”, en cuyo altar pagano se están sacrificando demasiadas cosas a la vista de lo voluble de su voluntad divina, se base en la traición de la confianza del sistema bancario a sus clientes. Si el sistema económico hace entrar en crisis al político e institucional —puesto que el uno está sustentando y condicionando al otro— y pierde la confianza, la crisis va más allá de la Economía y tiene consecuencias en todos los niveles. La demanda es una forma directa de hacer ver que las perturbaciones políticas y sociales que la crisis financiera ha creado, tienen que volver a sus responsables como reacción. De no hacerse, de no reaccionar el sistema político y social al desbarajuste financiero, sería el final de la credibilidad conjunta del sistema, esta vez en su totalidad. De forma clara: si los políticos no reaccionan a los fraudes que se cometen en los mercados, los políticos sobran. Deberían aprender algunos que se puede plantar cara o se puede ceder y buscar a probación con alto coste político. Lo que cada uno haga, allá con su conciencia política. Lo malo es que nos afecta a todos.
La base del sistema de mercado es la confianza y la transparencia. Esto es lo que nos dice la Teoría oficial. El hecho de que aquellos que deben suministrar una información veraz para poder tomar una decisión incumplan su compromiso es de naturaleza muy grave ya que afecta a la esencia del funcionamiento del sistema. Sin transparencia no se pueden tomar decisiones y sin poder confiar en los que te representan tampoco. La naturaleza competitiva del mercado —todos compiten por tener acceso a los recursos disponibles que son limitados y maximizar sus ganancias— se compensa por la necesidad del reforzamiento de la confianza en la medida en que el sistema posee unos agentes mediadores. Confía en tus asesores desconfía de todos los demás.


La alternativa a guardar mi dinero bajo una baldosa en casa es un banco en el que tengo que confiar que se encuentra disponible. Para elegir el banco que me merece más confianza debo disponer de información veraz sobre su funcionamiento. Si además confío en ellos para que lo inviertan, por ejemplo, ellos deben hacer un uso de mi dinero absolutamente honesto, valorándolo tanto como si fuera el suyo.
La creación de una burbuja inmobiliaria para poder elevar el valor de las hipotecas ha sido uno de los detonantes de la crisis financiera. Puede decirse que ha sido el propio sistema el que ha minado su credibilidad. Y aquí, como en tantas otras cosas, la confianza lo es todo. Imaginemos lo que sería para el sistema judicial el descubrimiento de que la mayoría de los jueces aceptan sobornos o para un casino descubrir que todas sus barajas están marcadas y que hay imanes bajo sus ruletas. Significaría el descrédito automático. Nadie recurriría a los jueces y nadie pisaría los casinos. Con el sistema financiero resulta un poco más complicado, pero espero que se comprenda qué alcance que tiene la pérdida de confianza. Es volver a la selva y a la baldosa.

Por eso resulta irónico que se esté permanentemente invocando la falta de “confianza” de los mercados, cuando ha sido una parte esencial de esos mercados quien ha traicionado la confianza. Una crisis de otro tipo habría desencadenado otro tipo de reacciones, pero está tiene su principal fundamento en el fraude especulativo. El sistema puede teorizar sobre la especulación como un sistema “aceptable”, pero no puede hacerlo sobre el fraude fiduciario porque, como señalamos, transparencia y veracidad son los pilares teóricos sobre los que se basa.
La reclamación a los bancos tiene varios aspectos importantes. En primer lugar es un dedo acusador; apunta a los responsables, algo que se estaba criticando a la administración Obama. En segundo lugar, exige responsabilidades económicas, por lo que a los bancos se les hablará en el único lenguaje que entienden. En tercer lugar, es una contestación política en el centro del sistema político y económico mundial, los Estados Unidos. En cuarto lugar, es un contraataque político de Obama, que ha debido captar (finalmente) que la debilidad ante los depredadores se paga, entendiéndose la amenaza conjunta de los agentes económicos y rivales políticos, los que temen que Obama sea reelegido y los que temen que pueda poner límites al sistema mediante regulaciones. La tibieza de Obama hasta el momento, denunciada por las personas que más le apoyaron pensando que iba a meter en cintura a los responsables de la crisis financiera, parece acabarse con esta medida, que es algo más que un disparo con balas de fogueo. Si se demuestra que solo es una cortina de humo electoralista, la medida tendrá poca eficacia porque el objetivo seguirá siendo minar la credibilidad de Obama.
Pero la clave de la política americana no es más que una parte del tsunami mundial, del que muchos son conscientes, sin saber cómo se puede estabilizar un sistema que se desestabiliza porque ha perdido la confianza en sí mismo, en los indicadores y en cualquier agente interviniente. Cada vez son más las voces que coinciden en que esto es una crisis de irracionalidad en un mundo aparentemente racional. Si el mundo financiero se revela como esencialmente mentiroso, es como ir a un congreso mundial de carteristas y no estar ligeramente preocupado.
Las crisis de confianza tienen mala solución y cuesta recuperarla, sobre todo si las manchas de carmín son demasiado frecuentes en el cuello de la camisa.

