viernes, 12 de septiembre de 2014

Poroshenko, Putin y las ficciones

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Si Petró Poroshenko logra sacar adelante el proceso de pacificación (¿cómo llamar a lo ocurrido?) del este de Ucrania, si logra evitar que haya más muertes en la zona y que la grieta no se abra más de lo que está, se habrá ganado un hueco en la Historia de su país y, por ende, en la de Europa.
La labor de Poroshenko no es ni ha sido fácil. Encontrarte al frente de un país divido, invadido, ocupado, en mitad de un proceso de estabilización tras un levantamiento contra las autoridades, con los lobos nacionalistas reclamando venganza y los zorros rusos disfrazados de corderos, con un ejército del que no te podías fiar porque se pasaba al enemigo con cañones y barcos, con una administración sin renovar y un parlamento lleno de antiguos devotos del infame Yanukovich, entre otras muchas circunstancias, no es algo fácil de llevar.
Poroshenko no ha negado ni encuentros ni manos en su complicado camino de restitución de un país al que se pretende humillar desde la prepotencia de un vecino poderoso que ningunea al país que ha tenido controlado durante décadas. Se ha movido por todos los terrenos, asegurando apoyos internacionales pero tratando de combinar los objetivos de paz con los de soberanía nacional.

No sé cómo acabará la odisea ucraniana —les deseo lo mejor porque creo que han demostrado una voluntad y determinación grandes—; no sé si Petro Poroshenko logrará sobrevivir a un proceso en el que las más mínimas concesiones pueden ser presentadas como grandes traiciones por sus enemigos, los que quieren tener parcelas de poder. Pulso firme y mucho tiento necesitará para evitar que Rusia trate de engañar, ganar tiempo o despistar en este proceso tan complicado.
Si realmente, como se ha anunciado, los rusos han comenzado a marcharse y la presión sobre los prorrusos locales, aumenta al sentirse huérfanos de voluntarios llegados del otro lado de las frágiles fronteras, a Poroshenko le queda todavía por delante encontrar una fórmula que el Kremlin pueda presentar como una victoria generosa sobre sus vecinos. Putin no admitirá que nadie presente el resultado como una derrota de los rusos y prorrusos; no es su juego. Necesita un trofeo que levantar.
Ocurra lo que ocurra, el Kremlin se ha hecho ya las fotos de rigor ayudando a los hermanos del otro lado con camiones de alimento; ha mostrado músculo militar y poderío para que sus aliados, cada vez más admiradores de su fuerza, se sientan satisfechos. Ha mostrado a Obama que no es una "potencia regional". Ha hecho ostentación de cómo funcionan sus mecanismos de propaganda —interiores y exteriores— buscando ese eco del antiamericanismo reinante en muchos países para demostrar que no teme, ni juntos ni por separados a los miembros de la OTAN. Se ha ganado el aprecio de los nostálgicos de zares y soviets, demostrando que Rusia cabalga por el mundo de nuevo. Y algunas otras exhibiciones propias de macho alpha.


Ucrania no puede admitir ninguna opción que suponga una pérdida de su territorio después de lo ocurrido con Crimea. El estatus que puedan tener las provincias del este no puede ser el que les llevó a levantarse contra su gobierno. Queda por saber qué tipo de acuerdo es posible en estas condiciones. Si Rusia no puede parecer que ha perdido y Ucrania que se ha quedado sin territorio, los más débiles serán los rebeldes, que también tendrán la tentación de representar su victoria. Todo ha girado siempre sobre su debilidad, que es preguntarse por hasta dónde y cuándo se mantendrá el apoyo ruso. Todo ha sido, en ese sentido, una ficción.
La ficción consistía en creer que era posible que unos grupos de milicianos pudieran mantener durante meses en vilo a un ejército regular. Pero ¿ha existido mayor "ficción" que lo ocurrido en Crimea? ¿Es posible no sonrojarse ante el espectáculo de los soldados sin etiquetar, de los camiones, etc. y negar su origen? Sin embargo esa ficción por ambas partes evitaba que se desencadenaran toda una serie de reacciones en cadena que implicarían consecuencias terribles para todos. Solo la esperanza de que en algún momento regresara la cordura y todo volviera a su cauce ha impedido que se hablara directamente de una guerra entre dos países, lo que hubiera sido una situación que nos hubiera arrastrado a todos.


Por eso si ahora Petro Poroshenko es capaz de mantener el tipo ante las presiones y hacer un ejercicio de pragmatismo político por encima de cualquier otra tentación retórica —belicista, nacionalista...— puede alcanzar un punto en el que surjan unos acuerdos estables que permitan a Ucrania salvar su país, economía e identidad, los tres maltratados por las maquinaciones vengativas del vecino celoso.
Tampoco a Putin le interesa estar mucho tiempo tirando de la cuerda. Sabe que de las ficciones que ha creado no se come. Es más, está consiguiendo perder más de lo que tenía pensado al estirarse demasiado el asunto y tener efecto real las sanciones contra Rusia. Por mucho que mantenga tipo y sonrisa, sabe que tiene por delante tareas complicadas y que no puede permitirse el lujo de que la popularidad conseguida se vuelva contra él en el momento en que la gente empiece a sentir los efectos.
Occidente ha tratado de imponer sanciones muy específicas al llamado "entorno" de Vladimir Putin, dirigentes y empresas, lo que acaba teniendo efecto sobre la población. Por el contrario, la estrategia de Putin ha sido provocar reacciones populares en contra de las medidas, a través de sanciones que tuvieran un efecto inmediato y lo más amplio posible. Por eso elige la importación de productos perecederos en primer lugar; son los que tienen una mayor base social, un efecto inmediato y directo. Putin sabe que los oligarcas se quejan en los despachos y que el pueblo se manifiesta en las calles, con lo que es posible amplificar las protestas y que tengan un efecto psicológico y social. No en vano ha dirigido la KGB; "propaganda" y "agitación" son sus raíces.


