martes, 9 de junio de 2020

El curso incierto o todo irá bien, esperamos

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Hay una frase del ministro Illa en una de sus comparecencias, señalado que no se puede exigir lo que no se tiene. Se refería entonces al uso de las mascarillas durante una fase de la pandemia. No es que no fueran necesarias; solo es que no había. Por el mismo motivo, cuando las hay se pueden exigir, aunque ir por la calle es visitar el reino de las excepciones.
La frase merece reflexión porque la realidad nos cae cada día sobre el mismo pie. Luego algunos nos lo explican desde el pragmatismo del "si no hay, no hay", que es una explicación circular que puede llegar a marear.
Una de las cuestiones más problemáticas en esto del COVID-19 y sus efectos sociales se refiere al problema de la educación, que podríamos dividir en dos grandes áreas en las que las circunstancias mandan. Por un lado estaría la educación que puede ser compensada con el uso de la tecnología, ya sea de forma total o parcial. En el otro lado, el mundo de la educación infantil en el que se producen al menos dos problemas añadidos, la conciliación familiar (la situación laboral de los padres) y la menor adecuación del uso de las tecnologías de las comunicaciones, al haber un aspecto importante de socialización que no puede ser ignorado.

Las informaciones sobre las medidas con las que se va a afrontar el próximo curso están en el aire en todos los sectores, de las universidades a las guarderías. Parece como si todo el mundo pensara que esto es como la lluvia y que hay que esperar a que escampe.
Mucho me temo que se está produciendo otro tipo de contagio. La necesidad de promover ciertos sectores está acelerando las acciones, recortando las prevenciones porque, con claridad, una vez rebajadas las cifras más trágicas (por diversos medios, no todos claros), el mundo se ve de otro color. Ya no solo vemos el vaso medio lleno, si que algunos lo ven lleno con sangría.
Por mucho que se nos diga lo contrario, son dos principios los que están en el fondo de los razonamientos que dirigen la toma de decisiones: a) el estado de "inmunidad de manada", en el que ya estaríamos todos a salvo porque tendríamos anticuerpos y que se mueran los débiles; y b) mientras haya camas en las UCI no hay problema. Este segundo razonamiento es el que se usó con anterioridad: la prioridad era que el sistema no se colapsara. Hoy discutimos si ese tipo de medidas son las que hicieron que los ancianos de las residencias no fueran llevados a los hospitales, según se debate políticamente en las comunidades. Todavía, pese a las muertes, siguen saliendo noticias de rebrotes en residencias de mayores.


Respecto al estado inmunológico, los datos indican que el contagio es bajo entre los españoles, por lo que nos tendremos que hacer a la idea que no es buen negocio esto de infectarse a ver qué pasa. Respecto a los recursos sanitarios, las bajas de personal, el agotamiento causado y la experiencia del comportamiento de algunas administraciones poco cumplidoras con lo prometido pueden encontrarnos más tocados de lo que pensamos en un nuevo rebrote importante tras el verano. 
Cada vez vemos que hay más expertos tratando de distanciarse de las políticas que se siguen, avisando que puede haber nuevos y fuertes rebrotes si no se toman medidas. Nadie parece querer asumir ese futuro optimista que algunos quieren trasmitir.
Ya sabemos cuáles son esas medidas necesarias, pero no todos parecen resignados a cumplirlas cuando entran en contradicción con nuestra materia prima, nosotros mismos como consumidores y productores.
De seguir así, se prevén conflictos, al menos a tres bandas, en el horizonte de septiembre: administración, familias y docentes. Y si comienza a haber rebrotes en las escuelas, sin plan B o C... o Z, veremos qué ocurre.

14 de marzo

La cuestión educativa es esencial ya que es de primera necesidad (incluso de necesidad colateral, con el tema conciliador de fondo), y, además, es una actividad de concentración, por lo que es determinante el número de personas, el espacio y las condiciones de las interacciones. Pero...
Leemos en el diario El País las decisiones que se han tomado en la Comunidad andaluza sobre el regreso educativo:

Volver igual que cuando se suspendieron las clases en plena pandemia, con los mismos alumnos y las mismas aulas. Esa es la intención de la Junta de Andalucía para el regreso al colegio en septiembre y es el planteamiento que el jueves llevará a la conferencia sectorial con el Ministerio de Educación y la que debatirá con la comunidad educativa andaluza. Así lo han manifestado esta mañana el consejero de Educación, Javier Imbroda, y el consejero de Presidencia, Elías Bendodo.
“Habrá vuelta en septiembre desde la normalidad, y cuando digo con normalidad es como hemos conocido nuestro proceso de enseñanza-aprendizaje”, ha explicado Imbroda. La evolución positiva de la pandemia en Andalucía y, sobre todo, el elevado coste económico —“imposible de asumir”, de acuerdo con un portavoz de la Consejería de Educación—, que supondría adaptar las escuelas a las recomendaciones de 15 alumnos por aula que realizó la ministra del ramo Isabel Celáa, han empujado a la Consejería de Educación a decantarse por este escenario.*


Es sorprendente la "naturalidad" con la que se aborda la situación, casi podríamos decir el desparpajo y calificarlo de irresponsable. Los dos argumentos son: a) todo va bien y b) no vamos a gastar un euro en escuelas. ¡Bien por Educación! No han elegido un "buen escenario", sino un indecente paraíso artificial en el que dejar correr lo que tenga que pasar.
Es revelador el poco interés por lo que ocurra en las escuelas; revelador, aunque no nuevo. ¿Sacarán a los niños de las escuelas públicas para llevarlos a las más seguras privadas? Ahí cada uno invertirá en lo que considere necesario y ya lo repercutirá en el precio. ¿Preferirán los padres enviar a sus hijos a escuelas más seguras, aunque más caras?
El artículo nos habla de los cálculos económicos realizados para cumplir con los requisitos dados por el Ministerio y lo imposible de asumir. La opción del aquí no ha pasado nada es válida siempre y cuando no pase algo:

El Gobierno andaluz plantea esta opción siempre y cuando no se produzca un rebrote durante el verano y está a expensas de que el ministerio informe el jueves de cuáles son sus ideas para “en función de las mismas, tratar de adaptarlas a nuestro sistema educativo”, ha señalado el consejero Imbroda. Implementar la ratio de 15 alumnos por aula obligaría a desdoblar aulas e incrementar el número de profesores, unas medidas con las que el político de Ciudadanos ha manifestado su disconformidad en sede parlamentaria. Su prioridad es profundizar en la enseñanza online, por si hubiera un nuevo rebrote, y trabajar en un refuerzo docente, que no se concreta desde la consejería.*

