jueves, 4 de febrero de 2016

Romper sin construir o Wael Ghonim cinco años después

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Es como si, subidos por primera vez sobre una tabla de surf, intentáramos deducir los principios sobre los que se funda nuestro inestable deslizar. Algo así ocurre con nuestra experiencia sobre la tabla de la Historia, acelerada esta vez por el fenómeno de las Nuevas Tecnologías globales de la Comunicación. Pasan muchas cosas, pasan muy deprisa y la experiencia que extraemos cada vez sirve menos para enfrentarse a un futuro inmediato. Todo cambia con demasiada rapidez como para hacernos sabios. Nuestra eficacia especulativa decrece con la velocidad e intensidad de los cambios. De ahí la proliferación de futurólogos y gurús en el campo de la evolución social. ¿Dónde vamos y de qué nos sirve la experiencia acumulada?, pasan a ser las dos preguntas claves.
Thomas L. Friedman, el columnista de The New York Times, recupera la figura de Wael Ghonim, el ejecutivo egipcio de Google que desencadenó con su página de Faceebook la revolución en 2011 en Egipto. Los hace a través de un interesante artículo, "Social Media: Destroyer or Creator?", en el que se pregunta sobre los efectos de la ola sobre la que cabalgamos ya por la Historia:

Over the last few years we’ve been treated to a number of “Facebook revolutions,” from the Arab Spring to Occupy Wall Street to the squares of Istanbul, Kiev and Hong Kong, all fueled by social media. But once the smoke cleared, most of these revolutions failed to build any sustainable new political order, in part because as so many voices got amplified, consensus-building became impossible.
Question: Does it turn out that social media is better at breaking things than at making things?*


Creo que nos hemos hecho esa pregunta muchas veces estos años al hilo precisamente del caso egipcio, que ha tenido aquí atención preferente. Las conclusiones a las que llegan Friedman y Ghonim son muy parecidas a las que hemos señalado y también a las que muchos otros han llegado. Con la perspectiva que va dando el paso del tiempo, las ideas se van asentando. La cuestión es si es útil para el futuro o son estas ideas las que lo condicionan de forma inevitable.

Los medios sociales han sido capaces de provocar grandes reacciones ante situaciones, tienen un enorme poder de convocatoria, son explosivas, pero su capacidad de construcción —una segunda fase— es inmensamente menor. Quizá este efecto tenga su explicación en su misma naturaleza y que tengamos que redefinir no solo los canales sino sus capacidades para poder usarlos con inteligencia. Sin embargo, el fenómeno de los medios sociales es más "emocional" que "inteligente" por su propio diseño. Por mucho que hablemos de "inteligencia emocional" y de "inteligencia colectiva", lo cierto es que siempre hay un "inteligente cero" (por analogía a la idea de "paciente cero" en las epidemias), es decir, un punto en el que algo comienza. En nuestro caso es evidente que esa "inteligencia cero" fue la de Wael Ghonim.
Así describe lo ocurrido entonces, contado por Thomas L. Friedman:

In the early 2000s, Arabs were flocking to the web, Ghonim explained: “Thirsty for knowledge, for opportunities, for connecting with the rest of the people around the globe, we escaped our frustrating political realities and lived a virtual, alternative life.”
And then in June 2010, he noted, the “Internet changed my life forever. While browsing Facebook, I saw a photo … of a tortured, dead body of a young Egyptian guy. His name was Khaled Said. Khaled was a 29-year-old Alexandrian who was killed by police. I saw myself in his picture. … I anonymously created a Facebook page and called it ‘We Are All Khaled Said.’ In just three days, the page had over 100,000 people, fellow Egyptians who shared the same concern.”
Soon Ghonim and his friends used Facebook to crowd-source ideas, and “the page became the most followed page in the Arab world. … Social media was crucial for this campaign. It helped a decentralized movement arise. It made people realize that they were not alone. And it made it impossible for the regime to stop it.”*


Los antiguos teóricos de los movimientos sociales solían trata de distinguir entre "revoluciones", "revueltas", "rebeliones", etc. por un lado y por otro entre "masas", "multitudes", etc. La cuestión no era baladí porque de alguna forma trataban de establecer una relación entre el tipo de "movimiento" en función de la "masa" (los términos proceden de una concepción determinista de "física social", como se pensaba al principio del pensamiento sociológico). Como ya hicieron los teóricos de "masas", "multitudes" o "muchedumbres", de Le Bon a Freud, partían del principio de que estas concentraciones poseían fuerza, pero no inteligencia.
En su trabajo seminal sobre las multitudes, el psicólogo social y físico aficionado Gustavo Le Bon ya consideraba que el fenómeno tiene un aspecto claro, lo efímero, lo inconstante de las poderosas manifestaciones explosivas de esas multitudes que cambian la Historia a golpe de ira. Señala en su prefacio:

Su conjunto constituye un alma colectiva, poderosa, pero momentánea.
Las masas han desempeñado siempre un papel importante en la historia, sin embargo nunca de forma tan considerable como ahora. La acción inconsciente de las masas, al sustituir a la actividad consciente de los individuos, representa una de las características de la época actual.

Cuando a los sociólogos ha dejado de gustarles la palabra "masa", adquiere sin embargo una curiosa manifestación a través de los fenómenos de los medios y redes sociales. Tienen un gran poder de convocatoria, un poder explosivo en sus reacciones, pero como señalaba Le Bon, este es momentáneo.
Siempre se ha considerado importante el papel de las redes sociales, tal como cuenta el propio Ghoneim, en el caso egipcio. Cuando se produjo la revolución egipcia, llamamos la atención sobre algo: el efecto que había tenido el corte de varios días de las comunicaciones, internet en su conjunto, la telefonía, impuesto por el gobierno de Mubarak. Se "cortaron" las comunicaciones. Los activistas tunecinos tenían medios alternativos para superar el corte de sus redes, pero no así los egipcios. El país quedó prácticamente aislado por el corte de internet. Señalamos entonces, cuando se produjo, que el efecto había sido hacer que la gente no se moviera de las calles, permaneciera unida físicamente. Trataban de compensar la pérdida de las comunicaciones. El efecto conseguido por el régimen con el corte fue el contrario.
Pero lo importante, tal como apunta Ghonim es que en un primer momento fueron los medios sociales los que aglutinaron las reacciones emocionales de la gente y guiaron sus actos a golpe de convocatoria. Pero todo eso no es poder de construcción. La convocatoria lleva a un punto y momento en el espacio. Puede producirse un choque, puede asaltarse un palacio o una comisaría, pero no es fácil ir más allá. Los medios sociales son un arma poderosa, permiten dirigir el foco hacia un punto, pero ¿es eso suficiente?
Señala Friedman:

Alas, the euphoria soon faded, said Ghonim, because “we failed to build consensus, and the political struggle led to intense polarization.” Social media, he noted, “only amplified” the polarization “by facilitating the spread of misinformation, rumors, echo chambers and hate speech. The environment was purely toxic. My online world became a battleground filled with trolls, lies, hate speech.”
Supporters of the army and the Islamists used social media to smear each other, while the democratic center, which Ghonim and so many others occupied, was marginalized. Their revolution was stolen by the Muslim Brotherhood and, when it failed, by the army, which then arrested many of the secular youths who first powered the revolution. The army has its own Facebook page to defend itself.
“It was a moment of defeat,” said Ghonim. “I stayed silent for more than two years, and I used the time to reflect on everything that happened.”