Lo más saludable para todos sería la escritura de ese buen final que permita ponerse a reparar el daño económico y frenar —si es que es todavía posible— el despertar del militarismo en Europa a través de la presencia e inversiones de la OTAN. Los gobiernos reacios a meterse en aventuras de este orden se ven obligados renovar y ampliar sus arsenales gracias a los juegos en las fronteras con el gigante ruso. Ya lo decía el otro día un titular de prensa: "Putin ha resucitado a la OTAN". Él mismo lo declaraba así: “La crisis en Ucrania, que de hecho fue diseñada y desarrollada por nuestros socios occidentales, ha valido para resucitar a la OTAN. Pero esto, por supuesto, será tenido en cuenta en nuestra toma de decisiones para hacer más seguro nuestro país”*. La confusión entre efecto y causa es evidente.
Putin se sigue negando a aceptar que los ucranianos no hayan querido mantener el vínculo ruso como a él le hubiera gustado. Todo es una maniobra occidental, repiten él y sus acólitos repartidos por todo el mundo. Ucrania no cuenta; Crimea era un derecho. ¿Lo cree Putin? ¿Cree que lo del avión malasio era también un "atentado" contra él, por ejemplo? ¿Cree todas las ficciones tóxicas que él mismo ha producido? Pero tras ellas hay una realidad incuestionable: la agresión rusa a un país vecino y una anexión relámpago. Ambas se niegan en beneficio de esas ficciones que se deben resolver para dar paso a la realidad cuanto antes. Hay ficciones diplomáticas, eufemismo, que evitan ascender en la escala de la violencia llamando a las cosas por su nombre; pero otras ficciones no son más que el enmascaramiento interesado y propagandístico de la realidad. Pero para negociar hay que llamar a las cosas por su nombre. Por eso el anuncio de la retirada de soldados rusos de allí donde se supone que no están, el intercambio de prisioneros de guerra en una guerra que no existe, etc., es una señal de que la realidad se va imponiendo frente a la ficción. Y sin ello es imposible avanzar.


Creo que Vladimir Putin ha mostrado demasiadas cartas de la jugada. Los efectos de la guerra de Ucrania van más allá de los muertos y las fronteras territoriales. Putin ha quebrado un principio dado por hecho y ha realizado una jugada de la que nunca saldrá beneficiado. La arruinada Unión Soviética ha llegado a ser la Rusia actual gracias al clima de confianza tras lo que se consideraba como el final de la Guerra Fría. Putin ha mostrado que el crecimiento de Rusia, que se ha producido gracias a ese clima, se ha administrado mal. Ahora lo que está por ver si la ruptura de esa confianza permitirá que Rusia pueda seguir desarrollándose como hasta el momento o tendrá serios problemas tras demostrarse en qué deriva su fortaleza. Es un terreno peligroso que puede enfurecer a Rusia si no logra sus metas o que puede enfurecer a los poderes que viven en la sombra, si consideran que están siendo perjudicados por el estilo de Putin de hacer política.
Putin se hizo con el poder para traer estabilidad a Rusia. Si Putin se convierte ahora en un factor de inestabilidad para la propia Rusia porque se frena su desarrollo más allá del empleo de sanciones —sencillamente porque deja de poderse confiar en ella—, la situación podría cambiar en el tiempo. La cuestión, como siempre, es saber cómo.


* "Vladimir Putin calienta la guerra fría entre Rusia y Occidente" Euronews 10/09/2014 http://es.euronews.com/2014/09/10/vladimir-putin-calienta-la-guerra-fria-entre-rusia-y-occidente/




Infografía rusa (Ria Novosti)

Infografía rusa (Ria Novosti)



jueves, 11 de septiembre de 2014

Si te señalan con el dedo, que sea para bien

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Hace algún tiempo, en diciembre de 2012, una de estas entradas diarias se tituló "España y el mal ejemplo". Arrancaba con una cita de The New York Times en la que se ponía a España como ejemplo de lo que no había que hacer en economía. No era el único caso. Barack Obama dijo lo mismo en un discurso y muchos líderes mundiales parecían haber pactado una coletilla sobre lo mismo. Cuando tenían que asustar a sus audiencias o votantes, levantaban el fantasma español. Hace unos días el recién llegado Mateo Renzi, ante sus malas cifras italianas, retomaba el latiguillo y confesaba públicamente que aunque las cifras fueran malas él no quería que Italia tuviera como modelo a España, sino a Alemania. Pero el que pudiera decir eso a estas alturas era una reacción a la corriente contraria, mediante la que España ha vuelto a salir a la palestra pero con una intención muy diferente. Allí donde era el mal ejemplo, ha pasado a ser lo contrario: el ejemplo de cómo se puede cortar una situación peligrosísima y salir adelante. Los que nos criticaron y critican se han estancado mientras que eso que llamamos la "débil" o "tímida" recuperación se ve desde fuera como una especie de gesta que imitar. ¿Nos pusieron tan mal que ahora lo ven muy bien?


