jueves, 5 de septiembre de 2019

Cámaras y cámaras

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
A veces, el único aspecto positivo de los desastres es que dan lugar a poemas, novelas, pinturas, libros de Historia, etc. memorables. Creo que es el caso del Brexit, cuyo recuerdo futuro se sostendrá en algunas imágenes, incluso simples frases, que serán recordadas mientras que se el tiempo y la bondad de la memoria para el olvido borrarán a los protagonistas.
Entre esos elementos memorables, sitúo el artículo publicado en la CNN con el título "The 'mother of parliaments' is falling apart on live TV", firmado por Eliza Mackintosh, con fecha de hoy mismo, 5 de septiembre, que además de certero en su análisis mantiene ese tono melancólico de las cosas perdidas, dejadas atrás por la estulticia humana.
Si en el pasado se cantó aquello de "Video killed the Radio Star", el tema de The Buggles, que describió de forma machacona cómo la MTV hundía el sistema radiofónico de difusión de la música, la Televisión plantea serias dudas sobre el funcionamiento parlamentario, es decir, el conflicto entre las cámaras parlamentarias y las cámaras televisivas en la retransmisión de sus sesiones, que se ven alteradas, como diría un físico cuántico, por la presencia de los observadores, en este caso televidentes.
Aquí hemos hablado en ocasiones de este principio —la política hecha para contemplación de las cámaras, de cara a las audiencias—, pero el Brexit está creando efectos distorsionadores de la política hasta niveles poco frecuentes. Hay muchos parlamentos convertidos en circos por el mundo, pero los circos son mucho más llamativos cuanto más se miran.


Creía Boris Johnson que su experiencia en las "sit-com" tories le iba a permitir dar el salto a las películas de gran presupuesto, pero el papel que pensaba que iba a ocupar ha tenido demasiados cambios, quedando como un villano bufo, estallándole las bombas que pretende arrojar desde sus ingenios malévolos. A Johnson le ha llegado el Brexit como una tarta lanzada a su cara.
El magnífico texto de Eliza Mackintosh describe los efectos dañinos de la conversión del parlamento británico en un espectáculo:

It's known as the "mother of parliaments" -- one of the oldest legislatures in the world. But in the last two days, the British Parliament has been the center of the mother of all battles.
The new British Prime Minister has fired 20 of his own lawmakers, rebel MPs have seized control of parliamentary business, Johnson's call for a snap general election was rejected and members of the House of Lords squabbled until late in the night on Wednesday.
The world has watched as the very foundations of British politics shifted in front of their eyes.
On Tuesday, 1.5 million people tuned into BBC Parliament to see an alliance of rebel lawmakers deal the UK government a humiliating blow, seizing control of the Brexit agenda and forcing embattled Prime Minister Boris Johnson to call for a snap general election.
It was the biggest single-day audience for the channel -- which, for Americans, is something like the UK's answer to C-SPAN -- even competing with the popular (and, by contrast, highly soothing) baking show, the Great British Bake Off.
Many Britons were left torn about whether to watch "biscuit week" or see their government fall to pieces.*



Sí, lo visto solo admite este tipo de descripciones en las que se trata de expresar el sentido del drama. Galletas o debates. El cambio de género no le ha sentado bien a Boris Johnson. Su papel de primer ministro liderando la marcha de las islas hacia la América de Trump, mientras queda atrás la perversa Europa, no ha funcionado.
Puede que la gente votara salir de la Unión sin saber cómo, pero les es más difícil hacerlo sabiendo lo que ocurrirá, como los coros universales cantan desde que se pusieron a hacer números. Johnson, quien se paseó por el Reino Unido junto a un autobús decorado con mentiras, se tiene que enfrentar ahora con un solo argumento: Brexit es Brexit. Es decir: tras mentir al pueblo británico, solo le queda defender el honor del pueblo británico. Las mentiras, al igual que muchos envases, no son reutilizables. Y —otro principio— cuando se abusa de las mentiras, estas caducan antes. Johnson necesita nuevas mentiras y nadie está dispuesto a arriesgarse por salvarle su rosado pescuezo.
La cuestión de los parlamentos en directo, es decir, que los votantes puedan observar qué ocurre durante las sesiones y no sólo de los resultados, es importante y se ha planteado su conveniencia. La transparencia implica también el "cómo" de la democracia; otros prefieren solo el  "qué", es decir, que les cuenten los acuerdos y resoluciones y no mostrar el camino a ellos. El parlamento egipcio, por ejemplo, rechazó las sesiones televisadas. Ellos saben por qué.
Pero los efectos del interés por las sesiones del Brexit son imprevisibles, al menos para Johnson. La atención intensa ha llevado a plantearse problemas que anteriormente quizá no habían tenido el mismo eco. El hecho de que se vieran en directo los debates hace que se hayan visto actuaciones que quizá no se hubieran producido de no estar las cámaras delante. Los gestos adquieren otro sentido cuando hay millones de personas mirando.


