martes, 1 de febrero de 2011

Otra vez lo imposible

Joaquín Mª Aguirre (UCM)

En su última obra, Milagros y traumas de la comunicación*, el filósofo italiano Mario Perniola apunta la siguiente observación: “Desde la Segunda Guerra Mundial ocurrieron en Occidente cuatro hechos imprevisibles, que tomaron desprevenido hasta al público mejor informado: el Mayo francés de 1968, la revolución iraní de 1979, la caída del Muro de Berlín, en noviembre de 1989, y el atentado contra las Torres Gemelas de Nueva York, en septiembre de 2001. Frente a estos hechos, la inmensa mayoría de las personas hizo propia una frase del escritor francés Georges Bataille: “Impossible et pourtant là” (“Imposible, y sin embargo aquí!”) (13).

De haberse publicado hoy, Perniola habría tenido que añadir, dentro de esta serie de acontecimientos imprevistos cada diez años, la revolución que se está viviendo en el mundo árabe. El levantamiento de Túnez y, en estos momentos, de Egipto, a los que hay que añadir los movimientos en Jordania, Yemen, etc. pueden incluirse con pleno derecho en los señalados por Perniola. Un matiz importante: los acontecimientos ya no ocurren en Occidente. Los acontecimientos ya no son nacionales u occidentales. Los auténticos acontecimientos, los que transcienden la anécdota histórica, son ya, desde hace tiempo, globales. No debe entenderse la globalización como simple internacionalización, sino como aumento de la complejidad. El grado de imprevisibilidad está predeterminado por el grado de complejidad. En un mundo complejo, los acontecimientos ocurren. Y aunque haya voces que los adviertan, como ocurrió con el bombardeo de Pearl Harbour o con los ataques terroristas del 11-S, nos parecen tan insólitos que se vuelven invisibles… ¡hasta que ocurren!

La necesidad de simplificar lo complejo para explicarlo hace que se pierdan los matices esenciales. Puede parecer una paradoja hablar de matices esenciales, pero las cosas ocurren por las acumulaciones de lo pequeño o, si se prefiere, por el desbordamiento de lo cotidiano. Lo cotidiano es lo que está ante nuestros ojos, lo que parece irrelevante, pero que está ahí, denso e invisible, como la materia oscura del universo, condicionando con su atracción todo lo que ocurre. La perspectiva de los propios medios y analistas de centrarse en la noticia hace olvidar lo que constituye el fondo de la realidad: la normalidad. Las grandes emergencias de lo imprevisto no son más que ese desbordamiento de la normalidad, de lo que está ocurriendo ante nuestros ojos ciegos por saturación.

Hemos perdido, en gran medida, la capacidad de ver lo que tenemos delante o de prever sus consecuencias. Siempre hay señales que nos advierten, pero no siempre somos capaces de percibir su importancia. La mirada está condicionada por las expectativas de las cosas. Vemos lo que creemos posible. Lo imposible —una revuelta estudiantil, una revolución, la caída de un muro, un atentando suicida…—, sin embargo, ocurre. En un mundo tan complejo como el que estamos haciendo, es importante educar la mirada, aprender a ver rompiendo las cegueras que nosotros mismos nos creamos. De otra forma, la realidad siempre nos sorprenderá, nos pillará, como antes se decía, con el pie cambiado. Y nos costará recuperar el paso.


* Perniola, Mario (2010): Milagros y traumas de la comunicación. Amorrortu, Buenos Aires/Madrid.



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