jueves, 23 de septiembre de 2021

Boris crece

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


No deja de ser una ironía que el primer ministro del país que inició la Revolución Industrial, el Reino Unido, sea quien lea la cartilla al mundo desde el escenario de  Naciones Unidas. Pero así ha sido. Boris Johnson se ha puesto "serio" y ha dicho cuatro verdades al resto del mundo. Joe Biden y Xi Jinping han hablado del cambio climático, pero el habitualmente histriónico Johnson ha decidido ir a la reflexión y a la advertencia al mundo.

Humanity needs to "grow up" and deal with the issue of climate change, British Prime Minister Boris Johnson told world leaders at the United Nations General Assembly in New York on Wednesday.

Johnson, a last-minute addition to the speakers' list that day, slammed the world's inadequate response to the climate crisis and urged humanity to "listen to the warnings of the scientists," pointing to the Covid-19 pandemic as "an example of gloomy scientists being proved right."

"We still cling with parts of our minds to the infantile belief that the world was made for our gratification and pleasure," he said. "And we combine this narcissism with an assumption of our own immortality."

"We believe that someone else will clear up the mess, because that is what someone else has always done," he added. "We trash our habitats, again and again, with the inductive reasoning that we've gotten away with it so far, and therefore, we'll get away with it again.

"My friends, the adolescence of humanity is coming to an end and must come to an end."

 


Johnson ha convertido el atril en púlpito y ha lanzado su mensaje sobre el cambio climático. El problema es que hay mucha advertencia y poca receta; mucho informe de daños repartido, pero pocas soluciones o compromisos. ¿Significan las palabras de Johnson que hay un compromiso por parte de un estado industrial o es solo una jeremiada, un profundo lamento antes de irse a cenar fuera de casa?

Nuestro cambio más profundo para llegar al actual momento crítico en el que estamos, hasta hace poco negado directamente (en la presidencia de Trump, por ejemplo) o descuidado implícitamente, comenzó en la Inglaterra del siglo XVIII, con la revolución industrial, que fue el disparo de salida de un modelo económico y de producción distinto. Las políticas colonialistas se enfocaron hacia la localización de materias primas en lugares lejanos, en la creación de fábricas, acelerando el uso del carbón como forma de conseguir la energía necesaria para los procesos de producción. El carbón lo movía todo, de los trenes a las máquinas de las fábricas. En el mismo foro que Johnson, China, la gran fábrica mundial, se ha comprometido a no seguir creando plantas de carbón por el mundo.



Del carbón al petróleo, la nueva forma de energía adecuada a los automóviles salidos de las fábricas de Estados Unidos —¡gracias, señor Ford!— y producidos por todo el mundo. Ahora nos lanzamos a los coches eléctricos, cargados con esa electricidad con la que nos quieren sangrar mediante las subidas diarias las compañías eléctricas. Los estados, acostumbrados a cargar con impuestos las formas de energía, frenan el consumo, pero no las ganancias, que necesitan para funcionar. Las energía, a su vez, compiten —eléctricas, solares, gas, petróleo, nucleares, vuelta al vapor...— entre ellas tratando de ser menos dañinas para el planeta y serlo solo para nuestro bolsillo.

El poder de los estados se ha basado en su capacidad energética, en la oferta y la demanda. Tener reservas de petróleo ha dado mucho poder a países que apenas contaban antes o que incluso no eran ni países. Podemos tomar ejemplos del mundo árabe, donde algunos se han creado alrededor de los pozos de petróleo al amparo de los países que más lo necesitaban, Reino Unido y Estados Unidos, que los amparan (y disculpan) porque necesitan su petróleo. Alguna guerra se ha producido por proteger el suministro y que los automóviles y otras máquinas pudieran seguir en marcha.


Cuando los países ricos y conscientes comenzaron a ser sensibles a la contaminación de sus ciudades, tomaron la "solidaria" decisión de trasladar la producción a los países pobres, convirtiéndolos en sus fábricas. Mano de obra barata e inexistentes legislaciones medioambientales, gobiernos corruptos y empresarios desaprensivos, explotadores natos. Pero nosotros podíamos pasear en bicicleta los domingos y hacer vida sana. Protejo la salud de los que me votan y fomento que otros países se desarrollen es la versión bonita. La no tan bonita ha llevado a la desaparición de empleos en los propios países y a la contaminación y explotación en otros. Los que lo han sabido hacer mejor, al menos, han conseguido salir de la pobreza pero con un enorme coste en salud y deterioro del medio ambiente.


El coronavirus, nos dicen los científicos, al igual que otras situaciones anteriores y las que vendrán, se produce por el estrés de la naturaleza, que se ve reducida de forma drástica por la presencia del ser humano y de sus actividades, que inciden directamente en otras especies.

