jueves, 25 de febrero de 2016

Sobre Gran Torino y los estereotipos culturales

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Hay muchas películas interesantes para el estudio de los estereotipos, pero probablemente pocas ofrezcan un material tan rico y abundante como "Gran Torino" (Clint Eastwood 2008). Hemos tenido ocasión de repasarla en nuestro cinefórum y de aprovechar esa riqueza para ahondar en cuestiones sobre las relaciones interculturales, materia en la que estamos metidos a través de las tesis doctorales que tengo la suerte de dirigir con alumnos de diversos países y culturas.
Nada más sano contra el casticismo que el cambio de perspectiva que vamos adquiriendo cuando entramos en contacto con personas de culturas diferentes y nos dirigimos hacia ellas con el afán de un aprender conjunto que nos enriquece a todos. En unos casos lo hará en forma de conocimiento nuevo, en otro como derribo de viejos muros elevados durante generaciones de malentendidos, incomprensiones y desprecios.

Cuando se revisa la historia cultural y sobre todo los textos que producimos, nos damos cuenta de cuánta arbitrariedad, de cuanta injusticia existe en la forma en que dibujamos primero y tratamos después a personas que simplemente proceden de mundo diferentes.
Un estereotipo es un enunciado, una afirmación sobre algo o alguien que mantiene cierta constancia en el contenido aunque pueda variar en las formas, es decir, en la representación. El mismo estereotipo puede encarnarse en un chiste gráfico, en una historia insertada en una novela, en un anuncio. Todos esos "mensajes" saltan de los textos hasta nuestras mentes y anidan allí. Son reforzados produciendo un prejuicio, un juicio preconcebido, respecto a personas, grupos, sectores, profesiones, etc. La representación prevalece y marca la realidad; el contenido dirige y evalúa la experiencia condicionando los resultados. Un estereotipo es, en este sentido, una venda en el conocimiento, un filtro.
Los estereotipos abarcan todos los campos en los que es posible tener una opinión. A los sociólogos y demás estudiosos de este campo les preocupa el tipo de "verdad" o "mentira" que hay en los estereotipos. No creo que sea ese todo el problema, sino el uso de que hacemos de ellos.
En la película de Eastwood se nos muestra a un viejo gruñón, ex soldado de la guerra de Corea, que acaba de perder a su esposa. No aguanta a nadie y nadie le aguanta a él. Su mundo está lleno de valores fundados en estereotipos. ¡Cómo se le ha ocurrido a su hijo comprar un coche japonés!


Quiere el destino (el guionista) que en la casa de al lado del polaco católico Walt Kolwalski viva una familia "asiática", un grupo de Hmong. El primer estereotipo que tiene el personaje es el del "asiático". Como persona que ha luchado en la guerra de Corea, todos los "asiáticos" forman parte de un solo grupo, una "categoría" que viene identificada como el "enemigo" contra el que fue a luchar y que ahora les invade. Para él, los Hmong son "amarillos", como se refiere, esa característica anula cualquier otra que permita romper el estereotipo. Por ser asiáticos, "amarillos" (entre muchos otros tópicos calificativos, siempre insultantes), se merecen su desprecio. No hay discriminación entre unos y otros.
Tendrán que decirle al gruñón combatiente de Corea que los Hmong lucharon a su lado en Vietnam y que por ello fueron posteriormente perseguidos y masacrados tras la retirada de los Estados Unidos. En esas circunstancias, los Estados Unidos los acogieron como refugiados políticos. Como le dice la joven Sue: "¡Échale la culpa a los luteranos por traernos!" Los Hmong son, para acabar de romperle los estereotipos, mayoritariamente cristianos.


Lo interesante de la película es cómo descubre el Kowalski que se siente más cerca de aquella gente que ha venido de muy lejos más cerca que de su propia familia, especialmente de sus hijos, con los que confiesa no tener ningún aspecto común. Es el tradicionalismo de los Hmong —son familias muy tradicionales, le repiten constantemente— el que rompe la cabezonería de Kowalski. Es el imperturbable sentido del compromiso de los Hmong el que vence la resistencia. Da igual que a él no le gusten los regalos que le hacen; ellos lo hacen porque están en deuda. La comida jugará un papel importante en la película como elemento simbólico y ritual, algo característico de la cultura Hmong y de la cultura china en general. Kowalski pasará de dar por sentado que "comen perro" a degustar complacido los platos que le ofrecen los vecinos. Él seguirá bromeando con que comen perros y ellos le seguirán la broma diciéndole que comen gatos.


La profundidad psicológica del personaje nos llega cuando comprendemos de dónde viene su amargura, la que le ha hecho llevar una vida enfrentado a todo el mundo: mató a un joven vietnamita que iba a entregarse. No ha superado ese dolor durante su vida y lo ha transformado en ese prejuicio que le hace no ir más allá del estereotipo negativo.
Son las circunstancias las que le permiten redimirse y disfrutar junto a sus vecinos Hmong de aquello que no pudo tener con sus propios hijos. Los dos jóvenes Hmong le permitirán asumir esa nueva paternidad. Cada uno de ellos figura en un extremo distinto: la joven es abierta e irónica, comunicativa y le habla sin trabas; el joven retraído, tímido, víctima de la violencia que le obliga a llevar una vida que no desea.


Los prejuicios de Kolwalski no se refieren solo a los "asiáticos". En realidad es un hombre lleno de prejuicios, lo que le ha llevado convertirse en una especie de caricatura gruñona de sí mismo. Es un acierto interpretativo los gruñidos perrunos que Kowalski emite cuando ve cosas que le desagrada, como el piercing en el ombligo de su nieta durante el funeral.
Si algo enseña la película en el plano que comentamos es el valor de la constancia. Acabar con los estereotipos y los prejuicios que existen tras ellos no es fácil y requiere firmeza y constancia en diferentes direcciones. No es fácil borrar esos prejuicios que han  anidado en las mentes y se ven reforzados desde el exterior con distintos mensaje portadores de esos enunciados. Incluso, en la medida en que los estereotipos son concreciones textuales, pueden perdurar en un plano diferente al del prejuicio, como hábitos comunicativos o expresiones que quedan como restos arqueológicos en los códigos. 

La cultura es memoria colectiva, un depósito de elementos compartidos. Muchos de sus elementos reproducen esos estereotipos. Pensemos simplemente en las películas que, a diferencia de Gran Torino, no tratan de eliminar estereotipos sino que han contribuido a crearlos. Son, por el contrario, mayoría.
Estados Unidos ha tenido que lidiar con sus estereotipos internos, sobre todo desde el racismo. Ha tenido que depurar su pasado textual y aprender a vivir con él. Los tiempos cambian, pero los textos permanecen y pueden llegar a ser un insoportable recuerdo de nuestros prejuicios. El ejemplo de El nacimiento de una nación, de D.W. Griffith, es solo un ejemplo comúnmente citado, pero podrían proponerse muchos otros ejemplos de aplicación de estereotipos a otros grupos que no han tenido todavía la fuerza para borrar o advertir de los estereotipos sobre ellos.
Lo mismo que ocurre con los Hmong ocurre con el joven sacerdote católico —27 años— respecto al que tiene todas las prevenciones y, como es habitual, no se queda mucho tiempo sin decirle lo que piensa de él. También por esta vía comprenderá que ha levantado barreras absurdas.