Hace algún tiempo comenzaron las grandes empresas francesas a picar a sus operarios y sindicatos poniéndoles a sus filiales españolas como ejemplo de sacrificio para recuperar la pérdida de competitividad. También nos hicimos eco de ello. ¿Es posible que lejos de las disputas políticas partidistas españolas, siempre maximalistas y poco proclives a la ecuanimidad, la España que ellos ven no sea la que nosotros tenemos delante? Como aquí nadie reconoce nada y todos condenan todo, es difícil saber el grado de fidelidad en la descripción de la realidad que tenemos delante. Eso se experimenta fácilmente con la llegada de amigos extranjeros que llegan a España tras la exposición a sus propios medios de comunicación. Algunos esperaban llegar a escenarios apocalípticos y no fue eso lo que se encontraron. Si algunos llegan ahora en busca de paraísos, pues tampoco lo van a encontrar, pero sí una situación diferente a la que esperaban hace poco más de un año.

Euronews nos lo contaba ahora desde Alemania, tras el discurso presupuestario de Angela Merkel. De nuevo, se ha vuelto a poner a España de ejemplo del funcionamiento de las medidas económicas. Esto evidentemente deja un poco descolocado a Renzi, que quería como ejemplo a Alemania. ¿Italia quiere como modelo a Alemania y no a España, y Alemania propone como modelo a España a Francia e Italia? Es simplificar mucho, pero está ahí. En realidad, Alemania propone a España como forma de "salir" de los problemas, mientras que Italia propone a Alemania como forma de "no entrar" en ellos. No es lo mismo. Pero eso no significa que Italia consiga lo que quiere, como tampoco le está ocurriendo a Francia, con sus líos socialistas internos.
La noticia de Euronews es esta:

El mismo día en el que la Comisión Europea ha nombrado a un francés, Pierre Moscovici, como nuevo comisario de Asuntos Económicos y Financieros, París ha anunciado que se ve obligado a saltarse las reglas europeas de déficit.
Francia no podrá limitarlo al 3% de su PIB en 2015, como estaba previsto, sino que habrá que esperar hasta 2017.
“La consecuencia de la estrategia económica actual es que con un crecimiento y una inflación débiles, prevemos que para 2015 limitaremos el déficit al 4,3 % del PIB. Bajaremos al límite del 3% en 2017”, explicaba el ministro de Finanzas francés Michel Sapin.
La situación contrasta con Alemania, donde la canciller Angela Merkel ha presentado un presupuesto de déficit cero para el próximo año. Con él, junto con elogios a países como España, ha justificado la necesidad de seguir con las reformas.
“Estamos viendo a una serie de países, como por ejemplo España, que demuestran que las reformas surten efecto y que cobran dinamismo. Pero tenemos que tomarnos muy en serio cuando la Comisión Europea lanza advertencias de que ralentizar las reformas puede suponer un riesgo mayor para la recuperación económica”, dijo.*


La "verdad" de nuestra situación económica depende de cómo la experimenta cada uno en sus carnes. Es propio de la política negar el pan y la sal al enemigo y elevar a los altares las medidas que cada uno toma. Renzi no alababa realmente a Alemania, sino que trataba de meter el dedo en el ojo a Draghi, siguiendo el cainita modelo mediterráneo.
Podríamos tener una visión más ajustada a la realidad si no diéramos tanto crédito a los políticos y nos permitiéramos más espacio para las opiniones y estudios cuyo interés no estuviera tan marcado por objetivo de justificar lo que se hace, incluidos los errores. Si en España hubiera habido un debate como el que hay ahora mismo en el seno del socialismo francés, probablemente no se hubiera entrado de forma tan brutal en una crisis que se negó hasta que el agua nos entraba en los pulmones.

Creo que existe también un cierto movimiento —del que me alegro y creo que todos debemos hacerlo— por parte de los medios de recuperar un espacio independiente y sacudirse ese mal endémico de nuestro sistema mediático de quedar reducido a portavoz de los políticos y tapadera de sus errores.
La importancia de un sistema independiente de vigilancia y observación mediática de la realidad es grande. Por eso los medios deben alejarse de ese carácter reductor de la portavocía. El post más visto en la historia de este blog daba cuenta de la perplejidad de la entonces "defensora del lector" del periódico más importante de este país cuando, al producirse el cambio político, el tono de los artículos cambió radicalmente. Se pasó de un mundo que "funcionaba muy bien" a un escenario "apocalíptico" sin darse cuenta el efecto traumatizante que tenía para sus propios lectores que pasaban de la confianza extrema a "el horror, el horror" de un Kurtz abandonado en el corazón de las tinieblas españolas. De Walt Disney a Joseph Conrad.
Afortunadamente, creo que los medios españoles han aprendido algo. No sé si todos, pero sí algunos profesionales se ha dado cuenta de los riesgos y servidumbre que supone; de cómo el desprestigio de la política arrastró al desprestigio de los medios, tal como recordaron los "indignados" primitivos: ni nos representan unos ni nos informan otros. Si lo han entendido, nos harán un gran favor a los lectores españoles, que no queremos propaganda sino análisis ajustados a una realidad sobre la que tomar decisiones. Con los enfoques, discrepancia y matices que se quieran establecer, pero sin negar la realidad, algo que se paga en ceguera de la ciudadanía, que acaba tirando la toalla.


