domingo, 1 de noviembre de 2026

La expansión de la desconfianza

 Joaquín Mª Aguirre

Los políticos están  pendientes de sus propias estadísticas de aceptación. Les va en ello el cargo y el sueldo. Pero eso forma parte del propio sistema democrático que genera mejores o peores alternativas. No ocurre así con muchos otros sectores de la vida pública e institucional que se ven deteriorados por su propio mal funcionamiento.

Los ejemplos ahora mismo son palpables debido a los fallos del sistema que siembran la desconfianza. Pero no es solo cuestión de que se pregunten por qué fallan los sistemas que deberían evitar los fallos, los que están hechos para no fallar.

Hoy la desconfianza, el recelo, crece de forma continuada, expandiéndose por muchos sectores de la vida social y haciendo tambalearse el sistema.

Hoy podemos leer el siguiente titular en La Información Económica / 20minutos, "Preocupación en la inspección de Hacienda por el creciente rechazo a los impuestos: "Nuestra imagen no atraviesa su mejor momento""*, firmada por Jorge Millán. En ella se nos dice que 

Hay un sector de la ciudadanía, sobre todo la población trabajadora más joven, que desconfía de los impuestos. Aunque es una actitud que todavía es minoritaria, ha adquirido una dimensión significativa. El último estudio realizado por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) sobre la percepción que tiene la ciudadanía sobre la política fiscal es llamativo. Uno de cada cuatro encuestados considera que los impuestos "son algo que el Estado nos obliga a pagar sin saber muy bien a cambio de qué". Proporción que se eleva a uno de cada tres en la población de entre 25 y 44 años. Esta percepción también se refleja en otro estudio reciente del Instituto de Estudios Fiscales (IEF), en el que uno de cada tres adultos menores de 49 años opina que vivirían mejor sin pagar impuestos.  

Este sentimiento preocupa en el seno de la Agencia Tributaria (AEAT). Los inspectores de Hacienda son conscientes de este fenómeno, que se solapa con un momento de "grave pérdida de confianza de los ciudadanos" en este organismo, según denuncia el colectivo. El asunto de la desconfianza en el sistema tributario y en los funcionarios que trabajan para él ha estado muy presente en las conversaciones en el XXXVI Congreso Anual de los Inspectores de Hacienda del Estado (IHE) celebrado en Toledo esta semana. * 

Evidentemente, los impuestos nunca han tenido muy buena prensa en España. No hace mucho nos hablaban de un país nórdico que estaba orgulloso de sus impuestos. Los consideraba esenciales para su buen estado de salud nacional; les veía sentido y los ciudadanos comprendían bien lo que aceptaban de vuelta, es decir, en qué se traducían los impuestos que pagaban.

Las cifras de las que nos hablan sobre el recelo hacia los impuestos son algo más que un rechazo: es una desconfianza en las formas y fines del estado. Es una manifestación más, especialmente entre los más jóvenes, de la falta de confianza en el sistema, un anuncio más del imperio de la supervivencia en el que cada uno se busca la vida. Es parte del mismo fenómeno que vemos en la violencia y saqueos.

Todo ello, como hemos comentado estos días y anteriormente, es parte de una conciencia dañada que cree que lo que se transmite no es más que palabrería que trata de cubrir una triste realidad, que es la que se manifiesta por España y parte de Europa, incluso más allá hacia otros continentes donde mucha gente empieza a dejar de creer en el Estado como forma protectora y constructiva y lo ve como una fiera voraz, que gasta a través de la corrupción lo que recauda previamente.

Que esto se perciba por la falta de visibilidad, real o imaginada, del gasto en impuestos es grave, pues evidentemente hay muchas cosas que se crean o sostienen con nuestros impuestos. Por muy mal que se use una parte, siempre habrá otra. Quizá nos hemos acostumbrado (o nos han acostumbrado) a ver solo la parte negativa y menos lo que se hace para sostenernos a todos.

Sea el motivo que sea, aunque es importante, la percepción negativa contribuye a ese deterioro de la imagen de los estados y provoca una especie de acracia colectiva que algunos aprovechan para sus propios fines.

Lo más preocupante, de nuevo, es la existencia de unas generaciones que no ven futuro, que es lo que de alguna forma representan los impuestos. Cuando no se ve futuro, las iras se vuelcan hacia el presente, que es lo que estamos viendo recorrer una parte importante del mundo. Es la reivindicación airada de lo que ven en generaciones anteriores, de la vivienda a la sanidad pasando por la educación, los tres pilares de la vida en sociedad.

Los instigadores hacen ver que solo quien tiene dinero tiene derecho a la salud, que la educación se convierte en barrera para el ascenso social y que la vivienda es un negocio construido para explotar una necesidad social que impide emanciparse y te condena toda la vida atrapado por los gastos y los pocos ingresos.

Los impuestos, desde esta perspectiva, se ven como una forma más de violencia contra ellos, pues sienten que nada reciben, que solo son explotados. Los impuestos son otra vuelta de tuerca.

¿Cómo hemos llegado a esto? Es una buena pregunta.


