viernes, 25 de noviembre de 2016

Información y rumores

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Cada vez se escuchan más voces de todo tipo hablando sobre los efectos nocivos, peligrosos, etc. de las redes sociales. Parece ser que lo que iba a ser una herramienta de ampliación de la libertad, lo que nos convertiría en prosumidores y otros conceptos que se desarrollaron en los noventa con la ampliación de Internet más allá de las universidades se ha convertido en un espacio tóxico.
La híper conexión en la que vivimos crea unas buenas condiciones para manipularnos en un sentido u otro, para despellejar a la gente sin riesgo alguno, para crear rumores, hacer cyberbulling o desestabilizar una campaña electoral.
Es en este último sentido en el que The Washington Post recoge en un artículo varios estudios independientes responsabilizando de forma directa a Rusia por intervenir en la campaña norteamericana en favor de Donald Trump mediante la difusión de noticias falsas, rumores, etc. El propio Trump, como recordaremos, invocó públicamente a los hackers rusos para que hicieran aparecer más correos de Clinton en uno de los episodios más increíbles y teatrales de las elecciones norteamericanas. Y ha habido muchos otros.
Señalan en el diario norteamericano:

The flood of “fake news” this election season got support from a sophisticated Russian propaganda campaign that created and spread misleading articles online with the goal of punishing Democrat Hillary Clinton, helping Republican Donald Trump and undermining faith in American democracy, say independent researchers who tracked the operation.
Russia’s increasingly sophisticated propaganda machinery — including thousands of botnets, teams of paid human “trolls,” and networks of websites and social-media accounts — echoed and amplified right-wing sites across the Internet as they portrayed Clinton as a criminal hiding potentially fatal health problems and preparing to hand control of the nation to a shadowy cabal of global financiers. The effort also sought to heighten the appearance of international tensions and promote fear of looming hostilities with nuclear-armed Russia.
Two teams of independent researchers found that the Russians exploited American-made technology platforms to attack U.S. democracy at a particularly vulnerable moment, as an insurgent candidate harnessed a wide range of grievances to claim the White House. The sophistication of the Russian tactics may complicate efforts by Facebook and Google to crack down on “fake news,” as they have vowed to do after widespread complaints about the problem.
There is no way to know whether the Russian campaign proved decisive in electing Trump, but researchers portray it as part of a broadly effective strategy of sowing distrust in U.S. democracy and its leaders. The tactics included penetrating the computers of election officials in several states and releasing troves of hacked emails that embarrassed Clinton in the final months of her campaign.
“They want to essentially erode faith in the U.S. government or U.S. government interests,” said Clint Watts, a fellow at the Foreign Policy Research Institute who along with two other researchers has tracked Russian propaganda since 2014. “This was their standard mode during the Cold War. The problem is that this was hard to do before social media.”*


Los tiempos de aquellas emisoras que emitían desde las fronteras durante Guerra Fría han pasado. Ahora la globalización de las comunicaciones, lo sofisticado de su tecnología hace que —como cualquier otro medio— pueda ser utilizado para influir sobre los demás, ya sea con propaganda o con cortinas de humo informativo.
La cuestión central es la inexistencia de fronteras y la falta de responsabilidad debida al anonimato. Y esto tiene difícil arreglo más allá de la rabieta que pueda causar verse afectado. Para desgracia de los norteamericanos, Putin tiene una forma de control de las informaciones y los medios y no le preocupan demasiado esas campañas. Son las ventajas de los regímenes autoritarios en estas cosas. Lo que ocurre en Rusia con los que discrepan lo sabemos.
Sería simplificar demasiado considerar el problema como una cuestión electoral norteamericana, si bien es Hillary Clinton quien ha sufrido sus efectos. Evidentemente no han sido solo los rusos: la extrema derecha norteamericana y otros grupos fundamentalistas han aprendido cómo actuar en las redes. Las usan muy bien para sus propósitos desde hace mucho tiempo.
La culpa evidentemente no la tienen ni Google ni Facebook. Ellos han aportado una red de transmisión de informaciones cuya única responsabilidad es mantenerse en funcionamiento. Pero son los contenidos los que vertebran socialmente la red informática. El término "red social" engaña sobre lo que es tecnología y lo que es social. Se ha creado un campo de juego para que circulen las informaciones. Son estas las que crean las conexiones humanas de forma más o menos intensa en función de nuestros propios intereses, gustos, etc.
Lo problemático de la cuestión radica en que las redes se han diseñado para ser "influyentes", si bien con un sentido diferente al que ahora están aprovechando los que se organizan para sacarle un rendimiento político. La organización se cifra precisamente en las afinidades que agrupan, en esos "me gusta" que crean vínculos.

Los ejércitos de troles pagados o voluntarios los podemos percibir todos los días y han existido desde el principio de la redes en los 90. Entonces ya se aprovechaba la capacidad de difundir, la credulidad de la gente y su voluntad asociativa o gregaria, que es el fondo de la cuestión.
Sería interesante conocer los porcentajes de información que recibimos en función de nuestro acceso a los medios o de la selección que nuestros amigos, conocidos, visitantes, etc. nos ofrecen. Mucha gente ya no accede a los medios, sino a las "selecciones" que sus amistades cibernéticas realizan. Con ello se incorporan a una nueva forma de "agenda" mucho más restrictiva: su mundo se estrecha. Muchas veces nos llegan peticiones de amistad cuya única función es que aparezcan sus informaciones en nuestros "muros". Lo que podemos hacer para nuestros conocidos porque les puede interesar se convierte pronto en una actividad que puede estar organizada al servicio de más o menos sofisticadas estrategias de información o confusión.
La guerra fría era cosa de dos. Hoy hay muchos más intereses en juego, países que usan las redes para crear sus propias formas de desestabilización mediante el filtrado de informaciones y la expansión de rumores.
Mientras Estados Unidos se ha centrado en la vigilancia colectiva de las redes para su propia seguridad e intereses, Rusia —que posee un control mucho más importante de sus medios y un sistema más autoritario— se ha centrado en la contrainformación y en el hackeo de las redes para obtener información desestabilizadora en el momento adecuado. Y no hay mejor momento que las elecciones de un país.
Lo que más irrita en los Estados Unidos es que las compañías norteamericanas, que son las propietarias de Facebook, Google, etc., no sean capaces de poner coto a estas cuestiones. La realidad es que es imposible a menos que se haga lo que intentan hacer algunos países: aislarse. El sistema chino, a diferencia del ruso, es el aislamiento. El duplicar la red en su propio ámbito, por lo que se dificulta mucho el acceso a internet y por ello a fuentes no controladas. Irán y Turquía también lo han planteado y son muchos los que tratan de suspender los servicios de algún tipo (WhatsApp, Facebook, YouTube...) según sus fobias o lo que más les preocupe que se difunda.


Conviene echar la vista atrás y comprender que ni por asomo se pensó que el crecimiento de la Red iba a tener estas dimensiones de tráfico y extensión que ahora tienen. El crecimiento de Internet desbordó todas las expectativas y creó pronto un problema de asignación de direcciones para poder atender las nuevas incorporaciones masivas. Finalmente se han desarrollado sistemas para poder atender el tráfico que se genera. Pero eso es solo el problema técnico.