Creo que, por muchas discrepancias naturales que podamos tener todos sobre las medidas que se toman —así debe ser en un sistema democrático y transparente— importa mucho poder tener una buena información sobre lo que nos rodea, las medidas y sus efectos. Como nos limitamos a escuchar cómo se pelean unos con otros, los mensajes nos llegan bastante distorsionados. De ahí la importancia esencial de una prensa con mayor objetividad y de unos expertos con voz independiente, sin miedo, que nos sirvan para filtrar lo que se nos hace llegar como autobombo. Es cierto que en estos terrenos no existen verdades absolutas, pero sí es cierto que no le hace mal a nadie escuchar opiniones razonadas y coherentes, diversas, bien documentadas, sin  descalificaciones, más analíticas, etc. de lo que ocurre o puede ocurrir.
No me engaño. Sé que los que nos ponían de mal ejemplo entonces y los ahora lo hacen de bueno tienen también sus intereses propios y lo hacen de forma ajustada a sus propias decisiones. Pero seríamos necios si no le diéramos alguna importancia aunque solo sea por aquello de la "confianza".

Esta crisis ha sido muy dura y lo seguirá siendo porque sus efectos sobre muchos sectores de la población han sido terribles. Pero debemos entender que una parte muy importante de la crisis ha sido el endeudamiento privado excesivo, es decir, la sobreexposición a las fantasías con las que se nos seduce cada día. Un crecimiento basado en fantasías tiene sus consecuencias porque el día en que se despierta el país ha desaparecido todo menos las facturas. Y eso ha sido lo que ha tenido los efectos más terribles sobre mucha gente; la ausencia de defensas frente a nuestras miopías inducidas por el propio sistema.
Si se hubiera advertido de los riesgos en vez de negarlos o fomentarlos incluso, especialmente en el terreno financiero, nuestra crisis hubiera sido otra con menos efectos devastadores sobre la población y su calidad de vida global. Hoy los indicadores que se nos ofrecen hablan de que parte del dinero vuelve ya al ahorro y se acelera el consumo. Pero es solo una pequeña parte del "pan" para hoy; lo que hay que discutir es sobre el "hambre" de mañana y eso requiere y exige mucho más que el rifirrafe a que nuestros políticos nos tienen acostumbrados.
Deberíamos sentarnos a debatir el modelo de país que queremos ahora que sabemos adónde nos llevan ciertas políticas y desarrollos desequilibrados. Sentarnos a discutir si queremos muchos cocineros o más ingenieros, si queremos acoger la Fórmula 1 o fabricar aquí los motores, si queremos que nos conozcan por las Copas de fútbol o por un futuro y deseable Nobel de Física. Eso es lo que debemos debatir y para lo que es necesario un modelo de país, una zanahoria programática delante de nuestras orejas de borrico. De eso depende nuestro futuro, seamos más ricos o más pobres, que es un elemento sujeto a coyunturas propias y ajenas. Ya sea sima o cima, un país es un desafío; ya seas montañero o espeleólogo, tienes riesgos incontables por delante.

Sí, el mundo es complicado. Hoy eres ejemplo por tu transición política de una dictadura a una democracia y mañana eres señalado con el dedo porque tus gobernantes hacen cola en los juzgados. Un día todos te citan como parte de los "PIIGS" (la "S" somos nosotros) y otro te ponen de ejemplo virtuoso en un discurso presupuestario. Merkel te alaba, a Renzi no le gustas..., y así va el mundo. Yo, por mi parte, me empeño en que me hablen claro porque sin este requisito corro el riesgo de ser el que menos sepa del país que tengo debajo de mis pies, un suelo que se puede abrir en cualquier momento y engullirme.
Prefiero que me pongan de ejemplo positivo a negativo, evidentemente. Pero por encima de todo me gustaría un país con aspiraciones crecientes más allá de batir el número de turistas o ganar la copa del mundo de lo que sea y toque.
No quiero ni pesimismo ni triunfalismo, sino el realismo de saber cómo estamos y el idealismo de cómo nos gustaría estar, una ilusión compartida que nos una y no estar permanentemente discutiendo por las facturas impagadas. Hay que crecer y hacerlo en la buena dirección
Lo único positivo que tienen las desgracias y desastres es aprender a evitar que se repitan. Aprendamos todos. Seamos más críticos y menos complacientes; más ecuánimes y con mayores aspiraciones. Más realistas. Lo que digan de nosotros es importante por muchas cosas, para bien o para mal. Pero lo importante es lo que pensamos nosotros. Nos pueden parecer discutibles los halagos y las condenas, pero si vas bien no hace falta estar tan pendientes de lo que los demás opinen de nosotros.
¿Somos un país ejemplar? No lo creo porque cada día afloran nuestros defectos, que no son pocos. Lo importante es que dejemos de ser un país complaciente o derrotista, dos de los peores vicios en los que se puede incurrir. Por eso es importante que exista debates reales y no peleas de gallinero, debates serios que se extiendan para que decidamos nuestro futuro sin demagogia y con claridad. Eso es lo que hay que exigir a nuestros políticos, medios y expertos. Claridad, seriedad y buena voluntad para confiar en ellos y que los demás confíen en nosotros.
No m´ñas vergüenza de "piigs" o dedos acusadores.