Una de las formas de contestación claras nos viene del rechazo al servicio militar obligatorio que algunos países, ante el temor de acciones de Rusia o Irán. Tras años sin ser obligatorio, algunos lo vieron como forma de subsistencia, pero el rechazo ante unas posibles situaciones bélicas sería otra forma de rechazo. El patriotismo ha quedado como una retórica hueca, aplicable en el deporte por motivos comerciales. El rechazo forma parte del mismo paquete: solo se acuerdan de nosotros cuando interesa. Se rechazan los impuestos y otras formas, como el servicio militar obligatorio, que se ven como formas de explotación desde unas instituciones que no dan nada.

No tenemos, desde luego, muchas cosas que decir ante aquellos que se sienten marginados y explotados, lo que algunos aprovechan para su beneficio mediante manipulación.

La violencia callejera, los saqueos, las "okupaciones", la negativa a los impuestos o el servicio militar obligatorio, entre otras formas de rechazo, apuntan todas en la misma dirección. 

* Jorge Millán "Preocupación en la inspección de Hacienda por el creciente rechazo a los impuestos: "Nuestra imagen no atraviesa su mejor momento"" La Información económica /20minutos 31/10/2026 https://www.20minutos.es/lainformacion/economia-y-finanzas/preocupacion-inspeccion-hacienda-por-creciente-rechazo-los-impuestos-nuestra-imagen-no-atraviesa-su-mejor-momento_7055669_0.html

sábado, 31 de octubre de 2026

La ineptitud obediente

 Joaquín Mª Aguirre

El accidente mortal —69 fallecidos— ha supuesto un auténtico shock y un despertar de conciencias de forma explosiva. Lo ha hecho a la puerta de unas elecciones que se presentaban dramáticas, pero no de esta manera. Esto ha desbordado todas las expectativas y marcan una frontera política.

Mientras los responsables políticos del sector empujan las responsabilidades hacia abajo, desde todas partes se empujan hacia arriba, hacia los altos cargos cuya función ha sido tapar carencias antes que resolver problemas en sus estado primario para evitar que crezcan.

Está claro que en España no hay capacidad (no digo voluntad) de resolver determinados problemas que desbordan a los incompetentes que se han ido colocando en puestos determinados.  Su deseo es que no pase nada que les deje en evidencia.

Llevamos unos días escuchando a los que no hemos querido escuchar. En esto, los medios tienen mucha responsabilidad. Se han dejado atraer por el ruido político, el que fabrican los partidos para atraer la atención mediática, siempre c on cálculo electoralista. ¿A quién le interesan los problemas de los trenes si no hay accidentes por medio? Cuando se ha consultado a los especialistas, a los profesionales, etc. descubrimos un mundo previo de advertencias, de llamadas, que han sido ignoradas en ese flujo de deportes, movilización al viaje (gastronomía, hoteles, cruceros...), promoción de espectáculo y la política como espectáculo que participa de todo ello. Todo estaba delante de nuestras narices, pero ¿a quién le importa si dominamos un mundial y añadimos una segunda estrella a la camiseta?

El País 17/10/2025

Nos duran poco las quejas,  hasta que consiguen llevarnos de nuevo a los meandros de la seducción, nos hacen engancharnos a un problema o disputa controlada que nos aleja de la principal. Poco a poco se va sembrando las instituciones de silenciadores, personal obediente, no problemático, que espera diligente las órdenes arriba.

Pero esta vez han saltado por los aires las viejas mañas. Ya no hay silencio posible.

Salen a la luz los casos de ineptos —de embajadores a inspectores o directores generales, jefes de departamentos, delegados de gobierno y gobernadores incluso...— colocados por los partidos en puestos claves, cada vez más arriba. Primos, amigos, esposas, cuñados... son colocados en cargos en los que confían en que no pase nada y queden entonces en evidencia.

Están saliendo estos días listas de colocados en las empresas públicas (la privada es otra cosa) en todos los niveles. En muchos casos se utiliza a los jubilados que tienen libertad de tirar de la manta y decir lo que en activo no podían so pena de despido o ser condenados al ostracismo.

Los jubilados se quejan de la forma en que fueron sustituidos, en la baja calidad de la formación de quienes les sustituyen. Los puestos requieren más experiencia y el personal se va reduciendo para limitar los gastos. La fatiga se acumula porque no hay personal para hacer descansos. Los errores son más frecuentes... y peligrosos.

Alerta. El diario de Cantabria 30/10/2026

No hablemos ya de la idea de "conservación", algo que le tocará al siguiente, porque nadie presentará a los superiores una exigencia de inversión para mostrar las carencias del sistema. Da vergüenza escuchar, del ministro Puente (ese que no dimite por responsabilidad) para abajo, las fechas en que se anunciaron revisiones, sustituciones, inversiones millonarias... que nunca llegaron. Fueron meras declaraciones, motivos para salir en la prensa... de los que la prensa nunca volvió a ocuparse para comprobar si se hacían. Da vergüenza ver y escuchar al ministro Puente ante una imagen bien diseñada explicando la necesidad de hacer lo que nunca se hizo.

