jueves, 9 de agosto de 2018

Canadá o el apoyo moral


Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Euronews recoge en un titular lo que comentábamos ayer respecto al conflicto sobre derechos humanos entre Canadá y Arabia Saudí: "Canadá sola en la defensa de derechos frente a Arabia Saudí". Se ha consumado con ello el mayor atentado diplomático contra los derechos humanos, es decir, el silencio, la indiferencia, la cobardía, en última instancia, frente a un régimen represivo y retrógrado en sus planteamientos.
Canadá queda solo. Al menos diplomáticamente, pero cuenta con el apoyo de millones de personas que respaldan la defensa de los Derechos Humanos frente a los gobiernos autoritarios y despóticos. Es el momento de las organizaciones civiles, de manifestar el rechazo de la sociedad civil ante un país que cree que puede hacer lo que quiera con las personas, anulándolas, y además obtener el silencio internacional pagado con el dinero del petróleo. La denuncia de los derechos humanos no es una "injerencia", es un deber solidario. Arabia Saudí puede encarcelar, silenciar o ejecutar y el mundo debe estar callado.
La cuestión va más allá de Arabia Saudí y Canadá. Euronews recoge la voz de las autoridades saudíes:

El ministro de Exteriores saudí, Adel al Jubeir, rechazó las llamadas al diálogo de Canadá y dijo que "no hay nada en lo que mediar". Añadió que Canadá "ha cometido un gran error", y que corre el riesgo de enfrentarse a "un tercio de la humanidad": "Arabia Saudí es parte de la Liga Árabe, una gran organización islámica y Canadá debe entender que sus acciones han sido inaceptables no solo para Arabia Saudí, sino también para el resto de las naciones árabes y del mundo islámico".*


Se aprecia en la declaración una enorme falacia: confundir a la "humanidad" con los "gobiernos". Es típico de los megalómanos —el gobierno de Arabia Saudí lo es por muchos motivos— esta confusión. Pensar que los millones de musulmanes, en cuyo nombre dice hablar, respaldan los encarcelamientos de las dos mujeres saudíes, Samar Badawi y Nasima al-Sada, es revelador del papel mesiánico que el gobierno de Arabia Saudí. El integrismo y el petróleo siempre han hecho una mala combinación, perturban el entendimiento y ascienden el ego de la familia real —el único país que tiene el nombre de la familia propietaria, Saud—.
El "tercio de la Humanidad" se queda muy reducido si pensamos los millones de personas, del mundo musulmán que no comparten el integrismo wahabita de los saudíes. El mundo es tan libre de hacer este tipo de cuentas como las autoridades saudíes, ¿por qué no?
Si no sorprende nada el silencio oficial de los países occidentales (¿para qué complicarse la vida por un par de activistas saudíes?), tampoco sorprenden la locuacidad de de gobiernos de países como Egipto, cuya deuda con Arabia Saudí en grande en todos los sentidos, pese a la poca gracia que a los propios egipcios hace la prepotencia adinerada de los saudíes.
Ahram Online, el diario estatal egipcio, titula "Egypt voices support to Saudi Arabia in diplomatic row with Canada"* y explica la postura del gobierno:

Egypt expressed on Tuesday its support for Saudi Arabia in a growing diplomatic spat between Canada and the Arab kingdom after Ottawa expressed concern over the Saudi government's arrest of women's rights activists earlier this week.
In an official statement late on Tuesday, Egypt’s foreign ministry spokesman Ahmed Abu Zeid said that the dispute between the two countries comes as a direct result of the “interference of some international and regional sides lately in the domestic affairs of many countries in the region.”
Abu Zeid affirmed Egypt’s support for the stability and sovereignty of all Arab states, and stressed its solidarity with Saudi Arabia in rejecting any foreign interference in domestic affairs and attempts to undermine sovereignty.
Egypt’s statement comes nearly one day after Saudi Arabia expelled the Canadian ambassador and froze “all new business” with Ottawa over its criticism of the arrest of women rights activists.**


No sorprende nada esta rápida respuesta de un gobierno ampliamente condenado por sus violaciones de los Derechos Humanos, algo denunciado por todo tipo de instituciones, como el Parlamento Europeo o el Comité de Ginebra de Naciones Unidas, más cientos de organizaciones sociales de todo el mundo y del propio Egipto. En realidad, no se podía esperar otra cosa.
El gobierno egipcio trata de disimular así sus propias faltas, además de dar una muestra más de estar bajo la batuta saudí, algo que se puedo apreciar en la entrega —ampliamente rechazada por el pueblo egipcio— de las islas de Tiran y Sanafir. De nuevo, el protagonismo del portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores egipcio calificando la petición de Canadá como una injerencia en la "soberanía".
No le pasó nada al gobierno egipcio cuando el año pasado apeló a los (despreciables) derechos humanos para "inmiscuirse" en la soberanía de Myanmar por la situación de los musulmanes rohingya. Entonces, según parece, sí existían los derechos humanos y los países podían criticar a quienes no los respetaban. El famoso sentido del humor egipcio fue usado por su gobierno cuando denunció la situación de los derechos humanos en "Europa" al ser criticado por los abusos permanentes desde 2014, como también lo fue el gobierno de Morsi, al que se le advirtió sobre el deterioro del gobierno islamista en cuanto a derechos, marginando a los cristianos y a las mujeres. Europa se preocupaba por el pueblo egipcio y la respuesta de Mohamed Morsi fue la misma de al-Sisi ahora: nadie se debe inmiscuir en las cosas de Egipto o de Arabia Saudí. No sabemos si también incluye la amenaza de un tercio de la humanidad.