* "París se salta las reglas europeas del déficit mientras Berlín anuncia un presupuesto equilibrado" Euronews 10/09/2014 http://es.euronews.com/2014/09/10/paris-se-salta-las-reglas-europeas-del-deficit-mientras-berlin-anuncia-un-/





miércoles, 10 de septiembre de 2014

Las sonrisas más hermosas

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Hay grandes batallas que se desarrollan en campos aparentemente pequeños, choques que apenas levantan ruido y que tienen, en cambio, trascendencia. El diario El País, en su blog "Mujeres", nos mostraba una de ellas: la que han ganado las mujeres indias, atacadas con ácido, desfigurados cuerpo y cara, al mostrar sus sonrisas radiantes. Los que pretendían suprimirlas mediante el destrozo de sus rasgos las han fundido a todas en un rostro común triunfador, capaz de mostrar la sonrisa más humana imaginable. Lejos de esconderlas, como era su intención, se nos muestran ahora convertidas en modelos de la ropa que una de ellas ha diseñado para sobrevivir en ese mundo. Con ello han dado un ejemplo humano de valor y dignidad que conmueve.
Han podido demostrar que su espíritu sigue intacto, lleno de determinación en su lucha contra una práctica infame que ha tratado de doblegarlas arrancándoles a golpe de ácido sus derechos personales y sociales. Nos dicen en el blog:

Una sesión de fotos con víctimas de ataques de ácido posando ropa diseñada por una de ellas se ha convertido en un fenómeno viral en India y ha trascendido sus fronteras. “La intención de estas fotografías era enseñar la valentía de estas mujeres y a la vez cambiar la estrecha percepción de belleza de la sociedad”, explica el fotógrafo Rahul Saharan. Dice que todas las personas son bellas y que nadie debe dejar que otros decidan si lo son. Y se muestra muy sorprendido por la gran respuesta que recibieron sus imágenes. Ahora está preparando un documental que estará listo a finales de este año, pues quiere seguir dándole voz a las víctimas de ataques de ácido, los que considera “no son actos hechos por amor, son crímenes”.

La ropa con la que las víctimas posaron para estas fotos, una colorida mezcla de diseños indios y occidentales, fue diseñada por una de ellas, Rupa. “Tengo la cara desfigurada, pero no la voy a esconder. Puedo mirar con dignidad y todavía puedo lograr mi sueño, que es hacer ropa y lograr mi independencia”, explica la diseñadora, ahora de 22 años. Hace seis años, cuando tenía apenas 16, su madrastra le tiró ácido mientras dormía y le causó graves daños que permanecen aún después de once operaciones. Rupa dice que después del ataque perdió todas las esperanzas y que se sintió sola y abandonada. Dejó de usar su apellido como protesta contra su padre, que, tras el ataque, apoyó a su madrastra. Por mucho tiempo se cubría la cara para que nadie viera sus cicatrices.
El cambio vino cuando se reunió con otras chicas afectadas y crearon una organización de apoyo a las víctimas: Stop Acid Attacks,  que es una de las más activas en los movimientos sociales contra la violencia de género en India. La percepción debe ir cambiando poco a poco en el país asiático. Debe de pasar de culpar a las víctimas a responsabilizar a los atacantes, aseguran las activistas. Así, estas fotografías llevan implícita la idea de que son los agresores quienes deben esconder la cara.*


El fotógrafo ha tratado de cambiar nuestro sentido de la belleza haciendo que comprendamos que existe un grado más allá de lo que perciben nuestros ojos, adentrándonos en un escalón más. Es una belleza lejos del alcance de las manos asesinas que derraman el ácido sobre los rostros. Surge precisamente del hecho de la superación de la belleza destruida, la corporal; es la belleza moral que nace del valor de estas mujeres que vencen su propio sufrimiento con la alegría de la constatación de su propia victoria. La fortaleza que demuestran, su superioridad moral sobre sus atacantes y la parte de la sociedad que los justifica, es el foco de donde emana esa belleza concentrada en unas sonrisas en esos rostros deformados.
Lo que esos cuerpos atacados por el ácido muestran no es la "monstruosidad" de las víctimas, sino la de sus atacantes, los desfigurados morales. Nos enseñan su distancia inmensa respecto a esos seres de deformidad profunda disfrazada de orden, honor y demás palabras que sirven para intentar perfumar el insoportable hedor de la basura en que se han convertido.


La sonrisa y actitud de esas mujeres atacadas, deformadas con la pretensión de hundirlas en la vergüenza, es la que nos reconcilia con nuestra propia naturaleza. Si los ataques con ácido nos muestran el lado más perverso de lo humano, la dignidad de está mujeres nos da fuerza y ejemplo. Unidas dan muestra del espíritu irreductible que han forjado entre ellas, convirtiendo su desgracia en destino común. ¡Poco esperaban los criminales que las atacaron con ácido que estaban fortaleciendo su determinación de liberarse de ellos!