Los medios están demasiado ocupados en dar espectáculo para su propia supervivencia; cuando han dejado de lado su labor de vigilancia, de control de los políticos, se lo ponemos muy fácil. Hemos acumulado muchos vicios periodísticos. Se han puesto del lado del poder y no enfrente, criticando, que es ponerse del lado de la ciudadanía.

Civio 15/07/2025

Muchos medios solo tapan agujeros. Cuando ocurren cosas terribles y comienzan a salir las advertencias, nos preguntamos ¿por qué no antes, por qué no se presionó para que se cumpliera lo que debía, por qué no se criticó la inadecuación para un cargo con responsabilidades? Nos gusta hablar del "cuarto poder", pero mucho me temo que se ha ido fundiendo con otro poder en detrimento de la ciudadanía, que es a quien debe informar.

Tenemos algún que otro caso de nombramientos inadecuados, pero no son precisamente los medios los que los iniciaron. Hoy saltan los del Ministerio de Transportes. Habría que empezar a vigilar las actuaciones de los que están colocados arriba o en los márgenes, los que son un peligro por su falta de decisión y criterio. Han sido colocados para otras labores o pago de favores. Habría que empezar a sacar más estas cosas y no tener que lamentarse tanto después.

Lo ocurrido es terrible por los hechos en sí y por lo que suponen, la traducción de una perversión del sistema que lleva al deterioro, la ineficacia y, finalmente, a su estallido cuando se dan las circunstancias. Entonces lo que no podía ocurrir, ocurre; las estadísticas imposibles aparecen y nos lamentamos, por un lado, y nos entra pánico a su repetición, por otro. La mitad de las informaciones que se van produciendo atienden al miedo a tomar el tren que se ha sembrado. Lo que era un orgullo y una forma de organizarse la vida personal y laboral, el medio que garantizaba la movilidad sobre la que se construía la vida diaria de muchos, se nos ha vuelto en contra.

El Plural 2016

Se despierta entonces la especulación sobre los billetes alternativos, con otros medios. Como buitres, se disparan los precios y la gente entiende que tendrá que arriesgarse sin remedio. Es el mercado. Los que trabajan y después se van a ciudades lejanas en las que pueden pagarse una vivienda; los que solo encuentran trabajos en sitios alejados; los que salen en cuanto tienen ocasión, movidos por la presión turística, se quedarán en casa o pagarán muy cara la movilidad.

Entre especuladores, malversadores y amiguismo incompetente, nuestro sistema requiere mucha cirugía. Es el pago a lo acrítico de la polarización a que se nos ha llevado interesadamente. Pero no será fácil, vista la energía con la que algunos se aferran a los puestos, a su irresponsabilidad en los dos sentidos, tanto por lo que ha ocurrido como por su origen.

La Gaceta de la Iberosfera 26/09/2026

La ineptitud se paga más cara cuanto más se asciende en la escala. La responsabilidad dada a irresponsables tiene consecuencias graves. Los políticos se aseguran obediencias cuando son los que crean o conceden los puestos a personas de su confianza. Ese es el mayor requisito. Es un pago a la fidelidad. Y cada uno hace los mismo desde su puesto, concede cargos y realiza nombramientos. Estamos viendo las peleas por estar bien colocados en las listas electorales o las expulsiones de algunos. Es el puesto el que determina el futuro en la política y en la vida, un sueldo, privilegios, etc.

Además de llorar por los fallecidos, se nos pide que lloremos por el ministro. Se nos pide mucho.

 

20 octubre 2026


viernes, 30 de octubre de 2026

Algo pasará

 Joaquín Mª Aguirre

El descubrimiento de que el responsable de la convocatoria de violencia y pillaje tenga solo diecisiete años debería hacernos reflexionar un poco sobre en dónde estamos y hacia dónde vamos. Con la noticia saltan varios tópicos sobre la idea de "menores" que mantenemos y cultivamos directa o indirectamente.

Nuestra idea de "menor" proviene de un erróneo sentido de la infancia desde una perspectiva evangélica, del "seréis como niños". El menor es alguien a quien hay que proteger de las maldades del mundo de los adultos. En el fondo, es el resultado de nuestra mala conciencia. Nos gusta creer que hay algún momento en el que fuimos inocentes. La idea rousseauniana de que "el ser humano es bueno por naturaleza" y que la vida social la que pervierte y destruye la inocencia no es más que una versión laica de la evangélica. Hemos creado leyes e instituciones sobre este principio.

Nos hubiera gustado que detrás de los saqueos con violencia inusitada estuvieran adultos o, mejor, una organización, a ser posible extranjera. Pero no siempre son las cosas como nos gustaría que fueran. En 20minutos leemos: 

Los Mossos d'Esquadra han detenido durante la noche de este jueves a un menor de 17 años en Sant Sadurní d'Anoia (Barcelona) por su presunta relación con la organización y coordinación de los saqueos del pasado sábado en Barcelona a través de los canales de comunicación de BLOCUS, según ha informado este viernes el Govern en un comunicado. 

