miércoles, 27 de agosto de 2014

La orquesta del presente

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Daniel Barenboim es una figura interesante por muchos motivos, por su amor a la música y por usar la música para demostrar más ampliamente su capacidad de amar. Hay un amor de profundidad y hay un amor de extensión. Del primero se ocupan los artistas y poetas, contándonos hasta dónde llegaron en sus sentimientos. Del segundo no se ocupa casi nadie, pero existe y es muy real: ¿hasta dónde podemos llegar con el amor? El prójimo es el próximo, a veces el más difícil de amar. También al lejano, si es desconocido. El amor universal, el más extenso no es fácil de ver. Hay demasiados obstáculos.
El crecimiento del sectarismo, los odios religiosos, la intransigencia... provocan esa incapacidad de amar, pero nos dicen que se ajusta a los parámetros de la evolución: amas a los tuyos, y dentro de los tuyos, a los más tuyos, en una escala milimetrada. Lo demás es ir contra la genética. La cultura es ir contra la genética, pese a lo que nos digan. Somos capaces de altruismo —el gran problema teórico— y da igual por los motivos que sean; da igual lo que opinen los empeñados en aplicar la Teoría de juegos a todo.
Barenboim usa la música para que la gente que vive rodeada de odio trate de dejar de hacerlo. Dirige una orquesta —la West-Eastern Divan— que reúne a músicos judíos, palestinos, árabes y españoles. La idea surgió junto al intelectual palestino Edward Said y les mereció el reconocimiento del Premio Principe de Asturias de la Concordia en 2002.
Es un intento de mostrar que el encuentro es posible y que el grupo que necesita de la  más perfecta unión, la orquesta, es posible entre personas que se olvidan momentánea y necesariamente de sus lenguas, sentimientos e ideas y se adentran en una lengua común a través de la que se expresan conjuntamente: la música. Por unos instantes, la música hará distanciarse de todo a quienes la escuchan e interpretan. Se fundirán en una comunidad de presente. Se olvidarán las diferencias y se centrarán en lo que les une.


Año tras año, sea cual sea la situación, los músicos de Barenboim se reúnen y realizan la terapia ejemplar de oponerse a lo que sus patrias, a través de sus dirigentes, les exigen. El propio director se asombra de esa recurrencia de la llegada.
Dice Daniel Barenboim en un momento de su entrevista con Jesús Ruiz Mantilla: "la nostalgia es parte de la vida. Yo siempre he dado importancia al pasado por el hecho de ser lo que nos planta en el presente y ambos me sirven como etapas para acabar en el futuro. De los tres tiempos, lo menos importante, filosóficamente, es el presente." Tiene razón Barenboim en señalar esa irrelevancia filosófica, pero no de la vida. Es lo único real. Solo en el presente existe el momento de la alegría real del encuentro. Lo mismo ocurre con el encuentro amoroso, que siempre es presente. En el caso de Barenboim, la música siempre es presente y el máximo placer se produce al escucharla. Recordarla es, precisamente, traerla a la vida, revivirla en el presente para que se manifiesta ese placer. Los músicos regresan con nostalgia, sí; pero con deseo de convertirla en presente.
Cuando se le pregunta por el objetivo de la orquesta, Barenboim señala:

[...] queríamos demostrar que si un israelí y un palestino, sentados frente a un atril, son capaces de tocar una sinfonía de Mahler, que luego vengan las autoridades y se atrevan a decirnos que no pueden vivir juntos. Ahora hay músicos que siguen en el Divan pese a haber pasado a grandes orquestas. Continúan viniendo al Divan, han superado esa psicosis, para ellos la convivencia es normal y pasan el tiempo hablando de otras cosas: de relaciones humanas. De amor… Debe ser extraordinario vivir una historia de amor con el enemigo.*


Para que esa extraordinaria historia se produzca hay que abrir un camino que relativice las causas del odio, que son las que se usan para manejarnos y hacernos más controlables. Barenboim lo ha encontrado en el amor a la música. Otros lo hacen a través de otras formas en las que el arte introduce la curiosidad por el otro.
La figura de la orquesta tiene mucho de universal porque integra instrumentos diferentes y pueden ser muy diversos sus sonidos formando una totalidad armoniosa. Otras formas de ejemplificar esa convivencia de lo diverso es la traducción, en la que en un mismo espacio mental conviven dos lenguas en diálogo para conseguir entenderse. También la traducción es un acto de amor profundo y no solo a las lenguas, sino a quienes las hablan y a quienes van a leerlas o escucharlas. Me emocioné en un tribunal cuando una alumna china, entre sus agradecimientos habituales a familia y profesores, daba las gracias a Cervantes. Me pareció muy real, sincero.