El problema político se planteó inmediatamente. Hoy lo tenemos encima. Es un problema teórico y práctico. Hasta el momento, las intervenciones de unos en las elecciones de otros eran muy relativas. Sin embargo, ahora el peso de las influencias exteriores es cada vez mayor. Cada país puede tener su elección, pero el mundo pasa a tener sus candidatos, por unos motivos u otros (¿por qué era Trump el candidato de Rusia?). La posibilidad de influir es demasiado poderosa para dejarla y cada vez se tiene menos claro qué es esto de la "democracia", convertida en un juego en el que hay que ganar. 
Pensemos en el obsoleto concepto de "jornada de reflexión" acuñado pensando en los medios tradicionales. Hoy es hasta ridículo solo pensar en ello con los medios digitales a los que tenemos acceso, pero sobre todo en los medios sociales.
Antes existía cierto pudor entre las amistades y conocidos por hablar sobre quién votaba a quién entendiendo que era algo de la esfera privada. Hoy mucha gente se ha convertido en activista a través de sus páginas proclamando a los cuatro vientos cibernéticos a quién votará y a quién no se debe votar, presionando a los miembros de sus redes. Hay gente que desconecta en periodo electoral sus cuentas para evitar la presión constante que recibe.
De Obama se dijo que ganó sus elecciones gracias al buen uso de las redes sociales para su campaña. Hoy esto es relativo. ¿Qué quiere decir "buen uso"? Cualquier buena campaña puede ser destrozada por ejércitos de troles que anulan la comunicación. Si ya eran conflictivos en ocasiones el peso y papel de los medios convencionales por sus posibles intereses en las campañas, el ciberespacio es una jungla política con una agresividad inusitada que puede focalizarse en personas a las que se persigue y aísla por sus opiniones si es necesario. Se va de la figura pública a la que se estigmatiza al ciberacoso personalizado a aquel que pueda mantener opiniones frente al grupo.
Los tiempos de la "netiquette" han pasado hace mucho. La jungla cibernética es políticamente despiadada porque se le añade al poder del efecto red el del anonimato, que hace que la impunidad sea un hecho. Poder dirigir todo tipo de insultos y amenazas, difundir información falsa, etc. es hoy una triste realidad.


Son cada vez más frecuentes las llamadas a hacer algo al respecto. Poco hay que hacer y si se hace es a través de las formas de censura, como ocurre allí donde los dirigentes autoritarios de turno amenazan con aislar al país desconectándolo de las redes. Los que saben que no pueden hacerlo se plantean la posibilidad de hacer lo mismo que hace Rusia: organizar sus ejércitos y quintas columnas para desestabilizar política o económicamente (la expansión de falsos rumores empresariales es también un buen negocio). Todos hemos aprendido demasiada comunicación.
En los primero días de noviembre, Daily News Egypt informaba con el siguiente titular "University professor exposes secret Facebook campaign supporting the state led by prominent media figure"** de la existencia en Egipto de un movimiento organizado en las redes:

The existence of a massive social media campaign to provide online support for the president was revealed on Monday by Suez Canal University professor Khalid Refaat. This campaign, led by well-known journalist Ibrahim El-Garhi who hosts a programme on ONTV, has sparked discontent among Egyptians on social media outlets.
The electronic battalion named “State Supporters Union Group” has apparently played a vital role in issuing social media posts showing support for the president and his recent economic decisions. Refaat published screenshots of conversations between the group’s 22 administrators who would have secret discussions on a daily basis.
The aim of this Facebook group, according to the admins, is to assemble supporters of the current regime in one place.
Screenshots show El-Garhi instructing the other admins to publish certain posts, particularly following economic reforms recently issued by the government to counter any dissent or negative opinions.**


No es una novedad. Las campañas manipuladoras son una necesidad en la crisis en la que se vive y hay que reforzar al gobierno mientras se trata de destruir a las voces  críticas. No son los únicos, evidentemente. Los islamistas hacen lo mismo en los foros y comentarios de prensa. Se introducen en las páginas de Facebook y crean grupos aparentemente anodinos en los que sacan la recomendación o la crítica. Hace mucho que lo hacen.
Las redes hacen desaparecer por acumulación de informaciones muchas pistas para llegar al origen de la creación de las corrientes de opinión en un sentido u otro. Pero es indudable que se usan y, como señala la noticia egipcia, con buena organización. Nadie se quiere quedar atrás o renunciar a estas armas. Se ha pasado al ciberactivismo de estado o al paraestatal. La influencia sobre la opinión es importante, decisiva. Y aquellos estados que se basan en la opinión pública son las mejores víctimas.
Para los que estudian la agresividad reinante, uno de los factores sin duda es la realimentación constante del odio dirigido contra personas hasta llevarlos al estigma. Los más sorprendente —y en eso consiste en efecto red— es que muchas veces basta con ponerlo en marcha y son después los ciudadanos, sentados ante sus ordenadores o con sus teléfonos, quienes se convierten en peones de estas batallas. Los psicólogos deberían explicar mejor este fenómeno de canalización de la violencia, de persecución constante y vigilantismo porque es muy peligroso para una sociedad.

Es interesante ver cómo se está tratando de dividir unas sociedades mediante el enfrentamiento mientras se practica un movimiento de unidad en el ámbito propio mediante los dos sentimientos primarios de mayor intensidad emocional: la religión y el nacionalismo. La Rusia de Putin, por ejemplo, se ha vuelto más "santa" que con los zares y el internacionalismo comunista ha sido sustituido por un nacionalismo cada vez más potente. En el campo religioso, los islamistas igualmente fundamentan en la religión el cierre para evitar las entradas que pudieran debilitar su influencia.
Es triste ver cómo aquello en lo que muchos vimos —me incluyo— una forma de ampliación de nuestras mejores posibilidades, de la cultura, del diálogo, de la participación, etc. se utiliza de forma negativa, creando confusión. Fue una ingenuidad. Para muchos la victoria precisamente es haber roto el "monopolio de la información", pero lo que lo sustituye es un caos de intereses oscuros y manipulaciones en muchos casos.
Esto echa la responsabilidad sobre los profesionales de la información más que nunca. Hoy es cada vez más necesaria la información responsable, independiente, fundamentada y razonada. Somos hijos de nuestras fuentes. Las aguas contaminadas nos acaban envenenando. La única garantía es la de la honestidad y la profesionalidad de quienes nos informan. 


* "University professor exposes secret Facebook campaign supporting the state led by prominent media figure" Daily News Egypt 7/11/2016 http://www.dailynewsegypt.com/2016/11/07/university-professor-exposes-secret-facebook-campaign-supporting-state-led-prominent-media-figure/ 
** "University professor exposes secret Facebook campaign supporting the state led by prominent media figure" Daily News Egypt 7/11/2016 http://www.dailynewsegypt.com/2016/11/07/university-professor-exposes-secret-facebook-campaign-supporting-state-led-prominent-media-figure/
  

jueves, 24 de noviembre de 2016

Las batallas por la Historia

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El artículo publicado el día 20 en Mada Masr por Tarek Ghanem lleva por título "History hurts, disturbs, inspires, revives. The battle for history from below"*. La publicación egipcia se encamina cada vez más hacia una fórmula más cultural que de actualidad. Es de agradecer que busque ese hueco porque da salida a una serie de ideas y visiones a la que la prensa tradicional no ofrece muchas posibilidades, ya sea por los temas en sí o por los espacios disponibles.
El texto de Ghanem trata sobre la Historia y sobre su construcción, la lucha que implica y sus efectos sobre quienes la interpretan o reciben. Pocos campos se han visto más sacudidos por las consecuencias de los cambios en la interpretación de las culturas y sus funciones como la Historia en cuanto disciplina y estatus. Situada en un punto entre la Ciencia y la Humanidades, plantea debates y controversias desde su función misma o desde su estatus.
La Historia es un discurso sobre los "hechos", como tal organiza, selecciona, jerarquiza, valora, muestra de una determinada manera, etc. Nuestro sentido occidental de la Historia ha cumplido unas funciones desde sus orígenes y hoy cumple (además) otras. No es casual que la Historia sustituya a las crónicas cuando surgen los nacionalismos y su necesidad romántica de raíces, metáfora que vincula al hombre a la tierra, que es el país. Hasta hace poco esa tierra era del rey y solo existían los siervos, cuyo vínculo con la tierra era trabajarla para otros. Por eso los vínculos los daba la religión, que era lo que permitía unirse (la "cristiandad") e interpretar el devenir. Un "pueblo" necesita "su historia", en la que se explica o justifica. En ella se mira y se ve reflejado con una mayor o menor distancia. Se crea una identidad que se construye a través de los discursos históricos que van dándole forma especular: es lo que se ofrece a nuestra mirada.