Como en el caso anterior, seguirá manteniendo el vocabulario ofensivo, pero con una actitud diferente. Debe aparentar que no ha cambiado, que sigue igual de gruñón, pero todos se dan cuenta que el cambio ha sido importante.
Las dos escenas que mantienen un sentido del humor peculiar y eficaz son las que llevan a la formación del joven y a su integración social. Me refiero a las secuencia de la peluquería en la que hacen salir y entrar para que se presente "como debe" y al resultado del aprendizaje cuando Kowalski le acompaña a pedir trabajo.
Podemos comprobar la dificultad de asumir el lenguaje que Kowalski y el peluquero italiano le proponen para "parecer un hombre". Es una secuencia muy interesante por lo que tiene de metalingüística. Es la explicación desde la Pragmática de cómo parecer de una manera para no ser tratado de otra. Es una interesante lección de cómo funciona el lenguaje y de cómo nos ofrecemos de una manera u otra a través de él. Los dos veteranos enseñan al joven Thao cómo se debe entrar en un lugar desde la perspectiva "masculina", esa especie de brutal camaradería cuartelaria verbal, insultante, que no parece ofenderles sino divertirles. Vemos aquí el funcionamiento estereotípico de la "masculinidad" desde esa perspectiva ruda que busca presentarse de esa manera descarnada y agresiva que se resuelve en lo verbal, como si fuera una competición de testosterona.


Cuando hemos visto esta secuencia, comprendemos mejor los mecanismos lingüísticos que se desarrollan en la segunda, la que lleva a la consecución del empleo. Thao ha dejado de manejarse verbalmente tal como lo hacía anteriormente y se comporta ante el contratista como si estuviera dotado de un aplomo que resulta divertido al espectador al ver la transformación por efecto de las lecciones que le han dado.
La película de Eastwood ahonda también en los estereotipos y prejuicios que se aplican dentro del grupo, es decir, como señas de identidad. No es solo cuestión intercultural. Lo que se muestra en la película se acerca bastante a los casos reales en los que la sensación de no pertenecer al espacio en el que se encuentra no hace sino reforzar el estereotipo propio.


En la medida en que el estereotipo es un enunciado, puede ser también un auto enunciado. No es solo aplicable a los otros, sino que nosotros mismos podemos encerrarnos dentro de enunciados que nos limiten profundamente. La lucha del joven Thao no es con otros grupos sino con su propio grupo, que pretende hacer de él uno más. Los ataques del grupo de su primo precisamente tratan de alejarle de lo que él realmente quiere. Como dice su hermana, "las chicas Hmong van a la Universidad; los chicos, a la cárcel".
Uno de los análisis más finos de la película es el del acompañante, una especie de novio dice ella, de Sue. El episodio del encuentro con la banda de afroamericanos es revelador. Sale con una americana asiática y viste y habla como si fuera un afroamericano. "¡Como vuelvas a llamarme 'hermano' te arranco la cabeza!", le dirá uno de los agresores en la esquina en que les paran. Es el personaje que queda más ridículo en película porque precisamente carece de definición, intenta ser de todo y no llega a nada porque es un estereotipo andante, una especie de afirmación de cómo le gusta parecer ante los demás.


Desde el punto de vista de los estereotipos, la película hace un recorrido por las diferentes posibilidades y los males que acarrean en el plano individual y social. Se suele establecer una relación entre el estereotipo, el prejuicio y la discriminación. El primero es, como hemos señalado, tiene carácter semiótico, se encarna en signos, con lenguajes muy diversos. Una forma de hablar y de vestir pueden ser equivalentes, tener un mismo significado al remitirnos a lo mismo. Desde este punto de vista, como todo signo, puede variar en los referentes a los que se les aplica. Para Walt Kowalski todo "asiático" ("amarillo", "japo", "rollito de primavera"...) "come perros"; todos son "los enemigos contra los que luchamos en Corea y Vietnam". Kowalski no ve personas, no vea Tao o a Sue, hasta que se abre. Lo hace porque ellos, quiera o no, van a entrar en su vida por una deuda que cumplir. Pasado este tiempo forzado, Kowalski descubrirá que son personas y no un conjunto de enunciados aplicables a cualquiera que tenga los ojos rasgados.

Creo que es importante resaltar de nuevo que los más dañinos que se nos muestran se dan en el interior de los propios grupos. Si reducimos el mundo a estereotipos nuestro propio mundo se reduce porque no nos encontramos ante su riqueza y variedad sino ante un mundo reducido y estático. Manejarse así por el mundo implica ser prisionero, auto limitarse y, en muchos casos, perder control sobre nuestra propia vida. Si el estereotipo marca al otro, se produce de forma complementaria nuestro propio marcado, como ocurre con las bandas, que no pueden escapar a su propia definición agresiva. Thao desea huir de ese destino que le obliga a ser como el grupo quiere que sea. En la película se le da la posibilidad de escapar, de no asumir la imagen que se le quiere obligar a tener.


La película, debe señalarse, cuenta con un magnífico guión de Nick Schenk. Fue premiado como mejor guión en 2008 por el National Board of Review. También debe resaltarse que Clint Eastwood descubrió el guión y no quiso que nadie cambiara una línea, algo poco frecuente en cualquier momento de la historia del cine.
También es bueno recordar que Eastwood es autor de un experimento narrativo insólito e importante cuando realizó "Banderas de nuestros padres" y "Cartas desde Iwo Jima", dos películas contando la misma batalla desde cada bando. La cuestión no quedó en un simple mirar aparentemente desde el "otro lado", sino que manifestaba un importante deseo hacernos ver una película resolviendo el problema de asumir la descripción del mundo que la industria norteamericana del cine ha llevado a cabo, algo que levanta recelos y crea problemas.
Una última observación sobre la película: también Eastwood dinamita su propio "estereotipo" creado película a película. Juega con su pasado y con el recuerdo que tenemos de sus películas como actor. La redención final del personaje está en las antípodas de lo que representaba a través de los personajes de las películas de Sergio Leone o del personaje de Harry el sucio. Kowalski apuntando con el dedo a la gente nos lleva a un Harry Callahan que nos pide que le alegremos el día.


Cuando se miran las películas producidas desde los Estados Unidos en las que se ve el mundo reflejado, nos damos cuenta realmente del peso de los estereotipos y del poder de la maquinaria cultural para definirlos, cristalizarlos, extenderlos y reforzarlos mediante un mecanismo casi pauloviano de refuerzo. Quizá sea el cine el mayor fabricante de estereotipos, mostrándose la continuidad entre los social y lo cultural.


A veces los investigadores consideran que las películas, novelas, dibujos no son la realidad. Evidentemente no lo son, pero sí la representación distorsionada y forman parte de ella realimentándola. Aceptar que no trabajamos con realidades sino con representaciones supone dar al estudio del estereotipo la importancia que merece pues circulan como textos y a través de textos. Por ello esa consideración de enunciados cuyos significantes son variados, pero necesitan encarnarse en distintas materias susceptibles de llevarlos de una mente a otra.
El papel de los estereotipos en la cultura es importante y en una cultura mediática y global como es la que vivimos actualmente es esencial comprender su funcionamiento, formación y origen. En el fondo, el pequeño barrio que Eastwood nos muestra, poblado de gente de distintas culturas, es una reproducción local del mundo actual. El caso de los refugiados Hmong —mal conocidos, peor juzgados— se reproducen hoy por el mundo, convertido en un gigantesco campamento en el que convivimos todos.
Los estereotipos están sirviendo para encuadrar a millones de personas y lo hacen muchas veces de forma profundamente injusta y peligrosa. Donde se ve el "peligro amarillo" hoy se ven otros peligros, pero el mecanismo es el mismo.