El arrestado habría difundido el enlace de acceso al grupo y participó activamente en las conversaciones, facilitando indicaciones sobre el material a llevar, las medidas para evitar ser detenidos y las pautas de autoprotección, según la policía catalana. Asimismo, habría "incitado" a otras personas a actuar "con violencia" y proponía comercios "a los que saquear". *

 

¡Una joya! ¡Qué lejos de nuestros queridos menores entre los que, sin embargo, legalmente se incluye! De mayor será un eficaz ejecutivo capaz de ganar y hacer ganar buenos dividendos a quienes le contraten.

Hace mucho tiempo que escribimos aquí sobre el descenso en la edad de los delitos, en cómo son cada vez más jóvenes quienes los cometen y mayor la gravedad. Nos encontramos con violaciones en grupo a los 13 años, acoso escolar, racismo, etc. entre menores que deberían teóricamente estar jugando a la pelota o al escondite. Los escuchamos, pero somos incrédulos sobre el origen. Son casos excepcionales o están los adultos detrás, queremos pensar.

La ley les protege con la ilusoria idea de que de "mayores" cambiarán, que regresarán a la inocencia tras unas cuantas lecciones, la lectura de algunos libros adecuados y una tutela bien inspirada. ¡No hay seguimiento entre el pasado inocente y el futuro por el buen camino! Carecemos de datos, su pasado se borra, no existe. Se les protege. ¿El acosa en el colegio practicará después el acoso laboral? ¿El maltratador de chicas será en el futuro maltratador sexual, maltratador de sus parejas? No son simples preguntas. Necesitamos respuestas aunque sean globales. Pero nadie entra en ello.

Hay un rasgo común en muchos de ellos: el dominio de la tecnología. Casi todos ellos son expertos que usan sus conocimientos adquiridos casi desde la cuna para hacer el mal.

Quizá uno de los ejemplos más vistos es su uso de la IA para fabricar imágenes porno de sus compañeras de colegio o de amigas. Eso les divierte y nos muestra su deseo de hacer daño. En algún caso se ha resuelto con el suicidio de la niña afectada por las imágenes y las burlas de sus compañeros. Se suman ante el temor de ser las siguientes víctimas o, sencillamente, les divierte ver el sufrimiento, un concepto más extendido de lo que quizá pensamos. Hemos visto recientemente brutales palizas dadas por las compañeras de clase a una de ellas. ¡Qué lejos de nuestras idílicas ideas sobre la feminidad juvenil!

Que el programador e incitador de saqueos y destrozos sea un frío adolescente, un menor, de diecisiete años debería cambiar nuestra forma de percibir la sociedad que estamos construyendo, pues no se trata de otra cosa. Lo que nos extraña ver no es más que el reflejo de la sociedad que les rodea, de nuestra propia violencia y sus capas.

La criminalidad que estamos viendo en España en estos últimos tiempos sobrepasa lo visto anteriormente. La aparición de jóvenes sicarios, sus fríos asesinatos, con  este último remate de un herido de un atentado anterior, en la cama de un hospital, nos dejan al descubierto una España lejos de lo idílico.

Que sean niños y adolescentes los que aprenden métodos y tienen fines crueles o delictivos nos asegura una España futura de enorme dureza. Nos faltan principios y modelos en los que reconocerlos. El derrumbe de la credibilidad política en todos los órdenes por casos de corrupción o de ineficacia absoluta no son más que un indicador en dos direcciones: la del "no es mi problema" para unos y la de "si otros lo hacen, ¿por qué yo no?". Son las vías españolas por la falta de ejemplaridad, un aspecto importante en la mentalidad que tenemos, más pendiente de lo que otros hacen que de resistirse.

El joven detenido por es visto como un héroe presente y futuro. Tiene determinación, claridad, capacidad organizativa y muy claros sus objetivos. Le han puesto cara a ese héroe que ha demostrado que es posible tener en jaque a la sociedad adulta, la que se opone entre ellos y el placer (que no la felicidad). Se nos incita a desear, ¿por qué no satisfacer la necesidad creada?

Muchas noticias de violencia extrema, de acoso, etc. se preguntan por el efecto de la imposibilidad de "imputación" por los delitos cometidos. ¿Lo han entendido como "impunidad"? Durante siglos se han visto las leyes y su cumplimiento como el elemento que nos separa de la violencia animal. ¿Es ese el estado mental en que viven algunos, sin una ley que haya que respetar porque no hay responsabilidad? Si es así como algunos lo han entendido...

Otra noticia de 20minutos nos describe el miedo entre los comerciantes de Madrid ante lo que pueda ser la próxima llamada al vandalismo y al pillaje:

Desde la Asociación de Comerciantes de Preciados, Carmen, Sol y Adyacentes (Preciarte) detallan que varios comercios del entorno de la capital tapiarán sus vitrinas este viernes, especialmente los situados en las calles Arenal, Preciados, Montera, Alcalá, la Carrera de San Jerónimo y la Plaza Mayor. "Muchos lo hacen por iniciativa propia, pero no ha habido ninguna indicación del Ayuntamiento. La Policía ha llamado a la calma, pero esperábamos algún consejo", traslada la entidad. En este sentido, señala que los trabajadores son los que "más miedo tienen", pero que no cree que se producirán los altercados vividos en Barcelona y Bilbao en los últimos días. "Algo pasará, pero no llegaremos a eso", subraya.**

La creencia en que "no llegaremos a esto" no es más que un deseo producido por el propio miedo a perder los negocios en la zona, ya bastante afectada.

