viernes, 25 de abril de 2014

La gruesa línea roja rusa

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
¡Ironías de la vida! A Vladimir Putin le está pasando lo mismo que le ocurrió a Barack Obama en el caso de Siria el verano pasado: se encuentra prisionero de su propias "líneas rojas". Si Obama había dicho "de aquí no se pasa" y se pasó, al presidente ruso le ocurre lo mismo ahora. Ha dicho que "no permitirá" y ahora se encuentra en la tesitura de tener cumplir lo que esperaba no tener que hacer. Jugar con juego siempre es peligroso.
Creo que los menos interesados en intervenir en Ucrania son, en estos momentos, los rusos. No tienen porqué: han sacado músculo, han conseguido lo que querían (Crimea) y se han vuelto a poner sus uniformes para celebrar en casa los logros en la recuperación de la Gran Rusia. Y ahora esto.
Mientras los "prorrusos" han estado controlados y los ucranianos de toda la vida han estado reprimidos, controlándose, la cosa no pasó de la "gran tensión". Pero el siguiente paso, como señalábamos el otro día, es el más peligroso: el del estallido de las humillaciones recibidas. Ucrania ha sido humillada profundamente: sus soldados han tenido que salir con lo puesto de sus cuarteles con la vergüenza de ver arriar la bandera de su territorio; se acostaron en su patria y se levantaron en el extranjero. Y eso duele. Los rusos se han quedado con una parte de su territorio sin necesidad de un disparo. Les han mandado blindados y se han quedado con ellos. Y eso duele también. Ha sido una exhibición de prepotencia y cinismo ruso sin precedentes con un país vecino.


Los ucranianos y los que quieren dejar de serlo se encuentran encerrados en un territorio hostil para ambos. Para los ucranianos, los otros son separatistas y terroristas; para los prorrusos, son imperialistas y fascistas. Hace unos cuantos meses, medianamente contentos todos; hoy existe una brecha de odio difícil de superar y, sobre todo, difícil de controlar. Rusia debería esmerarse un poco en controlar lo que ha dejado atrás y evitar que se vaya de las manos. Si no, la "línea roja" que marcó se tendrá que ir ensanchando. Tiene que dejar muy claro —y ese es el problema, pues sería desdecirse y arruinar su propia argumentación para hacer lo que han hecho— que no tiene interés en ir más allá de las palabras en el este de Ucrania. Pero de palabras se alimentan los prorrusos de Sloviansk tras ver que no les llegarán "soldados, armas o dinero", como pedía el autoproclamado "alcalde" prorruso, que ya ha conseguido muchos minutos de gloria.


Por su parte, los Estados Unidos de nuevo, se equivocan en su estrategia de exhibición como si fueran ellos los que han hecho retirarse al ejército ruso. Obama necesitaba esa foto triunfalista después de Siria. Pero Rusia se ha retirado (en realidad se ha quedado) porque tenía lo que quería. Está bien la escenificación, pero la bajada del avión del Vicepresidente Biden fue demasiado teatral, un poco recargada, incluso fácilmente manipulable, como ya han recogido algunos caricaturistas. La exhibición alimenta la paranoia prorrusa.
El mejor favor que se le puede hacer a Ucrania es apoyarla en la rebaja de la tensión interna, en la reconstrucción y democratización porque el problema más grave ya no es el territorio sino que este se convierta en escenario de guerra sucias, como está empezando a ocurrir, al igual que con las desapariciones durante los episodios del Maidan. Que vaya a más no interesa a nadie, especialmente a Rusia, que dejaría de jugar con blancas. Y tampoco —para nada— a Europa ni a Estados Unidos. Rusia dio la pista al decir que Ucrania estaba al borde de la "guerra civil", mientras que otros lo presentan como un conflicto "internacional". Es las dos cosas, pero son soluciones distintas, con lenguajes y gestos distintos. 