El vínculo entre Historia y nacionalismo es esencial y se muestra en las diferentes miradas sobre los mismos hechos que producen interpretaciones diferentes, a veces de forma radical como ocurre con los conflictos. Pensemos, por ejemplo en cuestiones como el "negacionismo" turco del genocidio armenio. La palabra misma que lo califica "genocidio" implica ya una constitución y valoración de un acontecimiento. Esto afecta a muchos conflictos, no solo bélicos sino de casi cualquier naturaleza. Cuando se produce un cambio social fuerte, es casi imprescindible reescribir la Historia porque se hace "inaceptable", "dolorosa", etc. la visión anterior. Eso ocurre tras dictaduras, guerras civiles, final de procesos coloniales, etc. las narrativas que creaban la Historia dejan de ser "aceptable".
La campaña electoral norteamericana, por ejemplo, ha servido para mostrarnos dos "Américas" con dos sentidos diferentes de su propia historia, lo que para unos era "progreso", parece que para otros era "degeneración". No es casual que el surgimiento de los populismos incorporen un fuerte sentido "nacionalista"; es parte del conflicto reinterpretativo del pasado, una batalla que puede ser muy cruenta por momentos. Unos resaltarán como figuras históricas clave a unos mientras que otros emplearán su fuerza para instalar las suyas como oficiales. Homenajes, celebraciones, biografías, etc. saldrán a participar en la batalla de la visibilidad y de las raíces de sus visiones del mundo.
En la obra de Jesús Mosterín dedicada al pensamiento de China*, se señalan las diferencias con otras formas orientales de concebir la Historia. Al inicio de su capítulo sobre la historiografía china, escribe Mosterín:

Uno de los mayores contrastes entre las dos grandes civilizaciones asiáticas, la india y china, se da en su opuesta actitud ante el tiempo, que determina sus muy diferentes contribuciones a la historiografía. Los indios siempre se han interesado por el significado intemporal, metafísico o moral de los acontecimientos y nunca se han preocupado de fijar un marco de referencia cronológico ni de anotar las fechas ni las duraciones de los eventos y procesos históricos. De la gran mayoría de los personajes indios ni siquiera podemos decir con un mínimo de precisión cuándo nacieron o murieron o cuándo efectuaron las contribuciones o hazañas por las que los recordamos. Hasta muy recientemente, la civilización india ha sido una civilización carente de historiografía. Por el contrario, los chinos siempre han anotado los eventos notables y los han fechado tomando las dinastías como referencia. Los letrados chinos siempre han llevado registros y han escrito anales y crónicas. En cualquier caso, China ha producido una impresionante historiografía. (212-213)**



Puede que se le haya escapado a Jesús Mosterín que el centro de toda la cuestión (o problema) es la redundancia circular de "anotar lo notable" ("los chinos siempre han anotado los eventos notables y los han fechado tomando las dinastías como referencia", dice en su texto). "Anotar" y "notable " tienen el mismo sentido pues la idea es la de "nota" fijación en la escritura: lo anotado es lo es por notable y lo notable lo es porque es anotado. Es su carácter de discurso fijado lo que lo hace convertirse en Historia. Que la referencia —la segunda parte de la cuestión— sean las "dinastías", es decir, los periodos de poder hace que estas adquieran consistencias. Es el sistema de puntuación y referencia de lo "anotado" o "notable". Lo que se "anota" pasa a ser hecho "notable" frente a lo que no es importante, lo trivial. Se anota porque es importante para el imperio o simplemente para el ejercicio del poder.
Uno de los efectos de la revisión de la Historia como disciplina es comprender cuántas cosas se dejaban fueran de los registros, cuántas no se tenían en cuenta porque no eran "notables", es decir, "memorables", no se consideraban importantes. Para ellas el olvido o la falta de atención. Hoy se escriben historia sobre las mujeres, ausentes como "sujetos" de la Historia, salvo contadas excepciones, muchas veces negativas; se escribe sobre la "vida cotidiana", desde perspectivas muy diferentes a las que sirven apara anotar los hechos de los poderosos, que son quienes controlaban las escrituras y con ello lo que se debía recoger y anotar, definiendo así el "hecho memorable" y mandando a la nada del tiempo todo lo demás. Escribas egipcios, monjes cristianos, letrados chinos... todas las culturas han cumplido esa vertebración cultural a través de la escritura.


La diferencia señalada por Mosterín entre las civilizaciones india y china refleja visiones diferentes de lo "memorable", del qué y del quién, de la Historia. No la Historia ni es ni puede ser "objetiva", palabra de gran inocencia y candor o, por el contrario, término perverso que esconde los mecanismos de fijación de lo memorable, de lo notable, es decir, de lo importante frente a lo trivial. Tiene una función de filtrado cuyo efecto final es una arquitectura de la Historia, un edificio que se sustenta en los pilares fundamentales, los discursos religiosos, económicos, filosóficos, etc. La Historia no prescinde de ellos, pues son los que están afectando al modo de ver (percepción de los "hechos" y al modo de contar (traducción a modelos discursivos, a géneros narrativos, etc.) que es el de las representaciones.
El artículo de Mada Masr plantea el grave conflicto de la construcción de una historia egipcia. Lo que ocurre en Egipto, por ejemplo, puede ser contado desde múltiples perspectivas y, previamente, mediante la selección de un mega marco: como egipcio (nacionalista), como musulmán (marco religioso) o como árabe (marco étnico). Las relaciones entre estos aspectos determinarán la construcción de los discursos históricos posibilitando unas lecturas u otras, es decir, la capacidad de identificarse con cada una.
La Historia necesita de una unidad grande entre los que la aceptan (la Historia puede ser aceptada o rechazada desde el punto de vista de la identificación con el discurso que la crea) o de un poder absoluto que la imponga como discurso oficial e imposibilite cualquier otra opción dentro del campo que controla. Sin ninguno de estos elementos, acuerdo o imposición, la Historia puede convertirse en un escenario de disputas de mayor o menor intensidad o virulencia.
El texto de Tarek Ghanem comienza recogiendo una serie de frases sueltas:

“Gone are the good old days when the world was a better place.”
“I swear the days of Abu Ala [meaning Hosni Mubarak] were the best. We were tired, but alive.”
“I am a driver. My father and my grandfather before him were both directors of the department of transport in a public sector company.”
“There were angels wearing white gowns fighting in the 6th of October War. Tons of people saw them.”
“Egypt is neither Muslim nor Coptic. Egypt is Pharaonic.”
These are a few examples of historical statements I’ve heard in Egypt recently.*