Se nota el déficit de civilidad en gobiernos de países que se consideran propietarios de sus ciudadanos, que carecen de otra voz que no sea para alabarles y dar gracias a Dios por su reinado o gobierno.
 Estados Unidos ha perdido —de nuevo— una gran oportunidad para demostrar que tiene capacidad de liderazgo moral y no solo capacidad intimidatoria, como está demostrando en cada acción de Trump en política tanto nacional como internacional.
Euronews señala:

La mayoría de los observadores coinciden en que el enfrentamiento con Canadá tiene el apoyo sordo y tácito de Estados Unidos.
El presidente Donald Trump es cercano a los saudíes y eligió Riad para su primer viaje al extranjero en el cargo. También respaldó el bloqueo de Arabia Saudita de su vecino Qatar.
Mientras tanto, sus relaciones con Trudeau están en plena disputa por el proteccionismo y los aranceles comerciales.
Canadá ha recibido por el momento muy poco respaldo de sus aliados tradicionales.
El Reino Unido ha reaccionado con tibieza, ya que Londres ha resaltado que Arabia Saudí y Canadá son "estrechos socios" y ha solicitado a ambos que midan sus acciones.
Mientras, varios Estados árabes y Rusia, que mantiene una agria disputa con Canadá por su apoyo a Ucrania, han manifestado su respaldo a Arabia Saudí.*

Esto cuadra con la retirada de los Estados Unidos del Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas, una iniciativa de Donald Trump, ante las críticas a la política seguida por el estado de Israel. De esta manera, Estados Unidos se desmarcaba de la política de los Derechos y entraba en una espiral en la que sus protegidos, Arabia Saudí e Israel, se siente fortalecidos en sus medidas.
El hecho de que esté habitando la Casa Blanca un mercachifle, acostumbrado a hacer negocios sin mirar más que el color del dinero está creando una forma política en la que se juntan los ataques a la prensa, la ausencia de apoyo a los Derechos Humanos, políticas migratorias condenadas dentro y fuera, etc.
Desgraciadamente, ser amigo de Trump, hacer negocios con él, se está convirtiendo en un aval de infamias en el que todo vale. Adiós a los ideales de un mundo algo mejor, algo más justo y algo más solidario. Con Trump, la política de lo peor avanza a pasos agigantados en todo el mundo. Los dictadores saben que bajo su ala se pueden cometer tropelías y pisotear los derechos de las personas que están bajo sus botas. El servilismo hacia Arabia Saudí por parte de aquellos que reciben dinero, en la superficie y soterradamente, arrastra en la infamia. Al-Sisi ha tardado poco en solidarizarse con sus ricos y despectivos vecinos. Hay que solidarizarse con los países cuando sufren, no cuando reprimen.
Los negocios islámicos que David Cameron se llevó a la City también le pasan ahora factura a Theresa May, que mira para otro lado y deja al pairo a un país de la Commonwealth, cuya reina sigue estando en el palacio de Buckingham.


Lo más irritante tras los hechos en sí es la apropiación por parte de Arabia Saudí de la voz de "un tercio de la Humanidad". Es mucho apropiarse. Antes de la Primavera Árabe se hablaba  de un "club de dictadores". Una vez caídos, se está montando un "club de dictadores piadosos", temerosos de que más hombres y mujeres —como las que han encarcelado— recuperen su voz. En Arabia Saudí se "mendigan derechos", cuyo mérito se lleva la generosidad y liberalidad del futuro rey, deseoso de ser amado y bendecido por el mundo entero. Las reformas son pequeños detalles, una campaña de relaciones públicas destinadas a acallar el escándalo de la indiferencia de Occidente y del apoyo explícito de muchos gobiernos árabes que, incapaces de enfrentarse a derechos y libertades, se esconden tras la piedad religiosa y la seguridad enmascarando su autoritarismo represivo. El régimen más retrógrado del planeta no puede apropiarse de nada que lo que pueda comprar con su dinero; no es ejemplo de nada.
Animamos a hacer visible el apoyo a las activistas saudíes, a las encarceladas, a las que lo han sido y a las que, desgraciadamente, lo serán. Hoy toca "ser Canadá" y apoyar la petición de liberación de las mujeres saudíes encarceladas, Samar Badawi y Nasima al-Sada, junto con otros activistas de derechos.




* "Canadá sola en la defensa de derechos frente a Arabia Saudí" Euronews 8/08/2018 http://es.euronews.com/2018/08/08/canada-sola-en-la-defensa-de-derechos-frente-a-arabia-saudi
** "Egypt voices support to Saudi Arabia in diplomatic row with Canada" Ahram Online 8/08/2018 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/1/64/309237/Egypt/Politics-/Egypt-voices-support-to-Saudi-Arabia-in-diplomatic.aspx



2014

miércoles, 8 de agosto de 2018

Con Trudeau y los derechos humanos


Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La información de la agencia Reuters desplaza en titulares el foco de la disputa entre Canadá y Arabia Saudí a los Estados Unidos, "Canada to ask allies to help cool Saudi dispute; U.S. offers no aid"*. Y hace bien, es significativo que los Estados Unidos de Donald Trump abracen saudíes mientras se mantienen distantes (o insultan a Justin Trudeau, como hizo Trump tras la última reunión del G7 a primeros de junio) de un país democrático como es su vecino Canadá. Pero así es la política seguida por Trump.
El conflicto se ha producido estos días tras las críticas a Arabia Saudí por parte de Canada respecto a las cuestiones de los Derechos Humanos, en especial, a los derechos de las mujeres. Arabia Saudí ha expulsado al embajador canadiense, ha hecho volver al suyo desde Canadá, ha suspendido los acuerdos comerciales y le ha pedido a las 15.000 estudiantes saudíes en universidades canadienses que regresen a casa, según  la información de Reuters.