La intensificación y agravamiento de fenómenos naturales, los cambios en distintas zonas que ven cómo se convierten en desiertos por las sequías que llevan a destructivos incendios, las inundaciones que arrasan poblaciones enteras ante el estado calamitoso de los suelos, la edificación creciente en zonas "turísticas" cerrando las salidas naturales al mar, etc. todo ello nos lleva al reconocimiento de que son nuestras acciones desastrosas las que traen los desastres.

El "desastre" es la respuesta del planeta, un ecosistema global, a nuestras acciones. Nadie toma conciencia de que lo que hace repercute sobre el conjunto, de su carácter sistémico, acumulativo e incontrolable pasado cierto punto crítico. Hay demasiadas interconexiones, retroacciones, efectos... entre los fenómenos y esto hace que no seamos realmente conscientes de los efectos de nuestras propias acciones, en muchos otros casos, sencillamente nos da igual. Pero todo lo que sucede lejos, acaba afectando cerca. Es la ley del sistema, lo que ocurre aquí afecta a otros y viceversa. Todo se acaba transformando y ajustándose a nuestras circunstancias.



Ahora Boris Johnson nos pide "crecer". No está mal hacerlo, pero es muy difícil cuando son los grandes beneficios de industrias multinacionales lo que está en juego. La práctica de gravar, aplicada a lo esencial, no es lo mejor porque finalmente ocurre como estamos viendo con el precio de las energías. Sin una conciencia del daño y solo con una del aprovechamiento del beneficio, difícilmente vamos a conseguir avanzar hacia una mejor situación.

Lo que queda claro es que el sistema de "mercado" no va a ser quien se vuelva fraternal y que esto va a implicar muchos reajustes, tanto en mentalidades como en acciones de los gobiernos, acuerdos internacionales, instituciones globales que estén hechas para encontrar soluciones prácticas y principios rectores, y no solo foros en los que buscar un titular.



Los cambios van a requerir muchos acuerdos y sacrificios en muchos órdenes; van a requerir solidaridad entre países y no trasladar la basura de unos a otros. Lo ahora llamamos "problema" hasta hace unos días lo llamábamos "riqueza" y no todos están dispuestos a cambiar en un mundo que mira su conveniencia y a corto plazo.

El covid-19 nos ha dado buenos ejemplos de lo que ocurre en el planeta cuando paramos nuestras actividades. Lo hemos visto en la pureza del aire: ciudades que no era posible ver desde los satélites por la polución que las envolvía han sido vistas y han podido descubrir que sobre ellas existe un cielo azul y por las noches ven estrellas. Hemos visto crecer plantas donde el paso humano lo destruía todo; salir animales a las calles desde sus hábitats escondidos. Hemos visto, en fin, cómo cambia el mundo en cuanto nos paramos, cuando dejamos de ejercer nuestra presión sobre él.

Johnson nos pide crecer. Habrá que ver cómo se "madura" en Reino Unido; si efectivamente, lo que le ha pedido al mundo, se practica entre sus fronteras, en sus ciudades y campos, en sus hogares y lugares de trabajo. Hacer discursos es fácil; otra cosa es llevarlos a la práctica y que te reelijan.

La cuestión se planteará como en otras muchas ocasiones anteriores. ¿Se les pide a los países que no han alcanzado un desarrollo suficiente que se "paren" por parte de aquellos que ya han alcanzado unos niveles elevados de desarrollo y confort? La Inglaterra que puso en marcha todo con sus fábricas y ferrocarriles, los Estados Unidos que llevaron los automóviles a todo el planeta inundando las ciudades, el país que se retiró de los foros internacionales, son quienes ahora encabezan el movimiento "verde". ¿Son quienes piden ahora frenar a la fábrica del mundo? Interesante situación.

A todos nos gusta ver crecer a Boris. Veamos en qué dirección lo hace,

 


* Niamh Kennedy, Amy Cassidy and Deborah Bloom "British Prime Minister Boris Johnson says the world needs to 'grow up' and deal with climate change" CNN 23/09/2021  https://edition.cnn.com/2021/09/22/uk/boris-johnson-climate-change-unga-cop26-intl-hnk/index.html

miércoles, 22 de septiembre de 2021

El presidente desaparecido

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



Por un extraño interés, la prensa norteamericana parece centrarse más en los estragos causados por la administración Trump que en los nuevos objetivos presentados por Biden, que no acaba de ser creíble o no logra fijar sus objetivos. La idea de una sustitución parece decaer en beneficio de una especie de cohabitación entre males incurables dejados por Trump, que no acaba de desaparecer del panorama, y las poco sugerentes apuestas de Joe Biden.

Muy mal le tiene que haber sentado a Biden que el presidente chino haya igualado en las Naciones Unidas sus ofertas contra el cambio climático eclipsando el protagonismo esperado.

En la CNN se recogen las palabras del Secretario General, Antonio Guterres, en las que presenta las propuestas de los dos países:

 

"I am encouraged by the important announcements made today at the General Assembly by the leaders of the world's two largest economies regarding their commitment to climate action," he said.

