domingo, 8 de julio de 2012

Rusia o el capitalismo feroz

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Si la misión de un titular es interesar y atraer al lector hacia la noticia, debo confesar que el de BBC Mundo de ayer lo hizo: «¿Por qué Rusia encarcela a tantos empresarios?». Hace tiempo que la Rusia de Putin nos sorprende con sus peculiaridades, como por ejemplo su forma de entender la “alternancia política” al frente del país del dúo gobernante, su particular sentido de las elecciones, su apoyo a los tiranos árabes, etc. Otra cosa que llamaba la atención era la presencia en las elecciones de candidatos millonarios, enriquecidos en distintos sectores, unos más turbios que otros, que han optado a diversos puestos, desde la presidencia a la alcaldía de Moscú, por poner un caso. El multimillonario Román Abramovich, por ejemplo, fue diputado y gobernador de la región de Chukotka, además de ser dueño del Chelsea y de un equipo en la Fórmula 1. También en las últimas elecciones presidenciales algún millonario trató de enfrentarse sin éxito al zar Putin.
Lo que nos cuenta la BBC sirve para aclarar algunas de estas situaciones y tratar de entender la complejidad rusa:

En los últimos 10 años, Rusia ha encarcelado a casi tres millones de empresarios, en muchos casos de manera injusta. La cifra fue dada a conocer por el nuevo defensor de los derechos comerciales de los empresarios, Boris Titov, quien dice que es "difícil de encontrar otro grupo social que sea perseguido a una escala tan grande". ¿Cómo ha ocurrido esto?
Durante años, los empresarios se han quejado de que existen personas que han podido incriminar a sus rivales comerciales mediante el pago a policías corruptos para que siembren evidencias y realicen arrestos. Pero sólo ahora están siendo tomados en serio.*

Peleas de multimillonarios rusos
Hacer negocios en Rusia parece ser complicado y endogámico, pues con este panorama es difícil que alguien se arriesgue a competir por lo que pueda ocurrir. Los testimonios de los empresarios quitados de en medio por sus rivales demuestran que allí la competencia comercial se asemeja bastante a la política, es decir, feroz, autoritaria y corrupta. La BBC señala que, solo en 2011, han sido 84.000 millones de dólares los que han salido de Rusia para inversiones en otros países, que sería una forma de mantener los capitales lejos de la inseguridad de la madre Rusia. No es de extrañar tanta compra de equipos de fútbol ingleses, de baloncesto en la NBA o de Fórmula 1, como casos conocidos.
La forma de eliminar a los competidores empresariales se basa en la denuncia, en la mejor tradición de las dictaduras totalitarias, de los nazis a la soviética, en las que las acusaciones son ya condenas de hecho. El sistema mafioso se ha enquistado en todos los niveles y los viejos vicios que pasaron del mundo zarista al soviético perviven en esa jungla de capitalismo feroz que es Rusia. El artículo nos muestra algunos casos:

"La economía se destruirá por completo", dice el empresario Vladimir Perevezin. "No nos sentimos seguros en nuestro país, cualquiera puede ser enviado a la cárcel".
Perevezin sabe de qué se trata. Fue encarcelado por más de siete años después de ser incriminado, dice, por lavado de dinero.
Su amigo Valery Gaiduk también fue enviado a prisión por tres años, tras ser declarado culpable de fraude. "Estoy 100% seguro de que un rival pagó para que me arrestaran", dice.
Gaiduk era copropietario de un consultorio odontológico exitoso, pero -según él- los agentes policiales aceptaron un soborno de $500.000 para incriminarlo.*

Más peleas de millonarios rusos

La Policía acepta los sobornos y los fiscales y jueces no se atreven a llevarles la contraria por temor a acabar en no se sabe muy bien dónde. Las pruebas que se aportan no se discuten demasiado y el empresario acaba en la cárcel y el rival haciéndose con el hueco del mercado que le interesaba, pozos petrolíferos o consulta de dentista. Todo muy legal, como se ve.

En el mes de marzo, Euronews nos contaba:

El empresario ruso Alexei Kozlov ha sido condenado a 5 años de cárcel por malversación de fondos y tentativa de blanqueo de dinero. Según la defensa, este caso, muy mediatizado y en boca de toda la oposición, ha sido montado por un exsenador influyente y exsocio de Kozlov. "Vengüenza", gritaron al conocer la sentencia seguidores del empresario, que fue evacuado del tribunal por las fuerzas del orden.**

En octubre de 2011, también la BBC nos ofrecía con el titular “Batalla legal de millonarios rusos da comienzo en Londres” la siguiente noticia:

El litigio lo mantienen Boris Berezovsky, oligarca crítico del gobierno ruso, quién afirma que fue forzado a vender, por un valor inferior al real, sus acciones en una de las mayores empresas rusas al empresario Roman Abramovich, dueño del club de fútbol Chelsea.
Abramovich niega que haya amenazado con emplear sus conexiones con el gobierno ruso para que se expropiaran las acciones de Berezovsky si éste se negaba a venderle las acciones, que habrían incluido el 43% de la compañía petrolera rusa Sibneft.**

El hecho de tener que salir de Rusia para litigar sobre esta cuestión es indicativo del poco valor que le conceden al sistema judicial ruso por las presiones mafiosas o del poder —¿hay diferencia?— sobre los que se ven amenazados.

