viernes, 8 de noviembre de 2013

Nirmala, el señor Pradhan y los elefantes sin prejuicios

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Mientras los medios españoles nos ofrecen muestras evidentes y cotidianas de lo casi imposible que resulta a los seres humanos comunicarnos unos con otros —ya sea porque estamos demasiado próximos o porque estamos demasiado distanciados—, la BBC nos ofrece un esperanzador reportaje sobre una niña de la India que es capaz de hablar con los elefantes.
La niña se ha hecho famosa en la India y cuando en algún pueblo son invadidos por elefantes descontrolados —una especie de botellón salvaje—, con un par de oraciones y unas buenas palabras, los elefantes se van por donde han venido y dejan a la población en paz. Nirmala, así se llama, no se dedica a los milagros —no se confundan con lo de los rezos, no es una Santa Mowgli—, sino que es la lideresa de su grupo de trabajo que cobra por despejar las calles de elefantes, que son siempre molestos en lugares estrechos.


La BBC nos cuenta que los guardabosques de la ciudad de Rourkela, al ser incapaces de sacar a los elefantes del pueblo, acabaron arrinconándolos en un campo de fútbol del que no conseguían sacarlos. Los elefantes, quizás contagiados por el el campo de fútbol, se volvieron extremadamente violentos.Y a alguien se le ocurrió la idea de llamar a Nirmala:

"Sabíamos que había una niña tribal que vivía en Jharkhand, que hablaba con los elefantes y era capaz de sacarlos de aquí. Llamamos a su padre y ella vino con algunos otros miembros de la tribu de su pueblo".
Dhola añadió que el gobierno le pagó a la joven por sus servicios.
Nirmala contó que habló con la manada en su dialecto tribal, mundaari.
"Primero recé y luego les hablé. Ellos entendieron lo que yo decía. Les dije que ésta no era su casa. Que debían regresar a donde pertenecían", recuerda Nirmala, que profesa la fe católica.
Su madre, añade, murió por culpa de elefantes salvajes y fue entonces que ella decidió aprender la técnica para poder alejarlos.
En su trabajo ella es asistida por su padre y por un grupo de muchachos de su pueblo.
"Nosotros rodeamos la manada, luego me acerco, rezo y les hablo".*


Hoy Nirmala se recupera de sus heridas, no porque los elefantes la hicieran daño, sino por el destrozo que se hizo en sus pies al alejar a los elefantes por la selva. Las imágenes de los medios indios nos la muestran convaleciente, con su pies en carne viva, pasados ya varios meses (ocurrió todo esto en junio). Por mucho que se centren en el "habla" de Nirmala con los elefantes, una cosa es hacer que salgan del campo de fútbol y otra alejarlos del pueblo corriendo delante de ellos en una especie de sanfermín hindú. Nirmala iba en chanclas, como se puede apreciar en las diversas fotografías. Hoy reclaman ayuda para terminar de curar sus pies.

Dice la BBC que "el activista local Rabi Pradhan indica que no existe evidencia científica de que los elefantes salvajes puedan entender las palabras de un ser humano".* No sabemos muy bien de qué es "activista" el señor Pradhan; a lo mejor es un "negacionista de los elefantes", es decir, se dedica a negarlo todo, como otros niegan el "holocausto" o el "genocidio armenio". El señor Pradhan, que es un espíritu cartesiano reencarnado, señala también —con mucha agudeza negacionista— que al hablarles en un idioma de otro estado no deberían entender a Nirmala y "no existen bases que apoyen la idea de que los elefantes le obedecen".*
Al señor Pradhan le parece absurdo que si los elefantes son de un estado, llegue alguien de otro estado y con una lengua foránea les dé órdenes y ellos obedezcan. Le parece absurdo que si los elefantes no entienden la lengua de los humanos de la zona, vaya a entender las lenguas de otras. Con los mismos razonamientos podía haber explicado que los elefantes de su tierra no son "católicos" y que no es creíble que los rezos de Nirmala hayan surtido algún efecto sobre los animales.
El señor Pradhan es víctima de sus prejuicios y culpable de trasladarlos al reino animal, algo que es sumamente incorrecto desde diferentes perspectivas, incluso descortés. Se equivoca al señalar de que no hay "bases" para pensar que los elefantes obedecen a Nirmala, porque los elefantes se fueron detrás de ella durante unos kilómetros, hasta alejarse del pueblo. Lo que no es "explicación", que es otra cosa. Pero la evidencia sí la tenemos, de la misma forma que teníamos "evidencia" de que las cosas se caían antes de comprender el funcionamiento de la "gravedad" y plasmarlo en leyes, culminación explicativa de algo que comienza como observación ignorante.


