domingo, 26 de junio de 2011

El Golem informativo: las críticas del 15-M al periodismo


Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Milagros Pérez Oliva, la Defensora del Lector del diario El País, trata de abrir un debate necesario y urgente en los medios*. Ha confrontado el periodismo con la imagen del periodismo que surge desde el “Movimiento 15-M”, en concreto desde el Observatorio de Medios de la Asamblea Popular de Arganzuela. Esta urgencia proviene del preocupante desprestigio que se desprende de las críticas realizadas: "Si seguís empeñados en un periodismo donde la información objetiva y veraz esté supeditada a la línea editorial, crearéis un golem que terminará por devoraros. […] En nombre de las personas que os leen, de las personas que pagaron vuestras carreras de periodismo, de las personas que confían en vuestra imparcialidad, recuperad vuestra profesionalidad como periodistas”. 
Para intentar aclararlo ha pedido opinión a tres personas que  considera de referencia, como son Joaquín Estefanía, Lluís Basset y Daniel Innerarity. «Es urgente redefinir qué es buen periodismo y señalar aquellas prácticas periodísticas que contribuyen al descrédito general de los medios», escribe Pérez Oliva. Se preocupa la Defensora del Lector —permítasenos la ironía— de que se tenga que crear una nueva figura: el Defensor del Periodista.
La cuestión es importante y delicada por la posición que la información juega en nuestras sociedades. Puede que las observaciones que los tres preguntados sean más o menos pertinentes, pero soslayan todos que el origen del problema y de las críticas no está en una sociedad sin mediadores, como señalan, sino en una sociedad con malos mediadores. Al igual que ocurre con los políticos —las críticas son paralelas—, la argumentación general gira sobre el incumplimiento de sus funciones. Establecer debates sobre la esencia de la mediación sin cuestionarse que el origen está en la pérdida de la “adecuación” y del sentido de la mediación no lleva a ningún lado.
Los responsables de los medios saben desde hace mucho tiempo que tienen dos problemas paralelos: la pérdida de lectores y la pérdida de prestigio. El primer problema lo han enfocado de un modo y ha preocupado a muchos; el segundo, lo han enfocado de otro y ha preocupado a muchos menos. ¿Están ambos problemas relacionados? Sí y no.


El cambio tecnológico y mediático ha sido brusco y generacional. Hace apenas quince años que aparecieron en España los primeros diarios digitales a regañadientes. El problema no ha sido solo el retroceso del papel y el avance de lo digital. Era el otro “papel” el que se estaba abandonando. Es de ese otro “papel”, de la función periodística, del que están hablando desde el Observatorio.
El llamamiento se dirige a los “profesionales”, no a los medios. Se dirige a las personas, no a las empresas informativas. Lo que están haciendo no es atacar al Periodismo, sino defender a los periodistas, pidiéndoles que asuman su conciencia como eje de su profesión y renuncien a ser “golem”, estatuas sin alma.
Desde el movimiento se ha distinguido entre unas empresas periodísticas que tienen unos intereses específicos, económicos y políticos, y unos profesionales que fueron llevados hasta el Periodismo por un original sentido de servicio a sus comunidades. Lo que están haciendo es reivindicar las raíces del Periodismo.
Debemos distinguir entre los medios, las empresas mediáticas, los periodistas y el Periodismo. Ellos se dirigen a los periodistas, los que llegaron al Periodismo como vocación primero y a las empresas después. Les piden que sirvan a su vocación y no a los intereses de los que están detrás de los medios.
No es un problema general de mediación, como algunos de los consultados quieren ver. Es un problema de conciencias y de pérdida de la confianza. No hay un rechazo del Periodismo, sino una defensa de su función social, de su papel esencial en las democracias. La acusación a los políticos de “no nos representan” tiene su paralelo periodístico en “no nos informan” en el sentido de ruptura del pacto básico, del “contrato social informativo”. No se niega ni la política ni el periodismo; se niegan a los políticos y periodistas que se alejan de la gente y su realidad. 

