viernes, 11 de septiembre de 2020

La senda política del miedo

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


No es nuevo. El uso del miedo como arma política suele ser frecuente. Es una forma de atrapar a los electores en sus propias redes mentales: ¿a qué temes? pasa a ser el objeto del deseo de los políticos, la llave al interior de tu mente para dejarte encerrado, bloqueado mirado fijamente a tu seductor del miedo.

Hace años que la política dejó de ser el reino de las ideas y pasó a serlo de la palabra; hace tiempo que dejó de serlo de los principios y pasó a ser el de la imagen. Es, en ambos caso, el predominio de la apariencia sobre la esencia, de lo que parece sobre lo que es.

Los avances en las ciencias del comportamiento, de la manipulación o de la seducción son notables. Empezaron en el mundo de la economía, de la promoción, de las ventas y de ahí saltaron al político-producto al que hay que construirle una imagen y un discurso. El político tiene forma de mensaje que circula por los medios, se adapta a sus particulares lenguajes y debe dominar sus mecanismos. La persona es la materia de la que se parte para crear, a partir de ella, un tipo de mensaje que se reescribe en función de los cambios exteriores.


Con la nueva sociedad mediática, la presencia discursiva es constante y lo que antes eran campañas ahora son un estado permanente de interacción con los electores transformados en audiencias.

El miedo es una forma importante del mensaje político. Puede ser miedo a los desastres económicos, políticos, bélicos; puede ser a las agresiones exteriores, a la inmigración, a las transformaciones... a cualquier cosa que pueda afectar, de forma verdadera o no, a las personas. No se trata de que las cosas ocurran, sino que puedan ocurrir, lo que despierta el temor que lleva a tratar de evitarlas.


Tenemos ejemplos de los discursos del miedo en los "¡que viene la derecha!" o en los "¡que viene la izquierda!", que corren por los medios y discursos mediatizados de forma paralela. Se trata de crear una respuesta, condicionarla. Una vez conseguida esa reacción, la tensión de la cuerda crece y crece según las necesidades. No hay muchas variaciones en los modelos, solo difieren en la intensidad con las que usan. Observen cómo los políticos dedican cada vez más tiempo a explicar los males que llegarán si los otros gobiernan a explicar que harán ellos. Una vez que se comprende el mecanismo, se sorprenderán de la frecuencia con que es usado y la carencia de ideas que revela. Es, además, un mecanismo selectivo; el político selecciona (o es seleccionado) estas habilidades, que van de la ironía a la insinuación pasando por la agresividad verbal. Donald Trump representa el ascenso máximo de este modelo: mediático, mentiroso, agresivo, descarado, descalificador, auto promocional.

El miedo es su arma favorita acompañado de la descalificación. Sin su presencia en la casa Blanca, el mundo se hundirá, llegarán al poder peligrosos "izquierdistas" que harán que se hable chino en las escuelas; ha dirigido todo tipo de descalificaciones a su rival e insulta y desprecia a la candidata a la vicepresidencia, Kamala Harris, y hasta se burla de su nombre repitiéndolo con una marcada pronunciación con lo que traslada el mensaje de que su nombre es "poco americano".

En The Washington Post, Philip Rucker recoge las advertencias de Trump sobre lo que ocurrirá si no es reelegido: 

“If I don’t win, America’s Suburbs will be OVERRUN with Low Income Projects, Anarchists, Agitators, Looters and, of course, ‘Friendly Protesters,’ ” Trump tweeted Thursday morning.

In another morning tweet, he wrote, “Sending out 80 MILLION BALLOTS to people who aren’t even asking for a Ballot is unfair and a total fraud in the making. Look at what’s going on right now!”


 Con tuit como estos Trump busca crear el miedo, por un lado, y algo más peligroso por otro: movilizar físicamente su electorado. La idea de movilización podría ser positiva, pero al usarse el mecanismo del miedo, las respuestas que se dan son algo más que votarle. La creación de milicias armadas para intentar evitar eso que se anuncia, el apocalipsis norteamericano y lo que él califica como fraude electoral, es un hecho. Son varias las muertes de las que se ha responsabilizado a los tuits de Trump, especialmente aquellos que han provocado las acciones contra la inmigración, como el caso de la matanza de El Paso por parte del "vigilante" que acudió a "cazar" mexicanos ante las advertencias de peligro por parte del presidente. No ha sido el único incidente de este tipo.