La cuestión que se plantea es importante porque están por medio los Derechos Humanos y la forma de enfocar las relaciones entre países. Una constatación: el hecho de ser "aliado", "socio" o "comprador" permite pisotear los Derechos Humanos, es decir, los gobiernos anteponen los intereses económicos o estratégicos (o ambos) a lo que debería ser prioritario, la defensa de los pueblos que padecen la represión de sus gobiernos, que viven en constantes limitaciones más o menos cruentas según los casos. El propio gobierno canadiense se ha encontrado con una disputa interna, la ocasionada por la venta de vehículos militares a Arabia Saudí.
El régimen de Arabia Saudí es uno de los más retrógrados sobre la faz de la tierra; ya lo es entre los demás países islámicos. Sin embargo, las alianzas estratégicas en la zona y el petróleo (su peso en la OPEP) le convierten en prácticamente intocable. Occidente hace negocios con él de forma habitual. Los negocios son cuantiosos pues es la forma de asegurarse la "tranquilidad": mientras ellos puedan comprar o invertir en otros países tienen asegurada la protección. Velan por ellos los mediadores y los beneficiarios directos de los negocios. La excusa, claro está, es la seguridad de la zona, una vez establecida la idea de que las "revoluciones" democráticas en la zona traen desorden y las dictaduras, en cambio tranquilidad y prosperidad.


Lo hecho por Canadá es atípico y la fuerte reacción de Arabia Saudí solo tiene sentido para evitar que vean debilidad y que son criticados. La pretensión de los gobiernos islámico-teocráticos, oficial o extraoficialmente, de que son intocables tiene el fundamento mantener la idea de que son respetados en el mundo exterior. Es la forma de desalentar a los disidentes. ¿Qué ánimo se tiene para luchar en tu país si ves que los gobiernos extranjeros que dicen defender la democracia y los derechos humanos abrazan efusivamente a estos dirigentes autoproclamados como elegidos por Dios? La maquinaria propagandista interna y la férrea censura hacen el resto. Los que se saltan los bloqueos acaban mal, en la cárcel o en el patíbulo, con la cabeza cortada.
En 2015, el diario ABC se preguntaba en un titular "¿Por qué son casi idénticos los castigos en Arabia Saudí y en el «Estado Islámico»?" y llegaba a la siguiente conclusión:

La aplicación de mil latigazos -además de la pena de prisión- a un conocido bloguero, y la decapitación pública de una mujer, han vuelto a situar a Arabia Saudí a la cabeza de los regímenes con castigos más estremecedores para quienes infrinjan sus leyes. La diferencia en materia de castigos entre el sistema saudí y el yihadista que ha establecido un «califato» en el norte de Siria y de Irak se reduce casi a la publicidad: el Estado Islámico (EI) los difunde por internet, y Riad en cambio prohíbe que se filmen o se fotografíen. Hace pocos días, las autoridades saudíes encarcelaron a un funcionario de prisiones que tomó fotos de una decapitación pública.**


En efecto, nada complica más las relaciones exteriores que esas fotografías de ejecuciones de hombres o mujeres. Es lo que más daño hace a su imagen, construida a golpe de silencio y talonario. Los países "socios" o "aliados" tampoco están muy interesados en que salgan estas noticias que comprometen su situación ante la opinión pública en su propio terreno. Son ellos los que deben aguantar las acusaciones de los grupos de derechos humanos o de los exiliados. Esto vale para vehículos militares, como el propio Canadá, o para un tren de alta velocidad a La Meca, como España.
El diario explicaba esa identidad jurídica y penal señalando que ambos beben de la misma madre ideológica, el wahabismo, nacido en el siglo XIX en la propia e inexistente entonces Arabia Saudí. Aclaraba ABC entonces:

El pasado 16 de diciembre, el Estado Islámico publicó una lista de delitos, con sus respectivos castigos, para su difusión en los territorios que controla militarmente. Son crímenes «hadd», que los yihadistas consideran «contrarios a los derechos de Dios» y proceden de la tradición de los «hadith», los dichos del profeta Mahoma. En teoría son de obligado cumplimiento para todos los regímenes islámicos, pero solo los aplican en sentido estricto Arabia Saudí y el «califato terrorista».
La blasfemia, el asesinato y la práctica homosexual están castigados con la muerte: a espada y en plaza pública, en Arabia Saudí, o a cuchillo en los territorios del EI. El adulterio se paga con la lapidación en los dos territorios. El robo, con la amputación de una mano. El asesinato con robo, con la crucifixión en el Estado Islámico y la decapitación en Arabia Saudí. El consumo de alcohol, con la pena de flagelación. Se desconoce el número total de ejecuciones aplicadas por los yihadistas del EI, pero diversas oenegés estiman que Arabia Saudí ejecutó en 2014 a 87 personas; en las primeras tres semanas de este mes ya han sido decapitadas 15.**

Un bonito repertorio penal que complica mucho la vida de los gobiernos "amigos". Pero los saudíes tienen la espada en una mano y la billetera en la otra, lo uno vale por lo otro. Una de las más sorprendentes campañas es la que promociona la "apertura" del nuevo príncipe coronado. Falta poco para convertirle en la Madre Teresa, presentando como enormes logros y liberalidad que pueda haber salas de cine o que las mujeres puedan conducir. El listón estaba tan bajo que cualquier cosa —que ha tenido detractores y resistentes dentro— aparece como un logro inmenso.


El mundo se ha conmovido porque las mujeres saudíes pueden aprender a conducir e incluso salir con un coche; está por ver si solas o acompañadas. Es un logro para ellas, pero no significa nada en cuanto a la valoración del régimen.
Las mujeres saudíes han dado —algunas su vida— por una pocas migajas que, cuando hay hambre, parecen colosales festines. Pero no es más que una ilusión: el régimen sigue tan retrógrado como siempre. Se ha hablado de la "revolución silenciosa" de las mujeres saudíes. Es cierto, no es el régimen quien evoluciona, sino que las mujeres han tenido el valor de reivindicar sus derechos.