Si Vladimir Putin dice que Rusia intervendrá si se producen ataques a los "intereses de Rusia" (fórmula deliberadamente ambigua) lo que ocurre es que la comunidad prorrusa (los más radicalizados) se convierte en la primera interesada en mantener el nivel de resistencia y provocación para forzar una reacción de Kiev que obligue a Rusia, a su vez, a mandar fuerzas, tal como "prometió". En estos terrenos, hay que tener cuidado con los órdagos que se lanzan porque enseguida te toman la palabra.
Los primeros interesados en rechazar los acuerdos de Ginebra —y es lógico— eran los separatistas, sin entender que habían sido una simple excusa para conseguir otras cosas. Pero no es fácil asimilarlo. La salida inteligente era la que Moscú les brindaba en su estrategia: un apoyo enérgico pero simbólico para que ellos "políticamente" sacaran rendimiento a la situación en sus negociaciones con Kiev. Pero no es fácil con los efectos de la euforia nacionalista, que se traduce en el miedo de unos a salir a la calle y el deseo de otros por pasearse por las mismas exhibiendo banderas y retratos de Stalin, Lenin o cualquier otra reliquia que tuvieran por casa. Los derrapes con el blindado requisado a las tropas de Kiev, se pagarán.

Y ahora, como le ocurrió al presidente Obama, te encuentras entre tu palabra y tus maldades, comprometido a hacer lo que has dicho o a quedar en evidencia. La cara de tensión de Serguei Lavrov diciendo que Kiev comete un error al mandar sus tropas contra "su" pueblo y tratando de echar la carga sobre Estados Unidos y Europa para que contengan a Kiev, lo dice todo. Resalto el "su" porque es un reconocimiento explícito de que es cuestión de Ucrania y no de Rusia, que no los considera "ya" su pueblo. El mayor interés es que negocien como "ucranianos" y no como "rusos" en ciernes.
Las ironía no quedan ahí. Hay otras preguntas en el aire: ¿quién paga la factura del gas si se pasa media Ucrania a Rusia? ¿Se hará cargo el nuevo dueño? ¿Repartirán gastos? Parte del descuento que Moscú aplicaba al precio del gas era por el uso de los puertos para su flota; una vez que se ha quedado con los puertos, que han pasado a ser "rusos" les subió el precio del gas. Lo razonable es que Ucrania descuente el precio de todo lo que Rusia se anexione. Crimea era una perita en dulce, rentable para Rusia, zonas turísticas y militares. La zona del este de Ucrania no es lo mismo y hay mucha miseria; requerirán más gastos que beneficios. No, creo que a Rusia no le resulta rentable, por encima de toda la retórica de la "lengua", la "madre patria" y la "tierra sagrada". Ucrania no es un plato de gusto.


La mejor forma de evitar que vaya a más es que —con discreción— los que la han montado vaya arreglando el desaguisado y que los que pueden controlar  a unos y otros —dentro de lo posible— actúen con firmeza para hacerles ver que por ese camino se acabará mal. Rusia ahora es prisionera de su propia retórica y tendrá que dejarse de juegos y decir bien claro (aunque sea en privado) que no va a apoyar una integración a lo Crimea con el este. Sus admiradores sufrirán un poco, decepcionados, pero es mejor eso que un baño de sangre. Mejor harían —que es lo que les pide indirectamente Rusia— que negocien ahora para tratar de sacar en caliente el máximo posible. De otra forma, lo único que se conseguirá es que alguien trate de ganar alguna "honrosa batalla" para poder pasar a la Historia en este humillante y oscuro episodio.
Si Estados Unidos juega sus bazas, tratará de ser discreto para permitir que Rusia no tenga que agacharse demasiado como para que se vea el truco. El envío de tropas a distintos países de la zona, los movimientos de la OTAN tienen más de gestos que de otra cosa, pero también los gestos deben cuidarse porque alimentan temores y esperanzas, de la misma manera que las maniobras rusas en la frontera siguen alentando a los prorrusos en no desistir, con el riesgo consiguiente de más muertes. El tiempo juega a favor de Kiev si se enfría la situación. Si se calienta, por el contrario, estallará en algún punto incontrolado.