Una traductora del inglés, la egipcia Hala Salah Eldin Hussein Ali, que ama la lengua inglesa, ha hecho de su trabajo una forma de encuentro a través del mejor conocimiento que la literatura aporta de los otros. Ha creado una publicación Albawtaka Review y una editorial sin ánimo de lucro con el objetivo de hacer llegar traducciones de relatos que permitan descubrir al otro más allá de los tópicos y que nos permitan participar en los procesos de identificación que todo arte pone en marcha. Ha recibido el apoyo de instituciones para hacer llegar las antologías publicadas a los lectores de árabe. Acaba de ampliar su proyecto a la realización de 10.000 audio libros para poder llevar la palabra traducida a los ciegos de Egipto y Libia. Señalan en Daily News Egypt:

Her passion for translation arose from thinking that one of the main reasons for cultural clashes is the belief that the other is different, with unfamiliar and undecipherable behaviours, thus ominously unreachable. In her opinion, translating literature has revealed the falsehood of this conviction, exposing that what unites us is actually more than what keeps us apart.**


Hay una diferencia forzada, de límites para ser distinto. Y hay una diferencia que es riqueza, que no reniega de lo ajeno y lo busca sin miedo a perderse; por el contrario: hay un enriquecimiento en el encuentro. Es la magia del arte. Cada uno pone su grano de arena para intentar crear esos espacios en los que, durante un tiempo, el presente se paraliza con nuestra atención puesta en la música o en las historias leídas, momentos en los que se dispersan muchos sentimientos negativos que albergamos. Son momentos de unión, como lo es el arte verdadero. Es lo que consideramos su universalidad, su capacidad de hacernos sentir y comprender más allá de nosotros mismos.
Se asombra Barenboim de que los músicos regresen, que —con la que está cayendo— sean capaces de dejarlo todo y volver para poder tocar juntos. No hay nada de extraño. A la mayor parte de la gente no le gusta odiar ni verse arrastrado a ello.

Puede que el presente sea filosóficamente irrelevante, como dice Barenboim, que no haya merecido la atención reflexiva de los historiadores o de todos aquellos que prefieren vivir en lo abstracto, como el filósofo que se preocupa por el "ente" y no por su prójimo. Es solo en el presente en donde se experimentan las sensaciones viscerales que los neurocientíficos nos dicen hoy que manejan nuestras emociones. Hay una  añoranza, sí, pero de presente, de volver a experimentar la emoción genuina; sabemos que las personas que miran sus partituras y tocan concentrados han olvidado rencores y ven en el otro un compañero empeñado en sacar adelante una sinfonía común.
Hay mucha gente que vive del odio y con odio. Demasiada. Los primeros le sacan buen rendimiento; es la forma más fácil de manipularnos. Los segundos convierten su vida en monótona, pues el odio es el enemigo de la creación al convertirse en obsesivo; pronto no queda nada más pues todo se filtra por él. El odio es un dios cruel. Me acuerdo a menudo de la historia sufí de los dos hombres que pasan frente a una cárcel: «— Cuando veo esa prisión no puedo dejar recordar los años que pasé allí y sentir odio», dice uno de ellos. «—Pues entonces sigues dentro, atrapado», le replica el otro. No es fácil dejar de odiar, como no es fácil escapar de una prisión. Pero es imposible escapar de una prisión que confundes con tu hogar.



* "Barenboim: “En Oriente Próximo solo impera la terquedad”" El País Semanal - El País 25/08/2014 http://elpais.com/elpais/2014/08/22/eps/1408722038_548535.html

** "Bringing international literature to the blind" Daily News Egypt 20/08/2014 http://www.dailynewsegypt.com/2014/08/20/bringing-international-literature-blind/





martes, 26 de agosto de 2014

Una guerra tapa otra guerra

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El ofrecimiento de Siria para coordinarse con Estados Unidos y demás países occidentales que vayan a intervenir sobre terreno sirio tiene diversas lecturas. La primera y más evidente es la inversa: no dejará a nadie a intervenir en su territorio sin su consentimiento, aunque sea para bombardear a sus enemigos. Puede parecer paradójico, pero quizá no lo sea tanto en una guerra tan extraña como la siria, con derivas complicadas en el tiempo. Hace tiempo que dejó de ser una guerra civil para convertirse en otra cosa.
Hace un año, Estados Unidos e Inglaterra —más precisamente, David Cameron— estaban dispuestos a bombardear Siria y una jugada diplomática rusa hizo que se frenara al desmantelar las armas químicas, cuyo uso habría sido la justificación de la intervención, una de esas sencillitas que el presidente Obama califica de "ida y vuelta". Hoy estamos ante otra rápida jugada siria, probablemente asesorada desde los mismos lugares que en que surgió la otra para colaborar en el desmantelamiento del arsenal químico.
El diario El Mundo da las siguientes informaciones:

A las pocas horas de perder contra el Estado Islámico (en siglas inglesas IS) la base aérea de Tabqa -en la provincia de Raqqa, norte de Siria -, Damasco se mostró dispuesta a cooperar con "cualquier esfuerzo internacional" para combatir a los "terroristas". El gobierno de Bashar Asad, advirtió, además, de que cualquier incursión aérea sin su autorización sería contemplada como un "acto de hostilidad".
346 yihadistas y 170 soldados oficialistas asesinados en los últimos días, según el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos. Fue el saldo de la ofensiva sobre Tabqa, culminada el domingo pasado por la tarde. La caída de ese fortín deja toda la provincia a merced del IS. Según testigos, los islamistas celebraron el triunfo cercenando varias cabezas de soldados de Asad en la plaza central de Raqqa.
La televisión nacional siria confirmó la debacle, y añadió que las tropas están lanzando "bombardeos de precisión", contra los "grupos terroristas en el área, infligiendo grandes pérdidas". A esta información se sumó la de Walid Mualem, ministro de Exteriores de la administración Asad, en una alocución televisada: "Siria, geográfica y operacionalmente, es el centro de una coalición internacional para luchar contra el Estado Islámico".
Mualem aceptó toda incursión aérea para golpear al IS, como la sugerida el viernes pasado por Washington, "si [los EEUU] son serios combatiendo el terrorismo". Esto implica, para Damasco, hacerlos partícipes de la acción: "Cualquier ataque al margen de un acuerdo sería considerado una agresión". Las palabras del político suponen un giro a la política, que desde meses había conducido el gabinete árabe, en una guerra que ya acumula más 190.000 muertos.*


Una guerra tapa otra guerra. La situación de la guerra siria, la concentración yihadista que se ha producido allí y la división de las fuerzas que aprovechan, como el agua, para extenderse por los lugares de más debilidad, ¿podría hacer que se produjera un cambio tan bruco? ¿Podría ocurrir que los que amenazaban con bombardear Siria hace un año lo hicieran ahora, pero con objetivos distintos?

