sábado, 12 de marzo de 2011

Una verdad que lleve a la justicia


Joaquín Mª Aguirre (UCM)

El primer ministro egipcio, Essam Sharaf, hizo el lunes pasado un llamamiento a la juventud, a la que estuvo en la Plaza, para que asumieran el compromiso de levantar su país en todos los órdenes, en lo social y en lo económico. En lo político ya lo hicieron. Ahora muchos se preparan para participar y para enseñar a participar.
En los inicios del levantamiento, los nerviosos dirigentes de Israel manifestaron su preocupación por la falta de “cultura democrática” de Egipto. Los jóvenes se lo han tomado en serio y asisten a las clases que imparte la ONG EDA, la Academia Egipcia de Democracia, creada en 2009*. Los jóvenes comenzaron sus clases por las prácticas, como bautismo de fuego político en la plaza de Tahrir y en las calles de Egipto. Lo primero que han aprendido es que es más fácil derribar una dictadura que crear una democracia, nos dicen. Ya Jean-Jacques Rousseau adelantaba que si había una forma de gobierno adecuada para los ángeles era la democracia. No daba muchas esperanzas de continuidad entre los imperfectos humanos. Las democracias no son, en efecto, perfectas; son perfectibles. Lo importante es su evolución en el tiempo.
La democracia, como aprenderán pronto estos jóvenes, necesita un esfuerzo permanente. Aprenderán que las diferencias entre una dictadura y una democracia son muy grandes, pero que también existe una gran distancia entre una mala democracia y una buena. Hay muchas malas democracias en el mundo. Son malas porque han perdido el sentido del conjunto y se han convertido en traducciones mecánicas de unas opiniones pública a las que cada vez se les sustraen más elementos para ejercer su función. Anestesiadas por la comodidad, muchas de ellas se dejan en manos de clases políticas profesionalizadas más preocupadas por su propia supervivencia y ascenso que por el bienestar del conjunto de sus pueblos. Lo peor que le puede pasar a una sociedad democrática es pensar que es un regalo del cielo sin fecha de caducidad. Los egipcios han aprendido la primera parte, que la democracia no llega del cielo sino de la sangre y el coraje que han tenido que derramar después de años de dormitar en el inmovilismo de un régimen como el de Mubarak.
Por eso, para que no se pierda el punto de mira, el presidente se ha dirigido también a los medios de comunicación y les ha dicho que, además de la verdad, busquen la justicia. Buscar la justicia es poner el dedo en la llaga de todo aquello que vaya en contra del desarrollo moral del pueblo egipcio crecido en la visión diaria de la corrupción. Las democracias, además de producir bienestar, deben producir más democracia, extenderla a todos los ámbitos sociales. El bienestar por sí solo no genera democracia. Los medios de comunicación son esenciales en esto y la libertad de información debe ser uno de los pilares que lo garanticen.
La conjunción de una información adecuada, cuyos profesionales consideren su tarea como una responsabilidad social y no como propaganda de nadie, con unos políticos con vocación y voluntad de sacar adelante sus pueblos, no con el deseo de perpetuarse en los puestos para enriquecerse, es el mejor objetivo que pueden tener. Luego, el esfuerzo de cada día hasta el fin de los tiempos.
 
* “Egyptians learn tough lessons in democracy” CNN 10/03/2011 http://edition.cnn.com/2011/WORLD/africa/03/09/egypt.democracy/index.html?hpt=C1


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