Veremos lo que ocurrirá en pocas horas. Pero el hecho de que se haya visto a uno de los que estaban detrás, puede que sirva de deseo de emulación de algunos, deseosos de liderar el vandalismo.

Debemos reflexionar sobre por qué se produce esto y tratar de evitarlo. Suena inocente en una sociedad en la que la previsión es una metáfora poética. El blindado de los comercios para evitar el pillaje ya nos dice algo. 

* Raquel Navarro "Detenido un menor de 17 años vinculado a los canales de Blocus utilizados para coordinar los saqueos del sábado en Barcelona" 20minutos 30/10/2026 https://www.20minutos.es/cataluna/barcelona/detenido-un-menor-17-anos-vinculado-los-canales-blocus-utilizados-para-coordinar-los-saqueos-sabado-barcelona_7055343_0.html 

** Cristina Camacho "Los comercios del centro de Madrid tapian sus escaparates y acortan jornadas por miedo al pillaje ante el fin de semana de Halloween" 20minutos 30/10/2026 https://www.20minutos.es/madrid/los-comercios-centro-madrid-tapian-sus-escaparates-acortan-jornadas-por-miedo-pillaje-ante-fin-semana-halloween_7055198_0.html

jueves, 29 de octubre de 2026

Obsoleto, incompetente e historia de un ascensor

 Joaquín Mª Aguirre

El titular a toda pantalla de 20minutos es rotundo: "Tres ordenadores de los años 90 que debían estar ya renovados, en el fallo del sistema del que prendió el "error humano" del accidente"*. Son ya 69 los muertos que se contabilizan en el "accidente que nunca podría ocurrir" y que, sin embargo, ocurrió, una fórmula retórica cada vez más usada en España, donde nos hemos acostumbrado a aceptar que un accidente tapa a otro, que lo imposible suceda.

Ayer si produjo uno de los mayores despliegues informativos que recuerdo. Las cadenas interrumpieron su programación para mantener en directo el lugar del accidente, pendientes de escuchar todo tipo de voces, con experiencias muy similares: miedo a coger el tren. Muchos contaban tener esa sensación de miedo al montarse por todo tipo de incidencias, de vibraciones de las vías a paradas o exceso de velocidad en los trayectos.

Soy usuario diario de Cercanías en Madrid desde que me fui a vivir fuera de la gran ciudad. Todo funcionaba bien durante años hasta que empezó a dejar de hacerlo, hasta que el orden reflejo de la estabilidad comenzó a perderse. Son la acumulación de incidencias las que crean las posibilidades de desastres, la imposibilidad de casar los hechos con los planes. Es entonces cuando empiezas a pensar en el riesgo. Cuando la vibración de trayecto te impide hacer lo que has hecho hasta el momento; cuando tienes que aferrarte a lo que puedes cuando te acercas a tu parada... Deja de haber tranquilidad en un medio que muchos eligen por su fiabilidad frente a las incidencias de la carretera. En el tren podías ir relajado, leyendo, pensando en tus cosas o hablando por teléfono, trabajando con tu ordenador... Todo eso se ha ido y costará recuperarlo.

Moncloa.com

No es nuevo; solo es gravísimo, un desastre apenas sin precedentes. Que estalla en mitad de una broca precampaña electoral con una legislatura llena de desastres, de ferroviarios a climáticos, de estallidos en las calles por la vivienda, la educación, la sanidad, con un vandalismo extremos que lleva al pillaje, al incendio en las calles. Como ironía final, el encierro de la propia Policía ente la situación en la que se encuentran, con órdenes y mandos contradictorios. También la Policía ha dicho basta, harta de ser la "solución final" a los desórdenes que se generan por la ineptitud política, por la desidia empresarial, que quiere ganar, pero invierte fuera.

No recuerdo en mi vida un estado de crispación, inducido por los hechos y por los políticos incapaces de enfrentarse a ellos, que los usan para sus batallas campales, como hemos podido apreciar en las luchas verbales sobre la responsabilidad.

Lo cierto es que hemos aceptado una situación que se ha hecho impresentable, que hemos aceptado dentro de la fácil polarización en la atribución de responsabilidades. No buscamos soluciones, usamos los problemas como arma arrojadiza contra los otros. Y nos dejamos seducir por unos u otros cuando levantan las cortinas de humos para que no se vea la realidad.

Hace muchos meses ya que escribimos aquí que la palabra que describía la realidad española era "chapuza". Es que vemos cuando nada funciona, cuando lo que tenía que hacerlo no lo hace. La "chapuza" es el resultado de un conjunto de ineptitudes, de tener al frente a personas incapaces, personas que ascienden gracias a cadenas de favores, a dócil sumisión, al fácil aplauso. Eso vale para una DANA o para un AVE.

