lunes, 8 de julio de 2013

El amigo americano

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
No acaban de acertar los Estados Unidos con su política egipcia. Barack Obama ha sido incluido en la lista de los amigos de los Hermanos y eso no lo entienden muchos egipcios. La rapidez con la que los Estados Unidos extiende los avales para aplacar sus propios problemas (o los que se crea) perjudica a terceros, que han de soportar lo que ellos no quieren. Lo malo es que muchos ya lo saben y cuentan con ello en sus estrategias negociadoras. No se negocia bien cuando los demás conocen tus debilidades. Saben entonces cómo sacarle provecho al "amigo americano". Saben que prefiere aplacar al enemigo que contentar a los amigos. Pero con eso se suele perder los dos: el enemigo solo es amigo circunstancial y los amigos se acaban enfadando.
Las dudas y tibiezas manifestadas por la administración Obama no han satisfecho a nadie. A unos les parece que ha sido "blando" con el "coup" al no llamarlo por su nombre; a otros que apoya al fallido presidente islamista. En su disculpa, la cuestión no es fácil y depende de a qué le des más importancia. Lo que es indudable es que si Morsi hubiera sido el presidente de "todos los egipcios", como se comprometió para lograr el voto de los que no eran islamistas, que eran muchos, no se estarían planteando estas cosas hoy. Egipto seguiría una festiva transición, como era su intención y deseo. A esto lo llamamos en los democráticos países de Occidente "agenda oculta" y nos enfadamos mucho cuando nos la juegan.


Los problemas semánticos planteados sobre cómo llamar al "coup" (en francés parece que es más fino) solo tienen sentido si antes se ha aclarado cómo llamar a los hermanos  musulmanes —"¿demócratas?"— y a sus actuaciones —"¿democráticas?"—, durante el año que han tenido el poder en sus manos.
Los egipcios acusan a Estados Unidos de haber sostenido al gobierno de Mubarak tras la muerte de Sadat —a manos de islamistas— y de haber condicionado sus relaciones con Israel. Eso es humillante para ellos, que consideran que han perdido sus soberanía.
Cuando llegó Obama al poder todavía estaba Mubarak y los egipcios tenían esperanzas de que algo cambiara. Pero no ha sido así. La política exterior de los Estados Unidos no cambia demasiado. Está todo tan ajustadito que apenas se atreven los inquilinos de la Casa Blanca a retocar nada.


Las noticias de las manifestaciones multitudinarias del domingo en el Tahrir nos cuentan que hay muchas pancartas acusando directamente a Obama de apoyar a la Hermandad y de presionar al Ejército. Ya lo ha hecho la oposición norteamericana a través del senador y ex candidato McCain pidiendo que se plantee la retirada del dinero con el que Estados Unidos sostiene al Ejército egipcio, 1.300 millones de dólares. Egipto es el segundo perceptor de dinero americano tras Israel. McCain ha dicho —en "Face the Nation", de la CBS— que Morsi ha sido un "presidente terrible", que la economía es un desastre, etc., pero que "América no está liderada y que no está liderando", en crítica clara y abierta al papel del presidente Obama. Ha hecho un repaso de todo el Oriente Medio empantanado. Cuando le preguntan directamente si "cree que la administración Obama apoya tácitamente 'the "coup'", McCain dice que "sería un error hacerlo". Los republicanos, parece, tienen una percepción distinta de lo que ocurre respecto a lo que los egipcios perciben en la actitud de Barack Obama.


Una de las reivindicaciones que los egipcios han firmado con sus 22 millones de copias se refiere, precisamente, al control que los Estados Unidos tienen de su política a través de la dependencia de su Ejército y economía. En el manifiesto de Tamarod para su destitución, entre otras razones muy claras, se le decía directamente a Mohamed Morsi: "We reject you... Because Egypt is still following the footsteps of the USA". Eso no se lo dicen los barbudos islamistas, sino los afeitados laicos de amplio espectro.
Para los egipcios, el vínculo de su país con los Estados Unidos es sobre todo una señal de dependencia, de falta de soberanía y, en sus propios términos, un obstáculo para recuperar la "dignidad" nacional. La idea de "dignidad" es esencial para entender la Revolución del 25 de Enero y sus proclamas del "orgullo egipcio". Si le sirve de consuelo a los republicanos, muchos egipcios ven "poco egipcios" a los Hermanos y más pendientes de otras fuentes de financiación más al Este. Si ahora también los apoyan desde Occidente, entonces se les rompen los esquemas. ¿En dónde quedan? ¿A quienes les importan los que quieren un Estado laico con las mismas libertades que en Occidente?