Lo que se encierra en estas líneas anteriores es de gran trascendencia porque resumen un fenómeno que se daba por primera vez: una batalla virtual, una guerra cuyas armas son el ruido y la furia. Es la historia de un ascenso y caída, del robo histórico de una revolución y de la inversión masiva de la emoción redirigiéndola contra aquellos que la iniciaron. Es un fenómeno histórico y trascendente del que han aprendido mucho las dictaduras y poco las democracias.
En esas líneas se encierra la frustración del que ve cómo le son sustraídas las armas y la iniciativa. Islamistas y militares consiguieron hacerse con el control sucesivo de la revolución iniciada porque poseían el valor más importante para las carreras a medio y largo plazo: la organización. Puede que las guerrillas ganen escaramuzas y batallas, pero solo los ejércitos gana guerras.
Ese carácter explosivo y momentáneo de la revolución se fue diluyendo hasta ser robado por el propio enemigo. El absurdo egipcio es que se canta la revolución mientras se acusa de agentes extranjeros a los revolucionarios, que la revolución se loa en la constitución mientras se encarcela o exilia a sus miembros, como al propio Ghonim al que se pretendía no hace mucho privar de su nacionalidad egipcia. Todo ello procede de esa incapacidad de consenso, de organización de esas fuerzas desatadas. La oportunidad perdida es la de la organización. Las fuerzas que se acaban llevando el gato al agua son las organizadas, el Ejército y los Hermanos Musulmanes, una organización con noventa años de vida y una férrea disciplina y control de sus miembros.


Los medios sociales pueden derribar dictadores al canalizar la ira y la frustración. Pero por su propia idiosincrasia esa difícil que sea posible construir algo con ellos. Requieren una organización que es difícil por su propia naturaleza. Es más fácil intoxicar con ellos que crear corrientes estables, que siempre tenderán a ser minoritarias allí donde no exista detrás de ellas otras organizaciones que den soporte y eviten del deterioro o la tendencia a la dispersión pasado un tiempo.
En un antiguo artículo sobre el papel de las redes en la vertebración social distinguía entre acción en las redes y acción a través de las redes. Las redes son más eficaces si esa tendencia a lo efímero se contrarresta con la solidez de las organizaciones exteriores a las redes. En la Primavera árabe, esas organizaciones eran los islamistas y el ejército. De ahí el interés político en evitar que la sociedad se vertebre más allá de esas dos grandes fuerzas conformadoras, perfectamente jerarquizadas para establecer los fines y llevarlos a cabo. Por el contrario, los revolucionarios solo contaban con la ira. Su acción fue intensa pero corta en el tiempo y con un solo objetivo a su alcance: a caída de Mubarak. Eso era un objetivo claro. La construcción de una democracia después requería de unas condiciones, organización y medios muy distintos. No se construye una democracia en las redes sociales, por más que algunos hablen de repúblicas virtuales o demás lindezas utópico-virtuales.
Friedman recoge las enseñanzas que tras dos años de silencio en las redes Wael Ghonim ha madurado. Son las siguientes:

Here is what he concluded about social media today: “First, we don’t know how to deal with rumors. Rumors that confirm people’s biases are now believed and spread among millions of people.” Second, “We tend to only communicate with people that we agree with, and thanks to social media, we can mute, un-follow and block everybody else. Third, online discussions quickly descend into angry mobs. … It’s as if we forget that the people behind screens are actually real people and not just avatars.
“And fourth, it became really hard to change our opinions. Because of the speed and brevity of social media, we are forced to jump to conclusions and write sharp opinions in 140 characters about complex world affairs. And once we do that, it lives forever on the Internet.”
Fifth, and most crucial, he said, “today, our social media experiences are designed in a way that favors broadcasting over engagements, posts over discussions, shallow comments over deep conversations. … It’s as if we agreed that we are here to talk at each other instead of talking with each other.”*


Algunas de estas ideas se han detectado ya en el análisis de los medios y redes sociales. Pero creo que son acordes con lo que hemos señalado antes, con distinto grado de concreción o detalles en ciertos aspectos. Por ejemplo, lo observado sobre la tendencia a los "rumores" ha sido padecido por el propio Ghonim cuando se le considera un agente extranjero. Las redes amplifican cualquier rumor y no tiene nadie forma de pararlo. The Washington Post de hoy incluye un vídeo informativo sobre la preocupación despertada por el papel de una app, "KIK", cuya función es asegurar el anonimato en la red. Cuando se inventó la imprenta, los primero que se hizo fue establecer lo que Foucault llamó la "función autor", es decir, el responsable del texto. Por el contrario, hoy buscamos herramientas que aseguren nuestro anonimato. Eso se hace para evitar ser rastreados, pero en el fondo es conceder una antifaz que puede ser usado para la alegría del carnaval o para asaltar bancos. 


Extender rumores, difamar a las personas, acosar, etc. son aspectos que las redes sociales han intensificado al permitir la amplificación primero y el anonimato después. La sensación de impunidad es siempre peligros. Habrá que dar la razón a los que consideran que nos somos demasiado buenos por naturaleza sino, en muchos caso, por temor a ser castigados por nuestras acciones negativas. La impunidad del anonimato es un elemento muy peligroso, de lo que tenemos ejemplos todos los días. Los ejemplos beneficiosos existen, por supuesto, pero no es cuestión de equilibrio, sino de lo que le toca a cada uno padecer.


El último punto señalado por Ghonim es determinante porque afecta realmente a lo que se pueda conseguir con los medios sociales que las redes posibilitan. ¿No da más de sí su naturaleza? Es una pregunta que requiere de contestación y, sobre todo, intentar saber qué se puede hacer para evitar esos efectos negativos, esa tendencia a la amplificación primero y a la dispersión después. ¿Cómo construir, dónde construir?
La reflexión política de Ghonim es la de la tristeza de la ocasión perdida, la del mirar hacia atrás y ver los resultados del esfuerzo, de las muertes de tantas personas:

Alas, the euphoria soon faded, said Ghonim, because “we failed to build consensus, and the political struggle led to intense polarization.” Social media, he noted, “only amplified” the polarization “by facilitating the spread of misinformation, rumors, echo chambers and hate speech. The environment was purely toxic. My online world became a battleground filled with trolls, lies, hate speech.”
Supporters of the army and the Islamists used social media to smear each other, while the democratic center, which Ghonim and so many others occupied, was marginalized. Their revolution was stolen by the Muslim Brotherhood and, when it failed, by the army, which then arrested many of the secular youths who first powered the revolution. The army has its own Facebook page to defend itself.*

Cuando veo los comentarios en algunos medios digitales egipcios (en muchos otros pasa igual), compruebo efectivamente los mecanismos mediante los que se desactivan las ideas, se silencia a las personas, mediante las agresiones, los insultos, las descalificaciones de profesionales del rumor y la difamación. Trolls, mentiras y palabras de odio, dice Ghonim. El Ejercito, nos señala, tiene su propia página de Facebook para defenderse y muchas otras camufladas para atacar, además de los francotiradores virtuales repartidos por foros y chats. No son los únicos. Ellos y los islamistas seguirán tratando de que no haya organización social —de ahí lo ataques a la financiación extranjera a las ONG, que es lo más cercano a un grupo organizado—, para poder conseguir sus fines y evitar que otros alcancen los suyos.


El párrafo final del texto de Friedman recoge las conclusiones, la enseñanza obtenida después de cinco años intensos de emociones, alegrías y frustraciones:

“Five years ago,” concluded Ghonim, “I said, ‘If you want to liberate society, all you need is the Internet.’ Today I believe if we want to liberate society, we first need to liberate the Internet.”*

Y eso abre otra serie de preguntas igualmente complicadas.
La pregunta sobre la validez de estos medios virtuales para conseguir ciertos fines sociales sigue abierta. Son poderosas herramientas para aglutinar gente, pero ¿permiten construir? ¿Tienen la estabilidad suficiente para mantener esos grupos en el tiempo cumpliendo sus objetivos? Eso es algo que no está tan claro a la vista de la experiencia que la Historia va acumulando. 
La enseñanza que tenemos es que unos mueven el árbol y otros recogen las nueces. Sin organización capaz de articular el flujo, es difícil avanzar. La segunda parte es que los que fueron tomados por sorpresa, ya no se dejan sorprender y dominan y controlan los nuevos mecanismos. Ya no es solo una lucha desde Facebook o Twitter. Es una lucha en Facebook, Twitter y en cualquier otra parte del universo virtual.