Los rezos y las palabras en otro idioma son aquí los árboles que no nos dejan ver el bosque. Un científico como Dios manda descartará la hipótesis milagrosa del asunto y la validez de la intercesión divina ante los elefantes. También descartará la hipótesis de la lengua adecuada, que no sería más que una variante de la "lengua perfecta", también de corte religioso, que supondría un "mito" justificativo de porqué entienden una lengua y no otras. La lengua no es la explicación porque entonces todos los que la hablaran podrían hacerlo y Nirmala no habría montado su chiringuito de cobrar por alejar a los elefantes okupas de allí donde la llaman. Nirmala es la que lo hace y los mecanismos de selección "social" han actuado especializándola en su propio entorno, en su pueblo. La BBC ha entrevistado a gente de su localidad y les han dicho:

"En Jharkhand nosotros llamamos a Nirmala "lady Tarzán". Cuando los elefantes merodeadores entran al poblado o destruyen cultivos, el departamento local de guardaparques nunca aparece. Entonces los habitantes se acercan a Nirmala por ayuda y ella logra expulsar a la manada luego de hablarle".*


Sea por los motivos que sean —no es necesario saber su origen para que funcione— a Nirmala se le dan bien los elefantes, como a los de su pueblo se les da bien poner buenos nombres promocionales. Lo de "Lady Tarzán" es, hay que reconocerlo, claro y directo para sus fines. A ellos no les preocupa la ciencia porque no es lo suyo; sí lo es, en cambio, lograr el máximo de beneficio para sus gentes aprovechando la capacidad de Nirmala o de los elefantes, según se mire.
Si el señor Pradhan consultara otras páginas de la misma BBC encontraría un interesante artículo de hace casi un mes en el que también se informaba sobre los elefantes, esta vez los africanos, en la que se informaba sobre la extraordinarias cualidades observadas en su comprensión de los humanos (algo que no resulta fácil incluso para algunos). Nos contaba la BBC entonces lo detectado en experimentos que tenían objetivos diferentes:

"Los elefantes son entrenados específicamente para responder a las señales vocales. No utilizan ningún gesto, para nada", explica el profesor Byrne.
"La idea es que el controlador pueda caminar detrás del elefante y, simplemente, decirle qué hacer con palabras".
A pesar de lo anterior, los animales parecían comprender el sentido de señalar desde el principio. Esto los convierte en los primeros animales que entienden gestos humanos sin formación previa.
En estudios previos, nuestros primos primates más cercanos, los chimpancés, demostraron ser "inútiles" en tareas similares, cuenta Byrne.
Smet añadió que había quedado impresionada por la comprensión del gesto, aparentemente innata, de los animales.
"Por supuesto que esperábamos que los elefantes aprendieran a seguir la señal humana de apuntar, o no habríamos hecho el experimento, en el primer lugar", asegura.
"Pero lo que fue realmente sorprendente es que no parecen tener que aprender nada. Lo que parece es que el entendimiento de la señal de apuntar es una habilidad que los elefantes poseen naturalmente y que son cognitivamente más parecidos a nosotros de lo que nos habíamos dado cuenta".


Otra forma de prejuicio es la que se deriva de nuestro parecido, que entendemos en todos los sentidos, con otros seres vivos. La idea expresada de que los elefantes pudieran estar más próximos a nosotros, cognitivamente hablando —procesando las informaciones de su entorno—, que los simios, más "cercanos" a "simple vista", nos muestra también que estas sorpresas se producen por nuestras expectativas. Como bien dicen en el texto: "no nos habíamos dado cuenta". Hace tiempo que sabemos que los elefantes forman parte del selecto grupo de la "conciencia" de sí mismos y eso ya los sitúa próximos a nosotros en muchos sentidos.
El descubrimiento por nuestra parte de que son capaces de señalar sin ningún tipo de entrenamiento no significa que nadie les haya entrenado. Por el contrario lo que implica es que ellos mismos lo utilizan como forma de comunicación, es decir, que han asociado un sentido a una acción, la de apuntar, que han creado "un signo" que comparten. Si son capaces de comprender el sentido de "señalar" es que ellos señalan. Por eso han comenzado a trabajar en unas líneas diferentes:

[...] los científicos agregaron que los resultados podrían ser un indicio de la utilización del gesto entre los propios animales a través de sus "trompas altamente controlables".
"El próximo paso [en nuestra investigación] es probar cuando un elefante extiende su tronco hacia arriba y afuera, como suelen hacerlo al estar en presencia de un depredador, esto funciona como una forma de apuntar", le cuenta Stem a la BBC.