Me viene a la memoria la portada de la revista Espéculo de este semestre (número 53 julio-diciembre)** que hemos dedicado a "la voz ascendente" de la mujer tras las revoluciones árabes. La magnífica caricaturista egipcia Doaa el-Adl nos cedió uno de sus más célebres dibujos. Nos muestra una mujer en una pequeña barca desafiando un encrespado mar de manos acosadoras. En la vela de su embarcación hay escrito "mi alma nunca será vencida". Cuenta Doaa el-Adl en la entrevista que le realizamos en El Cairo** que esa viñeta de la mujer desafiante surgió de uno de tanto casos de abusos sexuales en las calles de Egipto en el que la víctima de un ataque tuvo la valentía de salir a denunciarlo públicamente en vez de esconder su "vergüenza", sin importarle lo que pudieran decir los demás. La dibujante lo comparaba con un hombre que fue sometido también a vejaciones pero que, avergonzado, se negó a denunciarlo por temor que pudieran pensar que había perdido su "hombría" y "honor". Las mujeres indias comparten con la mujer egipcia ese sentido de que la vergüenza no recae en ellas sino en sus atacantes y en la sociedad que trata de arrinconarlas. Son ellos, efectivamente, quienes deberían esconder sus rostros indignos, deformados por su extrema maldad.


La iniciativa del fotógrafo que decidió retratarlas en su belleza nos permite comprender su valentía y determinación. Con esas sonrisas derrotan odios, miseria, incultura, dominación; esa sonrisa es su "no dominaréis mi alma", un grito de libertad por encima del dolor, de esperanza por encima de la vergüenza y de dignidad frente a la bajeza.
Termina el texto señalando la ilusión de estas mujeres que no solo han sido capaces de crear negocios que permitan su subsistencia sino que son capaces de mostrarse ante los demás dejando claro que no se esconderán:

[...] ellas muestran sus caras sin vergüenza. Rupa cuenta [que] la idea al principio era que modelos profesionales posaran sus diseños en las fotos. Pero que luego decidieron mostrar sus caras para que la gente sepa que existen y que quieren continuar con su vida. "Y esperamos que estas fotos ayuden a que más víctimas lo hagan", dice.*


Hermoso y difícil gesto, victoria final sobre muchas cosas que ha habido que vencer. Lo han hecho como un canto de llamada a la comunidad con cada ataque bárbaro, para decirles que no están solas ni acabadas, que no se deben esconder.. Y han posado felices, mostrando que no hay sonrisa más hermosa que las que ellas mantienen viva con su ilusión, con su trabajo, con su ejemplo de superación y fortaleza. No son ellas las que deben ocultar sus rostros.


* "La belleza de las víctimas de ataques con ácido" 9/09/2014 Blog Mujeres - El País http://blogs.elpais.com/mujeres/2014/09/las-v%C3%ADctimas-de-ataques-con-%C3%A1cido-tambi%C3%A9n-pueden-modelar.html
** "La voz ascendente. Mujeres y creatividad tras las revoluciones árabes. Espéculo número 53 julio-diciembre 2014 UCM http://pendientedemigracion.ucm.es/info/especulo/La_voz_ascendente_Especulo_53_2014.pdf








martes, 9 de septiembre de 2014

España, la prudencia y el califato o dos se pelean aunque uno no quiera

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
En un mismo día, la prensa nos ofrece las razones de Turquía* para no atacar al Estado Islámico que tiene puerta con puerta y los motivos por los que España, que los tiene en la puerta de atrás, no moverá un dedo o, como mucho, dejará que se use lo más valioso que tenemos, el suelo, y más ahora que está repuntando. Nuestro presidente pide "no adelantar acontecimientos", como si pidiera no adelantar elecciones o simplemente no adelantar, en línea con la Dirección General de Tráfico en una "operación retorno".
Mientras Turquía se esconde tras que hay muchos rehenes turcos —lo que debería dar como resultado una mayor implicación, ya que les están atacando poblaciones limítrofes—, que el precio que podría pagar es muy alto, etc., lo de España tiene que ver también con el "precio", pero con la falta de dinero.
En su blog del diario El Mundo, "Orilla Sur", Ignacio Cembrero da "Cuatro razones por las que España no luchará contra el Estado Islámico"**. Las cuatro se pueden fundir en una, que ha pasado la ser la "razón", la única y genuina razón española, la "crisis". Habría que contratar a uno de esos magos que presumen de poder hipnotizar por la televisión a ver si nos borra la socorrida palabra de la mente porque ya empieza a ser cargante que se haya convertido en una coletilla para todo. La crisis no es un estado en que te encuentras; es una retórica activa que sirve para anular un matrimonio del que no estás convencido o para pagarle la mitad a un empleado aunque estés ganando el doble. La "crisis" es el abracadabra que te permite hacer o no hacer; es la palabra que todo lo explica sin tener que dar explicaciones. Por eso Mariano Rajoy solo tiene que pedir "prudencia" y ya nos hacemos cargo. Máximo exponente de la galleguidad mal entendida, Mariano Rajoy es como el fiel oxidado de una balanza que, pase lo que pase, siempre se queda en el centro. Es el "hombre placebo".
Dice Cembrero en la segunda de sus "razones":

Las Fuerzas Armadas españolas están bajo mínimos. Su presupuesto equivale al 0,9% del PIB, el más bajo de la OTAN junto con una república báltica y Luxemburgo. Pese a tener un PIB que es la séptima parte del español, hace ya dos años que el presupuesto militar de Argelia supera al de España. Los Ejércitos españoles ya desarrollan misiones, generalmente modestas, en un país de Asia Central (Afganistán), otro de Oriente Próximo (Líbano) y cinco de África (Malí, Somalia, República Centroafricana, Senegal y Gabón). Difícilmente pueden dar más de sí acudiendo ahora a Irak y más tarde, probablemente, a Siria de la mano de EE UU.**


