jueves, 10 de febrero de 2022

El ministro seguro

Joaquín Mª Aguirre (UCM)

No tiene mucha suerte el ministro Fernando Grande-Marlasca cada vez que nos dice el trillado eslogan de "España es segura", algo que cada ministro aplica a su sector cada vez que hay un desastre. El "España es segura" del ministro del Interior, el que vela por la seguridad, es casi una provocación porque suele responderse a preguntas sobre algún crimen o situación peligrosa. Creo que el ministro hace mucho que vive en otro planeta, por lo que no considero sus declaraciones preocupantes, pero sí la naturaleza de los delitos que trata de difuminar con sus palabras. La misión de un Ministro del Interior no es hacer slogans, aunque todos sus compañeros los hagan. Lo suyo es tratar de no tener que hacerlos.

Las imágenes que nos muestran las cadenas televisivas abren una nueva perspectiva en los delitos. Ya no son algo que nos cuentan, sin algo que vemos en muchas ocasiones. El hecho de que todo el mundo tenga cerca un teléfono, que lo use para grabar y que después cuelgue las imágenes grabadas en alguna red social cambia la percepción del mundo, incluida la seguridad. La imagen amplifica la intensidad del hecho. Del "dos muertos por arma blanca" pasamos a ver imágenes de persecuciones, de reyertas, de los navajazos en el suelo, de la gente indiferente que pasa por delante, de los que arrojan tiestos desde las ventanas, de los gritos que se escuchan a las víctimas, de la intervención final de algunos vecinos y al anuncio de que "minutos después llegó un coche patrulla", etc.

Es cierto que los medios se regodean en muchos casos, lo que causa más intranquilidad. Pero también es cierto que de un tiempo a esta parte aumentan los casos violentos en las calles y en las casas, como la muerte de esa adolescente de 17 a manos de su ex novio de 19, que se resistía a aceptar la separación definitiva.

Tenemos delitos a tiros, con armas blancas y con las propias manos. Parece que parte de equipamiento para salir de marcha incluye navajas y machetes, algo indispensable, por la frecuencia en que las peleas se producen, algo agravado por las reyertas entre bandas, siempre "latinas", según explican, que se citan a través de las redes para enfrentarse.

Las últimas imágenes de un hombre golpeando y apuñalando a una mujer que había salido a tirar la basura sorprenden porque dicen que no tenían nada que ver. Eso nos lleva a la especulación sobre un "ajuste de cuentas", que es todavía peor, pues nos lleva a imaginar de qué va ese asunto como para llegar a agredir a navajazos.

En un extremo se encuentran los medios, que usan esas imágenes violentas y las llevan a las cabeceras de los informativos; por otro, el mensaje —entre hippy y Summers, el de "to er mundo e güeno"— de Grande-Marlaska de "España es segura".

Hace tiempo que escribimos aquí que la función de los ministros ya no es hacer, sino "tranquilizar". Bajo ese concepto se encuentra toda una filosofía promocional cuyo objetivo es tratar de contener los efectos de los desastres que ocurren por la falta de prevención o de intervención. Es una creencia infinita en el poder de la palabra frente a la acción, que es mucho más cara. Si se dice con la seriedad suficiente un número determinado de veces "España es segura", no lo será, pero empezaremos a creerlo ante la convicción y la repetición. Para ello hace falta ministros creíble o, como se dice ahora, "que transmitan confianza".

Nos transmite confianza la ministra Darias anunciando sonrisas antes del estallido de los contagios o el ministro Grande-Marlaska antes de un fin de semana lleno de reyertas. ¿Han detectado también esa mirada casi hipnótica a cámara que los políticos realizan mientras afirman? Es heredera de esos números de circo en los que el mago nos pide que le miremos a los ojos. Nos lo enseñan los teóricos de la persuasión: voz firme y mirada penetrante. Es la base del éxito comunicativo, pero no cambia nada la situación de las calles.


En vez de decirnos que la situación es preocupante y que se van a tomar medidas que se tomarán realmente o que ya se han tomado, ahora se nos dice que algo —la cultura, las calles, los estadios...— es seguro. Del virus al navajazo, todo desaparece bajo el conjuro de la palabra "seguro". ¿Se tranquiliza alguien con esto? Pues probablemente no, pero hay que intentarlo.

Quizá, como algunos han elaborado la teoría de que este aumento de la violencia sea fruto de la pandemia, crean que el descenso de casos va a traer la disminución de los conflictos y crímenes que estamos viendo estos días. No digo yo que no tenga efecto el aislamiento, el exceso de convivencia y la tensión laboral. El problema es si esto es reversible.


