sábado, 20 de septiembre de 2014

La ley viciosa o nos veremos en la cárcel

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Nos dicen los científicos de la mente que tratamos de justificar las medidas que tomamos con razones muchas veces forzadas. Es la manera de tratar de encontrar una coherencia racional a algo que surge más del deseo, del miedo, de fuerzas irracionales. Buscamos razones que justifiquen lo que hacemos camuflando las intenciones reales. Son los mecanismos de racionalización.
La Ley antiprotestas en Egipto se ha convertido en algo así, en un mecanismo justificador de las acciones de represión. Primero se detiene y después se justifica a través de la elevación de la peligrosidad de aquello por lo que se detiene a alguien. El que ha sido detenido, por el hecho de serlo —y no al contrario—, se convierte en un peligroso criminal que no debe estar suelto. La seguridad de todos depende que siga encerrado. Y los que justifican la ley, justifican la detención que sirve para volver a justificar la ley.
Las huelgas de hambre en apoyo de detenidos sin más razón que protestar contra la Ley antiprotesta o sus efectos se suceden en Egipto. En huelga de hambre se han puesto los detenidos y los familiares y amigos que si afirman que la detención es un absurdo son detenidos también por protestar. Es una ley "viciosa", circular, que penaliza la crítica a la propia ley considerándola como una protesta no autorizada.


La Policía egipcia son las pirámides de la vida social. No han cambiado desde la caída del régimen de Hosni Mubarak, pese a tener un largo y cruel expediente de torturas y violencia. Siguen ahí, sin cambio, sin condenas. Estuviera quien estuviera en el poder, ellos actuaban con la misma contundencia. Son la columna vertebral del Estado, junto al Ejército; la interfaz social que permite a los egipcios distinguir entre unos y otros, aunque sean los mismos quienes les manden. La policía ucraniana, al menos, pidió perdón tras la caída de Yanukovich.
Egipto estalla por la muerte de un joven, Khaled Saied, arrestado, torturado, muerto y abandonado en plena calle. La misma policía siguió haciendo lo mismo en el periodo de la SCAF. Allí seguía, sin cambios, cuando Mohamed Morsi llegó al poder e hizo lo mismo. En este periodo hubo un intento de cambio, sí: los policías islamistas intentaron dejarse la barba, pero los superiores (que no eran islamistas) lo evitaron, prohibiendo el cambio de look facial. Tras la revolución del 30 de junio y el golpe posterior, la policía siguió haciendo lo mismo, sin cambio alguno. Por supuesto, nadie volvió a plantear lo de dejarse barba.


Algunos medios empezaron a señalar que habría que cambiar, al menos, al Ministro del interior, el que había dirigido la represión bajo gobiernos antagónicos, pero la Policía es lo único que no cambia, que está siempre ahí en Egipto. Aunque cambien los ministros —si es que llegan cambiar, que tampoco lo hacen— sigue empleando lo mismos métodos con los mismo resultados.
Los mecanismos justificadores son siempre el "terrorismo" y la "anarquía". No se trata de negar que no existan peligros reales, pero esos temores están sirviendo para eliminar toda oposición al régimen. La Ley antiprotestas convierte en criminales a todo al que se le ocurra protestar sin el consentimiento del gobierno, que evidentemente no lo da. Da igual que la protesta sea pacífica; es "protesta" y eso es suficiente. Es una forma especial de interpretar el camino de la democracia marcado que parece ir por la ruta más larga aprovechando que el mundo es redondo.
Pese a los rumores y peticiones de que se modifique esa ley y se pueda protestar por muchas cosas que lo merecen más allá de cuestiones del poder, el ejecutivo egipcio no va a renunciar a esta herramienta tan útil.
El diario Egypt Independent señala:

The government has announced that no changes will be made to the protest law, despite its local and international controversy. 
"The law on demonstrations has received the consensus of people, and there is no intention to discuss it," said Ambassador Hossam al-Qawwesh, spokesman for the Cabinet, in a statement on Thursday.
"[The law] is issued and in effect and there is nothing new about it," said the Minister of Justice Saber Mahfouz. 
During the inauguration on Thursday of Brolos District Court in Kafr al-Sheikh, Saber called on the people to adhere to the law as Egypt can no longer bear lawlessness.*


No sé a qué llama el embajador Hossam al-Qawwesh, el portavoz del gobierno, "consenso del pueblo", pero mucho me temo que se refiere a la interpretación unilateral de aquella masiva manifestación a la que se llamó para tener carta blanca en la lucha contra el terrorismo. El provecho que le están sacando algunos a aquel acto de buena voluntad de una gran mayoría del pueblo egipcio, al que asistieron muchos de los que hoy están en la cárcel, es enorme. Me imagino que más de uno se habrá arrepentido de haber estado allí y que su presencia se haya utilizado para meterle después en la cárcel.
Egipto lleva camino de que las cárceles sean más representativas que el futuro parlamento, que mucho me temo, va a ser tanto o más monocorde que el islamista de Morsi, gracias a otra ley en trámites que ya comentamos, la que hace que el 80% de los escaños sea para electos al margen de los partidos, dejando para estos solo un débil 20%. Es una forma de aplicar la Ley antiprotestas en el propio Parlamento, donde la mayoría competirá por aplaudir más y mejor. Será llamado un parlamento patriótico, eufemismo para reflejar la unanimidad que se logrará en casi todo lo que se exponga ante la cámara.