Los moderados sirios, los que pedían democracia, fueron desbordados por los islamistas desembocando en la llamada a la yihad desde Siria, un enclave esencial para todo Oriente Medio y desde el que se puede desestabilizar, como base de operaciones, toda la región. Oriente Medio es ahora la loncha de queso entre dos rebanadas de locura: Iraq y Siria, en el este, y Libia en el Oeste. En medio, la explosión de la franja de Gaza. Los tres focos son islamistas, incluidos los de Hamás en la Franja. Tres focos abiertos al que se pueden añadir las fronteras egipcias, al este y al oeste, con las entradas de "terroristas" o "yihadistas" (es solo una cuestión semántica) desde Libia o desde el Sinaí. El panorama es bastante claro. Y dejamos fuera el "califato" proclamado por Boko Haram en el territorio que controla por estar alejado, pero pertenece al mismo escenario.
Un analista futbolístico diría que se ha abierto el juego para crear espacios y así debilitar la defensa contraria. Si se contemplan como guerras distintas, son muchas; si se consideran una sola, siembran el desconcierto. Son los sospechosos focos múltiples de los incendios forestales. No hace falta pensar siquiera en una cabeza organizativa común; como partes de un sistema, funcionan dividiendo los recursos del enemigo común.


Los yihadistas se desplazan allí donde se les necesita, donde la debilidad es mayor. Siria e Iraq son los puntos de concentración, donde se diversifican los objetivos. Puedes matar varios pájaros del mismo tiro. Basar Al-Asad no es el objetivo, es el obstáculo. Las fuerzas laicas y democráticas que se le oponen quieren un cambio en el poder. Los islamistas, por el contrario, quieren un cambio del país. Y ese cambio es el califato que ya han fundado y que ahora extienden. Si llegan a tenerlo, el objetivo será el siguiente espacio por el que poder extenderse. Y así hasta el hipotético momento en que su locura se vea satisfecha, es decir, nunca.

Si Estados Unidos bombardea al EI en terreno sirio sin el consentimiento de Damasco, ¿será considerado como una "agresión" de la misma forma que si bombardeara a las tropas del Al-Asad? ¿Sigue siendo "Siria" un territorio que los que lo controlan consideran que ya no lo es? Según se mire. Oficialmente Siria es Siria, pero no es eso lo que piensan los islamistas, que tienen respuestas para todo. Para ellos el califato es su nueva patria que se extiende a golpe de Sharia y espada, de rezos y decapitaciones.
La guerra siria se mantiene por varios factores, el primero y más evidente la negativa a salir del poder por parte de Bachar Al-Asad y de todo lo que hay tras él. Se ha convertido en una interminable sangría que está destruyendo el país y diezmando a la población. En perspectiva, se ve cómo la resistencia de Al-Asad a los cambios que se le pedían —el aferrarse al poder de la familia Asad y de su grupo— ha marcado trágicamente el destino de Siria. Ha sorteado hasta el momento gracias al apoyo de Rusia las amenazas de intervención lanzadas por Occidente. Lo que empezó como revolución, se convirtió en guerra civil; y esta derivó en guerra internacional, que es lo que es en estos momentos. Una extraña guerra internacional en la que en teoría solo hay un país, pero combatientes llegados de todo el mundo, incluida España. Una muestra más de que los parámetros habituales no sirven para calibrar lo que ocurre.


Entiendo que el ofrecimiento de Al-Asad de una acción "coordinada" contra el Estado Islámico tiene implicaciones graves para la fuerzas que se le oponen y que le siguen combatiendo. La coordinación implica una cierta y necesaria alianza que solo sería posible con un alto el fuego con las demás fuerzas, algo difícil de sostener cuando los opositores están trufados de yihadistas. Los del Estado Islámico son solo una parte. Digamos que todos luchan contra Al-Asad, pero por distintas razones. No sería fácil separar el trigo de la paja. Y eso tampoco interesa al gobierno de Damasco, que prefiere meterlos a todos en el mismo saco como prevención.
El otro día analizábamos el argumento de un portavoz de los sirios opositores señalando que muchos yihadistas luchan a favor del EI porque no les dan armas para luchar contra Al-Asad, razón por la que estarían en Irak. Patético razonamiento, pero que da cuenta de las confusiones y amalgamas que se viven en los conflictos de este tipo.


El ofrecimiento de Al-Asad es político más que otra cosa. Es una estrategia en la que reivindica su moderación frente a la amenaza del Estado islámico y aprovecha para ganar posiciones en una guerra que llevada demasiado tiempo en tablas, causando mucho dolor. Pero no deja de ser un ofrecimiento. ¿Qué ocurriría si Occidente acepta el ofrecimiento de Al-Asad y coordina con ellos los ataques en suelo sirio al Estado Islámico?