Sí se detecta un cierto síntoma: la falta de sentido de contención, las explosiones violentas. Parece que muchos creen que vivimos en un mundo sin reglas, donde hay que tomarse la justicia por uno mismo, algoque ocurre cuando se cree que no existe otra. ¿Es un mundo injusto más violento? Esta vez, probablemente sí. De hecho, la finalidad de la Justicia es canalizar los conflictos y tratar de darles una solución desde una perspectiva social. El problema es, como decimos, cuando uno no cree en la justicia ni en la sociedad; solo se cree en la "banda", que nadie te va a defender y debes llevar encima una navaja para defenderte o para buscar a un pibe que te miró mal la semana pasada. Puede que ya no se diga "pibe" y se diga "tronco" o que ya no se diga "tronco" y se diga otra cosa, pero el fundamento es el mismo. Si te apuñalan al sacar la basura y la gente cree que se trata de un "ajuste de cuentas" nos queda la curiosidad por el tipo de "aritmética" en la que se basan.

El ministro Grande-Marlaska debería decirnos que hay más policías disponibles, que las zonas más conflictivas tendrán mayor vigilancia y que los coches patrulla llegarán en dos minutos mejor que en cuatro. Y verificar que se cumple, claro.


Mientras tanto prolifera la publicidad de las cámaras de seguridad caseras, las alarmas conectadas con centros de vigilancia y llamada a la Policía, y un sinfín de dispositivos que nos ofrecen por si no confiamos en el ministro y en los recursos que se manejan.

Se echan en falta verdaderos análisis del fenómeno de las violencias —sí, en plural— existentes, menos concepto globales y más estudios pormenorizados, empezando por los casos concretos y llegando a los condicionantes generales. Hay demasiada teoría sobre esto de la violencia y aquí la teoría son los árboles que no dejan ver el bosque. Menos dogma y más observación; menos eslogan y más detalle, reconstrucción minuciosa de los casos. Pero hay muchos que viven de la teoría y poca gente para analizar los casos con detalle, algo de lo que podamos extraer experiencia. Hace falta también un sentido ciudadano de prevención, un sentido familiar de atención minuciosa para frenar lo inevitable. No es fácil porque muchas veces esa violencia comienza ya en la familia o, incluso, es el final de ella.

Si llegamos a la conclusión que vivimos en un entorno violento, que la sociedad, que tiene su propia violencia, es además injusta, esta no descenderá sino que irá en aumento. La erosión o el mal ejemplo de las instituciones es un factor clave. ¿Para que recurrir a ellas? Ese descrédito acaba llevando a muchos hacia ese nihilismo violento.


En cualquier caso, uno no gana para sustos. Un canal de televisión dio la noticia del asalto de los ganaderos al consistorio de Lorca diciendo que los asaltantes habían sido 500.000, lo que dejaba el asalto al Capitolio por los trumpistas en un juego de petanca con jubilados en el parque. Luego la cosa se quedó en quinientos, pero tardé en recuperarme de la impresión. La sensación de seguridad puede pasar por la graduación de la vista de los presentadores de noticieros, es decir, del cristal graduado con que se mira. El tratamiento mediático de la violencia, como hemos dicho al principio, es fundamental.

En un repaso rápido de las afirmaciones de ministro Grande-Marlaska, este ha dicho en estos últimos tiempos:  a) tras los asaltos a turistas en Barcelona, esta era segura; b) que el aeropuerto de Kabul era seguro; c) que la isla de La Palma era segura y d) que España es segura tras las reyertas de un fin de semana. Esto solo mirando un poco por encima. Poca imaginación y pocos recursos.

Por ahora nos queda la esperanza de que el ministro no tenga que reafirmar muy a menudo lo de la seguridad, que sería una mala señal. Eso sí es seguro.

 


miércoles, 9 de febrero de 2022

Defina "trato humano"

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Hay algo en la campaña "soy mayor, no idiota" que afecta por un lado al uso de las maquinas, pero también al desprecio que se le da a la persona a la que no se valora, al "no se entera", que es la parte del "idiota", lo que te hacen sentir cuando vas a preguntar. Pero esto va más allá de las ventanillas.

La edad se vincula con petición de una atención "humanizada" y no se percibe como una condición exigible por cualquier cliente de una entidad bancaria y, si se me apura, en cualquier otra situación de atención al público. La banca es una parte importante dentro de este proceso de "distanciamiento", en la atención a base de rutinas y protocolos, de "marque 1" o "marque 2" según proceda, etc. 

Todo se centra en evitar el contacto humano por diversos motivos. El primero y más evidente es el abaratamiento del servicio, que se transforma en beneficio para la empresa y en despidos de trabajadores. Los medios nos daban cuenta estos días del crecimiento enorme de los beneficios de la banca a la vez se señalaban el cierre de sucursales y el despido de trabajadores. Esto antes se achacaba a las pérdidas, hoy lo vemos como lógico.