En las concesiones mínimas tiene mucho que ver la estrategia económica a largo plazo. Los saudíes saben que su única fuerza es el petróleo y el añadido de no beligerancia con Israel, que está en segundo plano. Aquí también se trata de una estrategia interesada: no quieren que Hamás y otros grupos islamistas vinculados a los Hermanos Musulmanes tengan acceso al poder. Son rivales en las ideas. Si el Estado Islámico y Arabia Saudí comparten una misma visión del islam, de corte wahabita, los "islamistas políticos" tienen su propio credo y agenda y no ven con buenos ojos las monarquías. Como suele ocurrir, una competición por ver quién está más cerca de la virtud y la piedad. Por supuesto, todos son enemigos de los laicos y reformistas que tratan de separar religión y política o, si se prefiere, las creencias religiosas de la vida pública. Pero esto no solo es inadmisible sino fuertemente castigable, la muerte directamente, como bien señalaba ABC.
Si más gobiernos hicieran lo que ha hecho Canadá (o lo que hizo Italia retirando más de un año a su embajador por la desaparición, tortura y asesinato del estudiante Giulio Regeni), habría más credibilidad por parte de los pueblos, que verían que la solidaridad con ellos no es solo palabrería.


Puede que Justin Trudeau se haya ganado algunos enemigos poderosos por hablar de los derechos humanos en Arabia Saudí, pero es seguro que muchos le habrán agradecido el gesto, incluidos muchos saudíes y la mayoría de los canadienses que le eligieron para algo más que mirar para otro lado. El compromiso era obligado, según explica Alex Neve, secretario general de Amnistía Internacional de Canadá:

There are likely two reasons Canada stepped in now, Neve said. One is Trudeau’s public commitment to women’s equality and human rights issues as a matter of foreign policy. The most recent arrests, he said, are “symptomatic of a crackdown on women’s rights activists that has intensified quickly over the last three months.”
The second, Neve said, is a matter of who was arrested: Nassima al-Sada and Samar Badawi. Badawi, a prominent activist who has been jailed before for her work, is the sister of Raif Badawi, a dissident blogger also currently under arrest in Saudi Arabia. Raif’s wife Ensaf Haidar lives with the couple’s children in Quebec, where they recently became Canadian citizens.
“That obviously brings both of their cases much closer to home,” [Alex] Neve said.***


La respuesta de Arabia Saudí ha sido como un estallido. A lo antes ya citado, ha retirado a los enfermos hospitalizados con tratamientos en Canadá y les ha buscado nuevos destinos, según informa Global News de Canadá.
La falta de respeto de Arabia Saudí por los Derechos Humanos no es su preocupación. Lo es, en cambio, que otros se lo recriminen oficialmente. La gigantesca campaña de imagen intentando mejorar al régimen a los ojos del mundo se quiebra cuando salen a la luz la situación cotidiana, la que les toca vivir. Las pocas reformas hechas —aquí hemos recogido algunas en estos años— no van a cambiar la situación real de las mujeres o de los que reclamen otro tipo de mejora democrática. El régimen de esta monarquía teocrática está a años luz.

El temor es a que el ejemplo dado por Canadá al criticar al régimen saudí pueda extenderse y se les complique la vida. La pérdida de sentido solidario internacional es palpable. En su lugar, solo queda ya sitio para los negocios y las alianzas mirando para otro lado. Arabia Saudí es intocable; ese es el mensaje que mandan todos los que miran para otro lado. Es así como uno de los regímenes más retrógrados del planeta, de donde sale mucho dinero oscuro para financiar doctrinas poco saludables, se crea un cinturón de seguridad.
Que Estados Unidos de Trump se inhiban y tenga mejor trato con los saudíes y dictadores de la zona que con Canadá lo dice todo. Aquello que se dio en llamar la "comunidad internacional" y que servía para evitar los excesos de las dictaduras ha desaparecido en beneficio del cálculo y el interés, algo que complace a inversores y déspotas. Las condenas en las Naciones Unidas se quedan en casi nada, en una pequeña vergüenza que dura unos días. Nada hay más peligroso que los dictadores con dinero. Lo son porque compran el silencio abriendo sus negocios a los que los aceptan. Siempre hay personas, grupos, empresas, países... dispuestos a aceptar lo que llega sin mirar el sufrimiento que ha producido. Pero no es ético enriquecerse con el sufrimiento y la falta de libertades de otros.
Nos sumamos desde aquí a la condena del encarcelamiento de Nassima al-Sada y Samar Badawi y pedimos su liberación. Tienen que seguir trabajando por las mujeres saudíes. 
Hay mucho camino por recorrer. Que no estén solas.


* "Is Canada being inconsistent about human rights concerns in Saudi Arabia?" Global News (Canadá) 7/08/2018 https://globalnews.ca/news/4374991/canada-saudi-arabia-human-rights-concerns/ 
* "Canada to ask allies to help cool Saudi dispute; U.S. offers no aid" Reuters 7/08/2018 https://af.reuters.com/article/worldNews/idAFKBN1KS23K
** "¿Por qué son casi idénticos los castigos en Arabia Saudí y en el «Estado Islámico»?" ABC 23/01/2015 https://www.abc.es/internacional/20150123/abci-castigos-arabia-saudi-califato-201501221323.html
*** "Is Canada being inconsistent about human rights concerns in Saudi Arabia?" Global News (Canadá) 7/08/2018 https://globalnews.ca/news/4374991/canada-saudi-arabia-human-rights-concerns/