Hoy en las cárceles están los mismos que protestaban contra Mubarak, contra la SCAF y los que protestaron después contra Morsi. Los que se encuentran entre rejas son los islamistas y los que han protestado contra la represión posterior en nombre de los derechos humanos y de una democracia real que quieren para Egipto.
En un impresionante artículo, titulado "The prison in us", publicado en Mada Masr el día 17, Alia Mossallam nos da cuenta de lo que empiezan a ser las prisiones egipcias. Comienza así:

About a month ago I went to visit a friend in prison.
It doesn’t matter who he or she was, since there are now hundreds of young men and women in Egypt’s prisons because of the new Protest Law. The prisons are full to the brim with teenagers, students, fathers, brothers, daughters and only sons. They are full to the brim with dreamers and idealists and brave souls who ventured into the streets to call for the release of their friends, comrades, brothers and sisters. Our prisons also hold in captivity people who have been arrested in police stations where they were looking for their loved ones, students who attended funerals in large numbers, individuals who had arguments in petrol stations affiliated with the military and even protestors who stood outside courts calling for accountability for the murder of Khaled Saeed.**


El mundo que nos describe coincide con el que nos contaba desde dentro de la cárcel la activista socialista alejandrina Mahienour al-Massry —lo contamos aquím en "Macrocosmos y microcosmos con fanfarria de fondo", el 8 junio de 2014—. Lo hizo en otro impresionante artículo sobre el descubrimiento del Egipto tras las rejas en la cárcel de mujeres en la que se encontraba. Fue encarcelada por protestar contra la impunidad en el crimen de Khaled Saied, el que desencadenó la revolución de 2011, del que nadie se ha hecho responsable todavía.


No hay duda de que en Egipto existe un problema terrorista. Hay decapitaciones de las que no habla nadie, como la que nos contaban ayer los medios. Otro cuerpo decapitado encontrado en el norte del Sinaí. Son ya seis los decapitados en la zona acusados de dar información para localizar a los terroristas de la zona. Cuatro de ellos fueron acusados de suministrar datos para los ataques con drones desde Israel y se les decapitó grabándolo en un vídeo, como ya es costumbre en estos carniceros. Pero que exista un problema terrorista no puede ser justificación para la reducción de derechos que los egipcios se han ganado con sangre, sudor y lágrimas en las calles y plazas, ni para la impunidad de las fuerzas de represión que han actuado en todo momento con la misma brutalidad. Pensar que en Egipto solo es problema el "islamismo" y que todos se acabarán haciéndolos desaparecer es de una gran ingenuidad y perversión si además se señala que cualquier protesta te convierte en aliado de los islamistas y terroristas.


Es esencial para un país que dice encaminarse hacia la democracia, que es la que justificó el levantamiento popular, tener una fuerzas de seguridad que no sientan que son inmunes al cambio e impunes ante la petición de responsabilidad. Y no ha habido ninguna señal en ambos sentidos, sino lo contrario. Son múltiples las voces en Egipto que piden un cambio necesario en la Policía y sus actuaciones y responsabilidades. Pero sirven de muy poco y corren el riesgo de considerarse también "protestas".
Esto está causando una gran desolación y abatimiento en los egipcios que no solo desean un país "tranquilo", sino que quieren un país democrático en el que se pueda ejercer la crítica y que haya cierta proporcionalidad de las penas, algo de lo que se carece en el momento. A Mahienour al-Massry le cayeron dos años de prisión, que no son muchos en comparación con casos en los que las sentencias han sido entre siete y diez años por "delitos" que no valdrían ni una noche en comisaría en los países que, además de decirlo, tienen un sistema democrático.

La opción del silencio que muchos intelectuales ha tomado, haciendo pública su disconformidad y abandonando las loas y defensas del sistema, ha dado un protagonismo a los periodistas, que se han sumado también a las huelgas de hambre contra la ley antiprotestas. Este fenómeno dignifica a una parte importante de la profesión periodística que ha comprendido que su tarea no es solo informar sino respaldar los derechos que la posibilitan, entre ellos el de expresión e información, que también puede estar sujeto a arbitrariedades, pues el gobierno decide también lo que es "verdadero" y "falso", qué "deteriora" la imagen de Egipto y qué no.
Frente a artículos babosos —preguntándose, por ejemplo, si The New York Times es "fiable"— respecto a la adulación al poder, la Sisi-manía, etc., el periodismo egipcio está también dando ejemplo de valor y capacidad crítica mediante la publicación de valientes artículos independientes recordándole al poder que el compromiso democrático es algo más que palabras, que exaltar un nacionalismo ciego y adulador no es el mejor camino para construir un gran país. Negar los problemas o la diversidad solo lleva a perder lo mejor que el país puede ofrecer. El drama egipcio es perder a muchas de sus mejores voces y mentes, linchadas públicamente en cuanto que manifiestan su disconformidad con lo que entienden es un camino equivocado.
Si ir a la cárcel es ya un gran problema, estar en ellas no lo es menos. Hace dos días, Daily News Egypt publicaba las respuestas de los grupos de derechos humanos ante las enmiendas a la ley existente a la ley de encarcelamiento:

The Ministry of Interior’s proposed amendments to prisons’ legislation “are disappointing”, the Egyptian Initiative for Personal Rights said in a statement Wednesday.
The group added that the amendments were “far from meeting Egyptian constitutional guarantees and the UN minimum standards for the treatment of prisoners.”
The statement called for the need to overhaul “all existing laws, protocols and procedures governing the administration of prisons in Egypt.”
EIPR stated that they found “torture, inhumane treatment and worsening living conditions,” to be recurring themes in recent prisoner testimonies.
The proposed amendments to the current law on Prison’s procedures fail to allow for independent monitoring of detention facilities. They also fail to introduce mechanisms for prisoners to lodge complaints with impartial and independent bodies such as human rights organizations.
They added that testimonies showed “an alarming escalation in the excessive use of force, brutality, beatings, verbal abuse and other forms of cruel and degrading treatment or punishment for prisoners by law enforcement officials.”***


Es otro campo en el que las revoluciones y el deseo del pueblo tampoco han evolucionado. Por las prisiones no han pasado vientos de reforma y sigue habiendo la misma impunidad que antes. Así a las detenciones en aplicación de la Ley antiprotestas, esa que el portavoz oficial dice contar con el apoyo del pueblo egipcio, se suma la situación una vez que entras en prisión, en donde puede ocurrir cualquier cosa. Que no se les ocurra a tus amigos o familia protestar por el estado lamentable en que te puedan encontrar porque serán encarcelados rápidamente en aplicación de la ley que lo impide. Como decíamos anteriormente, un círculo vicioso que no sirve más que para retirar a la disidencia de las calles y encerrarla en prisiones llenas ya hasta los topes.
Allí se junta ya un repertorio amplio. Los islamistas son encerrados por reclamar la legitimidad de Morsi, por pertenencia a grupo terrorista o por ser terroristas por sus actos. Los liberales y socialistas, los grupos laicos, también acaban entre rejas cuando se quejan por las leyes represivas, defendiendo los derechos de todos, y allí les acompañan pronto los que protestan porque han sido encarcelados.


El problema social es la justificación que una parte de los egipcios parece mantener como respuesta y que se le pide como actitud. Todos los que están en la cárcel es porque se lo merecen, dicen algunos, que es el principio mediante el cual el autoritarismo se asienta. Todo el que no está de acuerdo con esto es un enemigo del pueblo, un peligro para la paz y el desarrollo, culpándolos de que no vaya el turismo o de que la economía no se recupere.
Hace tiempo que un periodista egipcio, editor de un periódico independiente, empezó a usar el término "fascismo social" para caracterizar este estado de persecución y justificación, de lo que se hace para eliminar la disidencia. Al final se ha acabado la posibilidad de diálogo social, de avanzar hacia una sociedad más abierta, porque evidentemente la consecuencia de esto es el aislamiento internacional, el ensimismamiento de una sociedad que comienza a sentir, como está ocurriendo ya, que los demás no la entienden, se la juzga mal porque no se comprenden sus motivos, que todos los demás viven en el error y solo ellos en la verdad. No es así y eso solo agrava las cosas aumentando la paranoia social.


El impresionante artículo de Alia Mossallam, que citamos anteriormente, concluye así:

The best of us are in those prisons. The best of us are locked away, for speaking, writing and documenting against injustice. The best of us are locked away for fear that they may liberate us of our own stale, unjust existence. A fragile existence ours is. For these arrest raids spare only the silent; but can one stay silent forever?**

Es triste que un pueblo que se ha levantado dos veces contra el autoritarismo y el sectarismo tenga que ver desde la cárcel el deterioro de su propia revolución, la perversión de sus deseos de libertad y de democracia. Es todavía más triste que una parte de ellos lo justifiquen sin discriminar las causas por las que se puede acabar entre rejas, que acaban siendo irrelevantes. Muchos están empezando a darse cuenta de ello y algunos tienen el valor de decirlo. La respuesta de otros es el pesimismo fatalista, que nada ha cambiado y nada puede cambiar después de este ciclo comprimido de la historia en estos tres años. Pero la actitud de otros es seguir su compromiso de alcanzar un Egipto en el que se pueda vivir con unos estándares de derechos similares a los de otros países.


La Ley de excepción le sirvió a Hosni Mubarak para controlar durante treinta años la vida egipcia. La Ley antiprotestas actual tiene un presente firme y un futuro oscuro por delante. Esta ley viciosa no traerá ni paz ni democracia; solo represión de la que se huía y un complejo social de culpa que acabará asomando cuando estalle en su forma más brutal, cuando se llegue al punto de no retorno.