Quiero contarles una historia, para evitar incidir en el dolor presente por el desastre de los trenes. En modo alguno se trata de equipararlas ni de minimizar. Solo quiere mostrar que los riesgos son constante y con un origen en la ineptitud y la falta de inversión .

Historia de un ascensor

Mi último día oficialmente en la Facultad, ya que me jubilaba, tomé el ascensor en la quinta planta. Iba con mucho peso. Cuando llegué a la altura del tercero el ascensor se paró entre dos pisos. Me acordé entonces que el día anterior también se había parado, pero esa vez pude salir sin problema y continuar por las escaleras. No era igual esta vez. Estaba entre dos pisos. No había forma de salir de allí.

Pulse el botón de alarma y escuché perfectamente el timbre. Nunca había tenido que usarla. Pulsé una y otra vez. El ascensor está muy alejado de la cabina de bedeles que, por haber reducido el personal por vacaciones, ya no se repartía por plantas, sino que se concentraba en el extremo opuesto, en la planta baja. Nadie escuchaba aquel timbre. La Facultad estaba prácticamente vacía.  Llamé a un compañero que sabía que estaba en la Facultad. Descolgó el teléfono pero no me escuchaba. Lo intenté varias veces, pero ocurría igual. Su despacho está en el sótano y no tiene cobertura prácticamente.

Pasado un rato le escuché al otro lado de la puerta. Se imaginó algo así y salió a buscar a los bedeles. Como los habituales estaban de vacaciones, los que estaban allí desconocían la Facultad y dónde estaban los otros ascensores. Cuando mi compañero les llevó hasta ellos, no sabían dónde se encontraban las llaves y tuvieron que llamar a uno de los que estaban de vacaciones para que se lo dijeran. Las encontraron, abrieron y tuve que saltar del ascensor entre dos pisos.

Cuando informé de lo ocurrido y que el timbre de alarma no se escuchaba si no se estaba junto al ascensor, que sería conveniente que la alarma sonara en conserjería, la respuesta fue que eso era incorrecto, que debía conectarse  en todo caso con los servicios de emergencia y estos ponerse en contacto con los conserjes. Los servicios de emergencia no está en la faculta, sino repartido por el campus.

Algunas veces que he ido de visita veo que hay carteles en el ascensor sobre los riesgos de subirse o que no funciona. Yo entré en esos ascensores en los años 70, cuando se inauguró el edificio y me quedé encerrado el día que me jubilaba. Indudablemente están viejos y fallan. Pero los mecanismos de vigilancia, de coordinación, de respuesta son más que defectuosos e importan muy poco en una cadena donde cada uno está más preocupado de que no le toque el marrón que de otra cosa.

 .-.-.-.

Cuento esta historia, porque nos permite ver esta España envejecida, dejada a su suerte. Las inversiones se reducen y se contemplan como fatalidad los accidentes. Hace pocos días tuvimos la noticia en la prensa de dos mujeres muertas en una residencia de mayores al caer un ascensor, necesario para los que usan sillas de ruedas o tienen problemas de movilidad. El comentario es que había pasado porque "el ascensor fallaba mucho". ¡Terrible lógica!


¿Cuánto tiempo hay que esperar para que se revise un ascensor, una vía de ferrocarril, una pared que se resquebraja...? ¿Cuánto hay que esperar para que se invierta en mantenimiento, en conservación, en reparación? ¿Cuántas veces hay que denunciar, quejarse, protestar? ¿No hay otra forma?

La inversión en mantenimiento luce poco, produce poca ganancia a terceros. Ayer recordaban las inversiones empresariales españolas en los sistemas ferroviarios de otros países. ¿Pero quién invierte aquí? 

Los treinta años de los ordenadores que nos dicen que han fallado nos indican algo. La rentabilidad ha impulsado a promover el tren: es más ecológico, nos dicen para motivarnos, más seguro y regular. Las frecuencias entre unos y otros se reducen para aumentar la rentabilidad. Este aumento de los agentes y aumento de las frecuencias de los trenes conlleva una serie de riesgos en aumento, una exigencia de mejor control. Pero esos treinta años de los ordenadores nos hablan en sentido contrario. Seguro que se ha invertido en algo más llamativo. Se reducen, además, los tiempos de formación. Los maquinistas tenían planificada una huelga para estos días. Avisaban de la falta de seguridad en la red ferroviaria. Pero los que están al frente y los que están al frente de los que está al frente no lo consideran preocupante. Siempre habrá una buena excusa, una dilación en las conclusiones, etc.

Lo que ha ocurrido ha dejado el terreno sembrado de muertos, Algo de lo que nadie se hará responsable en las alturas. Todavía no sabemos las causas de accidentes anteriores. Ahora lo urgente es aprovechar la campaña electoral, responsabilizar a otros, abajo y enfrente.

