miércoles, 24 de febrero de 2021

¿Cambios en el modelo de ciberespacio?

Joaquín Mª Aguirre (UCM)



El conflicto desatado entre Facebook y Australia ha estado estos días en el debate mediático trayendo de nuevo el problema de las relaciones a tres bandas entre gobiernos, medios de comunicación y las grandes tecnológicas, un debate que no se resuelve nunca y de difícil acuerdo por la propia dinámica interna de la red, que hace que unos planten las semillas y otros recojan las flores.

Cuando tenía una asignatura en la que hablaba de estas cosas, les solía proponer a los alumnos una pregunta: ¿quién gana siempre en un partido de tenis? La respuesta era el dueño de la pista. En este caso, los dueños de las pistas son los que se aprovechan de los que corren por su superficie, los creadores de las redes, lo beneficiarios de los contenidos que otros aportan. Puede que haya ganadores parciales, pero al final, al igual que en los casinos, es la banca la que gana.

Nos olvidamos del nombre con el que se creó esto: las "súper autopistas de la información", término creado por el entonces vicepresidente de los Estados Unidos, Al Gore, y presentado como una forma de expansión norteamericana al mundo. Evidentemente, Gore no pensaba en el beneficio de los demás, sino en la exportación de algo que entonces se entendía como un gran poder estadounidense, la información, la forma en que se podía gestionar y rentabilizar algo que era "conocimiento", que se consideraba entonces algo propio del país que había llegado a la Luna y exploraba el universo. La tecnología de la información sustituiría en ganancias a la economía industrial porque la información era un flujo inagotable que crearía la "nueva era americana".



Gore acertó en muchas cosas, pero no creo que pudiera percibir que el estímulo informativo serviría para que otras potencias le recortaran la ventaja a los Estados Unidos y que este finalmente perdiera el control del escenario que había creado. Las grandes compañías sobre las que se asienta Internet son norteamericanas de origen y globales en su desarrollo. Han supuesto la creación de nuevas consideraciones frente a los sectores tradicionales. Como "red de redes" (ya no se usa este nombre, pero sigue siendo útil por lo que nos dice), sobre una serie de redes locales se crean conexiones que la expanden. Es la parte "física" del asunto. La información que circula desde cualquiera de sus puntos es distribuida al resto de las redes interconectadas, convirtiendo en valor precisamente la posibilidad de acceder a ella desde el resto de los puntos, salvo que se desconecte o filtre el acceso.

Internet debe su valor a la interconexión, lo que quiere decir que cada vez que una red se conecta a la red general aumenta su valor y, por la misma lógica, cada vez que se limita disminuye. Eso está claro. Todos los programas de redes que usamos buscan favorecer el uso continuado ofreciéndonos posibilidades de acceso, nos presentan "personas que quizá conozcamos", sugerencias de amigos y contactos; nos ofrecen publicidad y nuevos contenidos con los que estar más tiempo en las redes. Eso abarca las noticias, los amigos o las partidas online; los canales televisivos, las videoconferencias, los podcast, la prensa digital... Todo se ha convertido en un flujo informativo que se distribuye por los canales creados, las redes literales, con sus conexiones, cables, satélites, wifi, etc. Sobre esas redes locales unidas hasta formar el gran mapa, se superponen las plataformas que dan soporte ya las acciones humanas, que adquieren "forma" y "sentido" para nosotros. Sus funciones son distintas, las hay grandes, de tamaño global, y más pequeñas que sobreviven mejor o peor, porque las redes en este plano son competitivas, funcionan mejor o peor, acogen en su "espacio virtual" lo que hacemos. Pueden bloquear al mismísimo presidente de los Estados Unidos, la persona más poderos del planeta, al que se le borran los tuits. Creo que este es el ejemplo más significativo de los redes en estos últimos tiempos y lo que, indirectamente, ha sembrado inquietudes en la clase política, pues han descubierto que en el mundo existe una forma paralela de poder que les sobre pasa, la de aquellos que pueden desconectarte, borrarte del sistema y dejar en cero tu "fuerza" comunicativa, como en el caso de Trump. Hemos ido construyendo un mundo global en el aspecto informativo, de flujos globales... que ha creado sus propias instancias de poder que ahora entran en colisión.



La idea de la neutralidad de la red y de su carácter global comienza a tambalearse. Los jueces del mundo se preocupan porque la decisión del silenciamiento se les escapa de las manos; los políticos se preocupan ante este poder "norteamericano" capaz de censurar al presidente de su país o de adjuntar mensajes a los suyos señalando que lo que dice es mentira o que no se corresponde con los hechos. Ya no es solo un mega poder, sino un meta poder.

Cuando se da un golpe de estado, como ha ocurrido en Myanmar o ya ocurrió en 2011 en Egipto, los que tienen el poder de cerrar las comunicaciones obligan a las compañías telefónicas a cerrar. Se produce un vacío en el que podemos comprender el poder de la información, pero también el poder que puede tumbar toda la estructura. Eso nos deja un panorama complicado.

Desde hace tiempo, los gobiernos de los países han comenzado a poner límites al poder de las compañías. Las infraestructuras de redes puede ser controladas con un cierre, pero no ocurre lo mismo con las propias empresas creadas, que se encuentran fuera de su jurisdicción. El conflicto entre Australia y Facebook es uno más de los intentos en ponerle puertas al campo, por un lado, pero también de cazar al zorro en ese mismo campo y demostrar quién manda.



