viernes, 21 de diciembre de 2018

James Mattis, más que una dimisión

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Cuando ya se anunciaba la salida de John Kelly como la última novedad en dimisiones, ceses o desapariciones por el foro en la Casa Blanca, Trump reservaba una nueva salida, la de James Mattis, otro militar, esta vez en el centro de la Defensa.
Las salidas de la Casa Blanca se deben colocar en sus respectivos casilleros para ver el peso político que Trump les concede. Las primeras tuvieron que ver con la comunicación, otras con la organización y, finalmente, esta con la acción, ya que se produce tras conocerse la salida de las tropas de Siria, es decir, un choque directo entre criterios sobre lo que había de hacerse. La dimisión de John Mattis es importante porque se hace en un campo importante (la Defensa) y sobre un hecho importante (la retirada de Siria).
La justificación de las guerras, de la inversión en vidas y recursos, en prestigio y dominio, se encuentra en el principio (sus causas) y en el final (sus resultados); el sufrimiento queda en medio.
Hace varios años que comentamos aquí que el destino de la intervención militar norteamericana en Siria sería un esfuerzo inútil y que la fotografía de la paz solo tendría a Putin como protagonista, es decir, con Bachar al-Assad en fraternal abrazo. Las guerras de Siria (son varias) solo admitirían un triunfador, al-Assad porque ninguna de las dos alternativas que se le planteaban son queridas en la zona: la democracia inicial de la Primavera árabe que arrastró a los otros dictadores (Ben Ali, Mubarak, Gadafi...) o el establecimiento del califato por parte del Estado Islámico. Tampoco las alternativas de reorganización del territorio, como ocurre con los "fieles" kurdos, ahora abandonados a su suerte en manos de los turcos de Erdogan. La de Siria ha sido una guerra extraña, una guerra multidimensional, con unas enormes generaciones de sufrimientos e inusitadamente larga a la espera de que los guionistas escribieran el final definitivo entre los varios alternativos. La guerra de Siria no contenta a nadie y ha hecho sufrir a todos. Solo tiene un ganador auténtico, Vladimir Putin que mantiene su posición en la zona y aumenta su poder como referencia. Siria es suya y ha demostrado algo que los Estados Unidos no han sabido hacer: mantener sus alianzas de forma estable. Solo un personaje que lleva décadas en el poder y no tiene otro objetivo que ampliarlo como gasolina de su propio pueblo, necesitado de orgullo patrio, podría beneficiarse jugando una estrategia fija.


Estados Unidos, en cambio, ha estado jugando estrategias múltiples y cambios de orientación ya desde la época de Obama y ahora con Donald Trump, que no quiere que Estados Unidos aparezca como perdedor de una guerra en la que ya no se sabe a quién apoya o con quien lucha. Los rusos no han tenido ese problema en absoluto. Han jugado la baza de al-Asad desde el primer día. Cuando Bachar al-Asad estuvo a punto de ceder y responder a las peticiones de los sublevados, debió sonar el teléfono en llamada desde el Kremlin confirmado el apoyo hasta el final. Siete años después la guerra parece que nunca acabará, alentada por los conflictos con los que se alimenta, religiosos, políticos y territoriales entremezclados.
The Washington Post es claro en los motivos de la dimisión desde su mismo titular: "Mattis resigns after clash with Trump over troop withdrawal from Syria and Afghanistan". Son dos visiones diferentes del conflicto, la del militar y la aquel (me resisto a llamarlo "político") que piensa en claves de prestigio y no quiere verse enredado en otro Vietnam traumático, en una guerra en la que no se sabe muy bien cuál es el objetivo más allá de la permanencia de al-Assad como garantía final.
Si la retirada de Siria es grave, la de Afganistán no le va a la zaga, con un agravante: deja a los pies de los caballos a unos aliados que serán despojados de todo en cuanto se retiren, vendidos por sus propios dirigentes en el intercambio con los talibanes. Es algo que estaba ya anunciado igualmente que ocurriría porque ahí apuntaban los signos.
El resultado final de la aventura norteamericana, del Bush recién fallecido a este Donald Trump será la pérdida de influencia en la zona, apoyando a unos saudís que son poco de fiar porque se aliarán con el diablo cuando sea necesario para mantener su monarquía y eliminar a sus críticos, como hemos visto en el caso del cruel asesinato del periodista disidente Jamal Khashoggi.
Escriben en The Washington Post:

The retired Marine general’s surprise resignation came a day after Trump shocked American allies and overruled his advisers, including Mattis, upon announcing a withdrawal from Syria. In the process, Trump declared victory over the Islamic State, even though the Pentagon and State Department for months have been saying the fight against the group in Syria isn’t over.
Trump also ordered the Pentagon, against Mattis’s recommendation, to come up with a plan to withdraw approximately half of the American troops deployed to Afghanistan, a move that military officials have warned could plunge the nation into chaos.
The discord, coupled with an array of other disagreements, caused Trump to lose a respected Cabinet official who won widespread praise at home and abroad but who experienced increasing differences with a commander in chief known for his skepticism of American allies and military operations overseas.
Long seen as a bulwark against Trump’s isolationist impulses and more extreme proposals, Mattis served as a calm “reassurer-in-chief” as the president sent out startling and provocative tweets. His departure prompted a chorus of concern about the president’s temperament and decision-making processes and injected new uncertainty into the administration’s approach to global threats.*