El titular incluye la palabra "innata" ('Los elefantes entienden de forma innata la señal humana de "apuntar"') como explicación del caso, pero no se deben confundir ciertas cosas. Puede que vengan al mundo con una capacidad y luego, como ocurre con nosotros, podamos aprenderla mediante el aprendizaje. Lo que quiere resaltar el titular es que no les han enseñado sus cuidadores, otro prejuicio que supone que la única forma de aprender que los elefantes tienen es que los humanos les enseñemos, tal como estaban haciendo con el entrenamiento para que atendieran las órdenes verbales de sus cuidadores. Lo que les ha sorprendido es realmente que compartamos un tipo de señales con la misma función. Lo sorprendente, entonces, es que no hayamos caído en ello hasta ahora. Y eso es culpa nuestra, no de los elefantes, a los que tratábamos de convencer mediante rezos y palabras seductoras. Habrá que repasar los rituales de Nirmala.
Dicen que no tenemos un antepasado común con los elefantes desde hace 100 millones de años —es un pariente lejano— pero que se produce algo que también atenta contra los prejuicios de muchos, un fenómeno de "evolución convergente", que hay cosas que aparecen por distintos caminos evolutivos, como por ejemplo, en elefantes, delfines y humanos, mamíferos que fueron cada uno por su lado pero que avanzan a distintos ritmos hacia resultados parecidos en ciertos procesos cognitivos, dando lugar a la formación de las conciencias, un sentido de sí mismos.
Puede que la "inteligencia" (que hoy por hoy somos los únicos en definir porque llegamos primero y nos tocó poner nombre a las cosas) vaya avanzado por caminos diferentes y que dentro de unos millones de años exista un dicho como "cuando la trompa del sabio apunta a la luna, el necio mira la trompa". O algo parecido.
Esto, el señor Pradhan no lo tiene nada claro.



* "La niña que habla con elefantes... y los convence" BBC Mundo 7/11/2013 http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2013/11/131031_joven_india_elefantes_mz.shtml

** "Los elefantes entienden de forma innata la señal humana de "apuntar" BBC Mundo 12/102013 http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2013/10/131011_ciencia_elefantes_entienden_gestos_humanos_ch.shtml





jueves, 7 de noviembre de 2013

Puentes

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Hay un poema de Pedro Salinas cuyo comienzo me atrapa pasar las hojas:

¿Qué hubiera sido de nosotros, di,
si no existieran los puentes?
Pero hay puentes, hay puentes. ¿Los recuerdas? ("Los puentes", de Largo lamento)

Es un hermoso comienzo para un poema, a sabiendas de que el poema mismo —toda escritura— es un puente entre dos, quien escribe y el que lee, construido con palabras, largo o corto, sólido o frágil, duradero o efímero. Nada hay más humano que un puente, mano tendida hacia lo otro, ser o lugar. En la guerra se destruyen los puentes; la amistad los construye e incluso los reconstruye si es necesario.
Hoy, para mí, los puentes son mis alumnos extranjeros —chinos y egipcios básicamente— llenos de ilusiones, tendidos a través de la lengua y la cultura hasta nosotros. Y de sus ilusiones te contagias, te ilusionas tú mismo, rodeado como estás de un mundo que ha enterrado ilusiones, cada día más mezquino, en el que la educación es mercadeo de créditos, puntos, quinquenios, sexenios y demás zarandajas contables.


Sobrevives en el último reducto que le queda a la enseñanza —no por mucho tiempo, pues el gris corrosivo ya lo invade todo— que son los doctorados en los que puedes realizar la tarea vocacional de intentar despertar el interés por las preguntas inquietantes y los procesos sin más beneficio que la satisfacción del conocer lo que antes se ignoraba. Puedes dedicar tiempo y esfuerzo a la aventura de construir edificios con ideas, a dialogar sobre pros y contras, a recordar lecturas adecuadas y a descubrir otras nuevas con las que seguir un camino acompañado y acompañando.
Hasta hace poco los puentes —según las ramas— se tendían mayoritariamente hacia América. Recuerdo con mucho cariño a mis —hoy doctores y buenos profesores— doctorandos mexicanos. El encuentro se veía favorecido por el idioma común y por un equipaje intelectual de lecturas e influencias muy similares, próximos. Eso favorecía un encuentro que nunca se percibía como un gran salto.


Hoy en cambio sí tienes esa sensación de que el puente es más largo al encontrarte con orillas más alejadas, las de culturas que se diferencian en tradiciones y fondos, en lecturas diferentes, raíces distintas. El diálogo aquí es otro muy distinto, también enriquecedor.

Estos estudiantes vienen por la Cultura —por esa lengua que pisoteamos, esas obras que apenas leemos, por los paisajes que no miramos—, además de por las materias que sean de su interés. Les atrae el idioma y una España o América Hispana imaginadas que se han construido, como es inevitable, a través de caminos sorprendentes. Ellos se han lanzado a aprender español eligiéndolo por motivos que muchas veces se nos escapan, pero que son para ellos una gran motivación. Han hecho el tremendo esfuerzo de aprender un idioma —mejor o peor, pero siempre con ilusión—, de subirse a un avión y separarse de familia y comida (las dos cosas se echan de menos), de cambiar de costumbres y llegar aquí a un mundo que los ve como parte de un paquete indiferenciado. Podían haber elegido otro idioma, pero eligieron el nuestro; podían estar en otro sitio, pero están aquí. Aquí, sí, con nosotros.
Me alegro mucho cuando los veo en las fotos de grupo en Facebook, celebrando con amigos españoles y de otros países nuestras fiestas y las de ellos, organizando cenas en pisos en los que apenas caben todos, apiñados pero contentos.
Me emociona ver a los estudiantes egipcios de español en la Universidad de El Cairo con sus pegatinas, camisetas y banderas españolas, con sus "I love Spain", algo que casi ya no nos podemos permitir nosotros.
He visto a alumnos chinos temblarles la voz ante el tribunal de su máster al decir que ha sido el año más feliz de su vida el que han pasado entre nosotros. Para muchos es el cumplimiento de un sueño que ha costado mucho esfuerzo y sacrificio alcanzar.


