viernes, 25 de noviembre de 2011

La Pirámide y la Plaza


Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La última barrera es el Ejército. Más allá solo está el desierto y los cadáveres embalsamados por la historia de los faraones antiguos y modernos. Mubarak no era la cúspide, sino el penúltimo de los escalones, el que fue ganado por la mano de los intereses corporativos frente a los personales. Mubarak fue una amputación quirúrgica para tratar de evitar la gangrena general y la muerte del sistema que representaba.
La negativa de la SCAF a posponer las elecciones —cuarenta muertos en siete días de protestas— en el actual clima de violencia y enfrentamiento callejero, institucional y social, solo puede entenderse desde un punto de vista que hemos ido apuntando estos días.  El Ejército no puede soportar el desgaste social e internacional de las protestas y los muertos y trata de solventarlo haciendo entrar en un pacto de gobierno a los Hermanos Musulmanes, que se han mostrado desde el principio interesados amantes de su opresor, que les dejaba libre la sociedad mientras llenaba los escaños, antes que colaboradores con los que ellos consideran “laicos”. Como en tantas otras ocasiones los dictadores no dudan en utilizar La Meca cuando es necesario.

Los Hermanos musulmanes fueron renuentes a ir a Tahrir desde el principio de la revolución, no la veían con claridad porque temían que dar entrada en una sociedad controlada en sus redes por ellos tras años de paciente labor de sedimentación social, prestigiada por las detenciones periódicas y algunos mártires, su imagen de honestidad frente a un régimen corrupto, se iba a ver perjudicada. Fueron arrastrados porque sus jóvenes sentían que debían seguir a los demás jóvenes del pueblo egipcio en su lucha por la libertad; fueron temerosos de que aquello finalmente les pudiera dejar fuera.
Esta misma actitud se ha repetido permanentemente. Han llegado siempre tras ver cautelosamente cómo podían avanzar sin comprometerse socialmente, sin perder su capital anterior, cómo podían utilizar su ventaja de organización con noventa años de existencia frente a unos simbólicos y esquemáticos partidos divididos, apenas sin idearios, apenas prendiendo, los jóvenes, a pisar el campo de la política y cuyo primera lección ha sido cómo lanzar una piedra y curar unas heridas o enterrar a los mártires.
El Ejército detectó pronto que ellos eran la oposición ideal, los que debían sentarse en el otro lado de la mesa, los compañeros de viaje perfecto.  Ellos les servirán de coartada para justificar los desmanes que llevan realizando. El gobierno existente, al darse cuenta de su verdadera naturaleza al servicio de los intereses de la cúpula militar, dimite ante la vergüenza que les provoca. Ya han encontrado un sustituto que no es más que otra pieza de maquinaria de Mubarak, otra máscara hacia el exterior. Tienen poco dónde elegir, claro está. Nadie se va a prestar a ponerse al frente de un mecanismo de represión cuya finalidad es seguir generando gobiernos que repriman a su pueblo.


El único objetivo de la alianza con los Hermanos musulmanes, ya no puede ser frenar el islamismo, como es obvio. Es la demostración palpable de que lo que están es tratando, la cúpula militar, de evitar el mismo destino que el general Mubarak: estar entre rejas, presentarse ante su pueblo encerrados en una jaula.
Las fisuras que se han producido anteriormente en la Hermandad han sido por el control de los pertenecientes. Jóvenes y mujeres se han negado a seguir las directrices de una organización que pactando con los militares, aunque sea para realizar unas elecciones choca con las peticiones de toda la oposición. Por paradójico que parezca, militares y Hermanos forman hoy una alianza cuya única finalidad es respaldarse mutuamente, una para tener el poder y la inmunidad, y la otra para mantener un deteriorado y decreciente poder social. Ese poder disminuyendo en la medida en que a la sociedad egipcia se le da la oportunidad de vertebrarse, de organizarse políticamente. Eso no interesa ni a uno ni a otro elemento, que necesitan tiempo de forma complementaria, unos para mantenerse, los otros para no deteriorarse.

