miércoles, 13 de abril de 2022

La impertinencia

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

A veces los informadores no acaban de entender ciertas cosas o no quieren hacerlo. Ocurrió ayer en RTVE. El embajador de Ucrania se encontraba en el estudio, en directo, contestando a las preguntas que se le hacían. En un momento el conductor del programa lo detuvo. "Hoy ha intervenido Vladimir Putin durante un acto en Bielorrusia y vamos a escuchar lo que ha dicho", explicó. El embajador, visiblemente incómodo, le respondió: "No tengo muchas ganas de escuchar a Putin porque, repito, no vale, su palabra no vale nada". Lejos de entenderlo, el conductor del programa señaló: "Pero los españoles tienen que verlo. Además a veces es bueno escuchar con el que estás enfrentado porque se le desnuda. Cuando alguien con el que estás enfrentado dice algo que está... evidentemente que no es verdad incluso consigue un efecto contrario al que a veces se propone. Vamos a escuchar al presidente ruso". Las frases le salieron confusas, la voz un tanto perdida al presentador. Mientras, el embajador S. Pohoreltsev mostraba un evidente y creciente malestar. Ya era malo escuchar al presidente ruso, pero escuchar las explicaciones del presentador del programa era peor todavía.

El gesto con la mano sobre la mesa del embajador no dejaba dudas sobre lo contrariado que estaba. El "vamos a escuchar a Putin" fue como un jarro de agua fría. Para mayor indiferencia, el presentador le resume todos los puntos de Putin, para que quede claro que espera su respuesta. ¡Qué error!


Él, lo dijo con claridad: al igual que sus compañeros por todo el mundo, tienen un mensaje, pedir ayuda, armas para defenderse. No es su misión hacer de estrategas y mucho menos sentarse a comentar las declaraciones del enemigo en una especie de situación salomónica donde se pone en el mismo nivel al invasor que al invadido. Ir a un espacio en el que se le da la palabra a Putin no es precisamente lo que esperaba el embajador 

Tras escuchar las explicaciones del presentador sobre lo dicho por Putin se vuelve a la situación anterior. El embajador es contundente: quien incumple es Rusia. "No sé si vale la pena escuchar...", señala con una media sonrisa irónica. El presentador vuelve a la carga: "Yo creo que vale la pena escuchar, incluso cuando alguien queda retratado... o por lo menos para que la audiencia saque sus propias conclusiones".

La cuestión se zanja finalmente con una pregunta que cambia la orientación del debate hacia aspectos menos pedagógicos por parte del presentador. Este acabará dando entrada a los participantes en el debate. La pregunta del primero de ellos no arregla nada. Comienza aludiendo a un vídeo en el que "soldados ucranianos parecían estar rematando a soldados rusos que estaban heridos". Insiste en el derecho de Ucrania a defenderse, para pasa a la pregunta: "¿Eso se está investigando y qué medidas se van a tomar para que, en esa defensa legítima, no se cometan abusos por parte de algunos miembros del ejército de Ucrania?". El embajador dice lo único que puede decir: que no ha visto las imágenes, que lo ha leído en los periódicos, que se está investigando y que cuando tenga información, gustoso la compartirá. ¿Qué esperaban, una primicia?

¿Han entendido lo que es una "guerra", lo que es ser miembro de un país masacrado y lo que supone ser embajador en otro país? Me temo que no, que la guerra es el "tema" de la noticia y poco más. De tener un conocimiento más sensible sobre la guerra y sobre la situación habrían entendido que no se puede pedir al embajador de un país invadido que se mantenga impertérrito ante la imagen del invasor y tener que escuchar la sarta de falsedades con las que se tapan miles de muertos, la destrucción provocada, la miseria por décadas, el dolor causado cada día. Sí, ¿qué tiene que aprender el embajador ucraniano en España de lo que pueda decir Vladimir Putin? Como representante oficial, se limita a decir lo que se le autoriza a decir. Las preguntas absurdas solo pueden tener respuestas diplomáticas.


Las dos intervenciones restantes reconducen las preguntas hacia lo posible, hacia lo que puede ser respondido por un embajador en un momento en el que su país ha sido invadido militarmente y salen a la luz todo tipo de atrocidades. Son las  imágenes que se nos muestran durante toda la entrevista y que el embajador ve mientras se le pregunta. Como remate, escuchar a Putin.