En este sentido, sería más sensato sumar estas críticas, con todos los matices nuevos que se quiera, a la autocrítica que muchos profesionales llevan tiempo haciendo de la propia profesión, sumarlas a la pérdida de la autoestima periodística por los condicionamientos y presiones, por los vínculos económicos y políticos, que alejan al periodista de su impulso natural a decir a la gente lo que necesita saber y no lo que a otros les interesa que se sepa. 
El golem de la leyenda judía llevaba escrita en la frente la palabra "EMET", 'verdad'. Creado para defender el gueto de Praga, pronto creció tanto que empezó a causar daño a la gente que debía proteger. Cuando el rabino le borró  la primera letra quedó "MET", 'muerte'. El uso del término "golem" por parte del Observatorio no es irrelevante; trata de reflejar esa idea de inversión, de la protección al daño.
Creo que no debe verse todo esto como un ataque al Periodismo, sino como una defensa apasionada de su función social esencial. Lo que están haciendo es reivindicar su papel y pidiendo a los profesionales que lo asuman y se sacudan los yugos que convierten la información en “infotainment”, las ruedas de prensa sin preguntas, la supeditación política o económica, el publirreportaje camuflado, etc.
Aunque no lo parezca, están defendiendo el Periodismo.


* "Indignados con los medios" El País, 26/06/2011 http://www.elpais.com/articulo/opinion/Indignados/periodistas/elpepiopi/20110626elpepiopi_5/Tes

sábado, 25 de junio de 2011

¿Muchos o pocos partidos?: De Egipto a España


Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Existe un punto de equilibrio entre el bipartidismo y el multipartidismo, un punto en el que el conjunto de la sociedad ve reflejadas las diferencias esenciales que conviven en un mismo espacio político. A su vez, esos grupos políticos diferenciados deben tener espacio para sus propias diferencias de matices y sus posibilidades de pensar en términos diferentes para tener siempre una reserva de respuestas ante los problemas. Solo las dictaduras tienden a ser monolíticas, a imponer una línea exclusiva de pensamiento y a traducir sus conflictos internos en personalismos. En las etapas iniciales de una democracia, el número de partidos políticos está en función de la capacidad de negociación, de la flexibilidad para llegar a acuerdos que eviten la fragmentación. Posteriormente son las urnas las que ponen a cada uno en su lugar y hacen subir a unos y desaparecer a otros.
En Egipto están padeciendo el sarampión del tránsito de una dictadura como la de Mubarak. Sus especiales características, el control del tamaño adecuado de la oposición mediante mecanismos electorales fraudulentos, permitió que no solo existiera un partido oficial, el del régimen, sino una oposición que le servía para salvar la cara ante el exterior y justificar su propia existencia como garante ante el radicalismo islamista de los Hermanos Musulmanes.
Ante la llegada de las elecciones, que serán en septiembre, el panorama egipcio muestra una división cada vez mayor. En vez de progresar hacia la fusión de esfuerzos, se está produciendo una atomización en nuevos grupos. Los únicos beneficiados de estos son los Hermanos Musulmanes, aunque ellos también han padecido una escisión de jóvenes. Sin embargo, aquí la cuestión es más complicada ya que la Hermandad, como tal, no es un partido político, sino que ha creado un partido, “Libertad y justicia”. Esto ha hecho que las personas descontentas con la línea de control férreo de la dirección de la Hermandad se sientan libres de incorporarse a otras formaciones políticas. La Hermandad ha reaccionado mediante las expulsiones de todos aquellos que se incorporan a formaciones políticas diferentes a su marca oficial “Libertad y Justicia”. Llena de contradicciones que derivan de su falta de creencia en el valor de lo político entendido como ejercicio de la voluntad, la Hermandad trata de mantener, en un régimen de mayor libertad y oferta política, un control casi imposible sobre los amplios sectores que antes manejaba. Las prevenciones que tienen sobre mujeres y coptos no son precisamente avales para un sistema democrático y hacen enfrentarse a situaciones complicadas a la nueva generación que quiere otro tipo de Egipto. [Ver entrada Aquí nos modernizamos todos]

