domingo, 4 de mayo de 2014

Medios y política

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El diario El País recogía en su edición digital del primero de mayo un artículo del profesor Víctor Lapuente Giné, del Instituto para la Calidad de Gobierno de la Universidad de Gotemburgo, con el título "Una mirada crítica a nuestro periodismo". Ayer se celebró el Día Mundial de la Libertad de Prensa y siempre es bueno dedicar espacio y tiempo a reflexionar sobre el estado de nuestro sistema informativo, aquel en el que nos sumergimos todos los días, en sus virtudes y defectos, pues dejarlo lejos de una visión crítica no trae nunca buenas consecuencias. Para poder ser crítico y valiosamente informativo, el mundo periodístico debe ser primero rabiosamente crítico consigo mismo. Es la forma más lógica y fiable para cumplir con la tarea que tiene asignada.
Coincidimos con la práctica totalidad de lo expuesto por el profesor Lapuente y mucho de ello lo hemos resaltado en diversas ocasiones anteriores como defectos del sistema que es necesario poner sobre la mesa para el mejor funcionamiento. Lapuente señala un primer problema "estructural", consistente en la polarización de los medios, que buscan una orientación política definida, lo que da una superposición entre el espectro político y el mediático y, como añadido lógico, la falta de pluralidad interna de los propios medios. Ambas cuestiones son las dos caras de una misma moneda: el ajuste externo a los partidos exige y obliga a la falta de pluralidad interna en los medios.


En España no hay prensa de partido porque los partidos se han colado en la prensa. Pueden repasarse la hemerotecas para comprobar los bandazos dados por los diferentes medios en función de los cambios producidos tras las distintas elecciones. Los partidos están ahí, como voz que transita por la información política, económica, etc. Los medios se convierten así en portavoces incumpliendo su función necesariamente autónoma y crítica, la que el ciudadano necesita para tener un mejor conocimiento y tomar sus propias decisiones.
Esto nos lleva directamente a la segunda cuestión, al problema que Lapuente Giné considera más grave:

Pero el problema más fundamental de nuestro periodismo es la visión “sacerdotal” de su trabajo que tienen los profesionales de la comunicación. Un problema independiente de la estructura de los medios de comunicación, pues se da también en la teóricamente más libre prensa digital. La visión sacerdotal induce a tres sesgos: 1. El periodista prioriza las declaraciones de los políticos a costa de asuntos sustantivamente más relevantes. 2. Cuando trata asuntos sustantivamente relevantes, otorga demasiada responsabilidad sobre el devenir de los mismos a los políticos, vistos casi como seres omniscientes y omnipotentes, a expensas del papel de otros actores clave (como usuarios, profesionales o expertos). 3. El análisis periodístico de la noticia tiende a construir discursos abstractos en lugar de un contraste de alternativas políticas concretas y factibles.*


Son todos ellos elementos que hemos considerado aquí en diversas ocasiones calificándolos, sin medias tintas, de "males". Pero esos "males" del Periodismo son a la vez "carencias" sociales dado el papel que los medios juegan dentro del conjunto de la vida política. No hay sociedad democrática sin "política" abierta a los ciudadanos. Cualquier intento de sectorializar la vida política —crear castas o clases— van en detrimento de sus libertades. Si son los ciudadanos los que se alejan de la política, lo que hacen en realidad es dejar el terreno libre al conformismo y renuncian a su capacidad de decisión. Gobernar es gobernar para y con los ciudadanos; lo demás es vivir en un falso estado de necesidad que la casta necesita para justificar sus acciones alejándose del refrendo o convertir la vida política en un calculado escenario mediático.
La confusión de base, la creencia en que son los partidos los que hacen la política no es más que un error acumulado que lleva al enterramiento de los principios básicos y cuyo efecto más visible es la mayor desafección ciudadana hacia políticos y partidos. Y, por ende, desafección también hacia los medios de información que apuntalan esta variante del sistema, la portavocía.