No, el papel de un embajador no es escuchar qué tiene que decir Putin, aunque sí es cierto que los españoles deben escucharlo. ¿No se podía haber organizado de otra manera que no significará que el embajador ucraniano estaba "escuchando" las palabras del presidente que ha ordenado la invasión de su país? ¿No podían haberlo hecho de otra manera? ¿Es lo "periodístico" hacer que lo aguante mientras se ilustra la entrevista con fosas comunes, destrucción, cadáveres en las calles? Los españoles, en cualquier caso, ya habían escuchado a Putin momentos antes, en el noticiario. Es lo mismo que se aprovechó para el programa.

RTVE ha realizado un gran trabajo sobre el terreno en Ucrania y en sus fronteras. Los periodistas que han trabajado y lo siguen haciendo dan una información in situ evaluando los daños, los efectos de la guerra sobre la población, hablando sobre su dureza insoportable. Pero la forma de plantearlo desde la "retaguardia", desde unas preguntas preparadas mirando teletipos o repitiendo los tópicos que se han escuchado en el día, evidentemente no es la misma. Son los toros desde la barrera, otra clase de periodismo.


¿Se puede entender que, tras ver decenas de imágenes de destrucción y muerte, de casas y barrios borrados del mapa, la pregunta sea qué está haciendo Ucrania para asegurar que no se cometan excesos en la guerra? Yo, al menos, no entiendo esta clase de ingenio, de pregunta diferente, de súper pregunta, prácticamente una acusación que se esconde tras una falsa "neutralidad" de la información. Sí, los espectadores españoles tienen derecho a saber, pero la pregunta es una forma clara de proponer una falsa balanza y taparse los dos ojos.

La entrevista al embajador ucraniano se caracterizó por una falta de sensibilidad y algo llamado paternalismo, algo que hace que se puedan dar lecciones sobre lo que se debe escuchar o no, por mucho que se diga que Putin se retrata al escucharle.

Se corrió el riesgo de que el embajador se levantara y dijera que ya regresaría cuando terminara Putin de hablar, que efectivamente no tenía ganas personales ni diplomáticas de escuchar al que ha sembrado la muerte en su país.


Las diferencias entre el periodismo de los que están en el frente y los que hacen preguntas desde una cómoda silla y un tranquilo plató son grandes, pero creo que no hubiera sido tan difícil que la entrevista al embajador no hubiera sonado como una impertinencia ante un invitado al que citas para pedirle después que escuche al invasor. Lo que les funciona en nuestras grescas de partidos, con los invitados habituales —políticos de uno y otro color que están deseando comentar lo que han dicho los otros— no tiene porqué hacerlo en algo bastante más serio, como es una guerra. La primera de las preguntas fue "¿Van ustedes a poder resistir con las tropas que tienen en la zona?". ¿Qué clase de pregunta es esta? ¿Qué se puede contestar? Es una pregunta para un analista exterior, no para el embajador de un país invadido. Otras preguntas recogiendo las "críticas a Zelenski" por la participación de "miembros del batallón Azof, neonazi", habrían hecho las delicias de cualquier medio ruso. Según vino a explicar el presentado el tal "batallón" tiene "mala prensa en Europa y en España", a la que habría que haber pedido permiso para defender su país. El embajador contestó que le parecía muy bien que la gente siguiera defendiendo a Ucrania. ¿Tenían que pedirnos permiso? Parecía que el embajador había ido al plató a disculparse por las maldades ucranianas.

Estamos manifestando solidaridad con Ucrania cada día. La frialdad, por llamarlo de alguna manera, mostrada ayer no se corresponde con lo que ahora sentimos y decimos. Obviamente no se trata de hacer propaganda, sino de preguntar lo que es posible responder y nadie más limitado en sus respuestas que un embajador, alguien que representa oficialmente a un país en el nuestro.

Me sentí incómodo con la entrevista, no me gustó el planteamiento ni el desarrollo por, creo, una mala decisión estratégica. También por una cuestión de "tono", de actitud. Poner a la defensiva a un invitado no es el mejor método para hacer entrevistas; darle lecciones sobre lo que debe ver o no tampoco. Menos en las circunstancias actuales.

Supongo que ante este clima, el embajador ruso estará deseando participar en algún debate.


* La noche en 24 horas "El embajador de Ucrania en Madrid: "Defenderemos cada metro de nuestro territorio, la integridad territorial es crucial"" RTVE 12/04/2022 https://www.rtve.es/play/videos/la-noche-en-24-horas/entrevista-embajador-ucrania-guerra/6487703/

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