jueves, 24 de abril de 2014

Jugando con la desesperación

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El diario El País nos trae la historia que tiene, dice, dividida a Italia —algo que no es difícil ni nuevo—. Se trata de un terrible caso de enfermos incurables cuya esperanza final es someterse a un tratamiento con células madre que la comunidad científica considera absolutamente fraudulento.
No es fácil para el que sufre entender que esa abstracta entidad —la comunidad científica— intente interponerse entre ellos y lo que consideran una posible salvación. Los métodos de trabajo científicos poco tienen que ver con los dolores y quienes los padecen. Y no es por "inhumanidad", sino por la diferencia de objetivos y métodos. El que sufre quiere un remedio y no le interesa demasiado cómo se llega a ello. Para la Ciencia, en cambio, los procedimientos son esenciales y tienen su ritmo y secuencia; en ocasiones pueden acelerarse, pero no saltarse.
Muchas personas que se encuentran en esas condiciones terminales vuelcan su esperanzas en lo que se les ofrece y se vuelven contra la Ciencia, la instituciones o la vida misma que no les ofrecen lo que desean desesperadamente: seguir en la vida, alejar el sufrimiento. Es comprensible y humana esa rebeldía. Lo que no es comprensible es jugar con su desesperación o sus esperanzas. El que monta negocios fraudulentos con esto merece todo el desprecio del que seamos capaces.

Hace unos días veíamos llorar en una rueda de prensa a una joven investigadora japonesa acusada de fraude en un estudio igualmente con células madre.* Lloraba de vergüenza por el error cometido, que reconocía, pero reivindicaba los resultados y, sobre todo, su buena intención. Una cosa son los errores que se cometen y otra la voluntad de engaño.
El diario nos resume el proceso italiano hasta el momento:

El método Stamina consiste en extraer células de la médula del paciente o de un donante, cultivarlas durante unos 20 días e inyectarlas en la espalda. “Funciona. Lo experimenté sobre mí mismo”, dice [Davide] Vannoni, que enseña psicología en la Universidad de Udine. “Un virus me destruyó por completo un nervio facial", recuerda. "En 2004 acudí a un laboratorio en Ucrania. Con cuatro inyecciones, recuperé el 50% de la funcionalidad”. Al principio, Vannoni operaba en clínicas privadas. En 2006, un decreto ministerial abrió paso a los llamados cuidados compasivos, que establecen que en casos para los que no existen terapias reconocidas, un paciente puede decidir someterse a tratamientos no experimentados.
En mayo de 2010, la Agencia italiana del medicamento (Aifa) inspeccionó el laboratorio de Brescia donde se extraen, manipulan y conservan las células. El veredicto era inequívoco: “Las condiciones de mantenimiento y limpieza no garantizan la protección del material de contaminaciones. Los historiales clínicos no explican bien las condiciones y evolución del paciente”. Estas consideraciones empujaron a Aifa a suspender la actividad de Stamina.**


La opinión generalizada de los científicos es que el método es un fraude y se han presentado las denuncias correspondientes contra los responsables en los Tribunales. Por su parte, los enfermos ha ido buscando el amparo de los Tribunales para conseguir el reconocimiento del derecho a gestionar su agonía de la manera que les parezca más esperanzadora o consoladora. Los jueces les van dando la razón, dicen que el Derecho les asiste. Eso no implica en absoluto ningún reconocimiento científico del tratamiento desarrollado; solo es el derecho a morir ilusionados. Los casos en los que ha habido mejoras se esgrimen por parte de enfermos, familiares y simpatizantes. Pero los científicos tratan de establecer las relaciones entre esas mejoras y el tratamiento y parece que no las encuentran. Eso no mata las esperanzas; solo les da energía. Con uno que mejore, sin importar cómo, es suficiente para ellos.