En 2008, en el inicio de la crisis económica mundial, Rusia dio el salto más espectacular en el número de multimillonarios:

La cantidad de ricos en Rusia aumenta como la espuma cada día que pasa. Según datos facilitados por la edición rusa de la revista norteamericana Forbes, el número de fortunas de más de mil millones de dólares (670 millones de euros) ha pasado en un sólo año de 60 a 110, prácticamente el doble. Mientras tanto, casi 27 millones de rusos de los 134 que tiene el país subsisten con menos de 90 euros al mes.
El más modesto entre los potentados del gran país eslavo tenía 660 millones de dólares en 2004, cuando Forbes publicó la primera lista de multimillonarios rusos. Ahora, su patrimonio supera los 1.100 millones de dólares. El más acaudalado de todos es Oleg Deripaska, dueño del consorcio alumínico «Bázovi Element» (Elemento Básico), con una riqueza de 28.600 millones de dólares, la novena del planeta.***

Moscú es la ciudad con más multimillonarios, por encima de Nueva York. La impresión que se tiene uniendo todas las piezas que hemos visto, es que se ha pasado en Rusia de la “lucha de clases” a la “lucha de clase”, ya que parece ser que esta “clase” no necesita pelearse con otras, sino que tiene ya bastante con pelearse con sus iguales. Los tradicionales “tribunales de la competencia”, a los que estamos acostumbrados en Occidente, han sido sustituidos por la “competencia en los tribunales”, ya que estos son utilizados para eliminar a los rivales comerciales. Ese es el sentido general del artículo de la BBC y la queja de los empresarios perjudicados que ven cómo los tribunales presionados actúan en su contra.
Y es que este peculiar “laissez faire” ruso ha conseguido reunir lo peor de ambos mundos, del capitalista y del soviético. Los que lo acaban pagando, como siempre, son los pobres rusos o los rusos pobres, condenados a ver como máximo espectáculo este circo romano en el que las fieras adineradas se devoran unas a otras.


Pocos días antes de las elecciones rusas, en febrero, un grupo punk femenino, integrado por cinco enmascaradas, las Pussy Riot (¡buen nombre!), iniciaron un peculiar rezo a la Virgen en la catedral del Cristo Salvador en Moscú. Pedían a la Virgen que les librara de Putin: "Madre de Dios, echa a Putin", era su estribillo. Las tres integrantes identificadas de Pussy Riot se enfrentan a siete años de cárcel. No son empresarias, pero seguro que encontrarían rápidamente un patrocinador. Desde aquí nuestra solidaridad.

* "¿Por qué Rusia encarcela a tantos empresarios?" BBC Mundo 7/07/2012 http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2012/07/120705_rusia_empresarios_carcel_en.shtml
** "El empresario ruso Alexei Kozlov condenado a 5 años de cárcel" Euronews 15/03/2012 http://es.euronews.com/2012/03/15/el-empresario-ruso-alexei-kozlov-condenado-a-5-anos-de-carcel/
*** "Batalla legal de millonarios rusos da comienzo en Londres" BBC Mundo 3/10/2011 http://www.bbc.co.uk/mundo/ultimas_noticias/2011/10/111003_ultnot_rusos_oligarcas_aa.shtml
**** "El número de multimillonarios rusos pasa de 60 a 110 en sólo un año" ABC 19/04/2008 http://www.abc.es/hemeroteca/historico-19-04-2008/abc/Internacional/el-numero-de-multimillonarios-rusos-pasa-de-60-a-110-en-solo-un-a%C3%B1o_1641806511937.html




sábado, 7 de julio de 2012

Banksters, la otra calle sin nombre

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Se ha abierto la caza. El escándalo de Barclays Bank y la manipulación del LIBOR, la multa de 450 millones de dólares a la entidad, y las posibles consecuencias que se abren van más allá de una temporada en las primeras páginas alternando con Rupert Murdoch y los Juegos Olímpicos londinenses. Canadá y Japón se han visto envueltos en el mismo caso y el Deutsche Bank espera a que le llegue su hora, según  apuntan algunos. En España, las imputaciones florecen en bancos y cajas. La temporada ha comenzado con abundancia de piezas.
The Economist ha concretado el asunto del LIBOR en un titular sintético y expresivo: “Banksters”. No ha necesitado decir mucho más, solo acompañarlo por la ilustración de un grupo de individuos siniestros luciendo las señas de identidad de los Reservoir Dogs, a lo Tarantino: trajes oscuros, gafas negras, corbatas llamativas. El paralelismo gráfico y simbólico no admite equívocos. Es en las corbatas donde se muestran las diferencias entre ellos, aunque probablemente estén compradas en el mismo sitio y quizá con el mismo botín.