* "Cabinet spokesperson: Protest law here to stay" Egypt Independent 19/09/2014 http://www.egyptindependent.com//news/cabinet-spokesperson-protest-law-here-stay
** "The prison in us" Mada Masr 17/09/2014 http://www.madamasr.com/content/prison-us
*** "Proposed amendments to Prisons’ Law ‘disappointing’: EIPR"  18/09/2014 http://www.dailynewsegypt.com/2014/09/18/proposed-amendments-prisons-law-disappointing-eipr/







viernes, 19 de septiembre de 2014

Bailando en la oscuridad o los iraníes quieren ser felices a su manera

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Mientras que en Irán ha llegado una nueva tanda de políticos sonrientes, a los jóvenes que se les ocurre mostrar unos estándares de "felicidad" distintos a los oficiales, se les condena a cárcel y latigazos. El atenuante de que no se les haya aplicado la pena (por ahora, si se portan bien) es relativo, pues no existe mejor forma de mostrar "moderación" que hacer leyes moderadas. Lo de ser generoso con las aplicaciones de leyes brutales no resta nada a la voluntad autoritaria de mantenerlas.
La distancia que existe entre el progreso nuclear y el látigo medieval es una muestra del funcionamiento extraño de las mentes, al menos desde una perspectiva exterior. Lo que han hecho los jóvenes iraquíes, que se han limitado a bailar, dar unos cuantos saltos, tal como hacen millones de jóvenes en muchas partes del mundo, nos muestra esa aspiración a una extraña modernidad medieval que ve compatible el desarrollo científico y tecnológico con el mantenimiento (más bien imposición) de una forma de vida y costumbres inamovibles. Es como intentar poner un satélite en órbita y seguir sosteniendo que la tierra es plana. Thomas S. Kuhn diría que son "paradigmas incompatibles". Orwell, más pragmático, lo llamó "doblepensar".
Esta forma retrógrada de progresar deja al desnudo la cuestión principal: poder y control. Irán es un "estado islámico" y como tal extiende el control sobre las costumbres y actos de la vida pública y privada. No hay distinción. Se trata de mantener el poder y eso solo funciona con una sociedad controlada. Por eso se producen cada vez más desajustes entre un futuro hacia el que se avanza y un pasado idealizado hacia él se dirigen también las miradas. Manejas la ciencia del átomo, pero sigues pensando en términos medievales.


Cuando vi la noticia me vino inmediatamente a la memoria la película semidocumental "Nadie sabe nada de gatos persas" (Bahman Ghobadi 2009), un extraordinario testimonio de la juventud iraní, de su imposibilidad de vivir, de tener que esconderse para burlar la vigilancia que les impide poder ser como muchos otros cientos millones de jóvenes repartidos por el mundo. La película nos va mostrando el recorrido de una pareja de jóvenes músicos que tratan de formar un grupo para poder ir a tocar al Reino Unido. Las vicisitudes por las que pasan, desde el mercado negro de los pasaportes hasta las intervenciones de la policía en donde tienen una fiesta, nos deja la muestra de un mundo subterráneo y paralelo, de conciertos en casas privadas y ensayos clandestinos, que revelan la existencia de dos universos paralelos tras el telón islámico.


Aislar los países es hoy, como lo ha sido en otras ocasiones, el sueño de los dictadores, religiosos o laicos. Saben que es el movimiento, las idas y venidas, ver lo nuevo, lo que despierta el deseo de cambiar, lo que permite las comparaciones. Vemos que los otros son distintos y lo que se nos cuenta como verdad inamovible y universal se descubre que es puro creencia local impuesta.
Hoy ya no funcionan las murallas como lo hacían antes y los cambios surgen del fondo de las sociedades que ven que sus limitaciones no se deben a leyes universales, sino a la voluntad de sus dirigentes. La "normalidad" que les venden es solo ideología política o religiosa impuesta con mano de hierro.

Con la llegada de Internet, el mundo se ha convertido en avenida llena de escaparates, de muestras y ofertas de vidas diferentes a las que unos acceden con normalidad, pero que para otros tiene un precio muy elevado o simplemente prohibitivo. Estos gobiernos y sistemas políticos saben que es esencial tapar los ojos y oídos y realizan cuantiosas inversiones en el aislamiento comunicativo de sus sociedades mediante la aplicación de tecnologías de vigilancia, muchas veces con la complicidad de las compañías de países occidentales. Egipto, por ejemplo, acaba de realizar una gran inversión —¡como si no tuviera otros problemas!— para el control de las redes sociales; China ha duplicado las redes sociales y filtra las exteriores, de difícil acceso. Las excusas de todos son siempre las mismas: la disidencia, el anarquismo, el terrorismo, etc.
Desgraciadamente, los Estados Unidos y su "defensa" a través del espionaje masivo de las comunicaciones han dado la excusa perfecta a estos regímenes autoritarios. Unos sistemas de defensa que se basan en la reducción o perversión de derechos nunca acaban bien. Ni son el mejor ejemplo: obligan a justificarlos de forma egoísta, es decir, si son buenas para mí, me da igual que sean malas para los demás. El mal ejemplo siempre cunde y los gobiernos lo aprovechan para espiar a sus propios ciudadanos haciendo apelaciones a la "seguridad" y el "terrorismo". No sé si le resulta eficaz a los Estados Unidos para prevenir atentados, pero sí sabemos que le resulta rentable a los que espían sin pudor a sus propios ciudadanos o, sencillamente, les cortan las comunicaciones a todos, que también se considera "seguridad", declarando que los de fuera "faltan a la verdad" o "promueven" disturbios en el interior para desestabilizarlos. Es difícil pensar en la evolución de países cuyos sistemas se basan precisamente en no evolucionar porque sus edades de oro son una foto fija de la historia pasada.