Señala uno de los enfermos que luchan por el tratamiento: “La ciencia no me ofrece nada. Ni media píldora. El Estado me da 450 euros de pensión. Somos vidas con contrato temporal. Quiero que se me reconozca el sagrado derecho de intentarlo todo”.** No es que la Ciencia no le ofrezca nada, que es tal como lo ve él. Es que lo que no hace la Ciencia es lo que están haciendo con ellos: ofrecerles ilusión sin garantías mínimas. La desesperación en la vida hace que aceptemos todo y aquí tenemos un ejemplo más.
Ningún juez le negará a un enfermo desahuciado su derecho a ponerse las inyecciones que quiera, pero no está actuando científicamente, sino reconociéndole el derecho a gestionar su autoengaño, esperanza o cómo lo queramos llamar. Pero la Justicia, desde la Fiscalía, también tiene que actuar contra lo que los científicos le señalan que es un fraude sin garantía alguna. Es tan Justicia en un caso como en el otro.


La Ciencia tiene sus propios caminos y después podemos beneficiarnos de ellos, pero no podemos reconocer lo que afectaría a la credibilidad de cualquier otro proceso de investigación. Es cierto que se han cometido tropelías desde la industria farmacéutica y fraudes en las medicaciones, saltándose protocolos y garantías, ocultando datos. Es fácil pensar en conspiraciones farmacéuticas, en sucios manejos para evitar que un método "milagroso" salve a la gente y que se agarren a eso. Las empresas farmacéuticas no tienen ninguna simpatía por el mundo; es su maldición ganada a pulso. Cada fraude, cada ocultación de contraindicaciones ha abierto una brecha en la credibilidad que, en los casos desesperados, se amplía. Pero todo esto no implica que se deba reconocer que es forma de actuar. Los científicos sencillamente se niegan a avalar un procedimiento que consideran fraudulento. De "Alquimia" califican en el periódico los investigadores el método Stamina.**


No es fácil entenderlo para el que sufre y maldice y se queja. Pero esa es la queja humana contra lo que no puede vencer. El derecho a tener esperanza es fieramente humano; el que esa esperanza se base en un fraude reconocido no puede dejar de decirse por las personas competentes. Si, incluso advirtiéndolo, desean ponerse esas inyecciones lo harán, pero sin la complicidad de los que a su impotencia no quieren sumar su desvergüenza. Ya es bastante con ver el dolor ajeno sin poder hacer nada para añadirle más problemas de conciencia.



* "Lágrimas para defender el estudio de células madre en entredicho" El Mundo 9/04/2014 http://www.elmundo.es/salud/2014/04/09/5345339e22601d40688b4579.html

** "Acusado de fraude el inventor de una terapia con células madre" El País 23/04/2014 http://sociedad.elpais.com/sociedad/2014/04/23/actualidad/1398279250_170996.html









miércoles, 23 de abril de 2014

¿Son los toros "protaurinos"?

Joaquín Mª Aguirre (UCM)  
El destino de Esperanza Aguirre es, desde que se "retiró" de los cargos públicos y se centró en la vida del Partido, saltar a las páginas de noticias por una cosa o por otra. Salvo que ayer haya ocurrido algo, su última polémica la ha desatado, con su contundencia habitual, al identificar a las personas que no les gustan los toros como "anti patriotas", los enemigos de España. Como era de prever —no sé si ella incluida— se ha montado un nuevo barullo cuando todavía no se había acabado ni aclarado el de saber si ella había arremetido contra el guardia que la pilló aparcada donde no debía.
Los argumentos que ha dado posteriormente en una columna de ABC con titulo general de "La opinión de Esperanza Aguirre" y específicamente, en este caso, "Los toros". No describe nada nuevo, la verdad, y sí, por el contrario, ahonda en los tópicos más manidos en los que se trata de establecer una especie de filosofía de la cultura poco convincente y que ha irritado a mucha gente que no está dispuesta a que se le considere antipatriota por el simple hecho de no gustarle el espectáculo taurino. Y así se lo han afeado algunos que se sienten "españoles" sin necesidad de tener un torito de plástico en el salpicadero. 
No le falta razón, en cambio, en señalar que efectivamente hay —y lo dicen ellos mismos— quien rechaza los toros por tocarles las narices "lo español", ya sea en terreno nacional o fuera España. Las polémicas, por ejemplo, en América Latina han sido constantes sobre esta cuestión y hay fuertes conflictos entre los que consideran la tauromaquia una "fiesta extranjera" y lo protaurinos, que la reivindica como propia, ni siquiera "española".


