viernes, 22 de diciembre de 2017

Votos para recordar

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El varapalo dado a los Estados Unidos de Donald Trump en las Naciones Unidas ha sentado, como estaba previsto, como un golpe directo a la mandíbula. La fuerte condena en la asamblea al no poder imponer allí su veto, como sí ocurrió en el Consejo de Seguridad ante la propuesta patrocinada por Egipto, ha vuelto a demostrar la profunda soledad, ganada a pulso, de los Estados Unidos.
De nuevo, la embajadora norteamericana ante las Naciones Unidas, Nikki Haley, ha tenido que recurrir a esas advertencias de matón de barrio del "tomaré nota". Haley es una imitadora de las maneras del Jefe Trump. Ha manifestado la misma sintonía agresiva desde sus primeras intervenciones. Ya sea porque Trump dio con la persona correcta o porque ella entendió el papel que debía representar, lo cierto es que lo cumple sin salirse de él un milímetro.
El diario estatal egipcio Ahram Online, con información de Reuters, recoge las palabras de Haley:

“The United States will remember this day in which it was singled out for attack in the General Assembly for the very act of exercising our right as a sovereign nation," U.S. Ambassador to the U.N., Nikki Haley, said at the General Assembly ahead of Thursday's vote.
"We will remember it when we are called upon to once again make the world’s largest contribution to the United Nations, and so many countries come calling on us, as they so often do, to pay even more and to use our influence for their benefit,” she told the 193-member General Assembly ahead of the vote.*


¿Es posible una actitud más altanera? El lenguaje político norteamericano de la era Trump es más propio de un régimen autoritario que de una democracia. La misma defensa que hace de su soberanía como argumento para no contar con los demás podría ser invocado por todos los demás: también ejercen la suya.
Sin embargo, la "soberanía" va acompañada de dólares, por lo que entiende que aquel que acepta su dinero pasa a renunciar a su soberanía en favor de acatar lo que la administración Trump le exija. Eso, como ya señalábamos ayer, se llama "soborno". ¿Es capaz de diferenciar la administración o el propio Trump entre unas ayudas y una compra de voluntades, un soborno? Es dudoso. Más sorprendente es que esto no se disfrace de ninguna manera sino que se amenace a los países con represalias.
El daño que Donald Trump está haciendo a los Estados Unidos, a su imagen pública e histórica, es incalculable. Hay momentos en los que el país ha tenido una pésima imagen, pero se trataba de salvar los platos retóricos. Con Trump, esa opción se ha desestimado porque no va con su propia naturaleza prepotente, de patán zafio y amenazador. Como ocurre con Haley (y con otros anteriormente), el efecto de mímesis del jefe se va apoderando de los subordinados, que acaban siendo caricaturas grotescas.

Recordemos la agresividad del efímero jefe de comunicaciones, Scaramucci. Apenas diez días en el cargo, llegó amenazando a todo el mundo al buscar la fuente de las filtraciones en la Casa Blanca. Era una ridícula versión de Trump, lo que le valió el escarnio de los medios antes de su caída. ¡Cuántos buenos chistes se quedaron por contar por su cese! Nikki Haley es otra versión locuaz y amenazante de Trump.
Con Trump, los Estados Unidos han adquirido una nefasta imagen que será difícil de corregir. Las propias características personales, que habían suscitado rechazo de mucha gente a lo largo de su vida por su prepotencia y grosería, han sido trasladadas a la imagen del país a través de todos estos sosias que se manifiestan como él desde diferentes puestos.
Todos aceptan la principal premisa de Trump: Estados Unidos gasta el dinero en países que deben seguir su política. Los países se compran para que sirvan a los intereses norteamericanos. Los "bad países" son como los "bad hombres"; su objetivo es aprovecharse parasitariamente del trabajo de los generosos ciudadanos norteamericanos, que pasan por momentos malos por su exceso de generosidad para con el mundo. Dan mucho y reciben poco.
La generosidad norteamericana no es única, como a veces quiere hacernos pensar Trump. Hay mucha en el mundo, quizá no toda la que debiera, pero sí una contribución de los que más tienen para tratar de mejorar el mundo. Pero la mentalidad de Trump lo ve no como una ayuda sino como una compra, que implica decir a los demás países que deben pensar, hacer o votar, según el propio Trump ha expresado y Nikki Haley ha repetido.