Contra el estereotipo reductor y estático, la variedad de la vida, su cambio constante. Si el católico polaco Walt Kowalski pudo descubrir que había juzgado mal a muchos, incluso a sí mismo, todos pueden acabar con los estereotipos, que nos afectan en cuestiones más allá de los que llegan de fuera. Si hay un foco mayor de problemas es en las cuestiones de género, en la que reina el estereotipo.
Si somos capaces de entender lo que condicionan nuestras vidas y relaciones los estereotipos de género, deberíamos también intentar eliminar los que nos impiden conocer, valorar y disfrutar de los otros.
Cuando se encendió la luz de la sala y pregunté a mis alumnos chinos qué les había parecido la película, la primera palabra que me dijeron fue "emoción". Son muchas películas, muchísimas, viéndose representados culturalmente de forma ofensiva. Hoy se cuida algo más esta cuestión porque el mercado chino es grande y conviene cuidarlo, pero si vamos —como hacemos— repasando la historia del Cine podemos considerarla como una acumulación de agravios representativos, de descripciones insultantes, de distorsiones inusitadas, etc. que nos hacen hoy enrojecer.
Nadie se escapa, si bien el potencial de la industria cinematográfica norteamericana hace que el peso de su producción cuente mucho en esta cuestión. Si desarrollamos la sensibilidad para percibirlo, pronto nos daremos cuenta. Y quizá tratemos de evitarlo, que no es ni más ni menos que tratar de comprender y comunicar mejor.




miércoles, 24 de febrero de 2016

El regreso simbólico de la alfombra de rojo brillante

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Hace apenas unos segundos acaba de entrar en mi página de Facebook una viñeta de la dibujante egipcia Doaa Eladl y me ha hecho abandonar el texto que tenía a medias. 
Muestra un hombre uniformado —¿un policía, un militar...?— que camina con las manos unidas en su espalda sobre una alfombra roja. La alfombra resulta ser un reguero de sangre que surge de un hombre tirado en el suelo, de un cadáver. La viñeta es una referencia inequívoca a la polémica suscitada por los cientos de metros de alfombra roja que su usaron para la comitiva, coches incluidos, en una reciente inauguración de un barrio realizada por el presidente El-Sisi y que ha sido criticada ampliamente dentro de Egipto y en algunos medios exteriores. La alfombra roja de sangre es un eco de aquella otra alfombra.


Sin la contextualización de la alfombra, el dibujo representa la indiferencia del militar ante la sangre que pisa y que, dado la falta de otra referencia, ha provocado. La contextualización, en cambio, sin alterar esa primer lectura general, la vuelve más precisa, casi le pone nombre y apellidos a la violencia que se transforma en el lujo del que no solo no quiere manchar sus zapatos sino que tampoco se manchen las ruedas de sus lujosos coches. Eladl junta —esa es la genialidad del caricaturista político— toda una serie de elementos dispersos que constituyen un texto claro.
Son los dibujos de Doaa Eladl —y de Andeel, en Mada Masr— los que realizan las síntesis, verticales y horizontales, de lo profundo con lo seriado. Paradigma y sintagma. Los acontecimientos que se producen en la superficie son variaciones de las constantes profundas, estructurales, que aquejan a la sociedad egipcia y al régimen que la gobierna. El dibujo de Doaa Eladl es un retrato moral y físico. Dibuja lo visible para representar lo invisible.


Hace tiempo que los dibujantes sintetizan mejor que los escritores lo que ocurre, los que ofrecen en un golpe de vista lo que se necesitan muchas palabras para comprender. No quiere eso decir que sean "intuitivos", evidentes en sí mismo. No. Más bien que logran anclar los turbulentos hechos que aquejan a Egipto, sus contradicciones constantes, ese amor a lo que les destruye y esa destrucción de los que aman a su país, simbolizados en una generación de jóvenes —a la que pertenecen tanto Eladl con Andeel— que están siendo sacrificados sin piedad por un régimen que los elimina y una sociedad que lo aplaude.
La respuesta de Doaa Eladl a la condena a dos años de cárcel del novelista Ahmed Naji por la publicación de un capítulo de una novela en la prensa, acusado de atacar la "santidad" de las costumbres y leyes, fue también contundente. Un asustado remero está a punto de ser tragado por un gigantesco pez que surge del abismo. Los remos de la barca son dos plumas, signo de la escritura.


El caso de Naji y su condena ha hecho reaccionar a muchos que hasta el momento castigaban al régimen con su silencio. De ahí, algunos ya no pueden simplemente desmarcarse y comprenden que solo es cuestión de tiempo que les toque a ellos. Más de 150 intelectuales han publicado una carta tras la proclama de "¡Quemad los libros!" de la que ya dimos cuenta aquí hace varios días. No han sido solo ellos. 

Siete de los autores de la actual Constitución egipcia han dicho que la condena a Naji va contra la propia constitución, según recoge Ahram Online**. ¿Pero qué es la constitución contra la "santidad de las costumbres y la moral patria"? No es una pregunta retórica, simplemente pone el acento en el largo conflicto entre los defensores de las leyes humanas —históricas, temporales, imperfectas— y los que dicen hablar en nombre de las divinas. El régimen intenta navegar entre dos aguas, aparentar ser liberal y solo es una nueva manifestación de lo reaccionario tradicionalista.
En Mada Masr se publica un artículo titulado "Ahmed Naji, the Use of Life and the zombies", firmado por el francés  Richard Jacquemond:

How do you feel when you learn that the author of the novel you’ve been reading and enjoying for the past few days has just been given a two-year prison sentence for violating public morality? One more on the list, you say. Tens of thousands of his fellow citizens rot in jail, where they are being abused in all sorts of ways, without any due process or a parody of it — some for wearing a T-shirt, others for demonstrating against the law that deprives them of their right to demonstrate, many more for being in the wrong place at the wrong time.
You’ve just spent the last two weeks grieving for Giulio Regeni, speculating with Italian, Egyptian and other colleagues and friends about the causes and consequences of his murder, reflecting on your own responsibility toward your students. You remember your colleague Atef Botros, one of the finest and bravest Egyptian scholars you met in the past few years, banned from his own country and sent back to Germany, the day before you landed yourself at Cairo Airport the last time. What to do? What can you do, back here in France, except vent your anger on Facebook and sign the usual petition?**


El artículo no solo cuenta el caso de Naji, sino que crea secuencia al hacerlo formar parte de una serie de acontecimientos. Lo que entra en una serie deja de ser "accidente", "azar", como le gusta al régimen de El-Sisi, en cambio, definir los acontecimientos. No desean que exista un patrón con una finalidad. Para los regímenes autoritarios, los hechos ocurren siempre por la fatalidad, no como efecto de sus acciones. Cuando un policía dispara en la cabeza a un taxista, no es un "policía" sino un ciudadano más envuelto en una discusión. ¿Cómo interpretar entonces la muerte de un policía a manos de otro, tal como ocurrió hace unos días? La serie constituye precisamente el patrón de la violencia policial, que el régimen se niega a considerar: allí entra la tortura (incidentes aislados), las desapariciones (improbadas) y las muertes (accidentes).
Daily New Egypt titula "2015 was worst year in terms of human rights and freedoms: ANHRI". Al régimen le basta con considerar que son "exageraciones", difamaciones, conspiraciones que buscan el hundimiento de Egipto para evitar que vuelva a ser una civilización (potencia queda corto) poderosa, capaz de liderar el mundo árabe, el mundo en su totalidad si se le pide correctamente.

