Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El caso de la dimisión de Philipp Hildebrand,
presidente del Banco Nacional suizo, por el enriquecimiento especulativo de su
esposa (y él) con la devaluación del franco suizo presenta una situación interesante sobre la "inocencia" o "culpabilidad" y la “falta de credibilidad”. La cuestión
planteada es la siguiente:
[…] la prensa publicó que el
Consejo Federal había solicitado dos investigaciones (una pública y otra
privada) para determinar si Hildebrand o su entorno familiar habían cometido
alguna falta al especular y enriquecerse en el mercado de divisas usando
información privilegiada. Ambas investigaciones exculparon al directivo, pero
señalaron como dudosa una transacción en que su esposa, Kashya
Hildebrand, había comprado 500.000 dólares tres semanas antes de
que el BNS estableciera un cambio fijo entre el euro y el franco suizo que
revalorizó el dólar, lo que conllevó una cuantiosa ganancia para la pareja.*
En su comparecencia pública para notificar su dimisión, Hildebrand
ha señalado que es inocente, pero que no puede probarlo. Esto es el centro de la
cuestión, ya que cuando se es el presidente de un
Banco Nacional que devalúa una moneda y se compran divisas, hay que ser capaz
de dar muchas explicaciones, aunque lo haga tu esposa. En ocasiones, los listos se casan entre ellos, y es difícil convencer a los demás de que se llega tan alto siendo un ingenuo.
Sorprende el editorial del diario El País de hoy, titulado “Culebrón suizo”**, tratando de ver
maniobras políticas en la sombra de este asunto, cuando el propio interesado ha
dado cuenta del centro del problema: la necesidad absoluta de credibilidad en
un puesto como el suyo. El hecho de que Hildebrand tenga enemigos políticos —que
los debe tener tanto si lo ha hecho bien como si lo ha hecho mal—, no es una
justificación, como tampoco —como señala el diario— lo es su buena gestión del
Banco Nacional suizo. Aunque su gestión hubiera sido todavía mejor de lo que ha
sido, no tiene nada que ver con su incapacidad de ofrecer una respuesta, una
excusa plausible de porqué su esposa compró algo más de medio millón de dólares
antes de que bajara el franco para venderlos después con un beneficio fruto de
la devaluación de 50.000 dólares.
Las circunstancias de cómo se ha conocido el caso, también
resultan reveladoras de la ambigüedad del mundo financiero. El secreto bancario
ha sido violado por la intervención de un empleado del Banco Sarasin, quien
filtró la información a los enemigos políticos de Hildebrand, los miembros del
partido de derecha nacionalista SVP. El empleado que filtró la información ha
sido despedido. Roma no paga traidores; Suiza tampoco.
No deja de ser curioso el rasero con el que se miden y
explican las cosas. Esta historia no es nada ejemplar en ninguno de los
niveles, salga lo que salga de las investigaciones posteriores. Tenemos una
esposa ex bróker que compra divisas y un marido que toma la decisión de cuándo
se devalúa, un empleado bancario que viola el secreto de su profesión y
empresa, y un político que lo utiliza para cobrarse la cabeza de un rival. Nada ejemplar en ningún nivel.
Por eso es más sorprendente el editorial del diario El País
en el que se afirma:
Si la justicia llegara a
demostrar que la mujer del presidente del banco central suizo se valió de
información privilegiada en su operación de compra de dólares, la dimisión de
Hildebrand sería una prueba de que los sistemas de control para impedir
comportamientos irregulares han funcionado. Pero si las acusaciones no son
fehacientemente probadas, el caso podría dar un giro completo, puesto que
quedaría de manifiesto que los ataques contra Hildebrand y el Banco Nacional
Suizo obedecían a razones políticas. Aunque por distintas razones, ambas
hipótesis perjudican la credibilidad del sistema financiero suizo, una pieza
importante del engranaje europeo y global. La primera porque, en efecto, su
principal responsable habría incurrido en un comportamiento irregular; la
segunda, porque revelaría su vulnerabilidad frente a fuerzas políticas que se sirven
de cualquier medio para imponer sus criterios.**
Los controles no han
funcionado, ya que el comportamiento se ha producido. No puede llamarse “controles”
a la filtración de un empleado al que se ha despedido en vez de darle una
medalla. Puede que llegue a funcionar la Justicia, pero lo más que puede hacer ya
es que vaya o no a la cárcel, independientemente de sus efectos sobre el
sistema financiero. Tanto si lo consiguen probar como si no, el sistema financiero
no se mueve por esos parámetros de inocencia
o culpabilidad, sino primero por los
de credibilidad, como reconoce
Hildebrand. Aquí no se trata de que te condenen o te exculpen; se trata de ser o no ser presidente del Banco Nacional
suizo, y esa decisión ya ha sido tomada. Luego sus amigos y familiares se
alegrarán si resulta inocente o no fehacientemente culpable, como quiere el diario español.