La incapacidad de los Estados Unidos para considerar el mundo más allá de un tablero en el que jugar al Risk, y en donde todo está supeditado a su propia seguridad e interés, plantea un problema de dimensiones históricas. Su visión no es compartida por muchos de los afectados por sus estrategias, que se niegan a ser meras fichas en el tablero esperando a que se las mueva. La baza de apoyar a los islamistas significa que, sabiéndolo ellos, no tienen más que sonreír hasta que se termina la foto y hayan conseguido sus objetivos.
La entrega de las revoluciones democráticas al islamismo —"el Islam es la solución"—, los únicos grupos verdaderamente organizados precisamente porque los dictadores sostenidos por los Estados Unidos no tenían reparo en destruir cualquier fuerza que se les opusiera o debilitara, no deja de ser un broma sangrienta. Son los demócratas, los liberales, socialistas, etc., lo que se ven perjudicados por unas políticas occidentales que los consideran poco "adecuados" para sus países, condenados a gobiernos militares corruptos o islámicos, autoritarios ambos en cualquier caso. En Egipto ya han visto las dos caras de la moneda trucada.


El "amigo americano" ha jugado muy mal sus cartas porque prefirió el cómodo pago de los militares durante décadas y no el apoyo a los demócratas. Ese fue el trato para asegurarse el poder. Mubarak solo realizó una política cosmética con la intención de mantenerse.
La estrategia de favorecer o apoyar a los islamistas es suicida para los propios Estados Unidos, a medio plazo, y criminal para los pueblos que se ven condenados a aguantar unos regímenes cada vez más represivos y autoritarios.



Es realmente interesante ver la rápida "conversión a la democracia" de los Hermanos; si la hubieran practicado con tanto fervor y respeto no se habría llegado a este punto, desde luego. También lo es la transformación de Ejército, que vuelve a ser el fiel de la balanza, esta vez en nombre de la revolución interrupta. Si hubieran llevado bien la transición de la Revolución, tampoco esto hubiera acabado así. 
El queda en medio siempre es el pueblo egipcio, obligado a dar bandazos para sobrevivir y desesperar en sus deseos de libertad y prosperidad. Ellos reivindican el gran logro de la Revolución, su valor más estable, que no se debe perder como deseo de libertad y futuro.
El "amigo americano" ha conseguido muy poco: que sus enemigos le sonrían antes de atacarle y que los que comparten ideas democráticas les desprecien. No es mucho, la verdad. Y va a costar mucha sangre.












domingo, 7 de julio de 2013

La política de las pequeñas cosas

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Hay algo que debe quedar muy claro: los primeros que padecen los estragos del islamismo son los que quedan bajo su control, que van perdiendo poco a poco los amagos de libertades que puedan haber disfrutado en sus vidas en favor de un estrechamiento cada vez mayor de sus posibilidades vitales. El "islamismo" no es una opción; es lo "correcto", de la misma forma que "Pakistán", república islámica, significa en urdu "tierra de pureza" (پاکستان); implica que los demás no lo son. ¿Quién osa competir con la perfección o actuar contra ella?
No se puede entender esto sin adentrarse en la letra pequeña de la vida cotidiana. Desde Occidente estamos acostumbrados a los grandes titulares. Vivimos en una zona privilegiada del planeta en la que, por mucho que podamos tener nuestras crisis y discusiones, tenemos una serie de derechos que podemos disfrutar, una líneas rojas que nadie traspasa porque son "universalmente" reconocidas. Pronto descubrimos que esa "universalidad" que damos por descontada es un lujo histórico, el resultado de muchos años de conflictos hasta llegar a aceptar lo que es el gran logro: la idea de individualidad, de ciertos derechos que, precisamente por serlo, quedan fuera de la esfera de discusión e influencia ajena.

Cuando, más allá de los grandes titulares egipcios, observamos los detalles, ciertas noticias que algunos pudieran considerar anecdóticas —la niña a la que se le corta el pelo en el metro, los barbudos que irrumpen en una peluquería de señoras, la cafetería que comienza a separar por sexo a sus clientes y solo deja sentarse juntos a los que son familia, la desaparición de ciertas personalidades progresistas de los libros de Historia,  la interrupción de la proyección de una película durante el vuelo de un avión, las denuncias contra humoristas y actores..., todos ellos hechos reales—, nos damos cuenta que son acontecimientos que afectan directamente a la vida de la gente —les ocurren—, son el agua contaminada de la pecera, que se vuelve asfixiante. Poco a poco te das cuenta de que te empieza a faltar el oxigeno. Todas esas pequeñas noticias —y cientos más—son la punta del iceberg de lo que es el fondo social que se va formando.