"I welcome President Biden's announcement that the United States of America will significantly increase its international climate finance to approximately US$11.4 billion a year. This increased contribution from the United States will bring developed countries closer to meeting their collective commitment to mobilize US$100 billion a year in climate finance."

"I also welcome the announcement made by President Xi that China will end all financing of coal fired power plants abroad and redirect its support to green and low carbon energy. Accelerating the global phase out of coal is the single most important step to keep the 1.5-degree goal of the Paris Agreement within reach."*

 


Para Biden es un cierto fracaso propagandístico ya que su intento es conseguir el protagonismo que le presente como el líder mundial en cuestiones de cambio climático. Las palabras de Guterres repartiendo aplausos relativizan el acto de Biden con el que pretendía marcar sus distancias con las actitudes anteriores de su propio país. Es decir, en cuestiones de cambio climático, el enemigo de Estados Unidos son los Estados Unidos. Recordemos que para Trump la idea del cambio climático no era más que un "invento" chino para frenar el desarrollo norteamericano. En este sentido, los avances norteamericanos en cambio climático consisten en eliminar sus propios impedimentos. Con Trump fuera, Biden no tiene más remedio que arreglar los errores propios.

Puede resultar sorprendente que Biden no haya conseguido generar una imagen positiva propia respecto a las cuestiones de su agenda. Pero el hecho cierto es que la prensa está más preocupada por la herencia Trump y sus efectos que por él mismo. Parece darse un extraño fenómeno, ya que estando en sus inicios, todo el mundo se empeña en darla por enterrada.

No le es fácil avanzar en ninguno de los tres terrenos en los que se había fijado: el cambio climático, la rivalidad con China y la pandemia. Son los objetivos que The New York Times le reconocía señalando que no hay mucho avance. En el primer campo, como hemos señalado, tiene que intentar salir del desastre creado por Trump; en el segundo, la rivalidad con China se ve condenado a seguir la misma política que Trump bajo amenaza de parecer débil; y en el tercero, la pandemia, igualmente tiene que luchar con la herencia negacionista u obstruccionista que le ha dejado Donald Trump.



Creo que todo esto hace que los medios estén viendo lo que ocurre más como bajo la sombra de Trump que a la luz de Biden. La sombra de Trump es alargada. Con los medios preguntándose qué ocurrirá cuando se vayan acercando las siguientes elecciones, a las que ha dicho que concurrirá, no es fácil desarrollar una política clara, una política propia que logre distanciarse de la anterior. Trump, por decirlo así, no se resiste a ser pasado, por lo que Biden no acaba de ser identificado como presente.

Trump han tenido la astucia de hacerle cargar con la retirada catastrófica de Afganistán, por lo que cada hecho negativo que se cuenta de allí es como un clavo más en el ataúd de Biden. Y no es fácil convivir con el incumplimiento constante de lo pactado con los talibanes cuando se pensaba que Trump se apuntaría la victoria del final de la guerra, de terminar con ella. El desastre lo ha asumido Biden como una doble derrota: la de la guerra en sí que no se ha planteado como una retirada pactada sino como una humillante derrota, y la de lo que ha ocurrido después, el caos y el sufrimiento de lo que queda atrás, incluidas las mujeres afganas.

Resulta sorprendente ver el protagonismo de Trump, aunque sea negativo en los análisis. Pero eso a Trump no le importa porque sabe darle la vuelta y que esos más de ochenta millones de votantes que consiguió creerán en lo que él les diga.



Para Biden que se presentaba ante la Asamblea de la ONU como una nueva estrella ha tenido que ser muy duro comprobar que el protagonismo de los titulares de la CNN son para "China's Xi Jinping promises to halt new coal projects abroad amid climate crisis". Es como si le adelantaran en la última curva de la carrera y se quedara con cara de tonto.

No ayudan nada los titulares, como el de The New York Times, "It’s All or Nothing for These Democrats, Even if That Means Biden Fails", de tono más bien pesimista. Y es que Biden no despierta entusiasmo. Son demasiados errores en muy poco tiempo y, sobre todo, demasiada servidumbre ante el pasado. Biden no provoca entusiasmo ni dentro ni fuera. En la BBC, por ejemplo, leemos "President Biden urges unity in first UN speech amid tensions with allies", que tampoco es precisamente lo que se espera de alguien que habla cada día de liderazgo mundial.

La afirmación de no querer una nueva "Guerra Fría" no se corresponde demasiado con las acciones de cada día y van acostumbrando al mundo a esta polaridad que mueve a Biden. Si ayer tocaba ante la ONU un día "pacífico", hay muchos otros en los que se llama a alianzas contra peligros y a frenar a China. La mayor parte de los peligros, en realidad, los dejó Trump con sus abrazos a dictadores de todo el mundo. Hacen falta más hechos y menos palabras, más líneas claras y mantenidas a lo largo de la semana, que es de siete días.

