Joaquín Mª Aguirre
Los
políticos están pendientes de sus
propias estadísticas de aceptación. Les va en ello el cargo y el sueldo. Pero
eso forma parte del propio sistema democrático que genera mejores o peores
alternativas. No ocurre así con muchos otros sectores de la vida pública e
institucional que se ven deteriorados por su propio mal funcionamiento.
Los
ejemplos ahora mismo son palpables debido a los fallos del sistema que siembran
la desconfianza. Pero no es solo cuestión de que se pregunten por qué fallan
los sistemas que deberían evitar los fallos, los que están hechos para no
fallar.
Hoy la
desconfianza, el recelo, crece de forma continuada, expandiéndose por muchos
sectores de la vida social y haciendo tambalearse el sistema.
Hoy podemos leer el siguiente titular en La Información Económica / 20minutos, "Preocupación en la inspección de Hacienda por el creciente rechazo a los impuestos: "Nuestra imagen no atraviesa su mejor momento""*, firmada por Jorge Millán. En ella se nos dice que
Hay un sector de la ciudadanía, sobre todo la población trabajadora más joven, que desconfía de los impuestos. Aunque es una actitud que todavía es minoritaria, ha adquirido una dimensión significativa. El último estudio realizado por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) sobre la percepción que tiene la ciudadanía sobre la política fiscal es llamativo. Uno de cada cuatro encuestados considera que los impuestos "son algo que el Estado nos obliga a pagar sin saber muy bien a cambio de qué". Proporción que se eleva a uno de cada tres en la población de entre 25 y 44 años. Esta percepción también se refleja en otro estudio reciente del Instituto de Estudios Fiscales (IEF), en el que uno de cada tres adultos menores de 49 años opina que vivirían mejor sin pagar impuestos.
Este sentimiento preocupa en el seno de la Agencia Tributaria (AEAT). Los inspectores de Hacienda son conscientes de este fenómeno, que se solapa con un momento de "grave pérdida de confianza de los ciudadanos" en este organismo, según denuncia el colectivo. El asunto de la desconfianza en el sistema tributario y en los funcionarios que trabajan para él ha estado muy presente en las conversaciones en el XXXVI Congreso Anual de los Inspectores de Hacienda del Estado (IHE) celebrado en Toledo esta semana. *
Evidentemente, los impuestos nunca han tenido muy buena prensa en España. No hace mucho nos hablaban de un país nórdico que estaba orgulloso de sus impuestos. Los consideraba esenciales para su buen estado de salud nacional; les veía sentido y los ciudadanos comprendían bien lo que aceptaban de vuelta, es decir, en qué se traducían los impuestos que pagaban.
Las cifras de las que nos hablan sobre el recelo hacia los impuestos son algo más que un rechazo: es una desconfianza en las formas y fines del estado. Es una manifestación más, especialmente entre los más jóvenes, de la falta de confianza en el sistema, un anuncio más del imperio de la supervivencia en el que cada uno se busca la vida. Es parte del mismo fenómeno que vemos en la violencia y saqueos.
Todo ello, como hemos comentado estos días y anteriormente, es parte de una conciencia dañada que cree que lo que se transmite no es más que palabrería que trata de cubrir una triste realidad, que es la que se manifiesta por España y parte de Europa, incluso más allá hacia otros continentes donde mucha gente empieza a dejar de creer en el Estado como forma protectora y constructiva y lo ve como una fiera voraz, que gasta a través de la corrupción lo que recauda previamente.
Que esto se perciba por la falta de visibilidad, real o imaginada, del gasto en impuestos es grave, pues evidentemente hay muchas cosas que se crean o sostienen con nuestros impuestos. Por muy mal que se use una parte, siempre habrá otra. Quizá nos hemos acostumbrado (o nos han acostumbrado) a ver solo la parte negativa y menos lo que se hace para sostenernos a todos.
Sea el motivo que sea, aunque es importante, la percepción negativa contribuye a ese deterioro de la imagen de los estados y provoca una especie de acracia colectiva que algunos aprovechan para sus propios fines.
Lo más preocupante, de nuevo, es la existencia de unas generaciones que no ven futuro, que es lo que de alguna forma representan los impuestos. Cuando no se ve futuro, las iras se vuelcan hacia el presente, que es lo que estamos viendo recorrer una parte importante del mundo. Es la reivindicación airada de lo que ven en generaciones anteriores, de la vivienda a la sanidad pasando por la educación, los tres pilares de la vida en sociedad.
Los instigadores hacen ver que solo quien tiene dinero tiene derecho a la salud, que la educación se convierte en barrera para el ascenso social y que la vivienda es un negocio construido para explotar una necesidad social que impide emanciparse y te condena toda la vida atrapado por los gastos y los pocos ingresos.
Los impuestos, desde esta perspectiva, se ven como una forma más de violencia contra ellos, pues sienten que nada reciben, que solo son explotados. Los impuestos son otra vuelta de tuerca.
¿Cómo hemos llegado a esto? Es una buena pregunta.
No tenemos, desde luego, muchas cosas que decir ante aquellos que se sienten marginados y explotados, lo que algunos aprovechan para su beneficio mediante manipulación.
La violencia callejera, los saqueos, las "okupaciones", la negativa a los impuestos o el servicio militar obligatorio, entre otras formas de rechazo, apuntan todas en la misma dirección.
* Jorge Millán "Preocupación en la inspección de Hacienda por el creciente rechazo a los impuestos: "Nuestra imagen no atraviesa su mejor momento"" La Información económica /20minutos 31/10/2026 https://www.20minutos.es/lainformacion/economia-y-finanzas/preocupacion-inspeccion-hacienda-por-creciente-rechazo-los-impuestos-nuestra-imagen-no-atraviesa-su-mejor-momento_7055669_0.html



































