viernes, 12 de junio de 2020

Quejas y advertencias de los científicos

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La OMS ha señalado que la pandemia, en cifras globales, sigue su curso y ya hay 7'5 millones de contagiados en el mundo, además de 420.000 personas fallecidas. A nadie se le escapa a estas alturas que estas cifras, siendo altas, no revelan más que aquello que captamos, que no serán más bajas, pero que sí pueden ser bastante más altas. En una situación de este tipo, además, el aumento de las cifras de hoy acelera las de mañana pues aumentan las probabilidades de nuevos casos cuando aumentan los casos. Por eso la obsesión con la detección temprana de los brotes y la trazabilidad, es decir, evitar que un caso se multiplique y se convierta en cientos o en miles al diseminarse el contagio. La ilusión que ofrecen nuestras desescaladas solo es posible bajo una muy atenta vigilancia y responsabilidad de no hacer todo aquello que favorece la difusión del coronavirus.
Por muchas islas que queramos crear, al aumentar de nuevo la circulación, aumentan las probabilidades de cada contagio y cada contagio es el principio de una cadena de contagios nuevos que, si no se frena, se hace imparable. Por eso, lejos de quedarse satisfechos, los científicos tienen que poner en guardia a la sociedad advirtiendo de las consecuencias de la relajación, como comentábamos ayer. Los políticos venden recuperaciones y éxitos donde sobra mucha parafernalia y hace falta más seriedad y sinceridad.


Tenemos los ejemplos terribles de los Estados Unidos, Reino Unido, Brasil y Rusia, otros modelos también que comienzan a ser cuestionados desde dentro, como el sueco, y otros que se cayeron por el camino, como Singapur. 
Podemos decir que Trump es el peor presidente en el peor momento, pero la respuesta negacionista y conspiratoria de una parte de la sociedad norteamericana, con su presidente al frente, ha sido la real causante de la situación patética de una potencia mundial que se desangra con más de 113.000 muertos y dos millones de contagiados, de nuevo, mal contados. Ni la Biblia ("Jesús es mi vacuna", decían algunos) ni las armas, satélites o las sanciones o salidas de los organismos internacionales ha llevado a los Estados Unidos por el camino razonable, con un presidente creyente en la inyección e ingestión de desinfectantes, capaz de extenderlo en una rueda de prensa en la Casa Blanca.


El diario ABC reproduce una información de EFE con el titular "Los científicos creen que los gobiernos han fallado en su lucha contra la pandemia". La explicación que se nos da de esta acusación es la siguiente:

El «fracaso colectivo» de los gobiernos en el control de la propagación global del SARS-CoV-2 es «decepcionante pero predecible», señala un grupo [de] científicos, para los que la complacencia, combinada con más de un decenio de recortes en salud, pilló desprevenidos a los gobiernos cuando apareció el Covid-19.
En un comentario publicado en la revista Nature Medicine, investigadores de distintas instituciones del mundo, entre ellas el ISGlobal de Barcelona, repasan la gestión de la crisis y proponen medidas, divididas en seis áreas, para mejorar la respuesta en esta y futuras pandemias.
«Ante la creciente amenaza de esta epidemia, las naciones del mundo tenían que unir sus fuerzas y luchar juntas. Fallaron en hacerlo», subrayan Jeffrey Lazarus (ISGlobal) y sus colegas.
Y es que, argumentan, el exceso de confianza de los gobiernos y las organizaciones internacionales ante la inevitable aparición de nuevos patógenos virulentos, combinada con más de un decenio de recortes generalizados de la financiación «en nombre de la austeridad», pilló por sorpresa a los gobiernos cuando apareció el Covid-19.*


No les falta razón, en términos globales. La dificultad de parar el mundo solo es comparable a la de tratar de encontrar con pocos recursos la solución a una enfermedad de estas características. Quizá muchos hayan cambiado su percepción de lo que supone poder ponerse una vacuna contra la gripe cuando llega el invierno, un acto que por repetirse cada año no parece sencillo, fácil, casi espontáneo. Nada más lejos de la realidad. Es una pena que no se pongan de moda los biopics de científicos, de lo que costó encontrar remedios contra enfermedades que se llevaban por delante millones de personas cada año. No saben que eso tan sencillo de lavarse las manos es el resultado de descubrimientos sobre lo que era una infección y que se tardó siglos en establecer la desinfección como algo esencial porque tampoco se tenía claro qué era una infección. Por eso es un espectáculo desolador escuchar el "¡Jesús es mi vacuna!" o ver al presidente de los Estados Unidos con una Biblia en la mano en un sesión fotográfica. Como bien le dijo un periodista de la CNN, "¡Ábrela!", algo válido tanto para la biblia como para su mente.