Más allá de los titulares económicos, políticos, de las declaraciones rimbombantes, de las grandes palabras, está la vida de cada día. Desde nuestros derechos garantizados, nos resulta difícil pensar en estos términos porque los tenemos interiorizados, los damos por descontado, y estamos en el siguiente nivel de reivindicación de derechos. Hay zonas "aseguradas", que se nos vuelven transparentes y dejamos de valorar en sus implicaciones. Los que no las tienen, sí las valoran porque han de luchar por ellas cada día, en cada esquina.

En este último año he escuchado muchas historias cotidianas de este tipo de amigos que iban y venían de Egipto, las he escuchado en vídeo conferencias nocturnas o llamadas telefónicas para poder explayarse con alguien y dar salida a su indignación, a su rabia contenida con mayor o menor eficacia. Sus vidas se veían modificadas no por los decretos sino por acciones directas sobre ellos. La Revolución la hicieron, entre otras cosas, para garantizarse esas zonas que mantenían porque el régimen no entraba prácticamente en ellas. A Mubarak le interesaban otras cosas y creían que el islamismo no iba a entrar en ellas, que no se podía retroceder en lo que daban por sentado. Ha pasado, por ejemplo, con las leyes referidas a la mujeres con la excusa de que fue la mujer de Hosni Mubarak quien las promovió. Siempre hay una excusa buena para cambiar lo que no les interesa en cualquier sector.

Para muchos millones de egipcios, la Revolución significó romper con las ataduras de la ineficacia e indiferencia del régimen anquilosado, ineficaz y corrupto de Hosni Mubarak. Hablaron de dignidad, la palabra más usada, y de libertad. Los islamistas estaban ahí, agazapados en el fondo de la sociedad, ejerciendo su influencia callada mediante las costumbres, pero carecían de una fuerza real para imponerse por otros medios a aquellos que no los aceptaran. 
El juego de carambolas que ha sido la transición, pésimamente dirigida por los militares del régimen de Mubarak, que quisieron convertirse en "alternativa revolucionaria", tuvo el efecto contrario: instaló en el poder a los islamistas, les dio las llaves del Estado. 
Las revoluciones, sin articulación real, amorfas, meros deseos en explosión callejera, caían en manos de los antirrevolucionarios, de los antiliberales, los únicos organizados por la base: los islamistas. Para ellos no hay más revolución que la islámica. La moderación no es más que la del calendario, la del ritmo de transformación. No hay regreso porque se trata de sustituir los derechos básicos individuales, que no reconocen, por su versión colectiva. El "buen ciudadano" es el "buen musulmán", que solo necesita una "ley", de las que las demás son reflejo. Si tiene dudas, que pida consejo.
Eso es lo que ha percibido la gran mayoría del pueblo egipcio y ha mostrado en las manifestaciones con millones de personas diciendo ¡basta! a la deriva islamista totalitaria del régimen de Morsi. Al percibir las resistencias sociales y profesionales, mostró su cara más autoritaria antes de tiempo, sin haberse hecho con el control judicial y demás sectores estratégicos, como la comunicación o la cultura. Las resistencias mostradas a la "hermanización" en todos los sectores es lo que ha estallado finalmente. Morsi y la Hermandad han encontrado más resistencia de la que pensaban, quizás poseídos por la soberbia faraónica de su líder ocasional, ya que no era el candidato inicial. Quizá esta circunstancia sirva para explicar el deseo de protagonismo de Morsi en el proceso. Son los partidos islamistas los que más le recriminan su prisa, su falta de previsión de la fuerte contestación social, haberse lanzado sin haber desmontado el Ejército y las Leyes. Pero Morsi no quería dar tiempo a que la sociedad civil se organizara más allá de las calles. Y le falló el cálculo.


Tamarod, con la recogida de 22 millones de firmas — más de siete millones de los 15 que Morsi consiguió en la urnas— en muy poco tiempo, dio la voz de alarma a los islamistas y el pistoletazo de salida a los militares, que podían saber ya el respaldo que tendría su intervención. Una vez más, el Ejército, al que hace unos meses se pedía que se retirara, vuelve a intervenir y a convertirse en el elemento decisivo de la vida egipcia.
La idea clásica de democracia es llevada a sus fronteras, a su límite cuando se enfrenta con unas fuerzas que no lo son y que no son minoritarias. Los partidos islamistas no son democráticos por definición; lo pueden decir por mero pragmatismo, para tener su hueco en el sistema, si es estrictamente necesario.
Eso es lo que nos muestran los pequeños detalles, las historias de la vida cotidiana, aquellas que no aparecen en las pantallas ni en los discursos, pero que la gente vive en su propia piel. Una reacción popular tan masiva como las manifestaciones en Egipto para la caída de Mursi es difícil de entender de otra manera. Más allá de la Política, de sus teorías y análisis, está el día a día de la gente que se ve afectada por su transformación en "poder", poder real sobre sus vidas, que se ven cuestionadas en sus detalles mínimos.