martes, 7 de agosto de 2018

Los atentados, un año después


Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El descubrimiento de parte del sumario, a punto de cumplirse un año de los atentados terroristas en Cataluña por parte de una célula yihadista nos trae perspectiva interesante para la investigación del fenómeno de la radicalización religiosa y el salto a la acción terrorista.
La juventud de los miembros de la célula, criados y educados en España, y el estar creada y gestionada directamente por un imam la hace especialmente interesante para analizar los dos procesos básicos: el personal y el social, o si se prefiere, los móviles psíquicos y los socio-culturales.
Tras los brutales atentados se han ido descubriendo detalles, muchos de los cuales nos son ofrecidos estos días, como las imágenes que se hicieron para dejar testimonio de sus actos y conversaciones grabadas para ser distribuidas o simplemente como intercambio eufórico de expresiones ante lo que iban a realizar, un gran atentado —en la Sagrada Familia, en Barcelona, o en la Torre Eiffel, en París, donde estuvieron días antes. Las circunstancias les hicieron cambiar de objetivo.
Leer los diálogos y declaraciones entre ellos en las grabaciones que el diario El Mundo reproduce es una experiencia que nos debe hacer reflexionar sobre las muchas caras que el fenómeno del yihadismo terrorista tiene y sobre cuáles son las medidas que es posible tomar, ya sea como prevención o como detección.
Estamos preparados para comprender este radicalismo religioso como algo lejano y que nos llega con el deseo expreso de hacer daño. Sin embargo, el proceso es justo el contrario. De igual forma que la llamada del Estado Islámico produjo una corriente de yihadistas desde Occidente hasta los escenarios bélicos, la mayor parte de los atentados que hemos visto se han producido por personas asentadas, cuando no nacidas, en Europa.
El porqué de esta cuestión creo que es medianamente fácil de explicar. La mayor parte de los radicales religiosos en países en los que estaban perseguidos se instalaron en las comunidades musulmanas de los países europeos ya fuera porque tenían familias que les acogían o por sus propios círculos políticos religiosos. Mientras no pasaron  a la acción se les vigilaba a distancia, pensando que sus iras iban contra sus propios países, contra los gobiernos que los perseguían. Pero la situación fue cambiando.


La preocupación mostrada por los gobiernos europeos por el regreso al interior de sus fronteras de yihadistas ya curtidos en el entrenamiento militar y, especialmente, habiendo probado el sabor de la sangre en batalla y en los desmanes cometidos en los territorios que han estado ocupando dejaba de lado el efecto mimético. Este se produce en los más jóvenes, los crecidos escuchando y viendo las noticias sobre la guerra de siria y las "hazañas" de los atentados en suelo europeo.
El papel central del imam de Ripoll en la radicalización debe ser tenido en cuenta por lo que representa: un modelo de adoctrinador, de la persona que hace bajar las defensas naturales de la vida y los introduce en una cultura de la muerte, del premio en el otro mundo y de la gloria del guerrero.
Las polémicas sobre si el islam es o no una religión de violencia es una cuestión estéril para los efectos prácticos. No se va a convencer a nadie; los que dicen que sí saben atraerse a los que lo creen y los otros se distancian.
De los diversos fragmentos que el diario El Mundo reproduce del sumario, todos ellos muy significativos, este es quizá el que contiene el núcleo de las argumentaciones sobre lo que ellos creen que es ser "buen musulmán" y cuáles son las acciones que les definen:

Younes Abouyaaqoub: "Vamos a hablar en español. A sufrir".
Youssef Aalla: "Seres engañados, enemigos de Alá. Esto es para que sepáis que el musulmán tiene el honor y la fuerza con el apoyo de Alá, alabado sea. En cuanto a la humillación y la mezquindad, eso es para vosotros, enemigos de Alá".
Mohamed Hychami: "Nos queríais comprar con nuestros trabajos y vuestros... La vida no nos importa nada. Alá, alabado sea, nos ha elegido entre millones de hombres para haceros llorar sangre con el permiso de Alá, alabado sea".
Aalla: "Alá, alabado es, nos ha prometido el paraíso y a vosotros os ha prometido el infierno. Enemigos de Alá, esperad".
Hychami: "Todo lo que os tenemos preparado con el permiso de Alá. Os vais a arrepentir de haberos nacido. Sobre todo vosotros, Mossos d'Esquadra".
Aalla: "Malnacidos... jaja...".
Abouyaaqoub: "Cabrones".
Hychami: "Os estáis metiendo en un berenjenal. No sabéis dónde os habéis puesto".
Abouyaaqoub: "Ya estamos con la ayuda divina. Vamos a hacer vencer nuestra religión, nuestra creencia, y vamos a destrozar a nuestros enemigos con el permiso de Alá, todopoderoso".
Hychami: "Con el permiso de Alá, alabado sea".
Los tres a la vez: "Alá es el más grande".*


Los principios están muy claros y se repiten como doctrina a aquellos que lo quieren creer. El terrorismo yihadista se puede producir por la reacción contra la modernidad, como también lo hace el radicalismo social, que le crea después la sensación de heroicidad. Aquí, en España, lo podemos entender fácilmente por los recientes homenajes al asesino terrorista Santi Potros al salir de la cárcel y presentarse como un "héroe" por aquella parte de la población vasca que ya le aplaudió los crímenes. El mecanismo es el mismo. El yihadista aspira al paraíso; el etarra a que le pongan su nombre a la plaza de su pueblo.
La publicación de estos fragmentos no debe servir —como se aprecia en muchos de los comentarios— para acrecentar en rechazo al conjunto sino para fijarnos en los aspectos clave que hace que se llegue a este grado de radicalismo en personas que han crecido en las mismas escuelas y ciudades que sus víctimas.
Una cuestión clave es la salida de elementos radicales que llegan a sembrar entre las comunidades asentadas en los países europeos. Su presencia es consecuencia de las persecuciones en sus países, pero también por un deseo de "apostolado", por decirlo así, con lo que tratan de evitar lo que consideran la "occidentalización" y la pérdida de la identidad islámica. Es característico las comunidades fuera de sus países intensificar los elementos que consideran identitarios. La generación más joven es la más fácil de captar porque muchos se encuentran en tierra de nadie, culturalmente hablando.
El odio profundo que se encuentra en esas palabras recogidas —en el resto se ve la misma tendencia— en el sumario, la voluntad de hacer todo el daño posible, surge de un revanchismo con el que se alimenta a los menos privilegiados. No tienen nada en la tierra, pero lo tendrán en el cielo. En la tierra les queda la gloria del guerrero, ser recordados por todos como héroes.