* Thomas L Friedman "Social Media: Destroyer or Creator?" The New York Times 3/02/2016 http://www.nytimes.com/2016/02/03/opinion/social-media-destroyer-or-creator.html

miércoles, 3 de febrero de 2016

En busca de la solemnidad perdida o cuestión de condones

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La historia del actual régimen egipcio —cuando pase— será recordada como una tapa oscura, pretenciosa, autoritaria, carente de sentido del humor, algo de lo que las dictaduras carecen siempre. El idolatrado presidente Sisi quedará reducido a la talla correspondiente y los egipcios —acostumbrados a dividir la Historia en dinastías— lo considerarán como una parte de una parte confusa, aún por decidir. Será llamado entonces el continuador de Mubarak, un mubarakista, algo que fastidia mucho al que tiene pretensiones de elegido.
Si por algo debe ser recordado este régimen —cuando pase— es por haber desencadenado una cruzada sin precedentes contra los humoristas, uno de los bienes capitales de la sociedad egipcia, que se puede dividir, entre los que se ríen y los que son objetos de risa, aunque maldita la gracia que les hace. Los trabajos académicos sobre el sentido del humor de los egipcios (de algunos, no de todos) abundan centrados en la etapa de Hosni Mubarak, que fue de treinta años, y fue incombustible ante los chistes políticos. No conozco ninguna entrevista en la que se le haya preguntado sobre el conocimiento que pudiera tener sobre los chistes que se hacían a su costa, si le hacían gracia o si por el contrario le irritaban profundamente.


El régimen actual está siendo objeto igualmente de crítica humorística a través de las caricaturas. Pasado el tiempo de la Sisimanía general, los defectos y problemas van saliendo a la luz y pasan a ser objetos de crítica. La personalización —auténtico culto a la personalidad— centrada en el presidente actúa también negativamente porque no son las instituciones —militares, policía— como ocurría anteriormente el objeto de la crítica, sino que estas se derivan hacia el que promete, hacia el que dice una cosa y practica otra. Es esa distancia la que es el objeto del humor mayoritariamente. Cuanto más alto se está en el pedestal, más dura es la caída porque son las expectativas las que se ven frustradas. La recepción de El-Sisi como el hombre que salvaría a Egipto de los islamistas, de sus crisis de todo tipo, que haría funcionar la democracia, la economía y rectificaría la historia de los pueblos para que girara de nuevo hacia la luz egipcia, el hombre que todos los pueblos querrían tener al frente de sus destinos, se va mostrando cada vez más humano en sus imperfecciones, que en este caso es la incapacidad de resolver las promesas o los autoengaños de los propios egipcios.

Pero el régimen actual —mientras dure— no tiene intención de repetir los errores de Hosni Mubarak. El-Sisi es un hombre de la sociedad de la información y su especialización precisamente han sido los servicios de inteligencia; sabe el valor de la información y cómo, además de cañones y cárceles, hay que crear barreras, prisiones y guillotinas con discursos para el buen funcionamiento del sistema. Pero en el terreno de los discursos al poder le está vedado el humor ya que es el reino de la seriedad, el espacio de los grandes discursos y las grandes palabras, el de los destinos sobrehumanos y las personalidades salvadoras. La oposición es, por el contrario, el espacio carnavalesco de la crítica, el humor que corroe, la ridiculización de la sociedad, como bien vio Mijaíl Bajtín.
Solo conozco un presidente que se haya permitido chistes desde el poder y ha sido François Hollande (un bromista nato) en sus épocas más bajas de popularidad. Solo ha recuperado el apoyo popular con la llegada de los momentos trágicos a Francia (los atentados, la guerra) en los que ha asumido el papel "serio" del estadista y ha vuelto a las grandes palabras: la patria, la libertad, la solidaridad...


El régimen de El-Sisi puso en fuga al humorista más corrosivo, surgido de la revolución, Bassem Youssef, que había sobrevivido al periodo de la SCAF y a los islamistas, quienes lo tenían en el punto de mira. Pero no consiguió enfrentarse a la sisimanía, aunque lo intentó. El régimen mostró que el poder no iba a consentir bromas que erosionaran su imagen pública, construida meticulosamente como el "hombre total" (militar, decidido, religioso, patriota, animado por Dios —quien le envió el "ángel Sadat"— a asumir la presidencia como un sacrificio por el país, cortés con las mujeres, sonriente...). El-Sisi tenía tantas virtudes que era el blanco perfecto para la sátira. Y Youssef, con buen sentido, tuvo que hacer las maletas. Los egipcios que le habían aplaudido en su crítica al poder anterior, que le habían convertido en héroe social, se volvieron furiosos contra él ante la sola idea de que iba a criticar a su hombre-milagro. Los egipcios se clasifican por su actitud ante Bassem Youssef: le aman o le odian.


En estos momentos la división social tiene que ver con un "incidente" ocurrido en la Plaza de Tahrir tomada policialmente para evitar las conmemoraciones del aniversario de la Revolución denostada, la del 25 de enero. Ese día, dos jóvenes se acercar para entregar unos globos a la Policía. El aniversario —¡qué casualidad!— coincide con la celebración del Día Nacional de la Policía. La prensa cuenta que a las únicas personas a las que se ha dejado pasar al recinto a grupos de simpatizantes del régimen y familiares de policías que han acudido a rendir su homenaje a los agentes en la Plaza.
El escándalo surge cuando los globos entregados a los agentes entre risas de todos son en realidad condones inflados y la entrega resulta ser una broma gastada desde un programa de televisión que reproduce las imágenes. Los condones llevan escrito en árabe "De la juventud de Egipto a la Policía en el 25 de enero". El presunto "homenaje" que les iban a rendir queda convertido en una broma que se convierte en viral a través Facebook y de la subida de grabación en YouTube. La sociedad egipcia se divide una vez más. Mientras unos se carcajean otros exigen castigos contra los que han ofendido a los héroes y mártires que defienden las fronteras y al pueblo egipcio de los ataques, y que de vez en cuando detienen, encarcelan, torturan y hacen desaparecer a los egipcios a los que defienden de otros peligros.
Muchos han visto en los jóvenes autores de la broma —el reportero de televisión Shady Abu Zaid y el actor Ahmed Malek— , una liberación de los sentimientos de protesta contra el estado actual del sistema. En Egyptian Street, Shahira Amin hace un recorrido por las medidas de represión anteriores al 25, especialmente contra los jóvenes y un aspecto importante, la fisura generacional:

The controversial video drew mixed reactions from Egyptians, highlighting a widening generational split over the government’s increased repression in recent months. Embittered by an intensifying security crackdown that has targeted dissenters of all stripes (including secular activists who led the revolution five years ago), many young activists said they enjoyed seeing the security forces lampooned in the video. Describing the prank as “hilarious,” they hailed the video’s creators as “bold” and “courageous.”
“Shady was able to do what many in Egypt today are incapable of doing: He has broken free from the fear that has kept most of us silent since June 30,” said Ibrahim Gamal Eldin, a young graduate of the American University in Cairo.
Meanwhile, many in Egypt’s older generation — in particular regime loyalists who approve of the government’s heavy-handed policies to crush dissent – were shocked and enraged by the prank. Among them are those who believe the January 25 revolution was ”a Western conspiracy“ and who accuse the young pro-democracy activists of being “traitors” for demanding greater freedoms and for speaking out against rights violations.
The majority of those cheering on the clampdown on government critics and opponents are Egyptians who grew up in the days of former President Gamal Abdul Nasser, a strongman who hailed from the military. They believe that “authoritarian rule works best for Egypt” and that “democracy and freedoms can only lead to chaos and instability.” Not surprisingly, many of them have decried the condom prank as a ”horror,” saying it was unacceptable as it showed “disrespect for the country’s noble police force.”*


