Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La
guerra de la desinformación avanza. Lo decisivo es en cuál de los dos términos
se pone el acento, si en "guerra" o en "desinformación".
Por el momento lo que se está logrando es darle cierto estatus de
"normalidad", mientras se considera en dónde poner el énfasis. Si es
una "guerra" hará que tomar unas decisiones; si lo consideramos
"desinformación", solo nos queda la contra información, la
verificación de los bulos y su denuncia.
¿Tienen
efecto real los bulos? ¿Es posible desactivarlos, neutralizarlos tras ser identificados?
¿Tienen límite? ¿En qué sentido son una "agresión"? Estas preguntas
son esenciales, al igual que todo será diferente según la respuesta que le
demos. ¿Es posible en estos tiempos globales y mediáticos frenar la
desinformación, lo que supondría, como hacen las dictaduras más poderosas,
elevar barreras informativas aislando a las poblaciones propias? En estos
tiempos, los sistemas dictatoriales trabajan en tres líneas: a) el aislamiento
de su espacio propio; b) la saturación propagandística de ese espacio; y c)
flujos de desinformación hacia los enemigos, hacia los contrarios. Hoy las
dictaduras poseen herramientas para trabajar en estas tres líneas.
Su
preocupación inicial es afianzar su visión del mundo entre los que están bajo
su dominio asegurándose ser los únicos en ofrecer su información manipulada.
Pero la actual política internacional les exige la expansión a través de la
desinformación y la propaganda.
En RTVE.es leemos un resumen de lo aparecido en los informativos televisivos sobre la desinformación rusa en Francia:
Ni Gabriel Attal padece Parkinson ni Édouard Philippe demencia. Son bulos sobre posibles sucesores de Macron. Francia los atribuye a una campaña de desinformación rusa, en concreto, al grupo Storm 1516, vinculado a la inteligencia militar de Putin.
"Crean webs falsas copiando el logo de medios reales para hacer creíbles noticias falsas", explica Hervé Letoqueux, ex responsable de Viginum, la agencia estatal francesa contra injerencias digitales.
El objetivo es perjudicar a los candidatos que apoyan a Ucrania. Usan métodos cada vez más sofisticados, como la llamada operación Matrioshka. Llegan a etiquetar a verificadores de datos para saturarlos y dar mayor difusión a sus bulos.
También usan la inteligencia artificial y contaminan con falsedades modelos de lenguaje como Grok o ChatGPT.
También ha ocurrido en Armenia, Rumanía... y casi en cada elección democrática. En Alemania han difundido bulos sobre candidatos en los comicios regionales de septiembre. Los acusan falsamente de corrupción, consumo de drogas e incluso asesinato.*
Francia, al menos, ha creado una agencia para estos casos, destinando personas y recursos económicos y tecnológicos para defenderse. La estrategia rusa parece clara y no se limita a Francia: influir sobre el electorado para potenciar aquellas corrientes —siempre la ultraderecha— que favorecen el caos general, el sentimiento antieuropeísta y, especialmente, contra aquellos que apoyan a Ucrania, como se señala en el resumen de la información.
Por supuesto, habrá quien diga que esto son "invenciones" de los grupos políticos al frente para poder explicar su pérdida de poder y control. Pero esto forma parte de la estrategia agresora misma: ellos no existen, son solo una ficción gubernamental para explicar su decadencia o crisis. Tienen contestación para todo, claro.
Las estrategias se centran en desprestigiar por cualquier método a los que se le resisten, a los que se enfrentan a estas fuerzas. Sobre el origen ruso o de algún país secuaz no hay muchas dudas. Otra cosa es que la gente lo crea, especialmente los que no quieren creer. Estos son, en realidad, el objetivo de toda esta desinformación. Son aquellos a los que la estrategia rusa busca como fieles creyentes y seguidores indirectos. No tienen que creer en Rusia, claro; les basta con que se crean la crisis de los otros.
Es interesante en lo señalado en RTVE.es cómo se usa la desinformación para "mal enseñar" a los algoritmos de IA, como ChatGPT. Mientras unos tratan de educarlos con informaciones fidedignas, la inteligencia rusa los "desinforma" alimentándolos de bulos. De esta forma, darán respuestas manipuladas cuando se les pregunte, dando por buena la desinformación que se les suministra.
No hace mucho publicamos aquí una entrada con el título "No soy un robot". Desarrollábamos allí una información relevante: las conversaciones entre máquinas ya superan los contactos entre humanos. Eso garantiza que la vía desinformativa está destinada a las máquinas, que serán quienes las distribuyan a los humanos cuando usen la Inteligencia Artificial para consultar algo.
¿Cómo se puede responder a esto? No es sencillo. El bloqueo a la información que sale de Rusia no es suficiente si estos actúan desde terceros países o dentro de grupos locales que actúan como difusores. El entrenamiento frente a la desinformación hace que se deba avisar a los propios ciudadanos de las posibilidades de manipulación de las herramientas de consulta, lo que llevaría a un escenario realmente complejo: el de la falta de credibilidad de cualquier información. Eso sería un escenario favorable a Rusia ya que al tener a su población bajo control informativo no le preocupa esto y le beneficia la duda de los demás.
Los intereses rusos en desinformación no son los únicos, pero sí probablemente los más serios, mejor financiados y mejor programados, frutos de un estrategia desinformativa de muchas décadas, , más de un siglo desinformando, manipulando información dentro y fuera.
Rusia no se ha olvidado de que Occidente es su rival, aunque Occidente muchas veces lo olvida. También se nos olvida que Putin llegó al Kremlin desde la dirección de los servicios secretos rusos.
* "Una campaña de desinformación rusa crea bulos sobre posibles sucesores de Macron" RTVE.es / RTVE Play 16/08/2026 https://www.rtve.es/play/videos/telediario-fin-de-semana/campana-desinformacion-rusa-crea-bulos-sobre-posibles-sucesores-macron/17192721/







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