Como los jóvenes del filme de Bahman Ghobadi, estos jóvenes, detenidos y condenados por bailar felices, están abocados a vivir bajo una cruel represión, a crecer viendo el mundo como un mal ejemplo del que solo se salvan los virtuosos, es decir, los que siguen las normas fijadas por las autoridades, que a su vez se consideran la mano de Dios. 
Les habían prometido no emitir el humillante vídeo en el que se les obliga a confesarse criminales por bailar, pero finalmente lo hicieron para que todo Irán viera las consecuencias de querer ser feliz a tu manera. Dicen que el tuit franciscano de Rohani, en mayo — “La #Felicidad es el derecho de nuestro pueblo. No debemos ser demasiado duros con los comportamientos causados por la alegría”—, ha sido decisivo para que esos latigazos y encierro no se ejecutaran. Ahora deberán contener sus ganas de ser felices durante un periodo de observación bajo riesgo de ser encarcelados y azotados.


Si analizamos la historia del tuit de Rohani vemos el absurdo a que se llega en Irán. En un régimen controlado por los clérigos, lo único que queda es apelar a la misericordia, antes que a la justicia. El tuit de Rohani no significa más que su deseo de no ser severos, pero la falta está ahí. Solo se han equivocado en su "forma" de ser felices. Ya aprenderán. Nada que un poco de reeducación y autocrítica no pueda corregir.
The Times recogía en mayo que la detención, lejos de intimidar y como era previsible, ha servido para que se siga el ejemplo de felicidad de los jóvenes, que ya no desean seguir bailando en la oscuridad:

If Iranian police hoped to scare young dissenters by publicly punishing six friends who videoed themselves dancing to Pharrell Williams’ hit song Happy, they will be disappointed.
Despite the arrest and forced televised confessions of the young men and women in Tehran last week, a series of new videos have sprung up online in recent days showing youngsters dancing in forests and on rooftops to the American singer’s track. Some have even poked fun at the authorities' heavy-handed response to the original video.*


Esos jóvenes, que muestran su solidaridad con los condenados a cárcel y a látigo, son los mejores embajadores de Irán, la prueba de que, pese al empeño de sus dirigentes, hay alguien que aspira a tener un futuro propio y a ser feliz en él. 



* "New Happy videos taunt Iran’s leaders" The Times 28/05/2014 http://www.thetimes.co.uk/tto/news/world/middleeast/article4101589.ece










jueves, 18 de septiembre de 2014

La desconfianza

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Al político se le pide lo contrario que al filósofo. Mientras que el campo de este último es la especulación y vivir en la duda, eso al político no se le perdona. Por eso deben ser personas de acción y principios. Ambas cosas deberían estar claras allí donde son elegidos por su compromiso de hacer y forma de pensar. La ambigüedad o la indecisión se suelen penalizar en la política, aunque hay ejemplos de supervivencia por no saber si va o viene o si donde dijo "digo" dijo "Diego". Siempre es preferible alguien que diga las cosas claramente y que después las cumpla al que juega con la confusión y hace lo que mejor le conviene.
Pero el gobierno hoy no es hacer lo que pone en los programas electorales, que son papel, es decir, los planos. Eso es solo una parte. Luego está la realidad de lo que puedes hacer con lo ocurre cada día, en unos contextos cambiantes en los que te tienes que enfrentar a situaciones que ni están en los programas ni se te habían pasado por la cabeza. Y es ahí donde se ponen a prueba los dirigentes, los que tienen la cabeza bien amueblada, están bien asesorados y son capaces de reducir el caos a orden. No todos sobreviven a esta prueba cruel. Es entonces cuando hay que transmitir a los demás la confianza de que, aunque aquello no estuviera previsto, está controlado. A eso se le llama "confianza" y "liderazgo" y requiere algo más que palabras. Elegimos personas porque confiamos en ellas.


El presidente Barack Obama suele hacer afirmaciones o negaciones muy contundentes, como corresponde al responsable del país más poderoso del mundo. Pero la determinación de sus palabras esconde un espíritu hamletiano que puede entrar en contradicción con ellas en cuanto que las cosas se tuercen un poco. Esto lo aprovechan sus enemigos para considerarle débil y cuestionar su liderazgo.
La consecuencia de estos desajustes erráticos es la pérdida de confianza en lo que dices que harás, porque es obvio que las cuestiones complejas evolucionan de forma impredecible. Las situaciones se desbordan continuamente y dejan en evidencia al que es aficionado a dibujar rápidamente líneas rojas y hablar de consecuencias. Hablar mucho no es signo de firmeza; solo de ser hablador. El silencio, igualmente, no es necesariamente signo de duda o debilidad. Ni siquiera hace falta decir la verdad, como le ocurre a Putin, el complemento invertido de Obama, al que le importan un bledo los discursos y da primero y habla después sin importarle decir lo que tenga que decir para conseguir lo que quiere.