Desde hace muchos años, y en Egipto se cumple a la perfección, las divisiones de clases se han visto sustituidas por los enfrentamientos generacionales. Cuando comenzó la revolución en 2011, la califiqué como la "revolución de los hijos" porque esa era la dimensión que me parecía más adecuada para explicarla, en cuanto que el argumento para la obediencia era la "paternidad", tal como Hosni Mubarak se presentó a los manifestantes que reclamaban su salida del poder. Le dijo que iba a hablarles como un "padre". Gran error, por supuesto, pero que ejemplifica a la perfección el control que las generaciones integradas ejercen sobre las que les siguen y les reclaman un mundo ajustado a sus valores y deseos de libertad frente al acomodaticio estar de los que aguantaron 30 años de régimen paternalista y autoritario. Mubarak no entendió que los que protestaban no querían un padre, ni perverso ni benévolo, querían regir sus propios destinos. Reclamaban el fin de la infancia, la mayoría de edad política y social.
La visión patriarcal de la sociedad aúna simbólicamente a las personas y las instituciones. El Ejército, suministrador de presidentes, es el padre autoritario —el padre, padrone— de los egipcios. El presidente representa al Ejército y a la vez la adhesión del pueblo a la institución gloriosa que dice defenderlo. "El Ejército y el pueblo, una sola mano", dicen los cánticos que siguieron a la caída de Mubarak, héroe militar y sucesor de militares. Todavía resuenan para jalar el profundo rechazo a la democracia, considerada como una forma de caos, que alienta en una parte importante de la sociedad egipcia. 


Es lo que señala con acierto Shahira Amin en su artículo, ese deseo de que el poder se encarne en figuras fuertes, patriarcales, caudillos, en sentido estricto. Es el síntoma de la pereza intelectual lo que lleva a preferir a esos líderes que, pasado el tiempo, se demuestran opresores e imperfectamente humanos; es la incapacidad de pensar en términos de acción y responsabilidad consiguiente, lo que lleva a aplaudir a los dictadores. Es, en suma, el considerar que los pueblos son niños que necesitan la figura de un padre autoritario al que seguir ciegamente porque no lo eligen los hombres —falibles y volubles— sino la divinidad que le llama a regir los destinos hacia la gloria histórica, al renacer. Vivir es esperar la llegada de un líder, un enviado, un hombre fuerte capaz de reducir a cero la necesidad de decidir por uno mismo. Los nuevos egipcios rechazaban esa visión y querían decidir, tener el destino en sus manos. Pero eso no ha interesado ni a los militares ni a los islamistas, cuya visión del mundo, es en lo profundo, exactamente la misma.
Shahira Amin da una muestra de esa profunda división generacional cuando nos informa de la controversia producida entre padres e hijos:

Malek’s own father, Malek Bayoumi, was among those who failed to see the humour in the video. In a phone interview on the private channel ONTV on Tuesday, he apologized for his son’s “immature behavior,” saying he was both ashamed and disgusted by the way his son had acted.
“No matter how deep the differences are with the executive authorities, no one has the right to attack or insult the military and police, for they protect our borders and sacrifice their lives to defend the nation,” he wrote on his Facebook page, adding that he categorically rejects his son’s behaviour.*

El drama de la escisión familiar se muestra en su crudeza y en los síntomas de alienación que el pueblo egipcio vive respecto a su sentido de las instituciones. La revolución no veía en los policías y el Ejército ninguna gloriosa institución, ningunos héroes. Veían el rostro destrozado de Khaled Saeed, irreconocible, por los golpes recibidos en los sótanos de una comisaría, veían cómo se intentaba destruir su recuerdo difamándolo. Su delito fue dejar al descubierto los negocios de unos agentes de policía con narcotraficantes. Por ello fue torturado y arrojado a la calle.


La Policía gloriosa de la que habla el padre de Ahmed Malek no ha existido nunca; desde la época de Nasser ya fue utilizada en la represión. Fue la creación de un régimen cuyas instituciones corruptas no han sido saneadas y ha vuelto a ejercer lo que mejor saben y siempre han practicado: la represión brutal. Los cambios en el ministerio nunca han significado una transformación de la Policía al servicio de los ciudadanos.
Pero la dependencia de instituciones autoritarias genera —es un fenómeno universal— esa necesidad de justificarlas, haciendo que se vuelque la frustración y el miedo en aquellos que osan intentar romper esa imagen. Es una especie de síndrome de Estocolmo colectivo. Aunque con una importante diferencia: no es solo fruto del miedo, que podría ser perdonable, sino del interés de una parte importante de la sociedad por mantener esas estructuras de poder de las que se benefician muchos. Hemos olvidado los estudios que siguieron a la caída de los fascismos, a la caída de muro, que intentaban indagar porque la gente ama a sus torturadores, a sus represores, a las personas que les roban sus  derechos y libertades. Hace mucho que no vemos Portero de noche o que no leemos a Milosz.


¿Es posible que sean sinceras afirmaciones aquellas que sostienen que en Egipto se caminaba hacia una democracia o que el avión ruso se cayó solo, por plantear dos cuestiones de naturaleza diferente? ¿Es posible que el padre que llama (o es llamado) a la cadena de televisión para condenar a su propio hijo lo sienta realmente, vea en él la persona inmadura y no a quien otros ven como la persona capaz de romper la parálisis del miedo? Czeslaw Milosz escribió en El poder cambia de manos:

Es posible que, a fuerza de doblez, desaparezca por completo en ellos su propio desdoblamiento, y que se conviertan para siempre en los personajes, en los papeles que han aprendido y que representan en esta comedia. (83)

¿Es posible que ese padre, convertido en personaje, que llama a la televisión para denigrar a su hijo no sea más que una mala copia del padre que rige los destinos de los egipcios? Es posible. Lo es en la misma medida en que El-Sisi es una reedición de los padres militares anteriores, repetición del modelo patriarcal que rige en los hogares.
El padre que llama cumple su función de control de los hijos de la misma forma que los médicos militares revisaban la virginidad de las manifestantes en Tahrir. Lo hacen para que se mantenga el orden. La mirada social sobre la familia exige que el padre reprenda públicamente a su hijo. Literalmente, exige que lo desautorice. La revolución se corta en casa.


Con su broma de los condones, los hijos han usado algo peor que las piedras: han usado el humor, cuya naturaleza es antiautoritaria, irrespetuosa. Por eso lo que más se recrimina es haberse reído de la Policía precisamente en su Día de homenaje nacional. Con la entrega de esos condones inflados, regalo de los jóvenes a la Policía según estaba escrito en ellos, se ha mostrado la falta de respeto, se ha negado la respetabilidad de la autoridad, de los agentes en la Plaza que lo recibieron contentos a la presidencia misma que es quien les ha enviado hasta allí. Lo mismo ocurre con los jóvenes, se multiplican con millones en cada repetición de YouTube, en cada "me gusta" en Facebook.
Dicen que el sentido del humor de los egipcios es uno de los elementos de definición de su personalidad. Pero el sentido del humor debe estar reforzado por la tolerancia social, algo que no es precisamente un rasgo de la misma intensidad en el conjunto. Es más bien una ley del embudo. Eso carga de transgresión las intervenciones humorísticas y de represión las airadas respuestas de los que se ven retratados. Por eso amaron a Bassem Youssef mientras satirizaba a los que no les gustaban, pero lo odiaron en cuanto que tocó al intocable El-Sisi, el deseado. Youssef dio una lección a muchos (que no aceptaron, por supuesto), cuando dijo que su función era criticar al poder estuviera quien estuviera en él. Pero con el cambio de poder, cambiaron los papeles. Entonces no quisieron crítica y humor sino solemnidad y propaganda.