Presentación de grupo político en Egipto

Conforme se acerca la cita electoral, crece el nerviosismo de lo que piensan que esta fragmentación favorece de forma clara a la Hermandad y, lo que es peor, lo hace en un momento constituyente, con lo que este primer parlamento marcará la vida del futuro Egipto.
La única salida que tienen las distintas fuerzas que se están creando es llegar a políticas de mínimos que no hagan perder los “votos sociológicos” —los votos de personas próximas—. Todos los sistemas electorales favorecen las concentraciones frente a la atomización y eso puede dar una gran representación parlamentaria a los que socialmente no tienen tanto.
Curiosamente, este es el reverso de la situación española en la que mucha gente se siente incómoda en el bipartidismo efectivo, trufado con los nacionalismos locales.  El problema que se le plantea a mucha gente para seguir votando a unos partidos con los que ha ido descendiendo el grado de empatía es real. No entra en contradicción con los votos y, sin embargo, los partidos lo usan como justificante o excusa de la validez y reconocimiento de su propia propuesta. Y esto es un error interpretativo e interesado.
Ya hemos mencionado que el caso español es el anquilosamiento interno de los partidos que se muestran incapaces de reflejar en su interior las corrientes y variaciones que en la sociedad se puedan dar, especialmente entre su propio electorado. Existe mucha gente a la que le duele la mano con la que introduce la papeleta en las urnas. Es un voto por aproximación, por tradición, por inercia, etc., pero no el voto del que se siente escuchado en la riqueza de matices que hoy tiene la sociedad española. No tiene nada que ver con la legitimidad de la representación sino con la calidad de la representación o, si se quiere con la identificación del votante con los que van a representarle.
Esto es el resultado de la falta de dinámica interna de los partidos, la laminación de los aparatos, auténticos controladores de la vida política, constituidos como grupos de intereses —más que en corrientes entre las que sea posible establecer debates internos, prolongación de los existentes en la calle. En última instancia los partidos deben ser una radiografía de la sociedad a la que representan y hoy no existe un acuerdo en este punto. Ese “no nos representan” es la manifestación en eslogan de un sentimiento que los políticos deberían valorar y hacer —algunos están empezando tímidamente— examen de conciencia.
No se entiende muy bien por qué este miedo a las diferencias, por qué este miedo a los debates y por qué es necesario realizar estas escenificaciones de apoyos unánimes a los líderes cuando no es una exigencia de la gente sino de las campañas de imgen. 
En su momento, dentro del partido socialista había “socialistas”, “socialdemócratas”, etc., y en Partido Popular “conservadores”, “demócratas cristianos”, “liberales”, etc. El gran error, muy español, fue empezar a sustituir el debate de ideas por las personas. De las etiquetas ideológicas se pasó a las personales: “felipistas”, “guerristas”, “acostistas”, “aznaristas”, “esperanzistas”, “gallardonistas”, etc. Fue en este momento —en el que la gente dejó de seguir sus ideas y empezó a seguir a los que podían colocarle en algún puesto— cuando las cosas empezaron a torcerse.
La situación política de Egipto y España es diametralmente opuesta. Unos se quejan de que la mínima diferencia se convierte en partido; nosotros nos quejamos que tenemos partidos sin diferencias. En el punto medio, como casi siempre, suele estar la virtud o la sensatez. No hacen falta muchos partidos probablemente, pero si partidos con la elasticidad suficiente como para que nadie tenga que votar con tantas dudas de conciencia.

* "Revolutionary Coalitions multiply, fragment and disagree on the way ahead" Al Masry-Al Youm 24/06/2011 http://www.almasryalyoum.com/en/node/471023

viernes, 24 de junio de 2011

Elogio de Maalouf


Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Amín Maalouf acaba ingresar en la Academia francesa con 17 de los 24 votos posibles. Es una votación que lo sitúa en una posición de reconocimiento amplio*. A los premios Goncourt y Príncipe de Asturias, entre otros, Maalouf suma esta nueva condición de Académico, que en Francia significa algo. Ocupará la silla de Claude Lévi-Strauss, que seguro que para él tendrá un especial significado. No hace mucho, recomendábamos la lectura de su último ensayo [ver entrada].
Maalouf ha conseguido trasladar su propia problemática a ambos territorios, el de la ficción y el del pensamiento. No creo que se puedan considerar ámbitos separados, porque maneja la ficción como realidades y la realidad como conjunto de ficciones. Para entender el alcance de la obra de Maalouf hay que comprender su profesión de periodista, sus estudios de sociología y su condición de exiliado, porque Maalouf es una persona que no ha renunciado a ninguna de las tres vertientes o, mejor, cada es consecuencia de la otra.
Las novelas de Amín Maalouf tratan de dar cuenta en el terreno de la ficción de lo que resulta difícilmente comprensible en la complejidad de la vida. La vida se hace narración para mostrarnos la perplejidad de los sujetos convertidos en los puntos de intersección de la Historia. Entre la teoría y la realidad está la ficción. Entre el conocimiento teórico y la experiencia vital está la novela, que permite encarnar las teorías y expresar explicaciones que el mundo difícilmente acepta. Maalouf, como tantos otros, ha entendido que el sinsentido del mundo solo se resuelve en la expresión estética, en la forma. El Arte da el sentido que la vida niega. Lejos de un esteticismo aislado, las novelas de Maalouf hablan del mundo al mundo, devuelven estructurado lo que se recibe caótico.
Personajes, tiempos y espacios son cuidadosamente seleccionados por Maalouf para ofrecernos una perspectiva ajustada de un problema real: el sometimiento de los individuos a las mareas de la Historia. Maalouf no hace novela histórica; hace novelas en la Historia. Cada instante es la intersección de las fuerzas ciegas que anulan a los individuos sometidos a las imposiciones del momento. Cada escenario espacio-temporal, cada cronotopo, es el lugar en el que las fuerzas de la vida se enfrentan como política, religión, cultura.