Lo que parecen tener en mente es una nueva forma de mubarakismo en el que se sustituya el viejo partido de los intereses, el matonismo y la corrupción en que lo convirtió el dictador por uno nuevo que necesite de ellos para realizar su labor. De ser ciertas estas especulaciones, sería el principio del fin de los Hermanos musulmanes que comenzarían un descenso popular, como creo que ya ha comenzado desde hace tiempo, tanto por las fugas y discrepancias que han ido surgiendo en estos meses, como por las necesidades de mostrar a la luz sus ideas, algo que muchos no comparten. Las resistencias permanentes a chocar con la hoja de ruta creada por los militares evidencian la estrategia. Solo se han enfrentado cuando han temido quedarse fuera ante la opinión pública naciente.
Egipto necesita urgente mente no renovar, sino crear una clase política que dé el salto al estado moderno que lo distancie de unos males que han hecho que muchos tuvieran que emigrar y que muchos otros fueran viendo cómo las esperanzas de un futuro mejor eran tragadas por las arenas del desierto del aburrimiento institucional, del poder arbitrario y de la violencia contra su pueblo.
Egipto mismo era la Gran pirámide, un mausoleo eterno en el desierto para mayor gloria de unos gobernantes que cambiaban de nombre, pero no de métodos. Hoy Egipto ha dejado ser ese mausoleo y está representando en una plaza en la que se mezclan los cantos de alegría, cono los rezos y el dolor. Una plaza viva.


Mujeres, violencia e información


Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Hoy es un día en el que se abren muchos frentes informativos y emocionales, uno de esos días en los que te debates sobre las cuestiones sobre las que quieres escribir: Egipto, la violencia de género, la información… La cadena Euronews nos permite trabajar, desgraciadamente, las tres cuestiones en una sola. La cadena recoge los testimonios de dos periodistas, la francesa Caroline Sinz y la egipcio-estadounidense Mona al Tahawy, denuncian agresiones sexuales* mientras intentaban cubrir las informaciones sobre los acontecimientos de la revolución egipcia. Ambas tienen muy claro que se trata de una forma de intimidación como informadoras, una forma específica de intentar que no se cuente lo que está ocurriendo.
No son los primeros casos. La intimidación sexual contra periodistas ya había sido denunciada en este escenario. También ha ocurrido en otros países levantados contra sus dictadores. No es solo contra periodistas; el ataque es contra la información, sí, pero las víctimas son las mujeres y el método de intimidación es la agresión sexual.


Recuerdo las imágenes de los periodistas protegidos por cordones humanos de manifestantes para garantizar su seguridad frente a las intimidaciones y ataques de los primeros días en la Plaza de Tahrir. Recuerdo, especialmente, el beso que una sanitaria improvisada dio en la frente herida de un periodista español de La Vanguardia como agradecimiento por estar sufriendo junto a ellos y no irse e informar desde lugares más seguros [ver entrada]. No todos los periodistas han podido ser protegidos de la misma manera. Conforme avanza la críticamente la situación, de nuevo aumenta la presión sobre informadores.
Hemos tratado en otras ocasiones el problema del acoso sexual en Egipto [ver entrada] y cómo ha ido aumentando como forma de intimidación sobre las mujeres que van ganándose un puesto en el terreno laboral o reivindican sus derechos. También lo hemos hecho sobre los horrendos crímenes de mujeres periodistas en México [ver entrada].
Lo importante, allí o en cualquier otro escenario, es que se sea consciente del problema, es decir, que se piense en ello en términos de problema, cuestión que algunos no tiene todavía claro. Las lacras de la historia se arrastran como normalidad, como refuerzo de actitudes anteriores que se consiente e incluso se jalean considerando que son medidas justas, correctoras de irracional anhelo de las mujeres por escapar a una forma violenta de minimización social. Una parte de la violencia sexual es intimidación, es una especie de rectificación de pretensiones, es un poner a la mujer en su sitio. Es la forma en que el patriarcado responde violentamente a las pretensiones de emancipación, al abandono de los dos estados permisibles de los femenino, hija y esposa. El espacio “mujer”, su autonomía como sujeto, se considera inexistente y su pretensión como un desafío a un modelo patriarcal con un tipo específico de hombre que se considera el centro de la creación y que posee derechos especiales sobre la mitad de la humanidad.