Si se sigue reduciendo el Ejército, efectivamente, no se va a poder estirar más. Están empezando a aparecer escándalos económicos y eso nunca es buen síntoma en ninguna institución. Transmitir que España no tiene dinero para que su Ejército no pueda cumplir con lo que debe es de una gran pobreza, pero ideológica. Transmite, sobre todo, debilidad y falta de firmeza, dos malas etiquetas para un país amenazado, le guste o no.
La cuarta de las razones de Cembrero es también de orden económico, es decir, la "crisis", pero entendidas no en términos presupuestarios sino de política exterior:

Desde que fue golpeada por la recesión en 2008, a la que se añaden ahora otros desafíos como el independentismo catalán, la política exterior española ha empequeñecido. También ha disminuido la sensibilidad de sus instituciones y de su sociedad civil a lo que sucede más allá de sus fronteras excepto en lo económico. Prueba de ello es, por ejemplo, la escasa y, a veces, tardía reacción del Gobierno español, incluido su ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, ante la limpieza étnica y religiosa de cristianos, en su mayoría caldeos (católicos), y kurdos yazidíes practicada en el norte de Irak por el Estado Islámico o el degüello del primer periodista estadounidense, James Foley.**


¡Con lo baratas que son para algunos las palabras! Pero la crisis reduce todo a ese mensaje de que estamos "preocupados", pero "prudencia". Mientras que en otros campos las palabras rebosan, los lacónicos mensajes tautológicos del gobierno, contagiado por su presidente, se centran en expresiones como "no se puede hacer lo que no se puede hacer", "el ministro informará de lo que se pueda informar" o, como en este caso "no conviene adelantar acontecimientos".

Mientras Turquía camufla sus intereses cruzados con las cuestiones kurdas, islamistas y su pertenencia a la OTAN, lo de España y sus "razones", va por otros derroteros.
El hecho cierto es que lo que "ocurre en Irak y Siria" no ocurre solo allí, sino que está ocurriendo también aquí y en muchos otros lugares, y no por no "adelantar acontecimientos", los acontecimientos no te adelantarán a ti, que será lo que nos ocurrirá con toda probabilidad.
España padece el "síndrome de las Azores" en doble versión, la de los políticos y la de los ciudadanos, y por aquí va otra de las razones señaladas por Cembrero en El Mundo, al hablar del "imaginario político" español. La firme convicción de que fue la "foto de las Azores" y lo que implicaba lo que desencadenó los atentados de Renfe, y que eso fue lo que costó unas elecciones que tenía ganadas, según los sondeos, el PP, sigue pesando como bloqueo en nuestra política exterior en estos casos, que es inexistente por temor a reacciones negativas y que se te llene el parlamento de preguntas y las calles de pancartas.
Cembrero es un optimista al escribir que la política española ha empequeñecido. De acomplejada y vergonzante sería más adecuado calificarla, con una orientación fenicia, es decir, se usa para vender y comprar, en absoluto para mantener una línea coherente como país. No hay más política exterior que vender. Lo primero es vender y lo segundo cobrar. Punto.
La política del avestruz no libera de los peligros. El diario El Mundo nos recuerda que España no está en la otra punta del Mediterráneo, como a algunos les gusta ver en los mapas. España es la otra puerta y, si me apuran, habría que corregir la analogía para indicar que además de la "puerta", es el "recibidor" y la "salita". Nos dice Cembrero en otro texto en El Mundo:

El Estado Islámico (IS), probablemente la organización terrorista más poderosa de la historia, sueña con liberar Al Ándalus. Y esa tierra, que recuerda a los musulmanes su era de máximo esplendor, no es sólo Andalucía sino toda la Península Ibérica, excepto una parte de la cornisa cantábrica, y una pequeña porción del sureste de Francia.
A medida que en verano el IS se expandía por Siria e Irak -controla aproximadamente un tercio de cada país-, algunos de sus cabecillas recordaban que España estuvo ocho siglos (del VIII al XV) regida por el islam y que ya era hora de que volviese a formar parte de la umma (comunidad musulmana).***


Es una pena que gracias a nuestro deficiente sistema educativo y a su olvido de la Historia para no molestar a nadie o poder reescribirla al gusto actual de nuestros jerarcas locales, haya que recordar estas cosas tan elementales. Los libros de texto que estudian muchos millones de niños repartidos por el norte de África y Oriente Medio señalan sin problemas que "África termina en los Pirineos", por decirlo claramente. Les basta mirar las fotografías de ciudades como Córdoba, Granada, Sevilla o Zaragoza para entender rápidamente que se las han robado.  Ellos vivían allí felices, entre naranjos, escuchando el rumor de fuentes y oliendo perfumes, y llegaron unos bárbaros infieles que les echaron de mala manera. Para muchos es así y así se enseña. El artículo incluye la advertencia de que hay circulando por las redes sociales fotografías de edificios árabes de la península con banderas del Estado Islámico. Es el turismo reivindicativo que en cualquier momento puede dejar la cámara de fotos y empezar a usar otras herramientas. Están marcando el territorio.