Las verdaderas víctimas del islamismo son los que quedan bajo su yugo. La política de las cosas pequeñas convierte en "dictadores de proximidad" al vecino que te detiene para decirte si tu vestimenta, comida, palabras o actitudes son acordes con lo que él tiene en mente y que es, por supuesto, una verdad eterna y no su opinión; a la maestra que exige que sus alumnas lleven velo en el aula o las manda a casa esquiladas como ovejas..., da "poder" a un sinfín de personajes que son los brazos ejecutores reales de una forma autoritaria de vivir. 
Al dividir el mundo en "pecadores" y "virtuosos", esas acciones son gratificantes para quien las realiza, que se siente guía de la comunidad y a la que presume de proteger. Le llena de gozo narcisista. Los recriminados pasan, por el contrario, a vivir con el estigma del señalamiento. Algunos luchan, se rebelan por mantener su derecho a su identidad, a ser ellos mismos y no un reflejo de los otros. Otros, en cambio, sucumben ante esa presión que les llega por todas las vías, incluidas las profesionales y familiares. La vida cotidiana, la de las cosas pequeñas, pasa a ser una cárcel o un infierno.
Una parte muy importante del pueblo egipcio ha reaccionado ante lo que se le venía encima. Veremos ahora cuál es la salida mejor a este laberinto complicado y sangriento; si se consigue un estado en el que tu vecino, tu maestro, tu peluquero o tu taxista no se sientan delegados de un gobierno que no solo te controla mediante las leyes sino a través de la imposición de lo cotidiano.


[Imagen inicial: Hanaa El Degham, La pirámide de la crisis (detalle), mural en la calle Mohamed Mahmoud]




sábado, 6 de julio de 2013

La tercera fase de la Revolución

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Aunque avisado con cuarenta y ocho horas, el derrocamiento del Presidente Morsi ha cogido por sorpresa a mucho políticos y analistas. Lo atípico del fenómeno en todas sus dimensiones, las manifestaciones de millones de personas por todo Egipto, los 22 millones de firmas recogidos por Tamarod, la gran respuesta social y firmeza en las manifestaciones multitudinarias con las tarjetas rojas... no han reducido la sorpresa. La tendencia de nuestros analistas es a concentrarse en la "economía" e interpretar los movimientos como traducción social de esta, no suele ser lo más adecuado. En el caso de Egipto, la economía está hundida, pero es solo una parte del problema, porque esa economía está hundida en gran medida por el resultado de acciones ideológicas o incapacidades derivadas de ellas. Aunque no es fácil separar ambos campos, profundamente conectados, el análisis puramente económico apenas nos dice nada sobre esta compleja y grave situación, punta del iceberg. Hay primero un problema político, incluso de "mentalidades", un nivel más profundo, del que derivan los demás.


Si se realiza un recorrido por el año desde que asumió el poder Mohamed Morsi, se verá un historial de falta de diálogo constante, de imposición de posturas y hasta de golpes de mano autoritarios. De hecho, el primer "golpe" lo dio Mohamed Morsi en noviembre cuando, por decreto, vacío de sentido las instituciones al concentrar todos los poderes en su persona. Es lo que llamaríamos un "autogolpe", ya que asumía el "poder" dejando fuera a las instituciones del Estado. Esto difícilmente puede ser llamado "democrático", pero sí responde a su mentalidad y a su visión del poder y las instituciones.
El 22 de noviembre el diario El País titulaba muy expresivamente "Morsi se sitúa por encima de la ley" y comenzaba:

Aprovechando su renovada popularidad gracias al éxito diplomático en la crisis de Gaza, el presidente egipcio, Mohamed Morsi, ha firmado este jueves cuatro decretos que le sitúan por encima de la ley, sometiendo el poder judicial a su autoridad. La repentina decisión representa todo un golpe de efecto en el largo conflicto que enfrenta a los Hermanos Musulmanes con un sector del estamento judicial en el contexto de una enmarañada transición democrática. De acuerdo con el nuevo paquete legal, que tiene rango de declaración constitucional ante la ausencia de una Carta Magna, ninguna de las decisiones, decretos o leyes aprobados por el presidente Morsi desde su investidura podrán ser revocados por otra institución del Estado, incluido el poder judicial. Ni tan siquiera Mubarak consiguió tal posición de preeminencia, al menos desde el punto de vista legal.*