Mattis sabe más de estrategia militar y de historia que el burdo Trump, guiado por su filosofía vendedora y del éxito. Esta vez sabe que no hay éxito y se trata de vender la retirada como una acción empresarial de ahorro. Jim Mattis sabe, en cambio, que el coste de este movimiento es enorme, política, estratégica e históricamente hablando. El aislacionismo es una cosa, meter la cabeza en el agujero como el avestruz o pensar que se puede vivir dentro de la concha como el cangrejo ermitaño es otra.
Por mucho que Trump se empeñe en vender interiormente el aislacionismo bajo el principio de que Estados Unidos no tiene porqué estar gastando recursos en medio mundo protegiendo a otros, Mattis entiende que una superpotencia lo es porque los otros le reconocen esa posición y que eso implica no ser ajeno a lo que ocurre en el mundo y, por ende, un mayor compromiso con los aliados y una mayor vigilancia de los rivales, en este caso, las alianzas que Rusia está tejiendo ante la desastrosa política exterior norteamericana que no ha sabido gestionar ni a los buenos amigos (la OTAN) ni a los malos amigos (Arabia Saudí, Egipto...), que rápidamente se readaptarán a sus propias estrategias locales, como hemos visto con los saudís.


La dimisión de Mattis, que dejará en febrero el cargo, se produce ante el hecho de que Trump no escuche a sus asesores. Los profesionales que están alrededor de Trump mantienen las esperanzas de que el presidente, ignorante en tantas cosas, se capaz de escuchar con atención sus "consejos". Pero Trump no debe ser la persona más fácil de aconsejar o de hacer cambiar de opinión. La dimisión inmediata tras el anuncio es una muestra clara de la disconformidad con la orden y la falta de responsabilidad por las consecuencias que creen que tendrá. Señalan en el Post:

While the Syria announcement looked poised to score political points domestically, Mattis and other top advisers suspect that it will deliver a win to Russia, Iran and Syrian leader Bashar ­al-Assad, while risking a resurgence of the Islamic State.
Mattis also has argued against drawing down troops from Afghanistan, which Trump is leaning toward executing in the coming months, according to administration officials. Senior administration officials said late Thursday that Trump had ordered the military to come up with a plan to remove approximately 7,000 of the 14,000 U.S. troops deployed to the country, after a 17-year war, starting as early as January.*

Por mucha política que tenga sobre sus espaldas un presidente electo, la experiencia necesaria sobre los aspectos de Defensa son materia delicada y sobre la que no caben aventurismos. Y Trump es el "aventurero" por excelencia. Si es capaz de negar el cambio climático, desoír a la CIA sobre un asesinato de estado o cualquier otra circunstancia que le pongan delante, cegado por su propia y gigantesca autoestima, no tiene nada de particular que el choque con Mattis y los asesores militares se haya producido con esta contundencia ante un caso tan peligroso.


Como se señala y se veía venir, Trump entrega la victoria de Siria a la Rusia e Irán, los máximos respaldos de al-Asad. La guerra poliédrica de Siria ha sido tan confusa, actuando sobre el terreno contra sus propios enemigos principales, que puede ser interpretada de forma ambigua, pero ya se encargarán los sirios de al-Asad de acelerarla cuando se retiren los norteamericanos para que la victoria tenga solo una bandera.
Más preocupante, insisto, es el caso de Afganistán, en donde la retirada de las tropas puede tener unas consecuencias gravísimas para la población, en especial para los que han colaborado para mantener a los talibanes fuera de la escena, que se verán abandonados a su suerte, como ya ha ocurrido anteriormente y tratamos aquí (mujeres y el caso de los traductores del ejército americano). Sin la fuerza de apoyo, el régimen empezará a mantener equilibrios con los que se considerarán ganadores, los fundamentalistas que han esperado su momento. Las mujeres serán sus víctimas preferidas, pues se trata de restablecer el "orden piadoso" de estos sangrientos estudiantes (o estudiosos) de teología que son los talibanes.
Trump sigue acumulando víctimas. Si solo fueran las suyas, no tendría mayor importancia, pero aunque los Estados Unidos de Trump quieran aislarse, los huecos que dejan son peligrosamente ocupados por sus rivales. La enseñanza que sacarán muchos, como hemos explicado en ocasiones, es que es mejor confiar en socios como los rusos que no tienen muchos problemas en elegir amigos.




* "Mattis resigns after clash with Trump over troop withdrawal from Syria and Afghanistan" The Washington Post 20/12/2018 https://www.washingtonpost.com/world/national-security/trump-announces-mattis-will-leave-as-defense-secretary-at-the-end-of-february/2018/12/20/e1a846ee-e147-11e8-ab2c-b31dcd53ca6b_story.html

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