Hace unos años, fui a mi sucursal a hacer unos pagos. Una señorita, muy ufana, me dijo que lo hiciera en el cajero. Me preguntó si tenía la "app", a lo que conteste que no y que no tenía interés en tenerla, pues el método más seguro es no tener hacer operaciones con el teléfono a las que se nos va empujando. Me contó que la "app" del banco había sido elegida como "una de las mejores de Europa". Mi respuesta fue que yo estaba defendiendo "su puesto de trabajo", ante lo que me dirigió una mirada prepotente.

No pasó mucho tiempo antes de que, evidentemente, la cerraran. Para ir a otra sucursal, debía desplazarme poco más de un kilómetro. Cuando entre la vi en su mesa atendiendo clientes. En la ventanilla había un par de compañeros con los que se volvió a establecer la misma discusión. Yo tenía que instalarme la app premiada.

Cuando iba a salir del banco, se me acercó uno de los trabajadores y me dijo discretamente: "Tiene usted razón. Yo me voy a jubilar en cuatro años. Ahora se les dice que esto es ventajoso, pero en un futuro próximo será obligatorio y se les cobrará".



Una de las quejas actuales es el cobro por atenderte tu propio banco en la ventanilla. No pueden cerrarlas, pero sí dificultarte todo lo posible con restricciones de horario, reducción del personal que te atiende y ahora el cobro por atenderte en las ventanillas.

El mismo banco que no quiere atenderme en sus ventanillas, me llamó a casa cuando detecto un ingreso superior al del sueldo. Era una transferencia por una herencia. Me enteré por esta llamada en la que se me proponía, con todas las técnicas de la amabilidad, posibles inversiones. Me gustaría tener la misma amabilidad en todo, pero las máquinas son otras cosas.

Lo del "trato más humano" pasa a ser sencillamente "trato con humanos" y no es cuestión de edad, que es dar la batalla por perdida. "Hemos llegado tarde a esto", decían para defender la iniciativa con la entrega de las 600.000 firmas con la petición. Por eso digo que la estrategia es equivocada y que hay que rehumanizar los servicios frente a esta tendencia a la que asistimos en cada sector, más allá del bancario.

Nos están "colocando" en filas de procesos automáticos. Se niega el contacto humano y se reduce el servicio, algo que la pandemia ha dejado en evidencia. Todo está llevado al límite y con lo más limitado. Mínimo de personal y máxima exigencia de esfuerzo. Esto unido a la precariedad de los contratos temporales masivos lleva a unas tensiones cada vez mayores en los puntos de fricción, entendiendo por estos aquellos en los que nos encontramos unos con otros.

Las técnicas son muy variadas y las vemos cada día. El hipermercado al que voy ha desarrollado un sistema de colas centralizadas repartiendo los clientes mediante un dispositivo de aviso que te indica el número de la caja disponible, a la que te debes dirigir. Pero cuando llegas a ella, te encuentras con que el cliente anterior todavía está pagando o, incluso, tiene parte de su compra por pasar. La presencia del nuevo cliente que llega es una forma de presión para acelerar el pago. He asistido ya a varios incidentes en estas colas bajo presión. Lo último fue una mujer mayor que no guardaba su compra a la velocidad que el cajero consideraba adecuada. Cuando la señora se alejó, el impresentable cajero le dirigió un perfectamente audible desprecio. Me dieron ganas de ir al servicio de Atención al Cliente. En el pasillo en el que esperamos, un cartel con un ejecutivo sonriente nos dice "Queremos saber su opinión". Afortunadamente, quedan buenas cajeras, humanas, pero no eliges con quién te toca.

También aquí son los mayores los más perjudicados. Su velocidad de guardar en las bolsas no es la suficiente, al menos, para la velocidad del cajero. Pronto empezarán a salir campañas en el mismo sentido, "Soy mayor, no idiota".

Expongo este segundo caso para que veamos que la "deshumanización" va más allá del encuentro con las máquinas. En las cajas —junto a otros cajeros amables— se van buscando perfiles que hagan el máximo de registros por hora. Me imagino que habrá bonificación para los más rápidos y penalización para los más lentos. Todo se mide, se evalúa y se toman decisiones. No son dos personas, es un punto de fricción en el que el beneficio está en juego.

Todas estas técnicas proceden de una misma mentalidad, la que evalúa todo para conseguir el mayor beneficio. Para ello es necesario la extensión de esa mentalidad a los clientes, que dejan de ser vistos como tales y pasan a ser un elemento de resistencia al beneficio programado, que se deriva de los tiempos estimados, etc.

La amabilidad se siente —como me ocurrió en el caso relatado anteriormente— a los momentos en los que debes decidir y ellos esperan algo. Cuando lo consiguen o no, esa amabilidad desaparece y nos encontramos con la maquina que elimina cualquier proceso.