La trayectoria histórica de nuestra democracia se entrecruza con la otra transición, la de los medios en la crisis abierta en la "sociedad de la información". La prensa española en su conjunto se redefinió durante la transición, con la llegada de medios nuevos y el desmantelamiento de los viejos del sistema político anterior. Nuestro sistema informativo, en este sentido, es relativamente joven, con algunos medios históricos. En el panorama audiovisual, por ejemplo, la aparición de los canales autonómicos y privados de televisión, son más recientes. Los canales autonómicos de televisión, por ejemplo, reflejan perfectamente las tensiones políticas e informativas.
La única forma que los medios tienen de cumplir su función es alejarse de la dependencia política, que sería el primer problema, el estructural, señalado por Lapuente. Esto, sin embargo, no es fácil tanto por causas internas (su voluntad de hacerlo y ser independientes) como por causas externas (dependencia económica y politización partidista de las audiencias propias).


La crisis del modelo de información coincide con la crisis del modelo de representación. Ambas pueden tener orígenes distintos, pero entrelazan sus destinos reforzándose política e información la una con la otra. En la "sociedad del espectáculo", la política corre el riesgo de convertirse en espectáculo, si no lo es ya. Desgraciadamente la reflexión sobre esta cuestión es nula tanto en un campo como en otro. Hoy lo políticos dependen de sus asesores de comunicación más que de cualquier otro, pues es por estos por los que pasa todo. Son los mediadores finales, lo que diseñan y estudian qué se quiere escuchar y establecen la agenda.

Nuestras democracias varían al cambiar el modelo de la comunicación que se da en ellas, puesto que este establece la forma de los intercambios e interacciones sociales. Si los sistemas políticos estaban determinados —y lo siguen estando en muchos países— por los niveles educativos o de alfabetización, esenciales para la recepción de la información), los medios de comunicación añaden también su propio determinismo al conjunto configurando los modelos de público.
La información se ha convertido hoy en un "producto" masivo y como tal circula. Es mercancía por sí misma y no solo información sobre el mundo; la información es acción. En un mundo global y mediático, la información es una manera de orientar voluntades masivamente, mucho más allá de lo que las élites bien informadas podían estar en el pasado con los medios tradicionales. Hoy asistimos a un doble proceso la centralización y la descentralización simultánea de la información. Los medios se agrupan, por un lado, y las fuentes se multiplican, convirtiendo a la sociedad en su conjunto en receptora y emisora con inmensos públicos potenciales y reales. Los escándalos políticos saltan antes en YouTube (Turquía) o Twitter que en las cadenas televisivas o en la prensa, medios mucho más controlados y sumisos. La proliferación de suspensiones a la turca de los medios sociales (Erdogan versus Twitter y YouTube) son muestras de estos desajustes frente a los medios sociales, reservando las leyes "mordazas" (de Ecuador a Venezuela o Rusia) para los tradicionales.


Los medios tradicionales, como los propios partidos y los políticos mismos, sufren hoy de desafección, término de moda para explicar esa falta conjunta de valoración y credibilidad que ambos padecen en muchos sectores. La cuestión es que ese tándem formado por ambas instituciones no están ampliando su eficacia, sino por el contrario erosionando los dos territorios, el de la política y el de la información. Y ambos son necesarios; es necesario recuperar su función para la mejora del conjunto del sistema social. Para ello es necesaria la reflexión crítica tanto en los medios como en los partidos. ¿Son conscientes ambos de ello? Creo que no. 
El problema es real y va más allá de nuestras fronteras. Es una crisis profunda que hace que con el incremento de la información disminuya la credibilidad. Lo mismo ocurre con la actividad política, que se multiplica de forma hiperactiva sin conseguir ganar el aprecio ciudadano que se siente defraudado por sus políticos.

* "Una mirada crítica a nuestro periodismo" El País 1/05/2014 http://elpais.com/elpais/2014/04/25/opinion/1398439742_940322.html