Las mujeres que pueden estudian en Egipto y en buena parte del mundo, y lo hacen con un buen aprovechamiento porque saben que es una forma de controlar mejor sus propias vidas y de tener una dependencia menor en el futuro. No es una garantía, pero sí una posibilidad más. En ocasiones la independencia familiar se paga con la continuación del acoso laboral. Por eso son esenciales tres políticas: sacar de la invisibilidad el fenómeno, escondido tras los muros de la connivencia histórica, desarrollo legal y acción educativa. La primera incumbe a las personas y a los medios de comunicación, que deben ser especialmente cuidadosos y sensibles al problema tratándolo con la seriedad que merece y no de forma hipócritamente sensacionalista, como ocurre en ocasiones, respetando los derechos; debe tener especial atención el desarrollo de la legislación, con dotaciones reales para resolver los problemas derivados y no solo manifestaciones vacías; y finalmente es labor de educación, de ir introduciendo en los más jóvenes las formas de corrección de los mecanismos de transmisión de malos hábitos sociales, de perspectivas erróneas que van regando mediante goteo el aprendizaje social y familiar. El abandono y la relajación en cualquier de estos tres frentes repercute muy negativamente sobre un fenómeno social ante el que muchos países prefieren no enfrentarse o lo hacen con poco interés.
La intimidación, el acoso y  la violencia física contra las mujeres están presentes, con diferentes grados y conciencias, en todas las sociedades. Pero ese acto violento tiene también un marco simbólico, es una representación de la propia variedad de culturas en las que esas formas violentas son reconocidas o ignoradas o, sencillamente, están integradas en las mismas instituciones oficiales o sociales. La violencia contra las mujeres no es solo una cuestión estadística; es una violencia que se justifica al criminalizar a la mujer, al considerarla como origen del mal o de los males, como propiedad o carga, como posesión propia o general.
La Embajadora USA ante Naciones Unidas lanzó una denuncia contra Muamar El Gadafi señalando que fomentaba las violaciones al repartir viagra entre sus tropas como forma de sembrar el terror entre la población. Desconozco si esto se llegó a verificar más allá de la información que fue dada por todos los periódicos del mundo. Sabemos que el fiscal de la Corte Penal Internacional (CPI) Luis Moreno Ocampo ha señalado posteriormente, en julio, que hay indicios de la compra de esta sustancia.

“La violación es un nuevo aspecto de la represión”, ha dicho el fiscal. “Aparentemente, él decidió castigar con las violaciones”, ha añadido el fiscal de la CPI.**

En cualquier caso, es la representación simbólica de que un ejército consideraba la violación, la agresión sexual, como un arma que había que usar. No es el único ejército que lo ha hecho. Y desgraciadamente, no será el último. Pero, también por desgracia, ese ejército invisible, camuflado, existe en muchas sociedades practicando sus violencias caseras o laborales, hermanando así al dictador doméstico con el dictador político.
La agresión es la culminación física de un proceso cultural que comienza cuando se tuerce el gesto al saber que el nuevo ser llegado al mundo es una niña.

*  "Egipto: agredidas sexualmente dos periodistas" Euronews 25/11/2011http://es.euronews.net/2011/11/25/egipto-agredidas-sexualmente-dos-periodistas/

** “El fiscal de la CPI acusa a Gadafi de alentar a sus tropas para violar a cientos de mujeres” RTVE http://www.rtve.es/noticias/20110609/gadafi-autorizo-personalmente-tropas-violacion-mujeres-segun-fiscal-del-cpi/438357.shtml


jueves, 24 de noviembre de 2011

¿Tú también, Alemania? Fábula rara


Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La crisis ha tocado a Alemania. Apenas una andanada, pero es el principio. Desde hace tiempo preguntábamos cuánto tardarían en llegar hasta sus costas los navíos corruptos de la contagiosa deuda, la enfermedad que llega del otro lado de ninguna parte o del centro de nuestra nada económica. Que Alemania se vea finalmente tocada es una interesante fábula que a Esopo, Lafontaine, Iriarte, Samaniego o —un buen aficionado al género— a Franz Kafka les hubiera encantado desarrollar por medio de hormigas o de cualquier otro animal hacendoso cuyo espíritu ahorrador se ve finalmente frustrado por un inesperado final. Cuando los lectores ven a la sonriente y satisfecha hormiga reírse de la despilfarradora cigarra periférica quedan sorprendidos porque el cuento fábula no había terminado, como en esas películas en las que cuando ya te estás poniendo el abrigo te sorprenden con nuevos acontecimientos en pantalla y te tienes que volver a sentar.