La historia de los condones inflados regalados a la Policía traerá cierta cola en el sentido de que esa misma semana se ha detenido (y luego liberado) a un humoristas, como dimos cuenta aquí. Las armas de los jóvenes han sido creativas: grafitis, canciones y chistes gráficos, películas y obras de teatro. Las del régimen, bastante más duras. Pero cada acción represiva, cada frase grandilocuente que en la realidad dé lugar a lo contrario se hará merecedora de nuevos chistes y mofas.
Da cierta pena ver en el vídeo que los policías que están recibiendo los condones rotulados sean de la misma edad que los gastan la broma. Se lamenta la oportunidad perdida por el régimen egipcio de haber unido al país y no haberlo dividido para mantener el poder. Los jóvenes tuvieron una oportunidad de cambiarlo. No les dejaron. Los múltiples padres, patriarcas, que controlan la sociedad egipcia, de las familias a los ministerios, no les dejaron. Da pena verles reír juntos (algunos aceptan la broma al darse cuenta de que son condones) y saber que entre ellos se ha impuesto una barrera que la de quienes dan las órdenes, los patriarcas que indican quién es enemigo de quién. Ellos no se ríen.
El artículo de Shahira Amin en Egyptian Streets se cierra con este párrafo de advertencia:

If indeed Abu Zaid and Malek are arrested for their prank, the outcry will be an online campaign on Twitter or Facebook calling for their release. In the meantime, members of the older generation will insist that they deserve a harsh sentence. It is a story that has been repeated too often in the last three years with no sign of the generational divide being bridged anytime soon.*

Tiene razón. Cuanta más importancia se le dé a los condones, será peor para el propio régimen, que se ridiculizará a sí mismo en busca de la solemnidad perdida. El humor no crea las situaciones, solo las representa desde un prisma determinado. Los que tomaron la Plaza para evitar que se manifestaran en recuerdo de los mártires, muertos por la Policía, y los han transformado de forma infame en agentes conspiradores para destruir Egipto, crearon las condiciones para la broma y el sarcasmo. La respetabilidad no se ha perdido por los condones, sino por las acciones represivas del régimen. Cada uno tiene los chistes que se merece y busca.




* "Egypt’s Generational Split Over Freedom of Expression" Egyptian Streets 1/02/2016 http://egyptianstreets.com/2016/02/01/polarity-of-egyptian-public-opinion-increases-in-light-of-generational-differences/
** Czleaw Milosz. El poder cambia de manos (1953). Destino, Barcelona 1980.



martes, 2 de febrero de 2016

La banalidad peligrosa o la democracia de Popper a Mair

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
En plena campaña por conseguir la nominación para la carrera presidencial en los Estados Unidos en ambos bandos, republicano y demócrata, The Economist saca de sus archivos un artículo que solicitó en 1988 a Sir Karl Popper, el afamado científico y filósofo de la Ciencia, y autor de La sociedad abierta y sus enemigos, obra publicada en 1945 y "accepted for publication in London while Hitler’s bombs were falling", como se señala en la cabecera.
La pérdida de tejido intelectual, el reinado de la trivialidad manifiesta, hace especialmente valiosa la recuperación del artículo de Karl Popper y su puesta en circulación. Aunque el momento en el que se recupera es en plena campaña electoral norteamericana, creo que el interés de lo que se plantea es más importante teniendo en mente otras partes del mundo en las que las circunstancias se asemejan más a lo que Popper tenía delante en plena guerra mundial.
Popper divide el artículo solicitado en varias partes, ocupándose la primera de lo que considera la teoría clásica de la democracia, cuyo eje nos dice es "quién debe gobernar", un tipo de teoría que se alimenta con las grandes palabras e ideas. La mentalidad del filósofo científico aparece en la forma de plantearse la cuestión como un problema. Una teoría es un problema y una solución a ese problema, por lo que el problema parte de una pregunta en busca de la mejor respuesta posible en función de los fines. La teoría clásica, dice Popper, parte de esa pregunta sobre el "quién" para responder "el pueblo". En el momento histórico en el que hace estas reflexiones —la II Guerra Mundial, con la caída de las democracias en manos de los fascismos—  le llevan a establecer su propia teoría, es decir, sus propias preguntas para intentar redefinir el problema. Señala Popper en su introducción:

MY THEORY of democracy is very simple and easy for everybody to understand. But its fundamental problem is so different from the age-old theory of democracy which everybody takes for granted that it seems that this difference has not been grasped, just because of the simplicity of the theory. It avoids high-sounding, abstract words like “rule”, “freedom” and “reason”. I do believe in freedom and reason, but I do not think that one can construct a simple, practical and fruitful theory in these terms. They are too abstract, and too prone to be misused; and, of course, nothing whatever can be gained by their definition.*


Las preguntas y respuestas "clásicas", tal como las denomina Popper, han sido insuficientes a la vista del estado del mundo y de las propuestas intelectuales que han socavado palabras como "libertad" y "razón" dándoles sentidos perversos. Han llevado al mundo a ese estado conflictivo, han arremetido contra la libertad de sus ciudadanos y atacado países próximos y lejanos convirtiendo el planeta en un espacio de violencia y destrucción, de pérdida de libertades. Lo han hecho con el asentimiento de muchos pueblos que han jaleado y seguido a sus líderes.


En los últimos tiempos asistimos a espectáculos preocupantes. Vemos situaciones en las que se establecen extrañas alianzas entre los países que defienden las libertades —las "sociedades abiertas"— y los que no lo hacen. Si Popper tituló su capital obra sobre política "La sociedad abierta y sus enemigos", hoy habría que hablar de la "sociedad abierta" y de su s"falsos amigos", encuadrando en este término aquellos países en los que no hay libertades pero que en función de los intereses de unos y otros son consentidos por la comunidad internacional aunque pisen cada día los derechos humanos, ejerzan represión y crueldad extremas. Regímenes despreciables por su trato a millones de personas se ven recibidos como "socios", antes que "amigos" si llegan con carteras llenas de contratos por firmar. Esto implica olvidar la situación de los Derechos Humanos e ignorar a muchas personas que los defienden en esos países, personas a las que los dictadores exigen que se les ignore y aísle.
Lo preocupante es que esos ejemplos van cundiendo y socavando lo que parecía el efecto benéfico de la democracia sobre países en los que parecía asentada y querida. Es aquí en donde el artículo de Popper pasa a tener posibilidades de nuevas lecturas.

In “The Open Society and its Enemies” I suggested that an entirely new problem should be recognised as the fundamental problem of a rational political theory. The new problem, as distinct from the old “Who should rule?”, can be formulated as follows: how is the state to be constituted so that bad rulers can be got rid of without bloodshed, without violence?
This, in contrast to the old question, is a thoroughly practical, almost technical, problem. And the modern so-called democracies are all good examples of practical solutions to this problem, even though they were not consciously designed with this problem in mind. For they all adopt what is the simplest solution to the new problem—that is, the principle that the government can be dismissed by a majority vote.