Quizá tratas de recuperar, tomándola prestada, un poco de esa ilusión que el día a día te va quitando y que gracias a estas inyecciones vitamínicas —y a algún gen descolocado— puedes sobrellevar tanta desgana y desdén educativo como el que ves.
Recuerdo una conversación con alumnos egipcios de español en los jardines cairotas del Instituto Cervantes. Habían quedado todos allí para hacerse la fotografía de fin de curso del grupo. Mientras esperaban para hacerla, charlamos un rato y manifestaron sus inquietudes respecto al futuro que les aguardaba tras sus estudios. Les dije que ellos eran "puentes", que conocían dos idiomas y que aspiraran a algo mejor que a recoger turistas malhumorados y gritones en el aeropuerto o en los hoteles; ellos serían traductores, mediadores entre dos culturas, exploradores de diferencias y similitudes. Su responsabilidad al hablar dos lenguas era transmitir a una parte lo mejor que encontraran en la otra; que lo que les gustara en español lo contarán en árabe y que lo más valioso que encontraran en su lengua lo vertieran al español. A algunos se les iluminó la cara; veían un destino posible algo mejor, alejado de los operadores telefónicos y de los guías turísticos. No es un destino fácil, pero hay que tener esperanzas porque son necesarias las personas que amen las culturas y no solo que se sirvan de ellas.


En estos puentes se circula en dos direcciones, aprenden y aprendes. Acabas descubriendo poco a poco que las distancias culturales son también una invitación, una ocasión para explorarte a ti mismo, para comprender cuánto de artificial hay en lo natural, cuánto de dogma en nuestras verdades. Y cuánta soberbia y prepotencia hay suelta por el mundo, cuánta ignorancia disfrazada de orgullo mal entendido. No hay mejor test para conocernos que nuestra actitud ante el otro. Nos basta ver como trata al que llega para saber cómo es una persona.
Ayer me alegró el día una postal llegada desde Shanghái. Era el primer día de reincorporación a su trabajo de una brillantísima alumna —obtuvo la más alta calificación por su trabajo final— que dejó su estupendo empleo en un importante grupo empresarial —sus jefes le dijeron que la apoyaban en su formación— durante un año para cumplir su sueño de realizar un máster en España. En su primer día me había escrito esa postal diciendo que nos echaba mucho de menos y me contaba cómo la empresa la había asignado a proyectos en Europa y especialmente con España. Iba a poder poner en práctica lo que había aprendido y eso la llenaba de satisfacción.


Curiosamente, la postal es una fotografía de unas preciosas casas construidas sobre pilares en el agua, a las que se llega por un puente en zigzag; son casas-puentes de un lugar llamado "Yu Yuan", Jardín de la Felicidad. Es un recinto que se encuentra al norte de Shanghái, construido en el siglo XVI, durante la dinastía Ming. Fue creado por Pan Yunduan a imitación de los jardines flotantes imperiales. Sus padres, ya ancianos —nos cuentan— , no podían viajar a ver los jardines originales y él los recreó para ellos. La postal recibida cumple la misma función, nos une; me trae imagen, palabras y recuerdos.

Tiene razón Salinas: "hay puentes... " Solo hay que recordarlo. Si no, como dice, ¿qué hubiera sido de nosotros?





 




miércoles, 6 de noviembre de 2013

El ninot televisivo o el cierre como espectáculo

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El caso de la Radiotelevisión valenciana y la decisión del ejecutivo autonómico de cerrarla tras el fracaso del ERE por decisión en contra de los Tribunales, que lo han considerado poco ajustado a lo que debería ser, es una muestra más de la degeneración a la que nuestros políticos ha sometido todas aquellas instituciones que han quedado en sus manos. El ejecutivo de Fabra ha decidido tirar por la calle de en medio y cerrar antes que readmitir por falta de recursos para pagar los despidos. La "alegría" por la decisión de los tribunales, de obligar a readmitir, ha durado poco por la decisión política del cierre. La Radiotelevisión de la comunidad valenciana muere por falta de recursos con los que afrontar los elevadísimos gastos de personal.
Más de veinte años después de que se comenzara en España el modelo autonómico televisivo, no se ha encontrado una forma de encontrar, ni en lo financiero ni en sus programaciones, una manera ajustada y lógica de afrontar un servicio público que se ciñera a funciones y necesidades reales, y no a la megalomanía con la que algunos han elevado estas pirámides mediáticas de paja.
Hoy el espectáculo televisivo está en la propia televisión que nos muestra un protagonismo indeseado con su propio cierre. Para unos cuestión política, para otros la crisis que todo lo barre. Lo uno no excluye lo otro y más bien parece víctima de errores de planteamiento y gestión, entre los que se incluye el propio tratamiento de lo político.