Los bonos alemanes han llegado a ser tan seguros relativamente hablando —sí, así funciona la economía— que ha dejado de ser rentable comprarlos. Alemania ha aburrido con tanta seguridad a los mercados que, hiperactivos (los que invierten) e hipertensos (los que se quedan sin inversión), quieren vivir en la cresta de la ola, en el filo de la navaja o en cualquier otra exitosa metáfora con la que a ustedes se les ocurra representarse la situación. Sí, Alemania aburre. Es cierto que es mejor eso que estar entretenido en la ruina. Pero no es este el problema. La cuestión es que en esta película económica pasas del drama a la comedia en cuanto que te descuidas. Angela Merkel, en su papel de madre europea, prefiere el modelo de poner contra la pared a los que son malos gastadores. Lo malo es que con estos cambios de género dramático, la pared se convierte en paredón en cuanto te descuidas y, lo que es peor, pasas de tener el sable levantado, dispuesto a dar la orden de ¡fuego!, a estar tú bajo la guillotina mientras tu economía se desmorona al grito, esta vez desesperado, de ¡fuego! porque todo está ardiendo a tu alrededor.

Alemania ya tiene su dosis de fuego en casa y ahora veremos la reacción del resto de los alemanes. Veremos a quién culpan del desmoronamiento de su bien construida seguridad en un mundo inseguro. Merkel comenzará a ponerse nerviosa y a exigir cárcel europea y exilio para los que incumplan sus planes de austeridad draconianos. Es lo menos que puede hacer por sus votantes. Veremos si su intento de convertir a todos en alemanes tiene éxito o acabamos todos griegos.
Nos avisan los expertos que entre los múltiples efectos que nunca podrían producirse está lo que llaman una “inversión de la curva de rentabilidades”*, es decir, que te exijan más dinero por los préstamos a medio plazo que por los préstamos a largo plazo. Dicen que contradice la lógica, pero ¿tiene esto algo de lógica desde hace tiempo? Esto supone —no hace falta ser economista sagaz para comprenderlo— una sangría a corto plazo, un abandono de las ratas del barco antes de tiempo. Pero las ratas también son animales presentes en las fábulas. Así, los que creen que se gana poco con los bonos alemanes, prefieren buscar sus tajadas suculentas exprimiendo las naranjas mediterráneas hasta la última gota.

Titula El País su información “La prima de riesgo española mejora, pero no por méritos propios”, con lo que hace un buen chiste político, pero no económico. Como chiste político, deja en evidencia la ineficacia de nuestros circunspectos políticos que ya no saben cómo vender sus acciones y su función al respetable. Como información económica es tremendamente mala porque augura nuevas tormentas y probablemente peores. Significa que somos una botella sobre un mar embravecido, ola arriba y ola abajo. Y aquí lo de la botella medio llena o medio vacía, ya no es una cuestión de optimismo, sino de si te vas al fondo o sigues flotando. Esperemos que esas medidas, que son los demás quienes las toman, sean buenas para nosotros. Triste.
A la lista de conceptos económicos que los sufridores españoles (y probablemente al resto de los habitantes del planeta) estamos descubriendo y tenemos que aprender se añade uno nuevo, el crowding out:

Robert Tornabell, catedrático de Banca y Finanzas y profesor de ESADE, cree que estamos "ante un crowding out de grueso calado. Este término define lo que ocurre ahora: el Tesoro paga más para financiarse, encarece el pasivo de los bancos, se fuga ahorro a sus colocaciones, y resta recursos a la banca para que pueda prestar".**