Que el problema central de las democracias pasa a ser cómo librarse de los malos gobernantes sin un baño de sangre no es un problema teórico. Lo hemos visto en sistemas en los que, como ocurrió en los países que Popper tenía en mente y que llevaron a la guerra, la democracia se ha ido deteriorando. Lo vemos cada vez que un presidente elegido en las urnas mueve los hilos para prolongar su mandato más allá de las veces que la constitución lo permite. Lo estamos viendo con preocupación en determinados países de la Unión Europea en la que se están pervirtiendo principios básicos de la democracia gracias al uso de la fuerza de las mayorías para crear nuevas reglas de juego.
Como teórico, Popper plantea un problema existente y su redefinición. Eso es una forma de enfoque, pero la realidad es la realidad, no un experimento de laboratorio, lo que supone que nosotros no realizamos experimentos sociales, sino que experimentamos directamente sus consecuencias en la vida. Los únicos experimentos que podemos realizar los hacemos a través de la imaginación y el arte, a través de novelas que como las de Orwell, Huxley o tantos otros especulan sobre las posibles consecuencias de lo que hacemos hoy.
Señala Karl Popper después de abordar las teorías que llama clásicas:

All these theoretical difficulties are avoided if one abandons the question “Who should rule?” and replaces it by the new and practical problem: how can we best avoid situations in which a bad ruler causes too much harm? When we say that the best solution known to us is a constitution that allows a majority vote to dismiss the government, then we do not say the majority vote will always be right. We do not even say that it will usually be right. We say only that this very imperfect procedure is the best so far invented. Winston Churchill once said, jokingly, that democracy is the worst form of government—with the exception of all other known forms of government.
And this is the point: anybody who has ever lived under another form of government—that is, under a dictatorship which cannot be removed without bloodshed—will know that a democracy, imperfect though it is, is worth fighting for and, I believe, worth dying for. This, however, is only my personal conviction. I should regard it as wrong to try to persuade others of it.
We could base our whole theory on this, that there are only two alternatives known to us: either a dictatorship or some form of democracy. And we do not base our choice on the goodness of democracy, which may be doubtful, but solely on the evilness of a dictatorship, which is certain. Not only because the dictator is bound to make bad use of his power, but because a dictator, even if he were benevolent, would rob all others of their responsibility, and thus of their human rights and duties. This is a sufficient basis for deciding in favour of democracy—that is, a rule of law that enables us to get rid of the government. No majority, however large, ought to be qualified to abandon this rule of law.*


Pero, pese a lo señalado, las formas de seducción y perversión del pensamiento que desarrollaron los fascismos se quedan en poca cosa respecto a las maquinarias de que hoy se dispone para lograr los objetivos de rechazo de la propia democracia. El fundamento de la defensa de la democracia es su superioridad respecto a la dictadura, pero eso puede modificarse cuando se modifican los propios valores que la sustentan. Hay una circularidad del problema: la democracia la valoran aquellos que tienen valores democráticos. La dictadura es un estado insoportable para aquel que tiene esos valores democráticos, pero puede ser aceptable para el que carece de ellos. La pregunta que surge entonces es ¿puede alguien preferir la dictadura a la democracia? Y la respuesta es, sin duda, sí. Sí si se crean las condiciones necesarias, si se invocan los fantasmas adecuados, si se olvidan los principios básicos.
Podríamos decir quizá que es el olvido de las teorías clásicas, por usar la terminología de Popper, lo que hace comenzar la senda peligrosa. Las actitudes despertadas en ciertos países, incluidas las reacciones a las propuestas de Donald Trump en los Estados Unidos, lo que ocurre en Polonia, Hungría, Turquía, Egipto...— son preocupantes porque demuestran que, si se manipula de forma adecuada, la gente acepta de buen grado el recorte de sus propias libertades. Los ejemplos pueden ser muchos.
La democracia debe conllevar sus propios ideales de "felicidad" y no de mera supervivencia. El concepto de "felicidad", como tantos otros, ha sido pervertido, trivializado, hasta vaciarlo de su hondo sentido de proyecto vital y social, de aspiración humana que nos lleva a buscar caminos. Su perversión ya la mostró Huxley. Hoy nuestra felicidad es cuestión de autoayuda y de satisfacer triviales necesidades justificadas para la "feliz" marcha de la economía.


Lo preocupante es que cuando se olvidan esas primeras preguntas, las preguntas clásicas sobre los fundamentos de los valores de la democracia, las preguntas del tipo de las propuestas por Popper dejan de tener sentido. Hemos comprobado como una democracia convertida solo en forma de estadística deja de tener sentido de sus propios valores.
La reflexión que desde hace unas décadas se viene produciendo sobre la "gobernanza" o sobre la "eficiencia" de los sistemas políticos es en gran parte una consecuencia de los problemas que se plantean cuando los valores democráticos dejan de tenerse en cuenta como algo de lo que partir y tenerlos firmemente como suelo. Los países democráticos están sometidos a permanentes tentaciones que van dejando aparcadas cuestiones básicas.
Una de esas tentaciones la hemos comentado anteriormente. La globalización no ha servido para la extensión de los valores democráticos, como se teorizó. Por el contrario ha hecho que se formen alianzas económicas entre dictaduras y regímenes autoritarios y los países democráticos. El reciente caso del tapado de las estatuas italianas por el paso de los pudorosos ayatolas por los museos es algo más que una anécdota. Es una  constatación que la premura en recibir a regímenes afectuosamente con los que se pueden hacer negocios deberían acompañarse, al menos, de gestos de otra naturaleza porque más allá de la circunstancia concreta, el mensaje que se expresa es la carencia peso de la democracia en la balanza de relaciones. Lo mismo ocurre con otros países que reciben tratamientos similares. A Italia ya le ocurrió con la Libia de Gadafi. Gran parte de la sorpresa de la Primavera árabe para los países occidentales eran las buenas relaciones que tenían con los dictadores, de Estados Unidos, Francia o Italia. 


La concepción empresarial del mundo hace que nuestros políticos se hagan acompañar de los empresarios en sus delegaciones y no de intelectuales, artistas, etc. que podrían establecer conexiones con los que existen en esos países. Por el contrario, solo se pone en contactos a aquellos que buscan negocios por encima de cualquier otra consideración. Esa misma concepción acaba convirtiendo el manejo del estado en una cuestión fabril de rendimiento, la educación en una forma de inversión más o menos rentable en las personas en función de lo que vayan a producir. Lo mismo pasa a ocurrir con los demás sectores, de la sanidad a la cultura. Son convertidos en materia de mercado en un sentido peyorativo ya que los jerarquiza en función de su rentabilidad o falta de ella.
En el libro recientemente publicado en España del fallecido Peter Mair, "Gobernando el vacío. La banalización de la democracia occidental" (2013, trad. 2015), se habla precisamente del abandono del interés por la democracia tradicional y de la crisis profunda de los partidos políticos, dos problemas que se unen. A diferencia de Popper, que escribe su obra sobre los enemigos de la democracia cuando estos han estado a punto de conquistar el mundo, arrastrando a países cultos (Alemania, Japón, Italia...) hacia formas de barbarie antidemocrática bien organizada y sustentada en pilares emocionales convincentes, el mundo que Mair describe es el de la apatía actual, el de la indiferencia ante una democracia que ha reducido los principios a eslóganes para pines y banderolas, de discursos vacíos escritos por asesores de comunicación, líderes formados en escuelas  de verano desde los 15 años y disputas por sentarse en las primeras filas de los bancos parlamentarias. Nos describe el resultado de una democracia, mediática, de audiencias y estudios de mercado. Es la democracia que, como las series televisivas, se encuentra en su enésima temporada y solo se plantea cambiar a los protagonistas para recuperar las audiencias.