Podrían ocurrir dos cosas. La primera de ellas es la división definitiva de las fuerzas que se oponen a Al-Asad, separando a "islamistas" y "moderados laicos", lo que tendría a su vez como consecuencia el debilitamiento de los opositores. Al-Asad lo aprovecharía, obteniendo una superioridad sobre el terreno. Los bombardeos eliminarían a una parte de sus enemigos y la otra parte quedaría débil para seguir combatiendo con probabilidades. La otra posibilidad es que se estableciera algún tipo de acuerdo entre los moderados y el régimen de Al-Asad que pudiera desembocar en algún compromiso futuro de reforma y que justificara la fractura con los hasta hace muy poco radicales compañeros de trinchera, hoy convertidos en decapitadores piadosos. Las dos posibilidades pueden parecer remotas, pero si se llega a una dificultosa colaboración, coordinación o simple autorización, el escenario debería cambiar. Por esos todos han hablado de "giro" en la situación.

Podemos entender que el ofrecimiento de coordinación es la respuesta lógica de cualquier país soberano ante la posibilidad de intervención militar en un territorio, aunque no lo controle de facto. Al-Asad tiene que negarse a ello o exigir que le pidan autorización. La coordinación es una forma de intentar avanzar en la situación, una salida astuta —digna de la diplomacia rusa— para dar la vuelta a una situación con dos frentes. Coordinarse implica, políticamente, muchas cosas. Es, no lo olvidemos, un país al que se amenazaba hace un año con intervenir militarmente. ¿Qué ha cambiado? Muchas cosas; solo el sufrimiento del pueblo sirio permanece constante. Y eso debe ser lo que prime en cualquier decisión.


¿Qué ocurriría —por otra parte— si los Estados Unidos bombardean posiciones en Siria sin "coordinarse"? ¿Lo consideraría una agresión? ¿Qué diría Rusia? Partimos de un principio: Al-Asad no toma esa iniciativa sin el consentimiento u orientación de Rusia.  ¿Formaría Rusia, aliado de Siria, parte de esa colaboración contra el EI?¿Sería una guerra oficial contra el Estado Islámico una forma de acabar con otra guerra, la interminable y falsamente civil en Siria? ¿Se unirían los sirios, pactarían para acabar con el Estado Islámico, una cruel y monstruosa aberración que puede destruirlos a todos?
Una guerra, ¿tapa otra guerra? Nada une más que un enemigo común.


* "Bashar Asad pide a Occidente "colaboración" contra el IS" El Mundo 25/08/2014 http://www.elmundo.es/internacional/2014/08/25/53fb7832ca4741a8368b459f.html





lunes, 25 de agosto de 2014

El desfile de la vergüenza

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Las imágenes difundidas ayer y hoy de las diferentes celebraciones del día nacional de Ucrania aclaran algo de lo que ocurre. Mientras en Kiev se celebra la unidad del país y se reivindican todas sus partes con un desfile militar, en Donetsk, capital ilusoria de un reino ficticio, en las zonas separatistas prorrusas, el comportamiento deja mucho que desear. Contraviniendo todas las normas internacionales sobre prisioneros, han sacado a pasear por las calles a recibir insultos a los soldados capturados. Era su forma bárbara de celebrar el día nacional del país al que dicen no pertenecer, el desfile de la vergüenza. Si pretendían humillar a los soldados prisioneros, solo han conseguido humillarse ellos mismos.
El acto es una bajeza que retrata a quien lo realiza, colocando en su lugar a los participantes en las vejaciones. Aquí no hay exaltación de nada más que del carácter siniestro que estos milicianos han tenido hasta el momento y siguen manifestando con el apoyo de la parte de la población que les jalea. Tendrán tiempo de arrepentirse cuando las aguas del río vuelvan a su cauce. Este tipo de humillaciones no se olvidan y los que hoy han participado en este infame espectáculo, mañana tendrán pocas explicaciones que dar. Los milicianos y su pueblo han estado a la misma altura, ambos una caricatura siniestra.
The New York Times nos resume el infame desfile:

Leading the procession was an attractive young blond woman carrying an assault rifle, followed by several dozen captured Ukrainian soldiers, filthy, bruised and unkempt, their heads shaved, wearing fetid camouflage uniforms and looking down at their feet.
Onlookers shouted that the men should be shot, and pelted the prisoners with empty beer bottles, eggs and tomatoes as they stumbled down Artyomovsk Street, Donetsk’s main thoroughfare. A loudspeaker played Tchaikovsky’s “Slavonic March,” a familiar Russian patriotic piece. Behind the prisoners were two tanker trucks spraying soapy water, demonstratively cleaning the pavement where the Ukrainian soldiers had passed.*


Quien haya dado la orden o consentido este humillante espectáculo sigue acumulando bellaquerías amparadas solo por esa ilusión imposible de formar parte de Rusia, posibilidad cada vez más distante.

Cada uno de estos actos de infamia, con los forenses intentando todavía recuperar e identificar restos humanos del avión derribado de Malaysia Airlines, se acumulan como historial, no como "historia", por lo que la posibilidad de atribuirles un heroísmo fundacional queda lejos. ¿Esta es la gloria que buscan? No hay héroes sobre los que levantar leyendas, solo brutalidad y así quedarán registrados por la historia, que siempre escribe el que vence.