¿Y si se produce un rebote? ¿Y si en cada escuela se empiezan a producir casos y hay que poner en cuarentena a clases enteras, a cursos enteros?
La "puesta en marcha" de la "nueva normalidad", ¿incluye el olvido de lo aprendido y la negación de la realidad? ¿No nos hemos dado cuenta de cómo funciona la pandemia con las interacciones sociales, que los niños están en el centro de escuelas y familias, que los padres están en contacto con redes laborales, que es una vía rápida por lo antes señalado?
La inversión en tecnología es recomendable, pero no es una solución ya que no resuelve los problemas de conciliación en las fases más tempranas de la educación. Cada día aparecen artículos sobre lo duro que es teletrabajar con niños en casa y se nos habla del estrés que causa. Cuando los grandes problemas menguan, los pequeños se agrandan. Ya lo prioritario no estar vivo y no contagiar a nadie.

26 de marzo
La educación es una parte importante del país, pero es también el futuro de todos, no de forma metafórica, sino real. Son los niños. Decir que no hay dinero para hacer las reformas en las escuelas, sin más, es una indecencia política. No es que se busque un sistema más económico o aplicar medias parciales, sino que se renuncia a cualquier posibilidad simplemente porque todo va bien. No hay red de seguridad. Si quieres encender alguna vela, allá tú.
Al igual que la sanidad pública, la educación también ha sido víctima de recortes en la crisis anterior y lo que hoy nos parece imposible es el resultado de nuestras acciones directas anteriores. Es difícil que se convierta en "héroes" a los profesores y maestros, pero estos tienen la obligación de señalar el despropósito que se pueda preparar para cuando llegue el comienzo del nuevo curso.
Hay muchas voces que claman en los medios sobre esta cuestión central. Todos parecen estar muy ocupados discutiendo el aforo de las terrazas, los metros cuadrados de playa que me corresponden, sobre si los turistas deben llevar mascarilla y guardar cuarentena o si es justo el complemento que te van a cobrar en concepto de COVID-19 por el gasto en gel, guantes y mascarillas.
Como en tantos otros sectores, el coronavirus muestra dos cosas, nuestras debilidades y nuestras indiferencias, que a veces coinciden. La educación no se valora en este país de chiringuitos. Eso lo sabíamos, pero lo más sorprendente es la indiferencia ante el hecho de que estamos hablando también de nuestras hijas e hijos. 
El curso 2019-2020 quedará en la mente de todos, marcado con dolor y sorpresa. Pero lo que ocurra en el 2020-2021 puede quedar marcado por otros sentimientos muy diferentes.



* "Andalucía plantea una vuelta al colegio con la misma “normalidad” que en marzo" El País 8/06/2020 https://elpais.com/educacion/2020-06-08/andalucia-plantea-una-vuelta-al-colegio-con-la-misma-normalidad-que-en-marzo.html

lunes, 8 de junio de 2020

Las enfermeras egipcias y su imagen

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Los actos de homenaje al personal sanitario con motivo de sus esfuerzos durante la pandemia se suelen producir por todo el mundo. Ya sea saliendo a los balcones, a través de reportajes o mediante premios relevantes, el trabajo de muchos sectores ha adquirido reconocimiento público y ha hecho que muchas personas se sientan agradecidas a la vista de los sacrificios y la exposición continua. Por su parte, el personal sanitario ha devuelto la energía que se les transmitía espontáneamente desde la sociedad.
Con todo, la frase que más se escucha es la de "nos somos héroes", una idea que a muchos les podrá parecer modestia, pero que encierra muchos estados de ánimo en una profesión que ha sido maltratada desde la esfera pública mediante recortes de plantillas y recursos, especialmente en el sector público desde hace años. Es un sector, pues, que ya tenía su guerra, cuyo sentido real hemos podido comprender todos con lo que está sucediendo. No han sido solo cuestión de recortes. Desde hace tiempo, el sector estaba bastante revuelto por las continuas agresiones al personal dentro de los mismos hospitales, lo que llevó a instalar servicios de seguridad en las urgencias. No están lejos estos titulares que hoy debemos recordar.


Lejos de España y nuestras polémicas, me ha llamado la atención el artículo publicado por el diario estatal egipcio Al Ahram, con el titular "Angels on the Corona frontline: Challenges facing nurses in Egypt". El artículo contiene una entrevista con la Doctora Kawthar Mahmoud, jefa del Sindicato de Enfermeras.
El artículo se mueve por el terreno del elogio, como se puede ver desde el título, pero hacia el final da un brusco giro, el de la estigmatización de las enfermeras:

Stigma and misconceptions around nurses has long been a problem to the nursing community.
“For long we suffered from dramas and movies that offend nurses by presenting an erroneous image of them. This had never been acceptable. We asked that any drama depicting nurses should be approved by the syndicate, to avoid stigmatisation against our nurses, who should actually be treated with utmost respect. In a country like the Philippines nurses are considered national assets, with more than 10,000 of them working all over the world each year, being ambassadors for their country and contributing to its national income with foreign currency,” Dr Kawthar said.



Podrían sorprender estas afirmaciones de la jefa del Sindicato de Enfermería, pero las polémicas en una sociedad como la egipcia, siempre tan preocupada de su imagen personal, nacional o sectorial hacen que sea algo posible y frecuente en ocasiones.
La causa del enfado, aunque se exprese en plural, tiene su origen en la polémica respecto a una película que, según parece, sigue todavía coleando en las instituciones sectoriales egipcias.
El 21 de abril, el diario EG24 News, leíamos el siguiente titular "Doras movie raises a crisis in Egypt .. and the nurses’ union demands the intervention of Sisi – Our Life – Celebrities". El artículo era uno más de los que por todo la región de Oriente Medios se daba cuenta del escándalo egipcio a cuenta de la ficción y las enfermeras:


“Day and Night” caused an uproar in Egypt after it was recently shown on social media and YouTube platforms, although it raised cinemas some time ago, only a few days ago, and it did not achieve any public success.
The film crisis – which stars Dora, Khaled Al Nabawi, Hanan Mutawa and Ahmed Al-Fishawi – led by the Egyptian Nurse Syndicate to work because of the role of the star Dora – in particular – which embodied the personality of a poor and divorced nurse in the hospital with doctors due to the cause Physical deficiency, as well as – and some of her colleagues – steal medicines for patients to sell and earn from them financially.
The Egyptian Nurses Syndicate accused the film of insulting the profession, and it came to the conclusion that the captain of the Nursing General, Dr. Kawthar Mahmoud, described the film as very “abusive”. And she called on Egyptian President Abdel Fattah Al-Sisi to intervene and upload the film from any medium. “The Egyptian drama does not spare the nurses and do not respect them,” the nurses’ captain added in an angry statement on TV programs.
For her part, the artist Dora confirmed to “Emirates Today” that she respects any profession related to the medical device in the world and Egypt in these difficult circumstances, “They are the angels of mercy who sacrifice their lives for the sake of patients, and of course we cannot offend any group, so everyone has their respect.” She stressed the need to separate the role the artist offers, drama, and accusations of abuse, because in the end the actor only presents a fictional character.
For his part, the film’s producer and author, Yahya Fekry, said in exclusive statements to “Emirates Today” that the work is exposed to several negative patterns of corruption. He added, “There is no discussion or debate that nursing is a respectable profession and honors anyone and we all sanctify them, and there is no intention to abuse the film.”**



La llamada a la intervención de al-Sisi muestra ese sentido que se le quiere dar a la figura presidencial, un arreglador de problemas. El verse retratados en un personaje de ficción, que hablaba de algo más general como de la corrupción médica, que no es un tema trivial, es muy característicos de los que consideran que es su obligación velar por el buen nombre. Las enfermeras egipcias están por encima de un personajes, pero las instituciones que las representan y controlan participan en esta ofensa colectiva
Los sindicatos juegan un papel especial dentro de la sociedad egipcia y los sanitarios son especialmente conservadores en una sociedad que lo es en alto grado. Sorprende el ejemplo filipino precisamente porque se alaba a las que están fuera del país, valorando el retorno económico que suponen para la economía.


Que los sindicatos de enfermería traten de controlar su imagen en las películas no deja de ser algo extraño visto desde fuera, pero coherente con ese conservadurismo que hace estimar sobremanera la imagen social, distorsionada por las imágenes positivas de quienes aguardan a los maridos y negativas de las que se encuentran con ellas fuera de casa. Se penaliza siempre la independencia y el trabajo exterior a costa de la imagen sectorial, de ahí la queja.
Pero hay otro aspecto que no permite comprender el carácter conservador y el poder vigilante de los sindicatos, en este caso de las enfermeras, sobre sus afiliadas:

There are five requirements for being a member of the Nursing Syndicate and thus having a license to practice: to be of Egyptian nationality; to be of good reputation and commendable conduct; to have never been sentenced for a felony or misdemeanour (i.e., no criminal record); to have attained an academic degree certified by the Egyptian education system in the field of nursing; and to be licensed by the Ministry of Health to practice in the profession.*


La mezcla de requisitos educativos y de juicios morales refleja bastante bien una sociedad que está siempre interfiriendo en las vidas de los otros, decidiendo quién es un "buen" o "buena" egipcia. La idea de la "buena reputación y conducta recomendable" encaja con esa fijación con la representación en películas o series. En la práctica produce hipocresía y venganzas. En el artículo se habla de la petición del Sindicato a que sean sus estamentos los que validen, tras cinco años, los títulos en enfermería, lo que les daría todavía más poder. Cualquier desliz y estás fuera.
Nadie se acuerda, como ocurre en otros países, de la poca defensa del sindicato cuando una serie de enfermeras plantearon en sus reivindicaciones por los abusos laborales que se cometían con jornadas excesivas, no remuneración de horas trabajadas, etc. que denunciaron.


El papel de control laboral lo hemos visto de forma similar en el papel que juega el sindicato de Periodistas, también sujeto a normas sobre lo que es un "buen periodista" y sobre "qué debe informar". Las calificaciones y descalificaciones acaban siendo de orden político con las excusas de cualquier tipo, incluidas las morales. Otro ejemplo lo hemos tenido en el sindicato de Artistas, también gobernado con mano de hierro, como se pudo comprobar con los ataques y amenazas a la cantante Sherine, tras sus comentarios sobre "no beber el agua del Nilo" y, posteriormente, su afirmación de que fuera de Egipto ya podía hablar.
Las enfermeras egipcias padecen muchos problemas y no se van a resolver criticando películas o con buenas palabras del presidente al-Sisi. Necesitan una mejor defensa que eso.  Menos control sobre las personas y más luchar por mejorar su situación y sus derechos laborales.


* Ingy Deif "Angels on the Corona frontline: Challenges facing nurses in Egypt" Ahram Online 13/05/2020 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/7/48/369229/Life--Style/Health/Angels-on-the-Corona-frontline-Challenges-facing-n.aspx
** "Doras movie raises a crisis in Egypt .. and the nurses’ union demands the intervention of Sisi – Our Life – Celebrities" EG 24 News 21/04/2020 https://www.eg24.news/2020/04/doras-movie-raises-a-crisis-in-egypt-and-the-nurses-union-demands-the-intervention-of-sisi-our-life-celebrities.html



domingo, 7 de junio de 2020

La sexta bala y el burdel de Tolstoi

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Quizá nos guste soñar más que vivir; quizá es mejor el vaso medio lleno que medio vacío. Quizá la imagen del paraíso sea una terraza sin restricciones y pasarnos el día dándonos abrazos y acuchones. Quizá. Pero estos paraísos terrenales están sujetos a medidas que no podamos ignorar porque es importante entender porqué se producen... y se producirán.
No nos gustan los aguafiestas, pero son los que nos suelen salvar la vida, tal como los médicos nos dicen lo que nos sentará mal y no debemos hacer si queremos recuperarnos.
La BBC publica un artículo aguafiestas, pero que es necesario entender en su medida, la del futuro por delante porque sin entenderlo nuestra visión será tan realista como el que espera la aparición de un príncipe o de una princesa Disney en su vida. El coronavirus nos saca de la infancia y no obliga a madurar, que significa tomar medidas que se normalicen para salir adelante y no tratar de vivir fantasías.
Victoria Gill, encargada del área de Ciencia, es quien firma el artículo, titulado de forma clara y directa: "Coronavirus: This is not the last pandemic"*. Lo que se nos dice nos lo están repitiendo una y otra vez, pero nos gusta escuchar otras cosas y a otros les gusta que las creamos para sus propios intereses.