Mair señala dos desafíos de la política democrática, Por un lado, escribe, se encuentran ideas y políticas que "giran en torno a expresiones comunes de xenofobia, racismo y defensa cultural, y en su mayor parte surgen de la derecha del espectro político"; por otro, el abandono "se percibe en la creciente aceptabilidad y legitimación de formas no políticas o despolitizadas de toma de decisiones" (37). Si se ven unidas las dos tendencias —aumento del componente emocional dirigido contra otros y sustracción de decisiones en favor de expertos e instituciones no políticas— el efecto es no solo la apatía, sino la creación de situaciones explosivas en las sociedades en las que se tira en direcciones opuestas de esas dos cuerdas. Tanto una como otra van causan un efecto común: la pérdida de valores democráticos.
 Las propuestas que escuchamos a los candidatos republicanos en Estados Unidos y, sobre todo, las respuesta que reciben por parte de algunos; las leyes aprobadas en países como Polonia y Hungría; las derivas en algunos países democráticos ante la crisis de los refugiados, etc. no son un panorama demasiado positivo para el futuro.
Creo que se ha perdido por el camino lo que Popper daba por descontado que era evidente: cualquiera que haya vivido en una democracia no soporta vivir en una dictadura. Pero para ello hay que percibirlo como una pérdida. El interés de los populistas en que se rebaje la edad de votar en muchos países es que son mucho más fáciles de seducir con promesas irreales. Los brotes antidemocráticos que se detectan en las encuestas en las jóvenes generaciones son muy preocupantes porque no tenemos muchas garantías de que el tiempo lo corrija.


No es necesario haber leído a Dostoievski para que las palabras del "Gran Inquisidor", el relato inserto en Los hermanos Karamazov, resuenen en muchos espacios. Ante la inestabilidad, la gente prefiere la seguridad a la libertad. Lo malo es que esa situación puede ser irreversible y se pueden crear los enemigos gracias a una sociedad mediática, manipuladora de la opinión. Esto está encima de la mesa desde Walter Lippman en adelante y se puede rastrear en el siglo anterior, el XIX, como un peligro de la democracia.
Quizá deberíamos empezar a plantarnos que la democracia no es solo cuestión de ir a votar, sino un estado de la mente y una construcción social. No viene en los genes y necesita de aprendizaje, ejercicios, reflexión y buenos ejemplos. Se alimenta de ideas y crece con el deseo de que otros alcancen los mismos derechos, con lo que se pueda compartir el mundo como iguales.


Parte del problema es que nadie lee a Dostoievski, a Popper o a muchos otros que consideramos cosa de expertos o todo lo más partes de asignaturas desligadas de la vida. La mentalidad fabril nos considera piezas útiles para fines de rentabilidad. Nos acostumbramos a ver a los demás de la misma manera. Y así todo va a peor. Vamos eficazmente hacia ese abandono señalado por Mair, a repetir los desastres que se padecieron y que vemos crecer de nuevo ante nuestros ojos. Parte de la eficacia del sistema es convencernos —como se dice del diablo— que lo imposible no ocurrirá. Sin embargo, ocurre.



* "Karl Popper on democracy. From the archives: the open society and its enemies revisited (1988)" The Economist 31/01/2016 http://www.economist.com/blogs/democracyinamerica/2016/01/karl-popper-democracy

** Peter Mair (2013): Gobernando el vacío. La banalización de la democracia occidental (ed. esp. 2015). Alianza editorial, Madrid.

lunes, 1 de febrero de 2016

El presidente y el absurdo

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Todos los egipcios que tengan una página de Facebook pueden ser detenidos por el gobierno. Así queda asentado después de la detención del dibujante Islam Gawish. La acusación se centra en que ha abierto una página de Facebook sin pedir permiso al gobierno —¿tenía que pedírselo?—, difundir caricaturas contra el régimen y, se me olvidaba, tener copias piratas de software. Todo ello convierte a Islam Gawish en un peligro para la Humanidad y deja al gobierno egipcio en un ridículo universal. Sabedor de que le hacen más daño los chistes y caricaturas que otros tipos de crítica, parecen decididos a erradicar el humor de Egipto. Y llevan buen camino.
Me dan aviso de la detención de Gawish en la noche y está ya en todos los medios.
Daily Egypt News lo explica así:

The statement said Guawish was detained for publishing drawings criticising President Abdel Fattah Al-Sisi’s regime.
The Ministry of Interior’s media center, Guawish was found to be running an unlicensed website. The ministry statement noted that he was arrested in possession of a wireless router and a CPU.
The artist, known for his controversial drawings, has previously tackled issues such as sexual harassment, educational problems, and transportation issues.
Guawish’s arrest comes days after the detention of two Egyptian media figures for mockingly handing policemen condom balloons on 25 January 2016. This arrest follows other arrests, amid a crackdown by the state on freedom of the press.*


Lleno de pomposidad, el gobierno no está dispuesto a que se rían literalmente de él. Sabe que es el comienzo del fin, que nada pueden hacer los discursos grandilocuentes frente al irresistible poder del humor. Bassem Youssef fue el primero, pero no será el último. La broma de los condones en Tahrir al Ejército la tiene que pagar alguien y ya han empezado a hacerlo.
Las leyes totalitarias que el gobierno mantiene dejan en la indefensión a todos, que en cualquier momento pueden ser detenidos, como en este caso, por publicar información (sus caricaturas) en una página de Facebook. Eso es interpretado como "abrir un medio de información sin licencia". Además de totalitario y anticonstitucional, es ridículo. Y eso es muy malo para su intento de camuflarse con retórica de modernidad y democracia, por usar los dos términos que el presidente usa sin pudor. Cada vez que se habla de "reforma religiosa", se detiene gente por ofender al islam; cada vez que se habla de democracia, se detiene gente por expresar su opinión. El régimen egipcio es una contradicción andante y permanente.
Ahram Online da una explicación que nos deja perplejos:

An interior ministry statement said ENN publishes news without permission.
The statement added that the popular social media cartoonist was arrested for running "his own website," without the authorisation of the Ministry of Telecommunications, which, according to the statement, violates the law regulating communications.
It is not clear whether the site the statement says Gawish is running is ENN or another one.
Gawish was also arrested for possession of pirated copies of software, the interior ministry added.
Ahram Online spoke with Gawish's lawyer, Mahmoud Othman, who said that his client was detained at Nasr City 1st police station, and that police officers did not let him see the arrest warrant for Islam Gawish or know the official reason of his arrest.
"Unofficially and verbally, I was told that Islam Gawish was accused of using [means of communication] to spread anti-regime cartoons," Othman told Ahram Online.**


El detalle de las copias piratas de software es la guinda informativa, lo que confirma el tamaño de la conspiración desarticulada por el poderoso aparato del Estado. Es tal la hipocresía de esta régimen que por aparentar que todo entra en la legalidad, de la cual se muestra garante, se llega a ridículos espantosos.
Una vez más, el régimen se equivoca. Una vez más muestra su falta de principios democráticos y su voluntad autoritaria y de censura. Es un régimen militar cada vez más duro empeñado en la desarticulación de cualquier tipo de oposición en todos los terrenos. Es una forma de constante intimidación, con un vociferante ministro de Justicia diciendo que matará diez mil islamistas por cada policía muerto, con el ministro de Asuntos Religiosos amenazando a los que protesten porque va contra el islam. ¡Pobre Egipto!
Este es el final de la noticia en Ahram Online, periódico del Estado:

Gawish earned fame on social media after starting a doodle cartoon Facebook page called "Al-Warqa" (The Paper), where posted cartoons mostly about social issues in Egypt. His second comic book, Al-Warqa Part Two, was released recently.
There are no legal restrictions in Egypt on launching and moderating a Facebook page. However, a significant number of moderators have been arrested in recent months on various charges, mostly for attempting to instigate protests and violence.**

Ya no saben muy bien cómo se debe tratar informativamente el absurdo. En estos días, el régimen de El-Sisi, el hombre al que se le prometió Egipto en sueños, ha encarcelado a todo tipo de personas: desde poetas —a Fatema Naoot por insultar al islam al compadecerse de los corderos del Eid— a caricaturistas como Gawish. Ha prohibido la entrada a Egipto a una profesora tunecina que iba invitada a dar una conferencia en Alejandría —tratándola como una traficante en el aeropuerto— y a un investigador egipcio-alemán, Atef Botros, advertidos por las embajadas que actúan vigilando a los ciudadanos en otros países. Ha detenido a unos humoristas televisivos que se fueron a Tahrir a repartir condones inflados a los policías destacados en la Plaza, que los aceptaban como si fueran globos. El gobierno egipcio se quita la máscara y deja ver el lado más oscuro de este pinochetismo de Oriente Medio.