No hay que dejarse engañar por toda esa parafernalia amable, todo esos carteles y mensajes en los que indican estar preocupados por nosotros, los clientes. Es pura retórica comercial y se enseña ya en las Facultades y Escuelas del ramo, son puras técnicas publicitarias que tratan de camuflar esa situación en la que el cliente ha dejado de ser lo importante.

Cuando había una mayor oferta bancaria, la atención al cliente era importante. No tenías más que salir de una sucursal de un banco para entrar en otra de un banco diferente. Pero las fusiones y cierres de sucursales han complicado algo que antes era un servicio personalizado, "tu sucursal de toda la vida", allí donde te conocían y te explicaban sin mirarte como un despreciable obstáculo a su eficiencia, como ahora.

El sector bancario es el más descarado en este proceso. Gracias al poder de las fusiones y, sobre todo, la obligatoriedad de domiciliar bancariamente todo tipo de transacciones, cobros, pagos, ingresos, etc. Los bancos imponen su ley a sabiendas que son intocables.

En RTVE.es nos explican cómo ve el promotor de la campaña la situación:

El impulsor de la iniciativa ha agradecido la respuesta que ha obtenido por parte de la sociedad pero ha pedido a los bancos y a los políticos "medidas urgentes" y no "invitaciones" llenas de "paternalismo". Argumenta que la digitalización deja atrás a las personas más vulnerables y solicita atención presencial en las sucursales bancarias.

"Esto va a ser una tarea dura", ha reconocido a la entrada del Ministerio de Economía antes de registrar las firmas y reunirse con el secretario general del Tesoro, Carlos Cuerpo. Una de sus principales reivindicaciones es acabar con las colas en las oficinas bancarias, que se forman al reducir el horario para hacer operaciones en las ventanillas.*


Me temo que no habrá mucho más. Hablamos de un momento en el que pueblos enteros se están quedando sin sucursales, cerradas por poco rentables. También están llenos de gente mayor que deberá manejarse con sus teléfonos para intentar realizar operaciones y resolver problemas bancarios. La España vaciada no lo está de sus problemas, los viejos y los nuevos.

La ministra de Economía salió a dar el respaldo al peticionario y hacerse con él la foto de rigor. Es lo menos, pero la cuestión qué es lo más que se puede hacer ante una situación que llaman de "modernización". Las respuestas, efectivamente, se plantearán en el ámbito de las relaciones públicas mientras dure el problema de imagen, pues no se percibe en otros términos. En las sucursales se habilitará a alguien para acompañar al cajero a las personas que no entiendan el proceso y suavizarán las medidas escandalosas como que tu propio banco te obligue, bajo pena de multa, a huir de los mostradores. El cobro de esta "comisión" es claramente una maniobra disuasoria escondida como precio de los servicios.

El personal podrá seguir atendiendo a los clientes en función del dinero de que dispongan para invertir en aquello que al banco le interese, tiempo al que no le ponen trabas si sacan una buena tajada. Los pensionistas (de eso se trata en la mayoría de los casos) no tienen grandes fondos y sí requieren tiempo a sus pequeñas operaciones. Antes eran víctimas de los robos a la salida de las sucursales, lo que llevó a sacar poco y muchas veces. Hoy se les agrede dentro con las penalizaciones, una auténtica inmoralidad deshumanizada.

El proceso va más allá de la automatización y empieza a ser una tendencia preocupante porque nos está deshumanizando a todos, desde el trato en la administración a cualquier otro tipo de empresas. Antes hablaban de "agilizar" tus gestiones; ahora te cobran por tratar de resolver en el mostrador una situación, duda o cualquier otra incidencia.

Hay que humanizar las relaciones con los demás porque, si no lo hago, soy yo quien me deshumanizo. Es sorprendente que las mismas personas que reivindican "terracitas" y "cafetitos", el "ocio nocturno" y el "botellón", todo ello en nombre de las relaciones sociales, miren a los demás con el desprecio del cajero de hipermercado o de la oficina bancaria. Pero es así como vivimos nuestras vidas, dentro de máscaras que nos permiten sobrevivir o prosperar.

Las muertes en las residencias de mayores no son una casualidad. Tampoco lo es que se manifieste el desprecio en colas de hipermercados o bancos. Son la parte débil de nuestra sociedad, un gasto, cuyos ingresos son pocos y de los que no hay mucho que sacar. No hacen grandes compras ni mueven grandes sumas de dinero; tienden a ser conservadores. De un banco o un mercado, compran poco y sacan dinero repetidas veces y poquito.

No nos quedemos solo con unas colas bancarias, sino con un problema más profundo, que nos afecta a todos, la deshumanización y el trato interesado en el beneficio. No se trata ya de la pérdida de puestos de trabajo; se trata de la percepción del otro como un obstáculo, un impedimento, de la visión del trato humano como una pérdida de dinero y energía. Esto está repercutiendo en muchas otras instancias relacionales haciéndonos más egoístas e indiferentes.