Todavía algunos diarios españoles y algún canal digital de televisión dedican sus páginas a las conspiraciones y a los laboratorios secretos en los que alguien se dejó la puerta abierta. Son explicaciones que hacen felices a algunos para sus propias guerras, pero cuyo mayor peligro es creer que cerrando las puertas y fronteras se acabó el problema. En realidad estamos en mitad de la primera temporada, por utilizar un símil; los argumentos se han ido complicando, pero la trama sigue su curso. Escribe Victoria Gill en la BBC:

We have created "a perfect storm" for diseases from wildlife to spill over into humans and spread quickly around the world, scientists warn.
Human encroachment on the natural world speeds up that process.
This outlook comes from global health experts who study how and where new diseases emerge.
As part of that effort, they have now developed a pattern-recognition system to predict which wildlife diseases pose most risk to humans.
This approach is led by scientists at the University of Liverpool, UK, but it is part of a global effort to develop ways to prepare better for future outbreaks.
"In the last 20 years, we've had six significant threats - SARS, MERS, Ebola, avian influenza and swine flu," Prof Matthew Baylis from the University of Liverpool told BBC News. "We dodged five bullets but the sixth got us.
"And this is not the last pandemic we are going to face, so we need to be looking more closely at wildlife disease."
Across the thousands of bacteria, parasites and viruses known to science, this system identifies clues buried in the number and type of species they infect. It uses those clues to highlight which ones pose most of a threat to humans.
If a pathogen is flagged as a priority, scientists say they could direct research efforts into finding preventions or treatments before any outbreak happens.*



La "tormenta perfecta" es un término que creo hemos utilizado un par de veces en estos meses para tratar de explicar la conjunción de factores que han llevado a la rápida propagación de esta enfermedad que no dio tiempo ni a tener experiencia, impidió pensar con datos reales y que todavía discutimos cómo responder ante ella.
Sabemos muy poco, pero un poco más que antes. Algunos ilusos le echan la culpa a la "ciencia" que era nuestro salvoconducto al futuro. Pero esquivar cinco balas nos volvió demasiados confiados frente a esa sexta bala a la que hace referencia simbólicamente la autora en el artículo. La sexta nos dio de pleno. Exceso de confianza y lentitud de reflejos.
Mientras no asumamos que esto surge porque hemos creado las condiciones perfectas para que se produzca y nos sigamos preguntando dramáticamente por menudencias y trivialidades que da vergüenza escuchar, no haremos sino esperar la nueva bala, la séptima, la que está por llegar y se está gestando ya en algún lugar del mundo.


Lamentarse de los errores está bien, pero está mejor aprender de ellos. Por ello es esencial y dejar de plantearlo como un drama que afecta a la temporada veraniega o planteamiento similares.
Si queremos mantener nuestras formas de vida, tendremos que invertir en detección y prevención. Es fundamental que la próxima bala sea detectada inmediatamente, que toda la información se comparta y que nadie piense que no va con ellos. El COVID-19 estaba entre nosotros antes de que se pudiera identificar, lo que demuestra que su velocidad es mucho mayor que la de nuestros sistemas de detección, de ahí el interés en mantener una red más veloz que la del coronavirus, que es la nuestra propia, la de nuestros viajes, puntos de concentración y cruces.
El COVID-19 refleja nuestra relación de presión con la naturaleza, su propia "nueva normalidad", la que no nos ha importado alterar. Recuerdo haber leído un estudio surgido al poco tiempo de empezar la pandemia en el que se hablaba del "estrés animal", en especial de los murciélagos, como fruto de la presión humana en sus hábitats. No ha sido el único en insistir en este tema que, sin embargo, no tiene la atracción que otros mucho más morbosos o políticos.


El 15 de febrero, El Periódico publicaba un artículo titulado, firmado por, con entrevista a científicos del IrBio, de la Universidad de Barcelona. Allí se señalaba:

La deforestación de los bosques y selvas de la Tierra, además de ocasionar la desaparición de especies, repercute negativamente en la salud humana. La destrucción de los ecosistemas (esto es, el impacto del hombre) es una de las causas por las que aparecen virus desconocidos que pueden infectar a la población. Aunque aún existe mucho desconocimiento en torno al covid-19 (el nuevo coronavirus chino que, a fecha de 14 de febrero, ya ha causado cerca de 1.400 muertos y unos 64.000 contagios), las alteraciones de los ecosistemas podría ser una de las múltiples causas de su aparición.
"En el caso del covid-19, ha influido la pérdida del 30% de la superficie forestal del sudeste asiático en los últimos 40 años. Cuando destruimos masa forestal es para poner en su lugar asentamientos humanos. Y una parte de la fauna salvaje que estaba allí pasa a alojarse en estos ambientes", explica Jordi Serra-Cobo, biólogo del departamento de Biologia Evolutiva, Ecologia i Ciències Ambientals y del Institut de Recerca de la Biodiversitat (Irbio) de la Universitat de Barcelona (UB). Al desaparecer su hábitat natural, algunas especies encuentran refugio en las construcciones humanas y pasan a estar en contacto con la población. Una de estas especies son los murciélagos.
Estos mamíferos son, precisamente, el origen del contagio de la actual epidemia de coronavirus. El covid-19, al igual que en el SARS del 2002, dio el salto del murciélago al ser humano. "Los murciélagos, de los que existen 1.300 especies, son el grupo de mamíferos que alojan un mayor número de coronavirus. Representan el 20% de todos los mamíferos y son reservorios de virus", cuenta Serra-Cobo. Además, las "alteraciones ambientales" originan "estrés" en los murciélagos, algo que "parece que provoca más virus en la saliva, orina y heces" de estos animales.
Este experto matiza que si bien los murciélagos son el grupo de mamíferos que tienen más virus, en Catalunya es "muy difícil" que transmitan enfermedades. "Todas las especies que comen insectos, como los pájaros y murciélagos, nos hacen un favor, son necesarias. Además, en Occidente, a diferencia de en China, las personas no comemos murciélagos y estos tampoco viven dentro de nuestras casas casa, sino debajo de los tejados", dice. Por eso el riesgo de contagio de virus por parte de estos mamíferos es bajo aquí.
Un buen ejemplo de cómo las alteraciones de ecosistemas generan infecciones es la actual epidemia de dengue de América Latina. "La quema de bosques en la selva del Amazonas para hacer campos de cultivos y poblaciones humanos provoca, además de una pérdida de hábitat, que haya charcas de aguas y, en ellas, muchos mosquitos. Esto aumenta la posibilidad de epidemias transmitidas por estos insectos, como por ejemplo el dengue", asegura Serra-Cobo. "Esta epidemia del dengue sí que está directamente relacionada con los mosquitos y la pérdida de hábitats", añade.**