The Economist señala dos prácticas negativas de este escándalo mayúsculo. La primera de ellas la manipulación para lucrarse. El diario señala que esto va más allá de Barclays, que es solo la punta: “They were also colluding with counterparts at other banks, making and receiving requests to pass on to their respective submitters. A similar picture of widespread collusion emerges from documents related to the Canadian investigation. This bit of the LIBOR scandal looks less like rogue trading, more like a cartel.”* De ser así y no una práctica de unos cuantos, sino una auténtica estafa coordinada, el escándalo va tener más que consecuencias de imagen o multas. De nada servirán las culpas de Diamond a unos pocos "traders". Se enfrentan, como bien señala The Economist, a demandas multimillonarias, además de las multas y demás penalizaciones.


El segundo aspecto plantea puntos mucho más complicados: las decisiones que las autoridades han tomado respecto a los bancos, las ayudas concedidas, etc., partían de un análisis manipulado de la situación financiera:

During the crisis, a high LIBOR submission was widely seen as a sign of financial weakness. Barclays lowered its submissions so that it could drop back into the pack of panel banks; it has released evidence that can be interpreted as an implicit nod from the Bank of England (and Whitehall mandarins) to do so. The central bank denies this, but at the time governments were rightly desperate to bolster confidence in banks and keep credit flowing. The suspicion is that at least some banks were submitting low LIBOR estimates with tacit permission from their regulators.*


La estafa tiene consecuencias hacia abajo, a todos los afectados por la aplicación de los bancos a sus clientes, pero también consecuencias hacia arriba, de política económica en todos los niveles. Si se demuestra, como señala The Economist, que hubo connivencias con el Banco de Inglaterra, el banco central, las cabezas que caerán dejarían insatisfechas hasta a la Reina de Corazones.
“La calle sin nombre” (The Street with No Name 1948)  es una magnífica película de William Keighley. Nos muestra el enfrentamiento entre el FBI y el repunte de las bandas mafiosas que han vuelto a la carga pasados los tiempos clásicos de Chicago, con  Capone, Nitty y compañía. El film comienza con una cita de John Edgar Hoover, el siniestro director del FBI, diciendo que existe una "calle sin nombre", que va de la Costa Este hasta la del Pacífico, que el crimen recorre con impunidad. El jefe de la banda, Stiles, maravillosamente interpretado por Richard Widmark, es un gánster “científico”, elegante y refinado, capaz de seleccionar el personal de su banda consiguiendo las fichas de los criminales candidatos de las mismas oficinas del FBI, que están actuando sin saberlo como formadores de la banda de delincuentes. Stiles ha conseguido poner a su disposición a los servicios de la policía científica, que incluso le extraen las huellas de las armas que les lleva para saber quién se ha infiltrado entre sus filas. Se crea así una irónica situación en la que gánsteres y federales utilizan las mismas técnicas de investigación para conseguir sus objetivos. Ladrones haciendo de policías científicos y policías haciendo de ladrones.

Parece que algunos bancos o banqueros (como quieran, para que no haya sutilezas) han actuado de forma similar y se han aprovechado de las técnicas que deberían poner al servicio de sus clientes para sus propios negocios fraudulentos.
De nuevo, tenemos la calle sin nombre, una calle que esta vez, parafraseando a Hoover, va de la City a Wall Street, un calle sin ley. Los “banksters” vuelven a recorrerla como en los mejores tiempo de Capone.

* "Banksters. How Britain’s rate-fixing scandal might spread—and what to do about it" The Economist 7/07/2012 http://www.economist.com/node/21558260





La prevaricación informativa

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Una vez más, se afrontan los relevos en Televisión Española con un debate complicado porque siguen la inercia envenenada de los relevos anteriores. El diario El Mundo nos informa de los resultados del “referéndum” realizado en la casa para explicar numéricamente qué les parece el nuevo director propuesto para los informativos:

El censo para esta consulta, realizada durante las jornadas del jueves y el viernes, abarca un total de 1.607 personas. En ella ha predominado la abstención, que ha ascendido a 1.135 periodistas (un 70%). Sólo se han registrado 472 votos (29% del censo).
De estos 472 votos, sólo 38 personas (el 8%) se han mostrado favorables a la designación, mientras que 335 (el 70%) se han posicionado en contra y 99 (20%) han votado en blanco.*