Los medios de comunicación, que se adaptaron a la llegada de las redes digitalizándose con la promesa de millones de personas en sus audiencias mundiales, descubren que esos lectores quieren hacerlo gratuitamente, que la publicidad de va a los abiertos y que, sin saber muy bien cómo, se encuentran en declive de forma general y en bancarrota de forma específica muchos. Se encuentran también con que los medios son comidos por los micromedios, que son los favorecidos por las redes para aumentar el tráfico de las redes, que se han llenado de "YouTubers", de "Influencers" y demás que desde su casa, con una mínima inversión, tienen más seguidores que varios medios juntos, y se hacen ricos marchando a Andorra para evitar impuestos. Mientras ellos se quiebran la cabeza pensando qué diablos pueden poner en sus páginas que sea barato y atractivo, encontrándose reproduciendo para sobrevivir las tonterías que los usuarios producen y cuelgan de las redes. La locura de los medios es intentar producir información de calidad cuando son millones los que quieren consumir (y producir) trivialidades, estupideces infinitas que les dé unos segundos de popularidad. Tiene que ser muy desmoralizante ver cómo tu información importante, profesionalmente preparada, es superada por una gracieta de un gato o una caída haciéndose un selfie en un barranco. Y ruinoso. Pero esto es parte de ese contagio que la producción en cantidad, no en calidad, buscan desde ese nivel superior, donde no importan los contenidos, solo los flujos, las cantidades.

En la CNN, Rishi Iyengar publicó ayer un artículo titulado "The worldwide web as we know it may be ending" donde nos da algunas pistas sobre la transformación que se está produciendo o, al menos, sobre el comienzo de esas hostilidades que se han abierto desde los gobiernos hacia las grandes compañías tecnológicas. Escribe Iyengar: "A fight over news in Australia is a relatively small part of the clash between tech and governments, which has largely been focused on issues such as censorship, privacy and competition."*

En efecto, la multiplicación de casos es un hecho, el resultado de que una vez se ha dado el paso por parte de los estados, estos sirven de orientación a los siguientes, que buscan establecer sus normas en las relaciones con las grandes compañías, estableciendo un mapa confuso y, desde luego, cada vez menos uniforme y global.




En el texto se hace repaso de algunos precedentes en la cuestión del uso de la información procedente de los medios por parte de las compañías. Se cita incluso el caso español, donde los medios también intentaron obtener beneficios sobre la recogida que Google hacia mediante los enlaces a sus noticias.

En el artículo se va precisamente a la cuestión de esta lucha de poderes abierta:

 

A fight over news in Australia is a relatively small part of the clash between tech and governments, which has largely been focused on issues such as censorship, privacy and competition. But the response to Facebook's move in Australia has shown that a more international effort to rein in Big Tech may be gathering momentum -- and with it, the potential for additional fracturing of how internet services function from one country to the next.

As his government faced off against Facebook last week, Australian Prime Minister Scott Morrison issued a warning to the social media giant: what you do here may come back to hurt you in other countries.

"These actions will only confirm the concerns that an increasing number of countries are expressing about the behavior of Big Tech companies who think they are bigger than governments and that the rules should not apply to them," he said in a Facebook post. "They may be changing the world, but that doesn't mean they run it."*

 


La frase que cierra el párrafo muestra con claridad el sentido del enfrentamiento, una cosa es cambiar el mundo y otra dirigirlo, muestra claramente que la lucha está abierta. La transformación provocada por las creación de aquellas "súper autopistas de la información" de Gore, ha excedido lo que se pensaba inicialmente por todos, tanto por los que las crearon, como por los empezaron a usarlas. Los sueños que se tenían respecto al mundo virtual se han ido transformando conforme sus efectos de transformación eran mayores y se iban convirtiendo en una maquinaria global de poder y dinero. Las dictaduras mostraron los caminos del control y el bloqueo. Las democracias no siguen ese camino, pero sí tratan de frenar la deriva de quienes pueden controlar una vida —social, política, económica— que dependen cada vez más de unas pocas compañías que se reparten el pastel y obligan a pasar por el aro a los que quieren estar conectados.



Los problemas derivados de un mundo controlado por grandes empresas tecnológicas cuyo poder aumenta por la participación creciente e intensiva son muchos y crecientes. La ausencia de regulación no es buena, pero tampoco es fácil, sencillo ni claro. Hay muchas cosas que sopesar porque los beneficios son evidentes. La cuestión, pues, es política. Se refiere a la jerarquía, a los límites y al orden social. Se refiere, en última instancia, como diría Michel Foucault, al "orden del discurso", a su regulación, pues quien lo controla tiene el verdadero poder.

Ahora solo falta ya que se enfrenten al nuevo gran negocio: la recogida de datos masivos, que pese a las regulaciones de protección se sigue siendo un conflicto sin resolver. Es otro grupo de intereses que vive de nuestro movimiento en las redes que habrá, tarde o temprano, que controlar con eficacia y cuya opacidad es manifiesta más allá del primer escalón.

Quizá Trump pase a la historia por algo que no pensaba, por haber mostrado el camino y los límites al ser silenciado por Twitter después de haber sido su vehículo favorito para extender falsedades. Ironías de la Historia.

 

 

* Rishi Iyengar "The worldwide web as we know it may be ending" CNN 23/02/2021 https://edition.cnn.com/2021/02/23/tech/splinternet-tech-regulation-facebook/index.html

 



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