A mediados de febrero el problema todavía era una "cuestión china". Las cifras de entonces, hace apenas tres meses y veinte días desde entonces, son oficialmente más de seis millones los contagiados y cientos de miles los muertos. Ni siquiera nos atrevemos a contar a unos y otros con seguridad. Hay países enteros en los que la enfermedad está estigmatizada y los enfermos mueren en sus casas, en secreto, para evitar males sociales mayores. Aquí hemos dado cuenta de algunos.
Las imágenes de los ataúdes de cartón en las calles de Guayaquil sin que nadie los recogiera; los camiones convertidos en depósitos de cadáveres frente a incineradoras que no dan abasto; las pistas de patinaje sobre hielo convertidas en morgues; las UCI saturadas... todo está ahí tan reciente —días, horas—, tan vivo, que sorprende el rápido giro de nuestras viejas jerarquías de administración de la vida. No acabo de entender, sinceramente, que haya que decir que las pistas de baile deberán estar cerradas en las discotecas en la fase 3. Sinceramente, me parece que padecemos otros virus, los de la trivialidad, mucho más peligrosos.
Nuestro problema, volviendo a la BBC, no es solo el coronavirus, que es percibido solo como un obstáculo ante nuestros deseos irrefrenables. El problema es cómo conseguir que existan inversiones en la Ciencia para salvarnos, aunque algunos se lo merezcan poco; como conseguir un sistema sanitario que nos salve de nuestras estupideces en una segunda oleada y cómo conseguir un sistema educativo que nos saque de la idiotez y del egoísmos. Quizás son demasiados problemas para intentar solucionarlos de una tacada.


Los medios nos han mostrado imágenes sorprendentes de escenarios sin nosotros, sobre qué ocurre cuando desaparecemos. Es un escenario casi onírico en el que la naturaleza liberada nos trae pavos reales, jabalís o pájaros a nuestras calles y ventanas. He podido escuchar en muchas de mis videoconferencias el canto de pájaros que entraban por las ventanas abiertas de muchos de mis interlocutores. Ahora escucho de nuevo pasar motos y coches, como en estos instantes, una mañana de domingo.
Es un mundo sin nosotros y no parece tan malo. Quizá deberíamos pensar en esas deforestaciones —incluso Bolsonaro en su Brasil quemado interesadamente, segundo país más castigado por la pandemia tras los Estados Unidos de su amado Trump—, en la responsabilidad humana en todo esto. La tormenta perfecta la hemos creado nosotros, con un cambio climático dramático que los mismos que niegan al coronavirus niegan.


Hay que remodelar la ciencia y conciencias, muchas otras muchas cosas más que están volviéndonos insensibles a lo que ocurre y nos impiden ver la trayectoria de esa sexta bala. La aceleración de los disparos va en aumento, recortando el tiempo que tenemos para recuperarnos. Quizá haya que escuchar a lo que temen un rebrote tras el verano y no tanto a los que siguen prensando como si aquí no hubiera pasado nada.
Ah, sí, el sistema educativo. Quizá haya que empezar a pensar en modificar nuestras enseñanzas y no solo preocuparnos por hacer exámenes seguros. Somos responsables de un mundo egoísta y que solo piensa en el beneficio propio, dejando a los demás los problemas y las culpas. Deberíamos empezar a enseñar que hay otras formas de ver el mundo y que esto no es solo cuestión de la biologías. Hay que cambiar los hábitos sociales y en esto es la educación la pieza clave. Nuestras prioridades se han ido deslizando y nuestras instituciones educativas se han ido contagiando del mismo egoísmo que la sociedad. En vez de transformarla, nos hemos dejado seducir por sus métodos y objetivos en busca de rentabilidad, en diferentes términos. Nos debería empezar a importar más lo que ocurre fuera, sus causas. Sería mejor empezar dejar de hablar entre nosotros, entre pares, y empezar a hablar directamente a la sociedad a la cara diciendo al emperador que está desnudo. Pero la crítica no está de moda y es preferible dorar la píldora al que te ha de subvencionar y promover. Cada uno debemos aguantar nuestras velas.


No se ha ido a lo esencial, sino a lo rentable. ¿Nos ha de extrañar entonces muchas de las reacciones insolidarias o egoístas en muchos campos? Quizá la única ventaja de la pandemia sea habernos puesto un espejo delante. Algunos reaccionarán; otros hasta se encontrarán más guapos. ¿Puede valorar correctamente una sociedad cuyos valores no son congruentes o son triviales? Ese es el reto. Si son nuestros actos los que crean las circunstancias favorables, ¿cómo vamos a corregirnos si no cambiamos antes?
Necesitaremos ciencia, sí. Pero mucho más. En La sonata a Kreutzer (1889), Lev Tolstoi criticaba a una sociedad que invertía en investigar para curar la sífilis y fomentaba seguir yendo a los burdeles. Los tratamientos contra la enfermedad, decía el novelista, en realidad buscaban la tranquilidad en las visitas al burdel, darnos seguridad y no acabar con el mal.
No tenía pelos en la lengua y siempre podemos aprender algo de los clásicos. Ese "mucho más" que necesitamos incluye la educación para valorar lo realmente importante en una escala que va desde la naturaleza misma que estamos alterando a nuestras formas de vida. La pandemia ha mostrado que muy pocos están dispuestos a hacerlo y que, por seguir el ejemplo de Tolstoi, muchos están deseando curarse para volver al burdel.
En el ejemplo de la BBC no se nos dice quién dispara las balas. Creo que es innecesario explicarlo. No nos tiembla el pulso,



* Victoria Gill "Coronavirus: This is not the last pandemic" BBC 6/06/2020 https://www.bbc.com/news/science-environment-52775386
 ** Beatriz Pérez "La deforestación, clave en la propagación del coronavirus" El Periódico  15/02/2020 https://www.elperiodico.com/es/sanidad/20200215/la-destruccion-de-ecosistemas-origina-nuevos-virus-como-el-covid-19-7848963



sábado, 6 de junio de 2020

Se vende normalidad en buen estado

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Seguro que todos tenemos nuestra visión particular sobre lo que es más o menos seguro, de lo que es prioritario y lo que no lo es en este proceso llamado de desescalada y que se está empezando a ver por algunos como un descenso en rápel. Cada uno tiene su escala de prioridades y echa en falta unas cosas más que otras. Como en todo frenazo, se nos ha quedado un sabor amargo respecto a las cosas que hemos dejado de hacer.
Pero ha llegado el tiempo de los estímulos. Con las aceleraciones, se pretende captar rápidamente ese ahorro récord —ahorro nada virtuoso, sino sobrevenido— que se ha producido al no poder gastar. Por mucho que se eche de menos una terraza, no se lo va a gastar uno todo en sesiones de patatas y cerveza hasta reventar o dejar la cuenta a cero.
Sabemos que el deseo de consumo reprimido debe tener un estallido inicial para después regularizarse. Yo, por ejemplo, echo de menos todos los DVD y BD que no he podido comprar en este tiempo y mis sesiones de cine de fin de semana, placeres pequeños que trataré de compensar hasta regularizar mi deseo.