No sé si son resultados sorprendentes o no. Depende de lo que cada uno esperara y se han hecho interpretaciones muy diversas, casi extremas, radicales y perversas de los mismos datos. Televisión Española y Radio Nacional tienen muy buenos profesionales; eso lo saben y lo dice todo el mundo, empezando por los espectadores y oyentes. Ser buenos profesionales no significa ser del gusto de todos. Es casi imposible que los periodistas tengan aceptación política unánime. Pero tampoco los periodistas deportivos, los críticos de cine, los gastronómicos o cualquier otro que complete una frase y la publique. Los problemas vienen por otro lado.

Titulares de El Mundo
El sentido de la propiedad de los políticos sobre Televisión Española y los canales autonómicos es absoluto y mientras esto sea así —y es difícil que deje de serlo—, se seguirán produciendo conflictos y recelos.  La profesión periodística tiene además una larga memoria de agravios y cuentas ajustadas en los caminos que dificulta el trabajo de los profesionales. No creo que exista profesión más dividida que la periodística. Y lo es contra sus propios intereses, porque si estuviera más unida podrían defenderse mejor y hacer causa común de la independencia —que no es lo mismo que la neutralidad ante lo que ocurre— con la que afrontar el día a día.

Titulares de El País
El gran pecado del periodismo es la prevaricación informativa. Prevaricación es escribir sectariamente, al dictado, injustamente, incumpliendo el compromiso con los lectores, algo consustancial al Periodismo. El prevaricador informativo siempre tiene escrito el titular y las conclusiones. El sectarismo es lo opuesto a la información, en sus fines y en sus medios. El periodista decide cada día y lo hace ante el tribunal de su conciencia primero y de sus lectores, oyentes o espectadores después. La hipocresía de algunos es pensar que eso es solo algo a lo que están obligados los periodistas de las cadenas públicas, y que desde sus atalayas privadas pueden jugar a ser como la prensa deportiva, que anima sin tapujos a su equipo con tal de vender. El contrario siempre mete los goles en fuera de juego y sus entradas merecedoras de tarjeta roja. El periodista puede y debe tener ideas, pero no debe tener “equipo”.
La connivencia entre periodistas y políticos es un mal casi irremediable que no gusta a la mayor parte de la profesión, que lo que suele buscar y preferir es que se respete su voluntad de equivocarse honestamente y no tener que escribir al dictado de nadie. Pero hay otros que disfrutan de ello y entienden el periodismo como parte de una causa general que es el poder. Esto es un gran error del que muchos se benefician y, por tanto, difícil de erradicar. Erradicar significa “arrancar de raíz”, algo casi imposible en este campo que tiende más a recortar todo lo que pueda el bonsái de la independencia periodística.


Y es que nos equivocamos cuando pensamos que todos los periodistas quieren ser independientes. Es nuestra deformación racionalista, como la que nos induce a pensar que la gente normalmente constituida ama el bien. Pero la independencia siempre es un camino peligroso, desagradecido, y cuya luz al final de túnel suele provocar dolores de cabeza. Por el contrario, al igual que ocurre en otros sectores, el medrar, el servilismo, los silencios cómplices, se suelen cotizar al alza y provocan pingües beneficios a aquellos que los practican. Si, además de servil, eres déspota con los subordinados, a los que obligas a seguirte la corriente ideológica, tienes casi asegurado un puesto y un (buen) sueldo para el resto de tu vida. El puesto puede ser itinerante, pero siempre lo tendrás si realizas tus tareas propagandísticas con eficacia allí donde vayas. Siempre hace falta gente así para que funcione la cadena de mando.

Tiene razón la periodista Ana Pastor —una buena profesional, que también aguanta lo suyo—, al señalar en el mismo diario “que la televisión pública debe gustar a los ciudadanos y no a los políticos”**. Lo malo es llegar a saber si también a los ciudadanos les gusta la independencia o si son tan sectarios como los políticos a los que eligen, y gustan de la sangre y el degüello mediático. A los políticos, sectarios por naturaleza, les gustan los países a su imagen porque así cada uno tiene su propio cubo en el que pescar. No basta con gustar al público; hay que hacer que le guste y valore la independencia informativa. Los premios repetidos a los informativos de RTVE, por parte de profesionales y público, así lo acreditan.
Cuando le preguntan sobre si recibe llamadas de los políticos, Ana Pastor contesta:

—Recados políticos llegan. La cuestión es si se aceptan o no. Yo creo que lo que ha distinguido esta etapa es que, si llegan (los recados) nuestro trabajo es el mismo. Nuestros aciertos y nuestros errores son nuestros, no son de los políticos. Ésa es una de las grandes ventajas que tenemos ahora los que trabajamos aquí en TVE.**

Y es que al político lo primero que le enseñan, hasta en esos campamentos de verano para los alevines, es a cómo entrarle a la prensa, cómo camelarla, cómo detectar quién es de los tuyos y quiénes de ellos. Los periodistas están en las agendas políticas con crucecitas y asteriscos, marcando por dónde respira cada uno, a quién se puede llamar para contarle o que te cuente en cada caso. Es un mal que algunos les viene muy bien.