Los partidos y políticos son una especie de Japón paleto, de islotes superpoblados que necesitan expandirse colonizando sus alrededores ante las ansias reproductoras que les animan. Peor que conejos, lo políticos se anexionan e invaden, institución tras institución, todo aquello con lo que pueden pagar favores y comprar lealtades. Lo han hecho en donde les han dejado y han podido. No hay televisión pública que se libre de esto. Los partidos han inundado todo sin importarles crecimientos de plantillas, sueldos o sobresueldos.
En julio del pasado año, Andreu Buenafuente escribía en El Periódico:

Los gobiernos solo ven a sus medios públicos como aparatos propagandísticos enmascarados de servicio público o, por lo contrario, como monstruos imaginarios que perjudican al país. Como si la gente fuera tonta, ¿sabes? Céntrate en la honestidad de tu gestión y deja a los demás que hagan su trabajo. Ven fantasmas donde no los hay, desprecian a sus profesionales ignorando su trabajo por luchar en un escenario depravado de medios comerciales.
Profesionales que se esfuerzan día a día por conseguir fiabilidad, audiencia y un prestigio. No importa. A la calle y que pase el siguiente. Y cuando cambie el partido en el poder, otra vez a la calle. Y, para hacerlo más complicado, consejos de administración con representación política, miniparlamentos inoperativos, comisarios más que dirigentes, todo hay que pactarlo, todo hay que supervisarlo. Los medios públicos son continuos avisperos donde, por cierto, no hay manera de que la industria audiovisual española pueda hacer algo con regularidad. Entras y te llueven hostias por todos lados, como si nosotros fuéramos el problema.*

Eso es solo una parte, la oficial de la profesión, la teoría de que no les dejan trabajar. Pero no es por esto por lo que se producen los cierres, aunque se aproveche en ocasiones para eliminar molestias, sino por el gasto que suponen debido a plantillas enormes para las necesidades "reales". Son los políticos los que aprueban sus presupuestos, los responsables —últimos en un sentido y primeros, en otro— del gasto cuantioso que suponen.
Las televisiones autonómicas, como lo han sido las Cajas de Ahorro, son buenos ejemplos de la voracidad pródiga de los partidos. Son los principales responsables de que todos los órganos institucionales se dividan, convirtiéndolos en inútiles, en jaulas de grillos de eficacia poco menos que nula, como bien señalaba Buenafuente.
Estos servidores de lo público no han sido capaces de entender y desarrollar un modelo de televisión pública verdaderamente social, cultural, ciudadana, que sirviera para aproximar a los habitantes a sus entornos, para mejora general. Es la mediocridad política la que ha dirigido estos "entes", en los que los profesionales se han visto obligados a practicar la chabacanería y el servilismo como vías de progreso interno. Convertidas en escaparates sectarios, las televisiones autonómicas han sido ejemplo de caudillismo y desarrollo de políticas paletas de romanticismo catódico, ligadas a la tierra con fines promocionales y diferenciales.


Los medios de información son muy golosos para la política, pues nada importa más al narcisismo de los políticos que un corro de perseguidores micrófono en mano, nada les motiva más que una grabadora, aunque sea para decir que no harán declaraciones. Las autonómicas han cumplido ese papel adorador. No es lo único que han hecho, pero es significativo que de lo único que se hable siempre sea de los "informativos", señal inequívoca de que su medición es siempre política, principio de su desastre. Parece que lo demás no importa, que las televisiones autonómicas están para la manipulación política. Eso es cierto en parte, pero es también injusto porque ignora a los que han trabajado de otra forma y con otras maneras. Hoy lo pagan todos por igual.
Son ellos, los políticos, los responsables de haber dejado llegar hasta aquí el problema económico. El endeudamiento de las televisiones para poder pagar lo que no se podía pagar lleva a estas situaciones en las que ahora lo sufren los trabajadores con cierres o despidos. Unos quedarán en la calle; otros se trasladarán a nuevos despachos desde los que seguir cantando las bondades de los que los mantienen. Y el mundo sigue.