 


* "El impulsor de "Soy mayor, no idiota" entrega 600.000 firmas para pedir un trato "más humano" en la banca" RTVE.es 8/02/2022 https://www.rtve.es/noticias/20220208/jubilado-pide-trato-humano-banca-calvino-reconoce-mayores-no-tienen-servicio-merecen/2285122.shtml

martes, 8 de febrero de 2022

La angustia

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


¿Está usted angustiado? Según los datos, debería estarlo. La consolidación de la angustia parece ser un hecho global. Anteriormente, la Historia conoció algunas formas de angustia, pero muy diferentes a lo que hoy consideramos y detectan nuestras encuestas mundiales.

Occidente, por ejemplo, vivió un cierto estado de ansiedad con los llamados "terrores del año mil", que es cuando algunos consideraban que el mundo se iba a acabar. El año 1000 pasó y no ocurrió nada destacable. Hay que señalar que para muchos era incluso una satisfacción la llegada de esa fecha porque la promesa de un otro mundo mejor en comparación con este "valle de lágrimas" les parecía atractiva. La destrucción total no era vista como algo malo, sino como la puerta al paraíso para los cumplidores.

Como contraste, la llegada del año 2000 solo trajo una angustia, la de que fallaran todos los sistemas informáticos, pues según nos decían, eso causaría un enorme caos. No solo no pasó, sino que algunos hicieron fortuna con las revisiones y modificaciones de los programas informáticos. Pero lo cierto es que la ansiedad, el miedo, la angustia se extendió en muchos sectores que veían un apocalipsis tecnológico con caídas de los aviones, encierros en los ascensores, gigantescos atascos de tráfico y otras muchas torturas que pueblan los sueños de nuestras sociedades urbanitas y tecnificadas.

Pero la idea de la "angustia" surge en cuanto que pensamos con un poquito de profundidad en las cosas. El siglo XIX tuvo su entrada angustiosa de la mano de muchos pensadores a los que llamamos "existencialistas", con Soren Kierkegaard como faro hacia la angustia existencial. En un mundo sin certezas, la duda y con ella la angustia anidan en el ser humano.

La angustia de la que nos hablan ahora es una diferente, aunque la raíz pueda ser similar, la incertidumbre. En el diario El País nos indican en un titular ciertamente ingenioso, "La ONU advierte de que la humanidad se siente angustiada". El titular se las trae, ya que ¿a quién advierte la ONU cuando es la humanidad la que está angustiada, es decir, no se ha enterado la humanidad de su propia angustia? El titular resulta ilustrativo sobre las formas en que abordamos los problemas, siempre con una queja y una advertencia, buscando que otros hagan lo que probablemente cada uno tenga que resolver, aunque sea con un cambio de percepción. En la entradilla del artículo se nos sintetiza el problema: "Seis de cada siete personas en el mundo presentaban ansiedad e incertidumbre antes de la covid-19, pese a los progresos existentes en desarrollo humano, según informa hoy el PNUD. Con la pandemia, los conflictos crecientes y la crisis climática todo es ahora peor: una vida acomodada ya no es garantía de tranquilidad"*. Si seis de cada siete personas viven en este estado de tensión, entre la ansiedad y la incertidumbre, la situación está muy mal y con pocas probabilidades de mejorar, aunque las cifras no dan para mucho margen numérico. Lo siguiente es la totalidad.

En el artículo se nos describe el panorama angustioso: 

En 2021, a pesar de alcanzarse el PIB más alto de la historia y de la creciente disponibilidad de vacunas contra la covid-19, la esperanza de vida se redujo 1,5 años a nivel global. Hoy, una sexta parte de la humanidad, 1.200 millones de personas, vive en territorios afectados por conflictos. El número de refugiados y desplazados por guerras y violencias alcanzó en 2020 una cifra récord (otro año más) de 82,4 millones. Una mujer o niña es asesinada cada 11 minutos en el mundo por su pareja o algún pariente. Cada día, 2.400 millones de almas se levantan sin saber si comerán antes de acabar la jornada, 800 millones pasan hambre. El calentamiento global amenaza la vida de 40 millones, que podrían fallecer por las altas temperaturas, la mayoría en países en vías de desarrollo.

La humanidad tenía motivos suficientes para sentirse angustiada incluso antes de que la covid-19 irrumpiese en nuestras vidas. También para lo contrario. Pero el progreso experimentado en el siglo XXI no fue suficiente para mitigar la sensación de incertidumbre e injusticia desencadenada por la creciente desigualdad y el cambio climático. Estos son los factores que destaca el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) para explicar que seis de cada siete ciudadanos del planeta experimentaron sentimientos de inseguridad, según un estudio publicado este martes. Y la pandemia, estiman, ha empeorado esa sensación.