Recuerdo los comentarios en Facebook a la lectura realizada por una alumna árabe de un libro sobre el período andalusí. Al hablar de lo hermoso que había sido —la edad de oro— y hablar de Granada surgieron comentarios señalando que la situación de esos lugares era similar a la de Palestina. Lo que me sorprendió en tamaña barbaridad fue la aparición de una corriente de "me gusta" que mostraba que muchos lo veían normal. España, para muchos islamistas, sean yihadistas o no, son los "territorios ocupados", el "mundo perdido", y la máxima extensión conseguida en los tiempos de gloria con los que es fácil engatusar a la gente que quiere serlo. No, España no está en el otro extremo del problema, está con un pie dentro, le guste o no. Boabdil sigue llorando por volver en muchos rincones. ¿Nos parece una tontería? Pues sí, pero da igual lo que nos parezca a nosotros; lo importantes eso lo que les parece a ellos y lo que pueden algunos hacer en nombre de esa tontería.
El Mundo cierra el artículo sobre el Estado Islámico haciendo un repaso de opiniones desde los países árabes:

El califa Aboubakr el Bagdadi, líder del mastodonte yihadista, habla de conquistar Bagdad, capital del califato abasí, y Damasco, capital de los omeyas, pero no menciona a Córdoba, capital del califato de Occidente. El riesgo son más bien, por ahora, los llamados lobos solitarios, jóvenes radicales que desde su casa en Europa estén tentados de emprender la guerra por su cuenta.
Otros académicos insisten en que Al Andalus no sólo es un espacio geográfico sino que va más allá. "Es el mito de la unidad de los musulmanes, el de una gran civilización, alternativa a Occidente, y dominada por los musulmanes", asegura Mohamed Tozy, el más conocido de los politólogos marroquíes.
"La reivindicación de Al Andalus es más que un problema de percepción o, mejor dicho, de alucinación ideológica", escribió Kamel Daoud, columnista en el diario argelino 'Le Quotidien d'Oran'. "Es el reconocimiento de que [los árabes] hemos terminado por fabricar una generación que, sin presente y sin futuro, delira sobre su propio pasado".***


Los árabes musulmanes no vieron su imperialismo expansionista como un mero colonialismo, sino como una conversión a la verdadera religión, como una liberación del mundo. Ser expulsados después es algo transitorio en su mentalidad, pues es parte del "mensaje" que el mundo acabará siendo islamizado. El califato en Siria e Irak es parte de esa visión mesiánica para iniciar la reconquista del mundo. De ahí esa idea de "liberar Al-Andalus". Esa es la versión rigorista, como se suele decir ahora, de un islam conquistador y belicista con el que es fácil conseguir apoyos entre los que financian y los que van a matar y a que les maten en un explosivo cóctel de fanatismo que divide al propio mundo islámico entre los que quieren vivir en paz en el mundo y los que quieren pacificarlo a su brutal manera.
Fernando Reinares, experto en terrorismo del Instituto Elcano, señala desde el diario El País las diferencias y similitudes entre Al Qaeda y el Estado Islámico:

[...] la realidad es que el EI y Al Qaeda comparten ideología y fines. A ambas es común la misma versión fundamentalista y belicosa del islam que se denomina salafismo yihadista. Ambas coinciden también en un mismo objetivo último declarado, que no es otro que el de extender por la fuerza la observancia de esa religión, en su expresión más excluyente y rigorista, sobre el conjunto de la humanidad y reinstaurar el califato —una suerte de imperio político panislámico— sobre el conjunto de territorios en los que rigen o han regido alguna vez, desde el siglo VII, las estipulaciones plasmadas en el Corán. ¿Dónde está pues la diferencia?****


La respuesta a esa pregunta final está en que el Estado Islámico ha logrado establecer un territorio en el que aplicar su doctrina, mediante el terror evidentemente, mientras que Al Qaeda extendió el terror sin lograr crear un espacio propio. El temor de los países árabes es que si ese espacio se crea se produzca una interferencia que les desestabilice a la población. En el pensamiento islámico solo se debe obediencia al líder que sigue los dictados coránicos, de ahí la disputa por establecer quiénes cumplen con rigor los mandatos y quienes, por el contrario, son meros "faraones". Con que haya unos cuantos por cada país que crean esto —y son unos cuantos— es suficiente. La cuestión no es que lo logren, sino que lo intenten.
Si el Estado Islámico crece, tendremos un problema. Crecer lo está haciendo ya mediante franquicias por el norte de África y la movilidad yihadista. Libia está muy cerca y todo esto es contagioso. . Puede que ese problema sea distinto al de Reino Unido, Francia o los Estados Unidos, pero no dejará por eso de ser un problema. Que nosotros queramos estar al margen, no significa que lo estemos.




* "Turquía tiene las manos atadas en la lucha contra el Estado Islámico" El País 8/09/2014 http://internacional.elpais.com/internacional/2014/09/08/actualidad/1410196991_112949.html
** "Cuatro razones por las que España no luchará contra el Estado Islámico" Blig Orilla Sur El Mundo 8/09/2014 http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/orilla-sur/2014/09/08/cuatro-razones-por-las-que-espana-no.html
*** El Estado Islámico sueña con conquistar Al Andalus" El Mundo 4/09/2014 http://www.elmundo.es/internacional/2014/09/03/540768e0ca4741406e8b456b.html

**** "Lo que ofrece el Estado Islámico" 9/09/2014 El País http://elpais.com/elpais/2014/09/08/opinion/1410188022_578617.html