Creo que la actitud de la prensa norteamericana hacia Biden es elocuente. Dicen que le falta liderazgo. Quizá se han acostumbrado a Trump más de lo que pensaban.

 


* "China's Xi Jinping promises to halt new coal projects abroad amid climate crisis" CNN 21/09/2021 https://edition.cnn.com/2021/09/21/world/un-climate-change-speeches-intl/index.html

martes, 21 de septiembre de 2021

El volcán atractivo de Reyes Maroto

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Pensaba que lo de la ministra de Sanidad diciendo que había llegado "el día de las sonrisas" con la retirada de las mascarillas era difícil de superar, pero siempre queda espacio para la sorpresa. Ha sido otra ministra, esta vez Reyes Maroto, la de Industria, Comercio y Turismo, la que ha dado la nota ridícula al desastre de La Palma con sus declaraciones ante el drama que se está viviendo allí. Es difícil entenderlo si no se viera en ello una tendencia, la resultante del perfil que se le pide hoy al político o, si se prefiere, el modelo sectorial de respuesta a lo que sucede.

Tengo un enorme cariño a la isla de La Palma pues pasé en ella varios veranos disfrutando de clima, belleza y personas, de la tranquilidad de amaneceres junto al mar con una caña de pescar o simplemente disfrutando de cada mirada en los paseos que permite. Mi solidaridad con aquellas personas que lo están perdiendo todo es la que surge del recuerdo y la visión trágica de ver todo aquello arrastrado, devorado por lava y llamas camino del mar.

En RTVE.es nos cuentan las palabras de la Ministra Maroto:

 

El PP, Ciudadanos y Coalición Canaria han cargado contra la ministra de Industria, Comercio y Turismo, Reyes Maroto, por presentar como un "espectáculo maravilloso" y "reclamo" turístico la erupción del volcán de Cumbre Vieja, pese a la situación de emergencia para muchos de los habitantes de la isla de La Palma, lo que ha llevado a la ministra a tener que matizar sus palabras: "Hoy estamos con los afectados las víctimas, pensando cómo recuperar esa normalidad".

Preguntada sobre la situación del turismo en Canarias en una entrevista en Canal Sur Radio, la ministra ha dado un mensaje de "tranquilidad" a los turistas que se encuentren en la isla de La Palma o vayan a viajar en los próximos días, garantizando "toda la información". Pero también ha llamado a aprovechar "este espectáculo tan maravilloso de la naturaleza" para que se convierta en "reclamo". "Con prudencia, porque ahora mismo lo que nos preocupa es la seguridad de ciudadanos y turistas", ha apostillado.

"¿Alguien me puede confirmar que la ministra ha dicho esto mientras cientos de personas pierden todo lo que tienen?", ha preguntado, en un mensaje publicado en su cuenta de Twitter, el secretario general del PP, Teodoro García Egea. Su portavoz económico en el Congreso, Mario Garcés, ha ido más allá reclamando directamente el cese de Maroto.*

 


¿Cabe mayor insensibilidad? No sé qué sentido tiene Reyes Maroto de lo que cae dentro de su ministerio, el turismo, pero es difícil meter la pata más. Son jóvenes y tienen mucha vida por delante para decir barbaridades.

Más allá de la barbaridad, insisto, está este perfil de las respuestas que tras la remodelación del gobierno de Sánchez muestra una tendencia clara en la forma de respuesta. A falta de soluciones, las respuestas se convierten en promesas de un futuro feliz. Es el "arte" de dar la vuelta a las cosas lo que se nos vende en un acto permanente de mercadotecnia política. Se trata de desviar las mentes del pesimismo que una situación genera e intentar mostrarlo desde un lado "provechoso". Hoy eres víctima de la desgracia, pero yo te enseño un lado positivo. Pero la desgracia es la desgracia y al que se le está quemando la casa la perspectiva de un lado turístico del asunto no solo no le consuela sino que le indigna y hasta ofende.

Luego está el arte de la matización, en el que ya hay auténticos maestros. Este arte es escurridizo y representa una forma más de manipulación, intentar decirte cómo debes interpretar la barbaridad, la insensibilidad, la ofensa. De nuevo se muestras esas artes dobles de la ofensa gratuita y de la matización imposible, formas con las que se trata de evitar lo que forma parte de la política responsable, el arte de la dimisión.

No recuerdo si alguien ha dimitido por decir tonterías. Las tonterías, en realidad, forman ya parte integral del arte de la política, de su dinámica reducida a comunicación. En una parodia cómico-mediática de Felipe González y José María Aznar, bien reproducidos con ayuda de la tecnología, el uno preguntaba insistentemente al otro "si sabía qué echaba de menos en la política". Tras varios intentos fallidos, la respuesta era los micrófonos, algo que más allá de la broma, es una verdad sólida.