“Los ciudadanos ya no confían en el futuro aunque, según los indicadores de desarrollo tradicionales, somos la generación más rica en la historia de la humanidad, disponemos de tecnologías extraordinarias y nuestros niveles de educación son más altos que nunca”, explica por videollamada desde Nueva York el administrador del PNUD, Achim Steiner. Los datos que arroja el informe Nuevas amenazas a la seguridad en la era del Antropoceno, cuestionan la idea de que el desarrollo reduce la inseguridad. “El sentimiento es subjetivo, pero el dato de cuánta gente lo experimenta es empírico”, defiende el experto. Una vida acomodada ya no es garantía de tranquilidad. “Países con algunos de los niveles más elevados de buena salud, riqueza y enseñanza muestran mayor grado de ansiedad incluso que hace diez años”, apunta el documento. La desigualdad, la injusticia, los conflictos y el cambio climático eran los grandes generadores de incertidumbre, según el organismo de la ONU. A esa lista se ha sumado la pandemia.*


Si uno se encuentra en ese uno de siete que no está angustiado, tras la lectura del artículo, sin duda pasará al otro lado, el de los angustiados. ¿Va el mundo a peor? Pues los indicadores no lo niegan, aunque —como se señala en el texto— los motivos para estar angustiado pueden ser reales o imaginados, tanto da uno como el otro, pues se trata de un estado "subjetivo". ¿Quiere decir "subjetivo" lo mismo que "imaginario"? Pues no. "Subjetivo" será siempre, pues es una percepción propia de una situación. El niño que se cubre con la manta por temor a la llegada de algún monstruo nocturno sufre aunque ese monstruo solo esté en su imaginación. Nadie le quita es mal trago de los terrores nocturnos.

La angustia es subjetiva, los problemas son reales. No se trata tanto de enfocar en cómo reaccionamos, sino en cómo podemos solucionarlos. Es ahí donde creo que fallamos, en la voluntad firme de resolverlos. Eso también produce angustia, porque saber que a los poderes públicos, que a los responsables les da igual no es precisamente lo mejor para evitar las angustias.

El miedo lo da la incertidumbre, el no saber cómo va a evolucionar todo. Pero también, quizá lo contrario, el saber, como certeza, que irá a peor. El miedo lo da el futuro, porque aquí ya no existe la creencia en que lo que hay "al otro lado" es mejor, que el mundo es lugar de sufrimiento y la muerte nos libera. Lo que da miedo es el día siguiente.

Cuando la humanidad, los pueblos, los grupos humanos o uno mismo tienen esperanza en algo, el futuro es otra cosa, campo de ilusión, pero el mundo que estamos fabricando entre todos no es ese, desgraciadamente. No olvidemos el dato que nos daban del crecimiento de la desigualdad. Es una expresión que escuchamos casi cada día en los noticiarios y se ha convertido en una rutina. No entendemos bien qué significa o ya no nos interesa saberlo. Lo que refleja precisamente es la falta de interés en los otros. Nuestra angustia es la de la noticia de la muerte del fotógrafo en París, hace unos días. Muertos helado, solo, caído al suelo y sin que nadie, en sus nueve horas de agonía, se acercara a ayudarle. No le importaba a nadie. Era solo un cuerpo caído en mitad de una calle en una de las ciudades más icónicas, París. La angustia hoy es saber que puedes morir en una residencia de ancianos donde a nadie le importas realmente. Cada una de esas noticias nos impacta hoy y siembran dudas hacia nuestro propio futuro. ¿Y si soy yo quien caigo?

No, la ansiedad, la angustia son algo más que sentimientos subjetivos imaginarios. No nos sirve de nada las macro cifras económicas que ocultan la realidad del día a día y que no recogen el desprecio del que decide no vacunarse o del que pone los pies en los asientos del tren.

Decían en un programa sobre Paris que en su época más esplendorosa, el periodo de entreguerras, escondía bajo el lujo y la diversión, una profunda desesperanza, un enorme nihilismo. Puede que nos esté pasando lo mismo.


La angustia no es un fenómeno exclusivo de países ricos. En cada lugar se vive el abandono conforme a sus propias circunstancias. Las angustias son relativas a las expectativas, se ajustan a cada escenario. Un mundo de desplazados por guerras y desastres, de muros y alambradas, de amenazas de guerra, de epidemias, etc. no es el escenario efectivamente para mantener muchas esperanzas. La esperanza es el gran enemigo de la incertidumbre. Se  mantiene cuando hay un deseo de cambiar las cosas. Y es eso lo que no vemos. La desigualdad creciente nos confirma que hay muchos que vivirán su propia angustia, sí, pero que no es la misma. No es lo mismo angustiarse por la subida o bajada de las acciones, que estar angustiado por si te van a despedir, como a los trabajadores de la banca que, pese a los enormes beneficios alcanzados, verán cerradas sucursales y acabarán en la calle.

