martes, 28 de julio de 2026

Prevención, prevención

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Hace apenas unos días los informativos de una cadena televisiva nos informaban de un conflicto con el ruinoso acceso a una playa. El conflicto, que había dejado sin arreglar el problema, era la discusión entre el ayuntamiento y la administración de costas que alegaban ambas que la responsabilidad era del otro. Los vecinos se jugaban la vida cada día para ir a la playa y alguno había apuntalado el acceso por su cuenta para evitar mayores males.

Si pasamos de la playa a los bosques tenemos casos similares: ¿de quién es la responsabilidad? Pero el caso de los incendios tiene un matiz importante. Hay una clara distinción entre "prevención" y "apagado". Para que se llegue el segundo, el incendio, han debido fallar los mecanismos de prevención. Y es aquí donde comienzan los problemas: ¿de quién son los bosques, quién debe evitar que el bosque crezca incontrolado...?

Es obvio que algo (o mucho) está fallando para que esto se esté produciendo con la virulencia actual, con fuegos que baten todos los records en cuanto a expansión e intensidad.

Una foto de unos bomberos en un medio nos los mostraba con hierbajos secos hasta la cintura tratando de evitar la expansión de fuego. Solo les faltaría usar gasolina para apagar el fuego en vez de agua. Cuando intervienen las fuerzas de emergencias ya es demasiado tarde.

En los fuego podemos hablar del viento, de las olas de calor con más intensidad y frecuencia, etc. Pero todo esto no nos libra de preguntarnos por los mecanismos de prevención del fuego y de sus desastres. Es sorprendente que con los casos previos, no hay forma de proteger las casas, rodeadas de árboles y follajes secos que nadie limpia; es igualmente sorprendente la indefensión de los pueblos que podrían realizan zonas seguras alrededor de sus zonas edificadas; es sorprendente también la ausencia de zonas seguras para el desalojo y que ocurra como sucedió con los muertos extranjeros recientes, caso todavía no explicado. ¿No entendieron lo que se les dijo?

Pese a la cantidad e intensidad de los incendios que padecemos, da la impresión que seguimos sin mecanismos adecuados de prevención y que será la UME  la que se encargue de todo al final. Pero eso no es una solución, sino evasión de los problemas.

¿No lo consideran un problema "real" ni ayuntamientos ni comunidades autónomas, que es como se divide el territorio? ¿Dónde están sus planes de prevención, sus planes de evacuaciones, sus medios destinados a todo esto?

Sin duda estamos experimentando el significado de la "España vaciada", su verdadero sentido. Las tierras quedan abandonadas y los pueblos ven reducidas sus poblaciones, que se convierte en pequeños grupos de personas mayores que ya no se ocupan de ganado o de terrenos. Los hijos, los nietos han optado por las ciudades, que les ofrece más comodidades, un mundo menos duro que el del campo y los bosques.

Nos repiten una y otra vez que antes era el ganado el que limpiaba los bosques de vegetación. Ya ese ganado no está donde antes estaba, quedando zonas llenas de materiales que arden.

Los pueblos invierten en fiestas patronales para que regresen a gastar los antiguos vecinos y los nuevos veraneantes, cada vez más escasos con estas nuevas situaciones. ¿Pueden afrontar los pueblos los gastos de prevención? ¿Hay planes de actuación para evitar seguros desastres posteriores? ¿Hay acciones que se puedan realizar?

Nos dicen que la gran mayoría de esos terrenos abandonados lo son de particulares. ¿No hay forma de obligarles a mantener su limpieza para evitar desastres? ¿Hay alguna ley o proyecto en este sentido o se prefiere contemporizar y evitar conflictos con los propietarios?

El origen de estos incendios tampoco acaba de estar claro en muchas ocasiones. Un coche incendiado en un arcén; una chispa que salta desde un local abandonado hace una veintena de años y que no debería tener corriente; una chispa que salta desde una maquinaria que tiene prohibido trabajar en estas fechas; presunta autoría humana... Son causas muy diferentes sobre los inicios.

¿Hay intereses detrás de que el campo arda? No es una pregunta trivial. No sabemos casi nunca quiénes son esos incendiarios. Ayer nos daban las penas, de multas por imprudencia a 20 o 25 años si hay intención y víctimas. ¿No va siendo hora de tipificar más casos y aumentar las penas para que esos que conscientemente provocan grandes incendios? ¿Qué hacer con esos que están trabajando con maquinaria prohibida en esa época? ¿No les importa perder sus campos?

Ahora los partidos, ante la que está cayendo, hablan de "emergencia climática" y de "pactos". Esto es realmente vergonzoso pues es una especie de manera de pedir un "alto el fuego" político y poco sobre el fuego real.

Lo que hay detrás es matemática electoral. ¿Qué sentido tiene invertir en la España sin apenas votantes? Nos dice que la población se concentra en el 10% del suelo español, es decir, que es ahí donde se realizan las acciones con rendimiento electoral. La España que se quema es la España sin votantes, apenas algunos repartidos por pueblos semi abandonados. Es ahora cuando se acercan a las poblaciones con más censo cuando empieza a preocupar electoralmente. Las proximidades peligrosas a las capitales de provincia y a Madrid marcan el peligro de que los incendios tengan efectos electorales, que se exijan responsabilidades.


ABC


No son los políticos los que deben realizar "pactos" de no agresión. Hay que crear mecanismos institucionales que actúen sobre la prevención; este primer paso es el que garantizara los efectos menores de los fuegos. Hay sitios en España donde ha funcionado, como apuntan en la prensa: cortafuegos, zonas limpias, mantenimiento constante, etc. Pero para eso hay que seleccionar no "políticos" sino técnicos capacitados al frente de las secciones, darles autonomía decisoria en su competencia. Pero los políticos actúan de forma contraria a esto: amiguismo, compras dudosas, falta de eficiencia y justificación, etc.

Tenemos en las instituciones —ayuntamientos, consejerías autonómicas— negacionistas activos del cambio climático que acusan a los ecologistas de ser los responsables de los fuegos. Sospecho que, pese a las evidencias, seguirán con sus demagógicos discursos ya que hay una parte del electorados a la que, nos guste o no, les atraen esos discursos por motivos diversos.

Tenemos un serio problema, un problema en dos tiempos. Es en el primero donde hay que volcarse para no tener que ocuparse de forma dramática y desesperada del segundo.

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