Las palabras que más se repiten en titulares y declaraciones son "obsoleto" y "fallo humano". No se invierte lo suficiente en lo que se debe y no se contratan suficientes personas. Quizá la formación no está a la altura, demasiado rápida. La combinación de ambos es fatal, como vemos.

Esto es horrible y además desolador, un signo más de la involución global española, de su falta de objetivos más allá del beneficio o el poder. No se invierte en lo objetivamente necesario, solo cuenta el lucro y la imagen. Nos llenan cada día de estadísticas con las que tapar la realidad y los efectos de las malas políticas o de su ausencia total. Nos extrañamos de que crezca el vandalismo, que los jóvenes no tengan ideales ni visión de futuro o, peor, que vean en la política el camino para un futuro seguro, como deja ver la lucha actual por entrar en las listas electorales.

Desde aquí mi más sentido pésame a los familiares y amigos de todas esas personas víctimas de la desidia, de la incompetencia, de la obsolescencia. Es extensiva a todos los españoles, futuras víctimas, de una forma u otra, de este reino de la chapuza.

 

 

* Clara Pinar "Tres ordenadores de los años 90 que debían estar ya renovados, en el fallo del sistema del que prendió el "error humano" del accidente" 20minutos 29/10/2026 https://www.20minutos.es/nacional/tres-ordenadores-los-anos-90-que-debian-estar-ya-renovados-fallo-sistema-que-prendio-error-humano-accidente_7054694_0.html

miércoles, 28 de octubre de 2026

Internet bajo los bots

 Joaquín Mª Aguirre

Lo que antes era patrimonio de unos pocos es ahora una herramienta en manos de todos, la información. Su fluir vertical ha acabado siendo plenamente horizontal. A primera vista puede parecer positivo y democrático; en la realidad, vemos que es fuente de conflictos por lo que permite: la manipulación constante, la irresponsabilidad absoluta.

El fenómeno de las redes expande un poder, pero no lo controla. No existe forma de comprobación de la mayoría de lo que se nos ofrece. Muchos dirán que eso pasa siempre, pero aquí es donde entra la diferencia: la profesionalización, que implica una serie de códigos éticos, una serie de prácticas sometidas a valoración y sanción.

Con las redes hemos abierto la caja de Pandora. Se han liberado los males posibles que provienen de lo masivo, de la faltad de responsabilidad en la generación y difusión, del anonimato.

La información anterior estaba sujeta al nombre del medio y al del firmante. Lo que iba sin firmar se consideraba responsabilidad del medio que con sus fronteras materiales (la páginas impresas, o temporales, el tiempo y espacio de emisión, establecían las responsabilidades en lo que se publicaba o emitía.

Hoy hemos construido un sistema en el que hemos dado a todos el poder producir información sin garantía alguna de que lo que se difunde sea cierto. Es más, hemos convertido la desinformación, el bulo, el engaño en materiales rentables en lo económico o en lo político. Los comunicólogos estudian sus efectos y respuesta; lo planifican conforme al estudio del comportamiento de las redes. Hemos dado un gran salto en el aprendizaje de la manipulación sin duda.

En RTVE.es se nos remite a una pieza informativa del Documentos TV sobre el efecto de la IA en Internet. Lo hacen con el titular "Los expertos advierten que Internet puede morir ahogado en basura digital generada por la IA":

Internet nos ha brindado un espacio compartido de conocimiento, cultura y entretenimiento. Por relevancia social, hay quien lo compara con la invención de la escritura o de la imprenta. Pero este Internet libre y compartido ha evolucionado desde los años 90 hacia un gran negocio que han sabido aprovechar las grandes multinacionales tecnológicas.

“Nos meten la IA hasta en la sopa. Se aseguran de tener una audiencia cautiva en los buscadores, en el correo electrónico, en WhatsApp o en otros servicios de mensajes”, critica Amba Kak, codirectora ejecutiva de AI Now Institute desde donde realiza investigaciones de diagnóstico y políticas sobre inteligencia artificial.

En los últimos años, la IA se ha colado masivamente en plataformas, buscadores y en todos y cada uno de los recovecos de la red inundándola con contenidos banales, disparatados. Tanto es así, que hay quien piensa, y no son pocos, que Internet está muriendo lentamente ahogado en toda esta basura digital o “slop” como lo definen los expertos. “Slop es una palabra perfecta para definir el contenido creado con IA generativa que te encuentras en Twitter, Instagram o Facebook”, explica Max Read, periodista de The New York Times.*

Llama la atención la presentación del problema. Se nos comienza hablando de una Internet idílica (conocimiento, cultura y entretenimiento) para dar paso a los aspectos negativos que la entrada de la IA ha supuesto. La pregunta es entonces sobre la falta de crítica, de autocrítica, de los que ven solo el problema de la "suplantación" y del exceso. ¿Qué ocurre entonces con los aspectos negativos que ha presentado Internet y que han convertido las redes en espacios de adicción (desde la infancia), de fomento de la violencia, de desinformación, etc.?

