Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Las
cadenas de televisión convierten sus espacios en promoción de otros que le
seguirán. Transforman los informativos (con alguna protesta de los periodistas transformados
en publicitarios) en puntos de
promoción propia y ajena.
Más
descarado es comprobar cómo se amplía en los medios la promoción de servicios,
lugares o productos. De nuevo, la ética por los suelos. Pero ¿a quién le importa
la ética en estos tiempos competitivos donde lo único que importa es el
beneficio de unos y la supervivencia de otros?
Si
vemos la prensa diaria, comprobamos cómo esta tendencia promocional o publicitaria
se amplía cada día y se extiende por los diferentes campos económicos. Las
empresas ya cuentan con la necesidad de los medios de obtener ingresos
paralelos en un mundo lleno de
información, un mundo atomizado y en el que la información acaba siendo
selectiva.
Muchos
medios exigen el registro para permitir acceder a la información. Hoy pagamos
con datos, con nuestros datos. Eso permite la creación de perfiles automáticos
que son procesados por algoritmos. Esto, en ocasiones, va más allá: los
usuarios son observados, registrados sus movimientos e intereses. De vez en
cuando salta a los medios algo que todos sospechamos con distintas
experiencias: que se vigilan las conversaciones, que se detectan nuestras
necesidades. Las grandes tecnológicas se defienden señalando que tratan de
darnos un mejor "servicio", pero esto no es más que la forma bonita
de expresarlo.
La
tecnología se ha puesto al servicio de la mercadotecnia y nosotros somos su
campo de operaciones. Su objetivo es detectar (cualquier medio es válido) lo que
deseamos. Esto requiere una observación importante: lo que deseamos nos es
inducido por otros mecanismos hasta hacer aparecer el deseo.
Yo
compré unas cajas de cartón en un gran supermercado y pagué con mi tarjeta.
Durante un tipo recibí en Fb anuncios de mudanzas y trasteros. ¿Casualidad?
Habrá quien lo crea, pero los casos se multiplican y todos tenemos una o varias
"coincidencias" de este tipo.
La
presión mercantil está desfigurando los medios, Hoy son colonias económicas de
quienes les pagan por obtener información y por introducirla. Las reticencias
iniciales ante este sistema han ido cayendo por el peso de la evidencia: todos
lo están usando ya. Hay cuatro líneas: nosotros, los medios, la mercadotecnia y
los que están detrás y los utilizan para llegar a nosotros con fines muy
diversos, pero que se pueden resumir en dos, el gasto y el voto.
La
política y el comercio usan ya los mismos métodos, que son conocernos mejor
para llegar más fácilmente a nosotros. Ya no hay reticencias a esto. Si los demás
lo usan, ¿por qué no nosotros? Nuestros datos son ofrecidos a la carta a
aquellos que los necesitan para conseguir algo de nosotros. Oferta y demanda.
Estamos
considerando como inevitables estas
prácticas que tienen consecuencias importantes social y políticamente. Nuestra
democracia es menos democrática
cuando trata o permite que se trate a los ciudadanos de esta manera, cuando no
se la respeta. Permite el ascenso de personajes sin escrúpulos, de los que no
es necesario poner ejemplos, ya que están en mente de todos.
La
información es esencial para el estado de la democracia y una información
dependiente y manipuladora no es precisamente la mejor garantía. No se sabe
dónde están sus límites de complacencia o crítica. Una llamada puede relegar
una información al último rincón o hacerla desaparecer. Y al contrario, lo
trivial asciende e inunda.
Esto genera descrédito a los propios medios (que dejan de ser confiables) y a las instituciones, que son asaltadas por personas que solo quieren el poder. Lo peor es que esta deriva no parece tener mucho arreglo y que nos vamos conformando con esta forma de actuación.
Indudablemente, siempre ha existido el peligro del uso de los medios de forma promocional y manipuladora, pero nunca se había convertido en una práctica aceptada, ni ética ni legalmente. Desgraciadamente, a la vista de lo que tenemos delante, se ha convertido en algo aceptado, ética y profesionalmente. La información es el reclamo.
En la fundación Arcadia para la defensa de la democracia se recogía a principios de año un artículo aparecido en Harper's Magazine, con el título "Anatomía de una crisis de credibilidad: ¿Por qué desconfiamos de los medios de comunicación?". En él se señala la crisis y sus efectos:
Los desafíos que enfrentan hoy los medios de comunicación tradicionales son más severos que nunca. La confianza en la prensa está en un mínimo histórico. Solo una cuarta parte de los estadounidenses de entre los 18 y 29 años expresa confianza en las organizaciones de medios. Mientras tanto, los empleos en el periodismo están disminuyendo más rápido que los empleos en la minería del carbón. Desde 2005, Estados Unidos ha perdido más de un tercio de sus periódicos y casi tres cuartas partes de sus puestos de periodismo en periódicos.*
No es nuevo, pero es muy claro. Los cambios en el sistema mediático han favrecido a los que controlan la información.
Puede que los medios resistan, pero es a costa de su propia indefinición. El beneficiado es el que controla los flujos económicos que asignan los recursos publicitarios. Esto no es nuevo, pero es cada vez más grave. Los medios pierden lectores en beneficio de una extraña corte, la de los influencers hacia los que se desvía el dinero.
El resultado final es que somo más manipulables, más fáciles de controlar.








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