Desde hace días aparecen en la prensa artículos preguntándose por la aparición de políticos en las tertulias televisivas, un género barato de rellenar la programación y mantener vínculos con el poder y con la oposición. Esta nueva tendencia parece preocupar a los periodistas que ven cómo les ganan terreno tertuliano y se alteran los límites de la "división de poderes", los periodistas a un lado y los periodistas en otro.

Nuestros medios no han logrado, pasados los años, romper la tendencia oficialista a meter a los políticos dentro de los medios, pero según sus propias reglas. El periodista era quien preguntaba y el político quien respondía. Esto ha llevado a unas distorsiones patentes en el flujo de la comunicación: el periodista tiene preguntas, el político respuestas. Después los roles, según se pertenezca a gobierno u oposición, determinan las preguntas ("El presidente, ministro/a ha dicho XXX, ¿qué opina?") y, evidentemente, las respuestas. Todo ello da lugar a esas curiosas recuperaciones de lo dicho cuando se forma parte del gobierno o de la oposición, como le acaban de recordar al presidente del gobierno, Pedro Sánchez: pidió la dimisión del entonces presidente Rajoy cuando el precio de la luz subió un 8% y ahora no dimite con una subida superior al 200%.

La proliferación de políticos que pasan desde las filas de los partidos a los platós televisivos (casi nunca a los medios escritos, de los que suelen huir) es algo evidente. Les permite hacer lo que mejor saben, hablar y discutir en ese juego interminable. En otro sentido, evitan ser olvidados, el gran problema del político en una sociedad mediática donde un día eres célebre por un exabrupto que se convierte en meme, y al día siguiente solo te suena su cara.



El paso del ministerio o del escaño al plató es preocupante porque aumenta el grado de enfrentamiento político —esa falsa teoría del equilibrio en los medios— y sobre todo extiende su presencia más allá de sus propios escenarios. El político en activo reclama toda la atención; el político inactivo vive una segunda vida que le permitirá, cuando renueve su popularidad, regresar al paraíso del que ha sido expulsado. Según los motivos de la salida, la incorporación a los medios puede buscar incluso defensa ante los que le pudieran perseguir, ya que tener un micrófono delante le da un cierto poder y le permite contestar a esa crucial pregunta "¿qué opina de...?". Si el ex líder político consigue convertirse en líder mediático o simplemente en voz que es escuchada, eso le puede dar cierta seguridad ante los enemigos que haya podido dejar a su paso, que seguro no son pocos. Envidias, recelos y venganzas forman parte de la vida cotidiana y sonriente de los partidos políticos.

Hay políticos que han salido de ese mundo y discretamente se han incorporado a su vida anterior (si es que la tenían). Que los medios les busquen o ellos busquen a los medios implica un retroceso. Lo que necesita la vida política española es una mayor presencia "social", por un lado, y profesional por otro. El periodista que opina de todo se está agotando en los medios audiovisuales, quizá por eso se incorpora a los políticos.


Es frecuente encontrar de políticos antiguos colecciones de "artículos" y también de "discursos". La presencia constante en los medios, por el contrario, ha logrado que esos artículos —salvo algún extraño, como Castells, asiduo de La Vanguardia— desaparezcan. Nuestros políticos no escriben, solo hablan. Eso nos muestra que el político prefiere la pelea en corto e inmediata, aquella que el viento se llevaría de no existir grabaciones.

Toda esa improvisación e incontinencia verbal da lugar a respuestas absurdas, insensibles, como la de ministra Maroto hablando de "turismo" cuando hay que hablar de otra cosa en relación con lo que están viviendo en La Palma. Mucho me temo que el presidente se rodeó de personas de un mismo perfil político en varios ministerios, de un mismo tipo de políticos que se basan en los mismos principios comunicativos.

No necesitamos políticos que nos consuelen con palabras y promesas, con sonrisas y beneficios futuros de la desgracia. Necesitamos políticos que hablen menos y hagan más, a ser posible bien. Desde que los políticos acuñaron el axioma "si piden tu dimisión, es que lo haces bien", es inútil pedir dimisiones, que forman ya parte del juego de los enfrentamientos. Se piden tantas dimisiones que deja de ser efectivo. Las dos fórmulas que  quedan son el "cese", que solo se hace como "reforma general", y la dimisión por dignidad, en la que es el propio político el que reconoce su error. Este caso es todavía menos frecuente. Por eso el arte de la matización, del desmentido, del "donde dije digo, digo Diego", forma parte esencial de la formación de los nuevos políticos.



Con sus polémicas declaraciones, Reyes Maroto se asegura un puesto futuro en los medios, diciendo cosas como estas, sembrando polémicas, que es de lo que viven muchos medios y, desde luego, los políticos salidos de los nuevos modelos.