sábado, 3 de mayo de 2014

La angustia

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
En muchas ocasiones, cuando se produce catástrofes, los medios dirigen su mirada hacia los vivos para plasmar su dolor. Son los que viven la angustia de las situaciones de incertidumbre, las esperas del rescate, la ausencia de noticias. Eso ha ocurrido en estos días con los familiares de las víctimas del avión malasio desaparecido y con los del ferry surcoreano hundido con cientos de jóvenes. 
Hay un dolor que acompaña a las muertes, al desastre, pero la angustia supone el añadido de un estado de espera que puede llegar a ser insufrible ante la ausencia de un final, de un cierre que no acaba de permitir que el dolor siga su cauce, sino que lo acrecienta estancándolo. Es una estado terrible de agonía sin final.
En el caso del avión desaparecido, hemos visto todo tipo de reacciones ante un hecho que todavía hoy carece de explicación o, al menos, no se nos ha hecho llegar. Se ha notificado a las familias que ya no se les seguirá pagando los hoteles en los que se encuentran alojados a la espera de información. Simplemente, no hay noticias. Nos dicen que aunque las compañías de seguros han comenzado a pagar las indemnizaciones, hay familias que se niegan a cobrarlas. Se niegan a aceptar lo que les parece un mal sueño que se prolonga hasta el infinito.


En el caso del ferry surcoreano, la angustia se ha vivido de un modo muy diferente. Los familiares han sido trasladados hasta el lugar en el que el barco se encuentra semihundido. Saben que los cadáveres de sus hijos están dentro y deben vivir esa proximidad como una terrible espera, también con días eternos, con la angustia de que cada recuperación de un cuerpo pueda ser la que traiga algo de paz final. Pero el dolor y la angustia puede llegar a ser tan intolerable como en el caso del suicidio del subdirector del instituto del que eran los alumnos que iban en la excursión. Fue rescatado con vida del ferry, pero esa vida ya no le merecía la pena. El dolor, la responsabilidad y el tener que afrontar las miradas críticas de los padres fue demasiado.
Es muy difícil ponerse en el lugar de los que sufren esos sentimientos por más que nos solidaricemos con ellos. Es una experiencia terrible. En España tenemos la solidaridad constante con la familia de Marta del Castillo sometida, además de al dolor de la pérdida, a la infamia constante a la que los someten los responsables de la desaparición.


La ira que se genera en cada caso se dirige hacia las autoridades de las compañías, a los gobiernos, a cualquiera que se ponga delante sin tener una explicación o que traiga una noticia de consuelo. Pero la ira no libera de la angustia de la espera, no la descarga, sino que consume las energías que van quedando.
En estas semanas ha habido otro caso de angustia terrible, muy diferente. Me refiero al caso de las niñas secuestradas en la escuela de Nigeria por Boko Haram, el grupo islámico terrorista, del que han pasado ya más de dos semanas sin resolverse. El diario El País lo contaba entonces así:

“Más de 100 estudiantes de nuestro instituto público de secundaria en Chibok han sido secuestradas”, señaló sobre el incidente Audu Musa, que enseña en otra escuela de la localidad, a 140 kilómetros al sur de la capital del Estado, Maiduguri. Musa añadió que había visto ocho cadáveres en el área este martes por la mañana, sin poder averiguar la identidad de las víctimas. “Las cosas están muy mal aquí y todo el mundo está preocupado”, explicó. Una de las estudiantes del internado explicó, amparada en el anonimato, que los terroristas, que irrumpieron en el centro mientras las niñas dormían, saquearon la despensa y las reservas de combustible y abandonaron el lugar a bordo de varios camiones cargados con las rehenes y las provisiones.
Con el secuestro de las menores, Boko Haram encadena tres ataques consecutivos de impacto. El domingo causó al menos 98 muertos en tres localidades del mismo Estado, Borno. El lunes, perpetró una matanza, que dejó al menos 71 muertos y 124 heridos, en una terminal de autobuses a las afueras de Abuya, repleta de pasajeros que se dirigían a sus puestos de trabajo en plena hora punta de la mañana. Horas después, hombres armados presuntamente pertenecientes al grupo perpetraron el secuestro.*


La angustia de las familias difícilmente puede ser descrita. Los casos del avión y del ferry pueden ser apuntados a la fatalidad o la imprudencia, pero no es este el caso de las jóvenes nigerianas, secuestradas por los miembros brutales de la organización terrorista. Han sido arrancadas a sus familias porque estos infames no tienen bastante diversión con su misión de extender la muerte por donde pasan. Necesitan, como excitados guerreros de su credo, mujeres para su reposo y solaz.
No es casual el hecho de que asalten las escuelas femeninas. Boko Haram significa "la educación occidental es pecado", nos comenta El País. Son iguales que los terroristas talibanes que dispararon sobre Malala, enemigos de la educación y de las mujeres, meros utensilios. Lo peor de esta brutalidad son sus ajustes mentales. Estos "guerreros santos", criminales sin paliativos, creen actuar esparciendo el bien, porque ¿qué mayor dignidad para esas jóvenes que ser elegidas para alegrarles el lecho?, ¿qué mayor bien se les puede hacer que alejarlas de la fuente del error y del pecado, de la educación que reciben?