¡Cuánta razón tenían los clásicos que decían que en la ignorancia estaba la felicidad! El “crowding out” significa que si es más atractivo lo que se ofrece para conseguir bonos por la alta rentabilidad exigida, el dinero deja de ir a la Banca privada, que es la que compite habitualmente con sus ofertas. Si se les van los ahorros a los bonos, tradicionalmente de menor rentabilidad o si tienen que ofrecer beneficios mayores, se quedan sin dinero y eso repercutirá en la reactivación económica a través de los préstamos a empresas y, finalmente, en la creación de empleo. ¡Vaya panorama!
Regresemos a nuestra fábula caótica y dispersa, amoral y didáctica. La moraleja de la historia es que… Bueno, no consigo sacar ninguna moraleja a esta fábula. Solo sé que todos los animales que salen en ella —cigarras, hormigas y ratas— están maltusianamente en peligro de extinción por agotamiento de recursos o de paciencia. Que esto tendrá que parar algún día, pero esta enseñanza no proviene de la fábula sino del refranero, que como sabemos tiene respuestas contradictorias para todo.
Como conclusión podemos decir que una fábula moderna no tiene moraleja porque tampoco tiene moral y habrá que luchar por encontrarla. Lo único cierto es que lo peor que te puede pasar cuando te ocurre algo malo es olvidarlo y repetirlo.

* “La prima de riesgo española mejora, pero no por méritos propios” El País 23/11/ 2011http://www.elpais.com/articulo/economia/prima/riesgo/espanola/mejora/meritos/propios/elpepueco/20111123elpepueco_4/Tes
** “La deuda pública se convierte en el gran competidor de los depósitos bancarios” El País 20/11/2011 http://www.elpais.com/articulo/economia/deuda/publica/convierte/gran/competidor/depositos/bancarios/elpepieco/20111120elpepieco_3/Tes


miércoles, 23 de noviembre de 2011

El camino equivocado

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Son las tres de la mañana y las personas con las que estoy en contacto a través de Facebook me dicen que se escuchan nuevos disparos en la Plaza de Tahrir. Quizá estén intentando desalojar la plaza en la noche o simplemente impedirles descansar para llevarlos hasta el agotamiento. Son ya cuatro días de protestas y el límite físico de resistencia se irá acercando. Muchos lo habrán sobrepasado ya, pero hay algo que da fuerza cuando se cree en una causa.
La causa es de nuevo algo prepolítico, la dignidad. Otra vez la gente no ha tenido más remedio que manifestarse de la única forma que está a su alcance: la determinación. Los egipcios son obstinados y han vislumbrado una luz que se prendió en la negrura absoluta del régimen de Hosni Mubarak. En aquella oscuridad lograron encender unas pequeñas luces con gran esfuerzo y que les permitió intuir y desear un espacio de libertad y convivencia. Ese sueño ha sido minado deliberadamente por un Ejército que no ha sabido estar a la altura de su propia regeneración, que tuvo la oportunidad de ser la muleta con la que las libertades podrían caminar hasta conseguir recuperar un equilibrio inexistente hasta el momento, la aventura de las libertades en una democracia sin precedentes. Sin embargo escogieron el camino equivocado, el de mantenerse en una posición equivalente a la que habían mantenido con los dictadores militares anteriores. Pero esta vez, no hay una figura que surge de sus filas, sino una Junta militar que se plantea cómo convivir con un dirigente elegido en las urnas. Tras darle muchas vueltas, la Junta militar decidió que esa situación era peligrosa y decidió ir cambiando las reglas del juego, imponiendo condiciones y redefiniendo el papel de los militares en el sistema futuro. Tanto han forzado la situación que el resultado ha sido imposible de aceptar por ninguna de las fuerzas políticas intervinientes. Los militares se han quedado solos, como un croupier tramposo que se quejara de que, descubierto su trucaje de la ruleta, los jugadores abandonaran el casino.
Su astucia en la primera fase de la revolución fue dejar que se desgastara Mubarak y la policía del régimen, la que les había permitido, en segundo plano, disfrutar de las verdaderas prebendas y corruptelas del régimen. El ejército egipcio ha sido el mayor receptor de subvenciones desde los Estados Unidos. Tras Israel, Egipto es el segundo perceptor de fondos USA. La mayor parte han ido al Ejército y de ahí a las compras y sueldos militares. Muchos de sus dirigentes no son ajenos al manejo de las empresas públicas y los negocios derivados. Sacrificaron a la reina y pretendieron seguir la partida.