La fase primera es la de desprecio de la vida, después la idea de haber sido elegidos para la gloria, ser instrumentos. Todo esto queda envuelto en una conciencia histórica del triunfo final, del cumplimiento de la victoria del que ellos formarán parte. Hay un segundo factor que es el factor emocional, que es el odio que se percibe en cada una de las palabras. Es un odio que va de lo concreto —los Mozos de Escuadra— a lo genérico —los cristianos, los "seres engañados"—. Es un odio en el que el manipular envuelve los demás sentimientos religiosos. Los "seres engañados" son los obstáculos para los planes de Dios, son los que una vez más han desoído y malinterpretado en mensaje. Ellos lo han comprendido correctamente y en esa lectura está convertirse en el brazo ejecutor de la divinidad en la tierra.

Mientras otras religiones han tratado de hacerse a los tiempos y cambian para adecuarse a los tiempos y sentires generales, el radicalismo islámico vive de las corrientes modernas de corte salafista, es decir, de regreso a las raíces, a la forma de vida de las primeras comunidades. Lejos de ser una cuestión personal, los que temen perder su influencia a través de la religión está acrecentando el sentido de defensa frente a las influencias de un mundo global. Cuando era fácil controlar las entradas de información, tenían en sus manos todo el poder. Pero la globalización de los medios de comunicación, que han llegado más allá de las clases ilustradas (de las occidentalizadas y de las islámicas), ha hecho que se intensifique la presión sobre las comunidades para evitar las "tentaciones" del abandono (ateísmo), la pérdida de identidad (occidentalización) o el desvío de la tradición (reformismo).
Creo que no hay ni explicación simple ni solución sencilla. En un mundo pequeño todo está conectado y de nada se puede escapar. Es evidente que es necesario reforzar y mejorar las medidas de detección a sabiendas que no son sencilla cuando se cuenta con la complicidad o el miedo de la una comunidad, muchas veces ceguera voluntaria.
La situación política de los países desde los que llega la inmigración no es sencilla: el que no es un caos es una dictadura y el que es estable es semillero reaccionario, como ocurre con Arabia Saudí. Las revoluciones y procesos poscoloniales no han logrado crear estados modernos, sino unas distancias enormes entre los que se occidentalizan y los que vuelven a las raíces a través del salafismo. A esas distancias se suman además las enormes diferencias económicas y educativas que generan.

Lo que es claro es el antioccidentalismo de unos (secuelas del colonialismo y de antinorteamericanismo creciente) y la transformación de la religión en violencia por parte de los sectores más radicales. Los primeros que padecen la violencia son ellos mismos, ya que ese movimiento no es solo contra Occidente sino contra aquellos dentro de la comunidad que no están dispuestos a plegarse a la dictadura social o personal.
Aquí hemos tratado críticamente el modelo egipcio de crear por decreto un "islam moderado". De muy poco servirá si se reprime a los activistas de lo único que puede frenar la violencia, los derechos humanos. Por eso la declaración de al-Sisi sobre lo poco adecuado de los Derechos Humanos para Egipto es uno de los grandes errores, otro más, cometidos. Por el contrario, Egipto se ha convertido en un estado represor y altamente autoritario, denunciado por los medios y las instituciones, profesionales o sociales, de todo el mundo. De las Naciones Unidas al Parlamento Europeo, de Amnistía Internacional a Reporteros sin Fronteras o Human Rights Watch, por citar solo algunos, han condenado las formas del régimen egipcio, que solo sembrará más violencia.
La astucia de los radicales es haber conseguido aislar a los reformistas y demócratas mediante la acusación de que son "traidores", vendidos a Occidente y que su objetivo es destruir desde dentro el islam. El mito arabo-islámico es precisamente el de la conspiración permanente contra ellos, el empeño del mundo en destruirles porque son los portadores de la palabra de Dios y se les ha prometido el mundo. Los radicales reciben financiación de los "piadosos" hombres de negocios que se hacen con su sitio en el paraíso mientras viven como reyes gracias a la situación de pobreza generalizada que les permite seguir controlando sus países. 


El diario El País se centra más en la figura del imam de Ripoll, el cerebro de los atentados y el adoctrinador del grupo. Se insiste mucho en que fue entrevistado hasta cuatro veces en 2012, tras su ingreso en la cárcel por drogas. Es de una enorme ingenuidad pensar que en ese tipo de entrevistas se va a conseguir mucho. Por el contrario, los más peligrosos buscan la colaboración cuando son detenidos, se muestran como víctimas de habladurías o malos entendidos y se ofrecen a informar, lo que les permite tener sus privilegios. Hasta que deciden actuar.
No se debe pensar en términos de fracaso policial. A veces tenemos la infantil pretensión de que por haber ido a ver a una persona esta confiesa sus planes y pide ser esposado. No es tan sencillo. Lo hecho por el imam no es nuevo. Es la forma de actuación habitual, pues vienen de países donde los contactos con policías brutales les han entrenado en el disimulo y aparentar la sumisión y colaboración. Tras repasar su trayectoria, El País nos cuenta su labor al salir de la cárcel por pasar 121 kilos de  drogas desde Marruecos:

Tras quedar en libertad, Es Satty viajó por distintos países -entre ellos Bélgica- y recaló finalmente en 2015 en Ripoll (Girona), donde la comunidad Annour le contrató como imán por 700 euros al mes. El secretario de la entidad, Minhaj Hammou, explicó a los Mossos que le pareció un “buen candidato” y afirmó que sus discursos eran “normales y nada radicales”. La rutina del cerebro de los atentados consistía en “ir de casa al trabajo y del trabajo a casa”, una idea que también confirmó su compañero de piso en Ripoll, que nunca observó un comportamiento extraño. Hammou afirmó sentirse “engañado” por el imán y mostró sus sospechas de que el imán logró “lavar el cerebro” a los jóvenes que finalmente cometieron el atentado. Tras el Ramadán de 2017, Es Satty pidió ausentarse tres meses para ir a Marruecos. La comunidad no le dio el permiso y dejó su tarea como imán.
Algunos familiares y personas del entorno de Es Satty -como el testigo protegido B-2- contradicen esa supuesta contención pública de Es Satty. Hafida Oukabir, hermana de Driss y Moussa, afirmó ante la policía que los sermones del imán eran “radicales”. “Hablaba abiertamente y por el altavoz de la Yihad y de la lucha armada, por la cual había que matar a los infieles”, detalló a los Mossos.**


No es fácil penetrar en estas comunidades en las que la vigilancia de unos a otros es constante. La misión de estos captadores es precisamente hacerse en la sombra con aquellos más fáciles de seducir. La cuestión teológica de qué debe hacerse con "aquellos que no creen en nuestros signos", los del "camino de la izquierda", y a los que se promete "fuego sagrado" tendrá la lectura que le quieran dar sin mucha dificultad. Basta con que se encuentren en el momento adecuado y se cree el estado emocional correcto. Una vez que crees que la vida vale poco y que su función es hacer lo que Dios te pide, el resto es sencillo.
Las fotos que aporta el diario El País parecen las de un grupo de adolescente realizando manualidades. Los textos de las grabaciones de El Mundo nos llevan a la cruda realidad: son asesinos cuya única preocupación es hacer el mayor daño posible a mayor gloria de Dios.
Los comentarios que siguen a los artículos son preocupantes. En un contexto de conflictos con la cuestión de la inmigración es muy fácil hacer demagogia. Y muchos la hacen. Los que quieren hacer carrera política, subir en las encuestas, ganar votos, etc. con discursos populistas anti inmigración usan el terrorismo como excusa, mezclando aspectos económicos, políticos e identitarios. Pronto todo es una peligrosa invasión que se come nuestros recursos y paga con sangre la mano tendida. Hay que evitar esto porque no lleva más que a una espiral de conflictos que se acaba convirtiendo en nuevas acciones. Es de la islamofobia y del racismo de donde sale la energía que los captadores atrapan para ponerlos al servicio de sus causas sangrientas. El odio se aprende en muchos lugares, de la escuela a la familia o en la mezquita, como señalan los testigos citados sobre los sermones del imam. 
Hay que gestionar de otra manera todo esto. La gran dificultad es el aislamiento de los que realmente pueden abrir puertas a la modernidad, el gran desafío del mundo árabe, que la rechaza en nombre de corrientes salafistas y similares o del antioccidentalismo, común en los discursos. 
Podemos prevenir, vigilar, seguir, etc. Pero no podemos cambiar las mentalidades, ni allí ni aquí. Preferimos ser aliados de países que tienen petróleo y las ideas más retrógradas antes que molestarles un poco. Estos días, Arabia Saudí ha expulsado al embajador de Canadá por denunciar la situación de los derechos humanos allí. Me parece muy bien lo que ha hecho Canadá, apoyar a la gente que lucha sola y en silencio, con el único apoyo de las organizaciones que piden su liberación después de ser encarcelados. Son ellos los que están dando la batalla de las conciencias, los que quieren países modernos y más libres. 




NOTA: Y un consejo: el atentado se produjo en mitad de la "cuestión catalana". Hay mucho paranoico suelto, por lo que los medios deberían cuidar su lenguaje y tono en estas cuestiones. Hablar de "puntos oscuros" porque Guardia Civil y CNI interrogaran (no "entrevistaron", que es otra cosa, ni "visitaron" que es un acto cortés) es dejar abiertas puertas que harán corriente. Ya es bastante complicada su labor para tener que aguantar este tipo de comentarios. No mezclemos las cosas, que ya están bastante revueltas. Allí y aquí.


* "Los terroristas del 17-A en la víspera de los atentados: "Os destrozaremos, enemigos de Alá"" El Mundo 6/08/2018 http://www.elmundo.es/cataluna/2018/08/06/5b687088ca47411d148b47d2.html
** "Agentes del CNI y la Guardia Civil se entrevistaron cuatro veces en prisión con el imán de Ripoll" El País 7/08/2018 https://elpais.com/politica/2018/08/07/actualidad/1533640276_604698.html



lunes, 6 de agosto de 2018

Los tres problemas de Casado


Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Los frentes que tiene ahora mismo abiertos Pablo Casado son tres: a) cómo gestionar su aterrizaje en la presidencia del Partido Popular; b) la percepción preocupada desde Europa de que trata de llevar al PP hacia una narrativa neoliberal y populista; y c) el culebrón del máster universitario. Son  tres cosas distintas, pero al convivir en el mismo cuerpo y espacio-tiempo las unas interactúan con las otras.
Es sorprendente la salida hacia adelante de Casado cuando era el candidato más débil por la tercera cuestión. ¿Pensaba que quedaría aparcada? Más bien lo contrario. Los titulares del diario El País son "La juez aprecia “indicios de responsabilidad penal” en Pablo Casado y eleva su caso al Supremo" (caso C), "Las claves del máster de Casado" (caso C), "El riesgo populista en España por la tensión migratoria pone en alerta a Bruselas" (centrado en Casado, caso B), "El PP de las trolas" (casos A y B). En el diario El Mundo es todavía peor.
La sorpresa por la elección de un líder tan débil es menor en la interpretación de Manuel Jabois, en el último artículo mencionado, "El PP de las trolas". Los enemigos creados por Soraya Sáenz de Santamaría a lo largo de los años se unieron para perderla de vista o, como se dice en el texto: «Más que mirar al futuro, se había mirado al pasado: unos para vengarse de él y otros, como el aspirante, para prometer no repetirlo.»*. No le va a ser fácil gestionar esto. porque ha sido una forma extraña de renovación elegir a un presidente que ya está en los titulares por causas legales.