El nivel del miedo usado en la política es un indicador del fracaso del sistema democrático, en cuyo espíritu está precisamente el uso del diálogo para alcanzar un mayor consenso social. Pero los mecanismos emocionales mediáticos no buscan acuerdos, sino, por el contrario, provocar emociones primarias que eviten el razonamiento (una facultad superior). Los ciudadanos dejan de verse como parte de un proyecto común y pasan a hacerlo como enemigos encerrados en una misma celda, desarrollando principios violentos en sus actitudes si se dejan arrastrar demasiado por los discursos incendiarios que les lanzan.

Escribe Rucker en su artículo sobre la trayectoria del miedo de Trump: 

Trump famously launched his presidential campaign in 2015 with dark warnings that immigrants from Mexico were “rapists” and “bringing drugs” and “bringing crime.”

As president, he has warned darkly — and with considerable hyperbole — of dangers he sees everywhere. At first, it was citizens of majority-Muslim countries bringing terror to the shores of the United States. Then it was MS-13 gang members overtaking tranquil communities. Then it was “caravans” of “illegal aliens” traveling through Central America toward the U.S.-Mexico border. Then it was “un-American” Democrats trying to steal everyone’s guns, obliterate the economy and destroy the country by instituting socialism.*

 El resumen deja fuera muchos otros peligros anunciados por Trump, pero es lo suficientemente elocuente del funcionamiento de su retórica. Los efectos los tenemos en la enorme desunión lograda, dejada en evidencia en la guerra civil que ha creado con la pandemia. El artículo se titula "Trump says he misled on virus to instill calm. But he’s governed with scare tactics" y pone el foco en la desvergüenza de Trump al decir que no quiso transmitir, como los grandes líderes (invoca incluso a Churchill), "pánico" a la población. Es decir, el negacionismo que ha sostenido desde el principio se ve transformado ahora en una estrategia para mantener la moral del pueblo ante este desastre que se avecinaba. Invoca así la figura de un presidente protector, preocupado por mantener la moral y evitar el miedo ante la "invasión" del "virus chino", que es como se sigue refiriendo al COVID-19. En el mundo de Trump cale todo, cualquier paso es bueno si sirve para el objetivo de mantenerle en el poder. No hay otro.


Estamos en una enorme crisis política, no de "legitimidad" como algunos han querido hacer creer dentro de la misma estrategia del miedo. Estamos en una crisis producida por el poder amplificador de los medios en unas sociedades que se mueven a su compás. No, no son los medios los "poderosos", esa es una idea de los medios tradicionales en una sociedad vertical. Trump gobierna golpe de tuit, su verdadero poder. Se apoya, es cierto, en la Fox, pero se llega a ella a través de las nuevas canalizaciones que distribuyen los mensajes adecuados. La Fox es más bien la materia prima que será lanzada por los canales auténticamente poderosos. Es el poder del tuit y, sobre todo, del retuit.

Los efectos sociales son negativos. No se buscan soluciones, se buscan culpables; no se resuelven los problemas, se usan como armas arrojadizas. Eso explicaría por qué no se resuelven problemas, como grandes acuerdos contra la corrupción: se saca más rendimiento manteniendo los casos permanentemente abiertos contra el contrario, en un balance desgarrador para la sociedad, que se ve bombardeada con los mismos mensajes desmoralizadores una y otra vez, en un ciclo pendular de la corrupción que erosiona el sistema en su conjunto creando desafección hacia la democracia. Nuestro país es un ejemplo de esto, sin que parezca importar a los políticos, que siempre encontrarán un ejemplo negativo en la conducta de los otros. No se avanza hacia algo mejor, sino que se recrean una y otra vez en lo mismo. Más tarde serán recordados en los momentos electorales.

Una sociedad que mira a la otra mitad como su enemiga, como un peligro, no puede ser una sociedad sana. Nuestros desequilibrios y defectos quedan al descubierto. Unos se desconectan, hartos; otros se suman a la lucha. Nada bueno puede salir de esto. El ejemplo de la división norteamericana, de lo que supone la demagogia en el poder, el peligro que presenta, debería ser un aviso. Pero hay demasiados intereses en que este sistema siga funcionando como para que se decidan a cambiarlo. Les funciona y eso es lo que le importa. 


* Philip Rucker "Trump says he misled on virus to instill calm. But he’s governed with scare tactics." The Washington Post 11/09/2020 https://www.washingtonpost.com/politics/trump-woodward-coronavirus-panic/2020/09/10/5376cd7c-f375-11ea-999c-67ff7bf6a9d2_story.html




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