According to ANHRI, the increase of terror attacks, especially during the first half of 2015, encouraged the state to pass certain laws and amend others, which has been described as a stranglehold on freedoms and press freedom in particular, in reference to the recently passed anti-terrorism law and the controversial protest law.
The book highlighted cases of individuals being detained despite their fellow defendants in the same trials – mostly protest charges – being released upon presidential pardons. It also described the protest law as a “tool to ban the constitutional right of peaceful protesting and imprison hundreds of people”.
Chief of the National Council for Human Rights (NCHR) Hafez Abo Saada told Daily News Egypt that in early January, NCHR sent a request to President Abdel Fattah Al-Sisi to release the 23 defendants on trial 8429/2014, dubbed the “Al-Itihadiya Palace trial”, relying on article 155 of the constitution, which mandates the president to release any prisoner.
“Those people remain in detention until now. We call for their immediate release and the release of all defendants on charges of protesting, especially students,” Abo Saada said. “Protesting peacefully is a constitutional right that no one should be arrested for. The set of charges usually presented by the prosecution against protestors including road blocking and assembly, which are normal settings for any protest; the state should rather facilitate peaceful protesting.”
The ANHRI report further stated cases of journalists, whose work has been banned or censored or were arrested during 2015. It listed 13 more journalists who were arrested in 2015 to and a total of 60 journalists currently behind bars since 2013.***


La percepción global del régimen egipcio es la de una dictadura clásica de corte pinochetista, que busca la represión interior y la inversión exterior. Con la excusa de la guerra al terror, el mismo régimen provoca su propio terror. Como sistema es altamente discordante con sus propios discursos, que entran de lleno en la propaganda, pero coherente con sus propias acciones represivas.

Los discursos oficiales explican que acaban con los enemigos del estado, pero la etiqueta de "enemigo del estado" se pone a los disidentes del régimen (que no es el "estado") o aprovecha para granjearse la simpatía de la parte más retrógrada e intransigente de la sociedad egipcia definir como "enemigos del estado" a los periodistas, escritores, editores, ateos, activistas, homosexuales, reformistas religiosos, apóstatas... y hasta personas cuyo delito es vestir una camiseta pidiendo "un país sin tortura". El presidente, plenamente de su papel histórico de salvador, acaba de anunciar que seguirña "construyendo" Egipto hasta el fin de sus días o, si no hay otro remedio, hasta el fin de su mandato. Hay mucho terreno para construir cárceles, aunque algunos ciudadanos protesten. Al final tendrán que decidir si aceptan la cárcel o si, por no quererla, además acaban dentro.

El propio régimen se ha convertido en un monstruoso "gólem", en un HAL-3000, algo creado para protegerse, y que se vuelve contra aquellos a los que debía defender. Es una enfermedad autoinmune: el sistema, que debía defenderte, te ataca.
Siguiendo el hilo de las ideas de Naji, el condenado por atacar la santidad de la sociedad egipcia, Richard Jacquemond señala:

Arab societies never ceased to cultivate all sorts of forms and places of resistance to this moral castration imposed by their elites, whether secular or religious. Maybe the deepest and the most longstanding effect of the 2011 revolutions lies in that they have shaken and cracked this paternalist, patriarchal and puritan mode of social domination. This is what most frightens the current powers that be and this is why their first enemy is not “terrorism,” whatever that means, but this rebellious youth that took to the streets in 2011, to whom Naji and his peers belong and give voice.**

Esta idea —que aquí llevamos mucho tiempo expresando— es la clave de la situación actual, que debe entenderse, como los dibujos de Doaa Eladl o Andeel, desde la profundidad de sus constantes y estructuras de poder —en vertical y horizontal—, en la que esas dos fuerzas —secular y religiosa— buscan un equilibrio en su reparto, no por la libertad de nadie sino por el sometimiento de aquellos que buscan una vida cuya trayectoria quede en sus manos. En su lucha feroz, muchas veces puro teatro, solo hay una cosa que les une: el odio a las libertades, el miedo a las personas no se vuelvan hacia ellos a pedir, a rogar, a postrarse a sus pies.

Andel: —¡El futuro!

Toda esa cantidad de personas se encuentra flotando entre dos mundos, el que les persigue y el que no les atiende. Las dictaduras siempre tienen buenas ocasiones de negocios ahora que los séquitos de los gobernantes solo llevan empresarios dispuestos a negociar sobre lo único que parece importante.
La carta publicada por 150 escritores, periodistas, intelectuales, etc. en apoyo de Ahrmed Naji es importante y en ella hay firmas muy destacadas, como la del novelista Alaa Al-Aswani.


Es necesario tender más lazos intelectuales, mejorar nuestras agendas informativas, para que lo que ocurre en el mundo tenga sentido, pueda ser comprendido. 
Por eso es importante el crimen cometido contra Giulio Regeni, porque se interesaba por lo que ocurría en un país distinto del suyo, porque escribía una versión del mismo que no casaba bien con la propaganda oficial. Regeni estaba contando en sus artículos algo que no gustaba a alguien. Estaba diciendo que el rojo de la alfombra del régimen es sospechosamente brillante. Es algo que otros muchos dicen, pero estamos demasiado ocupados mirando hacia otro lado.
En agosto de 2014, Andeel publicó una viñeta en la que una figura identificable como El-Sisi se dirigía a un periodista. Bajo ellos, la lona que tapa Egipto no puede evitar que charcos de sangre surjan por los bordes. Nada sospechoso, se titulaba.
Hoy la sangre ya no está debajo, oculta, como en el dibujo de 2014. En el dibujo de Doaa Eladl, la alfombra no necesita ocultar la sangre, sino que la sangre se ha convertido en la alfombra misma.


* "'Writer Ahmed Naji's jail sentence is unconstitutional,' say 7 authors of Egypt's constitution" Ahram Online 24/02/2016 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/1/64/188406/Egypt/Politics-/Writer-Ahmed-Najis-jail-sentence-is-unconstitution.aspx
** Richard Jacquemond "Ahmed Naji, the Use of Life and the zombies" Mada Masr

*** "2015 was worst year in terms of human rights and freedoms: ANHRI" Daily News Egypt 23/02/2016 http://www.dailynewsegypt.com/2016/02/23/2015-was-worst-year-in-terms-of-human-rights-and-freedoms-anhri/






martes, 23 de febrero de 2016

El estrellato conspirativo o ¿de verdad le interesa la verdad?

