Joaquín Mª Aguirre (UCM)
En el
diario El Mundo se vuelve a
materializar la preocupación creciente de expertos y ciudadanos de a pie que
tienden a desconfiar de la Inteligencia Artificial para "resolver"
problemas de orden psicológico y sentimental. En realidad, son dos las
cuestiones: la qué nos lleva a preguntar a las IA de turno, por un lado; pero
por el otro la pregunta que nos hacemos es la "calidad" de los consejos que
nos ofrece por disparatados que puedan ser.
De hecho, el titular que nos lleva al texto de Jorge Benítez y Carmen Casado reza de la siguiente manera: "ChatGPT te ayuda a ligar, se mete en tu cama y también acabará con tu matrimonio: "Esta IA le dijo a mi mujer que yo era una rata traicionera"*
Más
allá de lo llamativo del titular, se nos dice para ir entrando en materia:
Ante la preocupación de los expertos, cada vez más gente pide a la IA que interprete los mensajes de su pareja, alivie su soledad y hasta que le facilite argumentos durante una discusión conyugal. "Sus respuestas son las que me daría una amiga que me quiere", dice una usuaria.*
Lo primero que surge ante este tipo de afirmaciones es una percepción de los problemas reales que tenemos en varias áreas, como son la salud mental, afectada por la sensación de soledad creciente y, en este caso, la inutilidad sentimental. Que la IA nos responda a nuestros problemas no es más que la muestra de nuestra incapacidad para resolverlos.
¿Qué nos pasa en los países más avanzados para que estemos tan necesitados de una herramienta de comprensión que asimilamos a "esa amiga que me quiere"? Realmente, ¿dónde está esa amiga que echamos en falta? ¿Existe o ha existido? ¿Es solo una idealización para compensar lo que echamos de menos, lo que necesitamos urgentemente?
En realidad, estamos rodeados de "amigos imaginarios", algo que se suponía era propio de la infancia. Puede que por ese camino lleguemos a alguna parte: la infantilización. Resalta el contraste entre las amistades del "like" y las amistades "reales", esas que necesitamos para funcionar personal y socialmente.
La cuestión se agrava cuando se refieren no ya a la amistad, sino a algo más íntimo, como la vida matrimonial, donde se supone cierta "amistad", un cierto contacto que llevaría a la superación primero de la soledad y después de los conflictos propios de la convivencia. Pero parece que no es así. Nos dicen en el texto:
Según una encuesta del portal Marriage.com, el 44% de los estadounidenses casados han utilizado una herramienta de inteligencia artificial (IA) para obtener asesoramiento sobre asuntos conyugales. Un uso que se dispara hasta el 65% entre los millennials. Ya no hay duda alguna de que la IA generativa se está infiltrando en las relaciones humanas. A medida que los bots como ChatGPT se involucran tanto en nuestra vida pública como privada, su influencia en los temas sentimentales no deja de aumentar.
«Detecto que hay muchos jóvenes que usan la IA para interpretar mensajes de sus parejas y para redactar respuestas en medio de conflictos», reconoce Claudia Nicolasa, psicóloga especializada en relaciones que cuenta con un canal de YouTube que supera el medio millón de suscriptores y es autora del libro Es manipulación y no lo sabes (Ed. Zenith). «Lo que en principio parece una herramienta práctica para ayudar a comunicarte mejor acaba derivando en una tercera voz a la que dotas de autoridad en tu relación, una especie de mediador artificial que, en realidad, refuerza la desconfianza y la dependencia».*
Es claro que se trata de manipulación; pero también lo está que la entrada se produce por un problema previo, ya sea la soledad o el mal entendimiento de la pareja. El recurso a la IA es un intento de romper una dinámica de soledad o de conflicto. La IA recoge los restos del desolado, del solitario o del incomprendido.
Deberíamos ir sumando los retos que esta vida moderna nos ha planteado. Carecemos de herramientas para construirnos adecuadamente, para evitar que los problemas se acumulen en nosotros, como parece ocurrir.
Hay problemas, sí; pero también hay una especie de incapacidad de salir de ellos, que es por lo que se recurre a ese nuevo "mejor amigo/a" que esperamos que nos indique cómo resolverlo. ¿Nos hemos vuelto dependientes en estos males generales?
Podríamos conectar lo que se nos dice de la IA como "mejor amiga" con la proliferación de los libros de autoayuda, que intentan cubrir también esas carencias. Podemos pensar que todo lo que nos rodea nos reafirma en nuestra inutilidad como parte de una conspiración de la propia IA o de los irresponsables negociantes que están detrás. Si esto es así, estamos perdidos porque las soluciones que se nos den nos harán más dependientes y nos convencerán de que la culpa es nuestra.
Todos los caminos nos llevan a la falsa resolución de problemas, unos problemas que hay que crear antes para que el sistema funcione adecuadamente. Estamos solos, rodeados de millones de conversaciones y grupos a la que se nos pide que nos sumemos. Una vez allí descubrimos que todo eso no nos lleva a sentirnos mejor y recurrimos a la IA para que nos dé soluciones, algo que nos vuelve a llevar a la casilla de salida, pero más indecisos y dependientes.
El artículo desvela muchos problemas sentimentales para los que recurrimos a los chatbots. Cada uso que hacemos de ellos es un paso más de retroceso por lo ya señalado: nos aleja de nuestra capacidad para resolver los problemas.
El mejor consejo es que solo nos podremos liberar de los problemas aceptando que no es fácil resolverlos, pero que el que lo haga una máquina, por muy inteligente que la considere el fabricante, solo nos hunde en la miseria y allana el camino para el siguiente problema.
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| BBC |




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