En fechas más recientes, las cifras de las desaparecidas en el secuestro han aumentado hasta llegar a las 230 muchachas. Lograron escapar 43. A unas las han obligado a "casarse" a otras las han vendido fuera del país, según señalan diversas fuentes. La publicación digital Te interesa recoge las informaciones de la BBC:

Las menores secuestradas hace dos semanas en el norte de Nigeria han sido vendidas al extranjero, según denuncian sus padres. En una noticia publicada por la BBC, un gobernador local asegura que ha habido "avistamientos" de los terroristas con las menores cruzando la frontera con Camerún y Chad.
Bitrus, autoridad local en Chibok, donde fueron raptadas las estudiantes, añade que algunas de las menores habrían sido obligadas a casarse con sus captores. "Es un tipo de esclavitud medieval", explicaba el líder local.**


Los convoyes cargados con las muchachas han sido rastreados por los llantos y gritos que se escuchaban a su paso. Terrible caravana de dolor y vergüenza. La impotencia ante estos casos causa indignación y desesperación en las familias. También, como en los casos del avión y el ferry se acusa a las autoridades de mentir, de no hacer nada. En este caso la situación es distinta: son los padres los que dan información a las autoridades y no al contrario.
Las familias no se han resignado ante la inactividad del gobierno sino que algunos se han lanzado a la busca de sus hijas:

Las informaciones en Nigeria hablan de que mucho padres ya han perdido la esperanza de volver a ver a sus hijas y relatan que las niñas están cautivas en un bosque llamado Sambisa, un terreno muy difícil que ha sido un refugio de los radicales de Boko Haram. Algunos padres han demostrado que están dispuestos a morir por encontrar y rescatar a sus hijas y desde el pasado fin de semana han empezado a buscarlas por la selva internándose con motos en el bosque de Sambisa. Algunos llegaron a conseguir pistas porque en un poblado les aseguraron que habían visto a muchas adolescentes recogiendo agua en un arroyo, aunque les advirtieron de que adentrarse sin armas en la zona era muy peligroso.***


Es difícil resignarse ante la muerte de los familiares, pero es más difícil hacerlo sabiendo que están vivas, que su sufrimiento continúa en algún lugar perdido, en manos de estos criminales. La angustia de la incertidumbre tiene muchos grados, el dolor muchos peldaños.
Dicen que la percepción del tiempo depende de los estados de ánimo. El tiempo se detiene ante situaciones de este tipo en las que nadie puede ponerse, por más que lo intentemos. Solo nos queda la solidaridad, desear que se acabe lo antes posible la angustia —no su dolor, que les acompañará siempre— de las personas cuyas vidas han quedado rotas por acontecimientos como estos.



* "Boko Haram secuestra a más de 100 niñas de una escuela en Nigeria" El País 15/04/2014 http://internacional.elpais.com/internacional/2014/04/15/actualidad/1397576564_628164.html
** "Las niñas secuestradas en Nigeria han sido trasladadas al extranjero" Te interesa   29/04/2014 http://www.teinteresa.es/mundo/ninas-secuestradas-Nigeria-vendidas-extranjero_0_1129089301.html 
*** "El Gobierno sólo nos dice mentiras, queremos que liberen a nuestras niñas"  Te interesa 22/04/2014 http://www.teinteresa.es/mundo/ninas-nigeria-boko-haram-secuestro-padres_0_1124889241.html







viernes, 2 de mayo de 2014

La buena pseudoeducación

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El diario El País nos trae una entrevista con Mario Bunge, filósofo de la Ciencia. Bunge es un argentino emigrado por motivos políticos que acabó asentándose en Canadá, de cuya Universidad McGill sigue siendo profesor emérito. Tuve conocimiento de Bunge en mis años de estudiante por las citas frecuentes que de él hacia uno de nuestros profesores durante las clases, lo que me llevó no a huir de él, como suele ocurrir, sino a acercarme a alguna de sus obras, Teoría y realidad, creo recordar. Lo digo como loa al profesor —que falleció unos pocos años después, una verdadera pérdida para nuestra Facultad— porque entonces era poco frecuente que nos ofrecieran la posibilidad de ir desarrollando una asignatura mediante la lectura y entrega de un trabajo posterior por cada uno de los temas del programa, que no eran pocos.
Cuento esto porque me han llamado la atención sus palabras en la entrevista de El País cuando se le pregunta sobre lo que ha sido una de sus obsesiones en gran parte de su vida, las "pseudociencias":