El famoso incidente entre Hugo Chávez y el rey Juan Carlos lo explicó con sorna el mandatario venezolano diciendo que "el rey se comportó como un toro bravío" y que él "no era torero". Chávez manifestó que no le gustaban toros "ni toreados ni coleados", en referencia a las diferentes modalidades de Venezuela. Se aprobó con muchas modificaciones respecto al proyecto inicial la llamada "Ley de Protección de los Animales Domésticos, Dominados, Silvestres y Exóticos en Cautiverio", término que trataba de regular desde la tenencia de perros peligrosos, las corridas de toros en sus variantes y hasta los sacrificios de animales de la religión "yoruba". Las presiones de los afectados consiguieron muchas modificaciones.

Tampoco incurramos en el error de considerar a todos los antitaurinos del exterior como "enemigos" de "España" de la misma forma que no los son los de aquí. Simplemente también rechazan el trato dado a los animales. Por eso el maximalismo reductivo de Esperanza Aguirre no ha sentado bien a muchos —no era su intención tampoco, imagino— pero sí creo que se realiza unos razonamientos que son injustos, sobre todo, con el propio toro, que es la parte más indefensa del asunto y al que nadie le pregunta. Esperanza Aguirre expone lo siguiente en su artículo:

El comienzo de la temporada taurina nos brinda una buena ocasión para volver a hablar de los Toros, que en España son la Fiesta Nacional por antonomasia. Los Toros, así, con mayúscula, que es como lo escribimos cuando nos estamos refiriendo a la Fiesta, no se entienden sin los toros, así, con minúscula, que son esos animales maravillosos que salen a las plazas a luchar y a morir como unos valientes. Aquí hay que llamar la atención acerca de la curiosa paradoja que se esconde detrás de los toros bravos, esos animales salvajes, indómitos, luchadores, capaces de ir una y otra vez al caballo, a pesar de que allí reciben un castigo, y de luchar hasta el último segundo con un coraje emocionante.
Pues bien, el toro bravo, que es el animal más valiente y luchador que existe, es, aunque no lo parezca, un acabado producto de la inteligencia y del cuidado del hombre que se esmera, desde hace siglos, en criarlos para que conserven esa fiereza salvaje que los hace admirables. La paradoja reside en que, a lo largo de la historia, la obra del hombre sobre los animales ha seguido el sentido opuesto: el hombre ha buscado siempre domesticar a los animales para que le sirvan dócilmente, le ayuden en sus tareas o le proporcionen alimento.*


Yo creía que la "fiesta nacional" era ya el fútbol, pero no vamos a discutir por ello, y tampoco creo que haya nada establecido en el BOE. Sí me preocupa, en cambio, por profundamente injusto lo que se señala a continuación: "esos animales maravillosos que salen a las plazas a luchar y a morir como unos valientes". La verdad es que me pierdo un poco porque llego a pensar que los toros son como en el himno de la Legión —¡legionarios, a luchar, legionarios, a morir!— seres comprometidos con el espectáculo, como Leónidas camino de las Termópilas; seres, en fin, comprometidos con el éxito del espectáculo de forma animosa y voluntaria. No, no "salen" porque tengan ganas de luchar y morir. Para nada. Salen con la "esperanza" instintiva de seguir viviendo.