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Ahram Online incluye en la edición de hoy un interesante artículo sobre un tema que se está poniendo "de moda" más allá de la situación egipcia. La cuestión la hemos tratado aquí en varias ocasiones pero mucho me temo que el alcance  vaya aumentando y que se quede con nosotros para siempre. Me refiero, evidentemente, a lo que se ha dado en llamar las "teorías de las conspiraciones".
El artículo, cuyo título es "The story of the revolution: How fringe conspiracy theories took centre stage" y está firmado por Hanaa Hebeid, redactora jefe de la publicación Democracy Review Quarterly, perteneciente a la Al-Ahram Foundation.
Es indudable que, dada la importancia que están adquiriendo este tipo de planteamientos, acabarán convirtiéndose en una especialidad con distintas aplicaciones, tanto en su vertiente productiva como interpretativa.
Hebeid realiza su planteamiento teórico de qué son las Teorías de la Conspiración en estos términos:

Conspiracy is an intellectual construct that gives an abridged version of events relying on purposefulness, intention to do harm, and secrecy. Using conspiracy theories to explain events is based on a specific view of oneself and the world, and involves a certain way of thinking, logic, and rhetoric.
Conspiracies adopt a teleological interpretation justifying an outcome caused by an intentional action by a beneficiary of this event, whether this is a speculative interpretation or based on evidence. In reality, conspiracy theories are a natural and omnipresent social phenomenon with a variety of elements that may not even agree on the same goal.
Assuming perfect planning and absolute control of events is illogical and unrealistic, at least in light of diverging goals and behaviours of various actors who may not even agree on the same goal. It is more likely there are many disconnected conspiracies that can run parallel, cross or diverge, and controlling all elements in order for a conspiracy to unfold exactly as planned is an unreasonable assumption.*


Vemos que no se distingue demasiado las "conspiraciones" de las "teorías de las conspiraciones". Evidentemente las "conspiraciones" existen y siempre han existido. Pero es la "teoría" la que explica, frente a unos hechos determinados. Las teorías explican los hechos en términos conspiratorios que, en efecto, van contra la lógica, pero son aceptados pese a ello. Giulio Regeni ha muerto: eso es un hecho. Es la(s) teoría(s) de la conspiración las que tratan de explicar el hecho. Y unas son más probables que otras. La cuestión está en cuál se favorece, cuál se hace circular dándola por buena o más probable. Los que le convierten en "espía", por ejemplo, están expresando una teoría frente a otras posible; los que dicen que han sido los islamistas para desprestigiar al gobierno, sostienen otra "teoría", etc. Lo importante es que esas "teorías" tienen como fin precisamente impedir la aparición de la teoría final aceptable y concordante con los hechos conocidos y el mayor número de pruebas. Que el avión ruso estalla es un hecho corroborado por pruebas en las investigaciones. Se puede negar, pero hay que proponer una teoría alternativa cuyo fundamente será endeble si va en dirección contraria a lo que las pruebas marcan.


Ocurre con la "teorías de la conspiración" lo mismo que señalaba el poeta Baudelaire en su "Las ventanas", en donde señalaba que era más interesantes las ventanas cerradas que las abiertas ya que la visión de las primeras despertaba todo tipo de pensamientos sobre lo que pudiera haber al otro lado, mientras que tras la ventana abierta hay lo que se ve, sin más ni más.
La política parece haberse convertido realmente en el arte de la insinuación, de la sugerencia, no ya el arte de lo posible, como algunos querían, sino en el de lo improbable. Cualquier fantasía es más recomendable que la realidad misma, sosa y aburrida. Es como si ya no fuera suficiente con sacar un conejo de la chistera y hubiera la obligación de sacar cualquier cosa —cuanto más improbable mejor— menos un clásico conejo de toda la vida.
Tras hacer un repaso sobre cómo lo que los egipcios vivieron en primera persona en sus calles y plazas, siendo ellos los que gritaban y se manifestaban, tras cinco años de teorías conspiratorias dudan de si esos recuerdos que tienen de haber gritado consignas contra Hosni Mubarak, aquel agitar de banderas y retumbar de cánticos, no es más que una ilusión, efecto de alguna abducción, de algún bebedizo, etc.


Después de analizar los efectos de las teorías sobre la sociedad, se cierra el artículo con el papel que han jugado los medios en todo esto:
The role of the media in fuelling fear and embedding conspiracy outlooks. The media played a fundamental role in promoting and highlighting the conspiracy theory. Since the January revolution, the media, especially private satellite channels, have aired a heavy dose of politics through images, sounds, analyses and public opinion which is mostly new to politics. And thus, it was one of the main sources of influence on opinions. These direct and indirect media messages enhanced the sense of fear, gloom and conspiracy on one hand, and attributed it to the revolution on the other.
For example, one programme hosted people making confessions of an alleged conspiracy and training and incitement by foreign parties. Other content contributes to a sense of suspicion and fear in general, such as broadcasting an infomercial warning against speaking freely in public places and cafes because they are teeming with spies. There is also an entire programme dedicated to airing recorded conversations and communications between figures from the January revolution in order to sabotage them.
Those watching Egyptian talk shows will find a keen focus on conspiracy, and after so much repetition there is an assumption that it is a given truth. A most extreme form of conspiracy theorising was on a programme where a “strategic expert” said there is a Supreme World Council that manages conspiracies and controls natural disasters and comets, aiming them at specific countries, as well as masterminding universal conspiracies that move nature and people.
Since 30 June 2013, the media has promoted the conspiracy theory and abridged the revolution into single snapshots of opening prisons and foreign funding, while blurring or ignoring millions taking to the streets chanting the three demands of the revolution. Specific programmes specialised in airing telephone conversations by key figures in the revolution aim to slander them. The term fifth column also emerged to taint anyone who dissents and becomes brandished a traitor or tool in the hands of a foreign conspiracy.
Several factors played a role in promoting conspiracy rhetoric, combining context and the choices of actors to promote and disseminate the conspiracy theory in general, and linking it to the 25 January revolution especially. Domestic and foreign security crises and threats added more layers to interpretations of the conspiracy complex that already exists, as an easily convincing recipe and abridged vision of domestic and foreign polices to a public that is not accustomed to politics. Therefore, it was natural that it gained popularity, especially in an environment fraught with rapid change and much ambiguity, as well as real danger.*

Es cierto que las maniobras de "intoxicación" a través de los medios no son una novedad y que su uso político ha sido siempre una realidad constante, pero lo que no era pensable es que las versiones centradas en los aspectos comprobables o más probables se retirarán ante la carga de la brigada conspiratoria. Por decirlo así, la "realidad" (concepto que pierde sentido en un contexto marcadamente constructivista y relativo) se bate en caótica retirada ante la llegada de la ruidosa parafernalia de las ideas más descabelladas.
Antes podía uno pensar que la verdad estaba bien y que había que luchar contra la intoxicación; hoy, por el contrario, parece quererse retozar en el fango imaginativo que construye las historias más enrevesadas. Es la negación de la navaja de Ockham en beneficio de la imaginación calenturienta.
Lo que cuenta Hanaa Hebeid supone un cambio en muchos órdenes. El primero evidentemente es el del Periodismo, que incumple su función pública y se lanza a unas especulaciones que saben que mantendrán a sus audiencias conmocionadas, heladas ante las revelaciones con las que salen al aire en cada programa. Parece haberse perdido el pudor informativo, el respeto al público y el sentido de lo que es un medio.


