viernes, 17 de julio de 2026

Trump y la duda electoral

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

La fiabilidad de los sistemas electorales de cada país es un elemento clave. Cuestionarlos solo siembra dudas y crea inestabilidad. Este cuestionamiento, la posibilidad de fraudes electorales que pongan en duda los resultados y, por lo tanto, a los electos es de enorme gravedad.

Donald Trump ha jugado con esas insinuaciones (afirmaciones, realmente) desde  que tuvo que salir de la Casa Blanca tras su primer mandato. El asalto armado al Capitolio tenía ahí su "fundamento": Joe Biden habría cometido fraude en las elecciones presidenciales y eso "justificaba" el asalto a manos de sus seguidores.

Ahora, con unas elecciones de medio mandato próximas y con su popularidad en declive, Trump vuelve a la carga. En 20minutos nos describen la nueva situación: 

El presidente de EEUU, Donald Trump, ha vuelto a colocar sus acusaciones de fraude electoral en el centro de la política estadounidense. En un inusual mensaje a la nación desde la Casa Blanca, el presidente ha cuestionado la integridad del sistema de votación de Estados Unidos, ha comparado su funcionamiento con el de países del "tercer mundo" y ha acusado a China de haber interferido en los procesos electorales desde 2020. El discurso ha llegado a pocos meses de unas elecciones de medio mandato en las que estará en juego el control del Congreso.

Trump ha anunciado la desclasificación y publicación inmediata de información de inteligencia que, según ha sostenido, ha revelado "vulnerabilidades alarmantes" en la infraestructura electoral del país. El mandatario ha presentado la divulgación como una prueba de que el sistema ha estado expuesto a ataques informáticos, explotación de datos e injerencias extranjeras a una escala hasta ahora desconocida. Sin embargo, los documentos publicados, parcialmente censurados, no han respaldado con la misma contundencia las conclusiones que ha extraído el presidente.

La principal acusación ha apuntado a China. Trump ha asegurado que Pekín ha llevado a cabo "la mayor filtración de datos electorales de la historia" y se ha apropiado ilícitamente de unos 220 millones de registros de votantes estadounidenses. El presidente ha descrito esa supuesta operación como "una pesadilla sin precedentes para la seguridad electoral", pero no ha aportado pruebas de que las autoridades chinas hayan modificado votos, alterado el recuento o determinado el resultado de las presidenciales de 2020.* 


Lo indicado por Trump tiene esencialmente tres niveles: 1º) lo que sería la "debilidad" del sistema electoral norteamericano, sus agujeros, por decirlo así; 2) quiénes serían los que intencionalmente se han beneficiado mediante determinadas acciones; y) el papel de China en todo esto y cómo reaccionar.

La primera cuestión, los defectos del sistema, se pueden producir y subsanar. No hay sistema perfecto y estos requieren revisiones y parcheos. Es en los dos siguientes puntos donde se plantean problemas de distinto orden. Está claro que si alguien logra aprovecharse de los fallos del sistema, este queda cuestionado en sus resultados.

Donald Trump parte de un principio que ya señalamos desde hace años: nadie puede ganarle "honestamente"; si alguien la gana las elecciones es que ha hecho trampas. Simple y directo, como lo es todo en Trump.

Él es "perfecto", lo demás viene por añadidura. Todo encaja en su lógica: él es la mejor opción  y si alguien no la elige es porque están enfermos, son antiamericanos o lo que es la conjunción de ambas posibilidades, son peligrosos izquierdistas, terroristas. Todo esto, dicho en otro contexto, se consideraría "infantil", quizá porque lo es. Pero es Donald Trump en estado puro. El problema es que son muchos los millones de norteamericanos que se mueven por esta "lógica". Cómo han llegado a ese estado, cómo han llegado a elegir a un personaje como Trump para presidente, comprarle biblias y creerse lo que les diga es algo más complejo, pero a lo que habrá que llegar porque el mal se extiende en forma de imitadores, defensores del autoritarismo, negadores de las libertades, tipos que han comprendido que es en la estupidez donde está el futuro.

El tercer elemento, el papel de China, es enormemente complejo en sus consecuencias y tiene que ver con la obsesión norteamericana por verse superada como primera potencia, vencida en los campos en los que se creía invencible.

Estados Unidos, el país de la competencia, del libre mercado, etc. ya ve a los competidores como "enemigos". Ese es el papel que Trump les ha ofrecido; el reconocimiento de que el capitalismo puro es una forma de guerra o, dicho de otra manera, que cualquier recurso o medio puede ser utilizado para hundir al que cuestiona nuestro liderazgo de mercado; que —como repite Trump— la fuerza se justifica por sí misma y es absurdo que no se use. ¡Está para algo!, razona Trump; ¿de qué sirve si no se usa?

El papel de China en los discursos es el del "enemigo total", la amenaza. Le resulta útil agitar la bandera del miedo a China frente al electorado norteamericano. Muchas de sus acciones se explican desde este miedo. La industria y el capital le apoyan en este miedo que les abre campos y elimina competidores, que le permite destruir (ganancia de unos) y reconstruir (ganancia de otros).

En 20minutos se cierra el texto comentando la forma elegida para lanzar su mensaje:

La puesta en escena también ha reflejado el carácter controvertido de la intervención. Fox News y la cadena Fox han retransmitido el mensaje en directo, pero otras grandes televisiones han optado por emitirlo a través de sus plataformas digitales o analizarlo una vez concluido, ante el riesgo de amplificar acusaciones sin verificar. Trump ha convertido así un discurso presentado como una advertencia sobre ciberseguridad en una nueva ofensiva contra la confianza electoral, una institución que él mismo ha vuelto a poner bajo sospecha antes de que los estadounidenses hayan acudido a las urnas.*

El intento de negar el valor del sistema electoral solo es el anticipo de lo que llegará cuando sean las elecciones. Si gana, todo ha ido bien, ha funcionado. Pero si pierde la mayoría, veremos lo que ocurre desde esa premisa de que nadie le gana honestamente.

Para Trump el mundo no es más que un campo de batalla con enemigos constante y otros circunstanciales. Se pasa de aliado (nunca amigo) a enemigo en un instante, con una simple respuesta que no le guste. Tiene "dictadores favoritos" (como llamó al egipcio al-Sisi) y demócratas a los que denigra. Trump solo defiende el valor del dominio y la fuerza.

Veremos cómo acaba este episodio de la duda electoral. Las dudas sobre si abandonará el poder por las buenas reaparecen. 

* Soraya Constante "Trump reabre la batalla por las elecciones de 2020 y siembra dudas sobre las legislativas" 20minutos 17/07/2026 https://www.20minutos.es/internacional/trump-reabre-batalla-por-las-elecciones-2020-siembra-dudas-sobre-las-legislativas_7015680_0.html


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