sábado, 25 de noviembre de 2017

El atentado de la mezquita sufí de Al-Rawdah

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El terrible atentado ocurrido ayer viernes en Egipto muestra muchas cosas además de la barbarie. Es un auténtico retrato de los asesinos, de su forma de ver la religión, la vida y el futuro. En esas 305 personas asesinadas (cifra hasta el momento) se refleja una visión del mundo sobre la que es necesario preguntarse.
A la reciente emboscada sangrienta contra fuerzas de seguridad, se añade ahora esta contra fieles musulmanes, pertenecientes a una cofradía sufí, que celebraban la oración del viernes. Los detalles de la matanza muestran que de nuevo se ha operado con toda frialdad, encerrando a las víctimas en una trampa y matando y rematando a continuación. Les esperaban a la salida para ametrallarlos.
En uno de los atentados ocurridos entre nosotros, una de las cosas que más recalcamos era el mensaje amenazador de uno de los terroristas señalando que sus objetivos eran "Occidente" y "aquellos que se desviaban de la religión verdadera". Es obvio que para ellos, la religión "verdadera" es su propia versión. No admiten otra y se consideran, por ello, facultados para ejercer de jueces y verdugos en el nombre de Dios.
Por muchos intentos que se haga de desligar la violencia de la religión, lo cierto es que está en el centro. Todo es religión, por ello nada escapa a ella. Son las personas las que le dan un sentido de guerra o de paz, de intransigencia o de convivencia. El sentido que algunos le dan es evidente. Las víctimas lo son también por su religión, lo coptos, o por ser considerados heréticos, como ahora los sufíes. Los hay que viven en paz y otro, en cambio,  hacen de la guerra y la muerte, del asesinato su camino al Paraíso.



Bajo el mandato del presidente al-Sisi, que surge de un golpe de estado tras la repulsa popular contra el gobierno islamista-salafista, se están produciendo los mayores ataques de los fundamentalistas contra las minorías cristianas, los coptos, y también contra los grupos, como los asesinados fieles sufíes de la mezquita de ayer, que se alejan de su visión cerrada, retrógrada y criminal de la religión. 
Los apoyos liberales del gobierno se fueron cayendo por el camino y quedó la idea de siempre en Egipto: un líder carismático, militar, al que la gente sigue mientras tenga éxito y una represión brutal cuando fallan. Ningún presidente ha salido bien del poder: Nasser vencido, Sadat asesinado, Mubarak y Morsi depuestos.
Sin apoyos más que a su persona, sin ideas políticas, lo único que ha quedado es el patriotismo militar de siempre, el nacionalismo balsámico, los megaproyectos para los que sí hay dinero para asombro de todos, y un parlamento títere del que se expulsa al que critica más de la cuenta y muchas de cuyas propuestas causan sonrojo a los propios egipcios, que lo consideran la institución menos valorada.
El vacío de ideas ha llevado a un espectacular aumento de la represión social. Se trata del espectro amplio de los derechos humanos: represión contra homosexuales, ateos, restricciones a las mujeres, censura periodística y artística, etc. De esta forma, el régimen intenta representar una especie de "virtud" tratando de evitar las críticas de los sectores más conservadores. Otras simplemente se defiende de los escándalos de corrupción que vienen de viejo.


Para un observador exterior, lo que ocurre no tiene sentido: ¿por qué se quitan de encima a los islamistas y sin embargo comienzan una carrera ultraconservadora que persigue cualquier atisbo de cambio hacia una modernidad reclamada por muchos? ¿Por qué responsabilizar a la petición de libertades del 25 de enero de 2011 de lo ocurrido después cerrando cualquier camino de renovación?
Otra vez se ha vuelto a la estrategia de las denuncias ante los jueces cada vez que alguien hace o dice algo que no gusta al gobierno a los islamistas o simplemente a los ultraconservadores que pueblan una parte importante de la sociedad egipcia. De nuevo, cantantes, periodistas, presentadoras de televisión, escritores, etc. son llevados ante los jueces y condenados por "ofensas" a la religión, a la sagrada moral pública o al río Nilo, como con la cantante Sherine. De nuevo cuelgan pancartas pidiendo a los padres que "vigilen" a sus hijas y un abogado sale en televisión diciendo que es un deber patriótico violar a las mujeres que salen a la calle con pantalones rasgados. De nuevo las razias policiales contra librerías en las que se encuentran libros sin el ISBN, como ocurrió el otro día, contra la librería de Merit Publishing, uno de los puntales culturales modernos.
El atentado de ayer es monstruoso, pero de nuevo está destinado a contentar a un sector que no lo lamenta, dado el fraccionamiento social existente. Al igual que los ataques contra militares o coptos, los ataques contra la mezquita sufí buscan debilitar la imagen del gobierno y en especial del presidente que se enfrenta a la reelección, como le piden en campañas de recogida de firmas.