Mientras Obama afirma que sus soldados jamás pisarán tierra, los de Putin pisan la tierra pero se niega que sean soldados. Los soldados rusos han invadido Crimea y otras partes de Ucrania mientras, con todas las evidencias sobre la mesa, se negaba que esto ocurriera, aunque se preguntara a los soldados de dónde venían. La última versión oficial es que los soldados de permiso van a Ucrania de vacaciones. La desconfianza hacia Putin es recelo; es distinta a la desconfianza que genera Barack Obama.
En el caso de Barack Obama, su actitud de firmeza acaba generando dudas y temores en todo el mundo. The New York Times nos da hoy mismo los resultados de su encuesta:

For the first time in his presidency, more Americans disapprove of President Obama’s handling of terrorism than approve of it, as discontent about his management of foreign affairs and the fight against Sunni militants in Iraq and Syria weighs on an anxious and conflicted public, according to the latest New York Times/CBS News Poll.
As Mr. Obama broadens the military offensive against Islamic extremists, the survey finds broad support for United States airstrikes in Iraq and Syria, but it also demonstrates how torn Americans are about wading back into battle in the Middle East. A majority is opposed to committing ground forces there, amid sweeping concern that increased American participation will lead to a long and costly mission.*


Los datos de la encuesta son bastante desoladores para Obama y confirman aquello que dijimos hace mucho tiempo tras su reelección: Obama es Orfeo buscando la puerta de salida del infierno. La duda que tenemos siempre es si está mal asesorado o es que no se deja asesorar. Puede que una mezcla de ambas cosas. Pero desde el exterior y en su propio terreno el efecto es devastador, una erosión terrible de la confianza.
La explicación más clara de esta percepción nos la da The New York Times por boca de una representante demócrata:

“He is ambivalent, and I think it shows,” Jennifer Shelton-Armstrong, a 45-year-old Democrat in Mission Viejo, California, said in a follow-up interview. “There is no clear plan.”*


Según nos cuentan, unos no creen que Obama vaya lo suficientemente lejos para resolver el problema en Irak y Siria  y otros sencillamente que no tiene ningún plan, aunque lo trate de aparentar. Para lo republicanos es débil, para los demócratas confuso. ¿Por qué todo el mundo tiene este sentimiento de que no se pueden creer lo que dice que va a hacer o decir lo que hace? Hay que reconocer que Obama se lo ha ganado a pulso tratando, precisamente, de demostrar lo contrario, firmeza y contundencia. Cuando más rotundo es Obama, menos le cree la gente. No sé si estaré sobre la faz de la tierra para ver cuando el Spielberg de turno ruede un biopic de Obama, pero me gustaría verlo. Es una pena, pero tampoco estará Denzel Washington para interpretarlo.
Cualquier biografía que se escriba de él —me imagino que ya hay gente en ello— requerirá páginas y páginas de explicaciones, hipótesis, declaraciones contradictorias. El premio Pulitzer está garantizado para quien consiga dar coherencia a sus dos mandatos.


A los buenos y malos presidente, Obama ha añadido la categoría de los poco o nada fiables. Poco fiable pasó a ser Richard Nixon, al que según el viejo chascarrillo, nadie le compraría un coche usado. Pero me temo que a Obama algunos no se lo comprarían nuevo. Eso en un país que ve a su presidente como "comandante en jefe" y que valora sobre todo el liderazgo, cuyo requisito es la confianza, es grave. Eso es lo que muestran las encuestas. Quizá no tanto que no apoyen lo que les dice, sino que no sepan realmente qué están apoyando cuando le conceden su apoyo. Que esto ocurra en una segunda legislatura es más fruto de la experiencia acumulada que del desconocimiento de su presidente. No creo que desconfíen porque no le conocen, sino más bien por lo contrario; le conocen demasiado bien.
Por estas fechas de 2009, Gideon Rachman publicaba en Financial Times un artículo titulado "Obama must start punching harder" cuyo inicio era este:

Just five years ago, Barack Obama was still a local politician in Illinois, preparing for a run for the US Senate. His office wall in Chicago at the time was decorated with the famous picture of Muhammad Ali standing over Sonny Liston, after knocking him out in a heavyweight title fight. Ali famously boasted that he could “float like a butterfly and sting like a bee.” But now that Mr Obama is president, he seems to float like a butterfly – and sting like one as well.**


 Han pasado otros cinco años desde entonces y el reproche, de unos y otros, sigue siendo el mismo. El detalle de tener en el despacho la fotografía de Mohamed Ali y Sonny Liston me parece de cierta riqueza psicológica en el retrato de Obama como personaje. A Balzac le hubiera encantado el detalle y le hubiera dedicado varias páginas. Hoy algunos se preguntarán cuál de los dos "es" Obama. Quizá los dos.