Las constituciones —al menos la mayoría de ellas— dan un tratamiento privilegiado a la prensa y a sus profesionales precisamente para asegurarse que los lectores recibirán lo más próximo a la verdad que sea posible en cada momento. Dan por descontado que los diferentes medios aspiran a la verdad por distintos caminos. ¿Pero es esto todavía así? Es muy dudoso en un planteamiento en que los medios se consideran como formas de atraer a las audiencias con los inventos que hagan falta. No consideran que tengan otra obligación que la de mantener pegados a sus monitores y páginas las caras asombradas de sus lectores y espectadores.
Esto es terrible para el Periodismo como profesión y para la sociedad en su conjunto, por muy entretenida que esté. ¿Quién se beneficia de esto? Indudablemente tienen que ser útil en algún sentido cuando hay tanta teoría suelta.
Simplemente en los últimos artículos de The Washington Post —los que destaparon Watergate— encontramos estos títulos que hacen referencia a las teorías de la conspiración:

a) The psychology behind why people believe conspiracy theories about Scalia’s death
b) Donald Trump’s campaign of conspiracy theories
c) People who believe in conspiracy theories are more likely to endorse violence
d) Why the Internet’s biggest conspiracy theories don’t make mathematical sense
e) An hour-by-hour look at how a conspiracy theory becomes ‘truth’ on Facebook


Con estos cinco títulos nos damos cuenta de las líneas discursivas que las Teorías de la Conspiración permiten. (a) y (b) se refieren a casos concretos, a teorías en sí, las referidas a la muerte del juez Scalia y las usadas por Donald Trump, una auténtico ventilador contra las conspiraciones. Pero en (a) ya nos encontramos que más allá de la teoría en sí se analiza a aquellos que las creen, un auténtico filón interpretativo y sociológico. (c), (d) y (e) son artículos que, como en (a) no se contentan con analizar la teoría sino el par constituido por la teoría su creyente o la teoría y su diseminador. Tenemos así un campo constituido por la teoría, su productor, su diseminador (pueden ser los mismos), el creyente o receptor, el observador y la explicación del observador. Este artículo riza el rizo y observamos al observador (Hanaa Hebeid) que observa a los productores (¿el estado, los partidos, los servicios secretos nacionales o extranjeros...?), los diseminadores (los medios egipcios) y a los creyentes-receptores. Usted que nos está leyendo, nos observa a todos a través de este texto.


Discrepo con lo señalado por Hanaa Hebeid cuando relaciona las teorías conspirativas con la falta de costumbre política. No se debe de confundir la falta de democracia con la falta de política en este sentido conspiratorio. La prueba de ello es que países con tradición democrática —si es sinónimo de "política"—, como los Estados Unidos, acostumbrados al "check fact" incluso, están cayendo intensamente en la atracción de abismo conspiratorio. Creo, más bien, que hay algo de fascinación morbosa en la creación de un universo conspiratorio, algo que lleva al cretinismo epidémico si no se ponen en marcha los resortes de la inteligencia que deben estar presentes en todas las fases del proceso y del sistema político. La tontería tiene su atractivo en este mundo post ilustrado. Y sobre todo, para algunos, su rentabilidad. Si el fin del sistema político es solo el poder y no la mejora social (incluido el intelecto), todo vale.


Lo realmente preocupante no es que las dictaduras usen las teorías de la conspiración porque lo han hecho siempre, ¡que se lo cuenten a Adolf Hitler! Lo preocupante es que las democracias también están viviendo esta forma de perversión mental, de atracción de muchas personas a las que es difícil proteger de estas mareas globales favorecidas por la extensión de las comunicaciones. Lo sorprendente y preocupante es que Donald Trump vaya por delante y que sus rivales vayan cayendo uno tras otro incapaces de frenarle. Quizá deberían probar con alguna teoría conspiratoria que explicara la presencia de Trump en la carrera presidencial, algún complot retorcido, quizá hacer circular la idea de que pertenece a Boko Haram y es el "manchurian candidate", un infiltrado para destruir los Estados Unidos. Si se la han aplicado a Obama, ¿por qué no a él?



En lo que sí acierta plenamente Hanaa Hebeid es en aquello que señala desde el título: la conspiración se está situando en el centro de la escena. Llegará un momento en el que la realidad pase entre nosotros como en el test perceptivo del gorila, ese en el que se vuelve invisible para todos, ¡con lo grande que es!
Los millones invertidos por todo el mundo en fundamentar conocimientos sobre cómo manipularnos unos a otros con plenas garantías harían enrojecer de vergüenza a los frustrados amantes de la verdad que, desperdigados por la Historia, se han ido a la tumba con la esperanza de que los que llegaran después siguieran manteniendo el mismo interés en poner cerco a la esquiva "verdad", sea la que fuere. Otra vez será.
 "Having an argu­ment with your buddies at the office? You're in the right place", leemos en el blog destinado a recoger las "teorías de la conspiración" sobre Barack Obama.




* "The story of the revolution: How fringe conspiracy theories took centre stage" Ahram Online 21/02/2016 http://english.ahram.org.eg/NewsContentP/4/188152/Opinion/-The-story-of-the-revolution-How-fringe-conspiracy.aspx





lunes, 22 de febrero de 2016

La responsabilidad descendente

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La sesión que el presidente El-Sisi le pidió al parlamento egipcio para resolver el malestar general por los acontecimientos policiales y protestas sociales consecuentes se produjo ayer. Ahram Online titula su información "Egypt parliament divided over police reforms" y no es mucho más lo que han logrado más allá de manifestar la división imperante.
Los que Ahram Online llama los "liberales" han denunciado las actuaciones de la Policía y han pedido la dimisión del ministro del Interior, al que consideran responsable de lo que hacen las personas bajo su mando. Es fácil de entender y es lo que se suele hacer. El diputado Anwar El-Sadat, tras pedir la dimisión del ministro Abdel-Ghaffar, ha aprovechado para hacer extensiva la petición a cualquier ministro según ese principio de responsabilidad. Los diputados liberales han expuesto la necesidad de afrontar la situación respecto a los abusos.
Dentro de lo previsible del debate, sin embargo, han aparecido algunas novedades:

Samir Ghattas, a political researcher and ‎MP for Cairo's Nasr City district, said ‎that low-ranking policemen who were ‎dismissed from the interior ministry after ‎the 25 January revolution, and were ‎allowed to re-join the ranks of the ministry, have formed a coalition entitled the “Police ‎Ultras.”
"This coalition has become a big ‎danger to the Egyptian state, because its ‎members have gone out of control in the ‎recent two years, giving themselves a free ‎hand to perpetrate all kinds of abuses ‎such as imposing fees on citizens and ‎trading in banned goods without facing any ‎kind of accountability," said Ghattas.
"In 2015 alone, it was reported ‎that low-ranking policemen opened fire on ‎citizens seven times. Shootings have ‎become a phenomenon and we all should ‎stand up to it," he added.
'Unruly group'
Ghattas stressed that the interior ministry ‎move quickly to bring this "unruly" group of ‎‎"Police Ultras" under control before ‎they impose their say on the Egyptian ‎state.
"They now aim to score political ‎gains by compelling the state to turn a ‎blind eye to their abuses all the time," said ‎Ghattas.‎
He said that after the June 2013 mass protests– ‎which put an end to the Muslim ‎Brotherhood rule– citizens demanded ‎that the interior ministry be back in full ‎force to impose the rule of law on streets.
‎‎"But now we see that some members of ‎the security apparatus have acquired huge ‎powers and that they are using them to ‎violate the law and abuse the rights of ‎citizens," said Ghattas.‎*