Creo que adjudicar al toro la "voluntad" de luchar y morir es tergiversar al toro, que ya tiene bastante que aguantar. No, los toros no son "taurinos"; no admiran en sí mismos lo que admira el de fuera, que solo le valora en función de su propia definición del espectáculo. De hecho no creo que tengan esos sentimientos que les atribuyen. Acierta, en cambio, cuando deja de romantizar la naturaleza del toro y ella mismo cambia el registro calificando al "toro" como un "acabado producto de la inteligencia y del cuidado del hombre". "Inteligencia" en un sentido específico; también de su "vanidad", pues es más que probable que si murieran más toreros que toros, la admiración por "su fiereza" habría decaído y desaparecido hace mucho tiempo la fiesta.
La admiración de Esperanza Aguirre por el toro como el animal "más valiente y luchador" es en el fondo una "virtud aplicada" fruto de una manipulación de la especie a través de la crianza para obtener un "acabado producto", como bien señala. El mérito de la bravura es de su criador que juega las veces de creador, pues decide su naturaleza y destino.
Pero donde se produce el mayor despropósito es en lo que llama "la paradoja", consistente en señalar que el toro es diferente a otros animales que han quedado bajo el control humano "el hombre ha buscado siempre domesticar a los animales para que le sirvan dócilmente, le ayuden en sus tareas o le proporcionen alimento". No hay ninguna paradoja, absolutamente ninguna. El toro sirve "dócilmente" pues cumple la función que le tiene asignada —no conozco ningún toro en rebeldía u objetor de conciencia—; el toro rebelde sería el toro pacífico, el que se rebela contra el destino que se le ha creado, que su vida acabe en la plaza, pero a ese toro "gandhi", pacifista, se le llama "manso", y —aunque tenga el Evangelio a su favor— se le denigra públicamente (pitos y pañuelos) y sacrifica en altares menos vistosos.


El toro bravo es un animal "doméstico", solo que hace otras funciones. El prado vallado no es muy diferente del establo; es un mundo controlado. Tampoco es cierto que sea un animal único en su proceso de selección buscando la agresividad, pues hay otros a los que se selecciona con el mismo criterio, ya sea genético o mediante condicionamiento en el entrenamiento. Hace tiempo le dedicamos una artículo a la película de Samuel Fuller "Perro blanco", en la que se nos mostraba el caso de un perro condicionado por sus amos racistas para atacar a las personas negras que se encontrara. No hay odio en el toro, como lo había en el entrenamiento del perro, pero el mecanismo es el mismo: favorecer la agresividad. Los perros que se seleccionan para las peleas de perros o los gallos de pelea, son seleccionados también para que cumplan una función: servir de espectáculo.

Y eso nos lleva a la segunda parte de la falsa paradoja. También el toro "ayuda en sus tareas al hombre". Definir "tareas" tirar del arado o de un carro es una idea de gran pobreza. También la lucha del toro ayuda al hombre en sus tareas: el espectáculo. Como bien saben los toreros, en el ruedo se realiza su trabajo. ¿El toro no? Por supuesto, realiza su "tarea", la que se le ha encomendado. No es culpa suya estar allí, desde luego. Es nuestra mirada romantizada la que hace ver más "noble" luchar en el ruedo que "servir" delante de un arado.
Por último está la cuestión del alimento. Si hay un animal que proporciona alimento a los demás es el toro. Parece mentira que Esperanza Aguirre, tan neoliberal, no entienda los procesos económicos y sus transformaciones. El toro da de comer a muchas personas que invierten en él con la esperanza de recuperarlo. Incluso si se refiriera a que estos animales no se comen estaría equivocadísima, pues no se desperdicia ni el rabo —plato exquisito—, aunque se lo lleve el torero de turno como trofeo. No, el toro también se come, como se comen los que no llegan a tener el estándar de bravura o ferocidad definido para la plaza. Puede incluso que algunos no lleguen a la plaza precisamente por miedo a su ferocidad, para escándalo de algunos.


En general los argumentos para la defensa de los "Toros", por usar la mayúscula para el espectáculo, se centran en la cuestión económica (la gente que vive de ello, el atractivo turístico, etc.), en la idea de la desaparición del toro si no existiera la fiesta, y la cuestión de la "españolidad" del espectáculo y esencia en el carácter nacional. Los dos primeros argumentos se pueden discutir de forma razonable y numérica y existen alternativas tanto a lo uno como a lo otro.
La tercera razón, la esgrimida por el discurso de Esperanza Aguirre, es la que es inadmisible. Es más: es contraproducente. En estos tiempo de confusión y debate introducir el debate sobre los "Toros" como una cuestión de "identidad" me parece un error trágico. Tan malo (o tonto) me parece el que se hace antitaurino por odio a España como el que convierte en antiespañol al que no le gustan los toros o considera que debería ser prohibido como una anacronismo que la sensibilidad histórica actual no admite fácilmente.