No parece el talante de un gobernante democrático, desde luego. Lo que revela es esa política de absorción del poder, claramente autoritaria, que no se dirigía necesariamente contra las fuerzas armadas (a las que hizo concesiones, por cierto), sino esencialmente a desarmar a la sociedad civil colocando en todas las zonas conflictivas sus peones para evitar la creciente contestación, que pasó a ser un clamor. Los que dicen que Morsi no ha tenido tiempo de hacer cosas en un año, no entienden que la revuelta contra él ha sido precisamente por las que ha hecho y por las que le quedaban por hacer.
El "islam político" no entiende la democracia más que como una vía lenta hacia el absolutismo de su modelo, pues de lo que carece es de la conciencia individual del pensamiento democrático. Por lo tanto, sus objetivos son la transformación del "reino", no planteándose alternancias políticas, sino "retrocesos". Su transformación en "partidos pantalla" no es más que la confirmación de que la democracia solo es una máscara, una interfaz en la que en el fondo no creen porque no forma parte de su "mentalidad".


El Partido creado por la Hermandad Musulmana tuvo inmediatamente sus primeros problemas de "democracia interna", con conflictos intensos con todos aquellos que pensaran que el hecho de crear un partido significaba discutir la autoridad del guía supremo. La obligación de todos los miembros de adscribirse y votar al partido ya trajo las primeras disidencias de aquellos hermanos que preferían votar otro tipo de opciones. La respuesta fue tajante y contundente: aquí no se opina, se obedece.
Muchos jóvenes se rebelaron y acabaron marchándose al comprender que la Hermandad no tenía nada que ver con la Revolución. La Revolución de enero solo les había hecho un favor: eliminar a un enemigo natural, a Hosni Mubarak. La segunda fase era eliminar a la sociedad civil —restricciones en la información, límites a las ONG, etc.— y a la oposición, que se tuvo que ir de las instituciones. Fueron ocupándolo todo, como parásitos. No es que no entendieran las aspiraciones de la "revolución" o el "mandato de las urnas", es que no les importaban. Se trataba de colocar peones por todo el aparato estatal, de las escuelas y barrios a los ministerios. La colocación de un ex terrorista asesino, responsable de muertes de turistas, al frente de la gobernación de Luxor, la zona más turística, deja claras las intenciones o los "errores" que Mursi ha cometido y que sus seguidores consideran como fruto de su "inexperiencia". Difícilmente llegarán a tener "experiencia democrática". La democracia es el arte de construir el futuro y para el islamismo político ya todo está dado, no hay diferencia entre "creyente" y "ciudadano", que deben identificarse, fundirse. Creer es creer en ellos.

Muchos analistas y políticos occidentales no acaban de entender estas cuestiones en las que procuran no profundizar demasiado. Prefieren sostener lazos diplomáticos que mantengan sus intereses intactos. De esto se han aprovechado muchos dictadores que se beneficiaban de esa separación entre "intereses" y "principios" que son la práctica habitual de las relaciones internacionales. El problema es el espacio de convivencia, cada vez más reducido, que les queda a los que no comparten sus ideas y tienen que vivir junto a ellos o, si se prefiere, bajo ellos.


El mismo día 3 de julio, Gamal Essam El-Din, editor de Al-Ahram, escribía en su artículo titulado "What now for the Brotherhood?":

“Foreign analysts fail to understand that the current massive protests are not only about economic hardships, the lack of services and fuel shortages and power cuts, but represent a rejection of the ideology of the Muslim Brotherhood and its attempts to turn Egypt into an Islamist state.”
“The reason most Egyptians have run out of patience with Morsi,” argues Al-Ahram analyst Salah Salem, “is because, rather than build a democratic state, he has shown himself determined to use his time in office to reinforce the Brotherhood’s grip on power and impose its strict version of Islam on Egyptians.
“When the foreign media wonders why Egyptians aren’t willing to give Morsi — they always like to describe him as the freely elected president — enough time to deliver they ignore the fact that if the electorate waited until 2016 Egypt would be dominated by an entrenched Islamist oligarchy that would be very difficult to remove.”**

Van saliendo algunas voces en medios influyentes que hacen repaso de este año de islamismo político en Egipto y de las consecuencias para el pueblo egipcio. Se va comprendiendo que la voluntad popular es la de prolongar la Revolución para llegar a una democracia que no sea un mero tránsito hacia el poder, sino una estado abierto de futuro. Mientras no se entiendan estas cosas se comprenderá poco.