R. Hay algo paradójico. Cuanto mayor es la educación de una persona tanto más dispuesta está a creer en seudociencias, porque se entera de su existencia. La paradoja es que la educación, tal y como está, en vez de hacer que la gente piense en forma científica hace que se vuelva más supersticiosa. Es muy común encontrar especialistas científicos que se hacen tratar por psicoanalistas o por homeópatas.
P. ¿Qué se puede hacer?
R. Hay que cualificar la manera de enseñar, que sigue siendo muy dogmática. Se enseñan ideas pero no se enseña a discutirlas. La finalidad de la educación es educar, no evaluar. Claro que necesito saber si el trabajo ha sido eficaz o no, hace falta alguna manera de evaluar, pero no con los exámenes, que solo valoran la memoria y hacen que el proceso de aprendizaje sea aterrador en vez de ser agradable y hasta excitante.*

El estilo —probablemente también la personalidad— suele ser contundente y muchas veces parco en su explicaciones. Es comprensible que el poco espacio para las respuestas obligue a la brevedad y que quizá queden algunas cosas demasiado en el aire. Es cierto que el aumento de una mala "educación" forma personas desequilibradas en su forma de pensar el mundo. Conozco casos claros. Si aceptamos que la educación es mala, el planteamiento de Bunge supone que una mayor cantidad de educación implica una mayor acumulación de defectos. Y una educación que nos lleva a las pseudociencia solo es una pseudoeducación, por muy eficaz que resulte en otros terrenos.
Parece establecerse una distinción en la que los ignorantes están abocados a la superchería (el tarot, por ejemplo) mientras que los educados lo estarían a las pseudociencias y similares. Los que estuvieran "correctamente educados", en cambio, podrían disfrutar de una vida dedicada a la búsqueda de la certeza, del cálculo riguroso en cada cuestión que se plantearan.
Podría deducirse que existen zonas de creencia en todos los niveles. Cada uno estaría expuesto a lo que se acepta en el nivel correspondiente, ya sea por modas o por cualquier otro mecanismo de mimetismo o interacción social. Para Bunge, que trabaja desde una lógica radical, esto es inaceptable. Pero está ahí.


Cuando se le pregunta por la solución a este problema, Bunge dirige sus palabras tajantes a la manera de enseñar, que ciertamente es una parte importante del "problema". Entrecomillo la palabra porque entiendo que la "otra parte" del problema son los que no lo consideran un problema.

La coexistencia de las zonas racionales y las pseudocientíficas aunque se aumente la cantidad de educación implica desde la existencia de verdaderos negocios con la ignorancia hasta el desinterés profundo por todo aquello que no esté circunscrito al ámbito de la actividad específica para la que se forma. Esto es patente en cualquiera que pise un aula y tenga un mínimo de sensibilidad al respecto; las lagunas son inmensas. Se desprecian muchas cosas por no considerarse pertinentes, cerrando cada vez más las posibilidades de un pensamiento crítico desde fuera de las propias disciplinas. Al final eres esclavo de lo que te han enseñado.
Una sociedad que concibe la educación desde la perspectiva industrial de la producción —como lo es la nuestra— solo se preocupa, por mucho que se diga, de los resultados externos y no de las mentalidades resultantes del proceso educativo. La rentabilidad de la educación se busca en función de sus propios objetivos finales. Valoramos lo valorable y lo valorable es lo que nos interesa que sea valorado. Lo demás queda fuera como tiempo perdido, como gasto inútil.
La educación es más que el sistema educativo, que no es más que la concreción del diseño que la propia sociedad estima como conveniente para sus objetivos, su organización para unos fines. No es por tanto algo independiente, sino profundamente dependiente de nuestros propios valores, que nos parecen obvios, claro, respecto a nuestros objetivos. ¿Educar para qué?, es la cuestión. Las respuestas nos la dan todos los días la patronal y los ministros de educación.