Tampoco les queda posibilidad de formar parte de la historia rusa, que solo quiere en sus tomos la descripción de las victorias, fotos como las de Crimea, hoy imposibles en el este de Ucrania. Con la foto de los convoyes de alimentos queda retratada para la posteridad, una foto más para consumo interno que para otra cosa. Pero no lava nada, más bien al contrario: se hace responsable cada día que pasa de esta situación que no va a parte alguna más que a crear una división europea y ucraniana, que parece ser su único objetivo. Los actos de Rusia no son más que manifestaciones prepotentes de su superioridad, exhibiciones para calentar a su público.


Pero Putin se equivoca, pues lo que pueda ganar en popularidad dentro lo está perdiendo fuera y Rusia tiene mucho que perder en este enfrentamiento. Lo que ha demostrado es que es peligroso hacer tratos con ella, tenerla de socio o de cliente. Eso lo saben bien muchos países, que pudieron llegar a pensar que la nueva Rusia enterraba a la vieja Unión Soviética, pero esta tampoco enterró los sueños imperialistas del zarismo. Cambió la bandera y los himnos, que hoy regresan entremezclados: Santa Rusia y retratos de Stalin, iconos religiosos y hoces y martillos. El esplendor ruso no es el de la prosperidad, sino el de la fuerza y la dominación. Eso es lo que el caso de Ucrania ha servido para mostrar. Costará años recuperar el nivel de confianza, una vez demostrado. Aunque Rusia cediera, los demás han aprendido que no hay que depender de ella por si hubiera otra ocasión.


Las tres repúblicas bálticas han celebrado este fin de semana su liberación de la Unión Soviética realizando otra cadena humana, esta vez no de humillaciones, sino conmemorativa de la que realizaron hace 25 años para emanciparse de la Unión Soviética y este año especialmente para mostrar de solidaridad con Ucrania. Euronews recoge las palabras de Argita Daudze, la embajadora de Letonia en Kiev: “Hoy Ucrania lucha por la libertad y la unidad del país, así que los estados bálticos están con Ucrania. Los ucranianos estuvieron con nosotros en el 89 y todos estos años, así que estamos en una gran cadena.”** Los bálticos han estado hoy junto a Ucrania. Son esos los lazos que crean la solidaridad, más que los de los mercados.

El 23 de agosto de 1989 más de millón y medio de letones, lituanos y estonios formaron una cadena humana de 600 kilómetros que recorrió las tres repúblicas que entonces formaban parte de la Unión Soviética. Pasaba por sus tres capitales, Tallin, Riga y Vilna y pedían la retirada de los soviéticos a los que consideraban fuerzas de ocupación.**


Las celebraciones de las repúblicas bálticas, hoy en la Unión Europea, son festivas y forman parte de su historia; son recordatorios de lo que padecieron y de su fuerza para superarlo. Devuelven ahora a Ucrania el apoyo que Ucrania les dio. Se nos ha olvidado pronto que hasta no hace mucho, Europa estaba dividida hasta la mitad de la Alemania. Y que más allá estaban los países sometidos al deseo de Rusia con sus repúblicas absorbidas militarmente. El sentimiento de que de nuevo haya países que por la vecindad pierdan su soberanía y puedan ser castigados, como lo ha sido Ucrania, por el hecho de querer acercarse a Europa y no desear seguir los planes de Rusia en la rehabilitación de su imperio, ha prendido de nuevo en aquellos que lo padecieron.
De nuevo, la sensibilidad de Europa es variable no solo por los restos de nostálgicos de la Unión Soviética —justificadores de todo siempre, entonces y ahora—, sino por la falta de comprensión hacia lo que ha sido para estos países el periodo desde la II Guerra Mundial hasta la caída del muro de Berlín. Solo han pasado 25 años desde que pudieron recuperar su identidad y soberanía. Un periodo breve que todavía se vive con temor desde lo ocurrido con Ucrania. La mitad de Alemania, a la que llamamos hoy el motor de Europa, era hasta no hace mucho parte del imperio soviético. Era el otro lado del muro. Se olvida con demasiada frecuencia. Cayó el comunismo, pero no cesó el nacionalismo imperialista que estaba debajo, el que padeció media Europa ocupada militarmente.


Lo ocurrido ayer en Donetsk es una infamia más, una violación flagrante de los derechos humanos que muestra la voluntad de pisotearlos por parte de milicianos, bandoleros y populacho deseoso de un espectáculo indecente donde desahogar sus iras y frustraciones. Las mujeres y hombres que insultaban, arrojaban botellas, botes de humo, escupían e intentaban agredir a los soldados que eran exhibidos paseándolos por la ciudad, vigilados por hombres armados, con perros sujetos con correas, recuerda al fascismo más crudo paseando judíos para escarnio público. Los que levantaban cámaras y teléfonos móviles con una sonrisa sádica ante el espectáculo para inmortalizar ese momento de "gloria militar", que lo conserven, porque no les quedarán muchos otros momentos que disfrutar de la misma forma.
Entre la cadena humana solidaria de los países bálticos con Ucrania, celebrando todos su identidad, y la cadena infame de Donetsk hay una gran distancia, sobre todo moral.