El secuestro de la Revolución es lo que ha causado esto que nadie, probablemente, deseaba que ocurriera cuando fue a las urnas. El hecho de que se enfrentaran por igual a la SCAF de Tantawi y al islamismo regresivo de Morsi nos da una pista de los tres momentos de la revolución: Mubarak, Tantawi, Morsi. Y lo seguirán haciendo hasta que entiendan que se les lleva hacia el país que desean, que su futuro está en sus manos y no secuestrado. Lo manifiestan en las calles porque es el espacio que se les deja, dado el mal uso que de las urnas hicieron desde Mubarak hasta Morsi, uno por manipular los votos, el otro por manipular las voluntades.
En este sentido es también reveladora de la idea de "democracia" del "islam político", tal como aparece en las declaraciones recogidas ayer en The New York Times:

Sheik Mohamed Abu Sidra had watched in exasperation for months as President Mohamed Morsi and the Egyptian Muslim Brotherhood bounced from one debilitating political battle to another.
“The Brotherhood went too fast, they tried to take too much,” Sheik Abu Sidra, an influential ultraconservative Islamist in Benghazi, Libya, said Thursday, a day after the Egyptian military deposed and detained Mr. Morsi and began arresting his Brotherhood allies.
But at the same time, Sheik Abu Sidra said, Mr. Morsi’s overthrow had made it far more difficult for him to persuade Benghazi’s Islamist militias to put down their weapons and trust in democracy.
“Do you think I can sell that to the people anymore?” he asked. “I have been saying all along, ‘If you want to build Shariah law, come to elections.’ Now they will just say, ‘Look at Egypt,’ and you don’t need to say anything else.”
From Benghazi to Abu Dhabi, Islamists are drawing lessons from Mr. Morsi’s ouster that could shape political Islam for a generation. For some, it demonstrated the futility of democracy in a world dominated by Western powers and their client states. But others, acknowledging that the coup accompanied a broad popular backlash, also faulted the leaders of the Muslim Brotherhood for reaching too fast for so many levers of power.***


Creo que no pueden ser más claras las intenciones y las estrategias para cumplirlas. Son los islamistas internacionales (suponiendo que este concepto tenga algún sentido) los que recriminan a Morsi haber ido demasiado deprisa y haber arruinado su estrategia de transformación "lenta" de la sociedad desmontando los diferentes focos de oposición a su proyecto absoluto. Lo anacrónico de su propuesta, que no tiene en cuenta a las personas ni sus deseos, va aumentando conforme el mundo está más interconectado, algo que les desespera y explica su doble odio a los medios y a las redes sociales, con quienes están en guerra creciente de Morsi a Erdogan. No es casual que Turquía tenga más periodistas  encarcelados que ningún otro país. El islamismo político necesita de silencio alrededor para que solo se escuche su mensaje.


Las nuevas generaciones —los "jóvenes"— son los que han roto esa esclavitud mental, ese fatalismo político y se han rebelado contra el oscuro porvenir de la sumisión. La generación que decidió dejar de huir y enfrentarse al problema es la que tienen ahora delante, dispuesta a luchar hasta el final. El argumento de que la democracia es un "pecado occidental" ya no puede ser sostenido ante ellos, los jóvenes que han salido del país y están en contacto con personas de todo el mundo que les apoyan y comprenden.
La sociedad ya no es la misma y no aceptará ni el militarismo ni el absolutismo religioso. Hacerles escoger entre unos y otros es una infamia histórica que tendrá su castigo. Eso convierte cualquier camino en triste, en manchado de sangre.


El día de ayer ha sido terrible, con la reacción a las mareas antimorsi del día anterior. La sangre está de nuevo en las calles de Egipto. El comentarista político de Al Jazeera decía anoche, refiriéndose, a la pantalla partida del televisor mostrándonos los escenarios de unos y otros, que son dos mundos, dos mentalidades distintas, dos formas de entender la vida y el futuro. Quizá sea cierto y en el mismo espacio convergen el pasado y el futuro condenados a no entenderse jamás. En Egipto, en ocasiones, no es fácil saber si se avanza o se retrocede, si los lobos se disfrazan de corderos o si los corderos se disfrazan de lobos. Lo padece el pueblo egipcio. 
Estamos en una nueva fase de la Revolución, se dirija a donde se dirija, acabe como acabe. Unas puertas se han cerrado y otras se han abierto, aunque no sabemos con claridad dónde llevan ni cuánto dolor costará cruzarlas. De una forma u otra, lo padecerá un pueblo al que se ha llevado al hartazgo y a la desesperación, a las calles a dejar sus vidas. Entre los ideales y la realidad media la Historia. Quienes rompieron el ideal de unidad y futuro que significó la Revolución son los responsables de esto; quienes dejaron que ocurriera también.
Nada resulta más irónico que ver en el mitin islamista de anoche la pancarta "salvemos la revolución" como fondo. Los islamistas, ironías de la vida, reivindican ahora una democracia que nunca les ha interesado, un diálogo que siempre han rechazado, una transigencia que nunca han practicado. La necesidad aprieta.