En el caso de Atef Botros, Daily News Egypt señala lo siguiente:

Egyptian-German researcher Atef Botros was held by airport security for about seven hours on Friday night, when he attempted to enter the country at Cairo International Airport.
Botros’ stopping repotedly came as a result of an alert from the Egyptian Embassy in Berlin. The embassy claims that he represents a long-standing security risk.
Airport security officials told the researcher that he is banned from entering Egypt for life. The researcher has launched a sit-in in refusal.
Botros, who has been lecturing at the University of Marburg in Germany since 2007, is known for being one of the founding members of Mayadin al-Tahrir (Tahrir Squares), an NGO that aims to extend cultural and educational services to low-income areas.
Since 2000, the Egyptian-German professor has been teaching German literature, with a focus on Czech-German writer Franz Kafka. In his thesis, he analysed Jewish aspects in Kafka’s work.
Last week, an Egyptian Deutsche Welle (DW) Akademie trainer Walid El-Sheikh was also held and investigated in the Cairo International Airport upon security reports concerning his participation in protests and his membership in Mayadin Al-Tahrir organisation.
According to El-Sheikh, the organisation, which consists of 25 members and was founded by Botros and others, is focused on cultural activities.
El-Sheikh told Daily News Egypt on Saturday that security reports compiled by Egyptian embassies abroad is “a continuing habit from the past”, adding that recently the security interventions have escalated.***


Hay cierta coherencia en detener humoristas e impedir la entrada en Egipto a los especialistas en Kafka. Como la había también en la campaña contra el 1984 de Orwell, que debía sonarles demasiado realista. El papel de vigilancia de las embajadas es otro detalle más de ese "viejo hábito" totalitario que no se ha perdido. Egipto vuelve con fuerza  la dictadura. Solo se siente cómodo el que asiente y aplaude; el que disienta, sabe a lo que se arriesga.
La paranoia gubernamental crece. La única explicación de este absurdo es que aumentan los problemas y no es cómodo tener personas que expliquen a los egipcios la procedencia de la mayoría de ellos. Conforme el fracaso del régimen nacido el 30 de junio se va confirmando en lo económico, político y religioso, el riesgo de la discrepancia va aumentado. Y no se puede permitir que existan voces con versiones alternativas y de signo contrario a los cantos triunfantes. Ya no se llega a los excesos anteriores de difundir absurdos como las acogidas triunfales del Presidente en las Naciones Unidas u otros episodios. Pero se resalta que sus propuestas para frenar el cambio climático han sido aceptadas por el resto de la Unión Africana, queriendo convertirle en un líder de cara a la reunión de París. La propuesta para el cambio climático y las energías renovables no nos hace olvidar la dimisión de una ministra de Medio Ambiente, Laila Iskandar, (muy valorada por las ONG del ramo), que se opuso al uso del carbón para favorecer los manejos de las empresas de cemento. La ministra y su equipo dimitieron ante la tropelía medioambiental que se preparaba. Pero ahora le toca a El-Sisi presentarse como el líder de las energías renovables africano.


Las amenazas son ya a todos los sectores. Hemos dado cuenta de las manifestaciones de abogados (por los compañeros muertos), de los médicos (por estar en contra del sistema de salud propuesto y por las detenciones y agresiones a médicos), de los periodistas (por las continuas detenciones y la presión sobre los medios con la amenaza de una nueva ley), de los estudiantes (porque no se respetan los resultados de  sus elecciones, que no gustan al gobierno)... Ante esto el gobierno necesita aumentar la propaganda para responsabilizarlos de la situación para mantenerse por supervivencia. Necesita de enemigos a los que culpar, desde los profesores que dan conferencias, la gente que tiene su propia página de Facebook o los que se apiadan de los corderos. Todos son conspiradores. Los que se frotan las manos son los islamistas, que siguen defendiendo su democracia frente al golpe y la legitimidad de Morsi

El mayor problema lo planteó hace algunas semanas un articulista en Ahram Weekly: Egipto no se puede permitir una tercera caída, contando como las dos anteriores la revolución de 2011 y el golpe de estado de 2013. ¿Qué solución queda?
Cuando se completó la hoja de ruta con la elección del Parlamento, se vio lo que daba de sí este régimen. Si el objetivo era llegar a una democracia, lo que justificaba el golpe de estado, el régimen ha fracasado estrepitosamente. Toda su retórica a la defensiva, con esa constelación de enemigos de los que dice defenderse (o defender a los egipcios), no es más que la justificación de las medidas represivas que están dejando como un liberal a Mubarak. Los que vieron caer a Mubarak no quieren que la historia se repita con el nuevo boss. Mubarak fue blando y por eso cayó, vienen a decir.

Tras la constitución del parlamento y las ridículas situaciones provocadas con congresistas que se niegan jurar una constitución que habla de la revolución, la vuelta a votar leyes ya votadas porque "no habían entendido su importancia" a instancias del ministro, o el enfado de la presidencia porque no se aprobara el proyecto de Ley de la Función Pública, presentada como una "modernización" pero que los afacetados temen que sirva para hacer más purgas y robustecer a los jefes, no quedan muchas esperanzas en las instituciones. Están al servicio del gobierno, como ellos mismos han proclamado. Hasta el momento han destacado más los vociferantes que los discrepantes.
En esta situación, al presidente El-Sisi le irán quedando cada vez menos países a los que poder acercarse sin que le saquen los colores. Ante el silencio general de los que miran para otro lado por la situación en la zona y la vigilancia de las embajadas a los residentes en el extranjero, las posibilidades de que haya protestas por su visita se reducen.


El caricaturista Andeel (veremos cuánto tarda en desaparecer del mapa) ha sacado en Mada Masr una caricatura, titulada "Shy President", en la que un avergonzado El-Sisi se tapa la cara:  "I don't like being drawn."
Es cierto, le gustan más las fotos. En dibujos solo ha manifestado su apoyo a un comic infantil editado por la Universidad de Al-Azhar, según recogía la prensa. Los niños siempre han sido muy agradecidos.

[Andeel, Mada Masr 31/01/2016 
http://www.madamasr.com/cartoon/shy-president]



* "Prominent Egyptian cartoonist arrested in Cairo" Daily News Egypt 31/01/2016 http://www.dailynewsegypt.com/2016/01/31/prominent-egyptian-cartoonist-arrested-in-cairo/
** "Popular Egyptian cartoonist Islam Gawish arrested" Ahram Online 31/01/2016 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/1/64/186372/Egypt/Politics-/Popular-Egyptian-cartoonist-Islam-Gawish-arrested.aspx
*** "Egyptian-German researcher receives lifetime ban from entering Egypt" Daily News Egypt 30/01/2016 http://www.dailynewsegypt.com/2016/01/30/egyptian-german-researcher-receives-lifetime-ban-from-entering-egy