Todo puede ser debatido siempre y cuando lleve a alguna parte. La acusación de "antipatriotismo" está fuera de lugar y puede volverse en contra de los que la usan. "España" no son los "toros"; los taurinos son taurinos y no "patriotas". Esperanza Aguirre, a lo largo del artículo y me imagino que en su discurso inaugural, usaba un "nosotros los taurinos". Me parece muy bien que lo haga si quiere, pero que los toros no le sirvan como excusa para establecer categorías que no tienen nada que ver. Los debates sobre España deben ser más serios que lo que habitualmente escuchamos a muchos, no solo a ella. Lo que nos jugamos es algo más que las corridas de toros en estos momentos.
Quizá haga falta un Orwell que no escriba un "Rebelión en la dehesa" o alguien que nos ruede una película titulada "El planeta de los toros", que acabe con un espectacular plano de Jesulín de Ubrique arrodillado en la arena de una playa, frente a una inclinada Giralda, gritando "¡Qué habéis hecho!". Solo sé que querer convertir a unos animales a los que se cría para ser agresivos y dar espectáculo con su lucha en "héroes" que dan todo por la patria, me parece abusivo. Los toros (con minúscula, esos animales maravillosos) se merecen algo más de respeto. Mitificarlo y envolverlo es nuestras disputas políticas e identitarias es una forma de falsificar su drama y, de paso, el nuestro.
Creo que lo mejor es que Esperanza Aguirre regrese a la política, al ruedo político, —nada de medias tintas— y diga lo que tenga que decir donde deba y pueda ser contestada en los términos pertinentes. Así no convertirá el espectáculo taurino en una prolongación de la guerra por otros medios.




* Esperanza Aguirre "Los toros" ABC 22/04/2014 http://www.abc.es/lasfirmasdeabc/20140422/abci-opinion-aguirre-esperanza-articulo-201404221245.html





martes, 22 de abril de 2014

La rebelión implosiva

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Frente a los que piensan que el poderoso es libre para hacer, se nos insiste repetidamente que nadie está más atado que aquel que dispone del poder. Mandar es, según parece, puro sacrificio, un constante hacer de tripas corazón. Con este planteamiento, el ejercicio del poder es un acto obligado y la política, en cambio, un acto retórico de defensa de lo inevitable.
El relevo en el gobierno francés tras la debacle de las elecciones municipales es un ejemplo de este tipo de razonamiento. Manuel Valls ha tomado el camino de la servidumbre, el del deber ser, y lo ha hecho de tal manera que se han asustado hasta sus propios correligionarios. El diario El País recogía hace unos días la primera reacción de una parte de los socialistas franceses ante el anuncio de sus medidas:

Un nutrido grupo de diputados socialistas franceses anunciaron hoy una petición al primer ministro, Manuel Valls, para que modere el programa de recortes de 50.000 millones de euros anunciado ayer, al tiempo que solicitaron un cambio en la estrategia económica del Ejecutivo.
En una carta enviada al jefe del Gobierno, los parlamentarios, procedentes de diferentes corrientes del Partido Socialista, consideran que el plan de ahorro debe ser solo de 35.000 millones de euros entre 2015 y 2017 y consideran "peligrosos" los anuncios hechos ayer por Valls.*


Antes solía ser al contrario, se discrepaba en privado y se asentía en público, pero las reglas han cambiado. No tienes acceso al poder si no demuestras antes que podrías hacer otra cosa. Solo al poderoso le está permitido ver la naturaleza obcecada de la realidad. Esto o el diluvio.
Hoy, el titular del diario El País ha subido de tono: "Rebelión de los socialistas franceses contra el plan de austeridad de Valls". Habrá que ver cómo reacciona Valls, un duro —un socialista de derechas le llaman, que ya es afinar—, y sobre todo habrá que ver cómo reacciona François Hollande, que es quien le ha puesto.