Las televisiones autonómicas son ejemplo de la gestión que no se debe hacer. Resultan víctimas llamativas de sus propios errores de planteamiento. Han sido otra forma de vaciar arcas mediante presupuestos crecientes. El hecho de que se consideren insostenibles no es nuevo, pero es la crisis económica la que finalmente "obliga" a las acciones más dramáticas por no haber tomado medidas antes. Pero ¿quién las toma en la historia de relevos electorales que se produce en los medios púbicos? Los contratos se amontonan, como capas geológicas, con cada elección.
Todo esto no es más que un ejemplo de la falta de criterio y definición de lo que deben ser las televisiones públicas, de cuáles son sus funciones sociales, palabra que para algunos es sinónimo de "aburrimiento", un pecado televisivo. La "huida del aburrimiento" es una más de las simplificaciones y circularidades de la explicación televisiva sobre la forma de conseguir audiencias que justifiquen sus desvaríos. Ahora, cuando el cierre sobrevuela las televisiones autonómicas, se recurre a la retórica y se habla de la "televisión de todos" para sacar a la gente a la calle. Lástima que no se haya pensado antes. En este país solo invocamos las "cosas de todos" en la vacas flacas; cuando van bien, solo son de algunos.
¿Los grandes beneficiarios? Las televisiones privadas, que ven disminuir la competencia, aumentar sus audiencias por la desaparición de los competidores, y unas porciones mayores de la debilitada tarta de la publicidad para cada una.
¿Los que más pierden? Los que pierden sus empleos, primero, y también los que ya lo hacían doblemente, por el bolsillo presupuestario y por el desvío de sus funciones de las televisiones públicas, es decir, los ciudadanos. Primero han pagado por una televisiones caras y ahora pierden la posibilidad de información local. 


En su repaso de algunas televisiones autonómicas de hace más de un año, Andreu Buenafuente dedicaba un apartado especial a la radiotelevisión valenciana con el epígrafe titulado "El dislate de Canal 9". Decía lo siguiente:

Hay más: está el faraónico desaguisado de la televisión valenciana que han gestionado todo lo mal que han sabido en todos los aspectos. Una vergüenza. Y, ahora, de un plumazo, todos a la calle. Más descaro imposible. En lugar de haber hecho un plan de viabilidad hace muchos años y mirar de encauzar la situación, han dejado que se pudra.
Lo que viene será peor. Lo dije hace muchos años: Canal 9 no representa el espíritu, el pensamiento, la creatividad de los valencianos y no es por culpa de los que trabajan en ella. Se enfadaron los directivos. Antes nos copiaron un formato y nos ningunearon en reuniones convocadas a las que no asistieron. Directivos de medio pelo, nula creatividad y menos compromiso con la sociedad. Unos prendas, vamos.*

Dos décadas parece que no han sido suficientes para enmendar errores; sí para acumularlos. La fruta ya cae podrida del árbol. Ahora solo nos queda el espectáculo de la quema.
  


* "Andreu Buenafuente: "Los gobiernos no entienden qué son las teles públicas"" El Periódico 18/07/2012 http://www.elperiodico.com/es/noticias/gente-y-tv/medios-comunicacion-publicos-2094621






martes, 5 de noviembre de 2013

La bofetada

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
En mi clase de hoy me tocaba hablar de la crisis del concepto de "autoridad" en distintos campos como causa o efecto —o las dos cosas— de la crisis de nuestra "modernidad". Trataba de indagar en cómo la idea de "autoridad" había sustentado un poderoso edificio que se fue desmoronando por efecto de la debilidad que fue demostrando la "razón" cartesiana que, puesta a dudar, acabó dudando de sí misma, agobiada dentro de un sujeto cada vez más debilitado por las propias inconsistencias que descubría en su interior, los pliegues y falsedades que el discurso rousseauniano descubrió en el acto de enunciarse ante los demás.
"Autoridad política" fue precisamente una de las entradas más polémicas en la dieciochesca Enciclopedia de Diderot y D'Alembert precisamente porque ponía el dedo en la yaga de la construcción y mantenimiento del orden social, sostenido en todos los ámbitos por esa obediencia a cada uno de los pilares de la "verdad" propios de cada campo,  referencias que debían ser aceptadas sin cuestionarse bajo pena de exclusión o de reclusión, según los casos. La primera significaba el alejamiento de la comunidad al ignorarse la autoridad sobre la que se fundaba; la segunda, la penalización de la discrepancia mediante el aislamiento en el seno de la propia comunidad. Estar alejados o aislados era el riesgo de lo que Kant reclamó como eje de la Ilustración: la autonomía de los sujetos, el ejercer la libertad, hasta el absurdo si era necesario, antes que aceptar una autoridad no cuestionada que nos mantiene en una infancia prolongada. Lo dogmático dejó de ser aceptable y el conocimiento pasó a ser una aventura arriesgada, un ejercicio costoso de libertad que nos separa en muchas ocasiones de los otros.
Así se describía en la Enciclopedia el funcionamiento de la "autoridad":