Cada una de esas frase llevan implícitas una serie de modelos explicativos, de percepciones del por qué estamos hoy aquí. Implican distintas valoraciones de lo acontecido u diversas formas de evaluarlo. Los tiempos pasado, señalan algunas, fueron mejores, lo que implica, por ejemplo, la negación del valor positivo de las revoluciones árabes de 2011. Si con Mubarak se vivía mejor, los jóvenes revolucionarios son responsables del empeoramiento de la situación. Los hay que juran que vieron ángeles en la batalla contra Israel del 6 de octubre. Eso convierte a los ejércitos y a quienes los mandaban en hijos predilectos de Dios, que envió sus legiones a ayudarlos. Eso determina la importancia de que los presidentes egipcios hayan sido considerados "héroes" (Dios está a su lado) frente a los enemigos demoniacos, los israelíes. Los debates sobre la falsificación de imágenes respecto al papel de Mubarak en la guerra implicaban meterle o sacarle de esa historia que necesita que las autoridades tengan a Dios de su parte. El-Sisi no participó en la Guerra contra Israel pero sí tuvo un "sueño profético" en el que el "héroe" Anwar El-Sadat, el decía que sería presidente de Egipto. Lo "notable" aquí es el sueño.


Los que consideran que finalmente (otra línea que se deprende de las frases) que no existen diferencias entre musulmanes y coptos, que solo se les debe "comprender" como "egipcios", plantean una línea que será difícil que triunfe si se considera que una línea en la que se identifica solo lo musulmán como egipcio. Eso llevará, además a escribir la Historia de una manera distinta porque habrá que construir primero un mecanismo de identidad: ¿la religión, la nacionalidad, la etnia? ¿Historia de los musulmanes, Historia de los egipcios, Historia de los árabes? Cualquiera de esas elecciones predetermina el resto y da lugar a una "Historia" distinta. "Faraónico" es una construcción discursiva como lo es "musulmán" o "árabe".
La inestabilidad política egipcia es una manifestación de una inestabilidad más profunda de la propia identidad que se refleja precisamente en esos discursos conflictivos que tratan de imponer una visión como verdad asentándose en los principios de autoridad que más se valore. El poder no abandona nunca la explicación religiosa porque es la que permite un mayor control. En otro caso, será política.
El problema de la Ciencia Histórica no es tanto la capacidad de encontrar hechos "objetivos" como su actitud crítica, antidogmática", ante ellos. El problema de la constitución científica de la Historia no es el de encontrar "verdades", leyes, etc. que sean incontestables (eso solo se explica por el desconocimiento de cómo funciona la Ciencia y cuáles son sus objetivos), sino el de desprenderse de errores y criticar sus propios planteamientos. Eso es precisamente lo que una Historia basada en el dogma religioso o equivalente no hace. 
Un texto de un historiador académico, que trabaje con métodos críticos, podrá referir que El-Sisi dijo haber tenido un sueño con Sadat, pero no establecerá nunca que es sueño se tenía que cumplir porque fue la divinidad quien se lo envió para animarse a incumplir su promesa de no presentarse a la presidencia. Tendrá que recurrir al "sueño" para explicar cómo se puede conseguir convencer a la gente, pero no le dará más valor que ese. El historiador "religioso", por el contrario, considerará ese sueño como un mensaje que certifica el hecho de que accediera a la presidencia tras el "no-coup". El historiador "político" usará el término "revolución del 30 de junio" al golpe de estado que derrocó al presidente Morsi después de que cientos de miles de personas manifestaran en las calles el rechazo a la política autoritaria de los islamistas. El argumento dado por los propios militares al inicio (evitar una guerra civil) era más convincente que negar la existencia de un golpe de Estado, aunque fuera por "petición popular", otro término que creará controversias, aunque veamos las manifestaciones de entonces. Un historiador estudiará las justificaciones religiosas, políticas, etc. diferenciándolas de los "hechos", que serán de una mayor complejidad de la pretendida por los explicadores.


Son muchos aspectos los que intervienen en la constitución del discurso histórico: la lengua, los géneros, los valores, etc. Ninguna es fácil de controlar de forma absoluta; todas son creaciones humanas.
¿Y la "verdad"? Mientras no distingamos entre "verdad", "realidad", "científico", "hecho", etc. tendremos que seguir haciéndonos las preguntas heredadas que la gente quiere que se le contesten. Dicen que el futuro presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, quiere que le presenten los problemas escritos en unas cuantas líneas y que sobre eso decide. La tarea de los científicos, historiadores, críticos, etc, tiende a ser un poco más compleja en la forma de enfrentarse a los problemas incluso en la forma en que son definidos.
El mundo es complejo en unos aspectos y sencillo en otros. El universo asciende desde lo más elemental, desde donde es posible construir grandes leyes aplicables y hasta es posible buscar una Teoría del Todo (que unifique otras), hasta la máxima complejidad que conocemos, nuestro cerebro y lo que producen las culturas. Nada nos resulta más complicado que estudiarnos a nosotros mismos desde el punto de vista cultural La Historia participa de esa dificultad porque crecemos dentro de ellas y nuestras mentes toman forma recibiendo valores, opiniones, ideas, conceptos y hasta hechos "notable", "memorables". Gran parte de nuestro trabajo vital es asimilarlo como "verdades" porque las recibimos de esa manera. Pero la función de la Historia como disciplina es la revisión de a qué llamamos "hecho", por qué es "memorable" y "quién lo ha decidido". La Historia necesita ser modesta, crítica, antidogmática y hasta un poco neurótica. También un poco rebelde, dispuesta a no convertirse, como lo ha sido, en una herramienta del sistema para mantenerse estable.
Tras recoger esas frases escuchadas, el artículo de Ghanem señala:

History is omnipresent and active in the lives of people around me. There is a fierce battle over history, some of which takes place in the open, but some of which is also concealed. For example, there is a narrative that implies certain events in Egypt over the past half decade are the result of a conspiracy between Hamas and Hezbollah, carried out via locally paid agents — and not the result of struggles against injustice, or catastrophic socio-economic conditions.
What does this imply? It denotes that we, as a people, are easily influenced, manipulated and pandered to, that our contemporary history is up for grabs, or, even worse, that an authority is reordering our history for us, in our name. But what is perhaps more insidious about such narratives is blaming foreign intervention rather than internal affairs, which suits the interests of the authority, as it reinforces its position as protector— imported from the era of national wars between the 1950s and 1970s— and supports the state’s solution for everything being necessarily security based.*

En efecto hay una feroz batalla por la historia. Se percibe como síntoma allí donde se ha perdido la unidad que provoca la aceptación de discursos comunes. Cuando hay divergencias de identidad, las Historias tienden a ser consideradas inservibles por unos y verdades inamovibles por otros.
Como señala Ghanem, la Historia es un arma que se disfraza como otras de verdad. Tiene sus mecanismos de enmascaramiento institucional, sus máscaras solemnes, como ya estudio Foucault, entre otros. "¡Los hechos sagrados!" repetía anoche en televisión un periodista citando una vieja máxima del periodismo británico, sin darse cuenta de que es lo "sagrado" lo menos adecuado para invocar ante los hechos y la frecuencia con la que se invierte: ""¡lo sagrado se transforma en hecho!", algo mucho más cercano a lo que ocurre realmente.