The Story Of The Revolution- (with Eng.sub.) حكاية الثورة



* "Morsi se sitúa por encima de la ley" El País 22/11/2012 http://internacional.elpais.com/internacional/2012/11/22/actualidad/1353608872_232549.html
** "What now for the Brotherhood?" Al-Ahram 3/7/2013 http://weekly.ahram.org.eg/News/3218/17/What-now-for-the-Brotherhood-.aspx
*** "For Islamists, Dire Lessons on Politics and Power" The New York Times 4/07/2013 http://www.nytimes.com/2013/07/05/world/middleeast/for-islamists-lessons-in-politics-and-governing.html?hp


"The Muslim Brotherhood, Its Youth, and Implications for U.S. Engagement" Rand Corp. (2012)



viernes, 5 de julio de 2013

Snowden, la película

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Si decíamos el otro día que el espionaje ya no es lo que era, era por algo. El caso Snowden está convirtiéndose en un culebrón realmente anómalo para destruir los mitos de la gente, mitos elaborados a pulso por el cine y las novelas de espionaje. El glamur de Bond ha sido sustituido por un estancado espía subcontratado, maloliente ya el pobre, sin derecho a ducha, abandonado en una terminal rusa, sin poder salir de allí porque todo el mundo celebra su osadía pero nadie acepta el envoltorio. Snowden parece una de esas maletas perdidas que uno recuperaba tras dar la vuelta a medio mundo en un simple vuelo Madrid-Sevilla. Triste destino el de los espía modernos, de estos ladrones de datos, el quedar atrapados en tierra de nadie, unos en embajadas pequeñitas, otros aburridos en terminales. Los que se hicieron espías para vivir una vida de viajes y aventuras, ¡vaya plancha!


El anuncio de que los Estados Unidos espía a todo el mundo —como ya nos temíamos el otro día— ha sentado fatal en Europa. Pero fatal, fatal, lo que se dice fatal. Antes había espías dobles, ahora se tiene amigos dobles, que no son tus enemigos, pero te espían, aunque te espían como amigos. Te espían como amante celoso que te coge el móvil para ver quién te manda mensajes. Es un espionaje con cariño, por si te enteras de algo. Los espías-espías, esos los dejas para Corea del Norte, China, Rusia y sitios así. Son los espías "customizados", que se dice ahora, esos que se camuflan para infiltrase, que quedan por la noche debajo de un puente, medio a oscuras. Son los que sirven después para las películas, los espías que salen del frío y no como estos otros que salen del arroyo.
Lo de Snowden está más cerca de "Argo", que es espionaje sin glamur, de oficinistas, que de Bond. Ni siquiera se acerca a Austin Power, que, con todo, era sofisticado a su manera. Con Snowden hay material para hacer una comedia, aunque está sin terminar su historia, pero seguro que ya tenemos a alguien preparando el guión y buscando inversores. El caso tiene de todo.


Lo de Evo Morales, en cambio, y la que han montado con el avión, es de traca. ¡Tanta información y luego no saben si va en un avión tan pequeño! El avión que salió para La Habana iba lleno de periodistas que pensaban que Snowden iba para allá. El capitán del avión iba muerto de risa porque no hacían más que preguntarle por un señor que no había embarcado. Pero, en fin, los periodistas se dieron un viajecito a costa de sus periódicos siguiendo la "pista cubana".

Lo del avión presidencial ecuatoriano tenían que haberlo visto. La terminal moscovita no es la isla de Java; me imagino que no será tan difícil buscarlo por allí. Nuestros servicios de espionaje son capaces de intervenir millones en registrar conversaciones, en buscar entre terabites de información, pero son incapaces de encontrar a un señor en una terminal de aeropuerto. ¡En qué ha quedado el espionaje!
El incidente con el presidente ecuatoriano Evo Morales ya bordea el ridículo institucional. Demuestran que tampoco se enteran y que la Inteligencia, contratada y subcontratada, es poco inteligente. Han perdido el olfato del espía y el contraespía y se han vuelto un poco..., no sé cómo expresarlo, piénselo usted. Así a la revelación de secretos, Snowden suma la revelación de ineptos, por lo que es lógico que los servicios de inteligencia estén cada día más enfadados.


