Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Ser
periodista nunca ha sido fácil. No solo llega a la realidad antes que los demás
sino que tienes que contarla. Y eso no le gusta a todos, más en un mundo
mediático en el que más y el que menos quiere ser la nueva otra cara de la
moneda, un "influencer".
Este
último no cuenta lo que ocurre sino que busca una reacción determinada ante lo
que ocurre o se inventa. Se teoría básica es la de la mediación: entre los
hechos y las reacciones pueden ocurrir muchas cosas según cómo lo cuentes.
Los
"influencers" no son solo personas maquilladas diciendo lo primero
que se les pasa por la bien peinada cabeza. Están los otros influencers, los
que están en la sombra, los que miden con electrodos las repuestas de los demás
antes de lanzarlas al aire, los de los gabinetes de comunicación al servicio de
cualquier cosa o causa, los que deben consultar en el diccionario la diferencia entre palabras,
como "verdadero" frente a "verosímil".
Como en
las mejores historias mafiosas, al que se percibe como peligroso se le amenaza
e intimida y si se puede se le despide y arrincona. Es el drama periodístico
actual. La concentración de medios es el signo del poder. Significa que se
convierten, con los periodistas dentro, en piezas de una orquesta que ataca una
misma melodía. Sonido armonioso, sin estridencias.
Los
periodistas con su opinión propia se ven estigmatizados, objeto de campañas de
descrédito en los mismos medios. Lo estamos viendo últimamente. En una sociedad
cada vez más polarizada, se le exige al periodista —directa o indirectamente—
que no se salga de las líneas que se le marcan desde arriba o desde los
laterales, es decir, con órdenes o con campañas de descrédito y ataques desde ese monstruo informe que se
llama las redes sociales.
En
RTVE.es, como ente público, es frecuente que se ataque a sus profesionales y se
nos cuente el acoso a algunos de ellos. Los ataques, por ejemplo, a
Almudena Ariza son frecuentes por mostrar su horror ante lo que ocurre en Gaza,
algo que según sus atacantes no debía hacer por "profesionalidad".
Ahora se nos cuenta desde el medio otro caso:
Silvia Intxaurrondo ha repasado sus mejores momentos en entrevistas con Alberto Núñez Feijóo, Pedro Sánchez o Isabel Díaz Ayuso. En la entrevista con el líder del PP cuando le afirma con rotundidad que "el dato no es correcto", sobre la revalorización de las pensiones conforme al IPC. La periodista confirmaba que su partido no lo había hecho en 2012, 2013 y 2017 y Alberto Núñez Feijóo rectificó dos días después, pero eso no evitó "la campaña de acoso a través de redes sociales" que denuncia Silvia Intxaurrondo, que todavía a día de hoy se mantiene.
"Han citado a mi marido, han dicho barbaridades de lo que he cobrado, de lo que hago con el dinero, de si me lo merezco o no, de cómo se me fiscaliza...", asegura la periodista, que infiere que lo que buscan es hacerle un daño moral a su persona. "Esta gente lo que quiere es que dé un paso atrás y diga: me voy. Pues es lo único que no voy a hacer", concluye.
Asegura que no solo es dura con los políticos conservadores y recuerda lo impactante que fue "ver en la televisión la cara de un presidente del Gobierno, viéndose a sí mismo decir: no lo voy a hacer", al ponerle las imágenes a Pedro Sánchez de cuándo negaba la amnistía, antes de las elecciones del 23 de julio de 2023.*
Sí, pero no importa a los acosadores informativos, ahora llamados "haters". Solo les importa lo que les afecta directamente. Exigen su misma parcialidad en términos absolutos. Se trata de eliminar voces que les contradigan, preguntas que no les gusten, observaciones o datos que no les interesen. La política ha "normalizado" esta forma de acoso; la necesita para funcionar.
La nueva situación mediático informativa permite ejercer un mayor control, empezando por las grandes empresas tecnológicas que pueden hace juego sucio a sus propios usuarios vigilándolos y censurando lo que pueden recibir (o no recibir), segmentándolos y enviándoles una información sesgada, y siguiendo con los propios medios, cuya orientación partidista se privilegia si les resulta rentable desde el punto de vista económico o de poder.
El profesional puede intentar resistirse y establecer su compromiso con lo que ve y entiende frente a lo que se le impone. Si eres crítico con una parte te atacan; si eres crítico con todos, te atacan todos. Eso del equilibrio, de ser ecuánime, etc. no va con estos tiempos.
Queda la fortaleza interior del profesional y su capacidad para hacer frente a las presiones. Necesita formación sólida que le permita no caer en trampas, confianza en sí mismo, ética firme y astucia retórica, es decir, la capacidad de construir mensajes eficaces, honestos y que los otros no les puedan dar la vuelta. Necesita además un fuerte compromiso ético con el mundo y con sus receptores. Informar no es un acto mecánico; es una manera de intentar mejorar lo mejorable.
No es sencillo informar con sinceridad y honestidad. No deja de ser interesante que cuanto más se valora la información, menos se valore la independencia del informador y se intente someterle y anularlo.
Otro detalle: se taca mucho más a las mujeres periodistas, lo que marca un sesgo de género bastante evidente. También las profesoras son más atacadas en las universidades por los alumnos "influencers" o "haters" que pululan por nuestras aulas. Saquen sus conclusiones.
No todos son capaces de defender su independencia. Siempre ha habido los que gustosamente la han cedido si les reportaba beneficio o tranquilidad. Por eso es importante apoyar a los que defendiendo su independencia defienden la nuestra.

Reporteros sin fronteras
https://rsf.org/sites/default/files/rapport_cyber_violence_es_0.pdf
* Fran Mena "Silvia Intxaurrondo planta cara a los 'haters': "No voy a dar un paso atrás"" RTVE.es 9/10/2025 https://www.rtve.es/television/20251009/silvia-intxaurrondo-arturo-perez-reverte-en-primicia/16759257.shtml





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