La Historia sirvió, como veíamos en el texto sobre China de Jesús Mosterín, para mediante la escritura, del registro, dar densidad a las dinastías, estableciendo las diferencias entre los "notables", sobre los que se escribe, y el invisible vulgo, el nada notable. Posteriormente se escribirá para dar identidad ese vulgo que pasa a ser "pueblo", "nación" y que necesita de mecanismos de unión a través de los discursos que les expliquen quiénes son. Lo harán mediante fiestas nacionales, desfiles, himnos, libros de textos, etc., que le expliquen quiénes son, despierten su orgullo y sus emociones.
Las relaciones interculturales nos permiten ver las diferentes construcciones de los "hechos" en sus valoraciones propias frente a las ajenas. No sé si es imposible hacer una historia "aceptable" por todos. Tengo mis reservas. Pero estudiar la diversidad de miradas, como lo fue para los ilustrados dieciochescos mostrarnos las perplejidades de los viajeros de un país a otros muy diferentes o incluso a otros planetas es muy enriquecedora porque debe despertar el deseo (y las responsabilidad) de de no dar por "hecho" (en los dos sentido) nada sin darle un vistazo. Madurar como personas o grupos es aprender, pero también desaprender y relativizar. Por eso exige un ejercicio constante de evaluación de lo que consideramos importante y por qué.
Una vez que hemos comprendido esa diversidad, es importante estudiar las diversidades de los discursos que reflejan la Historia. Podemos estudiar los "hechos" pero también podemos estudiar las representaciones de esos hechos, su construcción, sus retóricas y gramáticas, sus conexiones, sus géneros discursivos... Esto no es exclusivo del discurso académico, sino de las formas en que esas concepciones se traducen en otros tipos de discurso que, por decirlo, así son capaces de trasmitir esa "historicidad" de los acontecimientos. Lo hacen de forma más canónica o de manera distorsionada, pero están ahí, formando parte de la "recepción" constante que significa vivir en el seno de una cultura. Las frases que recogía Tarek Ghanem en su artículo son muestras de esa transformación de lo histórico en lo cotidiano, de ese marco interpretativo de lo que vemos y vivimos desde otros discursos más amplios que sirven de estructura.


Muchos echan de menos los viejos tiempos en los que había verdades inamovibles. Pero hace mucho tiempo que el mundo nos ofrece un dilema: aceptamos lo inamovible y nos condenamos al dogma o si, por el contrario, aceptamos que el juego de lo humano es la transformación de su cultura mediante la creación constante, conflictiva muchas veces, que es la elaboración de discursos de identidad.
Aceptar la variabilidad discursiva de la historia es aceptar que no tenemos por qué ser esclavos de nuestras propias visiones, especialmente cuando implican dolor, conflicto, injusticia. Esa curación solo puede provenir del conocimiento de que somos nosotros quienes la escribimos, que traduce también nuestros deseos de reconciliación, superación, etc. No solo nosotros nos dibujamos, sino que retratamos a los otros estableciendo unas relaciones determinadas en esas visiones.
Comprendernos culturalmente es comprender la producción, la intencionalidad y los efectos de nuestras propias acciones y discursos. Que los egipcios crean que lo que les ocurre a ellos es el resultado de las acciones de otros es una hábil maniobra que desvía las responsabilidades del poder, su incapacidad para resolver los problemas. Esas interpretaciones hace, además, que la identidad egipcia se construya sobre el concepto de amenaza (todos son enemigos, conspiraciones), ellos son elegidos (hasta los ángeles van en su ayuda en las batallas).


Tarek Ghanem plantea la necesidad de una historia "desde abajo", alejada de dioses y reyes, que se centre en la vida de los pequeños, de las personas "normales" y no en las excepcionales, en los héroes y caudillos. No es, como él mismo señala, una novedad. No están presenten como sujetos, pero sí como destinatarios finales y como receptores implícitos en la construcción de los textos. Los discursos históricos se escriben, hoy como ayer, para ellos.
La cuestión no es cambiar de "sujeto" si la finalidad es la misma. ¿Es posible hacer una Historia que no sirva a ningún amo, que no se enmascare como objetividad sin intención? ¿Existe una Historia que no nos encierre en sus identidades creadas y nos anule?
Estudiar la Historia sí debe conllevar el estudio de la propia actividad. No solo sus limitaciones científicas, sino su finalidad social, entonces y hoy. La idea de que la "Historia" esta esparcida como fragmentos de un discurso, como modelo para otros discursos, etc. es rica y merece ser desarrollada. No se trata de solo de saber qué es verdad o mentira, que es otra cuestión, sino de por qué las necesitamos, qué función cumplen, cómo trabajan.
No sé si es deseable una Historia que se presente como un discurso único, objetivo y verdadero. Es demasiada perfección, teniendo en cuenta que es construcción humana. El historiador debe modesto en cuanto a sus logros, señalar sus límites y dudas, y también vigilante en cuanto a las manipulaciones que su propia obra pueda sufrir. El regreso triunfante del dogmatismo es muy peligroso y el control de la Historia es esencial para el control social. No hay que permitir que vuelva a ser mito.




* Tarek Ghanem "History hurts, disturbs, inspires, revives. The battle for history from below" Mada Masr 20/11/2016 http://www.madamasr.com/en/2016/11/20/opinion/u/history-hurts-disturbs-inspires-revives/

** Jesús Mosterín (2007 2ª ed 2016). China, col. Historia del Pensamiento. Alianza, Madrid. 



miércoles, 23 de noviembre de 2016

Salir del shock

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La elección de Donald Trump para habitar la Casa Blanca durante cuatro años produce un ejercicio interpretativo constante. Las oleadas de preguntas y respuestas se suceden sin cesar. Tras la traumática elección, cada uno —votantes y no votantes, norteamericanos y ciudadanos del mundo— se preguntan por los efectos y origen de lo ocurrido.
La prensa de todo el mundo recoge artículos sobre cómo afectará su llegada en esto o aquello. No hay campo en el que no se hagan preguntas. A las preguntas sobre las causas (¿quién le ha elegido, por qué está ahí?) le siguen las preguntas sobre los efectos, el qué va a pasar, cómo nos va a afectar. Es lógico que esto pase pues no se percibe su llegada como una alternancia sino como una ruptura. Lo que ha llegado a la Casa Blanca es un cisma. Ahora se trata de saber su alcance. Por eso se miden sus efectos, como se hace con un terremoto.
La prensa generada es muy variada. La pena, el horror, las esperanzas más extrañas provenientes de dictadores, las advertencias de aliados, etc. todo parece invertido en esta elección que ha dejado boquiabierto al mundo.
Cuando se ve, por ejemplo, quiénes se felicitan por su llegada, la gente se asusta, incluido el propio Trump. No ha descalificado a muchos de sus admiradores, pero sí a algunos que no le benefician en nada. Acaba de rechazar los saludos nazis de la extrema, extrema derecha que le felicitaba brazo en alto por su elección con gritos de "hail!".