Autoridad política. Ningún hombre ha recibido de la naturaleza el derecho a mandar a los otros. La libertad es un regalo del cielo, y cada individuo de la misma especie tiene el derecho a gozar de ella lo mismo que goza de la razón. Si la naturaleza estableció cierta autoridad, es el poder paterno; pero el poder paterno tiene sus límites, y en el estado de naturaleza terminaría tan pronto como los hijos estuvieran en disposición de autogobernarse. Toda otra autoridad viene de un origen distinto a la naturaleza. Bien examinada, siempre se verá que procede de una de estas dos fuentes: o la fuerza y la violencia del que se ha amparado en ella, o el consentimiento de los que se han sometido a ella mediante un contrato real o supuesto entre ellos y aquel en quien han diferido la autoridad. (35-36)*


No es casual que la "Hermenéutica" y la "Estética" nacieran en un momento y lugar en el que se ha de razonar sobre el "sentido" de los discursos y sobre la "belleza", dos campos en los que el desacuerdo irá creciendo conforme avance la Historia al disolverse la "autoridad" que sostenía ambos órdenes. Los significados de los discursos y la belleza pasarán a ser motivo de disputa, ejercicios de juicio crítico, al resquebrajarse la autoridad que los sostenía. Se cuestionará la Verdad revelada y la Belleza heredada, la que provenía de un mundo clásico cuyos cánones había que seguir.

La idea de que no proviene de la "naturaleza" el derecho a mandar sobre otros —tal como se inicia el artículo de la Enciclopedia— pasa a ser revolucionaria en su planteamiento y tendrá consecuencias poderosas. La limitación del derecho "paterno" sobre los hijos, tomando como límite la capacidad para autogobernarse, nos muestra porqué el texto fue polémico y cuál será el nuevo ideal, el camino de la autonomía.
Liberados de las "autoridades" que nos ponían límites y daban seguridades con sus respuestas, comenzó el doloroso y traumático camino en el que la lucha constante por alcanzar significados, por encontrar belleza, por retener verdades que se disuelven o, como Fausto, por retener instantes bellos en nuestras vidas..., eran el precio que pagar. Fuera queda el consuelo amable, el bálsamo de las verdades recibidas que escapan ya de nuestras manos más allá de una duda que no tiene fin. Quedaban en evidencia los límites justificativos de la existencia cartesiana de un "yo" que se mostraba débil e inconsistente, mentiroso y racionalizador, mientras escondía bajo sus pliegues el deseo y el autoengaño. La Posmodernidad estaba servida: la Verdad ha muerto, ¡viva el Lenguaje!


La tarde se pasó de cine-fórum con la película de James Ivory "Oriente y Occidente" (Heat and Dust 1984), sobre la incomprensión de las culturas y las fantasías y cegueras del amor. Pero después de esa mañana filosófica y esa tarde intercultural, me esperaba un extraño epílogo. Ya en casa, me dediqué a leer la informaciones sobre el juicio al expresidente Mohamed Morsi. Aquello, tan previsible, no evitó que mi atención se fuera hacia un titular del diario Al-Masry Al-Youm (Egypt Independent): "Salafi woman turned atheist recounts her journey".**

Puede que nos parezca absurdo que alguien dedique un artículo a la historia de una mujer que se volvió atea desde el salafismo. Para la mayoría no significa nada particular; que haga cada uno lo que quiera, ¡allá ellos! Pero lo cierto es que en Egipto —y no solo allí— la cuestión del ateísmo se comienza a plantear con cierta asiduidad. Hace varios días que aparecen informaciones sobre un joven detenido por la Policía por haber creado un grupo en Facebook con "ateos". No debería sorprendernos porque en muchos países islámicos se puede considerar esto como "ataques a la religión" y ser penado con multas y hasta cárcel. No hace mucho tiempo, también leí dos entrevistas, distantes en el tiempo, en las que un joven perteneciente a la Hermandad Musulmana notificaba su abandono primero y proclamaba su agnosticismo pasado cierto tiempo. Se había desengañado con lo que había visto.
Pero la noticia de hoy era distinta. La historia de Noha es la de una mujer criada bajo la disciplina aceptada de las leyes, bajo la obediencia feliz que fue guiando su vida de la infancia al matrimonio pasando por sus estudios. Todo iba por sus cauces hasta que un día ocurrió algo:

One day, her husband slapped her face. When she complained to her father, he told her God gave husbands the right to beat their wives as stated in the verse of Al-Nisa’ Sura.
Then she began to wonder how God could give the right to a husband to abandon and beat his wife, let alone that he could be married to another at the same time. How could that be when Islam forbids beating animals? Are women inferior to animals? Is it because women are physically weaker than men and cannot fight back? How could they be allowed to be so humiliated?
Nonetheless, Noha was angry at her husband for not following the prophet’s orders forbidding someone to slap another person's face.**

Aquella bofetada fue como un seísmo, como un terremoto intelectual que provocó cientos de réplicas, preguntas que quedan en el aire. Las respuestas ya no lo eran para Noha. La "autoridad" se desvelaba en su falta de "razón" autojustificándose: le habían pegado porque estaba escrito que así debía ser. «This then made her rethink the entire Koran, not just one sura. She read in a reference book that the said the sura came under circumstances that no longer exist in modern time and culture.»**