Para captar ese impulso similar al que sale de la cárcel y va a tomarse su primera cerveza, a comerse un chuletón o deleitarse con un cappuccino, las empresas despliegan sus estrategias de recuperación de lo perdido. Se inicia la guerra entre lo que no hemos gastado porque no podíamos y  lo que algunos consideran que les hemos robado al no gastarlo.
Me recuerda el razonamiento de los personajes de nuestra película "Atraco a las 3", de los empleados que van a robar su propia sucursal bancaria y miran a los que van a retirar dinero de sus propias cuentas como "ladrones" que les están robando. Aunque se trate de una comedia, el razonamiento psicológico es bastante razonable. Todos creen que lo que hemos dejado de gastar les pertenece y han de recuperarlo en feroz competencia. 
Pero ¿qué ocurrirá tras el primer impulso, tras las primeras compras? ¿Culpabilidad por gastar demasiado teniendo tanta incertidumbre por delante? ¿Gasto o aprovechar lo ahorrado? Esa es la cuestión. Nos dicen que el ahorro español está en máximos.
Indudablemente, para muchos está claro: hay que gastar, en ellos a ser posible. Pero para otros, nadie va a velar por ti mejor que tú mismo y se debe guardar para el futuro. Al final sabemos que la economía no es tan racional y funciona entre pánicos y delirios, que lo importante es encontrar los resortes adecuados. Es eso lo que se ha reconocido con los Premios Nobel durante las últimas décadas, la forma de estudiar los miedos en la economía real.


La BBC publicó el día 28 un artículo titulado "Stranger Danger", firmado por Douglas Fraser, el editor de Negocios/Economía del área de Escocia. El artículo es precisamente un recorrido entre lo que planifican para nosotros y lo que nosotros podamos pensar al respecto, con especial incidencia sobre comportamiento del movimiento turístico. ¿Vamos a ir a donde esperan que vayamos? ¿Cómo se perciben los "riesgos"? En el fondo nuestras decisiones como consumidores son decisiones tomadas evaluando los riegos que asumimos. Quizá nuestra percepción no coincide con las de otros, que esperan de nosotros un comportamiento distinto.
El artículo de Douglas Fraser termina con una reflexión y una advertencia:

Persuading the government to let business premises open up for trading is only the first part of the challenge. It's the relatively straightforward one.
Getting over customer hurdles of anxiety and fear will be more complex and nuanced, and doing so will surely take a lot longer.*



En efecto, levantar muchas barreras solo es la primera parte. Luego serán las personas las que deciden si se mueven o no, si gastan o no y en qué lo harán si lo hacen. Las imágenes de los insensatos que se dedican a saltarse las normas no son formas precisamente de aumentar la sensación de seguridad. El incidente del pasajero del vuelo a Tenerife no es lo que lleva a tener ganas de meterse en un avión por más que nos lleven a un destino idílico. Por mucho que se nos sonría y se nos empuje (a veces ambas cosas) no se va a vencer el miedo y la resistencia que provoca. Lo único que vence al miedo es la seguridad, no la declaración de la "normalidad" por decreto. Es más, creo que los movimientos de aceleración que estamos viendo no son precisamente los que están creando sensación de seguridad. En muchos casos pueden estar sirviendo para lo contrario, crear una mayor sensación de riesgo.
Fraser resume así lo mostrado por las encuestas realizadas en Escocia:

Respondents liked the idea of self-contained self-catering, in caravans or camping, allowing families to cut off from other people. There's less appetite for going out for meals while renting on holiday.
The preference is for the countryside and beaches, rather than cities and towns. None of these findings will come as a surprise, but it's not good news for the immense tourism infrastructure in cities including Edinburgh, which will be without its festivals this summer.
There's reduced interest in indoor activities such as visits to arts and cultural venues. Purpose-built attractions will have less appeal, post lockdown.
Attendance at events and festivals and mixing with locals both have much less appeal now than previously.
"Given the importance of Scotland's 'friendly welcome' messaging, navigating around this will require a lot of thought," the survey compilers observe.
In general, the survey found that 11% of people are nervous and very wary of a return to travel, while 17% of those surveyed said nothing has changed, and they'll return to the way things were before.

Parece claro y con bastante sentido. No sé hasta qué punto podemos tomar nota por nuestras diferencias (lo que un escocés imagina y asocia como "playa" y lo que imaginamos nosotros). Recordemos las quejas de muchos municipios por la llega del "turismo bronca" a sus poblaciones y barrios. ¿Es eso posible?


La sensación de seguridad, una vez más, nos la da el comportamiento a nuestro alrededor. Creo que estamos obteniendo la evidencia de la división en dos de la población. Descubrimos que hay personas que, desde su aparente normalidad, tienen un sentido muy diferente a nuestro (presupongo que los lectores son sensatos, pero puede incluirse en el bloque que le parezca acorde con su propia personalidad) en cuanto a la prevención y el respeto de las normas. Probablemente no sean más que variaciones del que cruza en rojo, el que se cuela en el supermercado, no devuelve cuando debe lo que le prestan y camina con zuecos de madera sin importarle la hora. Sí, es probable que todas sean manifestaciones de un mismo tipo psicológico, el de la persona que le traen al fresco los demás. Son esos que ve caminando frente a usted sin mascarilla porque han descubierto que si van sin ella son los otros los que se apartan y se ahorra el gasto. Sí, hay muchos de esos. En el otro lado están los que se las ponen, guardan dos metros y esperan su turno. No sé si los dos tipos son necesarios para la humanidad y en qué proporción, pero lo cierto es que los hay.