Lo más sorprendente es el aumento del sectarismo en las empresas periodísticas privadas a la par que crece su exigencia de un equilibrio en las públicas. El argumento de que se financian con los impuestos de todos puede ser importante, pero eso no justifica el sectarismo propio. Si las empresas informativas no tratan de mantener su independencia es porque no les suele interesar; sacan más provecho apostando por caballos ganadores.
El ejemplo de Murdoch en el Reino Unido es elocuente. Lo que los medios venden a los políticos es miedo, el temor a ser atacados desde distintos flancos y encontrarse sin defensores en la arena pública, en el ruedo. De ahí su terror a dejar las empresas públicas de comunicación en manos de personas que no sean controlables, que necesiten más de una llamada al orden. El miedo a no ser defendidos se complementa, como es lógico, con el miedo a ser atacados. Son las dos mitades de ese vaso mediático medio lleno de críticas, medio vacío de apoyos.
La obsesión política con la imagen, las encuestas, etc., se convierte en histeria, pactos y aumento del deseo de control. Las críticas son “ataque frontales” y las alabanzas “normalidad”; una entrevista a un político de la oposición es ya “una conspiración” y dos un “atentado”. Esos recuentos de minutos dedicados a cada político o partido causan sonrojo por la extraña concepción salomónica de la realidad informativa que transmiten.


Una conciencia cínica, a la que algunos gustan de llamar “realista”, de la política y de la información se ha adueñado de una parte importante —más en peso que en tamaño— de ambos sectores. Es la idea maquiavélica de que lo importante es el poder y las formas de conservarlo. La información es una herramienta necesaria para mantenerlo. La versión maquiavélica no es democrática por más que se realice en una sociedad que vota. Y no lo es porque parte de una concepción negativa de poder y sociedad. La versión positiva de la democracia, por el contario, ve en la información un instrumento para la mejora del conocimiento de los problemas sociales, de la apertura de debates para encontrar las mejores soluciones, etc. ¿Idealismo? Sí, pero hace falta.

* "El 70% de informativos de TVE se abstiene en la consulta sobre Somoano" El Mundo 6/07/2012 http://www.elmundo.es/elmundo/2012/07/06/comunicacion/1341602232.html
** "Ana Pastor: 'La televisión pública debe gustar a los ciudadanos y no a los políticos'" 7/07/2012 El Mundo http://www.elmundo.es/elmundo/2012/07/06/television/1341601736.html




viernes, 6 de julio de 2012

Faulkner, Franklin y Monterroso o el libro disputado

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La Vanguardia de hoy nos recuerda que hace 50 años falleció el escritor William Faulkner, al que entonces se calificó como “un gigante de la literatura norteamericana”. En la noticia se recoge el suelto de EFE con las palabras de John F. Kennedy señalando que el escritor “figura, seguramente, entre los más grandes escritores de nuestro tiempo”. No sé si el “nuestro tiempo” de Kennedy, el que reconoció las virtudes de Faulkner, es ya el nuestro. Es el reconocimiento social el que permite la vida de las obras. No hay grandes escritores en un mundo pequeño. Sin lectores, no hay grandes obras, solo barcos que se alejan de nuestras costas llevados por el viento de la ignorancia y la indiferencia.
Salía tarde ayer de la Facultad, rondando las siete, cuando en la entrada del Metro me encontré a Pepe, el librero ambulante del que ya he hablado y dedicado algún escrito. Había instalado esta vez su sábana con el contenido de las dos bolsas de libros a la sombra del contenedor de basuras que los limpiadores del metro han instalado para que se depositen los papeles de propaganda que los repartidores entregan a los viajeros, que se deprenden de ellos pocos metros más allá.

