Joaquín Mª Aguirre (UCM)
No sé,
pero todo es cada vez más raro o quizá el raro soy yo. Me entero ante la pantalla de mi televisor de
que se han vendido miles de bolsos como el que lleva la primera ministra
japonesa. Parece ser que ya no basta con votarla, sino que hay que comprarse un
bolso como el suyo. Quiere también que la llamen "dama de hierro"
porque resulta que es una admiradora ferviente de la británica Margaret
Thatcher. Me imagino que si los japoneses no tienen problema con votarla e ir
con su bolso a cuestas, tampoco van a tenerlo en llamarla como le gusta.
Según
parece, ya no se trata tanto de argumentar y convencer. El nuevo mundo crea
unos nuevos lazos entre el modelo general de "influencer" (sí, ser
primera ministra hoy es ser influencer) y su versión política.
Poco después,
la misma pantalla me muestra un programa sobre las habituales influencers y nos
hablan de actrices que ya no actúan, sino que simplemente "lucen".
Lucir es una profesión; tú luces y los demás te copian, corren a comprar lo que
luces o a hacer lo que le propones.
Por
ejemplo, el programa que vi daba consejos por parte de especialistas sobre cómo tener el culo de las Kardashian, un "objeto deseado" ampliamente. Se
nos explica detalladamente el origen de las Kardashian y nos cuenta cómo cada
una de las hermanas en una lucida propuesta, de tal manera que se reparten el
mercado influido; entre todas cubren diversas expectativas de los influidos. Pero, nos
explican, lo más codiciado es el trasero de Kim. Cómo conseguirlo nos lo explica con
todo detalle un entrenador físico de famosas, un buen profesional de estas
cosas.
Nos
informan de esas actrices que no actúan pero se maquillan y pasean para lucirse
por eso llamado alfombra roja. Las más listas (nos hablan de Jessica Alba como
un modelo) lucen sus propios productos de maquillaje, por lo que no trabajan
para otros sino que ganan sus buenos millones creando tendencias que, como el
bolso de la dama de hierro japonesa, se venden como churros (aunque los churros
ya no son tendencia, se sigue usando esta expresión coloquial).
Me ha
costado recuperarme de toda esta información sobre cómo vivir del lucimiento,
pero creo que se me han despejado muchas dudas sobre para qué sirven realmente
las redes sociales. Ya no creo que haya conspiraciones; creo más bien que la
estupidez se ha convertido finalmente en natural y nos permite liberarnos del
oprobio de la inteligencia, de pensar que la gente desea ser más inteligente,
más culta, más sabia.
No.
Algún visionario ha sabido captar la realidad negada. El bolso ha sustituido a
las ideas y el culo al cerebro. Debería decir que "es triste", pero
los efectos televisivos, las cifras, las nuevas costumbres, la felicidad de la
gente pasando frío para lucir un piercing en el ombligo o un tatuaje en japonés
asomando en el límite de un trasero a lo Kardashian, etc. me hacen dudar de que
estos tiempos sean los que hasta hace poco marcaban cierto sentido de la
realidad.
El
titular de The New York Times en Español
afirma que "la primera ministra de Japón comunica a través de su
bolso". Su bolso grande, nos dicen, aumenta su imagen de trabajadora, con
lo que "refuerza su promesa electoral de trabajar, trabajar y
trabajar". Quizá el bolso pese mucho y ya es un esfuerzo, pero si nos
creemos que así se trabaja, pronto veremos a algunos de nuestros políticos
portando una pala y un pico o vestidos con un mono azul o llevando con una caja de
herramientas. No sé si comprarán todo esto porque el político lo muestre, pero
los límites del lucimiento no han hecho más que empezar. Imaginemos por ejemplo
un político que abandona una rueda de prensa por una llamada de una avería en las
cañerías o cualquier otra urgencia metido ya en su trabajo. ¡Cómo no van a votarle!
¡Claro,
Japón es otra cosa! El bolso ya tiene el nombre de la
ministra, según nos dice el prestigioso diario norteamericano: "Oficialmente
llamado Grace Delight Tote, pero a menudo conocido simplemente como el Sanae
Tote..." (21/11/2025).
Hemos
llegado a un mundo en el que todo comunica, del bolso de Sanae Takaichi al
trasero de la Kardashian, pasando por el maquillaje lucido en las alfombras
rojas. Todo es ya signo, todo comunica, todo influye. Las guerras son ya de
comunicación, bolso contra bolso, trasero contra trasero. Lo que antes se
criticaba como superficialidad de las apariencias ha destronado a todo lo demás
y se vacían los escaparates de Japón y se agotas los maquillajes, vestidos,
peinados, que son los que marcan tendencias y a los que quieres parecerte,
luciendo de la misma guisa.
Los
personajes del programa se cerraban con alguien que se ha ganado ya el puesto hace muchos años: Paris
Hilton. Se lo curra ahora como DJ en fiestas y se saca un pastón. Da un
sabio consejo que nos trasladan directamente de su boca: lleva siempre contigo un vestido de
repuesto por si llueve o te derraman la copa en la fiesta de turno.
Tomo
nota.





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