* "In Eastern Ukraine, Rebel Mockery Amid Independence Celebration" The New York Times 24/08/2014 http://www.nytimes.com/2014/08/25/world/europe/ukraine.html?hp&action=click&pgtype=Homepage&version=HpSumSmallMedia&module=second-column-region&region=top-news&WT.nav=top-news

** "Ucrania conmemora los 25 años de la cadena báltica contra la ocupación soviética" Euronews 24/08/2014 http://es.euronews.com/2014/08/23/ucrania-conmemora-los-25-anos-de-la-cadena-baltica-contra-la-ocupacion-sovietica/







domingo, 24 de agosto de 2014

Los caminos de la Historia o cuidado con los cordones

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
The New York Times publicó ayer un interesante y sugerente artículo de Ross Douthat, con el título "Our Thoroughly Modern Enemies". Douthat es el columnista estrella de los conservadores en The New York Times y aprovecha para criticar (una vez más) a Barack Obama y su administración, en este caso, por sus tropos y lo que suponen del entendimiento de los problemas reales.
Todo discurso representa una propuesta de comprensión a través de su propia configuración retórica. Las metáforas y demás figuras empleadas, las palabras e ideas que elegimos para representar el mundo a través de la mediación del lenguaje, son siempre la concreción de unos objetivos más o menos concretos, más o menos conscientes. Hablamos para convencer al otro y somos maestros constructores de trampas verbales con las que atrapar al que nos escucha.
La intención general de Douthat es demostrar lo poco adecuada a la realidad de la forma de entender el mundo del presidente Obama. Este déficit de la interpretación es el que lleva a la situación que se critica.
Escribe Ross Douthat:

IN his remarks on the murder of James Foley, the American journalist decapitated by the terrorists of ISIS, President Obama condemned Foley’s killers, appropriately, as a “cancer” on the Middle East and the world. But he also found room for the most Obama-ish of condemnations: “One thing we can all agree on,” he insisted, is that the would-be caliphate’s murderous vision has “no place in the 21st century.”
The idea that America’s foes and rivals are not merely morally but chronologically deficient, confused time travelers who need to turn their DeLorean around, has long been a staple of this administration’s rhetoric. Vladimir Putin, Bashar al-Assad and tyrants in general have been condemned, in varying contexts, for being on the dreaded “wrong side of history.” Earlier this year, John Kerry dismissed Putin’s Crimea adventure in the same language Obama used last week: “19th-century behavior in the 21st century,” foredoomed by its own anachronism.
These tropes contain a lot of foolishness. Where ISIS is concerned, though, they also include a small but crucial grain of truth.*


A las figuras retóricas sobre la "Historia" y el anacronismo contrapone Douthat otra figura, la del DeLorean y sus viajeros del tiempo. Se refiere, claro está, al coche de la serie cinematográfica, comenzada por Robert Zemeckis, "Regreso al futuro". Para el articulista —que ejerce la crítica cinematográfica, por cierto— Obama es como esos conductores para los que todos los demás van en dirección contraria. La cuestión ya no es solo "moral", como había interpretado la administración Bush —sancionando el "eje del mal"—, sino además "temporal", van en el sentido contrario por la carretera de la Historia.
Tras los párrafos en los que nos ha dejado un despistado Obama, poco fiable en materia de conducción, Douthat va al núcleo de su argumentación:

The foolishness starts with the fact that the history of liberal democracy is actually inseparable, as Abram Shulsky writes in The American Interest, from “the constant appearance of counter-ideologies that have arisen in reaction against it.” Whether reactionary or utopian, secular or religious, these counter-ideologies are as modern, in their way, as the Emancipation Proclamation or the United Nations Charter. Both illiberal nationalism and Islamic fundamentalism are younger than the United States. They aren’t just throwbacks or relics; they’re counterforces that liberal modernity seems to inevitably conjure up.*

Hay una verdad en ello: fenómenos como el islamismo son modernos, algo que caracteriza a casi todos los movimientos que presumen de la Historia. Lo mismo ocurre con los nacionalismos. Desde el siglo XVIII y especialmente el siglo XIX, los movimientos políticos se han fundado en la racionalidad o en la Historia. Es decir, han reivindicado la razón o las raíces, es decir, el sentimentalismo de la tierra o la raza, como motores; en ocasiones han juntado ambas, tratando de apuntalarse o reabsorberse mutuamente, como la razón histórica. Tras ambas se esconden puntos oscuros y ficciones. El marxismo se reivindicaba científico y veía sus luces en el futuro prometido por la Historia; los nacionalismos se inventaban el pasado, con sus edades doradas, en el que buscaban las suyas. Pasado de oro o futuros de oro. Pero dijeran lo que dijeran, solo se puede vivir en el presente. En el presente conviven (o malviven) nuestros pasados y futuros idealizados, obligándonos a actuar en un sentido u otro.


De lo que el conservador Ross Douthat está acusando a Barack Obama es de no comprender el presente y, por ello, tomar decisiones erróneas. Sin embargo, dudo que el análisis de Douthat sea mejor porque también parte de una mala comprensión de la Historia que, por otro lado, es frecuente: la idea de que el mundo gira sobre los Estados Unidos y que estos representan la "liberal modernity", una fuerza hegeliana que se despliega por la Historia. Los que se opone a esa fuerza, por supuesto, son esas reacciones alérgicas a la "libertad". La intención final de Douthat es la que caracteriza a los conservadores frente a los demócratas norteamericanos: son unos ingenuos que piensan que pueden cambiar el mundo, mientras que ellos creen que es una cuestión de equilibrio, del bien contra el mal. Donde haya libertad, siempre habrá enemigos que se opongan. Esa doctrina que, es fácilmente comprensible, siempre estará en alerta e invirtiendo en defensa.