El libro disputado
La sombra alargada de la tarde evitaba que los que se pararan a mirar los libros se cocieran al sol, precaución excesiva pues no había nadie ante el puesto. Me paré, como hago siempre, para ver su oferta librera y llevarme un par de obras. Por ese elemental mecanismo social que hace que si uno se para, otros lo hagan, pronto se acercó una pareja de estudiantes, ella interesada en los libros y él interesado en ella. Tras revisar la oferta del día, cogí una novela de una autora persa y, para regalar, una edición de Movimiento perpetuo, de Augusto Monterroso. Allí quedaron, en primera fila de la sábana, un Ficciones de Borges y un Crónica de una muerte anunciada, entre otros como La tía Tula o algunas obras de Ibsen en inglés.
Mientras yo charlaba con Pepe, la muchacha cogió el Ficciones y nerviosa se puso a remirar la oferta, hasta que, desesperada, me cogió del brazo para ver qué libros me llevaba. Intentaba saber el destino del libro de Monterroso que, efectivamente, tenía yo. Me hizo gracia el descaro y le dije que no había ningún problema, que como era para regalar y yo ya lo tenía, me daba igual llevarme un García Márquez o un Borges y dejarle a ella el Monterroso. Se sintió de repente avergonzada y nos entró a todos el ataque protocolario del “no, no, si a mí me da igual” y el “perdone, perdone”. Para que ella no se sintiera culpable, terció Pepe diciendo “no, si este señor se los llevaba para regalar”, y aportó el testimonio de esa “rareza” mía. Finalmente, la muchacha aceptó mi argumento de que lo que de verdad me importaba era que alguien interesado lo leyera y que había que sembrar antes que tengamos que explicar con fotos qué era un libro y contar lo que había dentro, aunque esto último ya lo hacemos. No iba yo a interponerme entre un lector y su libro tras ese flechazo.

Hace unos días me llamó la atención ver en el vestíbulo del metro de la Ciudad Universitaria a una joven ensimismada, indiferente al tráfico de gente, leyendo Las hijas del fuego, de Gérard de Nerval, en la vieja edición de Bruguera. Estaba allí, en una esquina, aislada dentro de su obra, probablemente esperando la llegada de algún compañero. Siempre que veo o se menciona a Nerval, me acuerdo de Maica, antigua alumna y amiga hoy, que convirtió a escritores como Byron o Nerval, dandis exquisitos y rebeldes, en emblemas vitales para combatir el aburrimiento, genuino tedio baudeleriano que le produce el noventa por ciento de los autores y libros de los que tiene que escribir cada día. Ella sigue en su lucha cotidiana para convencer a sus amistades de las cosas que hizo Byron con su oso o Nerval con la langosta que sacaba a pasear. Es anecdotario friqui de la literatura, que convence a los demás de que si ya es de raros leer, los que los escribieron también lo eran, manteniéndose en segundo término preventivo, como el muchacho que acompañaba a la lectora de Monterroso. Y así se va escindiendo el mundo entre lo que leen y los que revientan burbujitas en su teléfono “inteligente”, que efectivamente suele ser lo más inteligente que algunos llevan encima.

La república byroniana del inconformismo lector irá creciendo. Son los que se alimentan de libros de segunda mano, que les parecerán más interesantes que los se les vende bajo presión mediática, a golpe de promoción y entrevista. Los máximos responsables de la degradación del gusto lector son los editores y, en general, aquellas personas que han rodeado de comercialismo un mundo que tiene la mala suerte de estar entre el arte y el negocio, entre la cultura y el ocio; que es pasto de profesionales interesados en lo suyo, y eso incluye a críticos, profesores y demás relacionados. Vender, se vende lo fácil y así seguimos bajando, bajando.
Cuando se piensa en la popularidad de un William Faulkner o de otros autores, que no eran precisamente fáciles de leer porque no renunciaron a la idea de que un autor es alguien que doma al público y no al contrario, no deja uno de sentirse pesimista ante los derroteros de la cultura, sustituida por la idea de industrias culturales. Hemos destrozado nuestro sistema de formación al dejar de creer en la formación de la persona en ámbitos que no tienen “aplicación” directa y no hay forma de medir su rendimiento. La idea de que la cultura no es necesaria para triunfar en la vida y que empresarios, deportistas, actores y demás líderes sociales son felices y ricos sin abrir un libro, ha cundido. Ha sido fomentada por la gente profundamente inculta que es incapaz de entender que hay principios sobre los que se sostiene el mundo que no son los de la física material, sino los de la física de las ideas, que son las que elaboran nuestro concepto de equilibrio social y personal, nuestros valores, y marcan nuestros rumbos.


Es la ausencia de rumbo lo que determina precisamente nuestra sociedad vacía. Los rumbos vitales han  sido sustituido por los “objetivos”, práctica plana tomada del mundo de las empresas automatizadas, que a su vez provenía del mundo anímico del que surgieron estas prácticas, esa pragmatismo anglosajón que llevó a Benjamín Franklin a escribir su lista de trece virtudes, con veinte años, y a practicar una y solo una cada semana el resto de su vida. No hay duda de que Franklin fue un hombre sistemático, aunque él mismo dudaba sobre si había sido un hombre virtuoso.  Fue un gran hombre, un hombre práctico.  Su justo destino fue prestar su rostro generosamente al billete de cien dólares. 