* " EE UU presenta una demanda  masiva contra la banca por negligencia" El País 3/09/2011 http://www.elpais.com/articulo/economia/EE/UU/presenta/demanda/masiva/banca/negligencia/elpepieco/20110903elpepieco_6/Tes


viernes, 2 de septiembre de 2011

Los tres ejes de la economía y el problema equivocado

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El Premio Nobel de Economía Paul Krugman escribió en los años noventa un libro en el que señalaba que puede haber muchas cosas que nos parezcan importantes en la Economía, pero no hay más que tres que lo sean realmente: “la productividad, la distribución de la renta y el desempleo”*. Nada puede ir bien, nos dice, si estas tres cosas van mal.
España tiene verdaderos problemas en la primera y la tercera. Nuestra productividad, según nos señalan permanentemente, es baja y el empleo en nuestro gran mal porque no va bien ni aunque las cifras digan que van bien todo el conjunto. Porque el hecho es que no puede decirse de una Economía que vaya bien cuando una parte importante de su población, el 21%, no encuentra trabajo. Creo que Krugman tiene toda la razón. Sin embargo, nuestros discursos económicos y políticos han ido por otro lado.
Acostumbrados a trabajar con cantidades y modelos, muchos economistas —y con ellos los políticos— se olvidan de que lo importante es la gente o, como señalaba Krugman, “las cosas que afectan al nivel de vida de un gran número de personas” (21)*.
La Economía es una ciencia que dedica una gran parte de su esfuerzo a analizar y debatir, como los expertos en seguridad aérea, las catástrofes, en su caso las crisis económicas. Una parte importante de su trabajo es hacer ver a los que tienen que volar que ellos están trabajando en seguridad, de lo contrario, nadie se subiría en un avión. Los aviones se caen después por otra cosa. Aunque no logren evitar que los aviones se caigan, transmiten la sensación de que se hace algo por evitarlo.
Nuestros políticos están haciendo algo similar: revisan los restos del avión de la economía española.. La cuestión de incluir en la Constitución española el techo de endeudamiento no es más que una maniobra de este tipo. Es una versión escrita de la “solución de la foto” —vamos a llamarla así— que se utiliza con la misma función, intentar tranquilizar para que se sigan subiendo al avión.
La “solución de la foto” ha tenido es España un gran desarrollo. Su distintas versiones son “la promesa que sucede a la promesa”, la “reunión en Moncloa”, etc. y ahora, en un más difícil todavía, inspirada por un presidente con los días contados, la nueva “reforma constitucional”. Hacer girar todos nuestros problemas sobre un principio discutible que no se ha de aplicar hasta dentro de 10 años, en 2020, es uno de los ejercicios de absurdo político más importantes en décadas en un país democrático.

La “deuda” no es uno de los tres elementos señalados por Krugman que afecta directamente a las personas. El mismo Krugman señala: “el déficit presupuestario no es un problema en sí mismo y por sí mismo. Nos preocupamos por él porque sospechamos que conduce a un ahorro nacional bajo, el cual conduce, en último término, a un bajo crecimiento de la productividad” (22).
Lo grave del asunto —como anticipábamos cuando se dio cuenta del acuerdo bipartito— es que debe ser leído como una muestra de debilidad frente a los gastos autonómicos incontrolables y a la negativa de los políticos locales a entrar en razón presupuestaria. La evidencia más clara de este hecho es cómo se lo han tomado los nacionalistas vascos y catalanes, que han visto en el acuerdo un ataque a su “soberanía endeudadora”. Cataluña ha contestado con la exigencia de que se limite en su estatuto el tope de la contribución a los fondos comunes y el País Vasco con una exigencia de que se incluya el derecho de autodeterminación en la Constitución. Las dos peticiones autonómicas son la versión diplomática de una declaración de guerra. Ambas desentierran las armas del agravio contra el hecho de que se les obligue a llevar una política económica que jamás podrán controlar porque lo harán los partidos nacionales. Para ellos es una pérdida de capacidad negociadora futura con el Estado central ya que ese aspecto se elimina de las variables disponibles.