En las grandes discusiones sobre economía que escuchamos todos los días y la forma de salvar los restos del naufragio, sin embargo, apenas vemos debates sobre la financiación de la investigación científica, que es en realidad en donde se encuentra la solución más inmediata. La necesidad de "reabrir" la economía, es decir, la actividad social productiva y de consumo, choca con el lógico efecto inmediato de aumentar el número de casos. No hace falta ser muy despierto (no no estar muy ciego) para comprender que el aumento de la actividad interactiva presencial aumenta el riesgo de contagio y que cada nuevo contagio aumenta el de otros nuevos.
Nuestro problema principal viene esencialmente de a) los que creen que ellos tienen menor riesgo o que son inmunes (la estrategia de tranquilizar diciendo que solo los mayores con patologías previas morían se ha mostrado equivocada y peligrosa en diversos sentidos); b) los que no les importa, ya sea por necedad personal, excepcionalismo, exceso de ego o cualquier otra circunstancia (hemos visto ejemplos variados por todo el mundo); c) los que creen que, como lo han pasado, no tienen problemas, algo que no sabemos; d) los asintomáticos irresponsables, es decir, que deciden que si no tienen problema siguen a lo suyo; y e) los que no guardan cuarentena cuando hay motivos fundados para hacerlo. Por supuesto, hay un f) los negacionistas, los que creen cosas como que es una conspiración con las redes 5G de fondo o tonterías similares. Todos son peligrosos porque niegan o se niegan lo evidente: las muertes y los enfermos, las secuelas posteriores, el hecho del contagio. En distinto grado, son muestras de irresponsabilidad ante los otros. Esto no es cuestión de libertad, pues no puede haber una forma de libertad individual que cause daño a los demás.


Por eso se está avanzando en distintas direcciones tratando atacar la enfermedad en su origen, pero también en su expansión y es ahí donde todos jugamos un papel esencial, reduciendo movimientos innecesarios, tomando medidas, previniendo. Sin algún tipo de refuerzo, el tiempo juega en contra de las medidas sociales, que son más difíciles de sostener cuando la gente empieza a hartarse, aburrirse o cualquier otro sentimiento de rechazo, incluido, la angustia por tener que ganarse el pan.
El artículo señala que la pandemia se debe combatir más allá de los laboratorios, que hay una serie de áreas que se deben tratar. Esto no es una "enfermedad rara"; es justo lo contrario, por ello se deben cuidar las formas de propagación:

Estos científicos indican que las vacunas y los tratamientos son fundamentales, pero los gobiernos también deben dar prioridad a otras áreas. En este sentido, proponen medidas en seis campos.*

Esos seis campos los recogemos aquí de forma sucinta:

Mejorar la comunicación sobre salud pública y sus conocimientos
Facilitar una vigilancia y una notificación sólidas
Desarrollar la preparación para la pandemia
Fortalecer los sistemas de salud
Garantizar la salud y equidad social
Estrategias de confinamiento y desconfinamiento integrales



Creo que las seis iniciativas son puntos sólidos de partida. El primero es esencial, pues se ha demostrado, en diferentes fases y momentos, lo poco preparado que han estado medios e instituciones para comunicar eficazmente con la población.  Se dirá —y es cierto— que los medios tampoco han recibido buena información. Esta pandemia está mostrando la necesidad de comunicadores creíbles en la época de la desinformación, la redes sociales y las "fake news", algo que existía antes pero que ha jugado un papel esencial en nuestro estado actual. También los medios han tenido que aprender, sí. Unos lo han hecho mejor y otros peor. Los dos siguientes puntos tienen que ver también fuertemente con la información y su eficacia de transmisión manteniendo conectadas las instituciones; también con la construcción de sistemas de detección. Los restantes tienen que ver con la mejora de lo que ha sido deteriorado en muchos países, los sistemas de salud, uno de los focos de desigualdad más acusados. Lo hemos visto en muchos países, las diferencias entre sistemas sólidos, con buenos profesionales e instalaciones, pero reducidos a mínimos por las políticas de recortes y los empujones hacia sistemas privados que nos siempre funcionan como deben. La salud no debería ser un negocio, sino un logro global. Pero por lo que estamos viendo ahora alrededor de la carrera de la vacuna por parte de algunos países, hay pocas esperanzas de que esto llegue a ser global.


Como bien señalan los científicos firmantes en Nature Medicine, "las naciones del mundo tenían que unir sus fuerzas y luchar juntas". No lo hacen. Es difícil hacerlo cuando existen tales diferencias de condiciones entre unas y otras, no solo económicas, sino culturales. La pandemia ha demostrado que no existen fronteras y que los seres humanos quedamos igualados por un coronavirus saltado desde algún murciélago y paseado por los seres humanos en un planeta que se nos queda pequeño, con una naturaleza estresada y a la que explotamos sin cuidado.
Los gobiernos han fallado, sí. Lo han hecho más allá de sus errores puntuales en este caso. La falta de previsión, el hacer oídos sordos a la advertencias sobre que esto podía ocurrir tras cinco avisos recientes, el aprovechar la circunstancias para las guerras político-económicas, la falta de solidaridad, el horror de las estrategias de contagios masivos, el desmantelamiento de lo público confiando todo a la rentabilidad... Cada uno podría añadir algunos otros errores y vicios.
La pregunta es ¿aprenderemos para la siguiente? Si no se unen fuerzas y se priorizan los recursos para el futuro, esto, nos advierte los científicos, volverá. Y no habrá excusas.



* "Los científicos creen que los gobiernos han fallado en su lucha contra la pandemia" ABC EFE 11/06/2020 https://www.abc.es/sociedad/abci-cientificos-creen-gobiernos-fallado-lucha-contra-pandemia-202006112259_noticia.html



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