Nuestra enseñanza se parece mucho a la lista de las trece virtudes de Franklin. Cada semana se practica algo que se ignora la siguiente. Y es porque no hay rumbo, solo objetivos. Sin rumbo, no hay formación de la persona, que simplemente es “idónea”, término que gusta mucho en esta sociedad que hemos hecho, ya que implica que nada vale por sí mismo, sino que siempre se “vale para algo”. Lo malo es que ese algo es siempre exterior a nosotros mismos, siempre nos viene dado por el que decide si somos idóneos o no. No habrá juicio final, sino selección de personal.

Gérard de Nerval
Por la cultura no se llega a la santidad. Por la cultura se llega a la autonomía de la persona en la medida en que desarrollas tus propios criterios, tu capacidad de razonar y tener razones, que son dos cosas distintas. La cultura da criterio, capacidad de juzgar, de tomar decisiones, pero eso parece ser que solo está reservado a algunos. Convertida la enseñanza en una maquinaria ciega, lo que queda es la rareza, la vida asintótica, el gusto inconformista alejado de la inercias del consumismo cultural o de cualquier otra forma industrializada del gusto.
Es positivo que alguien te dispute un libro en la puerta del metro. Para ella será un libro con historia, el libro que le arrebató a un tío muy raro que lo había pillado antes. Seguro que comenzó a leerlo esa misma noche. Me produjo una gran satisfacción ceder en esto.

* http://hemeroteca.lavanguardia.com/preview/1962/07/07/pagina-15/32708378/pdf.html

Augusto Monterroso, "Autorretrato"


Los Simpson homenajeando a Nerval paseando una langosta con lazo azul

jueves, 5 de julio de 2012

La exageración tolerable

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La sentencia del Supremo dada a conocer ayer en la prensa sobre el conflicto —vamos a llamarlo así— entre la ex vicepresidenta del Gobierno, Mª Teresa Fernández de la Vega, y el diputado popular Esteban González Pons contiene algunas consideraciones de interés sobre la vida política. La trifulca comenzó al empadronarse la entonces vicepresidenta en la localidad valenciana de Beneixida, hacerlo por poderes, y sacarse el tema a colación por parte de su contrincante en la arena levantina, calificándolo de “secreto” y llamándolo  “pelotazo urbanístico”. Como se ve, todo entre gentlemen. Enfadose la Vicepresidenta, que como veíamos los viernes, no era mujer de sonrisa fácil, al menos en público. En vez de ponerse a buscar alguna cosilla sobre su rival para airearla —como es propio de estos casos—, se dirigió directamente a los Tribunales y, tras dos fallos en contra, le llega ahora el definitivo, el tercero, por dictado del Tribunal Supremo.


La verdad es que cosas peores se han dicho unos a otros, con razones o sin ellas, pues tampoco es cosa que importe mucho tener razón. Valoran más el ingenio y la tendencia española a quedarse con el chiste y chascarrillo, con la maledicencia, que con datos y cifras de la economía —que es muy aburrido—, pongamos por caso. Lo propio de los políticos, nos vienen a decir, es pelearse.
Lo singular no es el caso en sí —que se veía venir por las precedentes sentencias— sino los argumentos y tirones de orejas que el magistrado ponente les ha lanzado, en especial a Doña Mª Teresa Fernández de la Vega. Da por descontado el juez en su sentencia que es consustancial a la política el rifirrafe y que este siempre conlleva un componente de exageración, metafórico, hiriente que los políticos deben de aceptar como parte del “juego”. Pero van más allá.

El Alto Tribunal, que ha confirmado que el dirigente del PP no lo vulneró por airear y rechazar en público su empadronamiento en Valencia para presentarse por esa circunscripción a las elecciones de 2008, asegura que el hecho de que De la Vega recurriera la sentencia de la Audiencia Provincial de Madrid "revela un grado de intolerancia para con la crítica política tan elevado que, en verdad, resulta incompatible con una sociedad democrática".*