Avisamos que querer introducir este aspecto en la Constitución no fortalecía nada sino que debilitaba a la propia Constitución en el sentido de que la convertía en objeto discutible. Esto ya ha sucedido. Lo malo de la “solución de la foto” —está vez ha sido la foto de los portavoces entregando conjuntamente la petición en el Congreso de los diputados— es que no suele solucionar nada porque la deuda, como la fiebre, no es el problema, sino el resultado de los problemas. Fijar el punto de mira en la deuda es equivocarse porque las deudas se pagan trabajando y lo que no hay en España es trabajo. Hay cinco millones de parados a los que se quiere convertir —a muchos de ellos— en delincuentes o perezosos, según toque la vía del fraude (la política de hacer aflorar las bolsas de fraude laboral) o la de la pereza (la falta de iniciativa, formación, etc.).
Hay que decirlo claramente. El problema no es la deuda. El problema es la productividad y la baja calidad de nuestro empleo debido al tipo de sectores que se ha potenciado en estos años de crecimiento sin rumbo hacia sectores de enriquecimiento fácil y con mano de obra que no necesitaba gran preparación. Este tipo de sectores tiene un crecimiento aparente, que enriquece a algunos, pero empobrece el tejido social y las aspiraciones futuras. La exportación de investigadores ante la falta de perspectivas aquí es un indicador muy fiable del que nuestros gobiernos se preocupan más que con parches inútiles. Es la falta de absorción de nuestras débiles empresas la que lo causa. El tipo de empresa que existe no necesita de la investigación porque se dedica a otras cosas mayoritariamente.

El Premio Nobel de Economía Paul Krugman
El problema lo podemos ver en países pobres que han elegido las mismas vías para su desarrollo desde niveles muy bajos. Si no apuestan por otro tipo de desarrollo que tire del tejido social, se ven condenados a atender turistas hasta la eternidad. España debía haber salido de este modelo hace muchos años, pero la comodidad y la aparente riqueza que genera esconden una economía débil y, sobre todo, de muy baja calidad.
Las críticas que se nos hacen son siempre las mismas: baja productividad y paro incontrolado. Pero con el tejido empresarial español, que ha ido concentrándose en sectores del comercio, etc. y desapareciendo el tejido industrial que hubiera podido demandar mejores puestos de trabajo, no se ha podido avanzar social y económicamente. 
La riqueza de un país va más allá de las cifras. Puede que la industria pastelera mueva las mismas cantidades que la editorial, pero en un caso tendremos un país de obesos y en otro de lectores; al primero no le pidas que corra, al segundo se le puede pedir imaginación. Nosotros hemos apostado por muchas pastelerías porque es más fácil motivar al pastel que al libro. Y eso es lo que estamos pagando, nuestro modelo de crecimiento rápido y de pocos recursos para afrontar las crisis futuras. Estamos condenados a que cuando haya crisis, las nuestras sean peores. Los demás se recuperan produciendo; nosotros nos.
La deuda no es el problema, es el síntoma. La foto del acuerdo constitucional no soluciona nada. No es más que el brindis al sol de un político al que le han gustado las fotos y que nos deja en herencia una buena colección de recuerdos gráficos. Si la deuda no es el problema real (lo que no significa que no sea un problema, evidentemente) todavía quedarán por solucionar, una vez más, los verdaderos problemas, a los que nadie parece tener interés en poner solución. Cuando se le ha preguntado al presidente del gobierno sobre la posibilidad de modificar los impuestos para aplicárselo a las rentas más altas, ha contestado con un tajante “no se contempla”. Eso nos dejaría con el tercer problema, la distribución de las rentas, en el aire.
Como todo lo demás.

*Paul Krugman (1001, 2010): La era de las expectativas limitadas. Ariel, Madrid.



jueves, 1 de septiembre de 2011

¡Qué lío!