Aunque las causas puedan ser diferentes a lo largo del planeta, el efecto es el mismo. Hemos roto las defensas, la confianza, la esperanza en que todo vaya a mejor. La gente ya desconfía de los optimistas, que se han profesionalizado, muchos de ellos convertidos en políticos o en escritores de obras de autoayuda. La web está llena de artículos sobre cómo superar la angustia; las librerías llenan sus estantes. Los políticos juegan con el miedo para conseguir el poder, de las pensiones a los empleos.

¿Angustia? ¡Claro!

 


* Alejandra Agudo "La ONU advierte de que la humanidad se siente angustiada" El País 8/02/2021 https://elpais.com/planeta-futuro/2022-02-08/la-onu-advierte-la-humanidad-se-siente-insegura.html

lunes, 7 de febrero de 2022

El meteorólogo borrascoso

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Leo en The Washington Post lo que podrían considerarse formas trumpistas de ver la vida, una suma de grosería, racismo y machismo. El caso me llamó la atención desde el titular del diario: "Physicist ousted from research post after sending offensive tweet to Hispanic meteorologist"*. Lo que al parecer ha molestado y hecho salir sus peores maneras ha sido el simple hecho de ser hispano. No hay otra.

El caso es el siguiente:

The uproar began Feb. 2, when Dunkerton replied to a Twitter post by a meteorologist who is working with other bilingual colleagues to improve emergency communications to the country’s Spanish-speaking residents. The meteorologist was announcing his new role as a weather-climate host for a Spanish-language podcast.

“When are you going to assimilate into America?” Dunkerton wrote.* 


El "poco asimilado" meteorólogo, llamado Aarón Piña, solo cometió el delito de ser hispano y de dirigir sus informaciones a un público hispano. El propio diario conecta este final del párrafo con un enlace a otra noticia, la que señala que los hispanos son víctimas corrientes de las grandes inclemencias atmosféricas porque no existe una información meteorológica en español.

Nos recuerda el caso la avalancha de incidentes en los primeros momentos tras la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca. Desde ese momento se dispararon los incidentes racistas en la vida cotidiana. La llegada del nuevo presidente hizo salir a la luz toda una serie de tendencias racistas, de las que una parte importante fueron por la "irritación" que les causaba escuchar hablar en español a su alrededor. El simple sonido del idioma despertaba en ellos el mismo rechazo que en el bien considerado meteorólogo.

La noticia tiene mucho de clasista —otra cosa que añadirle— ya que el insultante posee una buena situación dentro de la estructura profesional. Pero el irritable señor Dunkerton ha tenido una fuerte respuesta entre los miembros del cuerpo científico y muchos piden que se le despida. Pese a ello, Dunkerton sigue desafiante.

Su perfil es coherente con este tipo de manifestaciones. El diario señala: 

In the past year, Oltman-Shay said, she and other company leaders had become concerned about comments Dunkerton had been making on social media, in which he ranted against climate change science and expressed opinions against the coronavirus vaccines.* 

Racista, antivacunas y negacionista del cambio climático es demasiada coincidencia en la misma línea de actuación, lo que algunos llamarían "un auténtico norteamericano", ya que es esa la visión de él mismo y de otros que lo comparten. Ellos son "América". Los demás son lacras que deben "asimilarse", callarse o irse, que son las tres opciones que les dejan.

La Norteamérica trumpista sigue su avance. Ni el propio Trump se libra de ellos, ya que fue abucheado en uno de sus mítines cuando dijo que se había vacunado. Es un signo interesante porque muestra la delgada línea roja que separa la devoción del odio.

Trump, como narcisista que es, cree que tiene el poder sobre la gente. Sin embargo, esto no está tan claro. La gente le sigue mientras refuerce lo que ellos esperan de él. Cualquier otro puede desplazarlo si se le presenta como un traidor a las múltiples causas que ha manipulado jugando con los dobles sentidos, como ha ocurrido con el racismo y el machismo. El abucheo es un aviso que Trump deberá tener en cuenta si quiere seguir con el control. El "feedback" es claro.

La importancia dada al caso por The Washington Post nos indica que es algo más que un accidente irrelevante. Timothy Dunkerton es una persona con influencia. Sus actos de intimidación se hacen desde una posición mediática y profesional relevante, con alcance a mucha gente.

Tratar de evitar la información meteorológica en español no es una causa menor y la propia asociación profesional resalta su intento de romper la situación favoreciendo las diferencias, incluyendo a más mujeres y diversificando las lenguas. Y a esto es a lo que este individuo se opone.

De su prepotencia hablan los tuits de respuesta a los que han afeado su comportamiento considerándolo inaceptable. Él les ha contestado con más de lo mismo. No va a cambiar, obviamente. La cuestión es hasta dónde le dejan llegar. Por lo pronto, las instituciones a las que pertenece le van dando de baja o rechazan sus palabras. No creo que le importe mucho.

