sábado, 9 de abril de 2022

Los europeligros

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Quizá sea el sino de la Unión Europea estar en el filo de la navaja, en constante equilibrio entre fuerzas interiores y exteriores que buscan su debilitamiento y hasta destrucción, conforme a la radicalidad de las propuestas que en cada país se ponen encima de la mesa en cada elección.

Es el sino democrático frente al modelo autoritario que Rusia y su federación representan hoy en día. Frente a los gobiernos títere de los aliados rusos, Europa propone un modelo muy distinto, en el que se dan conflictos entre instituciones y países y entre países mismos en cuanto que existen discrepancias sobre qué políticas seguir. Rusia "resuelve" sus discrepancias con invasiones y anexiones, como estamos viendo hoy mismo en Ucrania, a la que Rusia considera "suya", un "territorio invadido" que va recuperando en cada mordida, de Crimea al Dombás.

Europa, por su parte, está sujeta a fuerzas centrífugas, como las que determinaron el Brexit. Las opiniones públicas de cada país se ven sacudidas, muchas veces manipuladas, presentando los problemas nacionales como conflictos con Europa. Es la línea seguida por los "populismos" de diverso pelaje que han reivindicación de un nacionalismo aislante, de una renegociación permanente que actúa sobre la estabilidad de Europa. Los efectos perjudiciales del Brexit sobre Reino Unido, cuyas colas kilométricas de camiones ante el Eurotúnel se nos muestran hoy, no han sido suficientemente explicados.

Desde el punto de vista de la educación europea, parece que se ha llegado a alguna especie de tope mental que las ideas nacionales identitarias no quieren llegar. ¿Para cuándo una "educación para la ciudadanía europea" en nuestras escuelas y facultades? ¿Para cuándo el poder  decir "somos europeos" de una forma natural? Es lo que permitiría realmente otra perspectiva y otra forma de actuación.

Pero, por el contrario, lo que está creciendo es un populismo extremo y radical que juega con la idea identitaria nacionalista, haciendo el juego a las fuerzas interesadas en una Europa débil y fragmentada, necesitada de protección y con cada negociación convertida en tortura y riesgo permanentes.

Ayer hablábamos del riesgo que supone cada elección francesa, algo que podremos comprobar mañana mismo. En el diario ABC leemos sobre la candidata de la extrema derecha populista francesa: 

Los institutos de opinión se dejan un margen de error de 2 a 3 puntos. Según esos cálculos, la elección de Le Pen «es posible, aunque no sea probable». El riesgo de una abstención excepcional complica todas las previsiones. Sentencia que ha provocado una escalada de alarmas francesas y europeas, que Eric Maurice, analista de la Fundación Robert-Schuman, analiza de este modo: «En el programa de Marine Le Pen ha varias proposiciones claramente prohibidas por los tratados europeos. En caso de victoria, se plantearían muchos problemas de fondo, a la vista de su complicidad con varios Estados euroescépticos, como Polonia y Hungría». «Las instituciones europeas no sobrevivirían a una victoria de Marine Le Pen», comenta François Miguet, especialista en asuntos europeos.

En el programa presidencial de la candidata de extrema derecha hay varias proposiciones que son una suerte de 'Frexit' (salida de Francia de la UE), presentado con calculada ambigüedad.

Le Pen propone medidas que pudieran amenazar la libertad de circulación de bienes y personas, la matriz del mercado único, el cimiento capital de la UE. Le Pen propone una 'renegociación' de legislación y tratados para afirmar la superación del derecho nacional, francés, contra el derecho europeo, abriendo un frente inflamable para toda Europa.*


La amenaza no es trivial ni imaginaria; es real y de enorme trascendencia, como se puede apreciar. Pero también va más allá de la extrema derecha de Le Pen y se extiende al otro extremo del espectro político. Señala Juan Pedro Quiñonero en su artículo: "Gane o pierda, el crecimiento de las corrientes euroescépticas francesas, extremas derechas (Le Pen, Zemmour) y extremas izquierdas (Mélenchon), es un muy mal augurio nacional y europeo."* En efecto, el crecimiento envolvente de los grupos antieuropeístas y euroescépticos, por diferenciarlos aunque busquen lo mismo, es una muy mala noticia para la Unión Europea.