Habla Mario Bunge del papel de la curiosidad. Lo "agradable" y "excitante" de la satisfacción de la curiosidad a través de la Ciencia puede ser desviado hacia otros objetivos de gratificación muy diferentes. La curiosidad y el placer que proporciona su resolución son mecanismos evolutivos que están en la base de la Ciencia porque lo están en la propia naturaleza humana. Pero la división del trabajo ha hecho que unos satisfagan su curiosidad y otros se limiten a disfrutar de sus resultados mientras se dedican a otras cosas. A nadie escandaliza hoy que personas con instrucción superior crean en pseudociencias porque la pregunta "¿es verdad?" se sustituye por la de "¿es rentable?". La educación no nos saca de las creencias, nos redirige selectivamente hacia unas u otras.
En estos días se ha desatado un polémica relativa sobre la cualificación para la enseñanza, señalando algunos que "cualquiera no puede enseñar". El debate, como siempre, se lleva por los derroteros corporativos y así se evita llegar a la cuestión final que es la tecnificación de la enseñanza, en consonancia con otros muchos sectores sociales, que se ven sometidos a procesos similares.


Lo grave del caso de la educación es que una vez tecnificada la enseñanza, se nos pide que el sistema produzca individuos creativos, verdaderamente educados, que no se dejen seducir en paralelo por muchas cosas que les ofrecemos.
La sociedad no se rige por la verdad. Ninguna lo ha hecho. El sueño científico racional de Bunge, como lo fue la república de filósofos de Platón, no deja de ser una utopía. Ni en la república platónica la verdad era accesible para aquellos destinados a otras funciones, como ocurre en los hormigueros correctamente diseñados. Las sociedades no solo se controlan por la ignorancia, sino esencialmente por las creencias, que son ficciones que no pueden ser desmontadas por los que las viven. Las creencias también producen gratificación profunda, pues la satisfacción no viene de la "verdad" sino de aquello que simplemente nos lo parece y nada es tan firme como una creencia bien agarrada.
Es más fácil morir por una creencia que por una verdad, y la sociedad avanza en el control racionalizado de las creencias a través de sus propias "ciencias" o "semiciencias" (como llama Bunge, por ejemplo, a la Economía durante la entrevista), que desde el siglo XIX empezaron a observar la sociedad de forma más o menos sistemática. El hecho de no encontrar un modelo correcto no implica no quererlo ni renunciar a lo más fácil: modelarla.



Discrepo con Bunge sobre lo que expresa de la Historia:

La historia es mucho más científica que la cosmología. El buen historiador busca y da evidencia de prueba, a diferencia de los cosmólogos fantasistas, como Hawking. La historia es la más científica de las ciencias sociales.*

También hay historiadores "fantasistas", muchísimos, con la diferencia enorme que las fantasías de Hawkins no tienen porque hacer daño a nadie, mientras que las del historiador "fantasista" pueden llevar a la guerra o a invadir Crimea, por poner un ejemplo reciente, o a romper un país. Las discrepancias cosmológicas no suelen acabar en guerra; las de los historiadores con frecuencia sí. No tienen porque ser ellos directamente; basta con que los lean. La crisis profunda de la Historia como disciplina ha hecho que los propios historiadores hayan tenido que extremar sus métodos y reflexiones para apuntalar el edificio, siempre en precario equilibrio y con peligro de grietas. Y eso lo sabe Bunge perfectamente.
El debate sobre la educación es mucho más amplio que recortes o formación del profesorado, autobuses escolares, comedores, becas y demás cuestiones que son importantes y están en boca de todos. Los modelos, en cambio, quedan generalmente fuera de discusión y siguen su paso firme arrastrándonos a todos. El problema no es la mala educación, que se detecta rápidamente; la verdadera cuestión es la de la "buena pseudoeducación", aquella que damos por buena para ciertos fines, pero se olvidan de otros. Si la finalidad de la educación, como señalaba Russel siguiendo a los ilustrados, era la autonomía, la pseudoeducación no lo hace. Nos hace ser eficientes en un sentido y dependientes en otro.
  