Los presidentes hispanoamericanos han hecho piña con el de Bolivia y se sienten solidariamente ofendidos, aunque  los que han quedado en evidencia son los europeos, especialmente Francia y Portugal, contra los que dirigen sus iras. El que sí se ha enfadado más que los demás es Nicolás Madero, que le ha puesto nombre y apellidos a su ira: Mariano Rajoy. Como Madero se siente heredero de lo bolivariano y del exabrupto intercontinental y norte-sur, ha arremetido contra el gobierno español, que es el que ha autorizado al avión a repostar en Canarias. Habrá leído mal. En la página oficial del gobierno boliviano se puede leer con claridad el comunicado de su Ministro de Asuntos Exteriores:

A causa de las inopinadas cancelaciones para operar en cielo y aeropuertos de Francia y Portugal, el avión de Morales, que ya se encontraba en el aire casi 3 horas y media desde que despegó de Moscú, debió buscar un aeropuerto alternativo y aterrizar 'de emergencia', en el aeropuerto de Viena.
La Cancillería de Bolivia había obtenido, previamente para salvar el apremio, permiso de España para que la aeronave oficial de Bolivia opere en Islas Canarias.
“Queremos agradecer al gobierno español porque inmediatamente ellos han respondido favorablemente para que el Presidente Morales pueda reabastecerse (de combustible) en las Islas Canarias”, sostuvo indignado el jefe de la diplomacia boliviana, al tiempo de asegurar que una información falseada, sobre la presunta incorporación del buscado ex agente de la oficina de inteligencia estadounidense (CIA, por sus siglas en inglés) al avión oficial boliviano, pudo desencadenar una tragedia.*


Maduro ha dicho que va a revisar las relaciones, que no sé muy bien lo que quiere decir, pero, bueno, allá él. Desde que la política es sobre todo espectáculo, pasan estas cosas. Y Madero, una vez solventada la conspiración internacional del papel higiénico, ha decidido actuar de ariete y contraatacar.
No sé a quién se le ocurrió lo de denegar el aterrizaje al avión presidencial, pero ha sido mejor que Snowden no estuviera dentro porque entonces si se arma una buena. Es mejor, dentro de lo que cabe, el "euro ridículo" que sacar a Snowden de una oreja y escuchar a Nicolás Madero más enfadado todavía. Ahora que China se lo ha quitado de encima y Rusia tampoco quiere al pobre Snowden, a lo mejor se anima él y lo acoge. Si algunos países europeos han hecho el ridículo, el presidente Maduro no ha quedado atrás. No solo le fallan los espías, sino la lectura de las páginas oficiales del gobierno ecuatoriano, que son muy claras.


El diario El Mundo nos sorprende a todos dando un nuevo giro narrativo a la historia. No cuenta que Edward Snowden «ha recibido una petición de matrimonio de la ex espía rusa Anna Chapman, que fue expulsada de EEUU en 2010.» Como prueba, el diario reproduce la cuenta de Twitter de la ex espía y nos cuenta su historia:

La ex espía, que obtuvo la nacionalidad británica tras casarse con el psicólogo Alex Chapman, regresó a Moscú a principios de julio de 2010, en el marco de una operación de intercambio de espías entre Rusia y Estados Unidos, algo que no ocurría desde la Guerra Fría.
El FBI descubrió que la rusa trabajaba en EEUU como espía para Moscú; desde entonces cambió los servicios secretos por las pasarelas y las portadas de las revistas, ha presentado un programa de televisión y ha sido condecorada por el Kremlin por su labor como espía.**


¿Qué espera Hollywood? ¿Qué aguarda Broadway? Dicen que Snowden, tímido, como buen informático sin duchar, no ha contestado a Anna Chapman. Ella, curtida en ambos mundos —el escondido del espionaje y el de los focos y el glamur del espectáculo— puede ser su pareja ideal: el americano y la rusa, los nuevos David y Victoria Beckam. ¡Un filón!
Para más tensión, la prensa nos informa de que Snowden dejó en su huida a una novia bailarina en Hawái, pero no de las de la Muerte del Cisne, sino de las otras, de las que bajan por una barra aprovechando la Ley de la gravedad, que le pega más a un espía y puede ser una "novia doble", pagada por alguna potencia extranjera para comerle el tarro y que espíe como los escándalos clásicos del espionaje de los cincuenta. Si así fuera, ella sería el único caso clásico, de Guerra Fría, en esta posmoderna historia de espías.


Con rodajes exteriores en USA, China, Rusia, Cuba, Venezuela, Hawái y nuestra pequeña colaboración en la superproducción con el episodio de Canarias —¡que se vean bien las playas!—, nos sale un blockbuster de órdago y arrasa en taquilla. Silenciamos los "cameos" para quesean una sorpresa.
Los franceses, envidiosos, han querido montar su propia historia espiando a sus ciudadanos. ¡Pues que se escriban ellos su guión!

* Ministerio de Asuntos Exteriores - Bolivia "BOLIVIA DENUNCIA “INEXPLICABLE” CANCELACIÓN DE PLAN DE VUELO QUE PUSO EN RIESGO LA VIDA DEL PRESIDENTE MORALES" http://www.rree.gob.bo/

** "'Snowden, ¿quieres casarte conmigo?'" El Mundo 4/07/2013 http://www.elmundo.es/elmundo/2013/07/04/internacional/1372929188.html