La Historia dice que es más fácil caer por un precipicio cuando alguien te empuja. Los fondos de los precipicios están llenos de incautos que siguieron la sugerencia de mirar hacia abajo. También nos dice que la forma más sencilla de quitar a alguien de en medio es aprovechar sus propios errores. La cuestión de los "estudios rápidos" ya se ha cobrado una víctima importante en el PP, también una de las posibles candidatas a la dirección del partido en caso de relevo, la ex presidenta de Madrid. Veremos en qué queda el asunto en los tribunales, pero sí hay una cuestión segura: va a tener que vivir toda su vida política con ello. Esto supone una enorme debilidad para el Partido Popular cuando lo tiene al frente. No hay más que mirar la prensa para comprenderlo.
Lo preocupante es que obligará a Pablo Casado a intentar desviar la situación con otros motivos —el modelo Trump de distraer— y eso tiene un coste político, como hemos podido apreciar en sus salidas sobre el tema de la inmigración. Era lo más fácil, pero también lo más caro. Ya lo está viendo en las recepciones en la calle.
Preocupante también es que lo que no se dice como gobierno se diga como oposición, lo que resta credibilidad y más parece oportunismo. Hay intereses en que el Partido Popular haga un giro populista y nacionalista; lo hay a la vista de ciertos artículos aparecidos ponderando a los populistas europeos, como el austriaco y tratado de comparar a Casado con sus líderes.


El caso de Cataluña sigue abierto y con malas perspectivas. Una falta de contundencia en las instituciones europeas puede, efectivamente, producir un brote de nacionalismo antieuropeísta, algo que hasta el momento no hemos tenido más que de forma muy marginal.
Es ahí donde, según el artículo sobre el "riesgo populista", se manifiesta la preocupación europea, que teme "perder a España", atrapada en un futuro populismo xenófobo de derechas, al estilo de lo que se ha creado estos años en Europa y que ha sabido aprovechar (y provocar) su momento. La cuestión de la inmigración es fácilmente manipulable y no hace falta echarle mucha imaginación porque ya están inventadas sus narrativas y retóricas desde hace muchas décadas.  Mientras Europa trata de inventarse como unión, los populismos tratan de reconstruir los viejos modelos.
El riesgo de que ocurra un escoramiento populista es elevado si se produce un choque con dos partidos compitiendo por el espectro que anteriormente era coto del Partido Popular. Por eso criticamos la mala idea de Casado de eliminar las corrientes, sensibilidades, alas o como lo queramos llamar. Obligan a los debates internos y siempre hay más posibilidades de evitar los desastres que con partidos monolíticos. Es la fuente de la corrupción y genera una toma burocrática de los partidos, un aparato que se adueña de ellos.


A Europa parecen preocuparle menos los populismos de izquierda que los de derecha. Quizá sea porque ve el problema en los nacionalismos más que en la cuestión social. En efecto, los mayores problemas vienen de mano de los "nacionalismos patrióticos", como ocurrió con el Brexit en Reino Unido. La superación de la crisis de Grecia, que se vio como una gran amenaza —y lo era— se desvanece con la mejora económica. Las aguas volvieron a su cauce y la preocupación se centra ya en la inmigración, un problema para Europa y una oportunidad para aquellos que la quieren ver fracasar. El problema está que ninguna "respuesta" en Europa o en sus fronteras va a solucionar los problemas de origen, que son los que causan los movimientos migratorios.
En elecciones anteriores, especialmente en Cataluña, donde fue el partido más votado, Ciudadanos mostró más "firmeza" que el Partido Popular, que se vio arrastrado no solo a hacer  sino a decir, dos momentos distintos en la política. No todo lo que se hace se dice, ni todo lo que se dice se hace. Pero hay que tener cuidado con ambas cosas porque en manos de los demás pueden complicarte mucho la vida.
La tarea de Pablo Casado al frente del PP no es sencilla. Más bien está llena de complicaciones, las acumuladas en los años de gobierno y las que el propio Casado ha añadido a las debilidades del partido. Un líder que a las pocas semanas de ser elegido queda expuesto a las llamadas de los jueces presenta una situación de gran debilidad.


El Partido Popular salió del poder por una moción de censura, pero esta fue posible por la debilidad arrastrada en la legislatura por sus pobres resultados electorales para gobernar. Era cuestión de tiempo que se deshicieran de ellos. Ahora han apostado por Pablo Casado. Ni la juventud ni el desparpajo le van a poder defender como se tuerzan las cosas en los juzgados, de la misma manera que fueron los juzgados los que dictaron las condenas que arrastraron a Mariano Rajoy y lo llevaron a la vida tranquila de Santa Pola. Lo asumió después de años. 
Los tres problemas tendrán su momento juntos o por separado, o —como dicen los cursis— aprovechando la sinergia. Es duro que ya estén pidiendo tu dimisión, pero los problemas no surgen por generación espontánea. ¡Ay, los estudios...!


.* "El PP de las trolas" El País 6/08/2018 https://elpais.com/politica/2018/08/05/actualidad/1533493610_138513.html