Hoy medio mundo responsabiliza a los Estados Unidos del desastre del "islamismo político" que acabó dejando paso al "yihadismo". Y no lo hacen su enemigos, sino sus amigos y aliados, que se han visto condenados por no se sabe muy bien qué derecho divino o laico. Para Ross Douthat, la responsabilidad es de Barack Obama y sus errores. Para el resto del mundo, la responsabilidad va más allá —aunque lo personalice en su presidente actual— y viene de la desastrosa política tras el 11-S emprendida por la administración Bush. Como nada nace de la nada, el 11-S es a su vez el resultado del desastre de los Estados Unidos en la guerra de Afganistán, que fue de donde salió Bin Laden. Como cinéfilo, Ross Douthat habrá disfrutado con la película de Mike Nichols, "La guerra de Charlie Wilson" (Charlie Wilson's War 2007), una irónica forma de contarlo.
Antes de la "primaveras árabes", Barack Obama hizo un discurso en la Universidad de El Cairo que fue recibido como una brisa por parte de todo Oriente Medio. Habría esperanzas de cambio, especialmente porque muchos de esos países que entonces visitaba estaban controlados con mano de hierro por aliados de los Estados Unidos. No es una reacción alérgica a la modernidad, lo que ocurrió. Los islamistas fueron la apuesta de Washington en continuidad de los apoyos de la administración Bush, cuyos fundamentalistas cristianos (el Tea Party) se entendían bien con los piadosos políticos musulmanes, de Turquía a Egipto o Túnez. No hay ninguna "ley histórica", ninguna "alergia" que no hubiera podido ser contrapesada con la voluntad de los que deseaban sacar de la miseria a sus países, acabar con la corrupción, y llevar una modernidad para la que ya existía en algunos de ellos una generación dispuesta. Pero no ha podido ser hasta el momento y los que avanzaron quedaron en manos de islamistas que habían crecido al amparo de los temores a un Irán nuclear que creara problemas a Israel. 
La conclusión a la que han llegado los liberales de estos países es que los Estados Unidos no tienen interés en que haya democracia en sus tierras. Se ven condenados indefinidamente a vivir sin progreso, bajo dictaduras y corrupción económica para que los Estados Unidos crean que pueden vivir seguros, algo que se ha demostrado que no es cierto. Por alguna fatalidad, Estados Unidos ha apoyado siempre a los más nefastos gobernantes de estos pueblos, siempre con la misma excusa: los intereses de los Estados Unidos, algo que no tienen reparo alguno en sostener porque les parece una obviedad.

Hoy se repiten por todas partes y en todos los idiomas que son sus errores los que hacen surgir muchos problemas donde no los había, acrecentar los existentes y ser peor el remedio que la enfermedad. Sin embargo, la ceguera de sus administraciones, demócratas o republicanas, empieza a ser más que preocupante en muchas zonas. Hoy Oriente Medio es un polvorín a medio estallar, con guerras en Siria, en Iraq, África recorrida de un extremo a otro por milicianos islamistas secuestrando y decapitando gente sin que exista mucha oposición. Europa tiene una guerra civil en uno de sus extremos y una guerra fría reabierta con unas consecuencias graves para el desarrollo económico y la convivencia. Hay abierta una crisis de confianza por el espionaje masivo o particularizado, etc.
¿Es responsable Estados Unidos de todo? No, evidentemente no, y sería injusto hacerlo, aunque algunos lo hagan para su propio provecho y excusa. ¿Es responsable de mucho? Sí, también evidentemente sí. La teoría de que los republicanos arreglan lo que los demócratas estropean es obviamente una teoría conservadora. Su visión del mundo no es más realista que la demócrata de Obama. Esas fuerzas que la modernidad liberal conjura, por expresarlo con las palabras de Douthat, tienen fechas, nombres y financiación específicos.
Lo que se ha hecho es, por irónico que parezca, condenar a las fuerzas de la modernidad favoreciendo el oscurantismo dictatorial laico o religioso. La creencia en que pueden controlar el mundo se demuestra cada día como una ilusión, pero una ilusión peligrosa porque no se arregla nada y, sin embargo, se aumenta la inseguridad local y global. Estados Unidos no es un país más seguro, desde luego no es más querido y, por contra de los que opinan, es cada vez mejor comprendido, aunque sea en sus errores que hoy se hacen más evidentes. Tampoco existe justificación, ni moral ni histórica, para que la seguridad de los Estados Unidos signifique la opresión o pobreza de otros países. En eso lo que se demuestra es lo anacrónico del propio planteamiento, que sí que es digno de otros tiempos o mentalidades.

La aceleración histórica de las demandas de los pueblos es un hecho. Tienen que ver con muchos factores, incluido la globalización de las comunicaciones que estimula los deseos lícitos de prosperidad y justicia. Tiene que ver con la extensión de la educación a campos más amplios de forma más rápida, que aumenta los deseos de prosperidad. Tiene que ver con muchas cosas. Esa es la verdadera modernidad, no la que plantea Ros Douthat, que es en exclusiva.
No es la primera vez que los republicanos norteamericanos usan la película "Regreso al futuro". Lo hizo el presidente republicano Ronald Reagan, en su discurso del Estado de la Nación, realizado en 1986. La película, estrenada en 1985, estaba entonces en su apogeo de éxito. :

And tonight I want to speak directly to America's younger generation, because you hold the destiny of our nation in your hands. With all the temptations young people face, it sometimes seems the allure of the permissive society requires superhuman feats of self-control. But the call of the future is too strong, the challenge too great to get lost in the blind alleyways of dissolution, drugs, and despair. Never has there been a more exciting time to be alive, a time of rousing wonder and heroic achievement. As they said in the film "Back to the Future", "Where we're going, we don't need roads."*