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
¡Qué lío! ¿Estaré soñando? Me pellizco. Pero puede que esté soñando que me pellizco y no surta ningún efecto. A lo mejor estoy dentro de un sueño de uno que sueña, dentro de otro sueño más, como en la película de Christopher Nolan. ¡Qué lío!
Primero era que  los ricos piden que les suban los impuestos, pero lo de ahora es peor. La Policía española va a manifestarse y a protestar a Bruselas* porque se siente maltratada simultáneamente por el Gobierno y los manifestantes. Hasta el momento, los planes europeos pasaban por coordinar las políticas económicas y fiscales. Ahora es la propia Policía la que pide que le den un protocolo, que es como decir que le den, pero al Gobierno español.
Que la Policía de tu país se considere maltratada por el gobierno y por los que protestan contra el gobierno, no deja ponernos en evidencia internacional. Piden que no les dirija el gobierno, pero tampoco nos queda muy claro quién quiere que lo haga ni por qué van a Bruselas. ¡No me tienten a Sarkozy o a Cameron, que enseguida nos toman la palabra! Con Merkel para las cuentas y los otros dos con el orden público, lo de la gobernanza queda resuelto.


La verdad es que algo de razón tienen los policías en “indignarse” también ellos. Hasta a los manifestantes les han dado pena en algunos momentos y han ido a darles alguna flor y un abrazo diciéndoles eso de “tíos, de verdad que lo sentimos; sois unos pringaos como nosotros, pero nosotros, al menos, no tenemos a vuestros jefes. ¡Vaya marrón!”. Eso es lo que hizo un joven que había quedado magullado tras un encuentro policial que se salió del protocolo y le tuvieron que ingresar. Al día siguiente el joven se fue a darles una flor y estrecharles las manos para decirles que lo entendía, que cumplían con su deber. Nada personal. La Policía no le aceptó la flor —estaban de servicio—, pero sí le dio la mano un agente, más que nada por no hacerle el feo después de haberle atizado. El ejemplo cundió y se repite en las manifestaciones para relajar un poco la tensión y confraternizar, que son muchas horas.
La Policía se queja de lo mismo que ellos: de estar mal pagados, que abusan de ellos con horas de trabajo interminables, que no les dejan descansar, que además va la gente y les insulta y, lo peor de todo, que sus jefes son confusos, en un sí pero no, un tú estate por allí, pero como si fueras a otra cosa. Por eso ellos se van a Bruselas a decírselo a los otros policías europeos, porque, la verdad, ¿a quién se lo van a decir aquí? Que te lleves mejor con los manifestantes que con tus jefes es bastante deprimente. Parece una novela de Jean Genet.

Marcelino Iglesias
Y luego está lo del “candidato”. Mientras los demás países tienen Gobierno, nosotros tenemos además “candidato”. Ya no sabemos quién es el que manda, porque, cuando sale un señor que se llama Marcelino Iglesias a decir a los periodistas que nunca pasa nada, al rato se han llenado las portadas de cosas que sí pasan entre el que manda en un sitio y el que manda en otro. Pero como aquí, ocurra lo que ocurra, nunca pasa nada, tampoco sabes a qué atenerte.
Hasta ahora el reparto funcionaba: uno decidía las cosas y el otro nos decía lo importante que eran para el futuro. Los periodistas señalaban los desacuerdos y el señor Iglesias los hacía desaparecer apelando a un mundo inexistente, pero que él nos explicaba porque es lo suyo. En España, los periódicos y televisiones están llenos de mundo inexistentes, pero los mundos inexistentes de Don Marcelino no llegaban a tener la consistencia necesaria para aparecer en portada, ¡y eso que se exige poco y va bien recomendado!
Con uno que dice, otro que desdice y otro que explica, ya no sé si sigo en mi sueño o en dónde estoy. Temo despertarme y encontrarme con cualquier sorpresa al descubrir que alguno de esos mundos no existe o, peor, que existen todos. Incluso que existen los mundos de Marcelino Iglesias. La oposición está también confusa y mareada, aunque tiene claro que debe ignorar a Marcelino Iglesias. Pero con los otros dos, ¿qué hacen?
El candidato, finalmente, también se enfada porque no quiere que le maltraten a los que protestan porque tienen que votar en unos días, y para eso ha dejado el Ministerio del Interior, que es a quien le toca decidir qué se hace con los que protestan. Al final nadie está contento. Bueno, solo Marcelino Iglesias porque en su mundo no pasa nada. ¡Qué mal repartido está el mundo! Los belgas sin gobierno y nosotros sobrados: con gobierno, con “candidato” que manda pero no gobierna, y con los que ya se sienten como si gobernara. ¡Uff, me agobio!
No sé cómo se van a tomar todo esto los “mercados”.

* “La Policía denuncia en Bruselas la ‘inacción’ ante el 15-M” http://politica.elpais.com/politica/2011/08/31/actualidad/1314822822_867863.html