Evidentemente no tenemos motivos para no creer en lo que dice el señor Ghattas, pero resulta demasiado sencillo para explicar la totalidad de los abusos y la naturaleza de los incidentes producidos. Estos deben ser contemplados en las diferencias de objetivos que muestran. Por más que todos estén reflejando una falta de control de la Policía, una buena parte de ellos está al servicio del Estado. Hay una violencia callejera de la Policía, por decirlo así, un abuso personalizado y en grupo, que va de la intimidación al asesinato en una discusión y otra, en cambio, que surge al servicio del propio Estado y que busca la desaparición de los opositores. Hay una espontánea y personal, mientras que existe otra institucional y premeditada. También existe una mezcla de ambas cuando en un contexto represivo, alguien puede tomar decisiones personales y apretar un gatillo, como ocurrió en la muerte de Shaimaa al-Sabbagh, la activista muerta a sangre fría en una manifestación.


La existencia de un grupo de "Ultras" policiales tiene mucho de separación forzada de la violencia creando una institución "fantasma" a la que responsabilizar de lo que ocurre. Es una respuesta muy "egipcia", pero es muy insuficiente y requiere muchas más aclaraciones que las dadas por el diputado Ghattas. Por más que existiera ese grupo, estaría por ver qué responsabilidad real tiene en los casos concretos, que se reparten por el país y que muchos de ellos han sido de carácter espontáneo.
La observación de Ghattas sobre la demanda social de violencia contra los Hermanos Musulmanes en 2013 ("citizens demanded ‎that the interior ministry be back in full ‎force to impose the rule of law on streets"), tras el golpe de estado, tiene diferentes lecturas posibles. Una de ellas es moral: cuando se exige la violencia "selectiva" esta se vuelve "indiscriminada". O no es tan fácil liberarse de los monstruos una vez creados, podríamos decir.

El régimen de El-Sisi recibe su bautismo de sangre con las brutales disoluciones de las sentadas islamistas de protesta, con cerca de mil muertos. Unos días antes, El-Sisi pidió una gran manifestación que actuara como plebiscito para mostrar al mundo que tenía el apoyo social para acabar con las sentadas. Es difícil que un régimen pueda construirse en la normalidad tras ese nacimiento en un baño de sangre. Se creó en ese momento un monstruo con el que habría que convivir y al que se aplaudía por su eficacia. Era la misma eficacia que había demostrado anteriormente contra los revolucionarios que actuaban contra el régimen de Hosni Mubarak. Nadie les hizo responsables de las muertes contra los activistas como nadie le haría responsables de las muertes en la sentada. Tampoco les hizo nadie responsables de las muertes de la época anterior. El mensaje es claro: sea quien sea el que esté al mando del Estado, necesita de un cuerpo que resuelva sin escrúpulos la resistencia. La Policía egipcia ha cumplido fielmente su labor de sostén del régimen fuera quien fuera. Ha habido ministros del Interior que sirvieron con la misma eficacia en la época de Mubarak, con los Hermanos Musulmanes y contra ellos, con El-Sisi. Los militares se encargaron de que las carteras de Interior y Defensa quedaran bajo su control, lo que le costó a Morsi que su Ministro de Defensa, Abdel Fattah El-Sisi, fuera quien le derrocara tras ignorar las peticiones que se le hicieron.


El único conflicto que recuerdo que se planteara con la Policía en todos estos años, hasta el momento, fue el que se produjo por la petición de numerosos agentes para que se les permitiera dejarse barba, algo que estaba prohibido en la época de Mubarak. Los islamistas dentro de la Policía querían salir del armario y manifestarse como tales. 
El otro bando, el oficial, usa dos tipos de argumentos: a) tratan de hundir al estado con sus críticas a la Policía; y b) los Estados Unidos lo hacen. Ninguno de los dos argumentos es novedad y se usan con frecuencia. Pero haya algunas consideraciones que deben ser tenidas en cuenta.
Señalan en Ahram Online:

"We see that the majority of police ‎officers respect the law, but the problem ‎lies with this limited sector of low-ranking ‎personnel who serve as assistants to ‎police officers," said businessman ‎Mahmoud Khamis.‎
Khamis defended the interior ministry ‎strongly, arguing that it played a pivotal ‎role in countering the waves of terrorism ‎that swept Egypt after the removal of ‎‎ former Islamist president Mohamed Morsi ‎from office.
"Official statistics show that ‎only eight low-ranking police personnel – ‎out of a total 400,000 – opened fire on ‎citizens in 2015, this is not a ‎phenomenon," said Khamis, adding that "in ‎America dozens of policemen were ‎convicted of gunning down citizens in the ‎streets."‎
Outspoken independent MP ‎Mortada Mansour said that "those who ‎call for reforming the interior ministry are in ‎fact trying their best to undermine the ‎Egyptian state."*

El millonario Khamis tiene una visión "ejecutiva" del problema: no son los directivos los que fallan (los oficiales), sino los trabajadores (los policías "low-ranking"). Es interesante este punto de vista de los empresarios del régimen porque se ve claramente su orientación y su perspectiva de los problema. Mansour es otro partidario del régimen y acérrimo atacante de los activistas de la revolución. Ya hemos hablado aquí varias veces de él, siempre mal, como es preceptivo según sus palabras y actuaciones. Mansour es uno de esos personajes nefastos que ha conseguido el protagonismo juntando dinero, fútbol y política, un cóctel populista de difícil digestión. Que se convierta en defensor de las actuaciones policiales y considere que quienes piden reformas son enemigos del Estado es un síntoma que confirma el diagnóstico de la enfermedad; una parte de la sociedad egipcia aprecia la violencia que le favorece.
Pero lo que se desprende de casi todas las intervenciones en algo también asentado en la sociedad: el puro clasismo. Como toda sociedad con amplias diferencias sociales y con un carácter autoritario, el Ejército y la Policía reserva sus mandos a los que provienen de las clases sociales más favorecidas. Los mandos policiales y militares son parte del "sistema" porque ambas instituciones, esenciales para el control del poder, necesitan a su frente personal de confianza. Aquí, las academias son esenciales en su papel de filtro social.
Esto no es nuevo y recordarán la polémica que le costó el Ministerio de Justicia a su anterior inquilino por sus declaraciones: los pobres no deben llegara jueces. Le sustituyó alguien peor, el actual ministro que había declarado que "solo los hijos de los jueces deben llegar a la judicatura". La polémica se tradujo en las denuncias de los opositores a la judicatura, que se sintieron engañados por el sistema que solo dejaba pasar a los hijos de los jueces. Esto —impensable reconocerlo en casi cualquier país— forma parte del mismo mecanismo de control del poder. Jueces, militares y policías forman parte esencial del aparato represivo del poder. Es esencial que se controle su acceso porque unos respaldan a otros. Por eso las liberaciones de policías tras las condenas son frecuentes.