Antes acababan en los consejos de administración de las grandes empresas. Deben estar ya llenos y ahora son los medios los que los acogen. Un mal paso.

Mi solidaridad de corazón con la isla de La Palma, con todos sus habitantes ante este desastre y esta falta de sensibilidad.


 

* "Críticas a Reyes Maroto por decir que el "espectáculo maravilloso" del volcán puede servir de "reclamo" turístico" RTVE.es 20/09/2021  https://www.rtve.es/noticias/20210920/criticas-reyes-maroto-espectaculo-palma-reclamo/2172480.shtml





lunes, 20 de septiembre de 2021

La nada que nos consume

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Lo último ha sido sobre los jóvenes afectados por los suicidios. Pero habría que sumar muchas más piezas al mosaico para poder ver el conjunto. Nos contentamos con pensar que es un efecto más de la pandemia, que afecta a nuestras visiones del mundo y se vuelven así más negativas. Pero esto viene de largo.

Los datos que nos han ido dando en estas semanas dice: que tenemos elevadísimos porcentajes de repetidores entre los jóvenes; que somos el segundo país con mayor número de los llamados con sarcasmo "ninis" (ni estudian ni trabajan); que tenemos también una de las tasas de abandono escolar más altas... Podríamos seguir añadiendo indicadores y todos serían del mismo tenor.

Las imágenes que nos han servido este fin de semana muestra macrobotellones (25.000 personas en mi universidad) y unos miles en una universidad barcelonesa. Innumerables repartidos por el país. Nos preocupa, como dicen los medios, que no usen mascarillas ni mantengan la distancia de seguridad. Pero nadie se preocupa por lo que representa esto, por cuál es su significación social, qué tipo de respuesta implica y, sobre todo, que forma de ver la vida supone.


Desde hace mucho tenemos un serio problema y una seria distorsión aceptada de nuestro futuro. Hace mucho que nuestra industria principal es el ocio más que otros tipos de producción que quedan relegados del foco de atención. Aquí de lo único que se debate es del "ocio" en todas sus variantes, no del trabajo sino de lo que hay que hacer cuando no se trabaja. Realmente hay que tener muy poco que hacer para mantener este ritmo de ocio que nos caracteriza.

Comentamos aquí aquel suspiro inaugural de la señora madurita al poder sentarse en una terraza y tomarse su cafelito. Los españoles salían de las sombras de la pandemia a la oscuridad de la noche de juerga, un fin patriótico para mantener en orden la economía del ocio que es la principal del país. Más allá del turismo, que tiene que venir, está el residente laborioso que se curra su ocio para mantener la actividad, tanto la propia como la ajena.

Las consecuencias de esto son variadas. Quizá las principales sean la precariedad y el subempleo, los bajísimos sueldos. Estas traen otras en cadena, la permanencia en la casa familiar, el retraso de los matrimonios y de los nacimientos, el envejecimiento de la población, solo paliado por la llegada de inmigrantes que nos permiten cubrir lo que no cubrimos.



Me sorprende cómo los medios dedican tanto tiempo a todo eso que llaman "ocio", ya sea como conflicto o como negocio. Hay mucho menos tiempo dedicado a algo más ejemplar que los cotidianos informes sobre botellones de los lunes por toda la geografía española. Comenzaron hace más de una década, precisamente como respuesta a una crisis económica y al deseo del ocio nocturno o diurno de entonces de mantener a distancia a unos consumidores jóvenes sin recursos. Lo del ocio está muy bien si gastas, sin no es parasitismo. El botellón es el listón más bajo. Te coges la botella de casa, los hielos y ¡a vivir! Si vas con prisa, y no te ha dado tiempo a pasarte por el supermercado (los veo haciendo la compra de botellas en mi centro comercial los viernes y sábados), te puedes hacer con algo en los vendedores que deambulan por el gentío ofreciendo botellas. Son los nuevos emprendedores, la cutrez del emprendimiento, el inicio de una gran carrera. Otros ofrecen otras cosas. Es un buen mercado y siempre hay demanda.

A todo esto se ha incorporado un nuevo aliciente: la violencia. El hecho de que la Policía tenga que intervenir ante las quejas de los vecinos, que se concentren cada vez más personas y que esas personas se diviertan lanzando botellas, golpeando los coches patrullas, etc. es un fin de fiesta divertido que poder compartir con los amigos el lunes cuando te pregunten.



La necesidad de los toques de queda no ha sido comprendida o, peor, ha sido ignorada y llevada al ámbito de la diversión y en muchos al descaro. ¡Soy joven y no me voy a morir!, decía uno ayer al ser entrevistado. Son los nuevos héroes: salen, beben y pelean. ¡Qué más se puede pedir! El aumento de la violencia en las calles es otro indicador. Cada vez salen más rápido las navajas, que forman ya parte del equipo de salir.