La atención mediática ha hecho que se perciba al parlamento y su tarea de forma distinta, en varios sentidos. El más perjudicado ha sido, sin duda, Johnson, con sus dos derrotas históricas consecutivas, sancionando a los parlamentarios que le abandonan y perdiendo el capital de "animal político", concepto que ha quedado reducido a la mitad.
La periodista de la CNN describe algo de lo ocurrido en el parlamento:

The drama didn't end there. In his first Prime Minister's Questions to date, Johnson referred to the opposition Labour Party's economic policy as "shit" and Sikh lawmaker Tanmanjeet Singh Dhesi received an unusually raucous round of applause after accusing the PM of fueling racism in the UK. Later, British lawmakers delivered Johnson yet another stunning defeat, passing a bill aimed at preventing a no-deal Brexit through the House of Commons.
But the drama unfolding in Parliament has not only left viewers at the edge of their seats, it has also raised serious questions about the stability of one of the oldest continuous representative assemblies in the world.
The Brexit process has drawn attention to the detail of Britain's constitution, procedures, rules, and how strong they are -- or not. And a breakdown of longstanding conventions has raised fears over a full-blown constitutional crisis in the country. Johnson's plan to suspend Parliament in particular has been branded a "constitutional outrage" for limiting the time that MPs have to debate Brexit.*

La profundidad de la crisis es innegable. Si el parlamento británico ha sido ejemplo frente a las amenazas exteriores, esta vez se ha percibido como una amenaza interior, como un intento de sustraer su capacidad de decisión, que es la del pueblo británico. Por eso tiene toda la razón Eliza Mackintosh cuando señala la contradicción que tan cara le ha salido a Johnson: «All of this together casts doubt over one of the key messages of the campaign to leave the European Union: that by ending the UK's membership within the bloc, it would "bring back sovereignty" to British Parliament.»* En efecto, no se les puede decir a los británicos que la Unión Europea es la "Alemania de Hitler", como se llegó a decir, que había que prepararse para una "nueva batalla de Inglaterra", para después intentar suspender el parlamento y hacer su santa voluntad. Los retratos de Johnson como un nuevo Hitler son, en este caso, una especie de justicia poética.


Los juegos retóricos de los Farage y compañía durante décadas alentando contra Europa, jugando al disparate, han servido hasta el momento de la verdad. El hacer el payaso, como se le ha recordado desde las portadas de la prensa, ya no sirven.
Johnson no solo tiene el poder; tiene también la responsabilidad histórica de hacer algo que no sabe cómo hacer. Sus bravuconadas le han servido para engañar al pueblo británico y para deshacerse de los que tenía por delante en la manada tory, pero no le dan ni razones ni capacidad para realizar lo que nunca tuvo planes, el Brexit.
La idea del Brexit duro o sin acuerdo es, en realidad, la cruda constatación de que jamás tuvieron planes; que su estrategia fue la que han mantenido muchos gobiernos británicos: la queja y la amenaza para conseguir un trato de favor dentro de la Unión. Pero tensaron tanto la cuerda que al final se lanzaron al abismo. Theresa May intentó negociar el desastre irresponsable de Cameron. La historia le reconocerá a May que al menos dio la cara. A Johnson le queda otro papel en la Historia, no el que él esperaba, desde luego.


En el artículo de Eliza Mackintosh se recoge una imagen del parlamento sacada por los propios parlamentarios, la de un "relajado" e indiferente miembro del mismo ante los debates:

Leader of the House Jacob Rees-Mogg seemed to be the physical embodiment of that contempt on Tuesday night as he reclined on the front bench of the chamber, eyes closed and nearly horizontal while the debate raged around him.
A photo of the arch Brexiteer shared by Labour MP Anna Turley subsequently went viral, spawning innumerable memes. In one, Rees-Mogg's languid body charts the decline of the government's working majority in Parliament, which has dropped to zero.
To critics, Rees-Mogg was a caricature of the smug, privately educated elite leading Britain blindly to a no-deal Brexit, which is expected to trigger economic chaos, as well as food fuel and medical shortages.
All that was missing was a monocle and top hat.



Es cierto La fotografía, incluso su tono asepiado, nos llevan a un decadente Brideshead, a un parlamento que debería retratar un Waugh o un Wilde, incluso un Bernard Shaw. Aquí ha tenido un buen retrato periodístico en el certero artículo de Laura Mackintosh en la CNN. Hoy la mirada implacable de las cámaras de televisión, los teléfonos con sus cámaras enviando al instante las fotos por las redes, etc. permiten retratar o que se retraten los políticos en su salsa parlamentaria. Los platos no salen siempre apetitosos.
El Brexit sigue siendo la constatación de los peligros de la política mal entendida, en la que va delante el carro y detrás los bueyes. Aquí, como decíamos ayer, se sigue invocando un Brexit Humpty-Dumpty, una cáscara de huevo haciendo equilibrios  en lo alto de un muro.

Humpty Dumpty sat on a wall,
Humpty Dumpty had a great fall.
All the king's horses and all the king's men
Couldn't put Humpty together again.



* Eliza Mackintosh "The 'mother of parliaments' is falling apart on live TV" CNN 5/09/2019 https://edition.cnn.com/2019/09/05/europe/uk-parliament-disintegrating-gbr-intl/index.html

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