En gran obstáculo va a ser el miedo, el hecho de que nos sintamos más seguros en casa, lo que llaman el "síndrome de la cabaña" y que se produce tanto por miedo al contagio como por el espanto que causan los inconscientes. Como el inconsciente español suele presumir de sus bravatas y le gusta, como a Don Juan, alardear de sus "conquistas", que para eso las hace, muchos son detenidos gracias a ese narcisismo que les lleva a colgar en YouTube sus olímpicos saltos de las normas. "Por la boca muere el pez", decimos. Y así suele ser, en efecto.
¿Qué se puede hacer ante estos comportamientos negativos que hacen que muchos decidan no montarse en un avión o tren? ¿Qué hacer ante estos botellones, ante reuniones en mitad de la calle, con niños o sin niños, con perros o sin perros? ¿Broncas todos los días afeándoles lo que hacen? ¡Pero si les encanta! ¡Son provocadores narcisistas, a lo Trump, les va la marcha! ¿Qué hacer con estos Luis XIV del asfalto, con estos Nerones de terraza? ¿Que hacer con los que han decidido que han nacido guapos y que la mascarilla no le hace justicia?
La solución turística de Douglas Fraser, la que le dicen las encuestas en Escocia, es coger una caravana e irse a lo más lejos posible de cualquiera. Piérdase. En nuestro caso, es probable que se vuelva al veraneo de chalet frente al de hotel, a la casita aislada frente al turismo masivo del bullicio y el balconing. Se acabó eso de de montarte en el avión en Hamburgo por la tarde, noche de juerga en Ibiza y regreso pedo perdido a Hamburgo por la mañana. Al menos, eso espero. Un verano atípico, si.
Me temo que va a haber una importante batalla para definir qué es "normal" dentro de la "nueva normalidad". Va a haber mucha discusión semántica sobre los dos términos. Y puede que haya que mirar con cuidado lo que nos venden y vendemos. Ya hemos oído a algún experto decir que es "normal" que haya "rebrotes". ¡Claro! Incluso que haya "rebrotes estúpidos". Gajes del oficio, dirán algunos.



* Douglas Fraser "Stranger Danger" BBC 28/05/2020 https://www.bbc.com/news/uk-scotland-scotland-business-52839660

viernes, 5 de junio de 2020

Fundamental, fundamental, fundamental

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Las ciegas guerras que viven nuestros políticos en torno al coronavirus entorpecen nuestras posibilidades de avanzar con seguridad. ¿No son conscientes de hasta qué punto complican con sus discusiones absurdas o literalmente perversas la evolución hacia una positiva más positiva?
El ministro Illa le ha tenido que dar un rapapolvo de sentido común a la impertinencia de la diputada Cuca Gamarra, que trataba de hacer ver que en estos días de desescalada al ministro "le preocupaba mucho el fútbol" con el regreso a los terrenos de juego y poco la "desescalada educativa.
La intencionalidad de la observación es perversa, frívola, pese a decir que no "tiene nada en contra" del regreso a los estadios. La respuesta y la explicación dada por el ministro Illa es otra cosa.
He transcrito las palabras del ministro Illa porque el resumen del diario El País, unas pocas líneas, no se centra en el aspecto esencial que se plantea. Illa comienza diciendo que es verdad que se ha reunido con los capitanes de unos equipos de fútbol, algo que anteriormente —explica— le había ofrecido pero había desestimado.
La idea central es clara: "Es fundamental, fundamental, fundamental, fundamental que los referentes sociales inculquen responsabilidad a la ciudadanía". Quizá recuerde algún hipotético lector que en los inicios de la epidemia en España ocurrió un fenómeno parecido: las voces oficiales eran ignoradas. Ya no valían políticos, ministros, incluso médicos. Era la época de los jóvenes invulnerables y de solo se mueren los viejos, del esto no va conmigo. Publicamos entonces un post diciendo que era el momento de cambiar los agentes comunicativos, explicando que se necesitaban voces con mayor conexión social y que los políticos habían erosionado su propia credibilidad social con sus disputas. Sencillamente, la gente no los escuchaba o no les creía. Desde el punto de vista de la comunicación no hay otra manera. En pocos días, los responsables de comunicación debieron llegar a la misma conclusión y empezaron a aparecer otro tipo de agentes comunicadores recomendando, hablando otro lenguaje, con otra imagen reconocida como más influyente por los grupos. Y funcionó durante un tiempo.
Ahora hace falta algo similar. Explica el ministro Salvador Illa:

"Lo decidí cuando vi las imágenes de Tomelloso. Cuando vi el botellón de Tomelloso pensé 'es bueno que salgan los referentes sociales a decir ¡cuidado!'... Porque me preocupa Tomelloso, me preocupa" "Si la gente que escuchan, que son los líderes sociales —que son los que son—...
Para mí, señora Gamarra, y creo que para usted también, el líder social, el referente que yo tengo, el héroe que yo tengo en la cabeza estos días, es el que recibe el Premio Príncipe de Asturias, el médico... Pero a quien escucha la ciudadanía, la gente joven, es a quien escucha... Ese día yo decidí que me iba a reunir con ellos."*



La respuesta de Illa pone encima de la mesa varios problemas, unos inmediatos y otros de fondo. El primero, el inmediato, es la eficacia de la comunicación, la búsqueda del interlocutor adecuado para que se le escuche por parte de aquellos que están en algún tipo de relación o conexión. Lo que esto implica es la necesidad de un traductor generacional, por decirlo así, ante la imposibilidad de llegar directamente a las personas. Quizá "traductor" no engañe un poco sobre el sentido del problema. Aquí no se trata solo de un problema de lenguajes; se trata más bien de formas de ver el mundo o, directamente, de responsabilidad y sentido del conjunto.
Hemos creado un mundo fragmentado y egoísta, cerrado sobre nosotros mismos, sin una transmisión real de valores en beneficio de los valores de mercado y mercadeo. Eso hace que sea difícil compartir visiones de los peligros o de beneficios comunes.
Bastó que se extendiera la idea interesada de que los jóvenes eran inmunes al coronavirus para que el mundo se dividiera en dos. Esto ha ocurrido, nos guste o no nos guste; no podemos ignorarlo. El mismo problema se ha dado en gran medida entre aquellos que se siente distanciados por los abismos que la edad abre. En este sentido, las propias residencias de mayores ya son un síntoma social y lo ocurrido con ellas —también nos guste o no— tiene un sentido.
Hemos visto gestos de solidaridad, es cierto, como cuando jóvenes se han ofrecido para ayudar a los mayores encerrados. Pero son una parte. Los casos que ocurren, uno tras otros, es que son en fiestas, ya sean privadas o en público, cumpleaños, fiestas privadas y botellones, discotecas clandestinas, los que se están produciendo.