Noha se fue desprendiendo de todo, del niqab a las creencias. La respuesta de su familia fue considerarla enferma: «As Noha's believes changed, her family noticed and thought she had an obsessive-compulsive disorder, which a doctor had claimed to have noticed at first sight. Noha initially believed them as her family had a history with the illness.»* Tuvo que recuperarse no de enfermedad alguna sino de los que la consideraban enferma por pensar de forma distinta a como lo había hecho hasta el momento. ¿Puede alguien sano dejar de creer? ¿Qué extraña enfermedad lleva a cuestionar una bofetada?
Lo que sigue es un viaje hacia el ateísmo, despojada ya de toda creencia. Un nuevo matrimonio tras ser abandonada por su marido, el abofeteador, esta vez con un ateo como ella lo era ya. Sin embargo, la presión social y familiar les obliga a celebrar su matrimonio de forma religiosa, ¿hay otra acaso? Una concesión a la familia, que ya ha sufrido bastante, que ha pasado suficiente vergüenza.
Noha, nos dicen en el diario, acabará aceptando su ateísmo y la presión social como dos formas compatibles de vida, escindiendo su mente en dos, la personal y la social.  El final de la historia serán unas tablas ajedrecísticas porque Noha parte de la desventaja de jugar en campo contrario.

Noha tries to fill in the gap that was created by her different way of thinking, especially as she lost her friends. “I reject religious rites, but accept religious values that promote good,” she says.
Surprisingly, Noha voted for President Mohamed Morsy even though he hails from the Muslim Brotherhood. “I agree with the ideas of the Islamists as far as they move people to do good,” she added.
 Noha finds solace in the sea. She stopped sharing about her thoughts with people other than with individuals she would only see once and never again.**


Tras la noticia —realmente una noticia— de que votó por el islamista Morsi, en un extraño y retorcido juego mental que le lleva a apoyar a los que la considerarán como una anomalía, como una perversión del sistema que debe ser corregida, el texto acaba con unas frases propias de una fábula.
Noha, como un "extranjero" camusiano, encuentra el disfrute del mundo en el mar, aislada de los demás por una barrera que no admite el retroceso aunque sí una suerte de regresión psíquica que le hace anhelar la paz. Noha se ha liberado de sus creencias, pero no ha podido hacerlo de sus presencias, de sus voceros mundanos, de sus vigilantes hacedores del bien. Noha, rebelde, se sabe anómala. Como una especie de San Manuel unamuniano, no puede creer en Dios pero sí en los que creen en él.
La bofetada que su marido le dio, que su padre confirmó y que el texto bendecía consiguieron conmoverla y sacudir su conciencia. Pero Noha aprendió también que podía vivir entre ellos, sin pensar como ellos, haciendo lo que ellos hacían, considerándolo bueno, humanamente bueno.
Con su religión sin religión, Noha se dio cuenta que todo rito es humano, que si no obedecía a Dios obedecería a los hombres que hablan en su nombre; que —vinieran de donde vinieran— sus valores eran buenos, aunque se tratara mal a los que como ella no creían en nada. La fábula de la aceptación social se cierra con Noha contando su historia para ejemplo de aquellos que dejan de creen en la divinidad pero no dejan de hacerlo en la autoridad, manifestación palpable del orden.


Creo que tengo que darle muchas vueltas a esta fábula extraña que nos han contando, a esta historia contraejemplar. Los comentarios de los lectores, en cambio, revelan su comprensión: es el destino —se lamenta la mayoría— de la nueva generación, perdida en sus locuras; el ateísmo todo lo devora.
Quizá Noha aceptó esa situación porque, ella —que tanto había reflexionado sobre su bofetada— sabía que históricamente le estaba prohibida la posibilidad de dar ella misma bofetadas a otros, lo que le hubiera provocado una grave crisis de conciencia, otra más. Y se lo prohibían las mismas normas que sustentaban los buenos valores de aquellos hombres buenos capaces de dar buenas bofetadas para mantener el orden del mundo, un orden bueno, aunque fuese incongruente. Había dejado de creer en Dios, pero ya se encargaban los hombres de que no dejara de creer en ellos.
Después de todo, Noha, mujer educada, había aceptado la segunda fuente de la fuerza señalada por la Enciclopedia: el consentimiento. Sabía que las bofetadas no venían de un Dios en el que ya no creía, sino de unos hombres que acabaron pareciéndole aceptables por su bondad. Ella sabrá por qué. Dios, desde luego, no.

* Diderot y D'Alembert (1974). La Enciclopedia. Guadarrama, Madrid.
** "Salafi woman turned atheist recounts her journey" Egypt Independent 04/11/2013 http://www.egyptindependent.com/news/salafi-woman-turned-atheist-recounts-her-journey