Por abajo, en lo que llaman "low-ranking", tenemos a personas de muy baja formación que son utilizados por las instituciones como arma directa a las órdenes de estos oficiales. Para ellos, entrar en la Policía es una forma de trabajo y de prestigio directo en las zonas en las que están destinadas. El sistema les permite es poder de las corruptelas, los sobornos y los abusos que sirven para mantener el Estado dentro de un orden dado. Es lo que reflejó Youssef Chahine en su película "¿El caos?", en la que retrataba al policía de barrio, un suboficial, cuyo poder real sobre las personas le hace convertirse en un déspota local, un personaje corrupto y autoritario que actúa con la impunidad que le da saber que las quejas contra él serán siempre ignoradas porque sus superiores están a otra cosa. Y porque ese control que se basa en el miedo extendido es eficaz para el sistema.


Mubarak llenó el país de estos policías. Tenía sus cuerpos de élite para la represión política, que se dejaba a los expertos. Pero dejaba la corrupción en esos bajos estamentos policiales como forma de sobresueldo y mantenimiento del clima. Era también una forma de integrar cientos de miles de personas dentro del aparato del Estado, comprometiéndolos con el mantenimiento del sistema.
Lo dicho por el diputado Samir Ghattas sobre el grupo Ultra de policías —parece sacado de una película de Costa Gravas— no explica gran parte de los fenómenos ocurridos. Tampoco quiénes fueron aquellos a los que se despidió —¿cuándo?— y quién y por qué fueron admitidos después. Pero lo cierto que este grupo o la totalidad de policías en la base se convierte en una excusa buena para disculpar a los mandos policiales, los que dirigen las operaciones.
No creo que a los 400.000 policías de los que habla Khamis le haga mucha gracia que se les considere como los responsables de muchos casos, excluyendo a sus mandos. Muchos de ellos sabrán de dónde han salido las órdenes recibidas. El problema no son esas ocho muertes a tribuidas a los agentes "low-ranking", como quiere hacer creer el diputado Khamis en su defensa del ministerio. El problema son los miles de desaparecidos, las torturas sistemáticas en las dependencias policiales y en las cárceles. Las diferencias son básicas y obvias, pero no son fáciles de reconocer cuando se ha cometido el pecado social de aprobar la violencia policial llevada al extremo más sangriento. Una vez que consientes y miras para otro lado, eres cómplice.


El teniente Yassin Salah Eddin, el oficial que mató a sangre fría, en plena calle, a Shaimaa al-Sabbagh, cuya sentencia a quince años de prisión ha sido revocada hace unos días, no era un policía "low-ranking". A sus veinticinco años era un cachorro del sistema enviado a sembrar el pánico y evitar que se manifestaran en Tahrir. Tras calmar a la opinión pública con una condena, unos meses después se le levanta. Se trata de cubrir la apariencia. Pero si el régimen castiga por matar, ¿quién matara entonces?
Los casos van más allá de la muerte del taxista, la que ha causado el debate en el parlamento. Daily New Egypt nos cuenta:

The Court of Appeal approved an old sentence issued from the Criminal Court to put policeman Mohamed Mahmoud in prison for two years after refusing his appeal.
Mahmoud served inside Haddaq El-Qoba police station and faces accusations of causing a state of panic by threatening citizens in what was considered an act of terrorism. He was immediately transferred to prison after approving the sentence and the refusal of his appeal.
The Court of Appeal then approved the old sentence issued from Criminal Court to put Mohamed in prison for two years. The sentence Sunday comes amid a slew of cases of alleged police torture that have caught the public’s attention.
In December 2015, four police officers and five policemen were referred to Criminal Court for killing and torturing a citizen in Luxor police station. The case dates back to Nov 2015 when Talaat Shabib, 47, was arrested for the possession of Tramadol, a drug usually used recreationally by many Egyptians.**


El caso que se menciona en primer lugar es el típico de matonismo, de hacer de sus zona un feudo en donde se emplea la amenaza y la violencia. El otro caso es de orden distinto e involucra a oficiales y agentes. La violencia que ha llevado a los médicos a la huelga y la protesta es otro nivel diferente, con la exigencia de "partes" falsos y la detención de quien no cumpla con las exigencias. Todas son formas diferentes de un fenómeno difícil de parar y menos si no se tiene mucho interés en ellos. Egipto no ha purgado su Policía; es la misma de la época de Mubarak porque se encargaron de que este pilar del sistema no se modificara. Forma parte del "estado profundo".
El ministro del Interior niega repetidamente que las torturas y las muertes no sean ocasionales. La tortura es esporádica, dice. Ninguna tortura lo es. Es una respuesta a la creciente protesta, por un lado, y un automatismo que se desarrolla para reforzar el propio sistema, que es violento desde su origen. Es una forma de extender el miedo. No es un invento nuevo.


Al final, las dos posturas ante la violencia existente se centran en los dos extremos: los que responsabilizan al ministro y los que los hacen con los agentes de la base. Pero entre el político y el agente callejero hay otras opciones. Son los que ignoran lo que les llega de arriba y los que ordenan a los de abajo. La cuestión es si realmente alguien controla lo que hace la Policía en Egipto o si, como algunos señalan, se encuentra fuera de control. Las respuestas no tienen porqué ser excluyentes.


Para lo que no debe servir el triste y claro caso de la muerte del taxista a manos de un policía prepotente es para convertirse en modelo para interpretar otros casos o taparlos. Me refiero al que más complicaciones le está causando al régimen egipcio: el secuestro, tortura y asesinato de Giulio Regeni. Es importante tener esto en cuenta porque el envío al parlamento ignora este grave caso —oficialmente no existe caso— que no podrá ser manipulado sin consecuencias internacionales. Aquí no hay discusión callejera por un transporte y sí un intento continuo de cubrir con historias rocambolescas el destino del joven italiano.
En el caso de Regeni, no hay "culpa descendente", solo silencio. Quien ordenara su detención tenía capacidad para hacerlo después de una vigilancia organizada de la que el propio joven se dio cuenta, pues temía por sus seguridad. Que desde la perspectiva policial se tratara de un "error", no es excusa sino demostración de cómo funcionan las cosas. Si se hablaba de "error" en la muerte del taxista, muerto delante de decenas de personas que vieron darle un tiro directo a la cabeza, en el caso de Regeni se trataba de un "accidende de tráfico". El error policial es la concreción del error político: convertir la tortura, la desaparición y la muerte en formas habituales. Lo de Regeni, pensará alguno, son "daños colaterales".
Egipto era un estado policial con Hosni Mubarak y nunca ha dejado de serlo. La prueba de ello la tenemos todos los días. Ya se piense que el responsable es el ministro, el grupo Ultra o los policías "low-ranking" o todos ellos juntos, sería bueno que alguien intentara pararlo si todavía es tiempo o si se quiere hacer. Esto último no está muy claro. Pero mantener este sistema no logrará estabilizar la sociedad egipcia, solo ahondar más en sus heridas entrando en una espiral continua de represión.




* "Egypt parliament divided over police reforms" Ahram Online 21/02/2016 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/1/64/188177/Egypt/Politics-/Egypt-parliament-divided-over-police-reforms-.aspx

** "Policeman in jail for 2 years over bullying accusations" Daily News Egypt 21/02/2016 http://www.dailynewsegypt.com/2016/02/21/policeman-in-jail-for-2-years-over-bullying-accusations/