El ministro de Educación egipcio declaraba no hace mucho que había una vía militar-policial contra el terrorismo, pero que no había que olvidar la vía educativa para evitar la radicalización. Lo sorprendente es que para este empeño, el gobierno de al-Sisi prescinde del mayor apoyo que podría tener, los activistas seculares, a los que se silencia o encierra. El problema es que no respaldan sus políticas represivas.
Tras el terrible atentado contra la mezquita sufí, cabe preguntarse sobre las estrategias seguidas y especialmente sobre el futuro. ¿Servirá algo de lo hecho (sea lo que sea) para frenar el radicalismo?


La emboscada realizada a las fuerzas egipcias hace unas semanas fue un duro golpe al ejército en un mundo en el que el prestigio se mantiene en la victoria y se pierde cuando llegan los problemas y fracasos. Esta nueva masacre es algo más que un atentado; marca un antes y un después en la vida egipcia y el régimen. Es esencialmente un desafío.
En Al-Arabiya se nos dice:

The attack on Al Rawdah mosque in Bir al-Abed, near al-Arish city, is a “unique phenomenon” in Egypt, a Cairo-based analyst told Al Arabiya English.
“While Egypt’s Sinai peninsula had witnessed several deadly attacks in previous years, including assaults on security forces and of course the downing of the Russian plane in 2015, this mosque attack is unique in so many ways,” Said Sadek, a political sociology professor said.
Previous attacks on religious institutions mainly targeted churches and security points, but here the target was civilians praying inside a mosque, Sadek explained.
“This is the 9/11 of Egypt,” he said, adding that the state should reconsider its strategy to fight terrorism after this "political disaster."*


La respuesta del estado egipcio ha sido el bombardeo inmediato tras la promesa del presidente de uso de "fuerza brutal". Eso dejará satisfecho a algunos, pero la misión del estado es proteger a sus ciudadanos y no "vengarse" después de una masacre. Es la vida de las personas lo que hay que salvaguardar. Los fracasos en la protección de las iglesias coptas, las emboscadas a las fuerzas de seguridad, tras la que hubo una reforma de la cúpula de seguridad, y ahora los sufís dejan al estado bajo mínimos de confianza. Y ese es el objetivo de los terroristas y de los que están tras ellos: la erosión del poder, la pérdida de confianza que reste legitimidad.



La pregunta es si lo que está haciendo el gobierno egipcio realmente, a medio o largo plazo (a corto es evidente que no) pueden transformar este sentido enfermo, totalitario y fanático de la religión que ha anidado en la sociedad egipcia, que no puede ser ignorado y cuyas causas se siguen obviando. Podrán inventarse todo tipo de explicaciones conspiratorias para evitar hacer explícito algo que todos saben: por mucho que se responsabilice a otros, el problema está allí. Ha estado durante décadas y seguirá si no se produce una apertura que permita que sea la sociedad civil la que intente enfrentarse a la ideologías regresivas. Podrán hacer centros culturales, como señalaba el ministro de Educación, pero ocurrirá como con la mezquita, se les ametrallará a la salida o se harán saltar por los aires.
Mis condolencias a los familiares de las víctimas y a todos los egipcios que quieren la paz, un país mejor y más libre, un país que muchos egipcios se merecen.



* "‘Egypt’s 9/11:’ Mosque attack deemed deadliest in country’s modern history" Al-Arabiya 25/11/2017 https://english.alarabiya.net/en/features/2017/11/25/-Egypt-s-9-11-Mosque-attack-deemed-deadliest-in-country-s-modern-history.html





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