Los sueños de una Internet idílica se quedaron por el camino ante la brutalidad de la evidencia. La expansión hasta la creación de un entorno digital en el que nos desarrollamos, para bien y para mal, tiene una serie de efectos. La IA no es más que una consecuencia que perjudica a determinados productores frente a otros que la han creado e implantado para su propio beneficio.

Hoy asistimos a episodios de violencia juvenil que se incitan a través de las redes sociales. La culpa no es de la red sino de quienes la usan aprovechando la ausencia de límites que no se plantea como cuestión filosófica, democrática, etc., sino como una cuestión de límites del beneficio económico, del mero lucro.

Todo buen propósito —que desde luego existe— queda enterrado entre millones y millones de noticias cuyo deseo es manipular y obtener un rendimiento por ello. Su conversión en mero mercado hace que cualquier otro fin que no sea la rentabilidad económica o política (una fase previa) quede como un rasgo de "inocencia" en un mundo de intereses.

Que algunos hayan llegado a una productividad extrema de los mensajes a través de la IA no es más que una aplicación ajustada a sus fines, el beneficio. La falta de regulación, que se consideraba positiva para los excesos, se aprovecha para más excesos sin control.

¿Qué hemos hecho y cómo hemos llegado a permitir que la red esté asfixiada por tanta basura sintética? Mats Schönauer, periodista y youtuber dedicado al análisis y crítica mediática y a la verificación de hechos, lo analiza. Denuncia que los vídeos automatizados más populares de Youtube están difundiendo información pseudoperiodística intrascendental al mismo tiempo que afirma que estos cientos de miles de vídeos, solo en Alemania, han sido vistos millones de veces.

 “Estamos hablando de millones y millones de personas que han sido engañadas”, concluye. Él mismo hizo un experimento. Creó un vídeo donde la IA decía que la Bundesliga había decidido introducir una tarjeta azul, además de la roja y la amarilla, que obligaba al jugador a quitarse las botas y seguir jugando el partido descalzo. “Los usuarios ni siquiera lo ponen en duda. Se creen la historia y se dejan manipular y crispar”, prosigue.* 

El ejemplo del engaño probatorio de la enfermedad nos muestra que lo que hemos generado es credulidad y acabado con la capacidad crítica. Pero ¿no era esto lo que se buscaba? Hemos creado un entorno que nos aleja de las dudas y usa la mentira para generar expectativas aceptables. La credibilidad es una condición que la información genera por sí misma. Los medios más conscientes de esto dedican cada vez más esfuerzo y espacio a denunciar las mentiras que circulan con intenciones muy diversas. La misma presidencia de los Estados Unidos utiliza bulos y descaradas mentiras, insinuaciones sin fundamento porque se dirige a un público que lo acepta... y desea, pues de eso se trata, de adicción a cierto tipo de respuestas. En eso trabajan los expertos.


No solo peligra Internet como nos dice el artículo y el documento TV. Lo que peligra es también la inteligencia ética profesional. Hoy formamos en la manipulación donde hace veinte años se enseñaba a luchar contra ella.

Pero de poco sirve si cada vez hay más adictos a los bulos, a la desinformación primorosamente diseñada para hacer que le deseemos y la difundamos. Pensar que todo es correcto y que son los bots los que crean el problema, me parece de una enorme hipocresía, un ejemplo más de retorcimiento de la realidad, palabra confusa y esquiva.

Nos extrañamos de la bajada de edad en la violencia, de cómo son cada vez más jóvenes los que actúan más violentamente y buscamos quiénes están detrás, en las redes. Deberíamos preguntarnos más a menudo si no hemos creado el sistema perfecto para esto y si es irreversible. No, el problema no son los bots. Eso es solo cuestión de tráfico. Los verdaderos problemas son otros.

Las redes son ya algo más que un mercado; son nuestro entorno, allí donde realizamos una enorme cantidad de acciones, son las que modelan nuestro pensamiento y de donde sacamos nuestras ideas, la fuente de nuestras imitaciones y modelos. Que sean utilizadas más allá de sus fines iniciales no debería extrañarnos tanto. Sabemos su realidad, pero tememos que las medidas repercutan en las ganancias. Extrañarnos de que se utilicen los bots y la IA suena un tanto falso. 

Detrás de la IA están los que se benefician de ella en su lucha por el mercado. Que mucha de esa información, el tráfico, esté generada por bots, que ya sobrepasan a los humanos, es solo una queja sobre las posibilidades de dirigirse a seres reales dentro del mercado. Es la consecuencia final de los medios aplicados.

El problema, como estamos ya experimentando, va más allá del mercado. O quizá todo se ha transformado ya en mercado, con lo que la "influencia" se relativiza por el exceso. La presión constante para alcanzar nuestra atención y lograr influirnos nos hace compartimentarnos, crear adicciones y radicalizarnos. Son los efectos que vemos en muchos traducidos a la acción.

* Milagros de Diego Cerezo "Los expertos advierten que Internet puede morir ahogado en basura digital generada por la IA" RTVE.es  28/10/2026 https://www.rtve.es/noticias/20261028/expertos-internet-basura-digital-generada-ia/17250631.shtml