* "Obama Faulted in Terror Fight, New Poll Finds" The New York Times 17/9/2014 http://www.nytimes.com/2014/09/18/us/politics/for-first-time-most-americans-disapprove-of-obamas-handling-of-terrorism.html
** "Obama must start punching harder" Financial Times 12/10/2014http://www.ft.com/cms/s/0/940c78c8-b763-11de-9812-00144feab49a.html#axzz3DdxOuszu







miércoles, 17 de septiembre de 2014

Amores que matan o la España cíclica

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La España cíclica es terriblemente aburrida. Cuando haces el ejercicio mental e higiénico de escribir todos los días te das cuenta de la monotonía "bovariana" con que pasa la vida ante tu ventana de plaza pueblerina. El espectáculo vuelve, vuelve y vuelve como si fuera la letra de una canción de estribillo fácil y machacón. Una y otra vez regresan los temas clásicos, los de siempre. Hay noticias y rituales. Con puntualidad regresan ciertos temas, como el paso de un cometa, previstos milimétricamente. Ya vuelven.
Veo —otra vez— los enfrentamientos por el Toro de la Vega y me aburro y deprimo porque una vez más el pobre animal caiga bajo las lanzadas brutales. Eterna monotonía del ciclo ibérico.
Lo que más te apena de esto, además del gozo bárbaro y degradante que implica, es lo que de espectáculo tiene. Esto no se hace solo para divertirnos nosotros, sino para que vengan otros a divertirse de la misma forma que construimos hoteles con piscina para que los tarados del norte se lancen por un balcón a estrellarse y dejarse la vida, o nos tiramos tomates para que vengan a tirárselos desde cualquier lugar del mundo. Pronto se enseñará en las clases de arquitectura a diseñar piscinas tentadoras que atraigan imbéciles o se estudiará el ADN del tomate para encontrar la máxima precisión en su lanzamiento, la mejor textura para el agarre. Hacemos esto apara llamar la atención. Lo único que toda España intentando llamar la atención es mucho llamar la atención. Para ello necesitan de la máxima difusión y esto crea alergias, como es mi caso, a esta continua promoción que transforma todo en reclamo.

El Toro de la Vega regresa como barbarie y como discusión que acaba mal. Regresa como los reportajes de cómo evitar quemarse al sol en junio y de la "vuelta al cole" en septiembre. Todo se convierte en repetición monótona en la España monótona, engullida por un gran bostezo. La España de pandereta se ha multiplicado hoy por la de todos los instrumentos regionales o locales. Convertidos en productos turísticos (destinos turísticos, dicen), luchamos por diferenciarnos unos de otros a base de gastronomía, castillos, paisajes, costumbres para encontrar nuestro público. Sin denominación de origen no eres nadie.
Me ha parecido un ejercicio gratificante de periodismo consciente —no solo hay que mirar impasible la barbarie, sino que es más consecuente dejarla en evidencia— lo que ha hecho Natalia Junquera en el diario El País. Que ellos se divierten, pues ¡hala, yo también!:

Elegido, un morlaco de 596 kilos, ha vivido media hora más gracias a los cerca de 300 detractores del torneo del Toro de la vega que se han encadenado, abrazado y sentado en plena calle en Tordesillas para tratar de impedir que los 45 lanceros inscritos (15 a caballo y 30 a pie) cumplieran su objetivo. "¡Venimos a evitar un asesinato!", decía Daniel, desplazado desde Mallorca. Más de 120 agentes de la guardia Civil y de la policía nacional tuvieron que llevárselos por la fuerza, agarrándolos de pies y brazos, a veces, entre cuatro. Por este motivo, el torneo comenzó con 30 minutos de retraso. Pero Elegido, pese a su prometedor nombre, cayó alanceado hacia las 12.30 por Álvaro Martín, de 28 años, que se dejó querer por las mujeres que le daban besos y prefirió ignorar a los lanceros que le acusaban de haber hecho trampas.
Tras insultarse mutuamente durante una hora larga —"¡Asesinos!¡Torturadores! ¡Cobardes!, "¡Perroflautas!", ¡Guarras!"...— protaurinos y antitaurinos se liaron a pedradas y se amenazaban con denuncias mutuas por agresión. Cuando Elegido apuraba sus últimos minutos, alguien incendió un paraje cercano, una zona protegida, según el alcalde, José Antonio González, del PSOE. El autor, según el regidor, ya ha sido detenido y pertenecía "al grupo de los que han venido a intentar boicotear nuestra fiesta".
Antes de morir, Elegido repartió cuatro cornadas. Los heridos fueron evacuados en ambulancia, uno de ellos grave, aunque fuera de peligro. "Es normal. Todos los años hay cogidas", explicaba un vecino.*


Creo que en esta sencilla y loable pieza de la España cíclica solanesca se resume muy bien lo que es nuestra condena actual. Esas grescas llenas de testosterona, de la España viril; esos galanes orgullosos acosados como héroes. ¡Qué éxito matar al toro! ¡Qué historia para contar a los nietos, ahora que ya no hay mili! El texto de Natalia Junquera se cierra logrando una palabras para estampar en camisitas, ¡qué digo!, para que las borden a manos madres y novias de estos recios mozos de lanza en ristre. Lo del toro, le dice, "es un ritual de gente que ama la naturaleza"*. ¡Cuánto daño hacen los relaciones públicas, los asesores de comunicación, ese primo de un concejal que estudió comunicación y al que a lo mejor di clase! Estos aman la naturaleza como el maltratador ama a su pareja. ¡Amores que matan!
Hemos escrito en otras ocasiones sobre estos momentos estelares de la vida nacional, verdaderos "episodios nacionales", en los que España se muestra en nuestra variante de la alfombra roja. A los concursos cosmopolitas playeros de agosto les sucede lo nuestro. Se te tiene que llenar la boca al decirlo: ¡lo nuestro! En septiembre afloran todos estos ejercicios de eras anteriores a la televisión, medievales, tiempos en que la gente se aburría y les daba por hacer estas cosas. ¡Quién iba a decir a nuestros ilustres ilustrados que el progreso no iba a consistir en acabar con la barbarie sino en rentabilizarla! ¡Eso sí que es amor!