No se entiende muy bien quién es “incompatible” con una “sociedad democrática”, pero mucho nos tememos que no resulta demasiado beneficiada la ex vicepresidente en cualquiera de sus interpretaciones. Nos parece excesivo que se refieran a la persona por recurrir; aunque los políticos exageren, los jueces no deben hacerlo. 
Quizá haya que considerarlo como de un rasgo de los políticos: la necesidad de cintura para aguantar las formas de relacionarse que han implantado ellos mismos. Quizá lo que hayan querido decir —y es puro especular— es que “revela un grado de intolerancia con la crítica tan elevado que es incompatible con la vida política”, que creo hubiera sido más ajustado y menos excluyente, puesto que los tribunales también pertenecen a la “vida democrática”. La “tolerancia” sería una virtud política especialmente necesaria dado el grado de confrontaciones maleducadas o hirientes con las que se regalan unos a otros a las primeras de cambio. En cuyo caso, sería decirle que tiene el meñique demasiado rígido para esta clase política y su forma de actuar.
Por mi parte, sigo pensando que es más “democrático” no insultar, que tener que aguantar que otros te insulten. La democracia es más la educación y las buenas maneras que tener que estar tomando tila todo el día.
Señala el diario El Mundo:

El escrito, del que ha sido ponente el magistrado Francisco Marín Castán, ha argumentado que la demandante "asumió necesariamente el riesgo de que se produjere una crítica social y también de que quien iba a ser su principal adversario político en las próximas elecciones generales se aprovechara de esa decisión de la demandante para despertar o agitar la crítica social".
El tribunal ha explicado que no se puede tachar de "secreto" hablar del citado empadronamiento, que se realizó por poder, algo que entra "dentro del margen de exageración o provocación tolerable en el debate político". Empadronarse por poderes, como hizo De la Vega "es un indicio de que no se reside habitualmente en el municipio", ha aclarado el TS.


Llamar “pelotazo urbanístico” a fijar la residencia en la localidad valenciana para poder presentarse por aquella provincia es, en efecto, exageración y “secreto” a hacerlo por poderes, también. Pero considera que forman parte de la retórica de la crítica, dando por descontado que los políticos son, como pescadores y cazadores, exagerados por naturaleza. Por descontado dan, igualmente, que van armados de lupa para mirar con detalle cualquier circunstancia trivial, que adquiere en su boca tamaño gigantesco. Y dan por descontado, también, que si unos lo hacen, los demás deben contestarles con las mismas armas y no deberían meter a los tribunales por medio.


Las confrontaciones electorales entrarían en una lógica del desgaste, en la que los rivales deben segar la hierba bajo los pies de su contrincante. Por ello, la ex vicepresidenta, en vez de buscar el amparo de tribunales, debería haber saltado a la arena y hacer lo mismo. Señala el magistrado este carácter dialéctico de la disputa por los votos:

Para el Supremo, dichas manifestaciones tienen la consideración jurídica de "figuras retóricas o recursos dialécticos para desgastar a una adversaria política de altísimo nivel, poniéndola en el trance de tener que dar explicaciones públicas, fáciles por lo demás dada la talla y el poder político de la demandante".
Las declaraciones de González Pons "no traspasaron los límites de la provocación o la exageración tolerables en el ámbito de la contienda política porque en la rueda de prensa la crítica fue un elemento claramente dominante sobre la información", según el Supremo.

Le vienen a decir a la entonces Vicepresidenta que tiene recursos sobrados para defenderse de lo que le decían, y que si no se dedique a otra cosa porque la política es así. El bofetón es bastante sonado y debe haber dejado la mejilla de Fernández de la Vega más que escocida.


Es esta última parte, la de la provocación o exageración “tolerables” la que da reconocimiento, aunque aproximado, a lo que los políticos deben tolerar como parte de su propio juego. Si ellos han decidido que sea la crítica más que otra cosa —es interesante la distinción entre “crítica” e “información”— la que dirija sus actuaciones, allá ellos, deberán aguantarlo. El reproche viene entonces de haber querido cambiar de campo de juego, de las disputas electorales a las disputas en los tribunales.

La noticia se completa con la pretensión de la otra parte de que Mª Teresa de la Vega se disculpe dado el fallo del Tribunal Supremo. Se equivoca González Pons porque el hecho de que los jueces consideren que ella no hizo lo que debía, le estén dando a él la razón en algo. La ex Vicepresidenta tiene todo el derecho a sentirse como se sienta; en lo que se equivocó, le dicen los Tribunales, fue en elegir la forma de defenderse. Eso no da la razón a González Pons ni hace brillantes o meritorias sus acciones. Puede sentirse todo lo ofendida que quiera el resto de su vida y negarle el saludo a González Pons.
La idea de “exageración tolerable” no deja de ser un idea curiosa entre una clase política que no tiene otra forma de comunicarse entre ellos —al menos en público— que mediante este tipo de manifestaciones groseras, pretendidamente ingeniosas y que no buscan más que el aplauso de los afectos seguidores del que los dice. Déjense de tonterías y métanse de lleno en los problemas, que buena falta nos hace.

* "El Supremo: 'La intolerancia de De la Vega a la crítica política no es democrática'" El Mundo 4/07/2012 http://www.elmundo.es/elmundo/2012/07/04/espana/1341412011.html