Esto es divertido y hasta atrae Erasmus del extranjero. ¿Dónde se lo van a pasar mejor que aquí? Pero si nos preguntamos por el futuro de este país, envejecido y con este modelo, real y mediático, no hay para muchas alegrías.

Las universidades, los parques, las calles, las plazas... son escenarios para beber y desbeber, para gritar y perder el sentido de la realidad, de una realidad que no gusta, que no ofrece alternativas, en la que nos desentendemos de los demás, donde lo aceptamos todos. Solo ofrecemos alternativas de ocio al ocio, ofertas de competencia para reconducir el "gasto". No hay alternativa al margen de esto y de todo lo que implica socialmente.

Mañana llegaré temprano a la universidad; debo dar clases como si nada de esto hubiera ocurrido. Tienes que ignorar lo sucedido, fingir que no ha pasado nada y que la estatua ecuestre que simboliza el traspaso de conocimiento a la siguiente generación está allí por algo. No sé lo que me espera, pero la depresión ante el espectáculo es grande, una enorme tristeza, frustración, una dolorosa pregunta sobre el sentido de lo que haces y sobre cómo la propia sociedad fagocita a sus integrantes en este proceso de la macro trivialidad rentable, en esta caricatura trágica del "ocio".


domingo, 19 de septiembre de 2021

La crisis de los submarinos franceses

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Ayer decíamos que la fuerza de los caminos abiertos y cerrados por Donald Trump lastraba la política exterior norteamericana. Pero esto va más allá y Joe Biden, una vez distanciado en la campaña de Trump, asume sus modos y comportamientos. La nueva administración, en un extraño e imposible juego, parece querer mantener lo que Trump dejó atado con el establecimiento de lazos con lo que este destruyó. Sin embargo, no siempre ambas líneas son posibles. El optimista y acrítico "US is back!" de Biden se ha transformado en un más ajustado a los hechos "America First is back!"

Esto es especialmente cierto si vemos el monumental enfado de Francia con Estados Unidos y Australia, con llamada de embajadores incluida, por la jugarreta que acaban de hacerle entre ambos.


France 24

La jugarreta, además, confirma algo de lo que llevamos mucho tiempo hablando: la creación de conflictos se corresponde con las ventas de armas. Esta oscura estrategia se la puede permitir una potencia mundial, como los Estados Unidos, ya que le basta con hacer declaraciones para aumentar o crear determinados conflictos en diversos países del globo. Ese aumento en el nivel del conflicto se corresponde con la compra de armamento a los amenazados en la zona del conflicto y un acercamiento a la política norteamericana. Esto lo vemos practicado en la Europa que limita con Rusia, los países que más apoyan la línea norteamericana; lo vemos en las zonas que limitan con Corea del Norte y en la extensión del Pacífico que rodea a China, donde se intenta que se perciba a China como una amenaza directa que permita, primero el establecimiento norteamericano y después la venta de armas a los países que se ven amenazados. Lo mismo ocurre con Irán, lo que le ha servido para seguir vendiendo armas en oriente Medio y la política ha tenido lugar hasta Marruecos. Fue Trump quien llevó al extremo y de forma descarada esta política doble conflicto-venta.

Ahora lo padece Francia. Euronews explica su enorme enfado:

 

Francia sigue clamando a los cuatro vientos su profunda indignación con Australia y Estados Unidos a los que se refiere como "antiguos socios". "La crisis es grave. Se ha roto la confianza", ha asegurado el jefe de la diplomacia francesa, quien advierte de que el asunto de los submarinos tendrá repercusiones en la OTAN.

La llamada a consultas de los embajadores franceses en Canberra y en Washington solo es el síntoma de algo más profundo. "Se ha roto la confianza", afirmó este sábado el jefe de la diplomacia francesa, Jean Yves Le Drian, quien ha advertido de que esta "crisis grave" de los submarinos tendrá repercusiones en la próxima estrategia de la OTAN.

"Es muy simbólico. Hubo una mentira, hubo duplicidad, hubo una gran ruptura de confianza y hubo desprecio, así que las cosas no van bien entre nosotros, en absoluto-afirmó en la televisión francesa, en horario de máxima audiencia, el ministro Jean Yves Le Drian-. Significa que hay una crisis. Así que hay un aspecto simbólico: llamamos a nuestros embajadores para tratar de entender y mostrar a nuestros antiguos socios que hay un profundo descontento, que hay una crisis grave entre nosotros".

La crisis estalló cuando Australia anuló esta semana el contrato de compra de 12 submarinos convencionales franceses, por un valor de 56 000 millones de euros, para adquirir en su lugar submarinos nucleares estadounidenses, en el marco de un acuerdo estratégico entre Australia, Estados Unidos y el Reino Unido para hacer frente a la pujanza china en el Índico y el Pacífico.