 Los hombres somos el resultado del conflicto entre nuestra identidad cultural, preformada en nuestro tiempo, acumulación de luchas, y nuestra aspiración a la felicidad. El mundo al que llegamos está ya en guerra, es un escenario de conflictos. Y crecemos y se nos forma en ellos. Podemos dejarnos arrastrar y sumarnos a los odios existentes o, por el contrario, tratar de escapar de ellos. Como Ulises, tratando de no escuchar el canto de las sirenas, o San Antonio impasible ante las tentaciones del mundo, los personajes de Maalouf tratan de encontrar su camino propio imposible. Por eso las novelas de Amín Maalouf eligen tiempos complicados, tiempos de transición en los que los conflictos ideológicos, religiosos, políticos, culturales en última instancia, se muestran en su violento chocar.
Como sociólogo, Maalouf sabe que la sociedad es una gigantesca maquinaria cultural que modela al individuo dándole una forma que se vuelve peligrosamente transparente. Todo sistema cultural lucha por imponer lo obvio, por construir la naturalidad que aplaca la crítica y la aceptación.  Sabe también que las identidades se construyen como hechos diferenciales, como negaciones del otro y afirmaciones de uno. Eso es algo que ha podido apreciar un libanés cristiano, alguien nacido en un país en el que las diferencias son recordadas cada día; un libanes que se traslada huyendo de la sinrazón de los conflictos a Francia y vive más diferencias.

Maalouf es el escritor de los que se sienten incómodos en sus papeles, de los que se resisten a ocupar un espacio en el que las obligaciones contrastan con los deseos y los instintos han sido cuidadosamente inducidos. Es un escritor para lectores apátridas espirituales. Es el hombre que dedicó una novela, Los jardines de luz (1991), a contar la historia de Mani, el fundador de una religión odiada por todos porque no exigía odiar a nadie.
Maalouf hace tener esta última visión en su tormento final a Mani, su personaje rescatado de la falsificación de la Historia:

—Cuando cierres los ojos por última vez, volverán a abrirse inmediatamente, sin que tú lo hayas querido. Y tu primer instante será de incredulidad, cualquiera que haya podido ser tu fe. En el más firme de los creyentes subsiste la duda y el más obcecado de los descreídos habita la esperanza no confesada. Frente al Más Allá, los hombres no hacen más que interpretar sus papeles, su creencia común está inscrita en la fatiga de sus cuerpos. (366)**

Solo lejos del mundo es posible ser uno mismo. En el mundo somos lo que podemos ser.

* "Amín Maalouf, elegido miembro de la Academia francesa" El País 23/06/2011 http://www.elpais.com/articulo/cultura/Amin/Maalouf/elegido/miembro/Academia/francesa/elpepucul/20110623elpepucul_8/Tes
** Amín MAALOUF (2009): Los jardines de luz. Barcelona, Alianza.


jueves, 23 de junio de 2011

Las diferencias entre emprendedores y “emperdedores”


Joaquín Mª Aguirre (UCM)


El discurso va por un lado y los hechos por otro. Las informaciones que nos da el Instituto Nacional de Estadística dicen, según el diario El País que:

Los directivos de Administraciones públicas o empresas de más de 10 empleados, los mejor remunerados, ganan en bruto al año casi tres veces lo que el trabajador medio y cuatro veces lo que los empleados de la categoría más baja, la compuesta por los peones de la agricultura, pesca o construcción. La brecha ha crecido alrededor de 38 puntos desde 1995, cuando comenzó esta serie. En aquel año, el sueldo de la categoría de directivos era el 142% de la media y ahora es el 181%, aunque ha habido altibajos en la evolución, incluido un estrechamiento de la diferencia en 2008.*