¿Es el olvido del desastre de las Guerras Mundiales lo que está llevando a las generaciones nuevas a perder el impulso europeísta? ¿Son los propios errores europeos, entendidos como falta de respuestas a los problemas que nos sacuden desde hace casi veinte años, como consecuencia de una crisis económica mal resuelta? Lo más probable es que sea una mezcla de olvido e interpretación sesgada del presente.


Europa tiene una serie de condicionamientos por su propia posición dentro de un espacio que cada vez es más necesario entender e incluso ampliar, Eurasia, un espacio que debe ser reconsiderado como "mediterráneo" ya que los problemas del norte de África no llegan y se amplían por todo el desplazamiento de problemas continentales hacia el norte, especialmente, de violencia (terrorismo) e inmigración (desplazados por guerras, por causas políticas y por la mezcla de enfermedades y pobreza). Son precisamente estas dos situaciones las que son utilizadas por los extremismos populistas para atacar a la Unión Europea reivindicando el nacionalismo como alternativa. Las amenazas de Le Pen son parejas a las de los populismos de otras áreas de Europa y la soluciones siempre las mismas, un mundo fraccionado, protegido por los cierres de fronteras, con aumento del racismo y reivindicación de la identidad nacional. Esto vale desde la extrema derecha española a la polaca o húngara, pasando por la francesa, la alemana y las de otros países comunitarios. No es un fenómeno exclusivo de Europa, pero es en Europa donde existe un objetivo específico: romper su unidad.

En estos años, hemos podido hablar aquí de muchos momentos en los que los grupos populistas pasaban de ser simplemente euroescépticos a ser activos militantes para dinamitar las instituciones desde dentro, buscando amplia representación en espacios decisorios, como el Parlamento Europeo, para utilizarlo contra Europa. Así lo hicieron los británicos anti europeos del Brexit y otros grupos de distintos países.


Lo que está ocurriendo con el boicot de Orbán a las medidas contra Rusia es un ejemplo del problema europeo. Orbán utiliza la Unión como una diana sobre la que lanzar los problemas propios. Es muy difícil con actitudes así que Europa avance y sin embargo fácil que retroceda.

Lo que suceda en estas elecciones presidenciales en Francia es importantísimo para el destino futuro de Europa ya que Francia juega un papel destacado en muchos sentidos. Hay que replantearse la política comunicativa europea si queremos que Europa siga existiendo y creciendo como un espacio común. Hay que empezar a enfrentarse a este tipo de movimientos populistas desde una perspectiva europea y europeísta, si es que nos importa algo esta construcción común. Hacen falta esfuerzos de explicación, vencer las tendencias al fraccionamiento y a que se vea como un escenario de lucha de intereses de los países más poderosos frente a los más débiles. Si se utiliza Europa como una forma de control y predominio de unos sobre otros, será poco probable que podamos mantener el sistema en su conjunto funcionando como debe.

Todo esto se hace dentro de un marco democrático, es decir, sujeto a la posibilidad de cambios que caracterizan a estos sistemas. Los regímenes no democráticos aprovechan la posibilidad de estos cambios para presionar y reducir su eficacia. El efecto es que en países en los que han entrado, como Polonia o Hungría, empiezan a retroceder las libertades que garantizan el sistema, aumentando los problemas con el resto de los países de la Unión. ¿Es posible reducir este problema de una libertad que se usa contra un sistema de libertades, es decir, que se vuelvan autoritarios? El experimento europeo de unidad es algo bastante insólito y no valen muchas otras experiencias más que a modo de ilustración. Europa es un camino por explorar con los consiguientes riesgos que esto implica. Por ello es fundamental mesura, reflexión y construir un camino convergente. Los radicalismos locales tienden a trasladarse a las instituciones europeas aprovechando sus fisuras.

Nunca hemos tenido, en las últimas décadas de Europa, tan claros los peligros que nos acechan y la necesidad de más y mejor democracia, la necesidad de resolver los problemas que surgen de nosotros o los que nos lanzan. Europa es desafío y confianza ahora que las oscuras alternativas están claras.


* Juan Pablo Quiñonero "El euroescepticismo de Le Pen y Mélenchon alarma a la UE" ABC 9/04/2022 https://www.abc.es/internacional/union-europea/abci-euroescepticismo-y-melenchon-alarma-202204090137_noticia.html

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