Hace unos días, no sé con motivo de qué, salía el alcalde de Santillana del Mar diciendo poco más o menos que ¡qué era eso de tener cerradas las cuevas de Altamira! Que entraran cinco o veinticinco, pero que aquello no se podía tener cerrado. Como es obvio, la mitad del pueblo vive del hecho de que la cueva esté abierta. Sin cueva no hay futuro. Que no le vengan con monsergas sobre el deterioro. A este señor, por lo que parece, le dan igual las pinturas rupestres que el "Ecce homo" de marras, una especie de "santo súbito" del peregrinaje turístico. ¡Si hasta a Angela Merkel le han dado un paseo turístico promocional, cinco kilómetros de Santiago!
El turismo es una condena; una condena que nos da de comer, sí, pero una condena. También en las cárceles te dan tres comidas y, a lo mejor, un yogur los domingos. El turismo te condena a repetirte eternamente, a no ser tú sino tu marca. Es el determinismo visitante. Estas condenado a correr en julio delante de los toros en Pamplona, a quemar fallas y ninots en marzo, a mancharte los zapatos con alguna boñiga de caballo mientras das palmas por el Real de la Feria en abril. Y así, a cada uno lo que le haya tocado por su ADN y código postal: tirar tomates, comer churros, lanzar chupinazos, bendecir mascotas, una infancia traumatizada por rematar un castellet... Lo que toque.

El turismo convierte a los países en decorado y la cultura en objeto en serie para colgar en llaveros, estampar en camisetas y posavasos. Pero como produce mucho dinero y quien paga poco manda, pues ¡a aguantar! Si no que se lo digan a esos ciudadanos que se quejan de que los franceses, ingleses, alemanes e italianos les inundan sus calles llenas de establecimientos dispuestos a venderles bebida (eso es cultura) pero no toleran que nos la devuelvan en forma de orines y vómitos (eso es barbarie). Nosotros queremos que vengan a los hoteles que pagan impuestos, que se detengan a comer cada día en un restaurante distinto para repartir riqueza, que compren todo tipo de artículos, salgan de noche después de haber aprendido el lenguaje de señas para poder divertirse hasta altas horas sin molestar a los vecinos que, dado el calor estival, duermen con las ventanas abiertas. Queremos todo eso y que baje el paro y que Rajoy Mas se entiendan. Bueno, y que un equipo español gane la champions. ¡Puestos a pedir!
Lo malo es que el turismo es ya lo fácil en comparación con otros países posibles y deseables. Se han perdido las aspiraciones con la obsesión turística, que tiene unos efectos deformadores profundo en la superficie (todo es vendible) y en las mentalidades. Ser potencia turística está bien para el que se beneficia de ello y son muchos, pero hay que tener otras aspiraciones que no entran, hoy por hoy, en nuestros responsables políticos, que ven en el turismo y en las celebraciones de eventos la forma de recaudar y emplear. Pero si no vamos más allá, nos condenamos a seguir dando estos espectáculos de barbarie por el simple hecho de que atraen gente a los pueblos. ¿No hay otra forma? Probablemente sí, pero esta es la más fácil. 
Mucho me temo que si los organizadores de la tortura turística del pobre Toro de la Vega en Tordesillas descubren que acuden más visitantes a protestar y que estos también dejan dinero al pasar por el pueblo, el año que viene se sacrifiquen más toros para aumentar las protestas.
La periodista de El País nos orienta en ese sentido:

El número de visitantes ha sido muy parecido al del año pasado, según el alcalde, unos 40.000, y el de detractores ha aumentado. González les acusó de echar aceite en parte del recorrido que iban a hacer el toro, los caballos y los participantes en el torneo, "con el riesgo de que se hubiera producido un accidente grave". Preguntado por si le pedirá a su partido, el PSOE, que vote en contra de la proposición de izquierda Plural para abolir el Toro de la Vega, el regidor ha contestado: "Le pido que sea un partido razonable y respete la libertad del pueblo".*

¡Libertad, lástima de palabra! El pueblo votará al que le garantice que esos 40.000 visitantes del turismo sangriento vendrán cada año. El que llegue al poder nunca lo hará con un programa para prohibirlo. El político quiere votos y le da igual lo que le pase al toro. Los toros no votan. Los visitantes tampoco, pero los que ganan dinero con ellos sí. No elegimos a la gente de más sensibilidad, inteligencia o principios, sino a los que van a hacer lo que nos viene mejor.
El año que viene, más.



* "Protaurinos y antitaurinos se lían a pedradas en el Toro de la Vega" El País 16/09/2014 http://sociedad.elpais.com/sociedad/2014/09/16/actualidad/1410853368_972805.html