Han permitido situaciones y alentado otras —no me atrevo a ir más allá— en las que su papel protagonista se mantuviera. Sesenta años en el poder no se tiran por la ventana por una simple revolución. Pero han tirado demasiado de la cuerda, han tratado de forzar una situación y han sobrepasado el límite. Lo más probable es que sea el temor de muchos dirigentes a seguir el mismo camino de Mubarak y acabar en los tribunales por su comportamiento con los manifestantes, pero pienso que sobre todo por su participación activa en los trasfondos de un régimen corrupto, de negocios  oscuros por doquier, del que solo ha salido una pequeña parte. La cúpula del poder militar es la de Mubarak. ¿Qué otra explicación tiene que sacrificaran al Jefe pero pretendan seguir su senda? Las esperanzas depositadas en que podrían ser aliados del pueblo egipcio y no sus guardianes se han ido desmoronando poco después de que se fotografiaran siendo abrazados por los egipcios que de buena fe pensaron que estaban de su lado.
Lo que se ha demostrado es que son un estado dentro del estado. Pudieron dar el salto hacia un ejército moderno. Han comenzado, en cambio, el penoso recorrido de parecerse a los ejércitos de Gadafi o de Al Asad. Su mariscal es uno que podrá ser sacrificado por otros o que no dudara en sacrificar a otros para mantener intacta la estructura de fondo, el poder real en la sombra que gobierna Egipto desde principios de los años cincuenta. Mubarak era solo la última —penúltima ya— etapa de una larga y cruenta historia. Los juicios militares a civiles, las torturas, la violencia en las calles, los obstáculos e imposiciones políticas, los intentos de evitar el voto exterior… son la demostración de que el Ejército ha elegido el camino que le distancia de su pueblo, el camino equivocado. Van contra la Historia, van contra su pueblo.

II
El rechazo de la Plaza de Tahrir al preacuerdo de las Hermanos Musulmanes con el Ejército parece hace buena nuestra idea expresada con anterioridad de un entendimiento entro los otrora enemigos naturales. La idea de que estos enemigos habían logrado un estado cohabitación política explicaría el interés de los militares en que se celebren las elecciones en estas condiciones. Con un triunfo islamista de los Hermanos es más fácil pactar una transición a la mediada y justificar las especiales prerrogativas que el Ejército quiere tener. Ese es el sentido e interpretación hoy del artículo del artículo de The New York Times:

Just four days ago, the Muslim Brotherhood kicked off a wave of protests against the military’s increasingly explicit attempts to decree for itself special powers and protections under the future constitution. But when a heavyhanded crackdown on demonstrators ignited a far broader and more violent backlash against the military’s power grab, Brotherhood leaders sent mixed signals about whether to join the swelling protests. And while other political groups called for a huge demonstration on Tuesday, the Brotherhood ordered its members to stay away for fear of jeopardizing elections as the violence hit a peak.
The Health Ministry said 31 people died in four days of unrest, and more than 600 were injured on Tuesday alone.
For the military and the Brotherhood, the deal was the closest embrace yet in the off-again-on-again partnership since the revolution between the country’s two most powerful institutions — reprising roles played out under Mr. Mubarak, who outlawed, but tolerated, the Muslim Brotherhood during his three decades in power.
For Egyptian liberals, the open deal between the two most powerful and organized forces in the nation raised fears of being caught between groups at odds with their goals: a military reluctant to submit to democratic oversight, and an Islamist movement with a potentially narrow view of individual freedoms.

Ese era el temor expresado en este blog en la entrada “Las estrategias islamistas en Egipto”, el día 6 de julio. Los jóvenes de la Hermandad, como estaba también comentado en su momento, se desmarcan de los mayores porque saben que no se trata de reproducir el pasado de forma ligeramente distinta, sino de abrirse a un futuro generacional. Y eso ya no vale.
Nadie se cree ya a los militares.