Las explicaciones periodísticas incluyen también las de aquellos que han reaccionado rápido y se preguntan qué hay que hacer para evitar que algo así se repita. Para ello analizan las causas con mayor o menor acierto. Unos se centran en los errores cometidos para que Trump se hiciera primero con las voluntades de los electores y luego con el poder. Otros, en cambio, prefieren centrarse en los que han dado su voto, en sus expectativas variadas. Un tercer grupo apuesta por la irrealidad de todo, señalando que los que la elección es el resultado perverso de no creer que fuera posible. Este último fenómeno entraría de lleno como ejemplo perfecto de algo que llamé hace muchos años en un artículo "la ocurrencia de lo imposible". En él trataba de explicar porqué nos ocurren estas cosas que afirmamos que no nos pasarán nunca. Mucho del horror y la tristeza provienen de esa incapacidad de reaccionar ante lo que es imposible que ocurra pero ocurre porque pensamos que no podría ocurrir. No es un juego de palabras sino un desgraciado efecto de nuestras opinantes sociedades que acaban anticipando lo posible y lo imposible, muchas veces guiadas más por el deseo que por otra cosa.


El mundo debe entonar el mea culpa. No creímos, no queríamos creer... que fuera posible. Cada paso adelante que daba iba a ser el último. Pasito a pasito... la Casa Blanca. No quiero contar la cantidad de artículos que le he dedicado a Donald Trump en este tiempo desde que comenzó la carrera por la presidencia. No quiero contar las horas y horas dedicadas a su persona, a sus ideas, a sus insultos. Le dieron por muerto cuando insultó al héroe de guerra John McCain. Ahora preparan su toma de posesión.
Tampoco quiero pensar en lo que nos queda por delante. Ya son más las voces que piden que no se incurra en el mismo error. Los que decían que no haría lo que decía —incluido Al-Sisi, el presidente egipcio que dio una teórica sobre prometer y no cumplir— ya están temblando.
En la campaña dijimos que el problema no era Trump sino lo que estaba destapando de la sociedad americana, los que le jaleaban. Ahora el problema ya no es el auditorio, sino el personaje sobre la escena. Son sus acciones las que abrirán las polémicas y las que exigirán defensas para evitar que la mentalidad autoritaria que encarna desmonte la democracia misma y esta quede sin defensas, es decir, sin poderse defender de Trump y de trumps futuros.

Cometeríamos un enorme error —otro— si pensáramos que son cosas americanas. Lo cometeríamos de dos formas: pensando que no nos van a afectar y pensando que no se va a reproducir entre nosotros. Cuando digo "nosotros", lo hago en un sentido español y otro europeo.
Está claro que la democracia necesita pedagogía. Me preocupa, por ejemplo, que en España miremos el calendario para ver cuándo cae el día de la Constitución para ver si hay puente o no. Me preocupa que no trabajemos nuestra "europeidad" de una forma activa, sino solo como noticias desde Bruselas.
Me preocupa que las libertades y derechos sean cosas de activistas, como si no fueran con nosotros. Me preocupa incluso que a veces los propios activistas piensen que las libertades son cosa suya y no de los demás. Me preocupa también que ahora todos estén empeñados en jugar al quién-es-Trump en cada país para seguir enzarzados con lo mismo y dejar que crezca lo que realmente hace que surjan: las divisiones sociales extremas, la sensación de que los otros son enemigos, la voluntad dogmática de verdad. Eso son los alimentos con los que crece el Moloch Trump.
Los Trumps surgen por la falta de sentido de la ciudadanía, por la falta de comunidad más allá del grupo, por la falta de diálogo social real, por creer que no pueden surgir, por consderarse olvidado de todos... Nos contentamos con reproducir el término "populismo", pero no acabamos de entender que se produce en el caos y la sensación de pérdida de identidad que busca un regreso a lo básico, a lo emocional, a lo que se construye de forma extrema en lo positivo y en lo negativo: "Nación" contra "Europa" o "globalización"; "Religión" contra "Ciencia"; "Pueblo" contra "Estado"; "casticismo" contra "otredad"; "liderazgo populista" contra "político profesional"; "sincero" contra "hipócritas", etc. Es un mundo en blanco y negro en el que le pides a la gente que se sitúe en un solo color.


Hay que devolver los colores al mundo. Hay que ayudar a devolverle su complejidad y diversidad. Hay que recuperar el diálogo que progresa contra la idea de que existió una "edad de oro" a la que hay que volver. Lo mejor es el futuro porque no hay otra cosa. Puede ser de muchas formas. Y eso está en nuestras manos.
Teaching Tolerance, una ONG norteamericana que trabaja sobre la tolerancia en las escuelas aprovechando las campañas electorales, ha realizado un informe muy triste sobre los efectos que esta campaña ha tenido en las escuelas. Los niños estaba aterrados por lo que escuchaban. Les produjo miedo a unos, despertó deseos malsanos de excluir a otros. La democracia dejó de ser una celebración de libertad para convertirse en algo aterrador para los niños. Así comienzan su presentación en su informe de lo ocurrido:

EVERY FOUR YEARS, teachers in the United States use the presidential election to impart valuable lessons to students about the electoral process, democracy, government and the responsibilities of citizenship.
But, for students and teachers alike, this year’s primary season is starkly different from any in recent memory. The results of an online survey conducted by Teaching Tolerance suggest that the campaign is having a profoundly negative effect on children and classrooms.
It’s producing an alarming level of fear and anxiety among children of color and inflaming racial and ethnic tensions in the classroom. Many students worry about being deported.
Other students have been emboldened by the divisive, often juvenile rhetoric in the campaign. Teachers have noted an increase in bullying, harassment and intimidation of students whose races, religions or nationalities have been the verbal targets of candidates on the campaign trail.
Educators are perplexed and conflicted about what to do. They report being stymied by the need to remain nonpartisan but disturbed by the anxiety in their classrooms and the lessons that children may be absorbing from this campaign.*


Hay que salir del shock y evitar las recaídas. La democracia debe seguir siendo un ejemplo de convivencia y no un creador de miedo y ansiedad. Ni de niños ni de adultos.


* "The Trump Effect. The impact of the presidential campaign on our nation’s schools" Southern Powerty Law Center http://www.tolerance.org/sites/default/files/general/SPLC%20The%20Trump%20Effect.pdf

martes, 22 de noviembre de 2016

El 15 por ciento

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Los artículos de Mohamed Abul Ghar, el veterano político egipcio, están siempre llenos de sentido común y de un punto melancólico, el que se debe desarrollar cuando después de tantos años intentando cambiar tu país compruebas que poco o nada ha cambiado, que las cosas —pese a lo que digan la propagandista economista "experta" de la que hablábamos ayer, la que consideraba un asunto menor la condena de los dirigentes del Sindicato de Periodistas y lo verdaderamente importante la requisa del azúcar a una empresa de dulces— no van a mejor sino que se pierden deshaciéndose en una especie de noche eterna.
Mohamed Abul Ghar nació en 1940 y estudió Medicina; es ginecólogo. Durante la época de Mubarak participó en diversos movimientos para lograr la independencia de  las universidades, para liberarlas del control político. Es una persona ilustrada. Cuando llegó la revolución del 25 de enero de 2011 asumió sus responsabilidades históricas como egipcio y fundó poco después el Partido Socialdemócrata. Es una persona progresista en una sociedad que mayoritariamente no lo es. Como ginecólogo, ha traído muchos egipcios al mundo, siendo un especialista y pionero en la fertilización in vitro en Egipto. Deseaba para ellos un país mejor.
Cuento esto para que se comprenda el tono de su artículo. Aquí hemos recogido muchos de sus escritos, convertidos en ocasiones en auténticas cartas al presidente El-Sisi. Lo hace siempre desde la honestidad y desde la crítica que cualquier persona que quiere a su país debe hacerlo: evitar que se equivoquen los responsables. No es el puesto más agradecido el de decirle al poder sus errores; es el que nadie quiere asumir y en el que la edad hace dar un paso al frente para evitar que otros se tengan que enfrentar a las iras del poderoso criticado, ampararse un poco en el respeto a las canas, más esperanza que otra cosa.
En el artículo publicado en Ahram Online, titulado "Egypt's only way out", Mohamed Abul Ghal dice muchas cosas que no le hubiera gustado tener que decir. Ni a  él ni a nadie. Pero hay que decirlas porque otros han tenido el valor de ofrecer los datos disponibles y no quiere que les rodee el silencio.
Comienza así su artículo, haciéndose eco de otra publicación:

It was through an online article published by Al-Masry Al-Youm by Mohamed Abul Gheit that the entire community of social media was taken by a wave of shock and sadness over the state of affairs in Egypt as it keeps declining in a terrifying way.
I have been consumed by deep worry and sorrow myself after having read this article with its compelling and unequivocal facts and figures that are all taken from one of the publications of the Central Agency for Public Mobilisation and Statistics (CAPMAS), which is a sovereign executive body that is neutral amid political affiliations and that only produces research-based material.
Given the volume of depressing information in this particular publication, I would not be too surprised if its authors face a severe reprimand from the state for having put out such detailed information that is simply embarrassing to the state.
And I have first of all to say that it would be very disturbing if the state was to put a ceiling on the publications of CAPMAS because this would render us a banana state where the executive authority blocks all accurate information and statistics.*


No es casual que el autor establezca cuatro aspectos en el comienzo del artículo: el primero, su tristeza y horror; después los datos que la han caudado; en tercer lugar, su preocupación por quienes los han sacado a luz, a la vista de la experiencia de estigmatización y condena sobre quien lo hace; y finalmente los que deben escuchar, reaccionar ante los datos y no lo hacen.
Lo puesto en evidencia por la Central Agency for Public Mobilisation and Statistics (CAPMAS), que es la fuente de los datos, es el nivel de deterioro, la pobreza y abandono del país. Son datos de fuentes oficiales que los responsables del estado no quieren ver o escuchar para poder seguir fabricando la burbuja en la que viven los que se niegan a salir de ella. Mohamed Abul Ghar vivió la revolución de los 50 con la ilusión de los que querían hacer un Egipto moderno, respetado en el mundo, más justo. De él han quedado los viejos cantos que se repiten, década tras década, pidiendo "¡justicia social, pan y libertad!" Y se repiten porque nadie los ha cumplido más allá de la retórica satisfecha de los que tienen pan, pueden comprar la justicia y se buscan su  propio espacio de libertad frente a los que no pueden pagársela.


La información que nos transmite es la siguiente:

The report that was highlighted in the article of Abul Gheit reveals that only 15 per cent of the entire population of this country leads a relatively decent living with reasonable access to some sort of decent education and nutrition, and maybe access to employment.
As for other 85 per cent of the population, the same report reveals, they live under very dire conditions that leaves them with very high levels of illiteracy and malnutrition that is harsh enough to affect their physical and mental health negatively.
According to the same report, the 15 per cent bloc includes billionaires, the middle class, professionals — including doctors, university professors, bankers and journalists, and civil servants — and other individuals who earn more than LE4,000 a month and who have access to the internet and newspapers and who are directly involved in economic and political activities, including support for and opposition to the president.
It is then within these 15 per cent that we have activists, protestors who took part in the 25 January and 30 June events, and members of the National Democratic Party that has now evolved into “For the Love of Egypt.” There too are the thieves and the thugs that the police sent to attack protestors in demonstrations.
So effectively when the president makes a statement, its audience is primarily within this 15 per cent and all the political jokes and all the comments on current affairs come from within this group.
So what about the other 85 per cent? Well, according to the same report those are the majority of the population that suffer hunger and destitution and who basically take no interest in politics and do not participate in the political scene without having been financially rewarded for doing so.
Those are the inhabitants of the shanty towns that have expanded to the point of being an explosive belt around the cities that could actually go off at any moment.*

Es difícil hacer un diagnóstico más sombrío, un retrato más solanesco de una realidad que nadie reconoce, que ha desarrollado la habilidad de enmascararse bajo todo tipo de disfraces, del patriotismo a la piedad.

Existe un 15% que es por el que pasa la vida y un 85% por el que ni el tiempo pasa, un 85% dejado de manos de la Historia, olvidados, invisibles para las disputas, que no entra en los planes de nadie. Son los que no entienden de ampliaciones del Canal, de nuevas y fantásticas capitales, de las disputas por los asientos del parlamento entre empresarios y militares pasados a la política o presidentes de clubes de Fútbol. Son los que no entiende de qué se debate allí, ni por qué lo hacen. No tuvieron ni libros de texto en los que salieran islas que acabarán, como regalo, con los saudíes. Son aquellos para los que el tiempo no existe, detenido junto a unas pirámides que les enseñan que el poder es eterno y que hay que reverenciarlo y besar su mano, sea quien sea., porque es el poder, alguien que dejará caer algunas migajas si es su voluntad.
Mohamed Abul Ghal se anticipa. Sabe que por decirlo correrá la misma suerte que todos los que se atreven a denunciar la situación. Son acusados de traidores, de anti egipcios, de ser conspiradores... porque es el triste destino del egipcio que dice lo que ve a su alrededor. Con un dólar ayer a más de 17 libras —de 8 a 18 en una caída espectacular—, muchos egipcios han visto reducido su mundo en la misma proporción. Algunos comienzan a despertar a esa realidad ignorada del 85% en la que pueden acabar.
Se agotarán pronto los productos subvencionados para calmar a los que han sido mantenidos artificialmente desde un estado e instituciones que no han tenido pudor en llevarse mediante corrupción lo que el país recibía por cualquier vía; no han tenido vergüenza en hacer negocios vendiendo o comprando para quedarse ellos y sus familias con enormes cantidades de dinero o con pequeñas mordidas funcionariales. Cuando se ha puesto cifra a la corrupción, el estado se ha rasgado las vestiduras y ha mandado encerrar a quien hizo la denuncia.
Cuando ha habido críticas, estas se han acallado mediante la fuerza de la represión. Sobre los que criticaban caía la fuerza del estigma. Eso afecta a todos los niveles. Y mucha gente se fue volviendo cobarde. No querían perder lo poco o mucho que poseían. En eso han estado todos unidos. Cuando artistas, intelectuales, escritores, cineastas, científicos... lo han denunciado han tenido que sufrir sus consecuencias. Han perdido sus lazos con la sociedad, a la que no le gusta que le recuerden que son una minoría, ese 15% que vive rodeada de un 85% que no tiene acceso a casi nada.


