jueves, 8 de enero de 2026

Sin máscaras

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Los titulares de The New York Times lanzan avisos a los norteamericanos obre lo que está sucediendo. Tratan de evitar que en lo posible Trump se haga con los discursos, en donde lleva la iniciativa, Cuando le interesa, pone el foco y obliga a entrar en esos espacios de conflicto, alejando la mirada de otros.

Muchos de los titulares del periódico tratan de ir a la esencia del problema y no dejarse guiar por los cambios constantes. Podemos leer titulares como "Trump’s Voters Are Discovering What ‘America First’ Really Means" (Chistopher Caldwell), "Trump Is About to Lose Control of the Economy" (Jason Furman), "There Were Good Reasons to Depose Maduro" (Bret Stephens) o el análisis de "Europe and Rest of World Try to Come to Terms With Trump the Imperialist" entre otros muchos artículos dedicados a Trump, Rubio, Groenlandia, Venezuela.... Como puede apreciarse un variado grupo de artículos con distintos enfoques, incluidos los de justificación.

Es importante saber cómo se percibe en la prensa norteamericana lo que Trump está haciendo porque son muchos millones los votantes que le respaldan y tienen que conocer los efectos de sus acciones por el mundo y lo que despiertan hacia los Estados Unidos. Muchos, por contra, preferirán encastillarse en la visión mesiánica de un Trump enviado a demostrar al mundo lo que Dios quiere para el planeta, el dominio norteamericano.



Enfocado desde la fuerza, es "imperialismo"; enfocado desde la economía, es la negación de la idea de "mercado", pues se basa en la fuerza, el primer punto. Todo empieza por el poder de imponer. Lo demás son palabras, palabras, palabras... De esta forma Trump hunde uno de los fundamentos estadounidenses, el mercado libre, que se convierte en una jungla de depredadores, de control de los más débiles, obligados a comprar. Con Trump el capitalismo duro se quita todas sus máscaras.

Más allá de Venezuela (léase "petróleo"), de Groenlandia (léase "recursos naturales") del odio a la Europa parásita, etc., Trump está vendiendo en sus discursos los "favores" que Estados Unidos hace al mundo poniéndolo bajo su vota. Lo que se haga para hacer conscientes a los norteamericanos de lo que se está haciendo en su nombre y que tendrá consecuencias por décadas para ellos y para el resto del mundo, en el que debemos incluirnos.


Los que justifican lo hecho en Venezuela como un freno a una dictadura o al narcotráfico, las dos líneas argumentales justificativas que actúan como cortinas de humo de los verdaderos intereses, del enriquecimiento a los frenos puestos a la adquisición de energía y materias primas a competidores, pronto se van a tener que arrepentir si no lo han hecho ya.

La marginación de aquellos a los que se presentaba como ganadores frustrados de las pasadas elecciones venezolanas es un muestra demasiado clara para saber qué poco le importan los venezolanos, convertidos ahora en siervos a manos del más crudo imperialismo.

Nada le viene mejor a un imperialista como Trump que confiar en un régimen corrupto como el de Nicolás Maduro, cuyo interés será seguir en el poder a cualquier precio, lo que les evita la cárcel (en Venezuela o en Estados Unidos). Esto le supone solo un poco más de corrupción, algo asequible. Veremos cuánto tiempo se puede sostener la pantomima antes de que los venezolanos sean conscientes de qué les han quitado y de que "fuerzas políticas", gobierno y oposición, rivalizan en el entreguismo a Trump y ver en manos de quién queda la nueva colonia.


Colombia, México, Canadá, Groenlandia... todos deben andarse con pies de plomo, pues las amenazas de invasión, de entrada relámpago o de cualquier otra fórmula que se le ocurra a Trump están lanzadas como advertencia.

¿Y Europa? ¡Pobre Europa! ¿Recuerdan la palabras de Trump: ¡Llamadme Mr. Brexit!"). Uno de sus objetivos ha sido la división y debilitación de Europa. Lo ha conseguido fomentando a la ultraderecha a la que ha dado alas y recursos para crear problemas en su interior. Hoy vemos los que aplauden a Trump, los que miran para otro lado, y los que temen ser demasiado claros por temor a quedar en evidencia y lo que pueda pasar. Los tentáculos norteamericanos están por toda Europa, en los medios, en la economía, en la defensa... Las amenazas a Groenlandia, es decir, a Dinamarca, un país de la OTAN, pueden servir para dinamitar la Alianza, una herramienta de contención y apoyo nacida de la Guerra Fría, pero hoy completamente reducida a la nada tras el cambio en los Estados Unidos. Esto ya se puso a prueba en Ucrania y en cómo son los Estados Unidos los que manipulan las necesidades ante la depredadora Rusia de Putin. Cuanto más presiona Rusia, más consigue Trump.



Han pasado apenas unos días desde la incursión en Venezuela y el secuestro de su presidente. No valen justificaciones. Son todas trampas variables en cada caso, argumentadas desde los intereses estadounidenses, es decir, una mezcla de economía, imperialismo y "venganza" contra los que no quieren una "América Grande", algo que es el propio Trump que traduce en actos.

No sé si, como se explica en The New York Times, los norteamericanos van a entender qué significaba realmente lo del "America First!". No sé si, deslumbrados por esta nueva "grandeza", le importa mucho el cambio. Lo que tienen en el otro platillo de la balanza es la promesa de poder y beneficios. Hoy la codicia, el imperialismo, etc. son virtudes.

Sentados en una comodidad inducida, Europa tiene que mostrar un frente común asumiendo que el "amigo americano" ya no existe, que es solo un mito manipulador. Este mito es, en gran parte, de consumo interno. Es como a los Estados Unidos le gusta verse, pero es también algo que debemos cambiar en nuestra actitudes, sacudirnos el miedo y saber que tiene un coste, sí, pero que no hacerlo tiene un coste superior a medio y largo plazo.



Europa necesita autonomía, creer en ella misma. Estamos entre dos peligros y no se trata de elegir entre ambos, sino de apostar por ser nosotros mismos. Ni la Europa que dicen los Estados Unidos ni la que dice Rusia. No es nada fácil, pero debemos ser nosotros mismos. Para eso necesitamos claridad y unidad, dentro de la Europa de la Unión, pero también dentro de los países, de cada uno de ellos, incluida España.

Hace tiempo que participamos sin darnos cuenta en una guerra que consiste en dividir a la opinión pública, en polarizarla. Esto se traduce en unos espectros políticos divididos, debilitados, en permanente conflicto. Esto se puede ver claramente en las respuestas ante lo que ocurre en Venezuela, que es lo que puede ocurrir en Europa con Groenlandia. Hay que ampliar el horizonte y darnos cuenta lo que nos jugamos y cómo se juega con nosotros.

Hoy vemos a un Trump sin máscaras y a unos Estados Unidos que lo acepta renegando de lo expresado durante décadas. Muchos problemas se le han de presentar, advierten algunos. Pero hasta el momento solo vemos algunos detalles como respuesta. Da igual que Trump haga lo contrario de lo que prometió. En el "MAGA" cabe todo.

 


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