El mundo no es un sistema maniqueo. Menos todavía las
finanzas o la política. Puede que el sustituto de Hildebrand lo haga mucho peor
que él y que haga añorar a un buen financiero y marido cariñoso que salga de casa diciendo “Cariño,
hoy regresaré tarde porque estamos pensando devaluar el franco uno de estos
días”; y puede que a ella, camino de su galería de arte, le apeteciera revivir
los viejos tiempos de la carrera de Economía, de su anterior trabajo de bróker, y compre medio millón de
dólares, algo que uno hace casi todas las semanas si no está muy ocupado.
Christian Wulff dando explicaciones en la TV pública alemana |
El presidente alemán, Christian Wulff, está en estos momentos en la cuerda floja política por unos créditos personales que le fueron concedidos en condiciones ventajosas ***. Como se enfadó porque ese asunto saliera a la opinión pública, llamó al director de la publicación que iba a sacar la información con amenazas, error más grave si cabe.
Wulff ha salido a pedir disculpas y a reconocer que no
debería haber llamado para presionar o amenazar a nadie. Es indudable que el
caso tiene implicaciones políticas de las que se aprovecharán sus enemigos y
los de Angela Merkel, pero ¿no es esta la forma habitual de hacer política que vemos todos los días?
Hildebrand es un cargo público, su puesto se basa en la
confianza y en la credibilidad, además de en la eficacia. Juzgar a los cargos públicos solo por la eficacia es un
grave error que tiene consecuencias para la democracia. Puede que los suizos echen
de menos su buen hacer, pero los que le pusieron en su puesto saben que ha traspasado
una línea y que desde el momento en que las cuentas del matrimonio son conjuntas—y
aunque no lo fueran—, se ha beneficiado, aunque no lo haya querido y haya dado
los beneficios a obras de caridad. El mal ya estaba hecho, la confianza perdida.
Aunque hubiera hablado en sueños, Philipp Hildebrand sería responsable, porque los Bancos
Nacionales no se pueden permitir personas que hablen de más, sea en sueños, en
el desayuno o en la ducha. Si no ha encontrado una explicación convincente, él
sabrá por qué. Culpable es una
cuestión de otro orden, y aquí sí será a otros a los que les competa
demostrarlo. Mientras tanto, tiene mucho que hablar en casa.
Hasta el momento, el único que ha cometido un “delito” —y ha
sido castigado por ello— es el empleado bancario que le denunció sacando a la
luz sus cuentas, por irónico que parezca. Quizá debería haber dejado que fuera
su esposa la que filtrara la información de las cuentas al SVP. Todos podemos hablar en
sueños, pero solo a unos pocos reporta beneficios.
* “El presidente del
Banco Nacional Suizo dimite tras ser acusado de enriquecerse especulando”. 20 minutos 9/01/2012 http://www.20minutos.es/noticia/1270967/0/banco-suizo/presidente/dimision/
** “Editorial: Culebrón
suizo”. El País 15/01/2012 http://www.elpais.com/articulo/opinion/Culebron/suizo/elpepiopi/20120115elpepiopi_3/Tes
*** “El presidente alemán
amenazó al grupo que publicó su presunto trato de favor”. El Mundo 02/01/2012 http://www.elmundo.es/elmundo/2012/01/02/internacional/1325508998.html
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