Recuerdo ahora uno de mis escritos en este blog donde unos niños construían una escuela con sus manos para poder estudiar. Nadie les asignaba un maestro. El temor era que las autoridades la derribaran. Sin profesor, les tiraban las paredes porque lo veían como un desafío y el poder debe ser ejemplar si quiere durar. Se trataba de mantenerlos ignorantes, sumisos, obedientes. Empiezan queriendo construir una escuela y... quién sabe.
Mohamed Abul Ghal advierte del polvorín sobre el que están sentados. Su final no es demasiado optimista porque no hay motivos:

The big question is the relation between the state and those 85 per cent and the answer is very disturbing because it seems like in those shantytowns there is hardly any serious influence of the state of law, and of course there is hardly any presence of state services, no matter how basic.
And it is from these neighbourhoods that kids run away to be street children in the neighbourhoods of the 15 per cent.
Those 85 per cent have no access to and no contact with the state and it is only the Salafis or the Muslim Brotherhood that could actually influence the choices of those people who feel inclined to escape the hell of Egypt into the heaven the Islamists promise.
It seems to me that the state is worried this 85 per cent could reach the tipping point and that is why when the president said the armed forces could be deployed across the entire country within six hours he was actually sending a message to those people. But the fact of the matter is that those people do not follow the statements of the president.
So what is the way out? There seems to be one exit strategy only: the president and the state should end animosity with the 15 per cent, all of them, from the business community to the community of activists, to start a serious process of development and democratisation.
I am afraid that we have a serious problem and I am afraid that the president would not be able to live up to this challenge alone or even with the support of the army. This is a problem that has to be attended to through a collective effort of state and society, or else it will explode.
A wide national consensus is the only way to spare Egypt.*

El problema es que ese consenso solo será entre partes pequeñas de más o menos privilegiados de ese 15%. La discusión se acaba centrando en cómo mejorar la posición dentro de ese grupo del 15% y de cómo ocuparse del 85 restante. Es de lo que siempre he oído discutir, nunca de cómo paliar los problemas generales. Incluso se ven con recelos los informes y peticiones para ayudar a los que nadie ayuda. Se disfraza de orgullo, pero en muchos es el simple temor a que mejoren las situaciones de los que están por debajo.
He visto en estos años a jóvenes con sentido de la realidad terrible que les rodea intentando dedicar horas, trabajo. El empeño del poder ha sido cómo acabar con los miles de ONG que abundan por el país.
Ese "amplio  consenso nacional" se sigue moviendo en unos límites del 15%, que son quienes deciden desde hace mucho el destino de Egipto.
El peligro de que sean reclamados a las filas del fundamentalismo es el que mueve tratar de evitarlo. Son reclutados por las voces tentadoras que dirigen la frustración hacia los que no tienen ningún problema en llenarles de promesas. Una parte de 15% siempre vio en ellos un peligro; la otra, una oportunidad, una materia prima para la rebelión. Pero a nadie han preocupado realmente sus destinos. Han recibido la única enseñanza útil: que su pobreza es su destino.
Mada Masr recogió otro informe sobre la tercera ola de emigrantes egipcios que es el complemento de lo escrito por Mohamed Abul Ghar:

Egypt is witnessing a third wave of migration of political dissidents, according to a report released by civil society organization, the Arabic Network for Human Rights Information on Tuesday.
The two waves preceding this were in the 1950s and 1970s, according to the report: The Third Exodus: Migration and the Involuntary Departure of Egyptians. Those leaving during the 50s under President Gamal Abdel Nasser were predominantly members, supporters and sympathizers of the Muslim Brotherhood, whereas departures in the 70s included leftists and Arab nationalists under President Anwar al-Sadat, who normalized relations with Israel and permitted greater space for Islamists.
The appendix to the report cites an article by journalist and writer Belal Fadl, who describes certain Egyptians with a “like it or leave” attitude as having a conception of democracy as “a medium for winning elections and then telling those who are unhappy they can go to Canada or Turkey, or to hell.”
The report is based on the testimonies of 31 Egyptians who have left during this third wave, which began with the period of governance under the Supreme Council of the Armed Forces after the ouster of former President Hosni Mubarak in 2011, and continued under the Muslim Brotherhood-led government of President Mohamed Morsi, up to the present day.
Unlike the previous two migratory waves, the report argues the current exodus is not limited to one geographic location or continent. The Egyptian migrants interviewed for the report are currently residing in nine different countries in the Middle East, Europe and the United States.
Another fundamental difference from the previous two waves is that the current departures are from across the political spectrum and aren’t limited to one political group. Those who have left include Egyptians with Muslim Brotherhood affiliations, liberals, leftists, nationalists, as well as academics and professionals. Most are young or middle-aged, according to the report.
The first part of the report focuses on the reasons why people decide to leave, the second part explores their experiences in exile and the third examines the rationale for either continuing to live abroad or returning to Egypt.
Those interviewed cited wide ranging reasons for leaving, including hostile conditions at work and veiled threats, to direct threats, police harassment, false media claims, fabricated charges and even assassination attempts.**


Se van. Se van de todas las ideologías. Ya no aguantan más. De ellos pronto solo importará que manden dólares a casa o cómo cobrarles más por irse. Es lo que importa. Se les van los que nada tienen que perder y los que esperan más de la vida. La generación que quiso cambiar se marcha desengañada. Nada ha cambiado. Solo aumenta el empobrecimiento y la clase media ha quedado reducida la 5%.
Lo que se dice aquí tampoco gustará a nadie, pero se acerca más a la realidad que muchas fantasías que se siguen creando para mantener la esperanza. La descripción de la ausencia de talante democrático, ese "si no te gusta, te vas", coincide con el brutal insulto a los muertos en el Mediterráneo realizado desde el Parlamento egipcio. El barco que naufragó estaba lleno de delincuentes, de malos egipcios que decidieron llevarse su poco dinero para atravesar el mar. "¡No me dan ninguna pena los muertos!, dijo Mortada Mansour, un electo padre de la patria que pide a las mujeres que se dejen mutilar por el bien del país. Se van del paraíso, ¡allá ellos! Tampoco la dan pena los vivos. Él pertenece a ese 15%, como lo pertenece su familia. Ellos son el verdadero "Egipto", el que cuenta. En su página de Facebook nos muestra orgulloso las fotos de su hijo ocupando la tribuna de oradores en el parlamento. Algún día, se sentará también allí. Hay egipcios que se quejan hoy de que a Gamal, el hijo de Mubarak, no se le diera la posibilidad de gobernar. Todo quedaría dentro del 15%.
Durante mucho tiempo me ha sorprendido la indiferencia de la mayoría ante los problemas de ese 85% del que nadie apenas habla, un mundo que les rodea pero que han aprendido a no ver. No entra en los discursos, ni en las conversaciones. No existe. Hablar de él se considera de mal gusto; también ocuparse de él y darle visibilidad. Acercarse es a riesgo de ser acusados, incluso de perversión de menores cuando te ocupas de los "niños de la calle", como les ocurrió a los miembros de una ONG que intentaban ayudar. Nadie acusó a los que abusan diariamente de ellos, pero sí a quienes trataban de ayudarlos. ¡Triste! Ni hacen ni dejan hacer, temerosos de quedar en evidencia.


Los egipcios pueden responsabilizar a Obama o a Clinton, a Occidente, a Israel, a El-Baradei, a Bassem Youssef, a la revolución... a quien quieran. Pero lo cierto es que la causa de su estado la tienen mucho más cerca de lo que piensan. Pero del paraíso, como de otras cosas buenas, se goza con los ojos cerrados.
El dolor de Mohamed Abul Ghal, la indignación que siente al leer esas cifras oficiales, es la de aquellas personas que se alejan de las retóricas patrióticas de la ocultación. Hay muchas formas de querer a un país. La primera es reconocer ese 85% olvidado, dejar de considerarlo una lacra o una amenaza y empezar a verlo como una responsabilidad. 


* Mohamed Abul Ghar "Egypt's only way out" Ahram Online 20/11/2016 http://english.ahram.org.eg/NewsContentP/4/246808/Opinion/Egypts-only-way-out.aspx

** "Egypt’s 3rd exodus since 50s includes people of all political persuasions" Mada Masr 20/11/2016 http://www.madamasr.com/en/2016/11/20/feature/politics/egypts-third-exodus-includes-people-of-all-political-persuasions/