 


* "Physicist ousted from research post after sending offensive tweet to Hispanic meteorologist" The Washington Post 06/02/2022 https://www.washingtonpost.com/weather/2022/02/06/dunkerton-offensive-tweet-nwra-ams/

domingo, 6 de febrero de 2022

Residencias

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Hoy se nos dice que se va a cambiar el modelo de las residencias. Los escándalos no dejan otra opción, pero veremos si se hacen realidad y se vence la resistencia de los intereses. La pandemia ha dejado al descubierto la situación real y hoy son cientos de familias las que exigen saber cómo murieron sus ancianos en residencias, negocios que proliferan por la demanda creciente.

En RTVE leemos:

Mucho antes de que una pandemia convirtiera a las residencias de mayores en el epicentro de la desgracia, ya había infinidad de voces reclamando un nuevo modelo para estos centros que pudiera garantizar una atención personalizada y un trato más digno. El objetivo era, en definitiva, lograr una transición entre un sistema todavía vinculado al concepto de "asilo" y una nueva fórmula residencial que se acerque a la idea de "hogar".

Después de que la COVID-19 provocara una trágica oleada de muertes en residencias y destapara las deficiencias que están en la base del modelo actual, el Gobierno se ha comprometido a impulsar el cambio y ya hay algunas medidas sobre la mesa. Entre ellas, que los centros tengan al menos un 65 % de habitaciones individuales o que los nuevos edificios que se construyan sean de menos de 90 plazas y estén divididos en unidades de convivencia.* 


Desgraciadamente, también nuestros gobiernos —de cualquier color— prefieren actuar cuando no hay más remedio, cuando las desgracias ya se han producido, en un intento de calmar a la opinión pública. Es una forma de hacer política post-desgracia y populista. Nadie quiere tocar los intereses de algunos y solo cuando ya es un desastre se dice que se va a cambiar, algo que está por ver. El debilitamiento de las políticas sociales deja en manos de buscadores de beneficio los servicios esenciales.

Lo que hemos estado viendo estos dos años, lo que sale ahora a la luz, nos deja un panorama demoledor del sector. Ha salido de todo a la luz entre las decenas de miles de muertos. El negocio de las residencias, como otros, trabaja con poco personal y poco formado o motivado en muchas ocasiones. Es más barato y tampoco se le paga mucho, por lo que el malestar laboral es creciente. La salida a la luz de fotos y vídeos degradantes para los ancianos son algo más que una anécdota.

Cuando un anciano enferma o sufre caídas por faltas de atención, se pide una ambulancia y se le lleva a los centros de la Seguridad Social. Es un negocio muy lucrativo: se llevaban los beneficios y cargan al Estado con los gastos. Cuando el paciente es dado de alta, regresa a la residencia.

Habrá muchas que cumplan, pero otras muchas no lo hacen. La pandemia lo ha dejado al descubierto y seguirán saliendo casos en los que se incumplieron las normas o se falsearon los datos, como ahora sale a la luz, en esa residencia en donde la fiscalía acusa gravemente a los directivos. 

Se nos habla de algunas medidas que se van a tomar:

El borrador tiene avances indudables con relación a los acuerdos de acreditación que había hasta ahora y que son del año 2008. Entendemos que el Gobierno ha detectado cuál es el problema y, como muy bien ha dicho en alguno de los borradores (este es el tercero), se trata de hacer las cosas pensando en la atención que tienen que recibir las personas mayores (...) El problema lo vemos a la hora de materializarlo porque ya se empieza a mirar cómo van a reaccionar las empresas que tienen en su poder la gestión del 89% de las residencias del Estado", señala el presidente de esa plataforma, Miguel Vázquez. *

Creo que no se puede decir con más claridad. El origen del problema es ese sentido del negocio, del beneficio que recorta lo más importante, el cuidado y el trato. 


Hace poco más de un año, los titulares de los periódicos ya hablaban de la necesidad de un cambio en el modelo de residencias, que la pandemia estaba dejando al descubierto demasiados fallos. Hoy, un año después seguimos con los mismos titulares y con más muertos.

Como tantos otros problemas, nos llevan al fatídico 2008, fecha de referencia para esas privatizaciones. El estado dejó en manos de la iniciativa privada que, visto lo visto, ha buscado lo esencial: el negocio rentable, gastando lo menos posible en lo que era el centro y sus objetivos. No lo han hecho solos. En una sociedad cada vez más ajustada, la competencia es a la baja.  

* "El nuevo modelo de residencias que plantea el Gobierno: un punto de partida con "margen de mejora"" RTVE.es 6/02/2022 https://www.rtve.es/noticias/20220206/nuevo-modelo-residencias-gobierno-borrador/2278220.shtml