* "Mario Bunge: “Hoy día la ciencia asusta tanto a la izquierda como a la derecha”" El País 1/05/204 http://cultura.elpais.com/cultura/2014/05/01/actualidad/1398972625_636895.html




jueves, 1 de mayo de 2014

El plátano universal

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
En estos días de celebración futbolística española, el punto que atraía las miradas y comentarios de la prensa internacional era el "plátano" lanzado al jugador del Fútbol Club Barcelona durante su encuentro con el Villarreal. Celebraban la llegada a las finales, pero lo que hace dos días tenía en pantalla una cadena tras de otra —Fox, BBC, CNN...— eran los comentarios sobre la relajación del deporte español en estos casos. Fotografías para los goles y editoriales y debates para el plátano y lo que esconde. El orgullo de las victorias, la vergüenza de las actitudes.
La cuestión del racismo se puede plantear en diferentes niveles, a veces de una forma un tanto hipócrita, porque se establecen niveles o categorías, unas más amplias que otras como reduciendo el fenómeno al espacio o la actividad. "Racismo en el deporte" es más amplio que "racismo en el fútbol" o que "racismo en el campo del Villarreal" —que, por cierto, ha expulsado al lanzador de plátanos de por vida—. Todas estas categorías son como muñecas rusas, unas dentro de otras, hasta llegar a la más grande del "racismo en España". Los titulares establecen unos llamativos "racismo en España" con las preguntas consecuentes: "¿hay racismo en España?". El propio Dani Alves ha tenido que responder a esta cuestión en la que el lenguaje se ajusta poco o mucho a la realidad de la que se quiere hablar. En su entrevista con BBC Brasil, el jugador del Barcelona ha matizado sus palabras:

Este martes, Alves le dijo a la prensa brasileña que hay racismo en España, declaraciones que fueron refutadas por el entrenador de la selección española, Vicente del Bosque, y el presidente del Villarreal, Fernando Puig.
"Yo no generalizo. No quise decir que España es racista, pero sí hay racismo en España porque lo sufro en campos"
En varias conferencias de prensa sobre esta cuestión, Del Bosque y Puig respondieron que en España no hay racismo y que se trata de casos aislados.
"Yo no generalizo. No quise decir que España es racista, pero sí que hay racismo en España porque lo sufro en campos (de fútbol) diferentes. No fue un hecho aislado", aseguró Alves.*

Con este tipo de polémicas —en las que ambos tienen razón porque no es fácil poner cantidades tras las palabras—, se desvía la cuestión principal, que son las acciones de respuesta ante los hechos. No tiene mucho sentido pensar que ese plátano ha sido lanzado por cuarenta millones de españoles, algo absurdo, o que el que lo lanzó es el único tarado que existe en este país con intenciones de insultar, algo ingenuo.
Lo que ha hecho el Villarreal es correcto. Ha tomado medidas inmediatas para que al siguiente que se le ocurra una idea semejante se lo piense mejor. Pero con el racismo es muy peligroso dejarlo reducido todo a un incidente esporádico, a un chistoso con maldita la gracia. Cualquier acto de corte racista o xenófobo siempre refleja una mentalidad y un estado de cosas. No hay que evitar que la gente lance plátanos por temor a las sanciones, sino porque es una infamia. Sin más.
El racismo se combate con ejemplaridad y, sobre todo, con mucha educación y un gigantesco dedo social que señale denunciando. Eser dedo ha sido el mismo plátano insultante, convertido en arma contra el racismo, para delicia de los semiólogos.
Lo peor siempre es relativizarlo o considerarlo un hecho sin trascendencia. Todo insulto racista es trascendente porque muestra una tara social e individual. El racista no ha nacido así, sino que se ha formado en un entorno  —ya sea familiar, escolar, laboral o de otro tipo— en el que se le ha enseñado y alentado a manifestar esos comportamientos. Se le han reído las gracias racista, forma de atenuación. El racista deja caer con humor las cosas o las lanza, como el plátano.