Estados Unidos está destruyendo, con Trump, sus propias señas de identidad, como ha hecho con los ataques infames a países enteros considerándolos como delincuentes sin más. Ha abrazado y jaleado, en cambio, a dictadores y dirigentes de países poco o nada democráticos, siendo esta su primera línea de actuación. Ha definido, sin más, quienes son los "rivales" de los Estados Unidos, como si estuviera haciendo un estudio de marketing, etc. Ha perdido el apoyo de aliados tradicionales, históricos, por sus formas y presiones, además de la oscuridad de muchos de sus movimientos. Hasta la inicialmente eufórica Theresa May está asustada y se arrepiente de haber invitado a visitar Reino Unido, donde si finalmente acude a inaugurar embajada, se puede encontrar con un recibimiento como el que podría tener en Corea del Norte. Recordemos que hasta la ciudad de Londres le ha declarado persona non grata, tal como antes hiciera el speaker del parlamento británico ante la posibilidad de que con la invitación de May tuviera la pretensión de hablar ante los comunes.
Bloomberg recoge el detalle del rechazo británico a ver aparecer por allí a Trump, que ya se ha buscado la excusa de inaugurar la embajada londinense:

Donald Trump is persona non grata in Britain.
Ever since Theresa May extended an invitation to the president to come visit the Queen, he has rankled the nation with his off-the-cuff comments about terror attacks in Britain and now with his latest provocation: the sharing of far-right videos and the lashing out against the prime minister for telling him he was wrong.
 “I have previously called on Theresa May to cancel her ill-judged offer of a state visit to President Trump,” London Mayor Sadiq Khan said in a statement released by office. “After this latest incident, it is increasingly clear that any official visit at all from President Trump to Britain would not be welcomed.”**


La publicación recoge un tuit del alcalde de Londres, Sadiq Khan, que en otras circunstancias podría considerarse imposible:
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Mayor of London
@MayorofLondon
President Trump has used Twitter to promote a vile, extremist group that exists solely to sow division and hatred in our country. It's increasingly clear that any official visit from President Trump to Britain would not be welcomed.
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Es insólito en las relaciones entre dos países aliados y que comparten tanto que se produzca un texto como este señalando que el presidente de los Estados Unidos no será bien recibido en la ciudad de Londres. Antes del incidente del tuit del grupo de extrema derecha británico, ya Londres había manifestado poca simpatía por Trump a raíz de sus actos anti inmigración. Ahora lo manifiestan claramente.


Trump se lo ha ganado todo a pulso. Un año le ha bastado para confirmar los peores augurios. El año que ha transcurrido ha sido un desastre en lo internacional, con un crecimiento de la violencia y un enrarecimiento del clima diplomático en todos los órdenes. Sus juego malabares con la retórica no lo pueden camuflar. Estados Unidos ha perdido su liderazgo con él.
La condena a Estados Unidos en Naciones Unidas es a una política, pero también a una forma de hacer política desde la prepotencia, la amenaza y el desprecio de la opinión de los demás.
Estados Unidos ya no es el líder de nadie. Con Trump lo hemos repetido desde el principio y lo seguimos confirmando con cada acción. El mundo ha empezado a buscar otras alianzas, como ha ocurrido con cuestiones como la defensa europea o desafíos como el cambio climático. Ha hecho, además, el mayor favor a la Rusia de Putin, a la que ha convertido en más influyente al acoger a los que Trump espanta con sus acciones y gestos. Es difícil que Trump realice otra visita por Oriente Medio; nadie querrá complicarse la vida saliendo en la misma foto. Ha perdido la idea de que trataba de ser "justo" en la solución del problema de Palestina, con lo que se da por concluida la "paz americana", siendo el ufano Israel el más perjudicado.por más que parezca lo contrario.
Los discursos de Trump, dentro y fuera han suscitado rechazo en este año que ahora se acerca a su final. De los Boy Scouts a la Policía, de los deportistas a los actores, Trump no ha conseguido más que rechazos. Donde ha hablado o ido, ha sembrado la discordia. Con sus incendiarios tuits ser ha enemistado con medio mundo, incluidos sus apoyos iniciales, como la Gran Bretaña de May, donde ahora no le quieren ni ver.


La etapa Trump —algunos ya hablan de un segundo mandato, pesadilla en la que prefiero no pensar— está siendo la de la peor presidencia de los Estados Unidos. Eso dicen sus números y sus actos. Será recordada por haber promovido los peores defectos y haber sepultado las mejores virtudes. Si Nikki Haley dice que se recordará a quienes votaron en contra, lo que es indudable es que nadie se va a olvidar del daño causado por Trump a través de cualquier medio. Sus agresivos imitadores se encargarán, como ha hecho la embajadora, de recordarlo cuando haga falta. Como contrapartida, allí donde sea posible, el mundo le recordará a Donald Trump que las relaciones internacionales se basan en principios distintos a los de su programa.


* "'This vote will be remembered': Haley says of UN Jerusalem vote" Ahram Online 21/12/2017 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/2/8/285807/World/Region/This-vote-will-be-remembered-Haley-says-of-UN-Jeru.aspx

** "London Mayor: Trump Not Welcome After Retweeting ‘Vile’ Group" Bloomberg 30/11/2017  https://www.bloomberg.com/news/articles/2017-11-30/donald-trump-you-re-not-welcome-here-says-london-s-muslim-mayor


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