Que en 15 años haya crecido la brecha en 38 puntos, con especial incidencia en la época de crisis, es un indicador bastante fiel de la falta de rumbo social del estado, del modelo empresarial y político que tenemos. La política de estímulos e incentivos económicos, bursátiles, fiscales, etc., ha venido de la mano del engrandecimiento de la figura del directivo y el menosprecio de las demás partes sociales. La nación-empresa se ha mitificado y los incentivos han sido desproporcionados. Esto es algo que se está diciendo hasta en los Estados Unidos desde la crisis. Aumentos de sueldos y bonificaciones para unos y precariedad y reducciones de salarios para otros. La relación entre precariedad y bajos ingresos es más relevante de lo que supone. Los cambios de empleo suponen las mayoría de las veces mermas de los ingresos porque los contratos temporales no permiten negociar. 

 
Nuestro modelo está enfermo, entre otras cosas, porque tiene una sobrecarga de precariedad. La conjunción entre precariedad laboral y alta tasa de endeudamiento es lo que ha provocado la peculiaridad de la crisis española, que es muy diferente de las de otros países.
La caída del consumo viene determinada en gran medida por el alto endeudamiento. Hace ya unos años, escuche decir que los niveles de morosidad no serían preocupantes mientras no pasaran del 5%. Ahora están por encima del 6% y con tendencia al alza. Significa que la gente tiene menos para devolver a los bancos.
Nuestra particular ceguera ha sido no ver las consecuencias que tendrían la parada brutal del consumo y los efectos en cadena sobre nuestras empresas, que forman un círculo del que es muy difícil salir. Se bajan los sueldos y, con menos dinero, una parte va a pagar la deuda —mientras se pueda—.  Queda menos para gastar y las empresas ingresan menos. Otros de los datos que se daban es que los españoles sacrificaban cualquier cosa con tal de seguir pagando sus hipotecas al banco. Pero, al pagarlas, se destina menos al consumo y aumentan las deudas de las empresas, que ingresan menos, con los bancos. Lo que pagan unos al banco es lo que dejan de pagar otros al mismo banco. Lo malo es que cuando la empresa llega a su nivel crítico, despide a los trabajadores y el banco deja de percibir lo que le adeudan ambos, trabajadores y empresas. Por eso están tan sorprendidos por el comportamiento bueno de las exportaciones. Incapaces de vender aquí, por los motivos expresados, se vende bien fuera. Fuera se han recuperado y ya pueden comprar.¡Si hubieran pensado esto antes y se hubieran levantado más fábricas y menos chiringuitos! Pero ni bares ni casas son exportables.

Las grandes diferencias económicas no son buenas. El modelo imperante dice lo contrario y en España se acrecientan. Pero está claro que no es lo mismo que haya más ricos a que un país sea más rico. Hay muchos ricos en los países más pobres y corruptos del mundo. Miren la lista Forbes. [ver entrada] Un país rico es un país próspero y estable, con futuro y sin angustias, confiado en que las crisis pueden ser momentos puntuales y no estados permanentes. Los emprendedores son personas necesarias, como lo son los trabajadores, cuando su esfuerzo se traduce en beneficios para la comunidad y no solo para unos pocos. Hay empresarios comprometidos con sus trabajadores como hay trabajadores comprometidos con sus empresas. También lo contrario.
Los estados y los políticos deben trabajar para nivelar las rentas y no para desnivelarlas con la excusa de que solo hay que cuidar a los “emprendedores” y desproteger a los “emperdedores”. España está exportando emprendedores-físicos, emprendedores-biólogos, emprendedores-matemáticos, emprendedores-médicos, emprendedores-ingenieros… a otros países no porque no los necesitemos, sino porque hemos sido incapaces de crear el tejido industrial y empresarial capaz de acogerlos. Merkel nos da las gracias por ello y nosotros se las damos a Merkel. El día que nuestras empresas demanden ingenieros, médicos, físicos, biólogos, etc. de forma suficiente, habremos dado el paso adelante necesario para poder afrontar las crisis con solvencia. Seremos un país un poco mejor. Y más serio.

*"La brecha salarial entre directivos y empleados creció en lo peor de la crisis" El País 23/06/2011 
http://www.elpais.com/articulo/economia/brecha/salarial/directivos/empleados/crecio/peor/crisis/elpepieco/20110623elpepieco_4/Tes