Pero estaba claro que el futuro, por más que lo dijeran en la película y Reagan en su discurso, necesitaba carreteras, por mucho que la llamada fuera estruendosa. Y carreteras bien asfaltadas, perfectamente peraltadas, claramente señalizadas y con cómodas áreas de descanso. Pero para el conductor confiado, todo depende de su experiencia y del poder de su motor. Lo demás son detalles.
Tampoco está claro que el llamamiento de Reagan fuera hacia el futuro, sino al futuro que él se imaginaba y proponía a los demás. Esta invitación al futuro en clave local, al pueblo americano, se convierte en imposición en clave global, pues no hay varios futuros, sino uno solo y en el que siempre decide el mismo:

Well, today physicists peering into the infinitely small realms of subatomic particles find reaffirmations of religious faith. Astronomers build a space telescope that can see to the edge of the universe and possibly back to the moment of creation. So, yes, this nation remains fully committed to America's space program. We're going forward with our shuttle flights. We're going forward to build our space station. And we are going forward with research on a new Orient Express that could, by the end of the next decade, take off from Dulles Airport , accelerate up to 25 times the speed of sound, attaining low Earth orbit or flying to Tokyo within 2 hours. And the same technology transforming our lives can solve the greatest problem of the 20th century. A security shield can one day render nuclear weapons obsolete and free mankind from the prison of nuclear terror. America met one historic challenge and went to the Moon. Now America must meet another: to make our strategic defense real for all the citizens of planet Earth.**


Los ciudadanos del mundo, en cambio, se manifestaron en contra del beatífico proyecto, llamado "Guerra de las Galaxias". Pero no era más que otra figura retórica. Estas figuras de las partículas atómicas reafirmando la fe o la esperanza de encontrar el momento de la "creación" a través de un telescopio no dejaba de ser un sueño religioso mesiánico trufado de velocidad, que concluía no en el abandono de las armas, sino en hacer que otros las abandonaran por ineficaces ante el sueño del "escudo" protector antimisiles que definió emblemáticamente la era Reagan y que sigue siendo el sueño conservador.
El "sueño" de Reagan era encontrar a Dios entre los átomos y los misiles, como santa Teresa lo encontraba "entre los pucheros". Retórica, igualmente.

What brought America back? The American people brought us back with quiet courage and common sense, with undying faith that in this nation under God the future will be ours; for the future belongs to the free.**

La cuestión, como siempre, es quién es el editor del diccionario en el que hay que buscar los significados de todas estas palabras, de todos estos conceptos, que —lost in translation— después no se reconocen en la realidad de los hechos o situaciones. Pero la finalidad no era cambiar el mundo, sino poner en pie a congresistas y senadores. Unos días antes se había producido el desastre del Challenger de la NASA y había que ofrecer otro futuro. 

Reagan tenía su sueño de la Historia, como lo tienen todos los demás. Puede que lo peligroso sea creer en la Historia misma, dado el uso que algunos le dan. Por eso los historiadores —los que son capaces de mostrar los puntos y se resisten a trazar las líneas que los unen a sabiendas de los peligros resultantes— han renunciado al "espíritu de la Historia", que es como tener la lámpara de Aladino a sabiendas de que nos hay genio dentro. La base de la política mesiánica es creer que el futuro nos absorbe en vez de que sea el pasado, incluidos nuestros errores (quizá especialmente), lo que nos impulsa. Ahora nos movemos en esa extraña carretera del tiempo tratando de esquivar los obstáculos que desde el pasado nos han mandado. Es como Terminator, pero al revés. Los tropezones en la Historia suelen ser por pisarte los cordones. Y hay países que llevan sus largos cordones sueltos.
Cuando se les pregunta a los islamistas si son partidarios de cortar la mano al que roba, siempre contestan lo mismo, que sí. Cuando se les pregunta por qué, dicen que lo pone en el Corán y eso es suficiente. Si les preguntas si no creen que cortar manos es una barbaridad, te dice que sí, pero que en un mundo islamizado no habrá ladrones porque será perfecto. Y en ello están. Mierntras haya ladrones, habrá manos que cortar serán necesarios cuchillos afilados y expertos cortadores.
El razonamiento no dista mucho del de Reagan y compañía republicaca: no habrá armas cuando se haya demostrado la inutilidad de atacar a los Estados Unidos. Es una forma extraña de conseguir la paz mundial. Como lo es hacer progresar el liberalismo favoreciendo dictaduras o dejando a los liberales a los pies de las babuchas.
No hay futuro que sirva de excusa a los errores del presente. Y, sobre todo, no hay futuro que no esté marcado por ellos. El futuro solo se cambia actuando poco a poco sobre el presente, con tiento y modestia. Cuanto más creamos en el futuro, menos lo controlamos.


* "Our Thoroughly Modern Enemies" The New York Times 23/08/2014 http://www.nytimes.com/2014/08/24/opinion/sunday/ross-douthat-isis-in-the-21st-century.html * "Our Thoroughly Modern Enemies" The New York Times 23/08/2014 http://www.nytimes.com/2014/08/24/opinion/sunday/ross-douthat-isis-in-the-21st-century.html

** Ronald Reagan. Address Before a Joint Session of Congress on the State of the Union February 4, 1986 http://www.presidency.ucsb.edu/ws/index.php?pid=36646