* “Deal to Hasten Transition in Egypt Is Jeered at Protests” The New York Times 22/11/2011http://www.nytimes.com/2011/11/23/world/middleeast/egypts-cabinet-offers-to-quit-as-activists-urge-wider-protests.html?hp



martes, 22 de noviembre de 2011

Tened cuidado

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
No consigo quitarme las imágenes de mi último paseo hace apenas unos días por la Plaza de Tahrir. Su tráfico de siempre, al fondo el museo con sus paredes rojizas. Quise ir esta vez primero solo, sentir la emoción contenida de lugar del que llevaba hablando y escribiendo desde enero, del espacio que sabía que se convertiría en un particular lugar de peregrinación para mí y para muchos otros. Quería recordar solo a los caídos allí, en Tahrir, ese espacio en el que temías que pudiera darse una desgracia de cualquiera de tus amigos, de cualquiera de esos alumnos alegres con los que habías hablado en otra plaza, la de la Universidad de El Cairo, delante de la Facultad de Artes en muchas ocasiones.
Mi última visita a El Cairo ha sido entre los veinte muertos del brutal ataque a los manifestantes coptos, con los blindados pasándoles por encima y la explicación oficial de que un conductor perdió el control pero no la puntería, y estos nuevos incidentes, los más graves desde el comienzo de la revolución.
Las esperanzas en que el Ejército egipcio iba a dejar la transición en manos civiles se fue perdiendo al poco tiempo. No han hecho sino tratar de blindar su estado, asegurarse que van a ser intocables, la autoridad suprema, los ayatolas de un régimen oficialmente desaparecido pero que sigue campando a sus anchas. El admirado ejército se ha convertido en una rana repugnante. Hace ya muchos meses nos preguntábamos “¿por qué ser el villano cuando se puede ser el galán?”. El ejército, como en La sombra de una duda, ha resultado ser tan villano como lo fue su anterior jefe. Las esperanzas de que sus acólitos fueran mejores que él se han desvanecido entre muertes, heridos, torturas y juicios militares.

No puedo dejar de ver ante mí las caras de las decenas de alumnos egipcios que he tenido cada día en las aulas. No puedo dejar de ver sus ilusiones y su deseo de ser mejores para que Egipto pueda ser mejor. Les he escuchado muchas veces su orgullo por ser egipcios, por haber derribado una pirámide que parecía surgida de las noches de los tiempos. Son también muchos de esos jóvenes los que le han plantado cara a esos seres oscuros, enmascarados, anónimos, que recorren la plaza y las calles armados de palos, disparando, arrastrando por el pelo a los que logran coger, golpeándolos cobardemente, intentando matar así, a palos, las ilusiones de los que ha atisbado un futuro más libre.
La revolución, lo sabíamos ya hace mucho tiempo, no se había terminado. Sabemos su final, estamos seguros, pero no cuántos muertos costará, cuántos quedarán por el camino. Caerán muchos. Nunca serán pocos, pero con cada uno de ellos se construirá un futuro para los que queden, que siempre serán más y los guardarán en su memoria, como permanecían en las paredes de la universidad fotocopias con las fotos de los que cayeron en enero y febrero.
A todos, a esas caras que conozco, con las que he reído, con las que he trabajado preparando tesinas en cafeterías y burguers hast la medianoche; a  aquellos con quienes he compartido comidas en sus casas o en restaurantes, con los que he charlado sobre traducción, sobre literatura,  sobre cine, sobre esa España que tanto quieren y que sueñan recorrer, a todos vosotros, conocidos, y a todos los demás, a los que no conozco, pero con quien quiero identificarme en estos momentos de dolor y valor, de fortaleza e ira, os pido que tengáis cuidado, que sois todos necesarios para construir un Egipto en el que hace falta gente como vosotros y sobran dictadores y asesinos.
Espero veros pronto y poder dar con vosotros de nuevo un paseo por los alrededores de la Plaza de Tahrir. Cuidaos, por favor. Nunca tuve mejores alumnos, nunca mejores amigos.