La visión de las imágenes del botellón de Tomelloso son las que el ministro Illa reconoce como el detonante de lo que va a ser una nueva serie de casos. No es más que cuestión de tiempo.
Todo ello nos lleva a la eficacia del mensaje y a hacer llegar la responsabilidad a todos: el coronavirus solo se frenará con un comportamiento adecuado por parte de todos. Y todos hemos visto alguna especie de situación, con más o menos personas, en las que la misma locura del botellón —la estupidez que se ve desde la luna— se nos muestra.
Los maestros y profesores temen el regreso a las aulas porque cómo van a controlar a aquellos que no quieran controlarse y que perciban los centros educativos como "centros sociales". Es difícil no hacerlo porque lo son realmente, pero es nuestro concepto de sociabilidad, de interrelación, lo que se debe modificar y ajustar a los nuevos parámetros. No podemos interactuar como antes. Nuestros espacios, nuestras distancias, nuestras acciones... han de ser forzosa y forzadamente diferentes.

Hemos comentados en ocasiones que los mensajes oficiales centrados en el número pueden ser contraproducentes porque el que se quiere agarrar al número por sí mismo no ha entendido nada. Cuando se dice que se podrán reunir "20 personas", el número nos da una especie de confianza. No se trata de la cantidad, sino de cómo se interactúe. Dos pueden contagiarse, cien puede salir bien si lo hacen correctamente manteniendo las medidas de seguridad. Quizá se haya pecado —los medios de comunicación han tenido su responsabilidad en esto— en un exceso de detalle, algo que entendía que lo se decía es lo que se podía hacer y lo que se podía hacer no tenía riesgo. Esto es un error evidente y se seguirá pagando.
Los políticos deberían reflexionar sobre por qué no son esos "referentes sociales" capaces de ser creíbles. Deberían hacerlo. Quizá lo que encuentren sea muy duro para ellos. La estrategia que ha convertido la política en una mezcla de cloaca y de pelea de gallos puede llevarles al poder, pero divide y sobre todo desacredita ante una gran mayoría de la ciudadanía.
Las advertencias en estos días se suceden. La necesidad de transmitir "buenas noticias" despierta los ataques y enfrentamientos que nunca han cesado. A los ciudadanos nos hubiera gustado ver aparcadas muchas cosas, ver mejorar el tono por parte de quienes tienen la obligación de ser ejemplares al representar a los ciudadanos. ¿Lo harán mejor los capitanes de los equipos de fútbol? ¿Lo harán mejor los otros líderes sociales en un mundo trivial?


Los aplausos desde los balcones han sido una forma cambiar el norte hacia aquellos que de verdad se han dejado la piel y muchas otras cosas más por sentido de la responsabilidad y por sentido de sacrificio. Efectivamente todo el personal sanitario, pero también repartidores, tenderos, conductores,  policías, etc. que han mantenido el país en marcha para que los que podíamos teletrabajar pudiéramos sobrevivir. Por eso la indignación de que todos esos riesgos se olviden por un irresponsable botellón o una fiesta de cumpleaños con o sin ilustre invitado belga (¡menos mal que es el décimo en la línea de sucesión!).
Tiene razón Salvador Illa: es fundamental, fundamental, fundamental. Hay que usar todos los medios e interlocutores posibles para hacer llagar a esa parte irredenta de la población, esa parte que ni entiende ni quiere entender. La euforia estival, nuestra necesidad de poner buena cara no ayuda mucho. Hay que seguir insistiendo en cómo hay que estar en las terrazas, bares o chiringuitos en vez de intentar que se llenen de cualquier manera, como algunos quieren.
El caso del avión a Tenerife es otro enorme aviso a un sector estratégico, el turismo, que se puede hundir ante los que esperan esas noticias para amplificarlas y evitar que la gente venga a España, que parece ser nuestra salvación nacional.
Me gustaría que alguien pensara en una España futura menos dependiente industrialmente y turísticamente. Son dos distorsiones que los intereses económicos se empeñan en mantener. Hay que empezar a crear sectores industriales que nos garanticen que las soluciones a nuestros problemas están en nuestras manos y no en la voluntad de otros. Hemos tenido que esperar sentados a que nos llegaran trajes y mascarillas, respiradores, etc. No hemos sido capaces o no hemos querido hacerlo nosotros. Ahora se cierran fábricas de automóviles y empresas que nos reducen más como país. ¿Es extraño que los "referentes sociales" sean los que los medios fabrican, deportistas, cantantes, etc.? ¿Hay otros visibles? Los modelos sociales vigentes solo están pensados como parte del gasto en ocio (deporte, música, TV...).


El coronavirus es un enorme mensaje, lleno de advertencias sobre el futuro y de muestra de carencias en el presente. Si no lo leemos correctamente y el país solo está pendiente de "salvar el verano" nos mereceremos lo que el futuro, que no va a ser bueno, nos tenga deparado. Somos un país que vendió su industria por un plato de turistas, que arrancó frutales u olivos para acoger en sus campos de golf. Hoy necesitamos más o estaremos condenados a seguir siendo el juguete del norte industrial, que necesita chiringuitos para broncearse; seguiremos formando el mejor personal médico que se tiene que ir a Reino Unido o Alemania; investigadores que se van a los Estados Unidos... Quizá esto explique mejor porqué un sector en pleno, la juventud, ha desconectado. No lo explica todo, pero sí una parte. Son los que tienen que consumir mientras nos llegan las nuevas remesas de turistas a gastar. Tomelloso es algo más que un botellón; se ha convertido desgraciadamente en una forma de vida. Es solo la parte cutre del modelo.
Sí, es fundamental sortear los próximos peligros. Pero es también fundamental pensar en cambiar este desastroso modelo en el que vivimos, un modelo sin grandes aspiraciones y degradado, con poco que ofrecer a los que crecen en él.


* "Salvador Illa pide ayuda a “referentes sociales” tras el botellón en Tomelloso" El País Vídeo 4/06/2020 https://elpais.com/videos/2020-06-04/salvador-illa-pide-ayuda-a-referentes-sociales-tras-el-botellon-en-tomelloso.html