Cuando Alves dice que lo padece en distintos campos y él lo sabrá. Cuando a uno le insultan, percibe el racismo; la cuestión está en cómo lo ven los demás: ¿como un chiste o broma? ¿como una chiquillada? ¿como un déjalo pasar que es un tontería? Esta es realmente la cuestión. Cómo se sienta Alves o cualquier otro cuando se le insulta es de imaginar, pero la cuestión social es cómo nos sentimos nosotros, los otros, los que estamos aquí, en este espacio, seguros de no ser insultados.


La reacción de la NBA ante los desprecios racistas sostenidos en una conversación privada por un millonario octogenario, prepotente y bocazas, dueño de un equipo, ha sido fulminante: No me refiero solo a que le hayan expulsado de por vida, sino especialmente a los discursos, comentarios y explicaciones que han realizado desde todas las instancias, deportivas y sociales, señalando el profundo desprecio que les merece las palabras del millonario. No sé si a él le importa, pero a los demás sí y mucho.
Cuando se insultó en Italia a la ministra Cecile Kyenge y en Francia a la ministra Christiane Taubira, señalé que pasaban a ser automáticamente "mis ministras", a formar parte de "mi particular" gobierno bajo el que me siento orgulloso de estar, aunque no pueda votarlas personalmente, que es lo de menos. Tenía razón Christiane Taubira cuando dijo que el racismo era un "ataque al corazón de la República". Es cierto porque con el racismo echa por tierra todos los demás derechos universales al establecer que no somos iguales y que unos son inferiores a otros, merecedores de insulto y desprecio. Lo que desprecian, sin duda, son los valores de todos.
Por eso, en vez de minimizar las cosas, hay que reaccionar como lo han hecho en la NBA, sin importarles que fuera el millonario propietario de un club. No hay racistas pequeños o grandes. Lo que es mayor o menor es la tolerancia, que debe ser siempre "cero". Con el racismo, la xenofobia o el sexismo, no hay chiste gracioso, ni acción esporádica porque todo se convierte en caldo de cultivo. Lo que se deja pudrir, se pudre.


El partido que insultó a la ministra Tuabira, el Frente Nacional, ha recibido el refrendo de los votos crecientes de su electorado. Los que llevan la bandera de Francia en su mano y su santo nombre en la boca son los que pisotean su espíritu republicano, porque como bien señaló la ministra, "el racismo no es una opinión; es un delito". El racismo no es un hecho, es una puerta abierta; por ella van saliendo y entrando muchas otras cosas. Francia también padece una epidemia antisemita preocupante. Lo que se deja crecer, crece.
En un gesto de aburrimiento y hartazgo, Dani Alves tuvo la genialidad irónica de comerse el plátano. Solo con eso ya demostró su superioridad moral respecto al lanzador bananero, que es quien vive realmente en su jaula mental, pendiente de que le echen cada día unas risas por sus gracias. Estos días mucha gente se ha dedicado a comer plátanos en público en programas de televisión o a fotografiarse haciéndolo y mandando las imágenes por las redes sociales.


La notoriedad alcanzada por el deporte español hace que el infame gesto del lanzamiento y el gesto de Alves de comérselo haya tenido trascendencia mundial. El primer ministro italiano, Matteo Renzi, se ha fotografiado engullendo plátanos. La ONU se ha manifestado al respecto, la presidenta de Brasil y, como señalé al principio, las cadenas de televisión y periódicos de todo el mundo. Las islas Canarias, productoras españolas de plátanos, han reaccionando pronto convirtiendo su producto estrella en un grito contra el racismo; hay que devolver su dignidad robada a la fruta, que no tiene culpa de nada.


Están muy bien los gestos. Pero no me acaba de convencer el argumento de que se trata "simplemente" de "apoyar" a la persona insultada porque —insisto— junto al insulto que se le ha hecho yo también me siento insultado no de forma solidaria sino absolutamente directa. Hay que defender a todos los que son insultados porque con ello nos defendemos nosotros mismos. El lanzador de plátanos nos ha insultado a todos.
No basta con mostrar solidaridad como el que da el pésame ante lo irremediable. Hay que tener firmeza y el compromiso de que en nuestras manos está corregir estas actitudes denigratorias para la sociedad que las consiente.




* "Dani Alves defiende #SomosTodosMacacos: "Sí que hay racismo en España"" BBC Mundo http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2014/04/140430_cultura_alves_racismo_futbol_entrevista_aa.shtml