La teoría dice que si los de izquierdas hacen políticas de derechas, la derecha regresa para hacer más políticas de derechas. Es una teoría desde la izquierda, claro.  Pero es que la teoría desde la derecha es peor:

Algunos defensores del neoliberalismo, como Alain Minc, exconsejero de Nicolas Sarkozy, han defendido que el giro de Hollande, un giro que la derecha no se atrevió a dar cuando gobernaba, es un gran avance para el país: “En el fondo, Mitterrand nos desembarazó del comunismo; ahora, Hollande nos desembaraza del socialismo. Esto es, para Francia, un gigantesco paso adelante”, ha escrito Minc.**


Esto es demasiado aguantar para la izquierda francesa. Que te abucheen tus votantes es malo, pero que te aplaudan tu rivales es pedir demasiado, en efecto. Alain Minc ha querido convertir a la izquierda francesa en el motor achacoso de la Historia. Lo del "gigantesco paso adelante" es recurrir a golpes bajos.
Desesperados por los malísimos resultados de las municipales y con las europeas por delante, en apenas unas semanas, los socialistas franceses han hecho una rebelión doméstica —"rebelión" y no "revolución", como matiza bien El País—. El conflicto, nos decían el otro día, estaba en una discrepancia de 15.000 millones en recortes, que para los rebeldes eran más bien vivisección. Esto ha llevado al diario a acuñar una frase digna de ser recordada: "El Partido Socialista (PS) francés se encuentra al borde de la implosión y del ataque de nervios", es decir, una cosa entre la Física y Almodóvar, y que ahora que se nos ha ido García Márquez, puede ser considerada como una aportación al realismo mágico.


En cualquier caso, no será yo el que critique al socialismo francés por arrojarse a los despachos para protestar contra su propia política. Valls argüirá que él sigue los dictados de la Historia, pero no en el sentido perverso de Alain Minc, sino iluminado por la "necesidad". Para otros siguen los dictados de Berlín y Bruselas, que es la nueva pareja diabólica de parcas tejedoras. Teniendo en cuenta que los franceses se decantaron por Hollande para acabar con la "austeridad", es lógico que unos estén enfadados y otros asombrados (y enfadados).
Si hace unos días nos hacíamos eco de lo que algunos llamaba la "nueva cohabitación", entre la presidencia socialista y la jefatura del gobierno, manifestando así la lucha que se avecinaba, la "rebelión implosiva" que se ha desencadenado en Francia nos permite apreciar todos los conflictos de la política en un solo bando. Me imagino que Marine LePen está feliz y no precisamente por lo del "paso gigantesco" para Francia.


En España, por mucho menos que esto, ya estarían como locos reuniendo periodistas para darles los titulares de "¡Pongan orden en su casa!", "¡Aclárense!", etc. que es la forma jocosa que tienen nuestros políticos de enfrentarse a las discrepancias ajenas. Lo malo del caso francés es que desmonta parte de las campañas previstas para las europeas, en la que la "lucha contra los recortes" estaba ya preparada como línea principal de socialismo. La imagen de un socialismo francés recortando no es la más favorecedora. Cayo Lara ya ha salido diciendo que el PP y el PSOE son esclavos de sus "agendas ocultas" dictadas por la Europa neoliberal. Cada uno a lo suyo.
O mucho destino o poca imaginación.


* "Numerosos diputados socialistas piden a Valls que modere los recortes" El País 17/04/2014 http://economia.elpais.com/economia/2014/04/17/agencias/1397753328_567800.html

** "Los diputados socialistas rechazan el plan de austeridad de Hollande y Valls" El País 21/04/2014 http://internacional.elpais.com/internacional/2014/04/21/actualidad/1398090689_759951.html