Más allá del asunto de los submarinos, Francia ha sufrido el hecho de que la dejaran al margen del partenariado. "Joe Biden se ha comportado como Donald Trump, pero sin los tuits" ha dicho el jefe de la diplomacia francesa.*

 

La idea de un "Trump sin tuits" es muy expresiva y se entiende a la perfección por todos. Por si los norteamericanos no lo entienden con claridad, crean esta imagen en la que se registra algo más que una rabieta. Ya puede Biden visitar París o enviar a Kamala Harris. Esta vez lo tiene muy difícil.

Puede que desde la perspectiva norteamericana esto se vea como un "éxito", pero desde la perspectiva de europea y, como han señalado en Francia, de la OTAN, la cosa va a parecer muy distinta. Puede que el negocio le salga caro a Biden y los Estados Unidos en varias monedas.

Se ha insistido aquí en la ruptura de confianza en el "liderazgo norteamericano" provocada por Trump. Estados Unidos está acostumbrado a que el mundo viva sus reemplazos presidenciales como renaceres espirituales. La misma frase de Biden "¡Estados Unidos ha vuelto!" refleja esa fe mesiánica que el mundo ya no está dispuesto a compartir porque "Estados Unidos" sigue siendo el mismo, ya no ofrece liderazgo sino que se cumplan sus propios intereses, como ocurre en lo que ven como "desafío chino" y su juramentación sobre impedirlo a todo trance porque no "permitirán" que sea una potencia económica que les adelante.

Televisa

Trump despertó al mundo del "sueño americano", de la fraternidad universal, del concepto de "aliado" y mostró con claridad que cuando se tiene la fuerza no hacen falta amigos, una palabra pasada de moda. Lo ha demostrado dejando tirados a sirios y a kurdos, luego a Afganistán. La queja es que estos países prefieren finalmente aliarse con los que llaman a su puerta, Rusia y China, que se aprovechan con claridad de los errores y desprecios norteamericanos.

En la CNN se recoge el enfado de los franceses y se explica la trayectoria australiana de alianza con Trump en los siguientes términos: 

In recent years, Australian Prime Minister Scott Morrison has moved to embrace the United States more closely as a security partner, building a personal relationship with Trump and attempting to do with same with his successor, Biden.**

 


El declive ya había empezado con Obama en Oriente Medio, donde se perdieron las esperanzas de la Primavera Árabe y la democratización ante las amenazas para Israel y sobre todo para el todo poderoso aliado saudí, buenos compradores de armas, y exportadores de integrismo o de terroristas, como el propio Bin Laden, un rico saudí. Trump, para ser justo, les vendió armas a casi todos en nombre de lo que se llamó "el acuerdo del siglo", algo que nunca llegó a materializarse más que en el apoyo calculado al cambio de la embajada norteamericana a Jerusalén, algo que creo nuevos conflictos en la zona. Nadie se acuerda del "acuerdo del siglo", probablemente ni su yerno, al que encargo de materializarlo.

Trump dejó amigos y negocios a medias, como vemos. Y Joe Biden lo les hace ascos porque probablemente estén detrás las mismas industrias que les sustentan. Para el interior, sigue valiendo la misma imagen de la "amenazantes" Rusia y China. Pero el mundo ha aprendido de hasta dónde se puede confiar y qué hay tras la palabra "aliado", un cliente.

La "alianza anglosajona", como comentábamos hace unos días, llevaba funcionando en otros planos, especialmente en el de la seguridad y un espionaje que siempre es "por nuestro bien", incluidos los móviles de los presidentes de los gobiernos europeos o las sedes de las grandes compañías europeas y de otras partes del mundo. El escándalo danés de la vigilancia norteamericana sobre Europa es el más reciente, pero no será el último, con toda seguridad. El grupo de los ex socios del imperio británico sigue en su línea pasados los años. Se refuerza con los "amigos de Trump", de Boris Johnson al primer ministro australiano, del que Biden no se sabía el nombre. Es la misma forma de diplomacia colonial, la misma escuela: crea conflictos, divide y avanza.

¿Qué hará Francia, que hará Europa, en respuesta? Es el momento de la diplomacia interna en la Unión, el momento de que los países se pongan en marcha, pero la siembra de divisiones que ya realizó Trump en nuestro seno, me temo que serán incentivadas dentro de poco. ¿Nuevos conflictos a la vista? Mucho me temo que sí. Cuanto más dividido esté el mundo, más fácil de manejar. Pero es también más fácil que estalle lo imprevisible.

 


* Carmen Menéndez ""La crisis es grave. Se ha roto la confianza" advierte Francia a EEUU y Australia " Euronews 19/09/2021 https://es.euronews.com/2021/09/19/la-crisis-es-grave-se-ha-roto-la-confianza-advierte-francia-a-eeuu-y-australia

** Diksha Madhok "Trump abandoned this giant trade deal. Now, China wants in" CNN 17/09/2021 https://edition.cnn.com/2021/09/17/economy/china-cptpp-application-intl-hnk/index.html